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derribando argumentos contra el conocimiento de Dios

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“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.” 2 Corintios 10.3-6

 

Alrededor nuestro abundan tantas voces, tantos comentarios, tantos argumentos, tantas filosofías. En esta época en que la información fluye tan instantáneamente, es tan fácil conocer que es lo que acontece en otros lugares y, aún más, que es lo que otras personas pueden estar opinando. Vivimos rodeados de argumentos. Vivimos rodeados de opiniones.

Aún mayor, dentro de nosotros voces pueden estarse levantándose. Algunas pueden estar hablando preocupación, otras pueden estar hablando miedo, otras pueden estar hablando mentira, otras pueden estar levantando acusaciones. El padre de mentira, el acusador, intentando hacernos dudar de las promesas y la Palabra de Dios.

En este tiempo, el mayor reto para los hijos de Dios es poder escuchar entre tanto ruido la voz de Dios y no dejarse arrastrar por aquello que no venga de Él. Escuchar la voz de Dios en tiempos de profunda confusión se vuelve un tema de vida o muerte.

Mientras atravesaba por una situación difícil hace algunas semanas, un tiempo física, emocional y espiritualmente difícil, hubo una noche en el que no pude dormir bien. En mi mente había ideas, voces, preocupaciones. Estaba confundido. Durante la madrugada, algo ocurrió: Dios puso en mi corazón una palabra: derriba todo argumento que se levante contra el conocimiento de Cristo.

Había leído o escuchado esa palabra anteriormente quizá hacía ya meses, pero en esa madrugada, esa palabra había llegado a mi mente, como una verdad que necesitaba ser declarada en ese instante en mi vida. En ese momento, mientras estaba esa palabra en mi mente, Dios ponía en mí anhelo por orar en base a esa verdad.

En la mañana siguiente, buscando en la Biblia, llegue a esa verdad. En la segunda carta de Pablo a los corintos, Pablo exhorta a la iglesia no dejarse engañar, haciéndoles ver que nuestras armas para derribar todo argumento y altivez en contra del conocimiento de Dios, esas armas, son espirituales, no carnales.

¿Qué armas se pueden usar para derribar esos argumentos y esa altivez? En Efesios 6.10-20 podremos leer de la armadura de Cristo: la verdad, la justicia, el evangelio de paz, la fe, la salvación, la palabra de Dios. Y concluye Pablo en Efesios: orando en todo tiempo con oración y súplica en el Espíritu, y velando con perseverancia y súplica por todos los santos.

Cuando lleguen tiempos de confusión, nuestra confianza debe estar puesta en JESÚS, en Su Verdad. Orando, suplicando a Dios, pidiendo por nuestros hermanos que enfrentan también tiempos de prueba.

Hermanos, no dejemos que argumentos que se levanten en contra del conocimiento de Cristo se aniden en nuestra mente. Velemos, estemos atentos, llenemos nuestra mente y nuestro corazón de la verdad de Dios. Seamos sensibles a su voz, mayormente en tiempos de opresión y confusión. Porque Él no desamparará a los Suyos.

la pared intermedia de separación

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“Pero ahora en Cristo JESÚS, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en Su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” Efesios 2.13-16

 

Leer las cartas de Pablo hacia las diferentes iglesias en Asia menor es de gran enseñanza y alimento al espíritu. Me preguntaba hace algunos días: ¿qué sería de la iglesia cristiana sin las cartas de Pablo? En sus cartas él aborda temas tan delicados y en gran medida controversiales para los judíos y para la iglesia primitiva. Al leer las cartas, siempre llegó a la conclusión de que, si no hubiera sido por el Espíritu, Pablo difícilmente hubiera podido entender tan grandes enseñanzas, ya que él, siendo un judío muy celoso de su fe, tuvo que enfrentar un proceso para desechar paradigmas de hombres y establecer en su vida y en su corazón las verdades que en Cristo nos son reveladas.

Si bien las cartas de Pablo tenían como objetivo entre otros muchos, resolver diferencias en temas controversiales en la iglesia primitiva, esas cartas siguen siendo de gran valor para la iglesia de nuestro tiempo, nuestra iglesia tan necesitada de la guía de Su Espíritu.

Algo que es de llamar la atención sobre Pablo es que a él, siendo el menor de los apóstoles, le es dado un ministerio verdaderamente grande, imposible y sublime: alcanzar a los gentiles (aquellos considerados por los judíos apartados de Dios). La pregunta es: ¿por qué a Pablo? ¿por qué no a Pedro, o a Juan, o alguno de los otros apóstoles, alguno de aquellos que vivió con JESÚS y palpó en primera fila el ministerio de JESÚS en la tierra? ¿Por qué le es dado a Pablo, un hombre que con un solo encuentro con JESÚS fue impactado de por vida, este grande ministerio?

En Hechos podemos ver los conflictos internos que enfrenta Pedro al ser llevado por el Espíritu a predicar a los gentiles (Hechos 10). De hecho, Pablo en una de sus cartas habla de un conflicto que él llega a tener con Pedro precisamente por el comportamiento que Pedro estaba teniendo hacia los gentiles. Pedro enfrentando sus propios paradigmas, paradigmas que le llevan a cuestionar al mismo Espíritu sobre lo que es lícito o no en base a la ley mosaica.

Es aquí, cuando este pasaje que comparto arriba de la carta de Efesios, tiene una profundidad espiritual que es de asombrarnos: JESÚS, Su cruz, vino a derribar la pared intermedia de separación, algunas versiones de la Biblia la llaman la pared intermedia de hostilidad. Una pared de hostilidad que define quién sí puede entrar a la salvación en JESÚS y quién no, una pared de hostilidad que hace diferencias entre los hombres, una pared de hostilidad que establece más y más y más mandamientos de hombres para ser aceptados dentro de la familia de Dios. ¿Qué pared de hostilidad estás enfrentando?

Algo que me ha golpeado en las últimas semanas es que los cristianos podemos llegar a creer que somos mejores que las demás personas. Que nosotros no somos tan pecadores como los no creyentes. Que nosotros tenemos el derecho de juzgar y definir quién es verdaderamente salvo y quién no, quién se merece a Dios y quién no. A veces podemos llegar a ser tan soberbios que aun entre la misma familia podemos estar generando divisiones.

Pablo entendió que a los gentiles también les es dada la salvación. Pablo enfrentó sus propias estructuras mentales y teológicas para poder llegar a esa conclusión. Imagina a Pablo, preguntándole a Dios: ¿en verdad es esto lo que Tú deseas: que no hay más circuncisión en la carne, que no hay más tradiciones judías que seguir para ser salvo? Pablo, el hombre celoso de su tradición judía, rompiendo todo entendimiento de hombres para acercarse más a un conocimiento tan sublime como la fe, la gracia, la salvación, a JESÚS mismo.

Queridos hermanos, hemos sido llamados para crear y establecer puentes con los no creyentes y con el mismo cuerpo de Cristo, no para juzgarlos como peores personas. Hemos sido llamados para derribar toda pared de hostilidad para alcanzar al alma más perdida, más perversa, aquella persona que nadie daría ni siquiera un segundo de su tiempo para predicarle. Nos ha sido dado el ministerio de la reconciliación, no el de la separación.

Dios guíe a Su iglesia a romper toda estructura y tradición de hombres que impide que Su Espíritu use a Su cuerpo para tan gran, imposible y sublime obra: alcanzar a la humanidad para JESÚS, porque esto es la Navidad.

tú eres la iglesia

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“Pero ahora en Cristo JESÚS, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque ÉL es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,” Efesios 2.13,14

La iglesia está destinada a ser un lugar no de discriminación sino de inclusión, inclusión para el desprotegido, el rechazado, el discriminado, el enfermo, el perdido. La iglesia está llamada a ser luz para los que en tinieblas viven, para los que viviendo una vida arruinada y quebrantada, puedan encontrar restauración, esperanza, salvación, amor. La iglesia no es un museo de buenas personas, pero sí un hospital para el quebrantado, el maltratado, el discriminado, el que no es amado. La iglesia, la verdadera iglesia, el cuerpo de Cristo, esta iglesia ha sido llamada para ser esperanza al mundo entero sin importar su condición.

Tú eres la iglesia. No el edificio, no los líderes solamente, no los servicios dominicales. Tú y yo somos la iglesia. No el grupo de alabanza, no el que está a la puerta recibiendo a los que llegan, no los maestros de escuela dominical solamente. Tú, yo y ellos somos la iglesia. Y como iglesia estamos llamados a abrazar lo que el mundo rechaza, lo que el mundo menosprecia. A los afligidos, a los enfermos, a los que viven con profundo dolor de alma y espíritu. Y estamos ahí para ser un medio que Dios use para sanar. Somos la iglesia.

Te invito a leer hoy la carta a los Efesios en el capítulo 2 y los versos del 11 al 22, pido a Dios seamos conmovidos por la verdad que ahí se presenta. Antes estábamos sin Cristo, éramos lejanos, éramos enemigos. Pero ahora en Cristo hemos sido hechos cercanos, miembros de la familia de Dios, para ser un templo santo en el Señor. Y así como nosotros hemos sido aceptados por la fe en Cristo, podemos también ser ese cuerpo de Cristo que se acerque al mundo que tanto necesita de Él.

El dolor ha inundado el mundo por doquier. Sin importar la condición del país, ahí hay dolor. Pobres o ricos, hombres o mujeres, preparados o iletrados, el dolor ha llegado a todo lugar en este mundo. Y tú, yo, nosotros, la iglesia de Cristo, tenemos el llamado de ser esos brazos que abracen al que en muerte vive.

Dios nos dé un amor genuino por Él, por Su iglesia, por los perdidos, un amor que nos mueva a actuar donde quiera que estemos.

la gloria de Su gracia

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“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos Suyos por medio de JESUCRISTO, según el puro afecto de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en Quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia” Efesios 1.5-7

Uno de los grandes retos que como hijos de Dios nos enfrentamos ante aquellos que no creen en Dios es poder explicar la razón por la cual Dios creó a la raza humana. Muchos de los que aborrecen o niegan la existencia de Dios pondrán presentar argumentos sutiles y aparentemente inteligentes para cuestionar mucho de lo que la Biblia nos enseña. Algunos de esos argumentos, y probablemente son argumentos que han llegado a la mente de varios de nosotros, consisten en entender por qué Dios creó a la raza humana sabiendo que iba a pecar y a desobedecer; por qué Dios puso el árbol de la ciencia del bien y el mal en medio del huerto del Edén pudiendo no ponerlo para evitar que Adán y Eva comieran de él; por qué Dios, sabiendo del dolor que la raza humana causaría a la tierra y unos a otros, creó una raza tan imperfecta, tan débil, tan pecadora, tan malvada. En términos muy concretos, consiste en entender cuál es el propósito de la raza humana.

A pesar de que las respuestas a esas interrogantes son muy profundas y, probablemente difíciles de entender en nuestra mente humana, hay una respuesta que Dios me permitió entender hace algún tiempo atrás. Esa respuesta la expresa el apóstol Pablo en su carta a la iglesia en Éfeso. En su carta, Pablo expresa que Dios, escogiéndonos desde antes de la fundación del mundo para ser santos y vivir sin mancha, ha llamado a Sus hijos para un propósito sublime: la alabanza de la gloria de Su gracia.

La gracia de Dios, viéndola como un fin mismo en la creación, cobra un significado muchísimo más maravilloso al entenderla desde esta perspectiva. Hemos sido creados para experimentar la gracia de Dios, hemos sido creados para recibir esa capacidad y ese poder para hacer la voluntad de Dios con gozo aun en nuestra debilidad. Es por eso que Pedro nos exhorta a “creced en la gracia” (2 Pedro 3.18) porque la gracia de Dios va mucho más allá de ser salvos del infierno. La gracia es nuestro fin, como humanos que hemos sido adoptados por Dios, para glorificar a quien nos ha salvado y amado sin siquiera merecerlo.

Cada hijo de Dios ha sido creado para ello: experimentar Su gracia y vivir en ella. La gracia de Dios es tan extraordinaria que día a día necesitamos vivir más por la gracia de Dios y menos en nuestras fuerzas, porque Su gracia es sublime, es perfecta, nos hace aptos para hacer la voluntad de Dios. La gracia, contrario a lo que muchos pudieran creer, no es un permiso libre para pecar pero sí una capacidad y un poder sobrenatural para hacer la voluntad de Dios con gozo.

Querida iglesia, los tiempos que vivimos son cada vez más malvados. La maldad se ha aumentado en todo lugar sobre la tierra, y en el corazón de los hombres está de continuo hacer el mal. Sin embargo, en estos tiempos de tanta maldad es donde la gracia de Dios brillará más, es donde Dios puede movernos a vivir en santidad y piadosamente de tal forma que los hombres glorifiquen a Dios por las buenas obras que Su gracia nos permite hacer.

Crezcamos día a día en Su gracia. Que cada día vivamos más por Su gracia y menos por nuestras fuerzas. Dios sea glorificado en gran manera en nuestras vidas.

en Cristo

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“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.” Efesios 2.13

 

¡Qué tiempo tan hermoso Dios nos permite vivir como parte Su iglesia! Su iglesia: ese grupo de personas imperfectas que están siendo perfeccionadas por la obra de Su Espíritu en nosotros. ¡Qué maravillosa promesa! ¡Qué bendición tan especial y única!

Dios bendiga a los pastores y a cada uno de los líderes y autoridades que Él ha puesto para bendición nuestra. Dios les bendiga en sobremanera y que en sus corazones sobreabunde el amor y la gracia de nuestro Señor Jesús. Dios les bendiga con una dependencia y total rendición a Él.

Estar en Cristo es una bendición que poco podemos describir. No es un estado  mental, ni un estado emocional, sino un estado espiritual que nos permite tener gozo en medio de la tribulación, tener paz en medio de la prueba, vivir confiados en medio de dificultades, es un amor que lo cubre todo y nos lleva al mar de Su gracia eterna donde todo viene de Él, donde todo se trata de Él.

Estar en Cristo es algo sobrenatural que no se explica con palabras, pero que se testifica en cada acto y pensamiento y actitud y palabra, se testifica con nuestra vida entera. Estar en Cristo es vivir confiados sabiendo que nuestra vida está siendo perfeccionada y donde nuestra maldad está siendo limpiada. Estar en Cristo es vivir en arrepentimiento y humildad porque Su Espíritu nos lleva a ello. Estar en Cristo es crecer en carácter y conocimiento de Dios, pero no un conocimiento que viene de hombres, sino de Dios.

Estar en Cristo es por la eternidad. Es lo mejor que puede en nuestra vida haber sucedido, es lo mejor que nuestro vida puede haber recibido, sin merecerlo, sin buscarlo, sin esperarlo. Estar en Cristo es vivir en plenitud, es vivir en perdón perfecto, en amor eterno.

Estar en Cristo es por lo cual hemos sido hechos, por lo cual hemos sido creados. Porque separados de Él, nuestra vida no tiene razón alguna, porque sin Él nuestra vida sería como un ruido en medio de una pieza musical extraordinaria.

Al que está sentado en el trono, Al que vive para siempre y siempre sea la gloria, sea la honra y el poder. A Jesús.

aprovechando bien el tiempo

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“Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:14

 

Esta semana Dios me ha permitido ver cuán frágil y pequeña es nuestra vida. En esta semana un conocido del trabajo falleció a causa de un cáncer agresivo que consumió su vida. Cuando recibí la noticia, mi alma fue impactada de tal forma que mi espíritu fue movido a buscar en la Palabra aquel versículo que describe con gran exactitud cómo es nuestra vida: como neblina que aparece un poco de tiempo y luego se desvanece. Y cuando terminaba de leer ese versículo Dios habló aún más: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, APROVECHANDO BIEN EL TIEMPO, porque los días son malos”. Efesios 5:15,16

Seguramente muchos de nosotros creemos que nuestra vida está asegurada en la eternidad. Algunos de nosotros hemos creído en el gran mensaje de salvación a través de Jesús y esto trae a nosotros esa seguridad. Algunos más, simplemente no prestan mucha atención al futuro y a la eternidad ya sea por considerarle muy lejano o por considerar la eternidad como fábulas infundadas.

Para aquellos que hemos recibido en fe ese gran regalo de la salvación, Dios nos dice en la carta a los Efesios que necesitamos estar aprovechando el tiempo de manera sabia, de tal forma que estemos produciendo tesoros en el cielo. Así nos lo ordenó Jesús diciendo que hagamos tesoros en el cielo y no en esta tierra donde estos tesoros son temporales y corruptibles.

Además de que los días son malos, ninguno de nosotros puede asegurar el tiempo en esta tierra. Niños y jóvenes mueren cada día, personas adultas también por igual. Pudiera parecer que nuestra vida continuará mañana, pero sin duda sólo Dios sabe qué será de nosotros.

Quizá podemos pensar que para hacer tesoros en el cielo, necesitamos ser predicadores, o pastores, o grandes líderes, sin embargo, la Palabra nos ordena a todos a actuar en sabiduría, aprovechando bien el tiempo. Aprovechar bien el tiempo es ocuparnos de las cosas de Dios, aquello que Dios considera importante, aquello que glorifica al Padre. En nuestro trabajo, en la casa, en la escuela, con nuestra esposa o esposa, con nuestros hijos, con nuestros vecinos, cada cosa que hacemos puede glorificar a Dios de una manera que no logramos percibir, pero también de igual forma puede suceder todo lo contrario. Cuando en el trabajo obramos en integridad y justicia y no nos dejamos corromper, eso glorifica al Padre. Cuando en la escuela cumplimos con nuestros deberes y no nos comportamos como el resto de los chicos o chicas, esto también glorifica al Padre. Cuando en nuestra casa, cuidamos, respetamos y agradecemos a nuestros familiares, esto seguro agrada a Dios. Cuando somos fieles en lo poco, Dios nos moverá a lugares donde podamos glorificarle aun más, pero si hemos sido negligentes en lo poco, Dios tratará con nosotros.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿qué tanto de lo que hiciste hoy trascenderá a la eternidad?

gratis pero no barato

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“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Efesios 2:8

 

Un devocional en la semana en casa en mis padres me ha dejado sin mayores palabras para describir lo que Dios ha dado para acercarnos a Él y poder tener una vida apegada a Él. Este versículo en la carta de Pablo a la iglesia en Éfeso destruye todo argumento que intenta sujetar la salvación, la vida eterna, a obras humanas ya que toda persona en este planeta sin importar su condición social, económica o académica pueda recibir la vida eterna únicamente a través de la fe en Jesús.

Por gracia somos salvos. Gracia es sinónimo de gratis, de un regalo inmerecido. De algo que se nos ha dado sin siquiera haberlo buscado. De algo que ha venido a nuestras vidas, sin siquiera haber luchado por ello. Así es Dios, nos acercó a Él por Su amor asombroso hacia con nosotros.

Pero ese regalo que hemos recibido no es en lo más mínimo despreciable, y mucho menos barato. Ese regalo, la vida eterna, costó lo más preciado que puede haber en la eternidad misma. Si crees que un diamante extraordinario, o si crees que una casa en la zonas más lujosa de la ciudad, o si crees que un viaje a las ciudades más famosas del mundo es algo valioso y costoso, es que no hemos conocido lo más caro que la eternidad misma tiene.

Imagina por un momento que Dios, en quien todas las cosas existen y son sujetadas, de quien el universo y la eternidad misma dependen, este Dios infinito quien es el centro de todo lo que existe, viene a la tierra en forma de hombre para pagar con su vida la deuda de muerte que se demanda de tu vida. Y así fue, ese Dios infinito pagó todo por ti.

Ese regalo, la vida eterna, costó la sangre de Jesús. Precio de sangre de nuestro Dios por amor a ti, por amor a mí. Todo fue por amor.

hombre de guerra

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Una de las descripciones que se dan en el primer libro del profeta Samuel sobre David en el versículo 18 del capítulo 16 es que él, David, era un hombre de guerra. Algo que me impresionó es que esta descripción de David se da poco después de que Samuel le unge como rey y antes de que se enfrentara al terrible gigante Goliat. David, llamado a servir al rey Saúl, era un joven valiente y confiado en el Señor. Un joven pastor del cual vendría nuestro gran Salvador y Rey Jesús. Un joven guerrero cuyo corazón sería conforme al corazón de Dios.

Si David, siendo joven, era visto como un hombre de guerra, los jóvenes cristianos (hombres y mujeres) necesitamos aprender de él esta cualidad, y muchos más en este siglo perverso. Pero ¿cuál es nuestra guerra? Cuando Pablo escribe a la iglesia en Efeso concluye su carta declarando una de las verdades que todo cristiano debemos entender: estamos en guerra, pero no contra hombres sino contra principados, potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes  (Efesios 6:12), es decir, nuestra guerra es espiritual. En esa misma carta, Pablo le manda a la iglesia de Efeso a vestirse con la armadura de Dios, para que podamos resistir en los tiempos malos, como los que vivimos. (Te invito a leer el capítulo 6 de la carta a los Efesios para descubrir la armadura de Dios).

Jesús busca jóvenes valientes, jóvenes de guerra, que tomen todo principado de maldad que hay a su alrededor y lo rindan a Él. Recuerda, nuestra guerra no es contra personas, sino contra todos los espíritus de maldad que están operando alrededor de ellos.

Esta es nuestra guerra, una guerra que ha sido ganada por Jesús en la cruz y en Su resurrección. Esa es la guerra que necesitamos pelear todos los días, creyendo en fe que somos más que vencedores en Jesús.

aquí todos los muertos tienen nombre

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Parte 1

En el transcurso de la semana recordé una parte de mi infancia. A pesar de que en 1989 tenía tan sólo 5 años, los eventos que siguieron a ese año marcaron de una manera interesante mi vida. Fueron años de un despegue sin igual del capitalismo en el mundo entero, pero también fueron unos años terribles para los países y, sobretodo, para las sociedades que por las décadas previas estuvieron obligadas y sujetas a un sistema que, agonizante, se convulsionaría a partir de ese marcado año: 1989, el año en que triunfó el capitalismo y desterró a su acérrimo enemigo socialista de décadas. Se desbarató el sistema que centraba al hombre en el orden social y que colocaba a las organizaciones sociales y laborales idénticas como el motor de la economía, dando libre y total paso para absorber al mundo a un sistema centrado en las riquezas y al ejercicio libre del mercado como soporte de la economía. Fue un año que colapsó al sistema socialista con la representación simbólica del derrumbamiento del muro de Berlín (1).

Recordé mi infancia con aquella canción de U2 y el último gran tenor Pavarotti, una canción llamada Miss Sarajevo. Cuando tenía ya 8 años, recuerdo haber escuchado a mi hermano mayor decir que esa canción había sido convocada por Bono, el vocalista de aquella agrupación irlandesa, para mitigar de una manera pacífica los serios conflictos armados en un país ex socialista a través de un certamen de belleza. El video de esta canción refleja en poco, y muy poco, lo que este país (la antigua república de Yugoslavia) vivió después de la incapacidad de sus dirigentes por gobernar un país abortado de la antigua URSS. Fue un conflicto de más de 3 años en el que más de 100,000 personas murieron en manos de mismos grupos yugoslavos polarizados por diferencias étnicas y políticas.

Una tarde entre semana, en aquella infancia que se vivía en mí, logré ver un programa en televisión en el canal cultural del IPN. Era un documental de un reportero que  narraba cuán difícil era la vida en aquel país, como es que día y noche había disparos por todos lados, la gente moría, la gente tenía hambre, la gente tenía miedo, la gente tenía muertos. Era complicado vivir en el país provocando con ello una cantidad enorme de refugiados en los países alrededor de éste. Yugoslavia era sólo uno de  varios países que vivían estos conflictos. Varios países de la parte Este de Europa sufrieron eventos similares que auspiciaron las consecuencias terribles que viven actualmente. Muchos desaparecidos, muchos muertos enterrados en fosas comunes, muertos que no tenían nombre ni quien pudiera reclamarles.

En esa misma década, como en esta década, África sumida en la pobreza callaba al mundo eventos aberrantes de guerras en países de esa región. El caso más proyectado recientemente y a nivel mundial por la cantidad impensable de víctimas fue el genocidio de Ruanda financiado con dinero internacional (2). Según cifras, la cantidad de víctimas asciende a casi un millón de personas. Muertos que no tenían nombre, ni quien pudiera reclamarles.

Todos esos eventos dejaron en mi infancia una sensación que continúa en mí: el mundo tiene muertos, el mundo necesita ayuda.

Parte 2

En los últimos años, ya con la infancia en los recuerdos y con la juventud por mis venas, los sucesos nacionales se han encargado de mostrarme un México necesitado. Desde siempre entendí que México ha estado enfermo pero que México puede ser sanado. Este año, el más sangriento por la Guerra contra el crimen organizado, sólo ha demostrado que México ha estado agonizante no de un sistema socialista (3), sino de una enfermedad llamada corrupción en todos los niveles organizacionales como país (4), y en todas las áreas de cada individuo: en lo espiritual, en lo emocional y en lo físico. Y es en lo espiritual donde México está más enfermo.

Es un país donde la muerte es levantada en altares y justificadas por algunas organizaciones religiosas. Donde los sacrificios humanos y de animales suceden con intenciones espirituales malvadas. Donde se venden los favores eclesiales para mantener poder. Donde se convoca a masas para construir templos de ídolos muertos. Donde se consultan adivinos para platicar con los muertos. Donde se busca predecir el futuro a través de consultas desde las más inocentes y aceptadas socialmente hasta las más sofisticadas y elaboradas. Donde se celebra a la muerte, y se viste de tradición, alegría y colores haciéndole ver tan atractiva y tan nuestra. Donde el placer es un dios, y el hombre otro.

Sí, México ha tenido casi 30,000 muertos por esta guerra contra el crimen. Sí, México vive momentos de inseguridad preocupantes. Sí, México carece de una estructura política honesta. Sí, México tiene muchas religiones. Sí, México tiene altares para todo: el trabajo, la prosperidad, la salud, la soltería, la paz, la muerte, […], para el hombre mismo.

Pero lo más preocupante es que México tiene muertos, pero ellos no saben que lo están (5). Y aquellos llamados a luz conocemos los nombres de cada uno de nuestros muertos. Sí, nuestros, porque están tan cerca que nuestro amor por ellos no debe enfriarse. Este país necesita Vida, y la necesita urgentemente.

Aun hay tiempo.

Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.

Efesios 5.14 (6)

“¿Y de ti depende que yo viva?” Me viene a la mente esa pregunta que le hicieron a Paola. ¿De mí depende? Porque somos llamados a ser luz. Porque aun los muertos pueden resucitar en Su Nombre.

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Notas de pie de página:

(1)   Este evento no término con el sistema socialista, sólo anunció oficialmente el desmoronamiento que por años previos se venía presentando en los países que se sostenían con este sistema, especialmente la URSS, ahora Rusia.

(2)   Dinero que las organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional enviaron con la intención de crear programas de ayuda para esa región, pero que fue destinado para estos fines por el gobierno de aquel país.

(3)   México fue formado económica y educativamente después de la Revolución Mexicana con principios socialistas, pero mal versados por los intereses de los gobernantes en turno.

(4)   En lo político, en lo económico y en lo social.

(5)   Como aquella película Sexto Sentido.

(6)   No hablo de religiones, que de esas hay muchas y estorban. Hablo de verdaderos corazones entregados a Dios, accedidos a Él por el sacrificio perfecto de Jesús en la cruz.

Entendidos en los tiempos

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La situación nacional vaticina un gran momento histórico para nuestro país. Un momento que puede orillarnos a una de las peores crisis sociales y políticas (con sus indudables implicaciones en otras áreas) ó a una oportunidad para el gran despertar nacional que tanto necesitamos.
Analizado desde una perspectiva bíblica-cristiana, “Entendidos en los tiempos” presenta un estudio general de dos tiempos históricos que ha vivido nuestro país (el movimiento de independencia, y la Revolución Mexicana) y del posible tiempo que se ve venir (obedeciendo a ciclos que esta nación ha presentado durante estos casi 200 años). Además, añade la responsabilidad que como mexicanos (en espíritu) tenemos sobre esta nación.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne […]” Efesios 6.12
Conferencia:
Entendidos en los tiempos Parte 1
Entendidos en los tiempos Parte 2
jäcob
Revolucionando