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sanaré su tierra

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“si se humillare Mi pueblo, sobre el cual Mi Nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” 2 Crónicas 7.14

 

La tierra clama con gran angustia. No hay lugar donde el dolor que la creación experimenta no se haya hecho escuchar. Pareciera que no hay esperanza. Que los malos ganan. Que nuestro planeta no tiene alguna salida para terrible destrucción.

Podemos escuchar por muchos lugares el clamor y el dolor, la angustia y la desesperación. Los hombres se vuelven contra su hermano, y las naciones buscan vanidad. No hay quien haga lo bueno. No hay quien busque a Dios. Pareciera que el mundo ha sido entregado a su propia maldad, a esa maldad que hemos propiciado y alimentado nosotros mismos por generaciones.

¿Es eso solamente lo que vemos?

La Palabra de Dios es un libro lleno de esperanza, y no es cualquier esperanza, es una esperanza cierta, que no perece. Cuando miramos a nuestro alrededor y solo vemos destrucción y muerte, maldad y pecado, necesitamos ir más allá, necesitamos no dejarnos vencer por la desesperanza y sembrar en nuestro corazón una esperanza viva que solo puede estar fundamentada en la Palabra viva y de verdad. Necesitamos comenzar a ver con ojos espirituales tan desoladora realidad.

Algo maravilloso es que lo que vivimos tanto en lo personal como como iglesia o país es algo que la Biblia nos advierte, y aún más, que hijos de Dios y el pueblo mismo de Dios ya ha enfrentado, y a través de sus historias podemos nosotros podemos aprender fe.

Hay una promesa que Dios me ha permitido recordar en estas semanas, y esa promesa es verdaderamente especial: Dios sanará nuestra tierra. Pero, ¿cuándo? El segundo libro de Crónicas lo describe: cuando el pueblo de Dios se humillare, orare, buscare el rostro de Dios y se convirtieren de sus malos caminos. Cuatro aspectos que para el corazón de un hombre alejado de Dios son imposibles y, en cierto grado, podrían ser menospreciados. Es por eso que la primera predicación de Juan el Bautista y de JESÚS son tan esenciales aún para nuestro tiempo: arrepiéntanse.

Creo que el arrepentimiento involucra esos cuatro aspectos narrados en Crónicas. El arrepentimiento requiere de humildad, el arrepentimiento nos mueve a orar, el arrepentimiento nos lleva a buscar el rostro de Dios, el verdadero arrepentimiento nos convertirá de nuestros malos caminos.

No hay mayor predicación de JESÚS tan relevante para nuestros días que el arrepentimiento.

Al meditar en que Dios tiene el poder para sanar nuestra tierra, pensaba yo que era nuestra tierra física, nuestro planeta, sin embargo, pude también entender otro tipo de tierra: nuestro corazón. Dios podría sanar nuestra tierra física, nuestro planeta, pero si el corazón del hombre no es sanado, de nada servirá. Lo podemos constatar en el pueblo de Dios una y otra y otra y otra vez.

Esa oración de David se vuelve muy importante: crea en mí un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí.

¿Anhelamos la sanidad de la iglesia, de la ciudad, del país, del planeta entero? ¿Qué tanto estamos dispuestos en ser sanados primeros en nuestro corazón? Dios traiga un tiempo de verdadero arrepentimiento en medio de Su pueblo.

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lo que bien le parecía

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“En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Jueces 21.25

 

No conocí a mi abuelo paterno. Él falleció cuando mi papá tenía doce años y el único conocimiento que tengo de mi abuelo es a través de las pláticas que nos contaban mis papás, mi abuela paterna, mis tíos y aun mis abuelos maternos que le conocieron. Algunas fotos de él pueden darme una idea como era físicamente, y sobre su forma de ser solo tengo esas narraciones familiares. De acuerdo a esas pláticas mi abuelo era un hombre serio, muy estricto, que había estado en el ejército peleando en la Guerra Cristera.

En cambio, sí pude conocer a mi abuela paterna y a mis dos abuelos maternos. Gracias a la relación que tuve o he tenido con ellos he podido realmente conocerles personalmente. Difícilmente alguien puede decirme algo respecto a ellos y no validar si es verdad o mentira ya que tengo ese conocimiento previo que a través de las relaciones se van creando. La relación con alguien nos permite realmente conocer a alguien.

Cuando el pueblo de Israel es guiado por Dios a través de Josué a conquistar la tierra prometida (esa gran promesa de siglos atrás que empezaba a tomar forma), el pueblo sabía quién era Dios no solo a través del tiempo vivido en el desierto sino por la ayuda que Dios les dio para conquistar toda esa tierra. De hecho, el libro de Josué en sus últimos versículos dice: “Y sirvió Israel al Señor todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que el Señor había hecho por Israel.”  (Josué 24.31).

Algo pasó después de esta generación. Parece como si hubiera habido una desconexión entre esta generación que sabían de Dios, y las generaciones siguientes que hacían lo que bien les parecía. Una desconexión tan grave que pervirtió al pueblo a tal grado que creían estar adorando a Dios, pero lo estaban adorando como los pueblos paganos que les rodeaban: levantaban ídolos, sacrificaban personas, etc. El libro de Jueces narra esta tragedia.

Lo que había pasado con las generaciones futuras de Israel es que su conocimiento respecto a Dios se basaba en, quizá, narraciones de otros y no en una verdadera relación con Dios. Cada quien fue formándose una idea de Dios, sin saber realmente quien era Dios.

Dos personajes del libro de Jueces donde se percibe esta situación son Gedeón y Jefté. Ambos hombres fueron usados por Dios para liberar al pueblo de Israel de la opresión, pero una vez que Dios les usa ellos hacen cosas realmente contradictorias. Gedeón utilizó el oro que tomaron como botín y con él hizo un ídolo haciendo que todo Israel se prostituyera tras ese ídolo (Jueces 8.27). Por su parte, Jefté hace una promesa a Dios muy extraña y pagana, básicamente le dice: Dios si nos entregas a los amonitas, yo ofreceré como holocausto a la primera persona que salga de mi casa. Dios les da la victoria y la hija de Jefté es la que primera que sale de su casa.

Uno pudiera entender, en el caso de Jefté, que Dios les dio la victoria porque iban a ofrecerle holocausto, pero esto es contrario a las leyes que Dios ordenó a Moisés y aún peor, este tipo de holocausto de personas eran comunes en los pueblos paganos de los alrededores.

Lo trágico de este tiempo que se narra en los Jueces más allá de los ídolos que el pueblo de Israel se creó, era la falta de conocimiento de Dios, la falta de conocimiento del verdadero carácter de Dios. Cada quien hacía lo que bien le parecía.

El riesgo para los cristianos no es en nada diferente. Una gran tragedia en la que podemos caer como cristianos es creer conocemos a Dios cuando realmente no le conocemos. Y la mejor forma de conocer el carácter de Dios es través de una relación diaria y continua con Él. En una relación con Él, uno puede entender que Él es fiel, que Él es Santo, que Él es poderoso, que Él es misericordioso, y muchas cualidades más.

Nuestro tiempo en esta tierra es tan breve que alcanzar a conocer a Dios en toda su plenitud será imposible. Pero de esa relación continua con Dios dependerá toda nuestra vida.

Dios guíe a Su pueblo a verdaderamente desarrollar una relación inquebrantable con Él.

voz que clama en el desierto

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“Consolaos, consolaos, pueblo Mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano del Señor por todos sus pecados.

Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.” Isaías 40.1-4

 

Imagina que te encuentras en un tiempo de sequedad, en un desierto. Un tiempo en el que las pruebas abundan y los problemas parecen no terminar. La persecución se ha levantado contra ti y contra los tuyos. La tristeza parece dominar tu alma. La muerte parece estar a la puerta. Imagina que llega gente malvada y comienza a llevarse a tu gente, secuestrados, esclavizados, cautivos. Tiempos en los que por más que miras hacia el cielo, parece que no hay respuesta que venga de ahí.

Has meditado en tus caminos y has encontrado que por generaciones los tuyos se han alejado de Dios de maneras terribles. Terribles cosas se han hecho en la nación donde vives. Parece que la maldad y el pecado también abunda dentro de tu gente, de tu pueblo, a tu alrededor.

¿Puedes imaginarlo?

 

Cuando el profeta Isaías escribe, esa era la condición del pueblo de Israel. El profeta Isaías veía toda la maldad alrededor suyo y, además, veía esa maldad también en él. Parecía que no había esperanza, que no había salida, que todo lo que pasaba era porque lo merecían, porque Dios estaba muy muy muy enojado con ellos… y con razón.

Pero el profeta Isaías no fija sus ojos en su alrededor, sino que fija sus ojos en Dios. Él sabía que nuestro Dios había prometido tiempos de libertad si se volvieran a Él. Que Él cumpliría cada una de Sus promesas porque Su Palabra nunca vuelva vacía.

Isaías era como una voz que clamaba en el desierto. Era como un hombre que en medio de tanta maldad clamaba a Dios para interceder por el pueblo, hablaba al pueblo para que se convirtieran de sus malos caminos, que regresaran su corazón a Dios. Isaías era un hombre que aun en medio de ese desierto, clamó a Dios.

Cuando JESÚS inicia Su ministerio en la tierra había alguien antes de Él que a veces podemos pasar desapercibido: Juan el Bautista, de quien habla esta profecía en Isaías 40. Juan el Bautista es llamado a algo poco común: clamar desde el desierto tiempos de libertad para el pueblo de Dios. De hecho, Juan el Bautista es quien inicia con la predicación del arrepentimiento y el bautismo, buscando que los hombres se volvieran de su maldad. Juan el Bautista llega a incomodar tanto con su predicación que es encarcelado y asesinado. Juan el Bautista entendió desde mucho antes quién era él y quién es JESÚS. Juan el Bautista preparando el camino para cuando JESÚS llegara.

Hoy a nuestro alrededor las condiciones pueden no ser muy alentadoras. En tu familia, en tu iglesia, en tu país, en todo tu alrededor. Pareciera que no hay salida, que todo lo que ocurre nos lo merecemos y que no habrá respuesta ni solución. Sin embargo, Dios busca de voces que clamen en este desierto, que preparen camino al Señor. Voces que con profunda angustia y dolor, piden por todos aquellos que sabiendo que son malos, Dios quiere salvarles, Dios quiere limpiarles, Dios quiere consolarles.

¿Te duele tu país? ¿Ves una urgencia de la mano de Dios en medio de ese caos? Clama a Dios, deja que Dios traiga consuelo y libertad alrededor tuyo.

cuando él hubo orado

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“Y quitó el Señor la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todo los que antes habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que el Señor había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo el Señor el postrer estado de Job más que le primero;” Job 42.10-12a

 

La historia de Job tiene siempre una enseñanza para todos, especialmente para aquellos que en tiempos de aflicción se encuentran. Si atraviesas un tiempo de dificultad en salud, en tus emociones, en lo espiritual, con tu familia, o cualquier situación difícil, el libro de Job trae no solo aliento, sino también nos permite ser confrontados, aliviados, motivados.

La historia de Job, muy bien estructurada literariamente, contiene una serie de discursos entre Job y sus cuatro amigos después de que Job se encuentra en una situación tan difícil que él desea su muerte. Sus amigos, tratando quizá de ayudar, no traen más que más cargas emocionales y espirituales a Job ya que lo acusan de que todo ese mal que Job atraviesa es porque hay pecado en su corazón del cual no se ha arrepentido y apartado. El hombre justo descrito al principio, ahora acusado por sus amigos. Job intenta defenderse sin mucho éxito.

Uno solo de sus amigos, el más joven, trae una tercera opción, una opción que se centra en la soberanía y sabiduría de Dios.

Cuando Dios responde a Job, lo confronta, lo alienta, y lo restaura. Hubo algo que en esta ocasión pude identificar: Job fue restaurado hasta que oró por sus amigos (42.10). Dios pidiéndole primero a Job que liberara su alma de toda amargura que pudo haberse anidado en su corazón en ese tiempo de prueba: perdona, Job, pide a Mí por tus amigos.

Hay algo maravilloso de los tiempos de prueba y es que estos revelan lo que en nuestro corazón hay. Y esto no es malo, sino como respondemos a esa revelación. Es mejor saber que algo está mal en nuestra vida y corregirlo, que nunca saber (o ignorar) que algo está mal que terminará por arrastrarnos.

Los tiempos pueden ser difíciles, y quizá no vemos salida. Quizá has anhelado, como Job, la muerte y has orado a Dios para que tu vida sea concluida, pero Dios aún tiene el control. Dios aún está bajo control de todo, nada se le ha escapado de Sus manos. ÉL ES FIEL.

No ceses de orar, de buscar en intimidad el consejo, la presencia de Dios. Consuela tu alma en la presencia de tu Dios, quien busca guiarte en medio de este tiempo. Dios es un Dios cercano. Deja que tu corazón sea sanado. Deja que tu alma sea consolada. Deja que tu cuerpo sea sanado.

Dios sane a cada hijo suyo en este tiempo. Dios traiga verdadera sanidad a nuestras vidas.

en el poder del Espíritu

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“Y JESÚS volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió Su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.” Lucas 4.14,15

Dios no nos deja en el desierto para siempre como si se tratase de un Dios malvado. Si bien Él puede llevarnos al desierto a través de Su Espíritu, Su propósito es que crezcamos a la estatura de Cristo, a Su carácter. Esos desiertos son tiempos de pruebas que nos ayudan a entresacar lo precioso de lo vil, a revelar lo que hay en nuestros corazones, lo que estorba para que nuestra vida crezca en fe, en madurez, en carácter, en Su conocimiento, para ser más como JESÚS.

Cuando JESÚS regresa del desierto, Él regresa en el poder del Espíritu. Aquí vemos un paralelismo muy interesante: JESÚS es llevado por el Espíritu al desierto, y cuando regresa del desierto el poder del Espíritu estaba en Él. Pensemos por un momento: JESÚS es Dios, ¿por qué necesitaba el poder del Espíritu?

Nuestro Dios es un Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu. Cuando JESÚS regresa del desierto, vemos que esa comunión entre las tres personas de Dios se muestra en su esplendor: JESÚS tenía una comunión diaria con el Padre, y cuando regresa del desierto el Espíritu estaba en Él. El Espíritu de Dios que es dado a la iglesia para revelarnos a JESÚS cada vez más, para poder ser testigos de JESÚS en todo rincón de la tierra.

Ahora imagina, cuando vemos a JESÚS a través de los evangelios no sólo vemos a la segunda persona de la Trinidad, sino que también el Espíritu estaba con Él. Es impresionante de solo imaginarlo.

JESÚS volvió con autoridad, con confirmación, con esplendor del desierto. JESÚS siendo guiado a través del Espíritu en esa comunión diaria con el Padre. JESÚS siendo revelado a los hombres por el Espíritu.

Después de atravesar por desiertos oscuros, una labor importante para cada hijo de Dios es evaluarnos: ¿crecimos? ¿somos más como JESÚS? ¿el poder del Espíritu está en nosotros?

Suelo ver los procesos de Dios como una escalera, donde cada escalón es como un proceso o una parte de un proceso completada. Esos desiertos son parte de esos procesos y cuando Dios nos lleva en victoria a través de esos desiertos, logramos subir al siguiente escalón. Lo importante de esos procesos, de esos desiertos, es crecer y ser más como JESÚS.

Estamos por concluir un año y sería de gran valor evaluar nuestro caminar con Dios. Identificar los aciertos y también las fallas y aprender de ellas. Y sobretodo confirmar que en este año JESÚS ha sido formado cada vez más en nosotros por el poder de Su Espíritu.

Dios guíe cada día de nuestra vida como un tiempo de crecimiento a la estatura del Varón Perfecto, JESÚS.

especial tesoro

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“Entonces los que temían al Señor hablaron cada uno a su compañero; y el Señor escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de Él para los que temen al Señor, y para los que piensan en Su nombre. Y serán para Mí especial tesoro, ha dicho el Señor de los ejércitos, en el día en que Yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre lo justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” Malaquías 3.16-18

“Después subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él.” Marcos 3.13

Cuando el Antiguo Testamento concluye con el libro de Malaquías, algo que es importante notar es que no concluye con grandes obras de parte de Dios, o la presencia de Dios manifiesta como se narra en los tiempos de Salomón. De hecho, después de que el pueblo regresa de la cautividad para reconstruir la nación y el templo, todo queda como en pausa, como un tiempo de expectativa.

El pueblo había regresado, había reconstruido la ciudad y el templo y se esforzaban en guardar la ley de Moisés, pero algo hacía falta: la presencia de Dios.

Las profecías dadas al pueblo de Israel a través de los profetas antes de la cautividad, durante la cautividad y después de la cautividad, vaticinaban un tiempo excepcional para Su Pueblo, pero no llegó justo después del regreso de la cautividad, sino que sería necesario varios siglos para que la primera profecía sobre el Mesías fuera cumplida.

Esos 400 años después de Malaquías y hasta Mateo nos hacen preguntarnos: ¿qué pasó en el pueblo de Israel, especialmente con sus líderes religiosos, para que su corazón se haya endurecido tanto y sus ojos se hayan cegado tanto que no pudieron ver y reconocer a JESÚS cuando Él llegó a la tierra? Creo que la respuesta fue que era tal su preocupación por guardar la ley que convirtieron todo (desde el corazón) en simples reglas religiosas que cumplir sin entender el propósito en ellas: revelarnos al Mesías. Se olvidaron que detrás de las leyes, hay un Dios que anhelaba para sí un pueblo propio, un pueblo que sí, celoso de buenas obras, y también un pueblo con anhelo ferviente por Su Dios, por habitar con Él, por contemplarle, Dios cercano, Dios amando a Su especial tesoro.

Y el riesgo que el pueblo de Israel enfrentó de convertir toda enseñanza y toda ley en meros preceptos de hombres sin propósito alguno puede ser también una realidad para nuestra iglesia, para nuestro tiempo. Lo que me ha asombrado en el último año es ver cómo la obra del Espíritu en la iglesia primitiva llevó a los creyentes a confrontar estructuras de hombres justificadas con la ley de Dios. Y no es que Dios haya negado Su ley, pero sí reveló a través de Su Espíritu el propósito de la ley: llevarnos a Cristo.

Y algo aún más asombroso es cuando JESÚS declara que toda la ley y todos los profetas se cubren en dos mandamientos: amarás a Dios con todo tu ser, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y esto es asombroso porque nos permite continuamente evaluarnos respecto a cuál es nuestra motivación detrás de nuestra obediencia a la Palabra de Dios: mero quehacer religioso o un profundo amor a Dios y a los hombres.

Es aquí donde recuerdo aquel video del pastor de Willow Church donde comparte: si algo valora Dios en gran manera son a las personas. Lo podemos ver a lo largo del Antiguo Testamento cómo Dios anhelaba, atesoraba a Su pueblo. Y no es que Dios vaya a hacer a un lado Su ley y Su Palabra por los hombres, pero sí sacrificó a Su Hijo JESÚS por amor a los hombres. ¡Esto es impresionante! ¿Puedes ver en cada persona (conocidos y desconocidos que ves en la calle) el amor que Dios tiene por ellos?

Porque si algo Dios valora grandemente son las personas, Su pueblo, Su especial tesoro. Y así como Dios nos amó, debemos nosotros amar a los demás. ¿Imposible verdad? Pero no con la ayuda de Su Espíritu.

Dios levante a Su iglesia con un corazón lleno del verdadero amor por Él y por las personas. Dios nos lleve a niveles donde podamos experimentar Su amor de tal manera que nuestro primer impulso sea amarlo a Él cada vez más y las personas que nos rodean. Dios guíe a Su iglesia en Su amor verdadero y puro.

¿quién extenderá su mano contra el ungido del Señor?

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“Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tus manos; ahora, pues, déjame que lo hiera con la lanza: lo clavaré en tierra de un golpe, y no le hará falta un segundo golpe. David respondió a Abisai: No lo mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido del Señor?  Dijo además David: ¡Vive el Señor!, que si el Señor no lo hiriera (sea que le llegue su día y muera, o descienda a la batalla y perezca), guárdeme el Señor de extender mi mano contra el ungido del Señor. Pero ahora toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonos.” 1 Samuel 26.8-11

“Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.” Hechos 23.3-5

 

Durante este más de un año que he enfrentado este proceso en mi iglesia local debido a mi sexualidad, un tema que siempre ha estado presente es el de cómo honrar a mis autoridades aun cuando nuestras perspectivas y entendimiento de la Biblia respecto a la orientación sexual y la identidad de género es diferente y, aún más, opuestas. Creo profundamente que Dios respalda a nuestras autoridades no sólo en la iglesia sino en nuestra sociedad, en nuestra familia, en nuestro trabajo. Y es deber nuestro obedecerles en la medida en que sus ordenanzas no contradigan la Palabra de Dios sin dejar en ningún momento de honrarles.

Por varios años antes de hablar con mi pastor y mi líder de alabanza sobre mi sexualidad, continuamente le preguntaba a Dios si es que estaba honrado a mis autoridades ya que yo quería ser honesto con ellos, pero sentía Dios me decía no era aún tiempo. Y pude ver la mano de Dios de una manera sorprendente en todos estos años y, aun más, durante este proceso que estoy viviendo.

Mientras meditaba en si estaba honrado a mis autoridades, Dios traía a mi mente dos personajes de la Biblia que enfrentaron situaciones muy fuertes ante sus autoridades: David y Pablo.

David fue llamado a ser rey cuando aún había rey en Israel. David entendía perfectamente que la voluntad de Dios era establecerlo a él como rey reemplazando a Saúl, pero algo sumamente importante y hermoso del corazón de David es que entendió que no sería en fuerzas humanas, sino en los tiempos de Dios. Aún más, David entendía completamente que Saúl era y que había sido establecido por Dios, aun cuando Dios ya había dispuesto entregar el trono a David, pero David sabía que Dios sería el que confirmaría su reino. Por su parte, Saúl emprendió una lucha terrible en contra de David, buscó matarle. Pero Dios guardó la vida de David y, sorprendentemente, David tuvo oportunidades de matar a Saúl, pero David entendía que Saúl era el ungido de Dios, y que no alzaría su mano en contra de él. David tenía un corazón tremendamente humilde para entender la autoridad de Dios sobre Saúl aun cuando éste intentó matarle.

En el caso de Pablo, su historia es sumamente contrastante. Al principio, Pablo es narrado en la Biblia como un enemigo de Dios (aun a pesar de que Pablo creía que estaba haciendo la “voluntad” de Dios al matar cristianos). Pero después de su encuentro con JESÚS su vida cambia tan drásticamente, que se convierte en uno de los mayores misioneros en el mundo antiguo. En un momento en que Pablo estaba encarcelado, es llevado al concilio y Pablo no pierde oportunidad para intentar predicar de Cristo ante ellos. Lo único que logra es que el sumo sacerdote lo mande a golpear mientras hablaba y Pablo, sin saber que era el sumo sacerdote, le dice: pared blanqueada, Dios te golpee a ti. Cuando los hombres ahí le hacen ver a Pablo que con quien hablaba era el sumo sacerdote, Pablo humildemente pide perdón por sus palabras y reconoce la autoridad que Dios había puesto sobre el sumo sacerdote aún a pesar de que éste estaba obrando en contra de Pablo y la obra de Dios a través de la iglesia primitiva.

Lo que Dios me permitía aprender a través de la vida de David y Pablo es que las autoridades que Dios ha establecido cumplen un propósito que viene de Él aun cuando parece que estas autoridades pueden estar obrando en contra de la voluntad de Dios. Y si así fuere, nuestro deber es honrarles. Y honrarles tiene mucho que ver con reconocer en ellos la unción (la confirmación) de Dios como autoridades y debemos respetarles. Más honrarles no es obedecerles ciegamente y más cuando es claro que su actuar y ordenanzas son contrarias a la Palabra de Dios. Algo que he podido aprender es que nuestras autoridades también son humanos, con luchas, con virtudes, con oportunidades.

Pero, ¿Qué hacer cuando vemos que nuestras autoridades no obedecen la Palabra de Dios? ¿Qué hacer cuando Dios nos llama a hablar ante nuestras autoridades y existen fuertes probabilidades de que seremos rechazados, vetados y aun apartados de nuestra iglesia local?

En mi caso, ese tema fue sobre mi sexualidad y cómo Dios me permitió reconciliar mi fe y mi sexualidad a través de Su Palabra, y de cómo como iglesia hemos respondido en contra de las personas LGBT de una manera sumamente hostil.

Cuando enfrentamos esos dilemas con nuestras autoridades, lo que he podido aprender es que necesitamos buscar en oración la guía de Dios, esperando en Sus tiempos y no en los nuestros. Lo segundo es buscar en todo momento respetar a nuestras autoridades, teniendo siempre presente que ellas han sido establecidas por Dios para un propósito Suyo. Y lo tercero es, con una profunda reverencia, amor y un limpio corazón (motivaciones verdaderamente honestas y que vienen de Dios), el plantear a nuestras autoridades ese mensaje que Dios nos ha confirmado.

En este tiempo en el que vivimos, nuestras autoridades en todo ámbito (político, familiar, religioso, etc.) están siendo atacadas y cuestionadas, al grado que su actuar puede estar contradiciendo fuertemente la Palabra de Dios y la obra del Espíritu. Un problema aún mayor es cuando vemos a nuestras autoridades como enemigos a vencer y no como personas a quienes restaurar y honrar a través de la guía del Espíritu.

Dios guíe a Sus hijos a honrar a nuestras autoridades siendo siempre guiados por el Espíritu de Dios que habita en nosotros.

el espíritu de adopción

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“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” Romanos 8.14-16

 

Si alguien me preguntase en este tiempo de prueba como es que he podido sobreponerme y seguir caminando, mi única respuesta sería: ha sido el Espíritu de Dios. No hubiera podido solo, no hubiera sido capaz de hacer algo en mis fuerzas, no hubiera siquiera podido hablar cuando era necesario, o actuar cuando era importante hacerlo.

La única certeza que tengo que este tiempo es un tiempo que Dios ha preparado es la certeza que el Espíritu me ha dado a través de Su Palabra y de Su comunión diaria. Algunos pensarán que ha sido arriesgado, otros podrán decir que estoy yendo contrario a muchas cosas, y otros tantos podrían considerarme como un falso cristiano. Sin embargo, si algo me ha sostenido hasta este día es esa convicción que el Espíritu da día a día a mi espíritu que hijo soy del Padre.

Quisiera poder transmitir esa convicción y certeza con estas letras, pero esa convicción en lo espiritual es mucho más grande. Es saberse cercano a Dios, saberse amado por Dios, saberse guiado por Dios. Es el Espíritu recordando momento a momento que Dios es nuestro Padre y que nada, ni la vida, ni la muerte, podrán separarnos de Su amor en Cristo JESÚS.

Podrán los amigos volverse ajenos. Podrán los hermanos volverse lejanos. Podrán nuestros seres amados volverse en nuestra contra. Pero el amor de Dios permanecerá, y siempre seremos hijos Suyos a través de Cristo, Señor nuestro.

“Eres hijo mío”, Dios nos susurra al oído. “Eres hijo amado”, Dios lo declara a cada instante. “¡Creador tuyo, oh Jacob!”, declara en Su Palabra. Y esta convicción del Espíritu Santo de que somos hijos de Dios en JESÚS, es asombrosa. Y declaramos: ¡papito amado, Abba Padre!