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Su voluntad

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“Señor, hasta los cielos llega Tu misericordia, y Tu fidelidad alcanza hasta las nubes. Tu justicia es como los montes de Dios, Tus juicios, abismo grande. Oh Señor, al hombre y al animal conservas. ¡Cuán preciosa, oh Dios, es Tu misericordia!” Salmos 36:5-7

¿No estás maravillado por lo que Dios hace? ¿En tu vida, en la vida de tus hermanos, en la vida de la iglesia? ¡Oh cuán grande es su misericordia para con todos los hombres! ¿Puedes mirar hacia atrás en tu vida y ver cuán fiel Dios ha sido, cuán maravilloso ha sido en medio de ti?

Al orar a Dios una palabra vino a mí en oración: Señor, enséñanos a amar Tu voluntad, llévanos al punto en nuestra vida que sólo Tu voluntad sea la que guíe nuestra vida.

Vivimos en un mundo que no conoce a Dios, que le aborrece, que no quiere nada con Él. Estamos rodeados por tanta maldad que a veces creemos que Dios se ha olvidado de nuestro país o de nuestra familia. A veces la tempestad es tan agobiante y tan intensa que creemos que Dios nos ha dejado ahí, solos. Y preguntamos: ¿cómo puedo amar la voluntad de Dios en medio de todo esto?

Sin embargo, Dios nunca se ha olvidado de Sus hijos, de Su Pueblo. El tiene Sus ojos puestos en cada uno de ellos, y en cada situación Él tiene un plan perfecto que trasciende nuestro entendimiento. Dios no es como los hombres, Él es perfecto y todo a Él se sujeta, todo.

Dios busca que Sus hijos se dejen llevar por Su voluntad, que fluyan en ella sin resistirle, porque lo mejor que a nuestra vida puede pasar es que vivamos sujetos a ella. Dios no es un tirano, Dios no es un padre malvado que busca la amargura en Sus hijos, Dios no es un ser lejano y distante que está allá sentado en Su trono ignorando lo que en tu vida pasa. Él tiene Sus ojos puestos en ti. ¿Lo crees?

Sé que es difícil en tiempos de crisis creer que Dios está ahí, o que Dios tiene el control. Cuando un hijo muere, cuando un esposo es asesinado, cuando hay niños y mujeres que sufren maldades horribles, cuando el mundo pedazo a pedazo se derrumba por la maldad que ha propiciado, Dios no se aparta de los Suyos. Nunca lo olvides.

Recuerda siempre algo, como hijos de Dios, como creyentes, nosotros no nos movemos por emociones porque esas son tan variables como los días, pero sí por convicciones, por fe en Su Palabra que es verdad.

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el querer como el hacer

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“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Filipenses 2:13

 

El apóstol Pablo en su carta a los romanos describe una de las luchas que todos los humanos enfrentamos: hacer lo que aborrecemos. (7:15) Y explica Pablo en esta carta que este actuar viene provocado por el pecado que habita en nosotros (v. 17), ya que en la carne (nuestra naturaleza humana caída) no habita el bien sino el mal.

Es muy frecuente que nos enojamos y perdemos en ocasiones el control de lo que decimos o hacemos, y después darnos cuenta que realmente no queríamos enojarnos y mucho menos ofender de las formas en que lo hemos hecho. También, quizá, es común que en nuestra mente hay pensamientos malsanos e incorrectos y continuamente luchamos para que nuestra mente esté alejada de esos pensamientos, pero continuamente vuelven a uno. A veces el desánimo llega y nos impide movernos aún a pesar de que por dentro algo nos dice y nos motiva a seguir. Hemos hablado mal o murmurado en contra de alguna persona, hemos dejado que nuestro orgullo crezca sintiéndonos superiores moralmente que otros, o no hemos sido generosos con nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras acciones… y la lista puede crecer. Sin embargo, algo dentro de nosotros continuamente quiere el bien, pero nuestras acciones, actitudes o nuestras palabras terminan por hacer todo lo contrario. Esa es la gran lucha que día a día enfrentamos: el pecado en nuestra carne.

Pero lo más especial y maravilloso lo describe Pablo en esa misma carta en el capítulo 8, y en su carta a los filipenses: Dios pone no sólo el deseo sino también la acción para actuar de tal forma que le glorifiquemos. Es por esta situación que en varias ocasiones, muchas diría yo, nos damos cuenta en nuestro caminar con Dios que lo que estamos haciendo ahora no es más que la obra del Espíritu de Dios en nuestra vida. Su Espíritu que nos une en un cuerpo para producir frutos no sólo en nuestro carácter sino en nuestra vida entera: pensamientos, emociones, acciones, actitudes, sueños.

Cada día en nuestro andar con Dios nuestra vida está siendo moldeada al carácter de JESÚS hasta que lleguemos a Su estatura.

Es maravilloso saber que Dios no sólo nos da acceso a Él y a la eternidad, sino que nos mueve a crecer no en conocimientos humanos, no en actitudes superficiales, no en banalidades y cosas temporales de este mundo, sino en carácter y en Su conocimiento. Dios cada día está trabajando en nosotros y hoy deseo que cada uno de nosotros dejemos que Él obre libremente en nuestra vida: en cada célula, en cada pensamiento, en todo nuestro ser.

La buena obra que Dios ha comenzado en nosotros, la completará hasta el fin de los tiempos. Porque Él es fiel.