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Yo hago cosa nueva

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“Esto dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel:

«Por tu bien, enviaré un ejército contra Babilonia
y obligaré a los babilonios a huir en esos barcos de los que están tan orgullosos.
Yo soy el Señor, tu Santo,
el Creador y Rey de Israel.
Yo soy el Señor, que abrió un camino a través de las aguas,
e hizo una senda seca a través del mar.
Yo llamé al poderoso ejército de Egipto
con todos sus carros de guerra y sus caballos.
Los sumergí debajo de las olas, y se ahogaron;
su vida se apagó como mecha humeante.

Pero olvida todo eso;
no es nada comparado con lo que voy a hacer.
Pues estoy a punto de hacer algo nuevo.
¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves?
Haré un camino a través del desierto;
crearé ríos en la tierra árida y baldía.
Los animales salvajes de los campos me darán las gracias,
y también los chacales y los búhos,
por darles agua en el desierto.
Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía,
para que mi pueblo escogido pueda refrescarse.
Yo hice a Israel para mí mismo,
y algún día me honrará delante del mundo entero.»” Isaías 43.14-21 (NTV)

 

Podrán los tiempos ser oscuros y difíciles, pero nuestro Dios es mayor a ellos, más fuerte, poderoso, invencible. Las promesas de nuestro Dios no tardarán en cumplirse, no tardarán. ¿Acaso podremos ignorarlas?

El pasaje anterior es verdaderamente maravilloso. Dios nos recuerda de las grandes cosas que ha hecho a nuestra vida. Le dice a Su pueblo: “mira, Yo te saqué de Egipto, abrí el mar, hice camino seco, sumergí al ejercito de Egipto”, pero… pero… pero: “olvida todo eso, no es nada comparado con lo que voy a hacer, pues Yo haré cosa nueva…” y lo más maravilloso: “¡Mira, ya he comenzado!”

¡Cuán maravilloso es nuestro Dios! ¡Cuán fieles son Sus promesas! Él mismo que ha rescatado tu vida una y otra y otra vez, Él volverá a hacer cosa nueva… y Él ya ha comenzado. ¿Lo ves?

¡Oh, nuestro Dios! ¡Cuán sublime es Su gracia! No temas, ¡confía! ¡Porque le honraremos delante del mundo entero!

 

 

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camino en el desierto y ríos en la soledad

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“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que Yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.” Isaías 43.18,19

 

Hoy celebramos 500 años del inicio del movimiento de Reforma Protestante. Un día como hoy pero de hace 500 años, en 1517, un hombre desafío uno los poderes más corruptos y dominantes de esa época. Ese hombre después sería por los siguientes años perseguido, difamado, y muchos buscarían su muerte.

La vida de hombres de fe como Martín Lutero nos invita a reflexionar las bendiciones con las que contamos hoy, y también nos llama a reflexionar sobre la historia y ver la mano de Dios a través de ella: en la historia personal, en la historia familiar, en la historia nacional, en la historia de iglesia.

¿Qué buscaba, no Lutero, pero Dios a través del movimiento de Reforma? ¿Qué busca Dios a través de lo que está haciendo en nuestra vida?

Tengo una fascinación personal por la historia, tengo un gusto especial por aprender de otros tiempos para entender nuestro tiempo actual. Es un hecho que los tiempos actuales son resultado de vidas en el pasado que no dejaron de luchar, que no se rindieron, de vidas que de manera directa o indirectamente nos bendicen hoy. Hoy es un buen día pare recordar esas vidas y honrar la memoria de tantos hombres que no negaron a Dios aun en los momentos más oscuros. Los tiempos de Lutero sí que eran tiempos de profunda oscuridad.

Cuando reflexiono al respecto, tengo la certeza que Dios trae tiempos nuevos de después de tiempos de gran oscuridad. Lo leemos en la Biblia, lo podemos confirmar en la historia. Porque solo en esos tiempos Dios puede mostrarnos Su gloria de una manera muy especial, donde toda la honra y gloria sea dada a Él.

Dios promete que Él hará cosa nueva que pronto saldrá a la luz. ¿Acaso podremos ignorarla? Y Él confirma: abriré camino ahí donde parece que no hay esperanza, habrá ríos ahí donde hay sequedad, donde hay tierra estéril, ahí donde hay soledad.

Este pasaje de Isaías 43 habla mucho a mi vida en este tiempo que atravieso en lo personal. Este versículo llegó a través de una gran amiga. Y ese versículo afirma que cuando todo se ve como si fuera un desierto (quizá es en tu fe, en tu familia, en tu relación con Dios, en tu iglesia local), ahí Dios abrirá camino.

Dios no nos ha abandonado y Él tiene propósito, Él tiene propósito. ¿Acaso podremos ignorarlo?