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¿a quién iremos?

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“Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él. Dijo entonces JESÚS a los doce: ¿Queréis iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6.66-69

JESÚS estaba en un momento de gran popularidad. Después del gran milagro de multiplicación de los panes y los peces para darle de comer a cinco mil personas, las multitudes venían a Él y le buscaban. Pero JESÚS se aleja de ellos cuando esta multitud intenta hacerle rey (Juan 6.15), ellos no habían entendido la obra que JESÚS necesitaba cumplir primero en la tierra.

Después de que JESÚS se aleja y se va hacia otra región, esta multitud le busca y le encuentra, y es aquí donde JESÚS los confronta: me buscan… porque comieron el pan y se saciaron (v.26) pero hay un pan que si comen no volverán a tener hambre ni sed: Mi carne y Mi sangre. (v.53).

Esas palabras no sólo fueron fuertes para la multitud, sino también para Sus discípulos. ¿Cómo JESÚS les pedía que para tener vida eterna tenían que comer Su carne y beber Su sangre? A ellos no les habían aún sido revelado que JESÚS necesitaba entregar Su cuerpo y derramar Su sangre para pagar por nuestros pecados. El punto más fuerte de este suceso es cuando muchos de Sus discípulos se alejan de Él. Y JESÚS se vuelve a los doce discípulos (los más cercanos) y les confronta: ¿también ustedes se irán?

Pedro responde, creo yo angustiado: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (v.68). Pedro había probado realmente un alimento que no era el físico y que sólo habían encontrado en JESÚS. Pedro durante este tiempo había testificado, y a su espíritu había sido revelado, que JESÚS era el Cristo (v.69). Pedro había creado tan fuerte relación con JESÚS que el solo alejarse de Él era difícil para Pedro.

¿A quién iremos?, preguntó Pedro con profunda angustia por el simple hecho de pensar estar alejado de JESÚS.

***

Sabía desde antes de hablar con mi pastor sobre mi orientación sexual que mis días en la iglesia local podrían estar contados. Sabía que el riesgo más inminente sería que mi permanencia en la iglesia local fuera condicionada y que, tarde o temprano, tendría que tomar la decisión de continuar o no en la iglesia local. Y lo sabía porque esta situación es, tristemente, a la que muchos creyentes homosexuales son orillados.

Durante los últimos meses, probablemente seis ya, mi estado emocional ha sido fuertemente golpeado en la iglesia local. Lo que por muchos años había sido un tiempo de tranquilidad y comunión espiritual y emocional, ahora ha llegado a ser una carga tan fuerte que ha llegado a tener efectos en mi cuerpo. Es como si algo pesado fuera puesto en mi alma y espíritu.

Y ha sido constante esta situación emocional y espiritual en mí. He orado a Dios, le he pedido guía. Hoy, por ejemplo, durante la madrugada me desperté y Dios ponía en mi corazón orar por la iglesia, por los líderes, por mi tiempo ahí en la iglesia. Le pedía a Dios Su ayuda para poder estar en la iglesia.

Y ¿por qué no cambiarte de iglesia local? Me preguntó un conocido hace un par de semanas. Y mi respuesta es firme al respecto: creo que la iglesia local donde Dios nos permite congregarnos no es por comodidad o gustos personales, sino por un propósito de Dios. Creo también que una de las decisiones más importantes de todo creyente es dónde congregarse, porque la iglesia local no es un club, no es un domingo en un edificio, la iglesia local es y está llamada a ser familia los unos de los otros. Creo también en la necesidad de que los creyentes se congreguen en una iglesia local, es necesario, es importante para su crecimiento espiritual.

Cuando oro a Dios sobre mi futuro en mi iglesia local en la que Él me ha permitido congregarme por ya casi 13 años, viene a mí esa pregunta que Pedro le hizo a JESÚS: ¿a quién iremos? Con un dolor en mi corazón le digo a Dios: no tengo a donde ir, no hay iglesia local donde yo, como creyente gay, seré bien recibido, ¿a dónde iré?

Aquellos que han experimentado lo importante que es una iglesia local para su alma y para su crecimiento espiritual, podrán quizá comprender la decisión tan fuerte que necesito tomar. Aquellos que ven en la iglesia local no solo un grupo de personas o un edificio, sino una familia, podrán quizá comprender el dolor tan fuerte que se siente estar en esta situación. Porque la iglesia local son relaciones, son familia, es parte del cuerpo de JESÚS. ¿A quién iremos?

Que Dios guíe a cada iglesia local donde Su Nombre es predicado a ser verdadera familia los unos de los otros. Dios guíe a cada creyente que enfrenta fuerte carga espiritual y emocional a ser guiados por Su Espíritu en este tiempo de prueba. Porque nuestro Dios es fiel y es el único quien tiene palabras de vida eterna.

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cuando no había rey

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“En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” Jueces 17.6

 

La historia de Israel narrada en libro de Jueces es una historia llena de grandes decepciones. Es la historia de un pueblo que después de entrar a la tierra prometida, que después de que Dios les entregó y derrotó a los pueblos que habitaban en esa tierra, que después de que Dios cumplió Su Palabra de entregarles esa tierra, se volvieron a sus pecados y a sus propios razonamientos para conducir su vida.

No fue la generación que entró a la tierra prometida la que fue infiel a Dios, sino la que siguió después de Josué y la de los ancianos que sobrevivieron a Josué (aquellos que sabían todas las obras que el Señor había hecho en Israel). (Josué 24.31) Esa generación, la que siguió después de Josué y los ancianos, fue una generación que tristemente no sabían ni conocían de Dios, una generación de un pueblo elegido por Dios que ignoraba a Dios y seguía sus propios razonamientos.

Las historias narradas ahí son las de un pueblo que es llevado de un lado a otro, y que por varias ocasiones Dios, movido a misericordia por el sufrimiento del pueblo, les proveía un líder para conducirles, pero una vez muerto este líder el pueblo se volvía a sus caminos de perversidad y aun peores que las de sus padres, porque no conocían a Dios.

La historia de ese tiempo puede parecer similar a la de muchas iglesias, de muchas familias, a la de muchos creyentes en lo individual en estos tiempos. Iglesias, familias y creyentes que oyeron de Dios pero nunca se rindieron completamente a Él. “Creyentes” que no rindieron todo a JESÚS para que Él gobernara y guiara sus vidas, sino que siguen llevando sus vidas con argumentos humanos y no de Dios y Su Palabra.

JESÚS está llamando a la puerta de nuestra vida, Él desea salvarnos de nuestros enemigos y nuestros pecados, Él desea que vivamos una vida en victoria, pero no quiere que nuestras victorias o nuestra libertad sea momentánea, sino que desea darnos una victoria eterna aún en esta vida.

Necesitamos conocer más de Dios, pero no un conocimiento intelectual que sólo nos envanece, sino de una revelación en nuestro espíritu que nos lleve a rendirnos más y más a Él, anhelándole cada día más. Porque sin Él nuestra vida se asfixia, porque JESÚS es muchísimo más importante en nosotros que el aire que respiramos y el alimento que comemos cada día.