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Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa

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“Y Él [JESÚS] se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Lucas 22.41-43

Los grandes hombres y mujeres de fe han enfrentado a lo largo de la historia situaciones terribles: persecución, señalamientos, burlas, peligros, y aún la muerte. Al conocer y aprender de sus historias podemos erróneamente pensar que Dios es malvado y que no cuida de ellos, pero un análisis no superficial sino profundo nos muestra todo lo contrario. ¿Por qué los hombres y mujeres realmente de fe enfrentan tan terrible oposición? Porque enfrentan a un mundo caído, un mundo que persigue sus propios deseos y, cuando un hombre o mujer de fe los confronta, ese mundo o puede abrir sus oídos y buscar arrepentimiento o buscará desacreditar y destruir a esos mensajeros. Si algo es cierto en el caminar con Dios es que enfrentaremos oposición, una oposición que en muchas ocasiones estará fuera de nuestro control y de nuestras fuerzas.

En el libro del profeta Jeremías podemos confirmar como este profeta enfrentó algo en sobremanera pesado. Los mismos sacerdotes y príncipes buscaron destruirle, asesinarle, porque no predicaba cosas “buenas” pero juicio de parte de Dios. Imagina que las personas que debían conducir al pueblo tanto en la parte espiritual como política y social, eran quienes se oponen principalmente a Dios. Y esa es la historia de más profetas.

JESÚS conocía esta situación. De hecho, Él la vivió en Su vida propia. JESÚS se lamentó de Su pueblo: ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13.34).

Al meditar en lo anterior, Dios trajo a mi mente algo que no había contemplado antes acerca de nuestro Señor JESÚS: ¿en qué momento de la vida de JESÚS crees que Él se dio cuenta que era el Mesías? ¿Cómo crees que el enfrentó esa verdad en medio de un mundo que le rechazaría?

La Biblia no nos da detalles para responder esas preguntas y seguramente especularíamos en las respuestas. Sin embargo, había una realidad: JESÚS sabía quién era Él (quizá desde pequeño lo entendió, o conforme iba creciendo) y, sobretodo, sabía que eso causaría que le condenaran a muerte, pero JESÚS para eso había venido, Sus ojos estaban puestos en la cruz, en la voluntad del Padre, aunque esto significara rechazo, persecución y la muerte misma. Pero el mayor pesar de JESÚS era uno mayor a todo esto: el rechazo de Dios, la ira de Dios consumada en la separación de JESÚS con el Padre porque JESÚS se hizo pecado por nosotros. ¡Cuán tan tremendo sacrificio!: aceptar ser rechazado por quien más amas, para acercar al Padre a quienes más te odian.

Esta semana ha sido en lo personal unas de las más pesadas emocional y espiritualmente. La situación que estoy viviendo desde hace ya casi un año si bien no es comparable a lo que JESÚS enfrentó, me ha permitido ver el sacrificio no sólo de los profetas sino sobre todo de nuestro Señor JESÚS desde una perspectiva mucho muy diferente, una perspectiva que me ha permitido identificarme, de una manera mínima quizá, a los ambientes que ellos enfrentaron.

Oraba a Dios al respecto la semana pasada. Con una carga emocional y espiritual fuerte le pedía que me guiara en este tiempo y si este caminar representaba enfrentar el rechazo de la iglesia local o aún de las personas que más amo, pero que no me alejará de Él. Y en ese momento entendí un poco más ese clamor tan profundo de JESÚS a horas de ser entregado: Padre, si quieres, pasa de Mí de esta copa.

Esa copa era algo que como hijos de Dios no enfrentaremos porque tan tremendo sacrificio que JESÚS hizo por nosotros. Esa copa es algo que JESÚS ya enfrentó: la ira de Dios, la separación de Él con Dios.

Si hoy enfrentas angustia, persecución, peligro o muerte, quiero orar por ti: Que el Espíritu de Dios traiga fortaleza en medio de nuestra debilidad, que Su Espíritu revele a nuestra vida el Camino, la Verdad, la Vida, que podamos recibir una mayor revelación de JESÚS y Su cruz.

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este espectáculo

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“Entonces JESÚS, clamando a gran voz, dijo: Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos Sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.” Lucas 23.46-49

¿Qué representa para ti la crucifixión de Cristo? Cada que tienes oportunidad de recordar la crucifixión, ¿qué sucede dentro de ti? ¿Tu corazón y tu espíritu se duelen pero a la vez en ti surge un agradecimiento tan especial a Dios por tan grande sacrificio? ¿O simplemente la crucifixión no es más que una narración más en la Biblia?

El evangelio de Lucas es enriquecedor en detalles del ministerio de Cristo en la tierra. Este evangelio, desde sus inicios, hace notar su propósito: para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido (Lucas 1.4). Este evangelio, como ningún otro, comparte detalles, justifica palabras, narra históricamente la vida de Cristo de una manera especial. Es un evangelio, podría decir yo un estudio detallado, de la vida de JESÚS en la tierra.

Es en esos detalles que Lucas nos muestra algo interesante respecto a la crucifixión de JESÚS que sigue siendo de mucha importancia en nuestros días. Cuando JESÚS estaba colgado sobre ese madero suceden cosas extraordinarias: hubo tinieblas sobre la tierra por 3 horas, el sol se oscureció, y el velo del templo (aquel velo que resguardaba el lugar santísimo en el templo) se rasgó de manera sorpresiva. El soldado romano que presenciaba aquello se conmovió pero la gente que estaba ahí solo presenciaba un espectáculo que si bien era sin igual, no dejaba de ser más que un espectáculo para sus vidas. La muerte de Cristo como espectáculo para el mundo.

La reacción de estas personas al terminar de ver este espectáculo no fue más que un golpe de pecho, un supuesto “remordimiento” por ver sufrir a aquel hombre que se decía Dios, pero seguían cegados porque aquello sólo había “golpeado” sus emociones pero no su espíritu. Los espectáculos solo provocan eso: una dosis ficticia de dolor en el alma, pero que no trae cambio alguno. ¿Recuerdas algún espectáculo que hayas visto recientemente en la TV, o en cine, o en teatro? ¿Transformó algo en ti?

Es de importancia crucial que como creyentes evaluemos qué es lo que nuestros servicios en la iglesia están provocando en nosotros. Es importante analizarnos y entender qué fruto está generando la Palabra en nuestra vida. ¿Buscamos entretenimiento o buscamos verdadera transformación, verdadera comunión con Dios?

Hoy más que nunca en la historia cristiana abundan libros, música, películas, estudios, devocionales, traducciones bíblicas, recursos de apoyo y de estudio. Si necesitas ayuda con tu matrimonio, habrá seguro decenas de libros; si necesitas aconsejar a los jóvenes, encontrarás cientos de recursos; si deseas ministrar a través de la música, habrá miles de ayudas. Y no es malo nada de eso mientras estén basados fielmente en la Palabra de Dios, pero lo que es importante es qué representa eso: ¿un espectáculo que entretiene el alma sin traer transformación, o un impacto a tu espíritu que te revela más a Cristo y a Él crucificado?

el peso de nuestros pecados

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“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo JESÚS, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo JESÚS me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” Romanos 8.1,2

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El entender el peso de nuestros pecados en nuestra vida es el inicio para valorar la salvación que en Cristo tenemos. No podemos despreciar ni desvalorar el sacrificio de JESÚS en aquella cruz cuando a nuestra vida es revelada toda la maldad de lo que nosotros somos capaces, cuando somos expuestos a nuestra propia maldad, cuando entendemos que nada de lo supuestamente bueno que pudimos o podemos hacer puede acercarnos ni un milímetro a la salvación.

Somos una raza que escogió la maldad en lugar de lo obediencia. Somos una raza que de continuo piensa y hace el mal. Somos incapaces de acceder a Dios por todo el peso del pecado que en nuestra vida hay. Somos tan malvados que no merecíamos la vida y la salvación que en Cristo hemos recibido a través de ese acto de arrepentimiento y fe en Él.

Cada pecado en nuestra vida nos hacía culpable delante de Dios. Cada desobediencia nos condenaba al infierno. Cada mala motivación y cada mal pensamiento nos arrojaban al terrible lado de los malvados. El peso del pecado en nosotros, un solo pecado que haya sido, por uno solo merecíamos estar clavados ahí, en esa cruz, donde Cristo tomó nuestro lugar.

Iglesia, querida iglesia, nunca desestimes lo que JESÚS hizo y sigue haciendo por ti. A ti, iglesia, Dios te ha salvado y purificado de tanta maldad por el puro afecto de Su voluntad, no por obra de hombres, no porque lo merecíamos, sino porque hallamos misericordia en Él. ¡Oh, cuán preciosa libertad hemos recibido!

¡Iglesia! ¡Somos libres del pecado por Cristo! ¡Somos libres de toda atadura que nos mantenía cautivos a cadenas de maldad! ¡Somos libres!

Hoy clamo a Dios por cada miembro de Su Iglesia, para que Dios revele a nosotros el altísimo precio que JESÚS pagó por ti, que pagó por mí, que pagó por todo aquel que decida creer en Él en profundo arrepentimiento y humildad.