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para que comprendiesen las Escrituras

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“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían.” Lucas 24.27

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;” Lucas 24.44,45

 

“Un ídolo es todo aquello que nos impide decirle “sí” a Dios”, leía hace algunos años atrás un tweet de parte de una líder de alabanza. Esta frase se quedó en mi mente y en estas semanas he podido recordarle nuevamente. ¿Qué nos impide decirle “sí” a Dios?

Desde ya hace algunos meses he sido golpeado por saber que los líderes religiosos del tiempo de JESÚS, aquellos hombres que conocían la Palabra, las Escrituras, que tenían acceso al templo, que eran los más eruditos de la ley de Moisés, ellos fueron incapaces de ver y reconocer quién era JESÚS. ¿Por qué? ¿Qué les impidió ver a Dios?

La razón de meditar a lo anterior es porque creo que como iglesia podemos correr el riesgo de algo similar, y aún peor: no saber ver y reconocer a JESÚS (no estar listos) cuando Él regrese. ¿Qué nos puede impedir como iglesia no reconocer a JESÚS?

En estas semanas recordé nuevamente esa situación del tiempo de JESÚS. Y mientras oraba, Dios ponía en mi mente: toda la Escritura debe llevarnos a Cristo, sino estamos haciendo un ídolo de ella. ¡Un ídolo de la Palabra de Dios! ¿No suena esto fuerte? ¡Un ídolo de la Palabra que, en lugar de revelarnos a Cristo, nos está velando nuestros ojos! ¡Qué grande tragedia! La religiosidad vestida de supuesta piedad que termina por cegarnos.

Cuando JESÚS resucita y se les muestra a sus discípulos comienza a revelarles como la ley de Moisés, los profetas, los salmos, las Escrituras hablan de Él. En Lucas 24.31 dice: Entonces les fueron abiertos los ojos.

Hoy en día, nosotros como iglesia, tenemos la gran bendición de poder tener en nuestras manos una Biblia que compila los libros tanto de ley de Moisés, los profetas y evangelios y cartas de los apósteles, algo que la iglesia primitiva no tenía. Imagina cuán grande reto era para ellos, pero nosotros hemos sido bendecidos con la Palabra.

Cada vez que tengamos oportunidad de leerla, pidamos a Dios que cada lectura, que cada versículo, que cada parte de Su Palabra nos lleve más a Cristo, nos revele más a Cristo, desarrolle más a Cristo en nosotros. Que su palabra no se vuelva un ídolo que nos impida decirle sí a Dios, sino más bien que nos lleve más a Él. Dios purifique el corazón de su iglesia de toda religiosidad, de toda doble moral, que nos enseñe a amar Su Palabra porque en ella encontramos a Cristo. Porque nuestro más grande galardón es JESÚS.

Abre Tú mis ojos y veré

Inclina mi corazón y desearé

Ordena mis pasos y caminaré

en el camino de Tus mandamientos

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hambre de Su Palabra

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“Si Tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido.” Salmo 119.92

“¡Oh, cuánto amo Tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” Salmo 119.97

 

El salmo 119, el más extenso de los salmos, es una declaración hermosa a la ley de Dios, expresa cuán importante es la ley y la Palabra de Dios para la vida de Sus hijos. Este salmo, en cada versículo, expresa una verdad respecto a la ley de Dios, expresa, como el título del salmo tiene en algunas Biblias, las excelencias de la ley de Dios.

La semana pasada Dios me llevó a un punto de anhelar Su Palabra y la necesidad que Sus hijos tienen de ella. Leer Su Palabra no es un hábito más de cada día, o una liturgia dentro de nuestras actividades religiosas, o una simple actividad rutinaria sin sentido. Leer y meditar en Su Palabra se vuelve literalmente un alimento espiritual en la vida de cada creyente que tiene trascendencia en lo emocional y en lo físico.

Cada letra de la Biblia merece que en nosotros haya una profunda convicción de su importancia y su inspiración divina, es decir, cada letra viene dada por Dios. Esto hace que la Biblia sea diferente comparada con cualquier otro libro que pueda existir. La Biblia es verdad revelada por Dios a la humanidad para revelarse a nosotros por amor y por justicia. Es importante, por tanto, nunca desestimar cada letra en la Biblia. No podemos decir que la Biblia es aburrida, u obsoleta, o sin sentido, sino más bien tenemos que admitir que nuestra limitada humanidad no nos permite comprender cuán maravillosa es la Palabra de Dios.

Sé, y en verdad me duele mucho, que la Biblia ha sido usada con fines bien malvados y para nada reflejan el carácter de Dios. La Biblia que es mal enfocada, mal interpretada, descontextualizada, ha servido para que movimientos (aún en nuestros días) sean sustentados en contra del mismo hombre y en contra de Dios mismo. Religiosos, líderes, y demás personas pueden usar la Biblia para intereses corrompidos y para sus propios deleites, y esto es bien triste.

A pesar de lo anterior, la Biblia no deja de ser la única verdad revelada por Dios a los hombres. Imagina por un momento a la humanidad sin saber qué es lo correcto, qué sentido tiene la vida, qué mejor decisión tomar, qué propósito tiene todo, en términos muy concretos, imagina a la humanidad confundida por no saber lo verdadero. De pronto, Dios, en su infinita gracia y misericordia, nos abre su corazón y nos revela Su carácter y Sus propósitos, y nuestra vida cobra sentido. Esto es lo que pasó al pueblo de Israel cuando recibieron la ley de Dios en el desierto después de ser liberados de Egipto. El pueblo confundido, sin propósito, sin dirección, recibe de Dios las leyes para los hombres jamás recibidas antes. Y continuamente Dios habló a Su pueblo. En medio de tiempos de terrible rebelión en ellos, Dios habló. En medio de tiempos de terrible sequía y soledad, Dios habló. En medio de tiempos de silencio, Dios habló.

La Palabra de Dios, Su ley, es vida para los creyentes. Se vuelve una necesidad tan grande en la vida de cada creyente que nuestro espíritu dentro de nosotros clama a Dios por Su Palabra. No es un fanatismo, no es religiosidad, no es legalismo, no es adicción. Es una necesidad tal como cuando nuestro cuerpo está hambriento y pide alimento, o cuando está sediento y pide agua.

Hoy quisiera orar para que Dios nos mueva como iglesia a anhelar Su Palabra con tal reverencia y necesidad que no podamos pasar ni un solo momento sin que tengamos Su Palabra grabada en cada decisión y en cada paso que damos. Pide a Dios, clama a Dios, porque despierte en ti ese anhelo por Su Palabra porque en medio de un mundo confundido, lo único que da guía es Su Palabra.

la autoridad de las Escrituras

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“Bienaventurados los que guardan Sus testimonios, y con todo el corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que andan en Sus caminos.” Salmos 119:2,3

 

En una ocasión, platicando con un conocido sobre un documental cristiano, me dijo algo tremendo: es sorprendente ver cuánta importancia los cristianos le dan a la Biblia.

A veces, como cristianos, es algo natural el buscar todo fundamento en la Palabra. Toda creencia, toda forma de vida, toda decisión buscamos qué es lo que dicen las Escrituras al respecto. Es algo natural para muchos.

Sin embargo, a pesar de esa autoridad y peso que la Biblia tiene, a veces caemos en debates de interpretaciones respecto a lo que la Biblia quiso decir o no respecto a ciertas temas, y sobretodo aquellos temas controversiales. Ha habido iglesias que han sido divididas por este problema, y esto es muy triste.

El problema detrás de toda esta lucha de interpretaciones y doctrinas es cuando existe un deseo perverso de defender nuestras posturas y no cuidar que el nombre de Dios sea glorificado aun cuando esto signifique humillarnos delante de Él y de los hombres aceptando que hemos errado al interpretar Su Palabra.

Guerras han sido sostenidas, muertes han sido justificadas, familias han sido deshechas, vidas han sido perdidas, por el orgullo tremendo del hombre de acomodar las Escrituras a su manera tan limitada de entender las cosas.

Si algo la Biblia nos revela día a día es que servimos a un Dios indescriptible, donde una vida no basta para conocerle. Y aún así, creemos a veces que conocemos todo acerca de Dios, ese afán y orgullo tremendo del hombre por acomodar a Dios a su vida y no su vida a Dios.

La Palabra de Dios es luz en un mundo perdido, en este mundo donde todo pensamiento y filosofías de hombres caen uno a uno porque son mentira. La Palabra de Dios permanece y no puede corromperse.

Es ahí la importancia de que nuestra mente y corazón estén llenos de la Palabra de Dios, que la abracemos como un tesoro, porque mientras más llenemos nuestra vida de la Palabra de Dios menos mentiras podrán tener cabida en nuestra vida. La Palabra de Dios nos limpia de toda falsa creencia que en el mundo pueda haber, pero necesitamos tener mucho cuidado de no entenderle bajo nuestra capacidad, sino en el Espíritu Santo. Pide en cada momento que tengas el privilegio de leer la Palabra, que el Espíritu de Dios te guíe.

no volverá vacía

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“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será Mi Palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Isaías 55:10,11

 

Uno de los deleites de todo hijo de Dios es Su Palabra. Deleitarse en Su Palabra es un gran privilegio y honor que solo aquellos llamados a luz pueden recibir. Mientras que para muchos la Biblia no es más que un libro histórico, o poético, o místico, o supersticioso, o que no tiene ya valor para nuestro tiempo, para los hijos de Dios es el alimento que mantiene su espíritu con vida. Sin embargo, todo hijo de Dios necesita cuidar con una profunda diligencia el no entender e interpretar la Palabra de Dios bajo su humana capacidad, sino bajo la guía del Espíritu de Dios.

Pero ¿por qué la Palabra de Dios tiene tanto valor para Sus hijos? Porque Su Palabra es viva, tiene poder. Para entender esto hay que experimentarlo, hay que vivirlo.

Dios habló a través del profeta Isaías algo que es sorprendente acerca de la Palabra de Dios:

1. Su Palabra desciende hacia nosotros para regar la tierra (nuestra vida). Nuestra vida continuamente necesita estar siendo refrescada por Su Palabra para no morir en la sequedad de las filosofías e ideas de este mundo.

2. Su Palabra germina y produce en nuestra vida semilla y pan. Su Palabra no solo nos refresca sino que produce fruto en nuestra vida.

3. La Palabra de Dios tiene un propósito que nadie, absolutamente nadie, puede detener. Cuando Jesús anduvo en este planeta todo absolutamente todo obedecía a Su voz: las tormentas le obedecían, enfermedades eran sanadas, demonios eran echados fuera, la muerte no podía detenerle. Su Palabra tiene poder, y cada Palabra pronunciada por Dios tiene un propósito que trasciende a lo eterno porque nunca volverá a Dios vacía, produce frutos que son dignos al Padre.

 

El meditar en la Palabra de Dios no debe ser un hábito religioso más de nuestra vida, debe ser una parte primordial en cada uno de nuestros días porque a través de la meditación y del insertar Su Palabra en nuestra vida es que podremos discernir entre lo que son filosofías del mundo o verdades de Dios, aun aquellas mentiras sutiles disfrazadas de enseñanzas “cristianas” serán descubiertas como falsas cuando en nuestra vida la Palabra de Dios esté siendo insertada. Si recibes una promesa podrás evaluar y discernir si viene de Dios porque conoces Su voz y Su Palabra. Y lo más importante es que la Palabra de Dios insertada en tu vida tiene propósitos muy especiales que nadie puede evitar, ni siquiera Satanás.

No te pierdas de la tremenda bendición de meditar en la Palabra de Dios. Pide a Dios un anhelo por Su Palabra y que tu vida pueda deleitarse en cada letra de ella.

y conocerás que Yo soy Dios

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“Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios. Y conocerán que Yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo el Señor su Dios.” Éxodo 19:45,46

 

“Y si me preguntan: ¿cuál es el mayor acto de fe?” Preguntaba un pastor, a lo cual respondió: “Para mí, es mirar al espejo de la Palabra de Dios y ver todas mis fallas, todos mis pecados, todas mis deficiencias y creer que Dios me ama exactamente como Él dice que me ama.” (1)

Esta verdad difícilmente tiene cabida en la mente y en la vida de hombres en quienes su única esperanza está en las obras, las obras de la carne. Hombres que gastan su vida haciendo proyectos, haciendo grandes obras, construyendo grandes ministerios para ser vistos por los hombres y ganar el favor de Dios, sin embargo todo ya ha sido ganado por Cristo en la cruz. Los hijos de Dios no hacen buenas obras creyendo que podrán ganarse el cielo, pero los hijos de las tinieblas sí. Los hijos de Dios hacen buenas obras porque en ellos está el Espíritu de Dios que les mueve a vivir en agradecimiento a Dios por ese perfecto amor, en vivir con una vida recta que sólo es posible vivirla si Dios está en nosotros, porque en méritos de hombres nadie, incluidos tú y yo, podemos ganar el favor de Dios. Jesús lo ha pagado todo. Eso es sobrenaturalmente sorprendente.

Cuando Dios promete a Su pueblo que habitaría entre ellos, y que ellos conocerían que Él es Dios, el pueblo de Israel estaba recibiendo una de las mayores promesas que Dios tenía para ellos: Su presencia en medio de ellos, Su cercanía para escucharle, Su temible hermosura para contemplarle, Su inexplicable grandeza para vivir confiados. Ese anhelo de Dios tan fuerte de habitar con Sus hijos.

Dios les dio Su ley para que la vida de Su pueblo fuera alineada al corazón de Dios. Sin embargo, el pueblo demostró la tremenda incapacidad de poder cumplir con cada uno de los mandamientos lo que les hacia culpables delante de Dios. A pesar de ello, Dios seguía anhelando para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Cuando Dios muestra a la humanidad que con nuestra débil e imperfecta existencia no podíamos llevar vidas rectas, Él proveyó a Su hijo para acercarnos a Él, para poder habitar con Él, para poder conocerle a Él en toda Su gloria. Y no sólo eso, sino que nos dejó a Su Espíritu para que nuestras vidas fueran conducidas en perfecta santidad y rectitud.

No tenemos nada que ofrecerle a Dios, más que nuestras vidas así de imperfectas. No hay buena obra que pueda hacer que Dios nos ame más, Su amor es perfecto. No podemos vivir nuestra vida con toda esa carga de culpa y de pecado y de maldad, porque terminaremos reconociendo que sin Dios nada es posible. Tu vida sin Dios no tiene sentido, pero tu vida con Dios puede ser usada de maneras que ni tú ni yo podemos imaginar para gloria de Él.

Que cada paso que demos en nuestra vida nos permita conocer más del gran Dios al que servimos, al que servimos con una profunda humildad y con un agradecimiento infinito.

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(1) http://www.youtube.com/watch?v=A1R6mZl8HBU