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en el poder del Espíritu

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“Y JESÚS volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió Su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.” Lucas 4.14,15

Dios no nos deja en el desierto para siempre como si se tratase de un Dios malvado. Si bien Él puede llevarnos al desierto a través de Su Espíritu, Su propósito es que crezcamos a la estatura de Cristo, a Su carácter. Esos desiertos son tiempos de pruebas que nos ayudan a entresacar lo precioso de lo vil, a revelar lo que hay en nuestros corazones, lo que estorba para que nuestra vida crezca en fe, en madurez, en carácter, en Su conocimiento, para ser más como JESÚS.

Cuando JESÚS regresa del desierto, Él regresa en el poder del Espíritu. Aquí vemos un paralelismo muy interesante: JESÚS es llevado por el Espíritu al desierto, y cuando regresa del desierto el poder del Espíritu estaba en Él. Pensemos por un momento: JESÚS es Dios, ¿por qué necesitaba el poder del Espíritu?

Nuestro Dios es un Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu. Cuando JESÚS regresa del desierto, vemos que esa comunión entre las tres personas de Dios se muestra en su esplendor: JESÚS tenía una comunión diaria con el Padre, y cuando regresa del desierto el Espíritu estaba en Él. El Espíritu de Dios que es dado a la iglesia para revelarnos a JESÚS cada vez más, para poder ser testigos de JESÚS en todo rincón de la tierra.

Ahora imagina, cuando vemos a JESÚS a través de los evangelios no sólo vemos a la segunda persona de la Trinidad, sino que también el Espíritu estaba con Él. Es impresionante de solo imaginarlo.

JESÚS volvió con autoridad, con confirmación, con esplendor del desierto. JESÚS siendo guiado a través del Espíritu en esa comunión diaria con el Padre. JESÚS siendo revelado a los hombres por el Espíritu.

Después de atravesar por desiertos oscuros, una labor importante para cada hijo de Dios es evaluarnos: ¿crecimos? ¿somos más como JESÚS? ¿el poder del Espíritu está en nosotros?

Suelo ver los procesos de Dios como una escalera, donde cada escalón es como un proceso o una parte de un proceso completada. Esos desiertos son parte de esos procesos y cuando Dios nos lleva en victoria a través de esos desiertos, logramos subir al siguiente escalón. Lo importante de esos procesos, de esos desiertos, es crecer y ser más como JESÚS.

Estamos por concluir un año y sería de gran valor evaluar nuestro caminar con Dios. Identificar los aciertos y también las fallas y aprender de ellas. Y sobretodo confirmar que en este año JESÚS ha sido formado cada vez más en nosotros por el poder de Su Espíritu.

Dios guíe cada día de nuestra vida como un tiempo de crecimiento a la estatura del Varón Perfecto, JESÚS.

el pueblo a Él cercano

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“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poderío de Su pueblo; alábenle todos Sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a Él cercano. Aleluya.” Salmo 148.13,14

Hay momentos en la vida todo creyente donde su fe es probada y llevada a tiempos de gran desafío. Tiempos en los que nada puede darte certeza más que Su Palabra y Su Espíritu en ti. Tiempos en los que tu caminar es movido completamente por la fe, donde tu comunión con Dios cultivada en la intimidad constante es trascendental para lograr salir victorioso de la prueba.

Tus amigos pueden volverse lejanos. Tu familia puede volverse ajena. Tu fe es lo único que te sostiene. La fe en JESÚS, la fe en Su Palabra, la fe en saber que Dios te ha preparado para ese tiempo de prueba, y que a través de ese tiempo el carácter de Cristo será desarrollado en ti de maneras asombrosas. Porque lo único que dará completa paz es tener la certeza de que eres cercano a Dios, que caminas tomado de Su voluntad.

Un joven predicador compartía hace poco: no huyas de las pruebas, agradece a Dios por ellas. Y es ahí donde nuestra gratitud es perfeccionada. Porque esas pruebas entresacarán lo precioso de lo vil, revelarán a tus ojos el pecado oculto, purificarán tu fe y tu vida, te harán más como Cristo.

Habrá dudas, sí. Tendrás miedo, quizá. Pero de algo estarás cierto y es que Dios te está llamando a ese tiempo donde Su gracia y Su misericordia se mostrarán como nunca en tu vida.

“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido” declara el salmista. Y en esos tiempos de profunda prueba, reconoceremos el gran poder y soberanía de nuestro gran Dios, porque Él es cercano a Su pueblo y no nos dejará solos.

 

estar firmes y constantes

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“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” 1 Cor. 15.58

“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, JESUCRISTO, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios.” 2 Cor. 1.18-20

Podemos estar seguros que todo lo que hacemos para Dios con un corazón en amor genuino tendrá fruto digno de Su gloria. A veces podemos desmayar, cansarnos, desanimarnos y aun intentar dejar la obra que Dios nos ha encomendado. Quizá hay días de un agotamiento tal, que quisiéramos dejarlo todo. Días de cansancio intenso, de desanimo agotador, de frustración continua. Pareciera, a veces, que la obra que Dios nos ha encomendado es pesada y pareciera ser imposible de cumplir.

Hombres y mujeres que han sido llamados para servicios tremendos en la iglesia local donde sirven. Hombres y mujeres llamados a impactar la comunidad donde viven. Hombres y mujeres llamados a llevar el evangelio a otros lados del mundo. Dios ha levantado, está levantando y seguirá levantando obreros que, apasionados por Él, deseen ser usados por Dios para participar de Su obra eterna.

Esos hombres, y esas mujeres, somos tú y soy yo. Somos cada uno de nosotros que formamos Su cuerpo. Hemos recibido de Dios un llamado único y especial, no porque Dios necesite de nosotros, pero sí porque Dios quiere hacernos partícipes de Su propósito eterno. Hemos sido salvos no para estar cómodos en una silla en la iglesia, sino para predicar a JESÚS a todo persona. ¿Suena imposible? Lo es en fuerzas humanas, pero en Dios sí que es posible.

Leía hace algunas semanas en un devocional una pregunta: ¿tienes el hábito de soñar sueños grandes para Dios? Y muchos quizá responderemos sí: formar iglesias en lugares donde no hay, predicar la Palabra a los niños en nuestra iglesia y fuera de ella para prepararlos para la vida en JESÚS, guiar a la iglesia a alabar y adorar a Dios de maneras sobrenaturales, lograr que una nación entera se vuelva a Dios. Estoy seguro, estoy muy seguro, que muchos de nosotros hemos recibido sueños “imposibles” de parte de Dios. Hoy nos dice Dios: estar firmes, constantes y creciendo en Su obra, porque fiel es Dios y todas Sus promesas son en Él sí, y en Él Amén.

Es humano que nos sintamos desanimados y cansados, frustrados quizá, porque pareciera que todo lo que hacemos no produce resultado o cambio alguno. Predicamos el evangelio y pareciera que nada pasa. Dedicamos horas en el servicio, y no hay mucho cambio, sino por el contrario, pareciera que todo se vuelve peor. Pero si nuestro corazón está alineado al corazón de Dios, podemos estar ciertos que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

crucificar la carne

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“porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 1 Corintios 3.3

“Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes;” 2 Corintios 12.20

Cuando era niño una película que me gustaba mucho era Volver al futuro. Probablemente algunos de ustedes recuerden al personaje principal, Martin McFly, y una de sus características principales era que si alguien le decía “gallina”, él reaccionaba con orgullo y de maneras que terminaban afectándole. Algo interesante de la película es que refleja que debido a esas reacciones que tenía, terminaba por afectar no solo a él, sino el futuro, a su familia.

En la Biblia podemos ver cómo determinadas acciones “correctas” movidas por motivaciones incorrectas o con motivaciones correctas pero hechas de maneras incorrectas, terminaron afectando no sólo a una familia sino a una nación entera. Por ejemplo, Abraham mintió al Faraón respecto a su esposa diciendo que era su hermana, y por esta “pequeña” mentira, tres generaciones después el pueblo de Israel estuvo cautivo en Egipto por 400 años.

JESÚS es muy claro con nosotros: si quieres venir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme (Marcos 8.34). Muchas veces, debido a las tradiciones y las enseñanzas con las que hemos sido educados, creemos que Dios es malvado y que no desea nuestro bien, sino que busca continuamente amargarnos la vida. Esto es la mentira más grande que el mundo y Satanás han sembrado en el corazón de la humanidad. Cuando JESÚS nos dice “niégate a ti mismo” se refiere a que día con día tendremos que negar nuestra naturaleza carnal que intenta dominar nuestro ser y llevarnos a hacer lo que creemos es correcto, JESÚS no se refiere a que tenemos que flagelarnos y ser malos con nosotros mismos. Después, JESÚS dice “toma tu cruz y sígueme” y esto es importante porque al negarnos a nosotros mismos en los deseos de la carne, tenemos que estar día con día crucificando esos deseos, es decir, crucificando la carne.

Quizá has escuchado, en mi familia es común, que cuando nos enojamos decimos: “me salió lo Pérez”, o “no me provoques porque me sale lo Hernández”. Esto solo refleja una realidad espiritual: nuestra carne viene cargando aspectos espirituales generacionales. Sé que en la mayoría de las veces lo podemos decir de broma, pero somos conscientes de que ciertas actitudes que tenemos vienen soportadas por la carne.

Hoy Dios nos llama a que analicemos nuestro actuar y nuestro vivir entero e identifiquemos qué cosas estamos haciendo por motivaciones de la carne. Pablo con un profundo pesar, en sus dos cartas a la iglesia en Corinto, expresa cómo las motivaciones y actitudes de la carne estaban causando serios problemas en la iglesia. A Pablo le dolía fuertemente esta situación porque esperando que la iglesia estuviera movida por el Espíritu, la iglesia seguía atada en la carne, no habían crucificado la carne.

Queridos hermanos, el caminar con Dios es un caminar continuó de negarnos a nosotros mismos, de negar los deseos de la carne, y anhelar vivir una vida que es movida más por lo espiritual. Esto no se logra a través de una receta, o un conjuro, o de la noche a la mañana. Esto se logra día a día. Habrá tiempos en que caemos y pecamos, pero no tardes en arrepentirte y pedir perdón a Dios y seguir creciendo.

Ante cualquier situación, cualquier situación: cuando manejes, cuando estés preparando la comida, cuando estés con tus hijos o amigos, cuando estés en la escuela o en el trabajo, en cualquier situación, evalúa si estás viviendo por la carne o estás viviendo por el Espíritu. Y la forma de evaluarlo es bien simple pero poderosa: si tus motivaciones y tus acciones vienen determinadas por frutos del Espíritu (amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre o templanza) seguro esto glorifica a Dios y no hay ni habrá condenación contra tal motivación o acción; pero si por lo contrario tus motivaciones y acciones están justificadas en contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes, celos, odio, rencor, vanidades y tantas otras cosas, mejor conviene que inmediatamente busques a Dios, le pidas perdón y su ayuda para crucificar ese deseo de la carne cuanto antes.

Los frutos del Espíritu estarán de manera evidente en nuestra vida en la medida en que cultivemos nuestra relación con Dios y pasemos tiempo con Él; sin embargo, si nuestra vida la estamos “cultivando” con cosas que alimentan la carne y que el mundo ofrece, seguro nuestra carne más que crucificada estará controlándonos fuertemente. Seamos sensibles y actuemos con urgencia, porque una mala actitud hoy puede ser un gran lastre para nosotros, para nuestros hijos y las generaciones que nos siguen.

las pruebas que vivimos

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“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:18

Uno de los mayores retos que como creyentes enfrentamos es el entender la voluntad de Dios en medio de tiempos de prueba. Tener la certeza que en medio de esos tiempos Dios tiene el control. Tener la confianza que esos tiempos son buenos para nosotros. Estar esperanzados que esos tiempos, por más difíciles que parezcan, ayudan para nuestro bien.

Es un reto que enfrentamos en todo momento. Nuestra fe es probada. Nuestro corazón es probado. Nuestro carácter es probado. Nuestra vida es evaluada. No son tiempos que Dios usa para exhibir lo que hay dentro de nosotros sin propósito alguno, sino al contrario, todo lo que viene de Dios tiene un propósito, y un propósito eterno.

Las reacciones que podemos tener en tiempos de lucha, de pruebas, de dificultad ayudan mucho a nuestra vida. Mucho. La vida cristiana no es un boleto todo pagado en un crucero donde todo será de maravilla, pero sí la vida cristiana es un viaje tan emocionante y con un destino cierto.

Si el cristianismo que has creído está basado en tu comodidad, en seguir viviendo como las demás personas viven, entonces Dios traerá pruebas que te ayuden a encontrar el verdadero significado de lo que significa vivir en Cristo. No es que Dios esté en contra de nuestro bienestar, al contrario, Él es el más interesado en nuestro crecimiento, en parecernos más a JESÚS.

La vida cristiana es un proceso de continuo crecimiento y de continuos cambios. Si al evaluar tu vida con Cristo no logras detectar crecimiento, o cambios, creo que es muy importante y urgente que platiques con Dios en oración para que te revele si hay algo que necesita ser transformado. Y es un crecimiento que si bien puede ser externo, la mayor parte de él sucederá en tu interior, en tu alma, en tu espíritu: comenzarás a valorar más las cosas eternas, tus intereses estarán más alineados a los de Dios, tu vida estará cada día más rendida a Dios y Su voluntad, al punto de no temer morir por el nombre de JESÚS.

Llegará un punto en nuestras vidas que podamos darle gracias a Dios por cada prueba y atesorar esos momentos como tiempos en los que Dios será glorificado. Cuando te encuentres en una prueba lo primero es agradecer a Dios por ello. Sé que suena absurdo quizá en mente de hombres, pero en el reino de Dios todo tiene un propósito.

la obra que perdura

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“estoy persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6

 

Continuamente nuestra oración puede estar orientada a nuestras necesidades que de este mundo se desprenden: alimento, salud, protección, cuidado, provisión, etc. Sin embargo, a pesar de que en esta oración la motivación y el deseo no son en nada malvados, hay algo en ella que pudiera pasar desapercibido a nosotros: su trascendencia en lo eterno.

No hay nada malo pedir por alimento, o por salud, o protección, pero antes de que Dios cubra esa necesidad, necesitamos pedir a Dios que desarrolle en nosotros el discernimiento a través de Su Espíritu para entender el propósito eterno en cada circunstancia buena o mala.

Hay una necesidad muy fuerte en las familias actualmente, en mi familia la hay. Y también hay una necesidad muy urgente en cada persona. Y la necesidad aun mayor, aquella que urge, es aquella que está en el espíritu, aquella que de ser suplida no perecerá.

Jesús, cuando estuvo en este mundo, constantemente hizo milagros: sanó enfermos, alimentó a miles, daba vista a los ciegos, convirtió el agua en vino. Pero los milagros que verdaderamente trascendieron fueron aquellos que llegaban el espíritu de las personas: el perdón, la salvación, la libertad.

Hoy podrás escuchar miles de líderes religiosos hablar de poderes sobrenaturales para sanar, traer prosperidad, como ser exitoso en los negocios. Pero oirás a pocos hablar de aquel poder que hace una obra que perdura: la de tu alma, la de espíritu, aquella obra que una vez que hecha no perecerá.

No quisiera que pienses que pedir por alimento, o salud, o provisión, es malo. Para nada lo es. Pero es importante que Dios revele a nosotros el propósito en ello y evaluar nuestro corazón si esta petición es para nuestros deleites carnales, o para glorificarle a Él.

Sé que tienes necesidad hoy, en tu alma y en tu espíritu. Dios está muy interesante en mostrarte que no estás solo, y que Él tiene el poder para restaurar tu alma y tu espíritu.

Mi oración hoy es para que Dios nos muestre aquello que necesita ser cambiado en nosotros y podamos orar para que seamos cada vez más como Jesús.

el crecimiento de mi hermano

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“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.” 1 Corintios 12.12

 

¿Por qué es tan importante en la Iglesia que unos cuiden de los otros? ¿Por qué es tan importante que aquellos más maduros en la fe cuiden y ayuden a los débiles y a los que están creciendo? ¿Por qué es tan importante gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran?

Una de las grandes analogías que el apóstol Pablo nos dejó en sus cartas respecto a la Iglesia es aquella que hace referencia a que la Iglesia es como cuerpo formada muchos miembros con distintas funciones y propósitos, pero siempre siendo uno solo donde Cristo es la cabeza. No es una analogía simple y por mera ilustración, sino que refleja un gran propósito de Dios para la Iglesia: la unidad.

¿Crees que la Iglesia es un lugar, un edificio, asistir al domingo o entre semana a algún servicio? Sin lugar a dudas la Iglesia no es nada de eso. La Iglesia eres tú, la Iglesia somos cada uno de los nacidos de nuevo. La Iglesia es un cuerpo donde nuestro Señor Jesús es la cabeza.

Si cambiamos nuestro enfoque de ver la Iglesia como un lugar, y miramos la Iglesia en cada uno de nuestros hermanos, entonces podremos entender por qué es tan importante el cuidar unos de otros. La Iglesia no tiene lugar para egoísmos, para envidias, para murmuraciones o chismes, para malas acciones en contra de los miembros, para malos pensamientos. Porque si en nosotros existe algo en contra de alguno de los miembros, ese daño nos lo estamos haciendo a nosotros mismos, porque somos un cuerpo, y peor aún, se lo estamos haciendo a Jesús, porque Él es la cabeza.

Pablo es uno de los apóstoles que continuamente habla a la Iglesia en este sentir, un sentir orientado a cuidar del cuerpo, a cuidar de la sana doctrina porque ésta alimenta al cuerpo, de estar atentos contra los falsos maestros porque estos pueden dañar fuertemente al cuerpo. El celo de Pablo por cuidar de Iglesia, era un celo fundamentando en su amor a Jesús y el amor por sus hermanos.

Cada vez que veamos a un miembro de la Iglesia sufrir, o caer, o pecar, recuerda que ese daño también es un daño que está sucediendo a ti, a nosotros, por eso es importante consolarle, ayudarle a levantarle, a exhortarlo en amor. Cada vez que veamos a un miembro de la Iglesia gozarse, crecer, vencer el pecado que por años le tenía esclavizado, recuerda que ese crecimiento es también un crecimiento tuyo, es nuestro, por eso es importante gozarnos con ellos, animarles cuando vemos que crecen, agradecer a Dios por su libertad en cada área de su vida.

Cuando logremos ver a la Iglesia como un cuerpo del cual nosotros formamos parte y en el que Cristo es la cabeza, y no la veamos como un club social o un grupo de domingos, seguramente nos ocuparemos continuamente por cuidarle. Porque el crecimiento de mi hermano es mi crecimiento, y mi pecado no sólo me daña a mí, sino también a cada uno de los miembros de la Iglesia.