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derribando argumentos contra el conocimiento de Dios

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“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.” 2 Corintios 10.3-6

 

Alrededor nuestro abundan tantas voces, tantos comentarios, tantos argumentos, tantas filosofías. En esta época en que la información fluye tan instantáneamente, es tan fácil conocer que es lo que acontece en otros lugares y, aún más, que es lo que otras personas pueden estar opinando. Vivimos rodeados de argumentos. Vivimos rodeados de opiniones.

Aún mayor, dentro de nosotros voces pueden estarse levantándose. Algunas pueden estar hablando preocupación, otras pueden estar hablando miedo, otras pueden estar hablando mentira, otras pueden estar levantando acusaciones. El padre de mentira, el acusador, intentando hacernos dudar de las promesas y la Palabra de Dios.

En este tiempo, el mayor reto para los hijos de Dios es poder escuchar entre tanto ruido la voz de Dios y no dejarse arrastrar por aquello que no venga de Él. Escuchar la voz de Dios en tiempos de profunda confusión se vuelve un tema de vida o muerte.

Mientras atravesaba por una situación difícil hace algunas semanas, un tiempo física, emocional y espiritualmente difícil, hubo una noche en el que no pude dormir bien. En mi mente había ideas, voces, preocupaciones. Estaba confundido. Durante la madrugada, algo ocurrió: Dios puso en mi corazón una palabra: derriba todo argumento que se levante contra el conocimiento de Cristo.

Había leído o escuchado esa palabra anteriormente quizá hacía ya meses, pero en esa madrugada, esa palabra había llegado a mi mente, como una verdad que necesitaba ser declarada en ese instante en mi vida. En ese momento, mientras estaba esa palabra en mi mente, Dios ponía en mí anhelo por orar en base a esa verdad.

En la mañana siguiente, buscando en la Biblia, llegue a esa verdad. En la segunda carta de Pablo a los corintos, Pablo exhorta a la iglesia no dejarse engañar, haciéndoles ver que nuestras armas para derribar todo argumento y altivez en contra del conocimiento de Dios, esas armas, son espirituales, no carnales.

¿Qué armas se pueden usar para derribar esos argumentos y esa altivez? En Efesios 6.10-20 podremos leer de la armadura de Cristo: la verdad, la justicia, el evangelio de paz, la fe, la salvación, la palabra de Dios. Y concluye Pablo en Efesios: orando en todo tiempo con oración y súplica en el Espíritu, y velando con perseverancia y súplica por todos los santos.

Cuando lleguen tiempos de confusión, nuestra confianza debe estar puesta en JESÚS, en Su Verdad. Orando, suplicando a Dios, pidiendo por nuestros hermanos que enfrentan también tiempos de prueba.

Hermanos, no dejemos que argumentos que se levanten en contra del conocimiento de Cristo se aniden en nuestra mente. Velemos, estemos atentos, llenemos nuestra mente y nuestro corazón de la verdad de Dios. Seamos sensibles a su voz, mayormente en tiempos de opresión y confusión. Porque Él no desamparará a los Suyos.

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porque cuando soy débil

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“Y me ha dicho: Bástate Mi gracia; porque Mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Corintios 12.9,10

 

Platicaba hace un par de días con un amigo que el ser gay y toda esta situación de compartir con la iglesia, con mi familia y amigos respecto a mi sexualidad, me ha permitido entender más sobre lo que representa seguir a Cristo. Cuando tuve oportunidad de viajar a Ghana, un país que condena a la cárcel a personas gays, y aprender más sobre otros países donde incluso las personas gays son condenadas a la pena de muerte, esto me ayudó a no temer a ambientes que no nos reconocen ni nos aceptan. Siendo sinceros, solo el Espíritu de Dios pudo traer esa paz y esa seguridad para no temer.

Y mientras analizaba el riesgo de viajar a países con este tipo de legislaciones, venía a mi mente algo que puede ser muy fuerte: si he de ir a la cárcel o morir por ser gay, preferiría mejor por ser cristiano.

Cuando era débil al ser rechazado, humillado, no reconocido aún como hijo de Dios por ser gay, eso me ayudó a ser fuerte, ser valiente para enfrentar hasta la muerte misma por el Nombre de JESÚS.

Le decía a mi amigo que si algo valoro mucho del ser gay es el poder entender aún más los ambientes que como cristianos en algún momento de nuestra vida tendremos que enfrentar: humillación, difamación, separación, persecución, rechazo, muerte. Y en este año, en ese viaje a Ghana, en estos meses, he podido ver como JESÚS a través de Su Espíritu me ha hecho fuerte, no como un asunto de vanagloria personal, sino como una verdad tan poderosa que se ha sembrado en mi corazón: no temas, eres fuerte en JESÚS, por Su gracia.

No quiere decir que debemos aceptar el rechazo y la humillación como algo “normal” en nuestras vidas, al contrario, creo que debemos luchar con armas espirituales para acabar con esos ambientes hostiles. Sin embargo, esa lucha, y esos ambientes, solo pueden ser ganados a través de la sangre de JESÚS, de Su Espíritu.

Amados hermanos y hermanas que enfrentan terrible persecución en lo físico, lo emocional y lo espiritual: ¡no desmayen! Nuestra salvación es del Señor. No se cansen de hacer el bien, de luchar por mejores ambientes para ustedes y para los que han de creer por el testimonio de fe de ustedes. Aun cuando el rechazo sea de las personas que más amamos, ni nuestro amor por Dios, ni nuestro amor por ellos, ni el amor por nuestros enemigos debe enfriarse, sino arder aún con más fuerza. Porque nuestra fuerza viene de Dios, porque nuestra fortaleza es JESÚS.

perseguidos, mas no desamparados

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“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4.7-10

 

Por ya varios años de poder participar en una organización cristiana para apoyo a chicos y chicas LGBT, algo que siempre venía a mi mente cuando se celebraba el congreso anual de esta organización, es que para muchos chicos y chicas LGBT cristianos la única iglesia con la que ellos pueden estar es la iglesia que se reúne cada año en este congreso. Es decir, muchos chicos y chicas su única posibilidad de poder congregarse con más creyentes cristianos es este congreso ya que han sido expulsados, rechazados, o vetados de sus iglesias y aun de sus familias. Para todos estos chicos y chicas, este congreso es como un oasis espiritual en medio de ese desierto al que son llevados por su orientación sexual o su identidad de género.

Tuve oportunidad de atender este congreso por primera vez en enero de este año. Fue una experiencia muy muy muy especial porque pude conocer no solo a chicos y chicas LGBT, sino a papás, mamás, familiares, líderes de iglesia, de una variedad de tradiciones cristianas tanto muy tradicionales como más contemporáneas reunidas en un lugar, en un solo Nombre: JESÚS. Este tiempo fue tan enriquecedor porque me permitió conocer chicos y chicas tan especiales que han sufrido por años el rechazo y, yo lo llamaría, la persecución por ser cristianos LGBT.

Algo que me impresionó mucho en este congreso es que, a pesar de que era un congreso para chicos LGBT, el centro no era nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, pero era cómo podíamos ser iglesia unos a otros, cómo podíamos continuar y crecer en nuestro caminar con Dios aún a pesar del rechazo. No solo somos LGBT, sino también somos cristianos, y esto añade una persecución aún mayor a nuestras vidas, una persecución tristemente iniciada, propiciada, alimentada y promovida por nuestros propios hermanos y hermanas en la fe.

Para muchos de nuestros hermanos y hermanas nosotros no somos ni hermanos ni hermanas, sino ajenos a la comunión de este cuerpo de JESÚS que es la iglesia. Es por eso que este congreso es una oportunidad única al año para que chicos y chicas LGBT puedan encontrar reposo y descanso para sus almas en familia, la familia de Dios, esa familia perseguida que aún en la tribulación puede y sabe consolar.

Mientras conducía hoy a la escuela, platicaba con Dios. Esta plática, como muchas otras, es un descanso y un alivio tremendo. En esta plática Dios me permitía reconocer que aun a pesar del dolor, Él sigue haciendo Su obra, y Él me permitía ver que hoy puedo sentirme libre del miedo por ser gay, aún a pesar de que en la iglesia o en mi familia esto representa aún un anatema. Y con una sonrisa pude reconocer esa obra de años que Dios ha hecho para sentirme cercano, acepto y sin miedos delante de Él. No tengo miedo a ser rechazado aún pesar de que está ese dolor por ser alejado de la iglesia.

Y en este tiempo, como dice Pablo en la segunda a carta a los corintios, podemos llevar “en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos”.

 

Yo conozco tus obras

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“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado Mi palabra, y no has negado Mi Nombre.

Por cuanto has guardado la palabra de Mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. “ Apocalipsis 3.8,10,11

Cuando Dios revela Su corazón a un pobre pecador ardiente de amor por Su Dios, la vida de este pobre pecador queda impactada de maneras que difícilmente volverá a ser la misma. Una verdad revelada del corazón de Dios que en ocasiones no expresa más que el dolor que en el corazón de Dios hay, una angustia, un dolor profundo. Es un dolor que no es en el cuerpo ni en el alma, pero en el espíritu, un dolor que quienes lo han experimentado lograrán confirmar cuán profundo es.

Este dolor profundo si bien puede ser por la humanidad, en muchas ocasiones es también por el pueblo de Dios, por Su iglesia. Un dolor en el corazón de Dios por Su Pueblo que se ha dejado cautivar por su propio entendimiento haciendo de la Verdad una doctrina de hombres que no produce vida.

Los mensajes a las siete iglesias narrados en el libro de Apocalipsis muestran el amor de Dios por Su iglesia. Estos mensajes si bien pueden ser muy duros tienen como fin producir un fruto: arrepentimiento. Dios no reprende a los Suyos para exhibirlos de manera perversa, pero para producir fruto de arrepentimiento que lleva a vida. Todos los mensajes inician: Yo conozco tus obras. Y en cinco de ellos señala: Pero tengo algo contra ti. Y para estas cinco iglesias Dios pide arrepentimiento.

Seriamente creo que Dios da oportunidades generación a generación para corregir los errores que como Su iglesia hemos cometido a lo largo de la historia. Y esto nos requerirá una profunda humildad para reconocer nuestra falta de amor a Dios y Su creación, aunque nuestras obras pudieran parecer “perfectas”. Este es nuestro tiempo donde esa oportunidad ha sido dada a nuestra generación para que en arrepentimiento seamos impactados por ese dolor en el corazón de Dios y a través de Su Espíritu seamos llevados a toda verdad; porque donde el Espíritu de Dios está, ahí hay libertad. (Juan 16.13, 2 Corintios 3.17).

como si Dios rogase

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“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” 2 Corintios 5.20

La iglesia de Dios, Sus hijos están llamados a ser una extensión del amor de Dios en el mundo. Nuestro caminar diario necesita vestirse cada día de ese amor anhelando fervientemente y con un deseo profundo que nadie se pierda. Nadie.

Es fácil sentir compasión por aquellos que sufren y son menospreciados y humillados. Hombres, mujeres, niños que son cada día abusados física, emocional o espiritualmente. Personas con un rostro, quizá con un nombre, que son tan amadas por Dios que anhela que no perezcan en una eternidad sin Él, y ese anhelo de Dios debe ser nuestro anhelo también.

Y también hay ese grupo de personas aborrecidas por muchos, que han causado tanto mal, que abusan y aprovechan de su posición de poder o riqueza para maltratar y asesinar sin mayor remordimiento. Es casi inmediato sentir por ellos un desprecio y repulsión por saberles tan perversos y malvados, no merecedores de nada. Sin embargo, a este grupo de personas también Dios ama tan profundamente que anhela que no se pierdan en el infierno.

Nosotros no somos mejores que ellos, éramos, al igual que ellos, merecedores de la peor condena por haber ofendido a Dios con nuestra pasada manera de vivir. Los verdaderos creyentes, los hijos de Dios, se saben perdonados de una condena tan pesada que al ser liberados de ella caemos rendidos en agradecimiento a Dios.

El amor de Dios por toda la humanidad, incluidos esas personas perversas, o esas personas abusadas, o nosotros, se muestra en Cristo. Es JESÚS la encarnación del amor de Dios. Es JESÚS la muestra más sublime de ese anhelo ferviente de Dios por salvar a la humanidad de sus pecados. Es JESÚS el amor mismo en su máxima expresión. Y así como Dios amó, así como JESÚS nos amó, debemos nosotros amar.

Dios anhela, lo desea profundamente, reconciliar a cada persona con Él mismo a través de JESÚS. Nosotros somos embajadores de ese pacto nuevo en Cristo, de ese amor que Dios nos ha expresado. Y como si Dios rogase, así lo expresa el apóstol Pablo, nosotros rogamos a los hombres: reconcíliate con Dios. Antes de que el tiempo se agote.

Que ese anhelo y profundo deseo de Dios para que la humanidad no perezca, sea el anhelo y profundo deseo de cada hijo Suyo, amor tan fuerte que nos mueva a rogar en todo momento a los hombres: reconcíliate con Dios, como si Dios rogase a través de nosotros.

aunque sea amado menos

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“Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.” 2 Corintios 12.15

Pablo sentía un dolor por la iglesia en Corinto. En su segunda carta a esta iglesia, Pablo tiene el fuerte dolor por confrontar el pecado que en esta iglesia se estaba infiltrando, temiendo que “cuando llegue, no os halle tales como quiero” (12.20), pero aún Pablo sabía que su visita a Corinto podía ocasionar incomodidad en la iglesia porque al confrontar el pecado, Pablo podría ser “hallado de vosotros cual no queréis” (12.20), pero esto a Pablo no lo detenía porque a él, amando a la iglesia con tal amor, no importaba si él no fuera amado con tal de Cristo fuera formado en cada creyente.

Mientras meditaba esta semana en el versículo 15, había en él una enseñanza que en ocasiones como cristianos tratamos de evitar: el no ser amados por causa del evangelio. A nadie le gusta ser rechazado, a pocos nos gusta ser hechos burla del mundo, o aún señalados. Preferimos el lado cómodo, el lado seguro, el lado donde nuestra autoestima o ego no pudiera salir lastimado. Pero en Pablo había algo mucho mayor y era el Espíritu de Dios que en amor deseaba llevar salvación a todo lugar aunque esto le costara la vida, Pablo estaba aprendiendo a negarse a sí mismo. JESÚS nos lo dice una y otra vez en los evangelios: si alguien quiere ser Mi discípulo, niéguese a sí mismo. (Mateo 16.24)

Cuando Dios revela a nuestro espíritu cuántos días hemos vivido una vida tan egoísta, tan centrada en nosotros mismos, nuestro espíritu quebrantado no tendrá más que postrarse en un profundo arrepentimiento clamando perdón a Dios. Nuestra generación, la generación de jóvenes de estas sociedades occidentales busca con desesperación saciar todo anhelo personal, antes que anhelos más sublimes, más eternos. Aun en nuestras iglesias, nuestros jóvenes pareciera que construyen una vida donde su fe no es más que un aditamento más de una vida que se desgasta en las cosas del mundo que, aunque en nada dañan o son malas, no dejan de ser temporales.

Sin embargo, existe un miedo en nosotros de creer que el negarnos a nosotros mismos o perseguir lo eterno fijando nuestros ojos en Cristo traerá por consecuencia una vida desdichada. Pero es todo lo contrario. Cada vez que experimentamos el negarnos a nosotros mismos, aun con todas las luchas emocionales o físicas que éstas representan, en lo espiritual se derrama una gracia especial de Dios por seguir adelante, sabiendo que nuestra vida es corta y la necesidad por salvación en el mundo es mucha.

Hoy Dios nos pregunta: ¿estarías dispuesto a no ser amado por los demás a causa de Mi Nombre? Aun mayor, ¿estarías dispuesto a ser rechazado aún hasta la muerte por causa de Cristo? Suena trágico y bastante “aterrador”, pero una vida que no está dispuesta a darlo todo por Cristo es una vida que no se ha negado completamente a sí misma.

Dios guíe a Su iglesia alrededor del mundo a entregarlo todo por JESÚS.

estar firmes y constantes

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“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” 1 Cor. 15.58

“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, JESUCRISTO, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios.” 2 Cor. 1.18-20

Podemos estar seguros que todo lo que hacemos para Dios con un corazón en amor genuino tendrá fruto digno de Su gloria. A veces podemos desmayar, cansarnos, desanimarnos y aun intentar dejar la obra que Dios nos ha encomendado. Quizá hay días de un agotamiento tal, que quisiéramos dejarlo todo. Días de cansancio intenso, de desanimo agotador, de frustración continua. Pareciera, a veces, que la obra que Dios nos ha encomendado es pesada y pareciera ser imposible de cumplir.

Hombres y mujeres que han sido llamados para servicios tremendos en la iglesia local donde sirven. Hombres y mujeres llamados a impactar la comunidad donde viven. Hombres y mujeres llamados a llevar el evangelio a otros lados del mundo. Dios ha levantado, está levantando y seguirá levantando obreros que, apasionados por Él, deseen ser usados por Dios para participar de Su obra eterna.

Esos hombres, y esas mujeres, somos tú y soy yo. Somos cada uno de nosotros que formamos Su cuerpo. Hemos recibido de Dios un llamado único y especial, no porque Dios necesite de nosotros, pero sí porque Dios quiere hacernos partícipes de Su propósito eterno. Hemos sido salvos no para estar cómodos en una silla en la iglesia, sino para predicar a JESÚS a todo persona. ¿Suena imposible? Lo es en fuerzas humanas, pero en Dios sí que es posible.

Leía hace algunas semanas en un devocional una pregunta: ¿tienes el hábito de soñar sueños grandes para Dios? Y muchos quizá responderemos sí: formar iglesias en lugares donde no hay, predicar la Palabra a los niños en nuestra iglesia y fuera de ella para prepararlos para la vida en JESÚS, guiar a la iglesia a alabar y adorar a Dios de maneras sobrenaturales, lograr que una nación entera se vuelva a Dios. Estoy seguro, estoy muy seguro, que muchos de nosotros hemos recibido sueños “imposibles” de parte de Dios. Hoy nos dice Dios: estar firmes, constantes y creciendo en Su obra, porque fiel es Dios y todas Sus promesas son en Él sí, y en Él Amén.

Es humano que nos sintamos desanimados y cansados, frustrados quizá, porque pareciera que todo lo que hacemos no produce resultado o cambio alguno. Predicamos el evangelio y pareciera que nada pasa. Dedicamos horas en el servicio, y no hay mucho cambio, sino por el contrario, pareciera que todo se vuelve peor. Pero si nuestro corazón está alineado al corazón de Dios, podemos estar ciertos que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

donde está el Espíritu de Dios

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“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. 2 Corintios 3.17

Cada vez que tengas oportunidad de sujetar una Biblia entre tus manos, cada vez que puedas leer las letras que en la Biblia están, cada vez que puedas meditar en la Biblia, siéntete bendecido porque es un privilegio que en otras naciones y en otros pueblos no es posible.

Cada vez que el Espíritu de Dios te revele las verdades escritas en Su Palabra, cada vez que un verso, o un capítulo, o un libro entero de la Biblia llenen tu vida con tal alivio y esperanza, agradece a Dios por el enorme privilegio de tener Su Palabra y a Su Espíritu revelándote la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es una bendición a nuestra vida. El Espíritu de Dios como guía y consuelo nuestro es también una bendición incomparable. Su Palabra revelada a nuestra vida a través de Su Espíritu es un tesoro incalculable, un tesoro que no se agota, y que no se corrompe. El Espíritu de Dios es capaz de transformarnos de gloria en gloria en la misma imagen del Señor JESÚS. (2 Cor. 3.18)

Cuando el Espíritu de Dios habita en nosotros nuestra vida comienza a recibir una transformación tan fuerte, que toda cadena comienza romperse, y toda mentira comienza a desvanecerse. Ya no somos más esclavos del pecado, el imperio de la muerte ya no tiene más parte en nosotros, porque nuestra vida comienza a ser cambiada y ordenada por el Espíritu de Dios con un propósito eterno: llegar a ser a la imagen de Cristo.

Hay libertad donde el Espíritu de Dios está, cuanto más donde el Espíritu de Dios habita. El mismo Espíritu que puso en orden toda la creación, es el Espíritu que ahora habita en ti. El Gran Consolador dado por el Padre a Sus hijos, el Espíritu habita en medio de Su pueblo.

Hay sanidad, hay restauración, hay consuelo donde el Espíritu está. ¿Puedes creerlo? Porque ahí donde está el Espíritu de Dios, de una cosa estamos seguros: ¡hay libertad!

crucificar la carne

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“porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 1 Corintios 3.3

“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes;” 2 Corintios 12.20

Cuando era niño una película que me gustaba mucho era Volver al futuro. Probablemente algunos de ustedes recuerden al personaje principal, Martin McFly, y una de sus características principales era que si alguien le decía “gallina”, él reaccionaba con orgullo y de maneras que terminaban afectándole. Algo interesante de la película es que refleja que debido a esas reacciones que tenía, terminaba por afectar no solo a él, sino el futuro, a su familia.

En la Biblia podemos ver cómo determinadas acciones “correctas” movidas por motivaciones incorrectas o con motivaciones correctas pero hechas de maneras incorrectas, terminaron afectando no sólo a una familia sino a una nación entera. Por ejemplo, Abraham mintió al Faraón respecto a su esposa diciendo que era su hermana, y por esta “pequeña” mentira, tres generaciones después el pueblo de Israel estuvo cautivo en Egipto por 400 años.

JESÚS es muy claro con nosotros: si quieres venir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme (Marcos 8.34). Muchas veces, debido a las tradiciones y las enseñanzas con las que hemos sido educados, creemos que Dios es malvado y que no desea nuestro bien, sino que busca continuamente amargarnos la vida. Esto es la mentira más grande que el mundo y Satanás han sembrado en el corazón de la humanidad. Cuando JESÚS nos dice “niégate a ti mismo” se refiere a que día con día tendremos que negar nuestra naturaleza carnal que intenta dominar nuestro ser y llevarnos a hacer lo que creemos es correcto, JESÚS no se refiere a que tenemos que flagelarnos y ser malos con nosotros mismos. Después, JESÚS dice “toma tu cruz y sígueme” y esto es importante porque al negarnos a nosotros mismos en los deseos de la carne, tenemos que estar día con día crucificando esos deseos, es decir, crucificando la carne.

Quizá has escuchado, en mi familia es común, que cuando nos enojamos decimos: “me salió lo Pérez”, o “no me provoques porque me sale lo Hernández”. Esto solo refleja una realidad espiritual: nuestra carne viene cargando aspectos espirituales generacionales. Sé que en la mayoría de las veces lo podemos decir de broma, pero somos conscientes de que ciertas actitudes que tenemos vienen soportadas por la carne.

Hoy Dios nos llama a que analicemos nuestro actuar y nuestro vivir entero e identifiquemos qué cosas estamos haciendo por motivaciones de la carne. Pablo con un profundo pesar, en sus dos cartas a la iglesia en Corinto, expresa cómo las motivaciones y actitudes de la carne estaban causando serios problemas en la iglesia. A Pablo le dolía fuertemente esta situación porque esperando que la iglesia estuviera movida por el Espíritu, la iglesia seguía atada en la carne, no habían crucificado la carne.

Queridos hermanos, el caminar con Dios es un caminar continuó de negarnos a nosotros mismos, de negar los deseos de la carne, y anhelar vivir una vida que es movida más por lo espiritual. Esto no se logra a través de una receta, o un conjuro, o de la noche a la mañana. Esto se logra día a día. Habrá tiempos en que caemos y pecamos, pero no tardes en arrepentirte y pedir perdón a Dios y seguir creciendo.

Ante cualquier situación, cualquier situación: cuando manejes, cuando estés preparando la comida, cuando estés con tus hijos o amigos, cuando estés en la escuela o en el trabajo, en cualquier situación, evalúa si estás viviendo por la carne o estás viviendo por el Espíritu. Y la forma de evaluarlo es bien simple pero poderosa: si tus motivaciones y tus acciones vienen determinadas por frutos del Espíritu (amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre o templanza) seguro esto glorifica a Dios y no hay ni habrá condenación contra tal motivación o acción; pero si por lo contrario tus motivaciones y acciones están justificadas en contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes, celos, odio, rencor, vanidades y tantas otras cosas, mejor conviene que inmediatamente busques a Dios, le pidas perdón y su ayuda para crucificar ese deseo de la carne cuanto antes.

Los frutos del Espíritu estarán de manera evidente en nuestra vida en la medida en que cultivemos nuestra relación con Dios y pasemos tiempo con Él; sin embargo, si nuestra vida la estamos “cultivando” con cosas que alimentan la carne y que el mundo ofrece, seguro nuestra carne más que crucificada estará controlándonos fuertemente. Seamos sensibles y actuemos con urgencia, porque una mala actitud hoy puede ser un gran lastre para nosotros, para nuestros hijos y las generaciones que nos siguen.

golpe fuerte

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“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” 2 Corintios 4.16,17

Hay noticias que llegan y golpean fuertemente nuestra vida. Son dardos que intentan hacernos caer y en los que la fe en el Señor JESÚS es probada. Noticias que son terribles porque reflejan cuan débil es el hombre y cuán astuto es el enemigo.

En esta semana, una noticia que causó un golpe fuerte, no solo en mí, sino en muchos creyentes fue que un líder cristiano a nivel mundial de décadas había sido cesado de la organización cristiana que dirigía debido a acusaciones serias contra su persona. Habían sido acusaciones no de actos recientes, sino de actos que de manera frecuente este líder estuvo repitiendo hasta que las ahora víctimas decidieron hacer públicas.

Al momento de enterarme de esta situación, mi alma se dolió, sí por las víctimas pero también por este líder. Al ver cuántos ataques del enemigo y de la carne están continuamente operando en contra de grandes hombres de la fe, de grandes líderes, de nuestros gobernantes. Alrededor de ellos se libran batallas donde un factor determinante es la oración de la iglesia, nuestra oración.

A veces, como iglesia, caemos en idolatrar a nuestros líderes. Hablamos de la gran predicación que ha dado, del gran llamado que ha recibido de Dios, de su gran capacidad para dar la palabra. Hacemos de ellos grandes ídolos que terminan por ser golpeados por Dios para demostrarnos dónde hemos puesto nuestra fe.

Y también, como iglesia, llegamos a ignorar que nuestros líderes también son personas, tan humanas como nosotros, sujetos a las mismas tentaciones. Creemos que nuestros líderes nunca caerán, que nuestros líderes siempre serán fuertes, que nuestros líderes tienen una vida sobrenatural donde el mal nunca les tocará.

El enemigo busca en todo momento dañarles porque sabe que si ellos caen la iglesia será conmovida, sacudida y puesta en prueba. Iglesia: ¿hemos orado por nuestros líderes? ¿Hemos orado por nuestros pastores esta semana, por nuestras autoridades espirituales, por nuestro gobierno? Iglesia: el enemigo busca en cada momento destrozarles, ellos luchan batallas espirituales fuertes donde la oración de la iglesia es determinante.

Esta semana, sí ha sido un golpe fuerte, pero si algo podemos estar ciertos es que nuestra fe está única y exclusivamente puesta en Aquel que ha vencido y donde toda victoria ya es Suya: JESÚS. Sí, la tribulación puede desgastarnos pero esa tribulación es usada por Dios para gloria Suya. No desmayes iglesia aun cuando todo esté siendo probado alrededor tuyo. No desmayes en la oración, fortalécete en el Espíritu, confía plenamente en Dios. Ora cada momento por tus líderes, que Dios les fortalezca y les dé victoria en toda batalla y tentación.