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una tempestad no pequeña

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“Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente la nave.” Hechos 27.20-22

 

Hemos sido consolados para consolar. Hemos sido animados para animar. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento en medio del caos, esa paz que no es posible describir en su totalidad es una paz que mantiene firmes a los hijos de Dios aún en medio de grandes males, de tempestades no pequeñas.

¿Cuál es la tempestad que en tu vida atraviesas hoy? ¿Depresión, muerte, separación, división, pérdida, enfermedad, angustia? ¿Qué es eso que hace que todo lo que te rodea se vea confuso y sin esperanza?

Cuando Pablo es llevado prisionero a Roma, la travesía se vuelve sumamente compleja a tal punto que la vida de él, de los demás prisioneros y la tripulación del barco en el que viajaban estaba en riesgo, sin mayor esperanza. La tormenta era tan fuerte que ni el sol ni las estrellas se habían podido ver, dice la Palabra, por muchos días. La tormenta les acosaba. Ya habían perdido toda esperanza.

Pablo, un hombre de gran fe, busca en oración lo que Dios haría. Pablo tenía algo bien claro: Dios había dado la Palabra de que él iría a Roma, y Dios no fallaría a Su Palabra. Y Pablo confió.

Ese es el primer valor de las promesas de Dios en tiempos de tormenta: darnos seguridad de que Dios les cumplirá aún cuando la tormenta parece tan feroz que no hay esperanza humana para salir de ella. Las promesas de Dios como un ancla firme de que Su Palabra no fallará, que Dios es fiel a Su Palabra.

Pablo intentó calmar el mal ánimo de la tripulación, dio la palabra de esperanza. Y es aquí donde radica la segunda parte importante en los tiempos de tempestad: acercarnos a hombres de fe, que entienden y están alineados al corazón y propósitos de Dios.

Pablo había advertido a la tripulación que este mal vendría (v10) pero el centurión (el que resguardaba a los presos, incluido Pablo) no le dio mayor peso a esa advertencia sino que zarparon.

La historia es conocida: perecen, la nave es destruida pero no hubo ni una sola persona muerta, porque Dios lo había prometido.

Puede que haya hoy tormentas no pequeñas en tu vida. Puede que estén pasando por momentos en que toda esperanza está desapareciendo a tal nivel que ni el sol ni las estrellas pueden ser vistas. En esos momentos es importante sujetarnos de las promesas de Dios que ha dado a nuestra vida, y acercarnos a hombres y mujeres de fe que puedan traer ánimo.

¡No desmayemos! Nuestra vida está en manos de Dios. Él la guiará hasta Sus propósitos, siempre ciertos, siempre eternos.

nos dijeron que no podíamos soñar

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nos dijeron que no podíamos soñar
y si soñábamos
sólo permitidos
eran sus sueños

intentaron callar la voz nuestra
que de lunas y soles
y universos nuevos
vestían una esperanza viva

ahogaban en intentos
el corazón quebrantado
por una realidad
que ajena a ellos
definía nuestros anhelos

orillados éramos
a la definición que en ellos
era indecible
pero que en nosotros
vestían las mañanas

soñábamos, sí, soñamos
hablábamos, sí, hablamos
latíamos, sí, latimos

porque de sueños Suyos
verdaderos sí,
se vistió nuestra esperanza

porque sus condenas
detener no podían
la grandeza de Su voz
que con solo pronunciar
traía vida en sueños
y realidades más

perseguidos, mas no desamparados

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“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4.7-10

 

Por ya varios años de poder participar en una organización cristiana para apoyo a chicos y chicas LGBT, algo que siempre venía a mi mente cuando se celebraba el congreso anual de esta organización, es que para muchos chicos y chicas LGBT cristianos la única iglesia con la que ellos pueden estar es la iglesia que se reúne cada año en este congreso. Es decir, muchos chicos y chicas su única posibilidad de poder congregarse con más creyentes cristianos es este congreso ya que han sido expulsados, rechazados, o vetados de sus iglesias y aun de sus familias. Para todos estos chicos y chicas, este congreso es como un oasis espiritual en medio de ese desierto al que son llevados por su orientación sexual o su identidad de género.

Tuve oportunidad de atender este congreso por primera vez en enero de este año. Fue una experiencia muy muy muy especial porque pude conocer no solo a chicos y chicas LGBT, sino a papás, mamás, familiares, líderes de iglesia, de una variedad de tradiciones cristianas tanto muy tradicionales como más contemporáneas reunidas en un lugar, en un solo Nombre: JESÚS. Este tiempo fue tan enriquecedor porque me permitió conocer chicos y chicas tan especiales que han sufrido por años el rechazo y, yo lo llamaría, la persecución por ser cristianos LGBT.

Algo que me impresionó mucho en este congreso es que, a pesar de que era un congreso para chicos LGBT, el centro no era nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, pero era cómo podíamos ser iglesia unos a otros, cómo podíamos continuar y crecer en nuestro caminar con Dios aún a pesar del rechazo. No solo somos LGBT, sino también somos cristianos, y esto añade una persecución aún mayor a nuestras vidas, una persecución tristemente iniciada, propiciada, alimentada y promovida por nuestros propios hermanos y hermanas en la fe.

Para muchos de nuestros hermanos y hermanas nosotros no somos ni hermanos ni hermanas, sino ajenos a la comunión de este cuerpo de JESÚS que es la iglesia. Es por eso que este congreso es una oportunidad única al año para que chicos y chicas LGBT puedan encontrar reposo y descanso para sus almas en familia, la familia de Dios, esa familia perseguida que aún en la tribulación puede y sabe consolar.

Mientras conducía hoy a la escuela, platicaba con Dios. Esta plática, como muchas otras, es un descanso y un alivio tremendo. En esta plática Dios me permitía reconocer que aun a pesar del dolor, Él sigue haciendo Su obra, y Él me permitía ver que hoy puedo sentirme libre del miedo por ser gay, aún a pesar de que en la iglesia o en mi familia esto representa aún un anatema. Y con una sonrisa pude reconocer esa obra de años que Dios ha hecho para sentirme cercano, acepto y sin miedos delante de Él. No tengo miedo a ser rechazado aún pesar de que está ese dolor por ser alejado de la iglesia.

Y en este tiempo, como dice Pablo en la segunda a carta a los corintios, podemos llevar “en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos”.

 

¿cuándo me consolarás?

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“Desfallece mi alma por Tu salvación, mas espero en Tu palabra. Desfallecieron mis ojos por Tu palabra, diciendo: ¿cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo; pero no he olvidado Tus estatutos.” Salmo 119.81-83

 

Nuestra lucha no es contra personas, sino contra ambientes espirituales de maldad. No es el asesino, o el narcotraficante, o el mal gobierno contra quien debemos luchar, pero sí contra los ambientes espirituales que están influenciando su actuar. Y para luchar, necesitamos luchar con armas espirituales.

Es desalentador mirar a nuestro alrededor y ver cómo la maldad parece haberse multiplicado. Tanto en nuestra nación como en naciones lejanas podemos escuchar de rumores que pudieran impactar nuestra alma y hacernos desfallecer por momentos. El mundo parece caminar hacia un precipicio sin salida y millones caminan detrás de él. ¿Qué podemos, nosotros hombres tan limitados en nuestra fuerza, hacer para impactar este mundo para bien?

El Salmo 119 es una dedicación para exaltar la grandeza de la Palabra de Dios. Algo muy especial que noté esta semana en este Salmo es que hay una fuerte relación entre estar en angustia y esperar en la Palabra de Dios: “quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo” (v20).

No sé si te ha pasado cuando ves todo lo que está pasando a nuestro alrededor llegas a la conclusión que la única solución a todo ello es JESÚS, Su Palabra, Su Reino de justicia. Puedes haber pensado que un buen gobierno solucionará todo el mal, o que buenas leyes harán que hombres actúen correctamente, o que si enseñamos buenos valores a las familias las cosas podrán mejorar. Sin embargo, siempre concluyo que, si JESÚS no cambia el corazón de las personas, ni el mejor gobierno, ni las mejores leyes, ni los valores más sublimes podrán mejorar en mucho lo que vivimos porque siempre volveremos de donde salimos y aun peor.

No estoy subestimando la necesidad de tener buenos gobiernos, o buenas leyes, o buenos valores; por supuesto que todo esto es necesario. Pero todo esto podrá tener un impacto eterno cuando nuestros ojos estén fijados en JESÚS.

Debo confesar que los últimos meses han sido de una carga emocional y espiritual muy fuerte como pocas veces he experimentado. Y cuando busco respuestas en cómo solucionar todo, siempre la respuesta es: solo JESÚS. El dolor que hay en mí por la iglesia de Dios, la angustia que hay por ver a mi país tan sumido en la corrupción y muerte, el golpe que recibe mi alma por escuchar lo que en otros países sucede. Y este Salmo 119 me recuerda de las promesas de Dios, de la excelencia de Su Palabra, de que Dios es fiel a Su Palabra. Porque buenos son sus juicios (v39).

Que jamás Dios quite de nuestra boca en ningún tiempo la palabra de verdad (v42).

despertará su oído

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“Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído”. Job 36.15

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5.3,4

Cada vez que tenemos oportunidad de concluir un ciclo, es de valor poder evaluar nuestro caminar y confirmar cuán bueno y fiel Dios ha sido con los Suyos. Aún en medio de la dificultad, de la prueba, del llanto y la pobreza, Dios ha mostrado Su presencia y cuidado de maneras muy especiales.

Para algunas personas este ciclo llamado 2015 que estamos por cerrar ha sido un tiempo de profunda prueba emocional y espiritual, ha sido un año lleno de retos, de pruebas, de pasos en fe que difícilmente podrían superarse en fuerzas humanas. Yo miro hacia atrás y veo la fidelidad y cuidado de Dios.

Hace un par de días, en medio de una prueba emocional y espiritual muy fuerte, Dios habló a mi vida a través del libro de Job, cuando Dios muestra que en esos tiempos de aflicción, Dios despertará nuestro oído. Y así lo creo porque en esos tiempos nuestra alma y espíritu necesitan estar aún más atentos a la dirección de Dios para evitar ser llevados por la confusión y la duda.

El pobre, dice también en Job, será librado y JESÚS en las bienaventuranzas confirma que de los pobres de espíritu es el reino de los cielos, hombres y mujeres que reconocen su necesidad tan profunda de Dios para enfrentar toda prueba.

¿Ha sido un año de aflicción, de lágrimas, en que te has reconocido pobre de espíritu? Recuerda, Dios está atento a ello y Sus promesas son libertad, un oído despierto y consolación. Permite que Dios en estos últimos días del 2015 esas promesas puedan ser una realidad que se extienda al 2016.

Confío Dios despertará nuestro oído para este 2016 y los años que han de venir.

tu vida te será por botín

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“Pero en aquel día Yo te libraré, dice el Señor, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en Mí, dice el Señor.” Jeremías 39.17.18

Cuando el mundo parece desdibujarse ante nosotros, y la corrupción y la maldad controlan el mundo, pudiera nuestra alma desfallecer en la angustia y el temor.

Hombres amadores de sí mismos, malvados cuyo deseo en su corazón es acabar con la vida de otros y hacer profunda maldad, aquellos cuyos ojos están centrados en el dinero y los placeres y que por esto son capaces de entregar vidas enteras. La maldad, en tiempos como esos, parece que ha dominado al mundo y no hay más solución para tan terrible situación. Esos fueron los tiempos de Jeremías, tiempos de tanta angustia para los hombres de Dios, que vivir en ciudades tan corrompidas causaba terrible dolor y angustia en ellos.

No es que no confiaran en Dios, al contrario, eran hombres que habían entendido que la única respuesta a tanta perversidad era Dios y Su justicia, Dios y Su reino. Por eso, cuando Dios declara que daría “un corazón, y un camino para que me teman perpetuamente” (Jeremías 32.39), se vuelve una promesa que traía consigo una esperanza que este mundo no podría apagar.

En esos tiempos donde todo se desdibuja, en tiempos cuando los malvados parecen vencer y controlar nuestro alrededor, en esos tiempos de confusión y angustia en el mundo, hay algo que no debemos olvidar: que tenemos vida y que eso es suficiente para que Dios siga obrando no solo en nosotros, sino en el mundo.

Somos esos instrumentos de luz llamados a brillar en oscuridad. Somos llamados a vivir confiados sabiendo que no seremos entregados a nuestros enemigos porque ya hemos sido liberados de ellos y ellos no pueden destruir nuestra alma. El mundo necesita de hombres cuya vida es suficiente para declarar quién es JESÚS.

¿por qué JESÚS incomoda tanto al mundo?

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“Sabiendo JESÚS en sí mismo que Sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?” Juan 6.61

El mensaje de JESÚS era una locura para los judíos y demás personas de su tiempo. Aún para Sus propios discípulos muchas de las palabras de JESÚS eran tan duras que los llevaron a decir: “dura es esta palabra, ¿quién la podrá oír?” (Juan 6.60). El mensaje de JESÚS, JESÚS mismo, ponía en jaque tantos paradigmas religiosos, sociales y políticos de su tiempo. Sus enseñanzas, modelos sobre los cuales muchas de nuestras sociedades actuales se han construido, eran un golpe al sentido común de la humanidad entera: camina la segunda milla con aquel que te oprime, ama a tu enemigo y bendice al que te maldice, no respondas mal con mal sino pon tu otra mejilla, no mires con codicia a una mujer porque eso aun es adulterio delante del Padre. JESÚS elevó los estándares de Dios a un nivel tal que hacía imposible en fuerza humana poder cumplirles. JESÚS era en sí mismo el cumplimiento de la ley de Dios.

JESÚS era un dolor de cabeza para líderes religiosos, como hoy en nuestro tiempo lo sigue siendo. JESÚS era un peligro para los líderes políticos de su tiempo, como hoy en nuestro tiempo resulta igual. JESÚS era una locura para la gente de su tiempo, como hoy en nuestro tiempo lo es para el mundo. JESÚS el hombre que dividió la historia con Su solo nacimiento. JESÚS el hombre que causó que un imperio tan poderoso como el romano volteara sus ojos a Él al ver la transformación que Sus seguidores habían causado en unos cuántos siglos. JESÚS el hombre que incomoda nuestro mundo porque pone en evidencia nuestra necesidad de Él, porque fuera de Él la verdadera salvación no es posible. JESÚS: Dios hecho hombre para salvación de un mundo sumido en sus pecados, pecados que lo llevan cautivo a una eternidad en el infierno.

JESÚS no es el hombre que trajo “unicornios rosas” al mundo, sino que confrontó con Su vida las estructuras que soportan al mundo aun hoy en día.

Pero ese JESÚS, ese hombre, Dios hecho hombre, se volvió y es también en nuestro tiempo la esperanza para el mundo, porque JESÚS no sólo exhibe nuestros pecados, sino que muestra también nuestra necesidad de Él como el único camino para salvación. JESÚS, que en su cuerpo llevó todo el pecado del mundo, da libre acceso al Padre a aquel que decide recibir en arrepentimiento y humildad tan hermoso regalo. JESÚS eleva estándares, confronta nuestra vana manera de vivir, nos muestra una vida mejor, nos lleva a un nivel en la relación con el Padre tan íntima que uno queda rendido en profundo agradecimiento, JESÚS nos rescata día a día de un mundo que necesitando tanto a JESÚS corre con desenfreno hacia lo que no aprovecha y termina por matar y matar por siempre.

Nuestra antigua naturaleza será confrontada todos los días por la sola presencia de JESÚS y Su Palabra, pero nuestra nueva naturaleza dada por la fe en JESÚS encontrará en Él y Su Palabra una esperanza que le mantendrá hasta el último día en completa seguridad.

espera en el Señor

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“Aguarda al Señor, esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor”. Salmo 27.14

Cuando las situaciones de nuestra vida parecen ahogar nuestra fe y toda esperanza, un clamor del espíritu sale de nosotros pidiendo al Padre por su pronta respuesta. En ocasiones, ya ni nuestra voz puede oírse audiblemente, pero desde dentro de nosotros ese clamor sale con poder, clamando al único que puede salvar nuestra vida.

Puede que las situaciones que estemos enfrentando hayan sido consecuencia de malas decisiones en nuestra vida. O quizá, puede que esas situaciones sean una prueba de fe cuyo propósito es ayudarnos a crecer. Aún quizá, esas pruebas pueden ser ataques del enemigo que desea derribar nuestra vida. Sea cual fuere la razón por la que nuestra vida está en medio de tribulación, Dios nos manda en esperar en Él.

Esperar en Dios no es quedarnos sentados esperando que todo problema desaparezca por sí solo. Esperar en Dios significa esforzarnos y alentar nuestro corazón con tan bellas promesas que Dios ha dado a nuestra vida. Esperar en Dios requiere que nuestra espíritu su humille delante de Dios y declare que solo Dios puede salvarnos. Esperar en Dios requiere que le busquemos de verdad en toda oración, en toda súplica.

Las grandes batallas de fe se libran en oración, en el clamor a Dios, en esperar en Él. Cuando todo parece haber perdido sentido, cuando la vida parece toda sin propósito alguno, cuando a nuestro alrededor nada brinda esperanza a nuestra alma, cuando aun los más cercanos parecen lejanos, cuando ya cansados de toda lucha queremos dejar todo, Dios dice: espera en Mí, que Yo no tardo.

no tardes

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Te esperamos, aquí confiados

en Tu llegada

anhelando tu presencia

donde de Ti todo se trata.

 

¿por qué tardas? clama mi espíritu

espera, no tardo. Tu espíritu habla,

el tiempo aun es y aun no es

pero llegará y será y estaré

y jamás me iré.

Me consuelas y espero.

Te espero, no tardes.

 

el mundo me duele y te duele

y lloras tanto, y yo lloro contigo.

me abrazas y te abrazo

entre el dolor y la esperanza

de verte y vivir con nosotros.

 

¿qué anhelas más:

reinar en justicia

o habitar en Tu pueblo?

porque habitas en justicia

en medio de los tuyos

que esperan.

Te esperamos.

 

no tardes, ven pronto.

la novia y el Espíritu

con clamor gritan:

¡ven ya!

 

ven pronto. Te espero.

ven pronto. Te anhelo.

ven pronto. Soy Tuyo.

no tardes.

Sin esperanza. Hay esperanza.

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LA música de alguna agrupación del norte de México sonaba intensa a medida que nos acercábamos al lugar. El sonido de los tambores típicos de la música popular mexicana, de la voz de quien entonaba aquella canción se hacían cada vez más molesto para los oídos de aquel que siempre había sentido cierto desagrado por ese tipo de música por la carencia de un mensaje justo y la insistencia enfermiza de narrar amores corruptos o vidas de “héroes” del pueblo que se dedicaban a ganancias ilícitas. Esta música salía de un auto ostentoso que estacionado a un costado del restaurante tenía las puertas abiertas para que la música pudiera escucharse con mayor intensidad.

Al llegar a ese lugar donde se disponía a comer junto con dos estimadas amigas, aquel hombre miró con molestia a algunos trabajadores del lugar debido a la permisividad para tener una música que nunca antes aquel hombre había escuchado ahí, y más la molestia por la intensidad del sonido que lastimaba a los oídos. Al entrar al lugar, después de expresar su molestia con la mirada, el hombre caminó hacia el baño y alcanzó a ver  los que parecían ser los dueños del auto y los aficionados a  la música: dos hombres, uno sin camisa pero cubierto su pecho y espalda con vendas que sostenían a un brazo que parecía haber sido herido, el otro hombre con una mochila pequeña que sujetaba con cuidado.

El recién llegado hombre, dentro del baño, apagó su molestia al deducir que aquellos hombres eran narcotraficantes y que cualquier intento por pedirles mesura en el sonido de la música tendría consecuencias ya conocidas que podrían llegar a la muerte en un país donde portar un arma y ser narcotraficante es algo que se escucha con frecuencia. Dentro del baño, el hombre escuchó dentro sí Aquella voz que le decía: ten cordura y ora por ellos para que este lugar esté en paz y no haya consecuencias. Y así sucedió.

Al salir y tomar asiento en la mesa donde sus amigas estaban, el hombre observó los ojos de alguno de aquellos otros y entendió la mayor lucha que los hombres del narcotráfico enfrentan: la nula esperanza de una vida que va encaminada a la muerte. Y es que estar dentro del narcotráfico sólo, pareciera, tiene una salida: morir. Aquí surgió la mayor oración a Dios para ellos: Padre, lleva a ellos esperanza de una vida diferente, de una vida con vida, de una vida que Tú puedes restaurar aún ahí donde todo indica que morir es la única salida, pero donde Tú puedes hacer vidas nuevas y restaurar lo corrompido.

———

Sé que Dios hará grandes milagros en ellos,  y en muchos otros en Jesús. Porque lo ha hecho y el testimonio de vidas transformadas cuando el Espíritu llama a vida es innegable.

Sé que Jesús es grande para salvar de una vida sin esperanza. Hay esperanza en Jesús.