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especial tesoro

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“Entonces los que temían al Señor hablaron cada uno a su compañero; y el Señor escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de Él para los que temen al Señor, y para los que piensan en Su nombre. Y serán para Mí especial tesoro, ha dicho el Señor de los ejércitos, en el día en que Yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre lo justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” Malaquías 3.16-18

“Después subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él.” Marcos 3.13

Cuando el Antiguo Testamento concluye con el libro de Malaquías, algo que es importante notar es que no concluye con grandes obras de parte de Dios, o la presencia de Dios manifiesta como se narra en los tiempos de Salomón. De hecho, después de que el pueblo regresa de la cautividad para reconstruir la nación y el templo, todo queda como en pausa, como un tiempo de expectativa.

El pueblo había regresado, había reconstruido la ciudad y el templo y se esforzaban en guardar la ley de Moisés, pero algo hacía falta: la presencia de Dios.

Las profecías dadas al pueblo de Israel a través de los profetas antes de la cautividad, durante la cautividad y después de la cautividad, vaticinaban un tiempo excepcional para Su Pueblo, pero no llegó justo después del regreso de la cautividad, sino que sería necesario varios siglos para que la primera profecía sobre el Mesías fuera cumplida.

Esos 400 años después de Malaquías y hasta Mateo nos hacen preguntarnos: ¿qué pasó en el pueblo de Israel, especialmente con sus líderes religiosos, para que su corazón se haya endurecido tanto y sus ojos se hayan cegado tanto que no pudieron ver y reconocer a JESÚS cuando Él llegó a la tierra? Creo que la respuesta fue que era tal su preocupación por guardar la ley que convirtieron todo (desde el corazón) en simples reglas religiosas que cumplir sin entender el propósito en ellas: revelarnos al Mesías. Se olvidaron que detrás de las leyes, hay un Dios que anhelaba para sí un pueblo propio, un pueblo que sí, celoso de buenas obras, y también un pueblo con anhelo ferviente por Su Dios, por habitar con Él, por contemplarle, Dios cercano, Dios amando a Su especial tesoro.

Y el riesgo que el pueblo de Israel enfrentó de convertir toda enseñanza y toda ley en meros preceptos de hombres sin propósito alguno puede ser también una realidad para nuestra iglesia, para nuestro tiempo. Lo que me ha asombrado en el último año es ver cómo la obra del Espíritu en la iglesia primitiva llevó a los creyentes a confrontar estructuras de hombres justificadas con la ley de Dios. Y no es que Dios haya negado Su ley, pero sí reveló a través de Su Espíritu el propósito de la ley: llevarnos a Cristo.

Y algo aún más asombroso es cuando JESÚS declara que toda la ley y todos los profetas se cubren en dos mandamientos: amarás a Dios con todo tu ser, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y esto es asombroso porque nos permite continuamente evaluarnos respecto a cuál es nuestra motivación detrás de nuestra obediencia a la Palabra de Dios: mero quehacer religioso o un profundo amor a Dios y a los hombres.

Es aquí donde recuerdo aquel video del pastor de Willow Church donde comparte: si algo valora Dios en gran manera son a las personas. Lo podemos ver a lo largo del Antiguo Testamento cómo Dios anhelaba, atesoraba a Su pueblo. Y no es que Dios vaya a hacer a un lado Su ley y Su Palabra por los hombres, pero sí sacrificó a Su Hijo JESÚS por amor a los hombres. ¡Esto es impresionante! ¿Puedes ver en cada persona (conocidos y desconocidos que ves en la calle) el amor que Dios tiene por ellos?

Porque si algo Dios valora grandemente son las personas, Su pueblo, Su especial tesoro. Y así como Dios nos amó, debemos nosotros amar a los demás. ¿Imposible verdad? Pero no con la ayuda de Su Espíritu.

Dios levante a Su iglesia con un corazón lleno del verdadero amor por Él y por las personas. Dios nos lleve a niveles donde podamos experimentar Su amor de tal manera que nuestro primer impulso sea amarlo a Él cada vez más y las personas que nos rodean. Dios guíe a Su iglesia en Su amor verdadero y puro.

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el poema que no he podido escribir

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conocí su voz en aquella mañana fría
abrazada por el calor de la iglesia perseguida
por aquellos que siendo hermanos
alejados de Su cuerpo a vivir nos obligan

a mi lado le encontré en palabras pronunciadas
que intentaron limpiar las lágrimas
de una Navidad dolida en angustias
que en el espíritu se comparten en vidas

no quise fijar mi corazón en su mirada
yo tenía dolor pero aún mas tenía angustia
pero las palabras en sus ojos
motivaban sonrisas y alimentaban esperanzas

quise, por instantes, escribir poemas de amor
intenté, en segundos, acariciar las esperanzas
soñé, volví a soñar, en oportunidades eternas
y regresé, aquí, confiando en Su promesa.

¿quién puede escribir amores sublimes
sino el Padre que les sujeta?
¿quién puede alimentar al corazón
sino Su Espíritu que nos consuela?
¿quién nos acercará a la eternidad
sino el Hijo que en días nos habita?

y ayer volvió usted, aquí,
con más esperanzas y sueños
y aún más palabras
que de un corazón apasionado por Él
alimentaron días de este verano

ya no era invierno, no, ya no era invierno
más es verano lleno de soles
que juegan entre nubes y lluvias de color
sí, de nuestros colores

¿quién podrá detener al amor de nuestro Padre
que en días comparte con hijos que enamorados
se descubren en un verano suave
que de agua viva nos invade?

¿quién podrá escribir este poema
en vidas, en nuestra vida, en Su vida
que rendida a Él
permanece en Su promesa?

le dolió en el corazón

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“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” Lucas 10.33,34

 

El día de ayer fui confrontado por Dios de una manera muy fuerte. Después de enojarme fuertemente contra alguien y ser áspero con esa persona, Dios no tardó en corregirme y mostrándome a través de la parábola de los dos deudores que estaba siendo como aquel hombre al que se le había perdonado una gran deuda millonaria pero que este hombre no había sido capaz de perdonar a uno de sus consiervos que le debía unos cuantos pesos (puesto en nuestro contexto). Inmediatamente fui confrontado y humillado, puesto en evidencia de mi falta de perdón y mi prontitud para enojarme. Mi deuda millonaria que Dios perdonó contra una situación donde yo no supe perdonar.

Y recordaba hoy temprano, a través de un devocional, aquella parábola del buen samaritano que ayudó a un hombre que había sido golpeado y asaltado. Esta historia es contada por JESÚS a un intérprete de la ley, un hombre conocedor de la Palabra, pero no del corazón de Dios, un hombre que buscaba probar a JESÚS y justificarse a sí mismo.

Si algo estoy impactado por JESÚS es que ha venido a romper paradigmas de hombres, y esta parábola lo demuestra. Hombres “conocedores” de Dios y que hacían alarde de que “conocían” a Dios, no fueron capaces de hacer lo mínimo por un hombre en necesidad: ayudarle. Pero un hombre despreciado por el pueblo, considerado inferior y de segunda clase (el samaritano), fue movido a misericordia y ayudó a aquel hombre en necesidad. La palabra misericordia significa “dolor en el corazón”, y este hombre sintió dolor en su corazón.

Este samaritano, que no era un erudito en la Palabra de Dios, que quizá no hacía esas largas oraciones y ni pasaba tanto tiempo en el templo (porque además no era aceptado), supo entender el corazón de Dios. Y Dios ponía en mi mente este pensamiento: ¿de qué sirve leer la Biblia, leer los libros cristianos y escuchar al predicador de moda, si fallamos en perdonar y amar aún a nuestros enemigos? Fui golpeado por ello.

No me refiero a que leer la Palabra no tenga importancia, sino al contrario, es fundamental para la vida de un creyente, es una necesidad, es un alimento. Pero si nuestro conocimiento de la Palabra no nos lleva a actuar en amor a Dios y al prójimo (los dos más grandes mandamientos que cubren toda la Ley) a través de perdonar, de ser movidos a misericordia (sentir dolor en el corazón), a ayudar a otros, aunque estos sean nuestros enemigos, creo que algo está fallando. Seremos como aquellos intérpretes de la ley que se sentían orgullosos de “conocer” a Dios sin realmente conocerle.

Hace meses recordaba algo tan sencillo pero tan profundo: si nuestros afectos, pensamientos, motivaciones y acciones no están basadas en el amor a Dios y a los demás, es simplemente pecado. Y este principio aplica a toda área y todo momento de nuestra vida.

Homosexualidad: ¿Qué sigue para la Iglesia Evangélica conservadora?

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por Misty Irons

traducción al español por Jacob Pintle

Como alguien que es miembro de la rama reformada de la iglesia evangélica conservadora, me he estado preguntando lo que me gustaría ver que suceda en el futuro para nosotros los cristianos heterosexuales que se sujetan a una perspectiva lado B sobre la homosexualidad. Por lado B, nos referimos a la creencia de que la intención original de Dios en la creación es que la unión matrimonial sea entre un hombre y una mujer. ¿Cómo podemos mantenernos en nuestras creencias de tal forma que sean más fieles al Evangelio de Jesucristo y menos fieles a nuestros propios miedos, prejuicios y agendas humanas?

Algunos años atrás, cuando estaba recientemente buscando relacionarme con más cristianos LGBT, me di cuenta que mi postura conservadora iba a ser un problema. No quería mostrar una etiqueta que hiciera que la gente se sintiera incómoda, y siendo heterosexual y lado B podría cerrar la conversación antes de que incluso iniciara. Así que un día, sintiéndome bastante estresada por todo el asunto, decidí que iba a ser lado A. Nada de estudio, ni preparación, ni nada, yo sólo quería ser incluyente (affirming). De esa manera podría etiquetarme a mí misma como algo que dijera a las personas LGBT: “Mira, no te quiero hacer daño, no quiero ser una amenaza.” Además, había una serie de aspectos de la postura incluyente (affirming) que encontraba interesantes.

Ese experimento duró sólo unos dos meses. Estaba teniendo problemas para ligar la perspectiva lado A con mi comprensión más amplia de la Biblia, en la que veo una progresión Creación-Caída-Redención-Consumación. A mi entender, la doctrina de la caída prepara el escenario para nuestra necesidad de redención, convirtiéndose en la ocasión para que Dios muestre su amor por nosotros de manera tan dramática mediante el envío de Su Hijo. Por lo tanto, mi comprensión de la Biblia está vinculada con mi comprensión del mensaje del Evangelio. Actualmente entiendo la orientación sexual cuya atracción es hacia el mismo sexo como caído (como consecuencia de la caída), pero no es algo pecaminoso en sí. “Caído pero no pecaminoso” hace referencia a la mejor manera con que puedo describir algo que, he encontrado, parece desafiar todas las categorías y el lenguaje teológico.

Al final, decidí abrazar la etiqueta lado B por razones de simplicidad y, sin embargo, siempre he estado dividida entre las dos perspectivas, el lado B y el lado A, debido a que ambos parecen tener cosas legítimas sobre cómo los cristianos homosexuales deben vivir sus vidas en términos prácticos. Me he hecho amiga de cristianos homosexuales piadosos en ambos lados del debate.

El apóstol Pablo reconoce en el capítulo 14 de Romanos que hay ciertos temas en los que los cristianos tomarán lados opuestos, pero ambos lados son capaces de mantener su posición en buena conciencia. Él dice que la clave para tener una buena conciencia es la fe. En Romanos 14: 22-23 Pablo escribe: ” ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba… y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”

El apóstol Pablo afirma que la clave para tener una buena conciencia es fe

Debido a que en la perspectiva lado B los cristianos homosexuales creen que Dios originalmente instauró que el matrimonio sea entre un hombre y una mujer, ellos (los cristianos homosexuales en esta perspectiva) tratan de honrar a Cristo abrazando la vocación de celibato, o siendo fieles en su matrimonio heterosexual (mixed-oriented marriage), o por la búsqueda de amistades más profundas dentro de la Iglesia. Para esto se necesita fe. Por su parte, cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A creen que Dios los creó para ser gay y que no puede haber nada pecaminoso en amar a otro ser humano. Ellos buscan honrar a Cristo a través de estar en una relación amorosa y comprometida con otra persona del mismo sexo. Esto también requiere fe. Hay cristianos homosexuales en ambos lados que han confiado en mí para preguntarme si es realmente la otra perspectiva la que es correcta, sin embargo, los dudosos en ambas perspectivas se ponen en manos de Dios confiando en que Él los guiará en el camino correcto. Esta es otra expresión de la fe.

Teniendo en cuenta las cuestiones teológicas, los problemas humanos, y las cuestiones de conciencia implicados, nunca estaremos totalmente de acuerdo, sin embargo, todavía se puede reconocer la unidad cristiana que todos compartimos, incluso en medio de nuestras diversas experiencias y puntos de vista. Así que, cuando pienso en lo que sigue para la iglesia evangélica conservadora, esa es la dirección que me gustaría veamos delante de nosotros. Me gustaría vernos trabajar hacia una mayor unidad incluso en medio de nuestros desacuerdos sobre la fe y la sexualidad.

Este podría ser el final de este artículo, pero me doy cuenta que sólo he planteado más preguntas: ¿Por qué no están los evangélicos conservadores encabezando una dirección de mayor entendimiento y mayor conciliación? ¿Por qué los evangélicos dicen cosas similares a lo que estoy diciendo acerca de la caída, la redención en Cristo, y caminar por fe, sin embargo, en lugar de buscar una mayor unidad de los cristianos, trazan una línea en la arena, tratando a las personas LGBT con actitudes que van desde el frío distanciamiento hasta la hostilidad abierta?

Para responder a esta pregunta, tendría que hablar sobre dónde creo que los evangélicos han estado en el pasado, dónde están en este momento, y por qué no hemos avanzado hacia una relación más conciliadora con la comunidad LGBT. Y aunque diga “LGBT”, lamento que no tengo mucho que decir que pudiera ser relevante para cristianos bisexuales y transgénero, por no hablar de los que se identifican como queer, intersexual o asexual. El hecho es que la iglesia conservadora está todavía solamente hablando de las letras L y G, y no está ni siquiera teniendo conversaciones sobre las otras identidades. O, si hay tales conversaciones, no han alcanzado un nivel bastante decente para ser digno de mención.

No soy una ministra ordenada; no tengo un título teológico de ninguna clase. Sólo soy una persona común con un poco de educación teológica que sirve fielmente en su iglesia, mientras soy esposa y ama de casa y madre. Te ofrezco lo siguiente como mis observaciones personales.

 

Slogans vs. Verdad

Recuerdo una vez, sobre todo en la década de los 80s y 90s, cuando todo lo que había oído desde los púlpitos evangélicos en Estados Unidos era que la homosexualidad era una “elección de estilo de vida pecaminoso”. La explicación para la existencia de personas homosexuales era algo como esto: Eran personas que, en algún momento de sus vidas, ya sea por curiosidad ingenua o impulsados por la lujuria perversa, participan en conductas sexuales con personas del mismo sexo en contra de sus deseos heterosexuales naturales. Entonces se convirtieron en adictos a este estilo de vida y pronto se hicieron tan detestable a Dios que “los entregó” a sus deseos de modo que ya no podían apartarse de su estilo de vida elegido. En otras palabras, eran una categoría de personas que estaban más allá de la redención, y por lo tanto palabras como “depravados” eran lanzadas libremente para describir a aquellos que aparentemente cayeron en esta terrible condición espiritual.

A medida que estas ideas fueron aceptadas sin cuestionamientos en la iglesia, hubo otro movimiento que también fue ganando algo de terreno, aunque más suave y gradualmente. Ministerios ex-gay empezaban a crecer en importancia y popularidad. Y como estos ministerios parecían prosperar, se hizo cada vez más difícil explicar por qué las personas que supuestamente eligieron ser homosexuales estaban, al mismo tiempo, eligiendo unirse a los ministerios que se comprometían en hacerlos heterosexuales. ¿Por qué las personas que supuestamente estaban más allá del arrepentimiento acudían a los ministerios que les ayudaban a hacer algo tan similar al arrepentimiento? Tantas tragedias terribles salieron de ministros ex-gay, sin embargo, la popularidad temporal de estos ministerios llamados efectivos puso en tela de juicio algunas de las peores acusaciones formuladas por los conservadores contra las personas gays y lesbianas.

Ahora, cuando la iglesia conservadora tiene la sensación de que podríamos haber estado equivocados sobre algo, no nos disculpamos. En cambio, cambiamos de tema. Nos decimos a nosotros mismos que estamos básicamente en lo correcto, que estamos haciendo algunos ajustes, e intentamos pretender que no hemos hecho algunas de esas declaraciones extravagantes en el pasado, a pesar de que toleramos perfectamente a los que siguen haciendo esas declaraciones.

Alrededor de la década de los 2000 comencé a escuchar un nuevo slogan que circulaba entre los evangélicos que era algo como esto: “Incluso si ser gay no es una elección, el actuar en base a ello sí lo es”. La idea es: “Mira, nosotros no estamos dejando la idea de que es una elección, sólo estamos diciendo si no es una elección. Y aunque no sea una elección, todavía nos reservamos el derecho de señalar lo que es obvio, que es que tú tienes que tomar buenas decisiones acerca de qué hacer con tu homosexualidad”. ¿Qué es considerada una buena decisión? Tú puedes preguntar. Los líderes de la iglesia dirigían a las personas hacia las opciones impulsadas por los ministerios ex-gay: buscar el cambio de orientación, y si es posible comienza un matrimonio heterosexual. También existe el celibato, pero esa opción era vista como sólo medio satisfactoria.

A medida que los años pasaban, un creciente número de líderes ex-gays se convirtieron en líderes ex-ex-gay, y así ministerios ex-gay tras otro empezaron a admitir sus tasas de éxito tan bajas respecto a cambiar la orientación sexual en las personas. A pesar de que los ex líderes de estos ministerios dieron un paso adelante y pidieron perdón por el daño hecho, se dice que la mayoría de los líderes cristianos heterosexuales que una vez les habían apoyado les dieron la espalda a ellos por no guardar su fe. Sin embargo, no hay duda de que, en la actualidad, nos encontramos en un lugar donde se puede decir que el apogeo de los ministerios ex-gay ha terminado.

Y ahora, al igual que antes, el viejo slogan ha sido abandonado por uno nuevo con apenas una explicación dada. En estos días he estado escuchando un slogan que dice así: “No debes llamarte a ti mismo homosexual, debido a que tu identidad está en Cristo”. Otra versión que he escuchado es: “Llamarte gay cristiano es un oxímoron”. Estoy todavía tratando de averiguar por qué tantas personas en la iglesia se han aferrado a este mantra, como si haber estado equivocados en el slogan de la elección y haber estado mal en el slogan de cambio, de alguna manera nos pone en la posición creíble de ahora ser capaces de dictar a las personas homosexuales sobre un asunto tan personal como cómo deben llamarse a sí mismos. Mi suposición es que debido a que la etiqueta de “ex-gay” ha caído de la gracia, y esta era la etiqueta con la que los conservadores se sentían cómodos para usar, lo único que queda por hacer es atacar el término “homosexual”, a pesar de que yo no escucho a nadie sugiriendo alternativas viables.

¿Qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa?

Teniendo en cuenta todos los cambios de slogans, el pensamiento de la iglesia evangélica sobre la homosexualidad parece haber tenido algún progreso, pero me parece que el progreso ha sido superficial. En el aspecto público de la iglesia evangélica se ha suavizado su lenguaje, y muchos líderes están ahora poniendo más énfasis en la necesidad de amor en lugar de golpear el tambor de la condenación. Pero, ¿qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa? ¿Cómo es que simplemente haciendo ajustes en nuestro lenguaje puede ser un remedio por haber hecho esa clase de acusaciones que destruyeron relaciones familiares, arruinaron reputaciones, despojaron a personas de su fe, aplastando su esperanza, y, en algunos casos trágicos, obligaron a la gente a tomar su propia vida? No he sabido de alguna disculpa pública pronunciada por la iglesia evangélica conservadora, ni tampoco de algún acto importante de arrepentimiento que hayamos realizado colectivamente para mostrar que hemos hecho una clara ruptura con las muchas acusaciones falsas que hemos formulado contra los gays y lesbianas durante tanto tiempo en nuestra historia reciente.

Hemos tomado medidas a medias para hacer frente a esta situación, diciéndonos a nosotros mismos que estamos bien porque hemos abrazado lo que se supone que es lo más amable y lo más gentil del evangelismo. Por ejemplo, me he dado cuenta en estos días que algunos cristianos heterosexuales se harán cargo de destacar que todos nosotros, ya sea heterosexual u homosexual, somos pecadores que necesitamos escuchar el mensaje del evangelio. Pueden incluso ir tan lejos como para explicar que a veces escuchar la verdad acerca de nuestro pecado puede ser doloroso, pero la intención es ser amorosos y que no debería ser tomado como odio contra los homosexuales, pero como una forma de hablar la verdad en amor. Sin embargo, cuando estos cristianos dicen que están “hablando la verdad en amor,” ¿qué es lo que entienden que es la verdad sobre la homosexualidad? Porque si ese entendimiento no es exacto, entonces lo que uno tiene que decir difícilmente podría calificarse como amor, no importa que tan amoroso sea el tono que se use para hablarlo.

Cuando se trata de ejercer el amor cristiano, fácilmente nos convencemos a nosotros mismos de que ser amoroso tiene que ver con nuestras buenas intenciones y de querer lo mejor para la otra persona de acuerdo a lo que creemos que deberían ser en lo espiritual. Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

He oído a algunos cristianos heterosexuales decir en un tono muy simpático: “Tú sabes, todos somos pecadores, y la homosexualidad es simplemente otro pecado.” Y luego añaden: “como el asesinato.” Ahora, ¿cómo amar a una persona del mismo sexo se puede incluso comparar con tomar la vida de otra persona? O escucharía a la gente decir que ven el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo al igual que lo harían con cualquier pecado sexual, como el adulterio o la fornicación. Y sin embargo, ¿cómo son estas comparaciones válidas si se considera que el matrimonio homosexual es la formación de una relación comprometida, mientras que el adulterio es una traición a ese compromiso? La fornicación es sexo fuera del matrimonio, mientras que el matrimonio del mismo sexo permite el sexo dentro del matrimonio.

Muchos cristianos heterosexuales han llegado a comprender que ser gay se refiere a tener atracciones hacia el mismo sexo y no necesariamente significa que uno es sexualmente activo. Pero entonces los escucho sostener que la atracción sexual entre personas del mismo sexo como una tentación contra la cual hay que seguir luchando. Todos los cristianos luchan con la tentación, dicen. Y para aquellos que tienen atracción hacia el mismo sexo, lo que estamos pidiéndoles hacer no es diferente de lo que se le requiere a cualquier cristiano en sus luchas diarias contra el pecado.

Pero aquí está mi problema. Una lucha contra la tentación implica que una batalla se debe luchar para volver las cosas a un estado de normalidad. Insistir en que la atracción hacia las personas del mismo sexo en sí misma debe ser vista como una tentación contra la cual luchar continuamente plantea la cuestión de ¿qué es lo que cristianos homosexuales deberían estar luchando para lograr? ¿Cómo sería la victoria en caso de que ellos tengan éxito?

¿Deberían ellos deshacerse de todo sentimiento sexual en lo absoluto, sólo para reemplazarlo con nada, para existir en un vacío emocional? Cristianos heterosexuales no creen que eso es lo que están tratando de decir, pero en realidad esa es la única conclusión a la que muchos cristianos homosexuales prácticamente pueden llegar. He visto personas que se entregan al trabajo, en diversas adicciones, y en la desesperación y conductas destructivas porque sentían que a ellos no les es permitido sentir y existir como seres sexuales. Se les está pidiendo que hagan algo humanamente imposible.

¿O estamos diciendo que su lucha les debería llevar a convertirse en heterosexuales? Esto es sólo otro camino de regreso a la terapia ex-gay. Sin embargo, nuestro experimento de casi cuatro décadas con los ministerios ex-gay debería habernos mostrado lo equivocados que estábamos sobre la capacidad de las personas para cambiar su orientación sexual. Imagine por un momento qué pasaría si hubiera un experimento financiado por el gobierno que se ejecutó durante casi cuatro décadas. Este experimento utilizó un tamaño de muestra de participantes que llegaron a los miles, tal vez incluso decenas de miles, de los cuales todos estaban muy motivados y tenían todas las ganas de ver que el experimento fuera exitoso. Sin embargo, al final, los expertos estimaron que la tasa de fracaso era alrededor del 99,9%. Supongamos ahora que algunos funcionarios del gobierno seguían insistiendo en continuar con el programa porque pensaban que los participantes no habían estado tratando lo suficientemente duro para tener éxito. ¿No habría la mayor protesta pública sobre la ceguera y la estupidez y el despilfarro de dinero de los contribuyentes, con memes enviados por todas partes y las redes sociales a punto de explotar?

Los cristianos evangélicos necesitamos darnos cuenta de que nuestro experimento fallido de convertir personas homosexuales en heterosexuales debió resultar en un importante cambio de paradigma en nuestro pensamiento. Esto significa admitir que nos hemos equivocado en tantas cosas. Significa arrepentirse. Y arrepentimiento significa cambiar nuestros caminos y nuestro pensamiento. Significa hacer una clara ruptura con las viejas tendencias de pensamiento y comenzar desde un sitio nuevo.

Yo sugeriría que el lugar más útil para la iglesia conservadora para comenzar de nuevo es pensando en la homosexualidad como una simple orientación sexual. Debido a que la orientación sexual es algo que se aplica a todas las personas. Yo tengo una orientación sexual; tú tienes una orientación sexual. Nos diferenciamos en nuestras respectivas orientaciones, pero lo que tenemos en común es nuestra sexualidad humana. Aquellos de nosotros que somos lado B podemos creer que la existencia de la orientación sexual cuya atracción es hacia las personas del mismo sexo es un resultado de la caída, mientras que los que están en el lado A puede creer que Dios creó a las personas para ser gay. Pero cualquiera que sea la perspectiva en la que te mantienes, debemos ser capaces de llegar a un acuerdo de que, aparte de las diferencias de orientación, tanto gays como heterosexuales experimentamos la sexualidad de la misma manera. Por eso, la mejor analogía que puedes utilizar para entender la homosexualidad no es el adulterio, ni la fornicación, ni alguna lucha o tentación. La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

He oído muchas historias de mis amigos homosexuales acerca de lo que representó para ellos salir del clóset por primera vez con sus amigos o miembros de la familia. A menudo, la primera pregunta formulada es: “¿Cómo sabes que eres gay?” Interesante, porque yo no creo que nadie jamás me haya preguntado: “¿Cómo sabes tú que eres heterosexual? ” Apostaría que a la mayoría de los heterosexuales nunca les han hecho esa pregunta.

¿Cómo sé que soy heterosexual? Es porque siento una atracción hacia los hombres -no todos los hombres, pero sí determinados hombres- y es algo que nunca siento hacia las mujeres. Se le puede llamar atracción, aprecio, fascinación. No es sólo un buen sentimiento hacia esa otra persona, pero algo que me hace pensar en esa persona y me hace sentir bien. Primero lo noté en la escuela primaria. Tenía alrededor de 10 años de edad, y me fijé en un muchacho que era parte de nuestro carpool de nuestro vecindario. Él y su familia se acababan de mudar a la casa de al lado y a veces mi hermano mayor iba a su casa para jugar baloncesto. Ahora, yo no era una de esas chicas que veían a un niño como algo fantásticamente emocional. Me sentí amenazada por ello. No tenía ni idea de dónde estos sentimientos ridículos venían, y también me parecía confuso que un chico tuviera esa clase de efecto en mí cuando en realidad no lo conocía tan bien. De hecho, no había nada que él o yo hubiéramos hecho, tan pronto como puedo decir, para hacer que esto sucediera.

A medida que pasaban los años y que llegué a mi adolescencia, repetí el mismo patrón a través de varias otras atracciones hacia muchachos con los que tomaba clases en la escuela secundaria, chicos jóvenes que conocí en grupos de comunidad cristiana. Yo sabía cómo ejercer el autocontrol, pero también empecé a entender que los sentimientos sexuales no son algo que pueden ser ignorados o apagados. Era algo que necesitaba entender sobre mí misma, y me di cuenta de que mis amigos atravesaban el mismo proceso también.

Así que ¿elegí yo ser heterosexual? ¿Les suena como si hubiera yo hecho una elección cuando tenía 10 años? ¿Estoy exhibiendo mi vida sexual delante de ustedes al estar hablando de esto? Pero ahora ven, no he hablado de sexo, no he mencionado nada sobre tener sexo. Estoy hablando de mis sentimientos de atracción hacia el sexo opuesto y cómo por primera vez supe de ellos. Todo lo que he hablado fue mi orientación sexual.

Las personas que tratan de explicar su orientación sexual van a contar historias similares a la mía, y miles de estas historias ya han sido dichas. Pero como persona heterosexual algunas veces no reconoces que, si tú fueras a contar tu historia de tu primer amor hacia el sexo opuesto, no va a sonar bastante diferente de la historia de alguien que explica cómo ellos supieron por primera vez que eran gays o lesbiana. Este reconocimiento es el punto de partida no sólo para la conversación, pero para relacionarse, para comprender hasta qué punto nuestras experiencias son paralelas.

La mejor definición que he encontrado de lo que significa ser gay o lesbiana está en el libro de R. Holben Lo que los cristianos piensan acerca de la homosexualidad . Él escribe:

Lo más importante para referirse a los gays, lesbianas o persona homosexual… es que voy a hablar de [alguien] en quien no sólo los impulsos sexuales, sino también los impulsos emocionales y psicológicos más profundos que fuerzan a la auto-revelación, la intimidad y la conexión, la unión, la cercanía y el compromiso- todo lo que llamamos amor romántico/erótico-encuentran su cumplimiento interno, espontáneo no en el sexo opuesto, pero en el mismo sexo.

Esta es una definición con la que los heterosexuales también nos podemos identificar.

La mayoría de los cristianos conservadores heterosexuales que conozco ven a los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado B como ciudadanos de segunda clase y los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A como no cristianos. Pero entender a los cristianos homosexuales a la luz de las palabras de Holben nos debe llevar a estimar a los que están en la perspectiva lado B como quienes viven con una ética sexual que supera con creces lo que esperamos de nosotros mismos, así como a reconocer que los que están en la perspectiva lado A tienen deseos y objetivos para sus vidas que son los mismos a las nuestros.

 

La Biblia vs. La Biblia

He dedicado todo este tiempo explicando cómo creo que los cristianos evangélicos heterosexuales deberíamos ver la homosexualidad, y sin embargo, sabemos perfectamente bien por qué la mayoría de ellos responderían a mi propuesta con algo que puede ir desde la renuencia hasta con un rechazo frontal. Esta razón se puede resumir en dos palabras: La Biblia.

La Biblia parece dar una presentación diferente sobre las personas que buscan o se involucran en relaciones sexuales con personas del mismo sexo. Está la historia de los hombres movidos en lujuria de Sodoma. Están las abominaciones de Levítico. Existen las condenas de Pablo en Romanos 1, 1 Corintios 6, y 1 Timoteo 1. Aquellos de ustedes que han estudiado estos pasajes con profundidad saben que, en estos dos últimos pasajes, el término griego fuertemente debatido de arsenokoitai aparece con muchos de los pecados fuertes: la fornicación, la idolatría, el adulterio y el asesinato. Así que, a pesar de que vivimos en una época cuando mucha exposición a las historias y perspectivas de personas homosexuales debería hacernos pensar dos veces, muchos cristianos heterosexuales todavía compararán automáticamente las relaciones homosexuales con estos pecados fuertes porque la Biblia parece hacerlo. Cuando tú tienes la Palabra inspirada, infalible, y la autoridad de la Palabra de Dios por un lado en contra de la experiencia subjetiva de personas falibles por el otro, es obvio con cuál tú te quedarías. Tú te quedas con la Biblia.

Estoy tratando de no ser desdeñosa de esa elección, como si “quedarte con la Biblia” siempre se realiza sin sentido y con una ortodoxia ciega. Para todos los cristianos que creen en la Biblia, ya sea homosexual o heterosexual, sabemos que es mucho más profundo que eso. La palabra de Dios está estrechamente entrelazada con nuestra propia espiritualidad. A medida que crecemos y maduramos como cristianos, nuestra comprensión de la Biblia, combinado con años de aprender a caminar con Cristo por la fe, nos enseña reflexivamente e instintivamente a interpretar las cosas que vemos y la experiencia en el mundo a través del lente de un entendimiento bíblico.

Hay miles de ejemplos de cómo usamos la Biblia para tener ánimo y tener una perspectiva espiritual. Las Escrituras son como lentes que colocamos en frente de nuestros ojos miopes para que por la fe podemos ver las verdades de Dios con más claridad. Por ejemplo, cuando siento que la violencia en el mundo está aumentando fuera de control, tomo mi Biblia y leo: “¡El Señor es el Rey! ¡Regocíjese la tierra!” (Sal. 97:1). No se siente como si Dios estuviera reinando, pero debe ser cierto porque la Biblia lo dice, y entonces tengo que ajustar mi perspectiva en consecuencia. Cuando veo a personas siendo víctimas de aquellos que tienen poder, leo: “El Señor es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Sal. 103:6). No parece como si Dios se preocupa por los oprimidos, pero confío en que lo hace, porque la Biblia lo dice.

Y entonces, ¿qué ocurre? Tú lees algo en la Biblia que tiene que ver con las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y tú concluyes que esto debe ser la verdad acerca de la homosexualidad, incluso si las personas homosexuales están diciendo lo contrario. Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Hay ejemplos en la historia de la iglesia cuando nos dimos cuenta que la dirección de nuestra interpretación necesitaba ser invertida, donde la experiencia humana y la observación nos informaban y aclaraban nuestra interpretación de la Escritura. El caso más famoso fue cuando la defensa de Galileo de la teoría de Copérnico de que la Tierra giraba alrededor del Sol parecía contradecir pasajes bíblicos que parecían decir que Dios había establecido la tierra como un cuerpo estacionario. Sin embargo, con el tiempo aprendimos a interpretar esos pasajes metafóricamente para dar cabida a una comprensión heliocéntrica del sistema solar. Así que a pesar de que no es la dirección interpretativa que tomamos habitualmente, existe un precedente para el ajuste de nuestra comprensión de la Escritura en lugar de nuestra comprensión de lo que observamos en el mundo.

En este punto, alguien podría objetar: Bueno, una cosa es cuando las observaciones científicas se realizan utilizando un telescopio, pero ¿cómo puede ser esto comprable con tener algunas conversaciones con homosexuales sobre cómo experimentan su orientación sexual? Su experiencia no es un hecho científico objetivo. Es sólo el auto-informe de unos pecadores, y al igual que cualquier pecador, ellos podrían estar motivados por un interés egoísta. Ellos pueden estar siendo tentados en hacer ver que su pecado es mejor de lo que realmente es. O pueden estar influidos por las ideas del mundo de la comunidad homosexual secular. O tal vez sólo se están rebelando en contra de la Palabra de Dios y en realidad no les importa lo que dice. ¿Cómo puedes justificar el poner más peso en el testimonio humano falible en contra del testimonio infalible de la Sagrada Escritura?

Aquí está cómo: Porque cuando tú empiezas a escuchar las historias de las personas homosexuales y desarrollas amistades significativas, el dilema real con el que te enfrentas es mucho peor. El dilema no es el testimonio de las personas homosexuales contra el testimonio de la Escritura. El dilema real es la aplicación de la Escritura contra el testimonio de la Escritura. Aplicación contra testimonio. ¿Qué haces cuando la aplicación del mandato bíblico de amar a la gente te lleva a la conclusión de que la Biblia parece estar colocando a esas personas en una peor luz de lo que merecen? Este es el verdadero dilema. Es realmente la Biblia contra la Biblia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan que la forma en que debes amar a tu prójimo es al estar tan preocupados por él o ella como lo estarías por ti mismo. Levítico 19:18 dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En Lucas 6:31 Jesús reitera la misma enseñanza, cuando dice: “Trata a los demás de la misma manera que quieres que te traten.” Al parafrasear estos mandamientos de esta manera, el Espíritu Santo nos está instruyendo a utilizar nuestros propios estándares de cómo nos gustaría ser tratados como un punto de referencia para la forma en que debemos de relacionarnos con los demás.

Para lograr esto hay que ponerse en los zapatos de la otra persona. Hay que imaginarse a uno mismo como una persona que, en esa situación, enfrenta sus desafíos particulares. Puede que tengas que interactuar con esa persona de tal forma que tengas que salir de tu área de confort para darte una idea de lo que son su perspectiva y su situación y sus desafíos. Entonces te preguntas, “¿Cómo me sentiría si fuera ellos? ¿Cómo me gustaría ser entendido? ¿Qué tipo de respuesta necesitaría si estuviera en sus zapatos?” Entonces tienes que regresar a ti mismo y tratar de darle a esa persona lo que necesita en función de lo que has entendido al pasar por ese proceso. Todos estos pasos están implicados al interpretar estos simples mandamientos bíblicos sobre el amor que son tan familiares para todos nosotros y que son bastante centrales en nuestra fe cristiana.

Si los cristianos heterosexuales amaramos a nuestros hermanos y hermanas gays en Cristo así, probablemente no habría ninguna necesidad de una organización como The Gay Christian Network, porque la iglesia regular antigua estaría haciendo su trabajo. Entonces, ¿por qué no nos amamos como se supone que debemos? Incluso he oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

He oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

Tal vez decimos esto porque ya sentimos que la dirección de este camino basado en el amor nos podría llevar a conclusiones acerca de la homosexualidad que nos pondría en desacuerdo con lo que la Biblia parece decir. Para evitar este conflicto, retenemos completamente la medida de empatía hacia nuestros amigos homosexuales, familiares o conocidos, porque no queremos dejarnos atrapar por su perspectiva. Debemos descubrir la homosexualidad como algo que es desviado y desordenado. Si no la estamos viendo de esa manera, es porque las personas homosexuales no nos están diciendo todo, o que ellos no están tratando con las fuerzas suficientes para ver su condición tal como lo que es, o porque su trastorno está tan profundamente arraigado que sólo Dios lo ve, pero sabemos que está ahí. Acumulamos un arsenal de protestas y argumentos para dar rienda suelta a nuestra propia mente cada vez que sentimos que esa peligrosa empatía viene a nosotros. La empatía que nos podría desviar de la verdad.

Pero, ¿es ese el enfoque fiel al mandamiento de Jesús acerca de cómo debemos amarnos unos a otros? Él dijo: “Trata a los demás de la misma manera como quieres que te traten a ti.” Y por lo tanto estás obligados a preguntar: ¿Cómo me sentiría si estuviera tratando de explicar una experiencia profundamente personal a alguien que no comparte esa experiencia, y esa persona descarta lo que yo tenía que decir, ya sea como una mentira, o como un producto del auto-engaño, o como una ilusión, o como una prueba de que yo carezco de fe, todo porque ellos tenían un compromiso previo con un conjunto de creencias teológicas?

Una vez tuve un amigo ateo homosexual, ya fallecido, con quien compartía muchos intereses comunes. Él era muy decente cuando se trataba de hablar sobre religión, sin embargo, yo sabía que, en privado, él consideraba a los cristianos que afirmaban tener una relación con Jesucristo como, esencialmente, alguien que sufre de una psicosis. A veces yo misma me preguntaba sobre eso. Me preguntaba: “Me conoce bastante bien. ¿De verdad cree que soy psicótica? ¿De verdad cree que soy el tipo de persona que se imagina cosas acerca de su relación con una deidad?” Realmente nunca supe a ciencia cierta, pero he aprendido de esa experiencia que cuando alguien ha decidido creer algo acerca de ti,- independientemente de lo que tus interacciones con esas personas deberían decirle acerca de tu verdadero carácter, y es todo porque tienen un compromiso previo con un determinado sistema de creencias- es seguro que es difícil tener una relación significativa con ellos. Muy seguramente no dirías que te sientes amado con el amor de Cristo.

Creo que muchos cristianos heterosexuales saben, en el fondo, cuando ellos están reteniendo la medida completa del amor de Cristo con homosexuales y lesbianas, pero lo hacen por devoción a la palabra de Dios, para proteger la Palabra de ser cuestionada, de que sea interpretada mal, y parece una razón noble y justificable. Lo que se reduce a que ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Había una vez un hombre que se encontró en un dilema similar. De hecho, era mucho peor. Era una situación en la que, si obedecía la orden de Dios, destruiría la promesa de Dios. Dios prometió a Abraham que lo haría una gran nación, y Dios lograría esto al darle un hijo. Isaac era la encarnación de todo lo que Dios había prometido. Reyes y naciones vendrían de él. A través de él, los descendientes de Abraham serían tan numerosos como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Todo lo que Abraham había esperado y sufrido en su larga y dolorosa vida valió la pena porque Dios había cumplido su promesa dándole a Isaac.

Entonces, un día, cuando Isaac tenía sólo 12 años de edad, Dios vino a Abraham y le ordenó llevar a su hijo y lo ofreciera en holocausto sobre uno de los montes de Moriá. Y Abraham se enfrentó con la madre de todos los dilemas. Si obedecía la Palabra de Dios, destruiría todas las promesas de Dios a través de Isaac.

En sus años de juventud Abraham podría haber discutido con Dios, hubiera tratado de negociar con Él, o hubiera tratado de tomar un atajo para resolver el dilema. Pero este era el Abraham maduro, y no consideraba ya tales opciones. Tan pronto como recibió la orden de Dios, se levantó temprano a la mañana siguiente, ensilló su asno, recogió un poco de madera, llevó a Isaac, trajo consigo un par de servidores, subió la montaña, colocó a su hijo en el altar, y levantó su cuchillo para sacrificarlo.

Estoy seguro de que recuerdas cómo terminó la historia, pero si no lo recuerdas, mira en la Biblia. Está en el libro de Génesis, capítulo 22.

El punto que nos interesa es la siguiente: ¿Por qué Abraham obedeció de inmediato, de una forma tan decisiva? ¿No le daba miedo destruir el hijo prometido? ¿No estaba angustiado por la aparente contradicción? ¿No era consciente de la catástrofe que su obediencia al mandato de Dios traería?

Seguro que sí lo estaba, pero su actitud fue: No es mi problema. No es mi trabajo resolver cualquier desastre o aparente contracción que resulte de la obediencia a una orden clara de Dios. Eso es problema de Dios. Mi trabajo consiste en obedecer.

Y lo mismo ocurre aquí.

Amar a los homosexuales y lesbianas en la forma que Dios ordena puede dar lugar a problemas en nuestro entendimiento de ciertos pasajes de la Biblia. También puede dar lugar a problemas al vernos cara a cara con nuestros hermanos cristianos, con la preservación de nuestro buen nombre en la iglesia, con seguir empleados en la organización cristiana en la que trabajamos, o con saber qué es lo que está bien y lo que está mal en la vida cristiana en general. Pero si vamos a tener que hacer frente a estos problemas, por lo menos podemos hacerlo con la confianza de saber que estamos obedeciendo un mandamiento claro de Dios.

Una cosa sí sé: Dios no nos manda a amar con el fin de debilitar las Escrituras, o comprometer la verdad, o cegarnos de discernir el pecado, o conducir nuestra fe por un precipicio, o cualesquiera que sean las consecuencias espirituales que puedan ser imaginadas. Incluso si esas consecuencias parecen ineludibles, todavía tenemos que confiar en Él tan plenamente como lo hizo Abraham. Estoy seguro de que Abraham sentía como si estuviera conduciendo su fe por un precipicio. Sin embargo, se metió en el coche, encendió el motor, se puso en marcha, y pisó el acelerador. ¿Qué es la fe, sino obedecer a pesar de tus miedos?

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

El autor Robert Brault dijo: “Hoy he doblado la verdad por ser amable, y no tengo ningún pesar, porque yo estoy mucho más seguro de lo que es ser amable de lo que estoy seguro que es verdadero.”

Nosotros los evangélicos cristianos creemos en la verdad objetiva. Estamos desesperadamente interesados en conocer la verdad, presumiblemente para que podamos obedecerla. Pero tal vez Dios nos está mostrando que hemos hecho un ídolo de perseguir la verdad, y la prueba es que parece que estamos más interesados en tener la razón que en ser obedientes. Es posible que Dios está deliberadamente guardando las respuestas que queremos fuera de nuestro alcance, para que seamos forzados a regresar a las cosas verdaderas que sí sabemos: que el amarnos unos a otros es el segundo más grande mandamiento justo después de amar a Dios, que es el amor el cumplimiento de la ley, y que este es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

 

Misty Irons es blogger , esposa y madre de tres hijos. Ella ha estado escribiendo sobre la relación entre la iglesia conservadora y comunidad LGBT durante los últimos 15 años. Ella tiene una maestría en Estudios Bíblicos por Seminario Teológico Westminster, California. En 2002, su ensayo “Un caso cristiano conservador para el matrimonio civil entre personas del mismo sexo” provocó gran controversia dentro de su denominación muy conservadora. Después de 18 meses de debate, de discusión y de procesos judiciales en el tribunal eclesiástico, ella y su esposo, el Rev. Lee Irons, se vieron obligados a abandonar la denominación y disolver la iglesia que habían estado sembrando durante 10 años.

Este artículo es una adaptación de la plenaria que ella ofreció en enero de 2016 en The Gay Christian Network Conference. Esta traducción ha sido reproducida aquí con su amable permiso.

 

Texto originalmente publicado en inglés en: http://www.evangelicalsforsocialaction.org/oriented-to-love-sexual-justice/homosexuality-whats-next-for-the-conservative-evangelical-church/

Conferencia de Misty Irons en #GCNconf 2016: http://livestream.com/GCNconf/events/4664542

el espíritu de adopción

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“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” Romanos 8.14-16

 

Si alguien me preguntase en este tiempo de prueba como es que he podido sobreponerme y seguir caminando, mi única respuesta sería: ha sido el Espíritu de Dios. No hubiera podido solo, no hubiera sido capaz de hacer algo en mis fuerzas, no hubiera siquiera podido hablar cuando era necesario, o actuar cuando era importante hacerlo.

La única certeza que tengo que este tiempo es un tiempo que Dios ha preparado es la certeza que el Espíritu me ha dado a través de Su Palabra y de Su comunión diaria. Algunos pensarán que ha sido arriesgado, otros podrán decir que estoy yendo contrario a muchas cosas, y otros tantos podrían considerarme como un falso cristiano. Sin embargo, si algo me ha sostenido hasta este día es esa convicción que el Espíritu da día a día a mi espíritu que hijo soy del Padre.

Quisiera poder transmitir esa convicción y certeza con estas letras, pero esa convicción en lo espiritual es mucho más grande. Es saberse cercano a Dios, saberse amado por Dios, saberse guiado por Dios. Es el Espíritu recordando momento a momento que Dios es nuestro Padre y que nada, ni la vida, ni la muerte, podrán separarnos de Su amor en Cristo JESÚS.

Podrán los amigos volverse ajenos. Podrán los hermanos volverse lejanos. Podrán nuestros seres amados volverse en nuestra contra. Pero el amor de Dios permanecerá, y siempre seremos hijos Suyos a través de Cristo, Señor nuestro.

“Eres hijo mío”, Dios nos susurra al oído. “Eres hijo amado”, Dios lo declara a cada instante. “¡Creador tuyo, oh Jacob!”, declara en Su Palabra. Y esta convicción del Espíritu Santo de que somos hijos de Dios en JESÚS, es asombrosa. Y declaramos: ¡papito amado, Abba Padre!

porque Él nos amó primero

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“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” 1 Juan 4.16-19

Hay una verdad declarada a mí hace ya algunos años que impactó mi vida de tal forma que muchas barreras, miedos, dudas y preguntas no podían ya más permanecer en mí, una verdad de Dios que los ahuyentó a todos de un solo golpe. Había concluido de ver una película tan sencilla pero que en ella había algo que golpeó mi alma: niños que en silencio sufren por una sociedad que les estigmatiza. Después de concluirle, preguntaba a Dios con una angustia profunda: ¿por qué, Dios? No como un reclamo, no como un debate o discusión con Dios, sino con una angustia que deseaba descubrir los propósitos de Dios en medio del dolor.

La respuesta de Dios, esa verdad, fue tan sencilla como poderosa: porque te amo.

No pude contenerme. Comencé a llorar como hacía mucho tiempo no había sucedido en mí. Mi alma, mi espíritu, golpeados por esta verdad tan poderosa que yo no podía permanecer igual. Y como un eco, dentro de mí, esa verdad sigue resonando: porque te amo.

No lloraba del dolor, lloraba porque mi alma y mi espíritu habían entendido en medio de esa angustia el amor de Dios para conmigo, para con nosotros. El amor de Dios que es perfecto, que no cambia, que no mengua, que no se detiene, que no se rinde, porque había entendido que aun antes de amarle yo, Él me había amado primero.

Siempre que vienen dudas a mí, o miedos, o pruebas, Dios me recuerda aquel día, aquella verdad tan insertada en mi vida que recuerdo a ese pequeño niño en cuerpo de joven que lloraba una vez escuchada esa verdad.

Cuando a nuestro espíritu es revelado (golpeado) por el amor de Dios, no podremos volver a ser igual, su amor es tan ancho y profundo que nuestra vida quedará cautividad por conocerle y sumergirse en él.

espíritu de poder, de amor y de dominio propio

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“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,” 2 Timoteo 1.7,8

En días pasados cierta duda llegó a mí respecto a qué tanto estamos impactando al mundo con el evangelio. Naciones construidas sobre los principios del evangelio hace siglos ahora se vuelven a un humanismo imperante donde el conocimiento de Dios es cuestionado y donde Su existencia es negada. Vemos a generaciones de jóvenes que siendo criados en la iglesia, ahora dejan la fe cristiana para abrazar filosofías y conceptos de hombres. ¿Qué ha pasado con la iglesia en las últimas décadas que su impacto en la sociedad occidental ha menguado a niveles preocupantes?

Creo que una de las razones se debe a que como iglesia hemos sido en lo secreto un tanto complacientes con el pecado pero a su vez en lo externo hemos sido un desagüe de condenación y falsa santidad. Es triste ver en las noticias cómo líderes identificados como fervientes creyentes, son señalados por su falta de ética y congruencia; es preocupante ver cómo creyentes de años se amoldan al mundo sin mayor peso en la conciencia; es triste ver a una iglesia que llamada a ser luz, nos hemos vuelto una institución más en la sociedad.

No quiero ser pesimista, tampoco quiero ser un desagüe de condenación hacia la iglesia misma, solo quiero compartir un peso que en mí hay desde hace ya algún tiempo, y quisiera que el Espíritu de Dios nos moviera hacia tiempos más gloriosos para Su iglesia, y es aquí donde creo la palabra de Pablo a Timoteo tiene un valor especial: Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio.

De poder porque de manera sorprendente y sobrenatural hemos confirmado que Dios puede transformar vidas enteras por el puro afecto de Su voluntad. De amor porque no habrá mayor testimonio que el amor que la iglesia muestre al mundo. Y de dominio propio porque en tiempos de profunda oscuridad, nuestra vida deberá estar llamada a vivir en estándares de integridad y pureza que este mundo no conoce.

Solo el Espíritu de Dios podrá hacerlo, sólo Él puede quitar ese espíritu de cobardía y darnos ese espíritu de poder, de amor y de dominio propio que nos llevará a no avergonzarnos del evangelio, sino que seremos capaces de soportar toda aflicción por Su Nombre. Dios nos llene de Su Espíritu y nos lleve a tiempos tan gloriosos que ninguna otra generación haya conocido.

el amor edifica

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“En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por Él.” 1 Corintios 8.1-3

La iglesia en Corinto atravesaba por varias dificultades internas que eran ocasionadas por divisiones en la iglesia, por actos de inmoralidad y, aún más, por una falta de amor a Dios y a los hermanos en Cristo. Cuando Pablo escribe la primera carta a esta iglesia, Pablo no tarda en exponer ante ellos la situación por la que estaba atravesando la iglesia con el único propósito de ayudar a que esta iglesia pudiera superar esas dificultades.

Una de los aspectos que Pablo trata en la primera carta tiene que ver con una falta de amor hacia los hermanos que se venía a mostrar por la falta de cuidado en las acciones que podían ser ocasión de caer para otros hermanos. Estas acciones (comer de lo sacrificado a los ídolos) se veían bien en el exterior, pero su motivación era la causa real del problema. En términos muy sencillos, una parte de los creyentes (los que tenían conocimiento) en Corinto creían que comer de lo sacrificado a los ídolos no tenía nada de malo, ya que Dios lo había purificado, pero otra parte de la iglesia (los débiles) consideraban que aquello estaba mal. Pero en esa división había un factor que ninguno de los dos grupos había considerado y que Pablo, de una manera muy especial, menciona: el amor unos por otros.

Pablo lo expresa con una verdad que pareciera no tiene nada que ver con el problema, sin embargo, Pablo guiado por el Espíritu solía ir al corazón y la motivación de los creyentes, no las apariencias. Pablo expresa: el conocimiento envanece, pero el amor edifica. Es decir, Pablo veía que un grupo se estaba envaneciendo por saber que el comer de lo sacrificado a los ídolos no estaba mal, pero el problema no era saber eso, sino que esto hacía que este conocimiento provocaba que estos creyentes subestimaran a los creyentes más débiles, haciéndoles ver como inferiores por su falta de conocimiento. Si bien Pablo afirma que el comer de lo sacrificado a los ídolos no está mal, Pablo también sostiene que si eso ocasiona que un hermano tuyo caiga, entonces tienes que evitarlo por amor a él, es decir, tu conocimiento tiene que sujetarse al amor, no al revés.

¿Cuántas divisiones en nuestras iglesias pudieron haberse evitado por el amor unos a otros? ¿Cuántas divisiones son ocasionadas por un envanecimiento del corazón de los hombres y enfriamiento del amor unos por otros? Y las divisiones y diferencias en la iglesia no tienen que ser en gran escala para ser llamadas malas y peligrosas, sino puede que entre grupos pequeños de hermanos, o aún entre dos personas solamente, estas divisiones se estén dando. No hay peor peligro que un ejército dividido, no hay peor tragedia que una iglesia dividida por falta de amor.

Cada vez que Dios nos permite aprender más de Él a través de Su Palabra y el andar día a día con Él, ese aprendizaje puede quedarse en simple conocimiento o puede llevarnos a desarrollar más amor por Dios y por los demás. Preguntémonos cada vez que aprendamos algo: ¿esto me ayuda a amar más a Dios y a mi prójimo o solo me está envaneciendo? Porque en el amar a Dios y a nuestro prójimo, toda la ley es cumplida. Porque el verdadero amor busca edificar (ayudar a crecer) a los demás.

en todas estas cosas

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“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro o espada? Como está escrito: Por causa de Ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo JESÚS Señor nuestro.” Romanos 8.35-39

Cuando la vida se comienza a desdibujar en este mundo, podremos ver aquello que es más real, aquel lugar que no está sujeto ni al tiempo ni al espacio que conocemos, sino que trasciende más allá de nuestros sentidos y nuestra capacidad de percibir las cosas. Aquel lugar, si podemos llamarle de esta forma, es un lugar donde el reino de JESÚS es revelado con tal fuerza que todo aquel que está presente no puede resistirse a adorar a JESÚS y Su hermosura, Su presencia, Su santidad, y aún algo mayor: Su amor.

Es por eso que aquellos hombres llamados mártires han corrido esta carrera de la fe con tal convicción que aún ni lo más oscuro de este mundo puede distraerlos de tan precioso galardón. Hombres y mujeres golpeados por una realidad más sublime que es llamada locura por aquellos que no la comprenden, por aquellos que están muertos a esa realidad.

Pablo, en ese memorable pasaje en la carta a los romanos, cuestiona con profunda convicción: ¿quién nos podrá separar del amor de Cristo? Y esta declaración sigue siendo aliento para millones de vidas de mujeres y hombres que sabiéndose perseguidos por un mundo caído, no pierden esa misma convicción que Pablo afirmaba: en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.

Quizá no hemos enfrentado grande tribulación a causa de nuestra fe. Es probable que nuestra vida no sea tan complicada como la de aquellas personas que viven en peligro de muerte constante por creer en JESÚS. Muy seguramente nuestra mayor lucha sea el levantarnos temprano para ir a la iglesia el domingo, o quizá leer la Biblia, u orar, u ayunar. Quizá esas son nuestras grandes luchas. Pero para poder comprender más el amor de Cristo y esa convicción de que nada puede separarnos de Él, necesitamos movernos en fe hacia terrenos más hostiles en donde la presencia de Dios es necesaria, terrenos de oscuridad donde la luz de Cristo necesita brillar.

Sí, es hermoso creer que nada puede separarnos del amor de JESÚS, ¡nada! Pero aún más hermoso es saber que ese amor nos mueve, nos obliga a movernos hacia aquellos que se pierden y necesitan urgentemente conocer de este amor, aunque al movernos nos encontremos en peligro.

En los verdaderos creyentes, los verdaderos hijos de Dios, no debe de cesar ese dolor por el mundo, porque ese dolor viene provocado por el amor de Cristo hacia el mundo, un amor que nos es compartido. No es un dolor mustio o hipócrita, es un dolor que nos constriñe y nos hace gemir por la redención de aquellos que se pierden en vidas vacías y sin propósito, es un dolor basado en el amor que nos mueve, y nos mueve hacia la eternidad.

¿esto os ofende?

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“El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna; y Yo le resucitaré en el día postrero. Porque Mi carne es verdadera comida, y Mi sangre es verdadera bebida. […]

Al oírlas, muchos de Sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?

Sabiendo JESÚS en sí mismo que Sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?” Juan 6.54,55,60,61

Las enseñanzas de JESÚS son un golpe a nuestro estatus quo y verdadera sentencia a nuestra naturaleza humana, nuestra carne. Al terminar de leer los evangelios no podremos quedar igual pues las enseñanzas de JESÚS, JESÚS mismo causará una incomodidad severa a nuestra naturaleza, incomodidad que podemos responder con orgullo o con profunda humildad.

Los evangelios, textos escritos casi hace 2000 años, contienen tanta enseñanza que aun para nuestros días son tan revolucionarios que el entenderles y obedecerles completamente es imposible en fuerza humana. Y es aquí donde radica lo impactante de los evangelios: para vivirles necesitas haber nacido de nuevo, en el espíritu.

El término nacer de nuevo, lamentablemente trivializado ya en nuestros días como un término más de la jerga religiosa cristiana, contiene un valor, en lo espiritual, muy profundo: estamos muertos y necesitamos vida, vida que solo viene de JESÚS.

Cuando una persona nace de nuevo, uno de las primeras señales de vida es un hambre por la Palabra de Dios, las enseñanzas de JESÚS. Es un hambre que surge más allá de tu cuerpo, más allá de tu alma, es un hambre que viene de tu espíritu que ha sido llamado a vida. Un nacido de nuevo encuentra en la Palabra, por dura que esta parezca, verdadera comida.

Una de las enseñanzas más “duras” de JESÚS es aquella donde Él declara: necesitas comer Mi cuerpo y beber Mi sangre. ¿Imagina cuán fuerte es esto para un pueblo judío que aún no habían entendido a JESÚS como el Cordero de Dios? Esta enseña era locura porque ¿cómo le pides a alguien que coma tu cuerpo y beba tu sangre? Sin embargo, la enseñanza contiene mucho valor dentro de la tradición judía: el sacrificio de un cordero cubría los pecados de un pueblo, pero este sacrificio era imperfecto ya que año con año necesitaba ser hecho.

JESÚS, por el contrario, el Cordero Perfecto, solo fue sacrificado una vez y para siempre, y Su sacrificio es válido aún para nuestros días: nos limpia de nuestros pecados. Comer Su carne y beber Su sangre nos es más que un recordatorio del sacrificio perfecto al cual no necesita añadírsele nada.

Creyente, no es lo que hagas o dejes de hacer, sino lo que ya hizo JESÚS por ti en la cruz. Tu salvación, tu acceso al Padre ha sido dado por este sacrificio perfecto. Eres amado por lo que JESÚS ya hizo, no por lo que tú hagas o dejes de hacer.

Cuando a nuestra vida es revelado que el sacrificio de JESÚS es perfecto y nos cubre de todo pecado, nuestra vida será rendida a Él y llevada de gloria en gloria hasta ser transformados a la imagen de Cristo. No huyas más de Dios, más acércate a Él a través de JESÚS.