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sanaré su tierra

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“si se humillare Mi pueblo, sobre el cual Mi Nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 Crónicas 7.14

 

La tierra clama con gran angustia. No hay lugar donde el dolor que la creación experimenta no se haya hecho escuchar. Pareciera que no hay esperanza. Que los malos ganan. Que nuestro planeta no tiene alguna salida para terrible destrucción.

Podemos escuchar por muchos lugares el clamor y el dolor, la angustia y la desesperación. Los hombres se vuelven contra su hermano, y las naciones buscan vanidad. No hay quien haga lo bueno. No hay quien busque a Dios. Pareciera que el mundo ha sido entregado a su propia maldad, a esa maldad que hemos propiciado y alimentado nosotros mismos por generaciones.

¿Es eso solamente lo que vemos?

La Palabra de Dios es un libro lleno de esperanza, y no es cualquier esperanza, es una esperanza cierta, que no perece. Cuando miramos a nuestro alrededor y solo vemos destrucción y muerte, maldad y pecado, necesitamos ir más allá, necesitamos no dejarnos vencer por la desesperanza y sembrar en nuestro corazón una esperanza viva que solo puede estar fundamentada en la Palabra viva y de verdad. Necesitamos comenzar a ver con ojos espirituales tan desoladora realidad.

Algo maravilloso es que lo que vivimos tanto en lo personal como como iglesia o país es algo que la Biblia nos advierte, y aún más, que hijos de Dios y el pueblo mismo de Dios ya ha enfrentado, y a través de sus historias podemos nosotros podemos aprender fe.

Hay una promesa que Dios me ha permitido recordar en estas semanas, y esa promesa es verdaderamente especial: Dios sanará nuestra tierra. Pero, ¿cuándo? El segundo libro de Crónicas lo describe: cuando el pueblo de Dios se humillare, orare, buscare el rostro de Dios y se convirtieren de sus malos caminos. Cuatro aspectos que para el corazón de un hombre alejado de Dios son imposibles y, en cierto grado, podrían ser menospreciados. Es por eso que la primera predicación de Juan el Bautista y de JESÚS son tan esenciales aún para nuestro tiempo: arrepiéntanse.

Creo que el arrepentimiento involucra esos cuatro aspectos narrados en Crónicas. El arrepentimiento requiere de humildad, el arrepentimiento nos mueve a orar, el arrepentimiento nos lleva a buscar el rostro de Dios, el verdadero arrepentimiento nos convertirá de nuestros malos caminos.

No hay mayor predicación de JESÚS tan relevante para nuestros días que el arrepentimiento.

Al meditar en que Dios tiene el poder para sanar nuestra tierra, pensaba yo que era nuestra tierra física, nuestro planeta, sin embargo, pude también entender otro tipo de tierra: nuestro corazón. Dios podría sanar nuestra tierra física, nuestro planeta, pero si el corazón del hombre no es sanado, de nada servirá. Lo podemos constatar en el pueblo de Dios una y otra y otra y otra vez.

Esa oración de David se vuelve muy importante: crea en mí un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí.

¿Anhelamos la sanidad de la iglesia, de la ciudad, del país, del planeta entero? ¿Qué tanto estamos dispuestos en ser sanados primeros en nuestro corazón? Dios traiga un tiempo de verdadero arrepentimiento en medio de Su pueblo.

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mas se reían y burlaban de ellos

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“Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos. Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén. En Judá también estuvo la mano de Dios para darles un solo corazón para cumplir el mensaje del rey y de los príncipes, conforme la palabra del Señor.” 2 Crónicas 30.10-12

Más de 215 años pasaron después de Salomón para que se volviese a ordenar el templo de Jerusalén y se volviese a celebrar la Pascua como en tiempos de Salomón. Doce reyes después de Salomón pasaron para que se levantara un rey sobre el reino de Judá que buscaría restaurar aquellos tiempos gloriosos de Dios con Su pueblo (2 Crónicas 30.26). ¿Puedes imaginar todo este tiempo donde Dios anhelaba fervientemente estar con Su pueblo, pero Su pueblo no deseaba estar con Él?

Cuando el rey Ezequías envió cartas por todo el reino para celebrar la Pascua, una gran parte del reino lo tomó con burla, pero solo algunos, solo algunos vinieron a Jerusalén.

Poco se dice qué es lo que llevó a Ezequías buscar nuevamente a Dios y restaurar el reino en lo espiritual, pero si se describe lo que él comenzó a hacer desde que fue proclamado rey a los 25 años de edad: quitó los lugares donde había ídolos, abrió las puertas del templo y las reparó, hizo venir a sacerdotes y levitas, convocó a la celebración de la Pascua. Lo único que logro ver respecto a qué hizo Ezequías fue: puso su esperanza en Dios (2 Reyes 18.5) y siguió a Dios y no se apartó de Él sino que guardó Sus mandamientos (2 Reyes 18.6).

Es aquí, donde Dios levanta a un hombre piadoso para restaurar lo que parecía irreparable: un pueblo profundamente corrompido. No fue Ezequías realmente el que logró hacer esa transformación en el reino, sino fue Dios a través de Ezequías, Dios teniendo misericordia de Su pueblo, dándoles una oportunidad más antes de la inminente conquista por pueblos paganos. Sin embargo, y nuevamente, gran parte del pueblo menospreció este tiempo.

El llamado para nosotros en este tiempo, la generación nuestra de este tiempo, es que dejemos a Dios examinar nuestro corazón y le permitamos que nos revele no sólo Sus sueños sino lo que hay en nosotros que pueda llevarnos a reírnos y burlarnos de (menospreciar) ese llamado de Dios. Es Dios llevándonos a anhelar Su llamado y estar listos para responder con prontitud. Es nuestro corazón anhelando fervientemente ver Su Reino en nuestra vida, en Su iglesia, en nuestro país. Es nuestro corazón anhelando profundamente estar con Él, porque separados de Él nada, nada podemos hacer.

envió constantemente palabra

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“Y el Señor el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque Él tenía misericordia de Su pueblo y de Su habitación.” 2 Crónicas 36.15

El tiempo de los reyes de Israel concluye de una manera que para muchos pudiera parecer terrible: la deportación y exilio del pueblo. Por las siguientes décadas el pueblo de Dios fue llevado cautivo por terribles naciones paganas que intentaron en más de una ocasión terminar por completo con ellos. El pueblo de Dios había sido cautivo más que por las naciones que les habían conquistado, por el pecado que habían cometido durante siglos en los cuales la nación de Israel se apartó cada vez más de los caminos de Dios.

En ese tiempo, cuando los libros de los reyes concluyen, justo ahí, casi al terminar, una palabra de esperanza es compartida: Dios envió constantemente palabra. Para aquellos que caminan con Dios esta frase tiene un valor importantísimo ya que el saber que la palabra de Dios estará constantemente siendo enviada a nuestra vida nos da una esperanza y una certeza especial. La Palabra de Dios es vida y va más allá que sólo libros históricos o enseñanzas. La Palabra de Dios es alimento espiritual en todo tiempo. Es nuestra guía, es nuestra luz que guía nuestro caminar, nos trae consuelo en tiempo de prueba.

Recuerdo hace un año atrás cuando estaba por vivir una cirugía. La primera vez que en mi vida me iba a someter a una operación y había en mí cierto nerviosismo, pero de manera continua y diaria Dios enviaba Su Palabra para sujetarme. Justo el día de la operación, antes de ir al hospital aun de mañana, un pasaje del libro de Isaías fue compartido que me dio gran paz y tranquilidad. Dios diciendo: no temas, Yo estoy contigo. Esos días los recuerdo bien porque pude confirmar como Dios tiene cuidado de nosotros y Su misericordia es mostrada a nosotros a través de Su Palabra.

Su Palabra es un tesoro tan especial que ni aun todo los tesoros del mundo pueden compararse. Su Palabra es más que sólo palabras, es vida compartida a los hombres para salvación nuestra.

Pidamos a Dios que Su Palabra nunca nunca nunca falte en nuestras vidas, que Su Palabra siempre nos guíe en cada día.

endereza tu corazón

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“Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; pues el pueblo aún no había enderezado su corazón al Dios de sus padres.” 2 Crónicas 20.33

Una terrible tragedia había dominado reinado tras reinado al pueblo de Israel. Después de la muerte del rey David y del rey Salomón, el reino de Israel comenzaría a testificar lo que ocurre cuando un pueblo se aleja de Dios y se vuelve hacia sus ídolos y su propia forma de entender las cosas. En más de una ocasión, Dios detenía Su castigo por amor a Sí mismo y a David, Su siervo (2 Reyes 20.6), pero la maldad había llegado a niveles tan altos, que el cautiverio era la consecuencia para una nación debilitada en sus pecados.

Reyes llegaban y buscaban restablecer el orden en el reino de Judá y de Israel, dos naciones hermanas que habían surgido como consecuencia de la división del reino que Salomón heredó a su hijo. Pero también, reyes malvados y perversos llegaban al trono para evidenciar con profunda tristeza lo que un reino es capaz de llegar a hacer cuando éste vive alejado de Dios. La misericordia de Dios era evidente en cada reinado, pero Dios no podía tolerar más tanta maldad porque el pueblo no había enderezado su corazón.

¿Cómo aplicar a nuestra vida la historia del pueblo de Israel? Dios busca en cada creyente corazones dispuestos a ser enderezados, a ser moldeados conforme a Su corazón. Hombres y mujeres tan valientes que son capaces de tumbar toda cosa que estorba en el corazón para rendir todo a Dios, porque la valentía inicia cuando un hombre o una mujer decide firmemente en ordenar su vida completamente a Dios aunque esto cueste la burla y el acoso del mundo.

El pueblo de Israel en ocasiones restauró el templo, y volvieron a establecer los procedimientos religiosos ordenados por Moisés, pero su corazón seguía guardando en lugares altos ídolos a los cuales adorar. Es decir, podían en el exterior cambiar muchas cosas para que pareciera bueno, pero dentro de ellos aún había una lejanía del corazón de Dios. ¡Qué tragedia tan grande! Creer que se adora a Dios estando tan lejos de Él.

Enderezar nuestro corazón a Dios es un esfuerzo de valentía que nos requerirá todos los días porque todos los días necesitamos presentarnos delante de Dios y estar a cuentas con Él. Cada día pecamos, cada día fallamos a Dios, pero cada día también es una oportunidad para humillarnos, arrepentirnos y confesar nuestros pecados delante de Dios. Un corazón humillado y arrepentido no será desechado por Dios, sino que lo guiará para ser restaurado y enderezado en Sus caminos.

Nuestro Dios grande y temible se complace en hacer misericordia con los que le aman, y le aman de verdad (Miqueas 7:18-19).

la gloria postrera

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“La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho el Señor de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice el Señor de los ejércitos.” Hageo 2.9

El pueblo de Israel ha esperado por años la construcción del gran templo de Salomón. Por décadas, una vez declarado el Estado de Israel en 1948, el pueblo de Israel ha planeado la tercera construcción del templo con tanto detalle y anhelo que aún en nuestros días la construcción de este templo se espera con gran expectación por gran parte de la iglesia cristiana. La casa donde una vez Dios mostró Su gran gloria en los tiempos del rey Salomón. Aquella casa donde los judíos podían ofrecer sacrificios y acercarse para buscar el favor y la presencia de Dios.

Esa casa, reconstruida ya una vez antes del tiempo de JESÚS, es la esperanza del pueblo de Israel para el cumplimiento de aquella profecía donde el Mesías (el Deseado) habría de manifestarse. Todo está listo para construir el templo en nuestros días, solo falta que un gran milagro ocurra para que el lugar donde ha de construirse pueda ocuparse, ya que sobre este lugar hay ahora una mezquita sagrada para los musulmanes, cuya destrucción puede desatar una guerra a escala internacional.

La palabra de Dios, a través del profeta Hageo, nos muestra que si bien la gloria de la casa primera fue tan maravillosa (2 Crónicas 5.13), la gloria postrera de este tercer templo sería mayor. El templo reedificado como cumplimiento profético antes de la segunda venida de JESÚS, el Deseado.

Algo aún mayor es que cada creyente, cada hijo de Dios, cada nacido de nuevo, es un templo del Espíritu, un templo para que la gloria de Dios pueda manifestarse al mundo para gloria del Padre. El templo de Salomón era un medio a través del cual los hombres podían acercarse a Dios, ahora nosotros somos instrumentos útiles en manos de Dios para que los hombres, sin importar su condición, puedan conocer la salvación que en Cristo hay. Nosotros, cada creyente, nuestro cuerpo es un templo donde la gloria de Dios puede mostrarse a este mundo que necesita tanto de Dios.

Si bien el tercer templo es algo que esperamos con gran ánimo, no debemos perder de vista que nosotros somos responsables de un templo: nuestro cuerpo. ¿Cómo estamos cuidando ese templo? ¿De qué estamos llenando ese templo? Permite que Dios muestre Su gloria a través de ti, permite que Dios use “tu” templo para que más hombres y mujeres conozcan de nuestro gran Dios. Somos portadores en todo momento de la gloria del Dios del Universo.

¿qué es lo que más te llena?

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“cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos una, para alabar y dar gracias al Señor, y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan al Señor, diciendo: Porque Él es bueno, porque Su misericordia es para siempre; entonces la casa se llenó de una nube, la casa del Señor. Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria del Señor había llenado la casa de Dios.” 2 Crónicas 5.13,14

 

En una ocasión un compañero del trabajo mencionó una frase que demuestra su afición por el futbol. Él dijo: yo vivo cada semana para que sea sábado para poder ir a jugar futbol, yo anhelo que sea sábado para jugar.

Hay cosas en nuestra vida que disfrutamos demasiado. Puede ser estar con la familia o con amigos, estar leyendo un buen libro, estar escuchando alguna canción que te encanta, o quizá jugar futbol, cantar, tocar algún instrumento musical, predicar la Palabra y compartir a otros de JESÚS, quizá una película, o alguna comida. Somos tan diferentes cada persona que aun en una misma familia aquellas cosas que nos “llenan” pueden ser dan diversas.

En esta semana leyendo el segundo libro de Crónicas, Dios me llevó a leer la dedicación del templo de Jerusalén en los tiempos del rey Salomón. La Biblia nos enseña que cuando los levitas empezaron a entonar cantos y tocar instrumentos una nube llenó el templo y, tanta era la presencia de la gloria de Dios, que las personas tuvieron que salir del templo. La Biblia dice literalmente “porque la gloria del Señor había llenado la casa de Dios”.

Lo impresionante de ese versículo es que Dios (a quien los cielos de los cielos no pueden contener) había llenado un lugar físico en la tierra: el templo de Jerusalén. Pero Su presencia solo había llenado un lugar físico, no a las personas quienes tuvieron que salir porque no podían estar donde la presencia de Dios estaba. La primera idea que en nuestra mente se forma es que el templo se llenó y, como estaba tan lleno, ya no había lugar para nadie más. Pero si nos adentramos más en este pasaje y en la Biblia, podremos comprender que la presencia de Dios es temible pero también es lo mejor para nosotros. Es decir, estar en la presencia de Dios puede causar un temor tremendo que nos lleve a huir, pero también puede atraernos más y más a Él.

En los tiempos antes de JESÚS la presencia de Dios solo se manifestó en lugares como el templo de Jerusalén. En nuestros tiempos la presencia de Dios puede manifestarse en nuestra vida porque la Biblia enseña que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo donde Él habita. ¿Puedes imaginar lo que esto significa? El mismo Dios que llenó el templo de Jerusalén puede derramarse en tu vida y, literalmente, llenarte de tal forma que tú mismo y los que te rodean puedan notar en ti esa diferencia con el resto del mundo.

El mundo y Satanás van a tratar de impedir constantemente que no te llenes de Dios o que, siendo ya bautizado por el Espíritu Santo, en tu vida constantemente el Espíritu viva contristado. Y esto se logra a través de las cosas con las que estás llenando tu vida.

No quisiera satanizar las cosas que te gustan porque hay cosas que nos agradan mucho hacer y que Dios aprueba. Sin embargo, puede que esas cosas estén llenando más tu vida que la presencia de Dios. Pero también, puede haber cosas que totalmente van en contra del corazón de Dios y que debemos erradicar cuanto antes de nuestra vida con la ayuda del Espíritu Santo.

¿Cómo podemos llenar nuestra vida con la presencia de Dios? Ora mucho a Dios para que así sea. Pídele a Dios que Él derrame Su Espíritu en tu cuerpo y que te guíe para que tu vida sea un reflejo de Su gloria. Deléitate en Su palabra, deléitate en pasar tiempo con Él a través de la oración, el ayuno, ayudando al necesitado, buscando que tu fe crezca.

El templo de Jerusalén se llenó de la presencia de Dios cuando los levitas empezaron a cantar y tocar instrumentos. Haz que tu vida sea un alabanza continua para Dios.