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se les llamó cristianos

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“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11.25,26

 

El término “cristiano” es tan popular en nuestros tiempos que podemos perder de vista como es que este término surgió para referirse a los discípulos del Señor JESÚS. La primera referencia de este término en la Biblia la encontramos en libro de Hechos y, según algunos estudios, sugieren que el término fue creado por los no creyentes de Antioquía para hacer burla o mofa de los discípulos, como una forma de insulto o humillación. Algunas otras personas sostienen que el término fue creado por los creyentes para referirse a sí mismos.

Sea cual fuere el surgimiento del término, el uso de él para referirse a algunas personas en la iglesia primitiva resultaba ser peligroso y, para algunos, podría ser causa de persecución. Hoy en nuestros días, el uso del término en lugares donde la población cristiana es minoría, también resulta en una persecución.

¿Por qué es importante tener presente el origen y las implicaciones del término “cristiano”? Hay una historia personal con la que puedo asociarme mucho y que puede ayudar a entender el impacto de entender el origen y sus implicaciones. Cuando una persona se refiere a otra con un término de burla u ofensa, este término puede resultar en una carga emocional y espiritual para la otra persona. Por ejemplo, el término “gay” sigue siendo usado para insultar a otros, de hecho, una gran parte de los hombres se pueden sentir ofendidos si ese término se usa con ellos.  Otro término, que ahora es considerado discriminatorio, es el que se usaba para referirse a las personas afroamericanas en la década de los 60s y anteriores: “negro”.

Imagina ahora, la iglesia primitiva, que para ser humillada se usaba el término “cristiano”. Al pasar de los años, esos términos se vuelven una identidad de grupo. Hoy el ser llamado cristianos no resulta en una ofensa, sino en una identidad. El término gay, por ejemplo, es un término que es usado para identificar a un grupo de personas cuya orientación sexual es hacia el mismo sexo. Ser gay, en lo personal, no resulta más en una ofensa sino en algo que describe una parte de nosotros, una parte de nuestra identidad. Ese término describe una parte de nosotros.

Cuando el resto de las personas crean términos para “diferenciar” a otros y colocarlos en un nivel de inferioridad y humillación, eso resulta en algo que puede ser una carga emocional y espiritual para ese grupo al que se humilla. Sin embargo, si ese grupo al que se humilla toma ese término y lo toma como parte de su identidad, entonces ese término resulta en algo poderoso.

El ser cristiano describía a aquellas personas que habían rendido su vida a Cristo y estaban por tanto viviendo una vida que claramente reflejaba que ellos eran discípulos, una vida diferente. Si bien eso era causa de oprobio, también era una motivación.

Como humanos siempre buscamos diferenciar y, al trata de diferenciar, sentirnos superiores a otros: americanos y latinos, heterosexual y gay, hombre y mujer, rubio y moreno, alto y chaparro, flaco y gordo, y la lista puede seguir. El problema radica cuando cualquiera de esos grupos usa su identidad para menospreciar y humillar a otros. Puede pasar, y está pasando, con los cristianos. Cristianos que siendo mayoría y sintiendo una “superioridad” moral, usan ese “estatus” para menospreciar a otros.

No olvidemos que un día, nuestros antepasados fueron humillados también con el simple hecho de ser llamados cristianos. Recordemos que ese término fue un tiempo usado para humillar, pero que ahora para nosotros representa una parte de nuestra identidad. Cuidamos nuestras palabras, especialmente aquellas que usamos para referirnos a otros.

¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.

su corazón no era perfecto con Dios

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“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gente de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. […] Y cuando Salomón ya era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con el Señor su Dios, como el corazón de su padre David.” 1 Reyes 11.1-4

 

El esplendor del reino de Israel llegó durante el tiempo de Salomón. Nunca ha habido en la historia de Israel un tiempo de tanta prosperidad e influencia mundial como lo tuvo en el tiempo de Salomón. El reino de Israel era, en términos actuales, una potencia mundial. Los pueblos buscaban acercarse y hacer negocios con Israel, ofrecían presentes e “impuestos”. Los reyes de la tierra venían para escuchar el consejo del rey más sabio que se había levantado sobre las naciones: Salomón.

De estas reinas, asombrada por lo que le habían dicho del rey Salomón, decidió constatarlo por ella misma y vino al rey y quedó aun mayormente impactada por la sabiduría, el esplendor, la grandeza del rey Salomón. La reina de Saba llego a decir: ni aun me habían contado la mitad de lo que acabo de presenciar. Ese era el reinado, ese era el rey Salomón. Un rey cuya grandeza venía a estar dada por la bendición y promesa de Dios sobre su vida.

Este reino del tiempo de Salomón se volvería siglos después en la añoranza del pueblo judío. Por muchos siglos el pueblo anhelaba, y anhelan, la llegada del Mesías quien hará que la grandeza del tiempo de Salomón vuelva pero aún con mayor esplendor.

Sin embargo, la historia específicamente de Salomón no termina del todo bien. El corazón de un rey con tanta sabiduría termina siendo desviado hacia ídolos de las naciones paganas que rodeaban y servían a Israel. ¿Cómo es que un hombre tan sabio no pudo percibir que su corazón estaba siendo desviado?

Hubo una época en la que el rey Salomón siente un hastío. El libro de Eclesiastés lo narra. Salomón descubre que todo es vanidad, que no importa que tanto pudiera ser o poseer, todo terminaría siendo vanidad. Ese libro narra como un rey había quedado hastiado del mundo sin encontrar satisfacción. ¿Por qué?

La respuesta la encontramos en 1 Reyes 11.4. Al finalizar este versículo dice: el corazón de Salomón no era perfecto… como el corazón de David. ¿Qué había en el corazón de David? De hecho, algo interesante de notar es que el rey David cometió adulterio y asesino al esposo de la mujer con quien adulteró. De Salomón no se narra algo semejante, pero se narra algo peor: un corazón que no es perfecto con Dios.

¿Cómo es un corazón perfecto con Dios? Los salmos escritos por David son una ventana a ello. David se derrama en estos salmos de una manera tan íntima, que podemos ver sus temores, sus miedos, sus anhelos, sus sueños. Si algo queda claro en los salmos es que Dios anhelaba a Dios, y buscaba ser conforme al corazón de Dios, un corazón vestido de misericordia, de justicia, de juicio. Un corazón que entendió la misericordia de Dios y Su gracia, de una manera muy especial. David tenía una relación íntima con Dios, se deleitaba en Dios, se refugiaba en Dios, se confiaba en Dios.

Es por eso que una relación diaria, constante, sincera, íntima con Dios se vuelve esencial en la vida de un creyente. No hay mayor prioridad para un hombre conforme al corazón de Dios que una relación genuina con Él.

Podremos ganar el mundo, sus riquezas, su fama, sus comodidades, pero eso no llenará de plenitud nuestra alma ni nuestro espíritu. ¿En dónde encontramos nuestro deleite? ¿En dónde encontramos nuestra plenitud?

despertará su oído

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“Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído”. Job 36.15

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5.3,4

Cada vez que tenemos oportunidad de concluir un ciclo, es de valor poder evaluar nuestro caminar y confirmar cuán bueno y fiel Dios ha sido con los Suyos. Aún en medio de la dificultad, de la prueba, del llanto y la pobreza, Dios ha mostrado Su presencia y cuidado de maneras muy especiales.

Para algunas personas este ciclo llamado 2015 que estamos por cerrar ha sido un tiempo de profunda prueba emocional y espiritual, ha sido un año lleno de retos, de pruebas, de pasos en fe que difícilmente podrían superarse en fuerzas humanas. Yo miro hacia atrás y veo la fidelidad y cuidado de Dios.

Hace un par de días, en medio de una prueba emocional y espiritual muy fuerte, Dios habló a mi vida a través del libro de Job, cuando Dios muestra que en esos tiempos de aflicción, Dios despertará nuestro oído. Y así lo creo porque en esos tiempos nuestra alma y espíritu necesitan estar aún más atentos a la dirección de Dios para evitar ser llevados por la confusión y la duda.

El pobre, dice también en Job, será librado y JESÚS en las bienaventuranzas confirma que de los pobres de espíritu es el reino de los cielos, hombres y mujeres que reconocen su necesidad tan profunda de Dios para enfrentar toda prueba.

¿Ha sido un año de aflicción, de lágrimas, en que te has reconocido pobre de espíritu? Recuerda, Dios está atento a ello y Sus promesas son libertad, un oído despierto y consolación. Permite que Dios en estos últimos días del 2015 esas promesas puedan ser una realidad que se extienda al 2016.

Confío Dios despertará nuestro oído para este 2016 y los años que han de venir.

treinta

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“Vino, pues, palabra del Señor a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jeremías 1.5

“No son las letras, no es la música, sino el Espíritu. Hoy se abrió una puerta, y cuando el Espíritu abre una puerta nadie la puede cerrar” A.F.

“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

Yo conozco tus obras, he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre.” Apocalipsis 3.7,8

Entrar, Señor, busco

entrar a Tu presencia

entrar y conocer Tu gloria

entrar y acercarme a Ti.

 

Usa mi vida, que rendida es Tuya

usa mi respirar, que por Ti existe

cantar con el Espíritu

a Tu Nombre eterno.

 

Esta voz sea Tu Voz,

esta vida sea Tu Vida,

cada latir, cada respirar

cada sueño por Ti es.