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mas la hora viene

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“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.” Juan 4.23,24

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.” Romanos 8.19

 

Quería escribir una carta a la Iglesia este fin de semana, se titulaba “La iglesia que no fui”. Buscaba de alguna forma poder derramarme en letras a través de ella. No pude escribir más que el título. Hay veces en que para los sentimientos no hay palabras, simplemente hay esa angustia que no se describe mas que como un dolor profundo.

Esa misma tarde mientras deseaba escribir esa carta, otra carta llegó a mí. La carta que el pastor Martin Luther King Jr. escribió desde la cárcel de Birmingham cuando fue arrestado en esa ciudad por ser parte de manifestaciones no violentas en contra de la segregación racial. La carta me impactó, no solo por su mensaje de confrontación hacia la sociedad y, especialmente, a la iglesia de ese tiempo (la de los años 60’s), sino porque esa carta resulta tan relevante hoy para nuestro tiempo.  El pastor King también tenía una angustia, un dolor profundo.

“Sí, sigo preguntándome todo esto. Profundamente perturbado he llorado sobre la laxitud de la Iglesia. Pero sepan que mis lágrimas fueron lágrimas de amor. No cabe un profundo desaliento sino donde falta un amor profundo. Sí, yo amo a la Iglesia. ¿Cómo iba a no ser así? Me encuentro en la situación bástante única de ser hijo, nieto y bisnieto de predicadores. Sí, la Iglesia es para mí el cuerpo de Cristo. Mas, ¡ay!, cómo hemos envilecido y herido este cuerpo con la negligencia social y con el temor de convertirnos en posibles miembros disconformes.” MLK

El pastor King fue asesinado años después, luchando a través de la no-violencia por una causa en la que tenía la convicción que tenía que cambiar, una causa que había costado vidas y seguía denigrando la dignidad humana. Cuando el pastor King muere, quizá sus asesinos creían que acallarían no solo su voz, sino un movimiento social, político y, sobretodo, espiritual que había aguardado la manifestación de hombres valientes como el pastor King. Voces como las del pastor King, voces que claman en el desierto.

Dice la Biblia que la sangre de los justos clama a Dios, esos justos que han sido asesinados injustamente.

Cuando la mujer samaritana, que por cierto era inferior para los judíos, le pregunta a JESÚS dónde se debe de adorar, JESÚS le responde: la hora viene en que los verdaderos adoradores adorarán a Dios más allá de un lugar, le adorarán en espíritu, le adorarán en verdad. Una definición de adoración que hace un tiempo escuche la describe como: adoración es literalmente la vida que vivimos. No la música, no las canciones, no las letras, sino la vida que vivimos.

Y cuando ligo la verdadera adoración con los tiempos que estamos viviendo, puedo entender que estos tiempos necesitan de hijos de Dios capaces de confrontar toda negligencia social, de ser valientes para ser miembros disconformes (que no se amoldan) a estos tiempos. Y este avivamiento solo llegará a través de un verdadero arrepentimiento, porque no puede haber avivamiento sin arrepentimiento.

¿Quisieras unirte en oración conmigo? ¿Quisieras orar por una iglesia que es llevada al arrepentimiento? ¿Quisieras orar para que Dios nos lleve a una manifestación gloriosa de Su salvación, de Su poder? Dios lleve a Su iglesia a tiempos de profunda transformación.

afirma las otras cosas que están por morir

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“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.” Apocalipsis 3.1-3

Ha habido tiempos en la historia de la iglesia cuando Dios a través de Su Espíritu sopla nueva vida y revive lo que había muerto: sueños, proyectos, propósitos, vidas, una generación entera. Tiempos de profunda oscuridad que son transformados por la gloria indescriptible de nuestro Dios. Su Espíritu impartiendo vida, aliento de vida, vivificando a Su pueblo.

Hemos escuchado de este tiempo en Gales a principios del siglo XX que trajo una transformación en toda una nación como la inglesa. También hemos sabido de un tiempo similar en California, en la calle de Azusa en esa misma época, tiempo que trajo una transformación en la iglesia cristiana en América. Tiempos similares en Sudamérica, en África, en China. Tiempos no esperados por los hombres, pero sí muy anhelados y preparados por Dios en Su corazón.

Leía en esta semana que algo que ocasionó que surgiera un movimiento tan ateo como el comunismo fue que como iglesia no pudimos, o no quisimos ver, la necesidad en la que la sociedad del siglo XIX vivía. Un tiempo de un desarrollo económico tan fuerte por la Revolución Industrial que ocasionó que la riqueza y el enfoque en lo material fuera el centro de la sociedad aún por encima de la vida de las personas. Personas traficadas como esclavos desde el continente africano y americano en condiciones inhumanas, un poder político corrompido por el amor al dinero y el poder, una filosofía de que el fin justificaba los medios. Lo más triste de este tiempo no era ver la maldad de los hombres, sino ver a una iglesia amoldada a ese tiempo.

Sin embargo, Dios tenía planes para Su iglesia, tenía sueños aún por cumplirse. Es por ello que levantó hombres con un celo por Su Palabra, por Su presencia, por Su Reino, que el Espíritu logró a través de ellos una transformación en una generación entera. Y es aquí donde recuerdo aquello que hace algunos meses Dios puso en mi corazón: firmemente creo que Dios da oportunidades generación a generación para reconocer nuestro pecado como iglesia, arrepentirnos y abrazar Sus sueños.

En medio de un tiempo tan confuso, lo único que prevalecerá será la verdad de Dios a la cual Su Espíritu nos guiará.

Dios miró la muy amarga aflicción

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“Porque el Señor miró la muy amarga aflicción de Israel; que no había siervo ni libre, ni quien diese ayuda a Israel; y el Señor no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo; por tanto, los salvó por mano de Jeroboam hijo de Joás.” 2 Reyes 14.26,27

El corazón de Dios por los que sufren y están en angustia está atento a la oración y el clamor. En Éxodo 3, Dios habla a Moisés y le dice: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo… y he oído su clamor…, pues he conocido sus angustias” (Éxodo 3.7). Y en este pasaje del libro de 2 Reyes, nuevamente Dios libra a Su pueblo de la angustia, aún a pesar de que el pueblo no se volvía a Dios, pero su angustia era grande y Dios aún no había permitido la destrucción de Su pueblo. La parte que llama la atención de este pasaje en 2 Reyes es cómo describe esa aflicción: la MUY amarga aflicción. No era una simple aflicción, era amarga, era MUY amarga. ¿Podemos imaginarlo? Un pueblo rodeado por sus enemigos, conspiraciones internas, un pueblo arrojado a adorar ídolos, en resumen: un pueblo alejado de Dios.

Hace algunos meses Dios ponía en mi corazón: el Señor hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia. (Salmo 103.6). Y puede que sea una angustia y violencia que no solo es física, pero también espiritual, emocional. Aquellos que son violentados en el alma y en el espíritu. Dios escucha el clamor.

No es de sorprendernos que todo avivamiento que se narra en la Biblia viene de un tiempo de angustia, de corazones que viendo el desolador panorama, solo pueden encontrar esperanza en Dios y Su justicia. No toda angustia trae por consecuencia un avivamiento, pero sí todo avivamiento viene a estar precedido por un tiempo de angustia, de aflicción, de muy amarga aflicción. La diferencia está determinada si esa angustia trae en sus orígenes un arrepentimiento real, un quebrantamiento del corazón por nuestros pecados y por los pecados del pueblo.

No es de sorprender que aún a pesar de que Dios miró la muy amarga aflicción de Israel, el pueblo siguió en sus malos caminos. Ellos buscaban solo el favor de Dios, no conocer realmente el corazón de Dios.

Dios nos guíe a tiempos de un verdadero despertar y una profunda comunión con Su Espíritu como nunca ha experimentado Su Iglesia en esta generación, en este tiempo.

¿una vida normal?

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“Volvió el ángel que hablaba conmigo, y me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.” Zacarías 4:1

 

Hay una palabra que frecuentemente es usada en las iglesias cristianas para referirse a un despertar de la iglesia, a un despertar de los creyentes, esta palabra es avivamiento.

Muchas iglesias claman por un avivamiento, por un despertar de los creyentes que les lleve a un nivel de su fe aun mayor, a un nivel de conocimiento de Dios aún mayor, una búsqueda de Dios como nunca antes, por un deseo de impactar el mundo de tal forma que los hombres puedan glorificar al Padre.

Desde décadas pasadas se han hecho eventos masivos exclusivos para clamar por un avivamiento donde iglesias de muchas partes se reúnen con ese propósito. Un avivamiento como aquel que se tuvo en el Pentecostés, cuando el Espíritu de Dios descendió sobre la iglesia primitiva y la obra que comenzó ahí no ha sido detenida hasta nuestros días aún cuando han pasado casi 2000 años.

Pero hay algo en el avivamiento que todo creyente necesita entender: no se puede creer en JESÚS y Ser su discípulo y seguir viviendo una vida normal delante del mundo. No podemos continuar creyendo las cosas del mundo y vivir las cosas mundo, porque todas ellas son contrarias a Dios. No se puede vivir una vida normal en Cristo, porque la vida en Cristo es locura para el mundo.

Nuestras vidas son llamadas a ser transformadas para gloria de Dios, para que Su Nombre no sea blasfemado por aquellos que no creen. Y esta transformación requiere que nuestra vida sea vivida de manera sobrenatural. No podemos tener un pie en el mundo, y un pie en Cristo. No podemos querer agradar al mundo, y agradar a Dios al mismo tiempo. La vida en Cristo requiere decisión a vivir una vida sobrenatural, y estas son vidas para nada normales.

Y esta transformación inicia en el corazón, no en el exterior. Ese despertar inicia en el espíritu, no en las obras milagrosas que puedan suceder en el exterior. Ese avivamiento ocurre en todo nuestro ser, antes de ser llevado a las naciones enteras.

Aquel que se acerca a JESÚS de algo necesita estar seguro y es que su vida no volverá a ser la misma, su vida no volverá a ser normal. Esto es maravilloso pero también puede inundar de temor a los creyentes. Es maravilloso porque conoceremos más y más y más el corazón de Dios. Nos puede llenar de temor porque servimos a un Dios Santo que demanda de nosotros toda parte de nuestra vida.

El verdadero avivamiento se logra en el corazón de cada creyente, ese despertar que nos lleva a ser diferentes, a vivir rectamente, a vivir en justicia, a vivir en misericordia, a vivir en la Verdad, en vivir en Santidad, a vivir en amor.

Dios nos despierte hoy.