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se les llamó cristianos

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“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11.25,26

 

El término “cristiano” es tan popular en nuestros tiempos que podemos perder de vista como es que este término surgió para referirse a los discípulos del Señor JESÚS. La primera referencia de este término en la Biblia la encontramos en libro de Hechos y, según algunos estudios, sugieren que el término fue creado por los no creyentes de Antioquía para hacer burla o mofa de los discípulos, como una forma de insulto o humillación. Algunas otras personas sostienen que el término fue creado por los creyentes para referirse a sí mismos.

Sea cual fuere el surgimiento del término, el uso de él para referirse a algunas personas en la iglesia primitiva resultaba ser peligroso y, para algunos, podría ser causa de persecución. Hoy en nuestros días, el uso del término en lugares donde la población cristiana es minoría, también resulta en una persecución.

¿Por qué es importante tener presente el origen y las implicaciones del término “cristiano”? Hay una historia personal con la que puedo asociarme mucho y que puede ayudar a entender el impacto de entender el origen y sus implicaciones. Cuando una persona se refiere a otra con un término de burla u ofensa, este término puede resultar en una carga emocional y espiritual para la otra persona. Por ejemplo, el término “gay” sigue siendo usado para insultar a otros, de hecho, una gran parte de los hombres se pueden sentir ofendidos si ese término se usa con ellos.  Otro término, que ahora es considerado discriminatorio, es el que se usaba para referirse a las personas afroamericanas en la década de los 60s y anteriores: “negro”.

Imagina ahora, la iglesia primitiva, que para ser humillada se usaba el término “cristiano”. Al pasar de los años, esos términos se vuelven una identidad de grupo. Hoy el ser llamado cristianos no resulta en una ofensa, sino en una identidad. El término gay, por ejemplo, es un término que es usado para identificar a un grupo de personas cuya orientación sexual es hacia el mismo sexo. Ser gay, en lo personal, no resulta más en una ofensa sino en algo que describe una parte de nosotros, una parte de nuestra identidad. Ese término describe una parte de nosotros.

Cuando el resto de las personas crean términos para “diferenciar” a otros y colocarlos en un nivel de inferioridad y humillación, eso resulta en algo que puede ser una carga emocional y espiritual para ese grupo al que se humilla. Sin embargo, si ese grupo al que se humilla toma ese término y lo toma como parte de su identidad, entonces ese término resulta en algo poderoso.

El ser cristiano describía a aquellas personas que habían rendido su vida a Cristo y estaban por tanto viviendo una vida que claramente reflejaba que ellos eran discípulos, una vida diferente. Si bien eso era causa de oprobio, también era una motivación.

Como humanos siempre buscamos diferenciar y, al trata de diferenciar, sentirnos superiores a otros: americanos y latinos, heterosexual y gay, hombre y mujer, rubio y moreno, alto y chaparro, flaco y gordo, y la lista puede seguir. El problema radica cuando cualquiera de esos grupos usa su identidad para menospreciar y humillar a otros. Puede pasar, y está pasando, con los cristianos. Cristianos que siendo mayoría y sintiendo una “superioridad” moral, usan ese “estatus” para menospreciar a otros.

No olvidemos que un día, nuestros antepasados fueron humillados también con el simple hecho de ser llamados cristianos. Recordemos que ese término fue un tiempo usado para humillar, pero que ahora para nosotros representa una parte de nuestra identidad. Cuidamos nuestras palabras, especialmente aquellas que usamos para referirnos a otros.

¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.

les será dicho: son hijos del Dios viviente

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Ustedes no son pueblo Mío, les será dicho: Ustedes son hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

 

Las promesas de Dios son vivas, son ciertas, no perecen. Leer la Palabra de Dios es un testimonio de ello. Promesas dadas a hombres imperfectos, pero con un corazón rendido a Dios, que creían cada palabra que Dios decía. Algo maravilloso de estos hombres es ver la confianza de que lo que Dios decía se cumpliría, aun cuando a ellos no les fuera dada la oportunidad de ver el cumplimiento de la promesa.

Hace algunos años Dios me permitía reflexionar: ¿cuántas promesas de parte de Dios dadas a nuestros antepasados se están cumpliendo en nuestra vida? Y concluía: somos herederos de promesas.

Al comenzar a leer el libro del profeta Oseas, que es escrito en tiempos en que el pueblo de Israel está dividido en dos reinos (Judá e Israel) y está enfrentando tiempos de una corrupción moral muy fuerte, uno puede percibir una “decepción” de parte de Dios por Su pueblo, pero Dios no se queda ahí, más que una decepción es un dolor por Su pueblo. Después de cada profecía que vaticinaba terribles consecuencias por el pecado del pueblo, Dios habla libertad, habla promesas que dan esperanza.

Específicamente al comenzar a leer el capítulo uno de Oseas, encontramos esta promesa: a ustedes que les era dicho que no eran Mis hijos, serán llamados Mis hijos, hijos del Dios viviente. Mientras leía esta promesa, pude relacionarme mucho con ella.

Como cristiano gay continuamente nos es dicho que no somos hijos de Dios, y a veces llevados lejos del pueblo de Dios debido al rechazo. Pero cuando leemos esta promesa, en Oseas, en lo personal pude identificarme con ella, Dios recordándonos que aquellos que han sido hechos lejanos del pueblo de Dios, serán ahora hechos cercanos y llamados hijos de Dios.

Cuando JESÚS viene a la tierra y a través de Su ministerio nos muestra una parte del Reino de Dios que no hace distinción, que buscar acercar a todos a Dios, es cuando esta promesa cobra un significado especial. Imagina al enfermo, al extranjero, al rechazado, a la mujer samaritana o a la mujer adúltera, a los cobradores de impuestos que les era dicho que no tenían parte dentro de la congregación de Dios. Ahora, este texto tiene un cumplimiento especial cuando JESÚS nos lleva a comprender el Reino de Dios de una manera mucho más profunda.

Quiero invitarte a recordar y meditar en aquellas promesas que Dios ha dado a tu vida. No solamente ciertos versos de la Biblia que se nos dan como pueblo e hijos de Dios, sino aquellos versos de la Biblia, aquellas promesas que Dios ha hablado específicamente a tu vida. ¿Puedes recordar alguna? Ahora, medita en ella y descansa en la fidelidad de Dios, porque Él la cumplirá. Su Palabra es cierta, no perece.

No hay nada imposible para nuestro Dios, nada.

lo que bien le parecía

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“En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Jueces 21.25

 

No conocí a mi abuelo paterno. Él falleció cuando mi papá tenía doce años y el único conocimiento que tengo de mi abuelo es a través de las pláticas que nos contaban mis papás, mi abuela paterna, mis tíos y aun mis abuelos maternos que le conocieron. Algunas fotos de él pueden darme una idea como era físicamente, y sobre su forma de ser solo tengo esas narraciones familiares. De acuerdo a esas pláticas mi abuelo era un hombre serio, muy estricto, que había estado en el ejército peleando en la Guerra Cristera.

En cambio, sí pude conocer a mi abuela paterna y a mis dos abuelos maternos. Gracias a la relación que tuve o he tenido con ellos he podido realmente conocerles personalmente. Difícilmente alguien puede decirme algo respecto a ellos y no validar si es verdad o mentira ya que tengo ese conocimiento previo que a través de las relaciones se van creando. La relación con alguien nos permite realmente conocer a alguien.

Cuando el pueblo de Israel es guiado por Dios a través de Josué a conquistar la tierra prometida (esa gran promesa de siglos atrás que empezaba a tomar forma), el pueblo sabía quién era Dios no solo a través del tiempo vivido en el desierto sino por la ayuda que Dios les dio para conquistar toda esa tierra. De hecho, el libro de Josué en sus últimos versículos dice: “Y sirvió Israel al Señor todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que el Señor había hecho por Israel.”  (Josué 24.31).

Algo pasó después de esta generación. Parece como si hubiera habido una desconexión entre esta generación que sabían de Dios, y las generaciones siguientes que hacían lo que bien les parecía. Una desconexión tan grave que pervirtió al pueblo a tal grado que creían estar adorando a Dios, pero lo estaban adorando como los pueblos paganos que les rodeaban: levantaban ídolos, sacrificaban personas, etc. El libro de Jueces narra esta tragedia.

Lo que había pasado con las generaciones futuras de Israel es que su conocimiento respecto a Dios se basaba en, quizá, narraciones de otros y no en una verdadera relación con Dios. Cada quien fue formándose una idea de Dios, sin saber realmente quien era Dios.

Dos personajes del libro de Jueces donde se percibe esta situación son Gedeón y Jefté. Ambos hombres fueron usados por Dios para liberar al pueblo de Israel de la opresión, pero una vez que Dios les usa ellos hacen cosas realmente contradictorias. Gedeón utilizó el oro que tomaron como botín y con él hizo un ídolo haciendo que todo Israel se prostituyera tras ese ídolo (Jueces 8.27). Por su parte, Jefté hace una promesa a Dios muy extraña y pagana, básicamente le dice: Dios si nos entregas a los amonitas, yo ofreceré como holocausto a la primera persona que salga de mi casa. Dios les da la victoria y la hija de Jefté es la que primera que sale de su casa.

Uno pudiera entender, en el caso de Jefté, que Dios les dio la victoria porque iban a ofrecerle holocausto, pero esto es contrario a las leyes que Dios ordenó a Moisés y aún peor, este tipo de holocausto de personas eran comunes en los pueblos paganos de los alrededores.

Lo trágico de este tiempo que se narra en los Jueces más allá de los ídolos que el pueblo de Israel se creó, era la falta de conocimiento de Dios, la falta de conocimiento del verdadero carácter de Dios. Cada quien hacía lo que bien le parecía.

El riesgo para los cristianos no es en nada diferente. Una gran tragedia en la que podemos caer como cristianos es creer conocemos a Dios cuando realmente no le conocemos. Y la mejor forma de conocer el carácter de Dios es través de una relación diaria y continua con Él. En una relación con Él, uno puede entender que Él es fiel, que Él es Santo, que Él es poderoso, que Él es misericordioso, y muchas cualidades más.

Nuestro tiempo en esta tierra es tan breve que alcanzar a conocer a Dios en toda su plenitud será imposible. Pero de esa relación continua con Dios dependerá toda nuestra vida.

Dios guíe a Su pueblo a verdaderamente desarrollar una relación inquebrantable con Él.

toda autoridad me es dada

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“Y JESÚS se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28.18-20

 

Después de ser abierto respecto mi sexualidad, mi testimonio como cristiano ha sido afectado. Por el más de año y medio que ha durado este proceso, este testimonio ha sido “manchado” por esa realidad que implica mi sexualidad. En palabras sencillas, dentro de la cultura en la que vivimos, el ser gay me hace “no cristiano” o, para algunas opiniones un tanto más favorables, me hacen un cristiano en pecado.

Me he sentido, si puedo ser sincero, como ser parte de una minoría dentro de una minoría. Dentro de la minoría que es el cristianismo en México, soy de esa minoría que significa es gay. Dentro de la minoría que es la comunidad gay, soy de esa minoría que significa ser cristiano. Una contradicción, un anatema, un oxímoron (usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).

Debo confesar que lo único que me ha mantenido es Dios. No hay otra explicación. No hay otra razón.

El testimonio de un cristiano trae consigo cierta autoridad. Cuando un cristiano guarda su vida en integridad, esta persona adquiere en sí una autoridad moral para poder ayudar o testificar a otros. Cuando un cristiano camina por determinadas pruebas y confirma como la ayuda y fidelidad de Dios fue evidente, eso da cierta autoridad para hablar delante de los hombres. Es decir, nos volvemos testigos vivos de nuestra fe. Por el contrario, un testimonio “manchado” trae por consecuencia una falta de credibilidad, una disminución o falta de autoridad moral.

En una ocasión cuando mi ánimo no estaba del todo bien y veía como mi testimonio era percibido como que venía a menos, Dios ponía una verdad muy fuerte: la autoridad de Cristo. Podrás perder toda autoridad moral delante de los hombres, pero en ese momento la autoridad de Cristo será evidente en tu vida.

No me refiero a que nuestro testimonio sea realmente menguado por negligencia propia, sino a un testimonio que es “manchando” cuando a través de la obediencia a Dios y Su Palabra basados en el amor a Él, nos lleva a ser vistos como extraños, como ajenos.

Sé que, para algunos, el ser gay y cristiano sigue siendo una imposibilidad, y se podrá argumentar que realmente no estoy tomando la Palabra de Dios en serio. Sin embargo, algo que he podido aprender en este tiempo es el negarnos a tal punto a nosotros mismos, que dejemos que el único testimonio que brille sea la autoridad de Cristo en nuestra vida. Es verdaderamente la vida (el fruto) de Cristo, de Su Espíritu, fluyendo a través de nosotros. Esto es innegable, esto es más poderoso que lo que podamos decir o hacer.

Cuando JESÚS envía a sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio, son enviados en Su autoridad. Y la forma en que podemos entender Su autoridad en nosotros es vernos como extensión de Su reino en la tierra, sabiendo que la obra que Él ha iniciado, está haciendo y completará en nosotros será la evidencia más palpable de Su autoridad, porque aun sin hablar estaremos predicando Su Verdad y Su Evangelio.

una tempestad no pequeña

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“Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente la nave.” Hechos 27.20-22

 

Hemos sido consolados para consolar. Hemos sido animados para animar. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento en medio del caos, esa paz que no es posible describir en su totalidad es una paz que mantiene firmes a los hijos de Dios aún en medio de grandes males, de tempestades no pequeñas.

¿Cuál es la tempestad que en tu vida atraviesas hoy? ¿Depresión, muerte, separación, división, pérdida, enfermedad, angustia? ¿Qué es eso que hace que todo lo que te rodea se vea confuso y sin esperanza?

Cuando Pablo es llevado prisionero a Roma, la travesía se vuelve sumamente compleja a tal punto que la vida de él, de los demás prisioneros y la tripulación del barco en el que viajaban estaba en riesgo, sin mayor esperanza. La tormenta era tan fuerte que ni el sol ni las estrellas se habían podido ver, dice la Palabra, por muchos días. La tormenta les acosaba. Ya habían perdido toda esperanza.

Pablo, un hombre de gran fe, busca en oración lo que Dios haría. Pablo tenía algo bien claro: Dios había dado la Palabra de que él iría a Roma, y Dios no fallaría a Su Palabra. Y Pablo confió.

Ese es el primer valor de las promesas de Dios en tiempos de tormenta: darnos seguridad de que Dios les cumplirá aún cuando la tormenta parece tan feroz que no hay esperanza humana para salir de ella. Las promesas de Dios como un ancla firme de que Su Palabra no fallará, que Dios es fiel a Su Palabra.

Pablo intentó calmar el mal ánimo de la tripulación, dio la palabra de esperanza. Y es aquí donde radica la segunda parte importante en los tiempos de tempestad: acercarnos a hombres de fe, que entienden y están alineados al corazón y propósitos de Dios.

Pablo había advertido a la tripulación que este mal vendría (v10) pero el centurión (el que resguardaba a los presos, incluido Pablo) no le dio mayor peso a esa advertencia sino que zarparon.

La historia es conocida: perecen, la nave es destruida pero no hubo ni una sola persona muerta, porque Dios lo había prometido.

Puede que haya hoy tormentas no pequeñas en tu vida. Puede que estén pasando por momentos en que toda esperanza está desapareciendo a tal nivel que ni el sol ni las estrellas pueden ser vistas. En esos momentos es importante sujetarnos de las promesas de Dios que ha dado a nuestra vida, y acercarnos a hombres y mujeres de fe que puedan traer ánimo.

¡No desmayemos! Nuestra vida está en manos de Dios. Él la guiará hasta Sus propósitos, siempre ciertos, siempre eternos.

como mirando al Invisible

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“Por la fe [Moisés] dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.”

Hebreos 11.27

 

Mientras venía conduciendo, recordaba esta imagen que hace algunos meses un querido amigo me regaló. Esta frase me hizo recordar una verdad importante: fijar nuestros ojos y nuestra vida en lo eterno.

jim-elliot

“No es tonto quien da lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder” Jim Elliot

Fear not: No temas por Shane B

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Shane B es el líder de uno de los grupos de apoyo en la organización cristiana GCN. El día de ayer en el grupo, él compartió el siguiente texto que con su permiso he podido traducir en este blog. Confío sea de bendición.

***

“Deja ir el miedo … porque lo contrario de miedo no es la valentía sino confianza” – Peter Enns

Durante el año cuando las preguntas respecto a mi sexualidad ardían lo más fuerte, participé en un retiro de una semana donde se estudió intensamente la primera mitad del Evangelio de Marcos. Estuvimos haciendo un estudio de la Biblia durante aproximadamente 10 horas por día, así que era realmente intenso. Sin embargo, más allá de ese estudio intensivo durante ese tiempo surgió un tema que influyó en mi caminar y sigue influyendo en mi vida. Este tema es el contraste entre el miedo y la fe. Por lo general pensamos en dudar como lo contrario de la fe. Sin embargo, a través de este estudio de la primera mitad de Marcos comencé a notar el miedo como lo opuesto a la fe. Uno de los pasajes que llamó mi atención fue la historia de JESÚS calmando la tormenta en Marcos 4.

La tormenta que se narra en la historia debió haber sido una gran tormenta ya que algunos de los discípulos eran pescadores y estaban acostumbrados a controlar un barco. Esta tormenta fue mucho más de lo que podían controlar. Estaba más allá de su control. Los discípulos estaban aterrados y cuando despertaron a JESÚS, hicieron una fuerte acusación contra Él: “Maestro, ¿no te importa que nos ahoguemos?” Ellos acusaron a JESÚS de ser insensible e indiferente. Su miedo era tan fuerte que empezaron a culpar a JESÚS.

Yo sé que en ese tiempo cuando estaba estudiando este pasaje, yo sentía como si mi vida estaba fuera de control. Las preguntas en mi cabeza ardían realmente fuerte. Parecía que sacaba y sacaba el agua de mi bote pero sentía como si no estuviera llegando a algún lugar. Mi barco se estaba hundiendo. Me sentía como si me estuviera ahogando. Y hubo momentos en que el miedo era tan fuerte que hubiera clamado a Dios: “¿No te importa? ¿No ves lo que está pasando dentro de mí?”

En la historia, JESÚS se despierta de Su sueño, calma la tormenta y luego se vuelve a Sus discípulos y les hace una pregunta que penetró a su corazón: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe?”. Los discípulos en este punto habían visto a JESÚS hacer muchos milagros. Él había curado a los enfermos y los cojos y había echado fuera demonios. Ellos habían visto la autoridad de JESÚS cuando enseñaba y desafiaba a los líderes religiosos. Ellos sabían qué clase de hombre Él es. Y entonces me imagino que Su pregunta les penetró hasta lo más profundo.

¿Dónde está su fe? ¿Por qué están siendo tan controlados por el miedo? Esas preguntas me perseguían también a mí. Gran parte de mi angustia en ese tiempo era causada por el miedo. En ese momento yo estaba luchando con todo esto, yo estaba trabajando para una organización cristiana y tenía miedo de que, al enfrentar el tema de mi sexualidad, eso significaría perder mi trabajo. Yo también estaba muy involucrado con mi iglesia y tenía miedo de perder mi iglesia. También tenía miedo de que mi familia y amigos me rechazaría. Y, principalmente, tenía mucho miedo de alejarme de Dios y tomar decisiones incorrectas.

Yo era una enorme bola de miedo. Tenía noches de insomnio donde sentía algo muy pesado en la boca de mi estómago mientras me preocupaba qué hacer con mi vida. El miedo y la ansiedad llegando hasta mi pecho hasta que sentía como si me fuera a derrumbar.

A medida que estudiaba Marcos, estaba realmente siendo desafiado por la idea de vivir una vida por fe y no por miedo. Empecé a ver las decisiones que yo estaba tratando de hacer y comencé empecé a evaluar si mis pensamientos eran impulsados por la fe o si eran impulsados por el miedo. Empecé a ver cómo muchas de mis decisiones y pensamiento eran movidos por el miedo. Y mientras miraba a mi alrededor vi también cómo otras personas eran impulsadas por el miedo en lugar de fe.

Lo interesante cuando miro hacia atrás en mi vida ahora es que muchos de mis temores se hicieron realidad. Perdí mi trabajo, pero Dios me proporcionó otro. Perdí mi iglesia, pero Dios me dio otra gran comunidad a cambio. Mi padre estuvo muy molesto conmigo por algún tiempo, pero en los últimos años ha cambiado de opinión. He perdido algunos amigos, pero he ganado muchos nuevos amigos.

Por eso quiero terminar este post con un desafío. Al luchar con cuestiones de fe y la Biblia, ¿cuál es nuestra motivación? ¿Es la fe o es miedo? ¿Tenemos miedo de desafiar a otros en nuestra vida? ¿Tenemos miedo de desafiarnos a nosotros mismos? ¿Estamos clamando a Dios: “¿acaso no te importa?”?

¿O estamos viviendo por fe? ¿Estamos confiando en que Dios nos guiará y nos llevará a entender la Biblia? ¿Estamos confiando en que su amor y cuidado por nosotros son más grandes que cualquier pregunta que podamos tener? ¿Creemos que Dios es más grande que nuestro propio entendimiento de la Biblia?

Traducción al español de la canción “These are written” (Está escrito): http://goo.gl/hVHw0r

porque si callas

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“Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; más tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ester 4.14

 

Durante estos seis meses, y probablemente ya casi un año, de que inicié este proceso en mi iglesia por ser gay, han venido a mí preguntas acerca de si este era el tiempo correcto o debí esperar más. Solo una persona, mi mejor amiga, ha estado de cerca todos estos años y en más de una ocasión hace algunos años le comentaba a ella, y lo platicaba con Dios, que quería hablar con mi pastor y con mis líderes sobre mi sexualidad, sin embargo, la respuesta de Dios era: espera.

Durante esos años cuando me encontraba con fuertes dudas si estaba honrado a Dios y honrado a mis líderes, hubo un tiempo en que quería dejar el grupo de alabanza por la presión que sentía por sentirme indigno e incapaz de servir en la iglesia, sin embargo, Dios me dio una respuesta que recuerdo continuamente: tú estás ahí por Mí, no por ti, no por tus líderes. Y recordaba continuamente cómo es que Dios me abrió puertas para que sirviera en el grupo de alabanza, fue completamente de Él, literalmente yo no hice nada más que creerle y dar el paso en fe. No era ni bueno en la música, nunca había tenido experiencia en grupos de alabanza, y tenía tremendos nervios por estar enfrente de la gente y mucho más cantando, algo que nunca había hecho antes. Imagina ahora que representó para mí un chico gay (considerado indigno por la iglesia) siendo guiado por Dios a servirle en la alabanza. El problema es que en más de una ocasión yo me sentía no solo incapaz sino también indigno de estar ahí.

Dios ha sido tremendamente bueno.

Este domingo, mientras daban los avisos en el servicio en la iglesia, hubo una palabra que estaba en uno de los anuncios, esta palabra era Ester 4.14. Al leerle descubrí algo hermoso: Dios le dice a Ester que vendrían tiempos de respiro y liberación para los judíos, aunque ella respondiera o no a Dios. Lo maravilloso de este texto es que Dios anhelaba profundamente ese respiro y esa liberación para Su pueblo, y estaba en Su corazón, en Su voluntad. Me encanta el amor de Dios por Su pueblo.

Me imagino a Ester, temerosa, sin saber que hacer por la gran destrucción que viene al pueblo judío, y de pronto Dios, a través de Mardoqueo, primo de Ester, le dice: la voluntad de Dios es salvar a los judíos, y aún si tú no hablas, Su voluntad será hecha.

Yo me sentí muy identificado con Ester en ese texto. La voluntad de Dios era que en este tiempo yo hablara a mi pastor sobre mi sexualidad. Y no es que el tema de mi sexualidad sea lo importante, de hecho, en más de una ocasión yo le comentaba a mi pastor que eso era secundario, lo que sentía de parte de Dios que es importante es cómo la iglesia se ha movido más por prejuicios, conceptos y entendimiento humano que por la voluntad de Dios, no solo en este tema de la homosexualidad, sino en otros temas a lo largo de la historia. Y Dios está llamando a Su iglesia a tiempo de arrepentimiento, de romper paradigmas viejos y de hombres, a moverse a niveles mayores de fe donde la guía de Su Espíritu será primordial. ¡Qué tremendo amor tiene Dios por Su iglesia!

Al leer este texto de Ester, sentía como Dios me decía: hubieras o no hablado, Yo tengo este deseo (dolor) en mi corazón por Mi iglesia. Yo solo fui el mensajero, no el mensaje. Y siento en estos días que Dios me ha estado confirmando que el mensaje ha sido dado. Que es el tiempo, y es Su voluntad. Que no hay nada que temer. Porque Su Palabra nunca vuelve vacía, porque si el grano de trigo no cae a la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto (Juan 12.24).

 

Homosexualidad: ¿Qué sigue para la Iglesia Evangélica conservadora?

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por Misty Irons

traducción al español por Jacob Pintle

Como alguien que es miembro de la rama reformada de la iglesia evangélica conservadora, me he estado preguntando lo que me gustaría ver que suceda en el futuro para nosotros los cristianos heterosexuales que se sujetan a una perspectiva lado B sobre la homosexualidad. Por lado B, nos referimos a la creencia de que la intención original de Dios en la creación es que la unión matrimonial sea entre un hombre y una mujer. ¿Cómo podemos mantenernos en nuestras creencias de tal forma que sean más fieles al Evangelio de Jesucristo y menos fieles a nuestros propios miedos, prejuicios y agendas humanas?

Algunos años atrás, cuando estaba recientemente buscando relacionarme con más cristianos LGBT, me di cuenta que mi postura conservadora iba a ser un problema. No quería mostrar una etiqueta que hiciera que la gente se sintiera incómoda, y siendo heterosexual y lado B podría cerrar la conversación antes de que incluso iniciara. Así que un día, sintiéndome bastante estresada por todo el asunto, decidí que iba a ser lado A. Nada de estudio, ni preparación, ni nada, yo sólo quería ser incluyente (affirming). De esa manera podría etiquetarme a mí misma como algo que dijera a las personas LGBT: “Mira, no te quiero hacer daño, no quiero ser una amenaza.” Además, había una serie de aspectos de la postura incluyente (affirming) que encontraba interesantes.

Ese experimento duró sólo unos dos meses. Estaba teniendo problemas para ligar la perspectiva lado A con mi comprensión más amplia de la Biblia, en la que veo una progresión Creación-Caída-Redención-Consumación. A mi entender, la doctrina de la caída prepara el escenario para nuestra necesidad de redención, convirtiéndose en la ocasión para que Dios muestre su amor por nosotros de manera tan dramática mediante el envío de Su Hijo. Por lo tanto, mi comprensión de la Biblia está vinculada con mi comprensión del mensaje del Evangelio. Actualmente entiendo la orientación sexual cuya atracción es hacia el mismo sexo como caído (como consecuencia de la caída), pero no es algo pecaminoso en sí. “Caído pero no pecaminoso” hace referencia a la mejor manera con que puedo describir algo que, he encontrado, parece desafiar todas las categorías y el lenguaje teológico.

Al final, decidí abrazar la etiqueta lado B por razones de simplicidad y, sin embargo, siempre he estado dividida entre las dos perspectivas, el lado B y el lado A, debido a que ambos parecen tener cosas legítimas sobre cómo los cristianos homosexuales deben vivir sus vidas en términos prácticos. Me he hecho amiga de cristianos homosexuales piadosos en ambos lados del debate.

El apóstol Pablo reconoce en el capítulo 14 de Romanos que hay ciertos temas en los que los cristianos tomarán lados opuestos, pero ambos lados son capaces de mantener su posición en buena conciencia. Él dice que la clave para tener una buena conciencia es la fe. En Romanos 14: 22-23 Pablo escribe: ” ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba… y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”

El apóstol Pablo afirma que la clave para tener una buena conciencia es fe

Debido a que en la perspectiva lado B los cristianos homosexuales creen que Dios originalmente instauró que el matrimonio sea entre un hombre y una mujer, ellos (los cristianos homosexuales en esta perspectiva) tratan de honrar a Cristo abrazando la vocación de celibato, o siendo fieles en su matrimonio heterosexual (mixed-oriented marriage), o por la búsqueda de amistades más profundas dentro de la Iglesia. Para esto se necesita fe. Por su parte, cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A creen que Dios los creó para ser gay y que no puede haber nada pecaminoso en amar a otro ser humano. Ellos buscan honrar a Cristo a través de estar en una relación amorosa y comprometida con otra persona del mismo sexo. Esto también requiere fe. Hay cristianos homosexuales en ambos lados que han confiado en mí para preguntarme si es realmente la otra perspectiva la que es correcta, sin embargo, los dudosos en ambas perspectivas se ponen en manos de Dios confiando en que Él los guiará en el camino correcto. Esta es otra expresión de la fe.

Teniendo en cuenta las cuestiones teológicas, los problemas humanos, y las cuestiones de conciencia implicados, nunca estaremos totalmente de acuerdo, sin embargo, todavía se puede reconocer la unidad cristiana que todos compartimos, incluso en medio de nuestras diversas experiencias y puntos de vista. Así que, cuando pienso en lo que sigue para la iglesia evangélica conservadora, esa es la dirección que me gustaría veamos delante de nosotros. Me gustaría vernos trabajar hacia una mayor unidad incluso en medio de nuestros desacuerdos sobre la fe y la sexualidad.

Este podría ser el final de este artículo, pero me doy cuenta que sólo he planteado más preguntas: ¿Por qué no están los evangélicos conservadores encabezando una dirección de mayor entendimiento y mayor conciliación? ¿Por qué los evangélicos dicen cosas similares a lo que estoy diciendo acerca de la caída, la redención en Cristo, y caminar por fe, sin embargo, en lugar de buscar una mayor unidad de los cristianos, trazan una línea en la arena, tratando a las personas LGBT con actitudes que van desde el frío distanciamiento hasta la hostilidad abierta?

Para responder a esta pregunta, tendría que hablar sobre dónde creo que los evangélicos han estado en el pasado, dónde están en este momento, y por qué no hemos avanzado hacia una relación más conciliadora con la comunidad LGBT. Y aunque diga “LGBT”, lamento que no tengo mucho que decir que pudiera ser relevante para cristianos bisexuales y transgénero, por no hablar de los que se identifican como queer, intersexual o asexual. El hecho es que la iglesia conservadora está todavía solamente hablando de las letras L y G, y no está ni siquiera teniendo conversaciones sobre las otras identidades. O, si hay tales conversaciones, no han alcanzado un nivel bastante decente para ser digno de mención.

No soy una ministra ordenada; no tengo un título teológico de ninguna clase. Sólo soy una persona común con un poco de educación teológica que sirve fielmente en su iglesia, mientras soy esposa y ama de casa y madre. Te ofrezco lo siguiente como mis observaciones personales.

 

Slogans vs. Verdad

Recuerdo una vez, sobre todo en la década de los 80s y 90s, cuando todo lo que había oído desde los púlpitos evangélicos en Estados Unidos era que la homosexualidad era una “elección de estilo de vida pecaminoso”. La explicación para la existencia de personas homosexuales era algo como esto: Eran personas que, en algún momento de sus vidas, ya sea por curiosidad ingenua o impulsados por la lujuria perversa, participan en conductas sexuales con personas del mismo sexo en contra de sus deseos heterosexuales naturales. Entonces se convirtieron en adictos a este estilo de vida y pronto se hicieron tan detestable a Dios que “los entregó” a sus deseos de modo que ya no podían apartarse de su estilo de vida elegido. En otras palabras, eran una categoría de personas que estaban más allá de la redención, y por lo tanto palabras como “depravados” eran lanzadas libremente para describir a aquellos que aparentemente cayeron en esta terrible condición espiritual.

A medida que estas ideas fueron aceptadas sin cuestionamientos en la iglesia, hubo otro movimiento que también fue ganando algo de terreno, aunque más suave y gradualmente. Ministerios ex-gay empezaban a crecer en importancia y popularidad. Y como estos ministerios parecían prosperar, se hizo cada vez más difícil explicar por qué las personas que supuestamente eligieron ser homosexuales estaban, al mismo tiempo, eligiendo unirse a los ministerios que se comprometían en hacerlos heterosexuales. ¿Por qué las personas que supuestamente estaban más allá del arrepentimiento acudían a los ministerios que les ayudaban a hacer algo tan similar al arrepentimiento? Tantas tragedias terribles salieron de ministros ex-gay, sin embargo, la popularidad temporal de estos ministerios llamados efectivos puso en tela de juicio algunas de las peores acusaciones formuladas por los conservadores contra las personas gays y lesbianas.

Ahora, cuando la iglesia conservadora tiene la sensación de que podríamos haber estado equivocados sobre algo, no nos disculpamos. En cambio, cambiamos de tema. Nos decimos a nosotros mismos que estamos básicamente en lo correcto, que estamos haciendo algunos ajustes, e intentamos pretender que no hemos hecho algunas de esas declaraciones extravagantes en el pasado, a pesar de que toleramos perfectamente a los que siguen haciendo esas declaraciones.

Alrededor de la década de los 2000 comencé a escuchar un nuevo slogan que circulaba entre los evangélicos que era algo como esto: “Incluso si ser gay no es una elección, el actuar en base a ello sí lo es”. La idea es: “Mira, nosotros no estamos dejando la idea de que es una elección, sólo estamos diciendo si no es una elección. Y aunque no sea una elección, todavía nos reservamos el derecho de señalar lo que es obvio, que es que tú tienes que tomar buenas decisiones acerca de qué hacer con tu homosexualidad”. ¿Qué es considerada una buena decisión? Tú puedes preguntar. Los líderes de la iglesia dirigían a las personas hacia las opciones impulsadas por los ministerios ex-gay: buscar el cambio de orientación, y si es posible comienza un matrimonio heterosexual. También existe el celibato, pero esa opción era vista como sólo medio satisfactoria.

A medida que los años pasaban, un creciente número de líderes ex-gays se convirtieron en líderes ex-ex-gay, y así ministerios ex-gay tras otro empezaron a admitir sus tasas de éxito tan bajas respecto a cambiar la orientación sexual en las personas. A pesar de que los ex líderes de estos ministerios dieron un paso adelante y pidieron perdón por el daño hecho, se dice que la mayoría de los líderes cristianos heterosexuales que una vez les habían apoyado les dieron la espalda a ellos por no guardar su fe. Sin embargo, no hay duda de que, en la actualidad, nos encontramos en un lugar donde se puede decir que el apogeo de los ministerios ex-gay ha terminado.

Y ahora, al igual que antes, el viejo slogan ha sido abandonado por uno nuevo con apenas una explicación dada. En estos días he estado escuchando un slogan que dice así: “No debes llamarte a ti mismo homosexual, debido a que tu identidad está en Cristo”. Otra versión que he escuchado es: “Llamarte gay cristiano es un oxímoron”. Estoy todavía tratando de averiguar por qué tantas personas en la iglesia se han aferrado a este mantra, como si haber estado equivocados en el slogan de la elección y haber estado mal en el slogan de cambio, de alguna manera nos pone en la posición creíble de ahora ser capaces de dictar a las personas homosexuales sobre un asunto tan personal como cómo deben llamarse a sí mismos. Mi suposición es que debido a que la etiqueta de “ex-gay” ha caído de la gracia, y esta era la etiqueta con la que los conservadores se sentían cómodos para usar, lo único que queda por hacer es atacar el término “homosexual”, a pesar de que yo no escucho a nadie sugiriendo alternativas viables.

¿Qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa?

Teniendo en cuenta todos los cambios de slogans, el pensamiento de la iglesia evangélica sobre la homosexualidad parece haber tenido algún progreso, pero me parece que el progreso ha sido superficial. En el aspecto público de la iglesia evangélica se ha suavizado su lenguaje, y muchos líderes están ahora poniendo más énfasis en la necesidad de amor en lugar de golpear el tambor de la condenación. Pero, ¿qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa? ¿Cómo es que simplemente haciendo ajustes en nuestro lenguaje puede ser un remedio por haber hecho esa clase de acusaciones que destruyeron relaciones familiares, arruinaron reputaciones, despojaron a personas de su fe, aplastando su esperanza, y, en algunos casos trágicos, obligaron a la gente a tomar su propia vida? No he sabido de alguna disculpa pública pronunciada por la iglesia evangélica conservadora, ni tampoco de algún acto importante de arrepentimiento que hayamos realizado colectivamente para mostrar que hemos hecho una clara ruptura con las muchas acusaciones falsas que hemos formulado contra los gays y lesbianas durante tanto tiempo en nuestra historia reciente.

Hemos tomado medidas a medias para hacer frente a esta situación, diciéndonos a nosotros mismos que estamos bien porque hemos abrazado lo que se supone que es lo más amable y lo más gentil del evangelismo. Por ejemplo, me he dado cuenta en estos días que algunos cristianos heterosexuales se harán cargo de destacar que todos nosotros, ya sea heterosexual u homosexual, somos pecadores que necesitamos escuchar el mensaje del evangelio. Pueden incluso ir tan lejos como para explicar que a veces escuchar la verdad acerca de nuestro pecado puede ser doloroso, pero la intención es ser amorosos y que no debería ser tomado como odio contra los homosexuales, pero como una forma de hablar la verdad en amor. Sin embargo, cuando estos cristianos dicen que están “hablando la verdad en amor,” ¿qué es lo que entienden que es la verdad sobre la homosexualidad? Porque si ese entendimiento no es exacto, entonces lo que uno tiene que decir difícilmente podría calificarse como amor, no importa que tan amoroso sea el tono que se use para hablarlo.

Cuando se trata de ejercer el amor cristiano, fácilmente nos convencemos a nosotros mismos de que ser amoroso tiene que ver con nuestras buenas intenciones y de querer lo mejor para la otra persona de acuerdo a lo que creemos que deberían ser en lo espiritual. Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

He oído a algunos cristianos heterosexuales decir en un tono muy simpático: “Tú sabes, todos somos pecadores, y la homosexualidad es simplemente otro pecado.” Y luego añaden: “como el asesinato.” Ahora, ¿cómo amar a una persona del mismo sexo se puede incluso comparar con tomar la vida de otra persona? O escucharía a la gente decir que ven el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo al igual que lo harían con cualquier pecado sexual, como el adulterio o la fornicación. Y sin embargo, ¿cómo son estas comparaciones válidas si se considera que el matrimonio homosexual es la formación de una relación comprometida, mientras que el adulterio es una traición a ese compromiso? La fornicación es sexo fuera del matrimonio, mientras que el matrimonio del mismo sexo permite el sexo dentro del matrimonio.

Muchos cristianos heterosexuales han llegado a comprender que ser gay se refiere a tener atracciones hacia el mismo sexo y no necesariamente significa que uno es sexualmente activo. Pero entonces los escucho sostener que la atracción sexual entre personas del mismo sexo como una tentación contra la cual hay que seguir luchando. Todos los cristianos luchan con la tentación, dicen. Y para aquellos que tienen atracción hacia el mismo sexo, lo que estamos pidiéndoles hacer no es diferente de lo que se le requiere a cualquier cristiano en sus luchas diarias contra el pecado.

Pero aquí está mi problema. Una lucha contra la tentación implica que una batalla se debe luchar para volver las cosas a un estado de normalidad. Insistir en que la atracción hacia las personas del mismo sexo en sí misma debe ser vista como una tentación contra la cual luchar continuamente plantea la cuestión de ¿qué es lo que cristianos homosexuales deberían estar luchando para lograr? ¿Cómo sería la victoria en caso de que ellos tengan éxito?

¿Deberían ellos deshacerse de todo sentimiento sexual en lo absoluto, sólo para reemplazarlo con nada, para existir en un vacío emocional? Cristianos heterosexuales no creen que eso es lo que están tratando de decir, pero en realidad esa es la única conclusión a la que muchos cristianos homosexuales prácticamente pueden llegar. He visto personas que se entregan al trabajo, en diversas adicciones, y en la desesperación y conductas destructivas porque sentían que a ellos no les es permitido sentir y existir como seres sexuales. Se les está pidiendo que hagan algo humanamente imposible.

¿O estamos diciendo que su lucha les debería llevar a convertirse en heterosexuales? Esto es sólo otro camino de regreso a la terapia ex-gay. Sin embargo, nuestro experimento de casi cuatro décadas con los ministerios ex-gay debería habernos mostrado lo equivocados que estábamos sobre la capacidad de las personas para cambiar su orientación sexual. Imagine por un momento qué pasaría si hubiera un experimento financiado por el gobierno que se ejecutó durante casi cuatro décadas. Este experimento utilizó un tamaño de muestra de participantes que llegaron a los miles, tal vez incluso decenas de miles, de los cuales todos estaban muy motivados y tenían todas las ganas de ver que el experimento fuera exitoso. Sin embargo, al final, los expertos estimaron que la tasa de fracaso era alrededor del 99,9%. Supongamos ahora que algunos funcionarios del gobierno seguían insistiendo en continuar con el programa porque pensaban que los participantes no habían estado tratando lo suficientemente duro para tener éxito. ¿No habría la mayor protesta pública sobre la ceguera y la estupidez y el despilfarro de dinero de los contribuyentes, con memes enviados por todas partes y las redes sociales a punto de explotar?

Los cristianos evangélicos necesitamos darnos cuenta de que nuestro experimento fallido de convertir personas homosexuales en heterosexuales debió resultar en un importante cambio de paradigma en nuestro pensamiento. Esto significa admitir que nos hemos equivocado en tantas cosas. Significa arrepentirse. Y arrepentimiento significa cambiar nuestros caminos y nuestro pensamiento. Significa hacer una clara ruptura con las viejas tendencias de pensamiento y comenzar desde un sitio nuevo.

Yo sugeriría que el lugar más útil para la iglesia conservadora para comenzar de nuevo es pensando en la homosexualidad como una simple orientación sexual. Debido a que la orientación sexual es algo que se aplica a todas las personas. Yo tengo una orientación sexual; tú tienes una orientación sexual. Nos diferenciamos en nuestras respectivas orientaciones, pero lo que tenemos en común es nuestra sexualidad humana. Aquellos de nosotros que somos lado B podemos creer que la existencia de la orientación sexual cuya atracción es hacia las personas del mismo sexo es un resultado de la caída, mientras que los que están en el lado A puede creer que Dios creó a las personas para ser gay. Pero cualquiera que sea la perspectiva en la que te mantienes, debemos ser capaces de llegar a un acuerdo de que, aparte de las diferencias de orientación, tanto gays como heterosexuales experimentamos la sexualidad de la misma manera. Por eso, la mejor analogía que puedes utilizar para entender la homosexualidad no es el adulterio, ni la fornicación, ni alguna lucha o tentación. La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

He oído muchas historias de mis amigos homosexuales acerca de lo que representó para ellos salir del clóset por primera vez con sus amigos o miembros de la familia. A menudo, la primera pregunta formulada es: “¿Cómo sabes que eres gay?” Interesante, porque yo no creo que nadie jamás me haya preguntado: “¿Cómo sabes tú que eres heterosexual? ” Apostaría que a la mayoría de los heterosexuales nunca les han hecho esa pregunta.

¿Cómo sé que soy heterosexual? Es porque siento una atracción hacia los hombres -no todos los hombres, pero sí determinados hombres- y es algo que nunca siento hacia las mujeres. Se le puede llamar atracción, aprecio, fascinación. No es sólo un buen sentimiento hacia esa otra persona, pero algo que me hace pensar en esa persona y me hace sentir bien. Primero lo noté en la escuela primaria. Tenía alrededor de 10 años de edad, y me fijé en un muchacho que era parte de nuestro carpool de nuestro vecindario. Él y su familia se acababan de mudar a la casa de al lado y a veces mi hermano mayor iba a su casa para jugar baloncesto. Ahora, yo no era una de esas chicas que veían a un niño como algo fantásticamente emocional. Me sentí amenazada por ello. No tenía ni idea de dónde estos sentimientos ridículos venían, y también me parecía confuso que un chico tuviera esa clase de efecto en mí cuando en realidad no lo conocía tan bien. De hecho, no había nada que él o yo hubiéramos hecho, tan pronto como puedo decir, para hacer que esto sucediera.

A medida que pasaban los años y que llegué a mi adolescencia, repetí el mismo patrón a través de varias otras atracciones hacia muchachos con los que tomaba clases en la escuela secundaria, chicos jóvenes que conocí en grupos de comunidad cristiana. Yo sabía cómo ejercer el autocontrol, pero también empecé a entender que los sentimientos sexuales no son algo que pueden ser ignorados o apagados. Era algo que necesitaba entender sobre mí misma, y me di cuenta de que mis amigos atravesaban el mismo proceso también.

Así que ¿elegí yo ser heterosexual? ¿Les suena como si hubiera yo hecho una elección cuando tenía 10 años? ¿Estoy exhibiendo mi vida sexual delante de ustedes al estar hablando de esto? Pero ahora ven, no he hablado de sexo, no he mencionado nada sobre tener sexo. Estoy hablando de mis sentimientos de atracción hacia el sexo opuesto y cómo por primera vez supe de ellos. Todo lo que he hablado fue mi orientación sexual.

Las personas que tratan de explicar su orientación sexual van a contar historias similares a la mía, y miles de estas historias ya han sido dichas. Pero como persona heterosexual algunas veces no reconoces que, si tú fueras a contar tu historia de tu primer amor hacia el sexo opuesto, no va a sonar bastante diferente de la historia de alguien que explica cómo ellos supieron por primera vez que eran gays o lesbiana. Este reconocimiento es el punto de partida no sólo para la conversación, pero para relacionarse, para comprender hasta qué punto nuestras experiencias son paralelas.

La mejor definición que he encontrado de lo que significa ser gay o lesbiana está en el libro de R. Holben Lo que los cristianos piensan acerca de la homosexualidad . Él escribe:

Lo más importante para referirse a los gays, lesbianas o persona homosexual… es que voy a hablar de [alguien] en quien no sólo los impulsos sexuales, sino también los impulsos emocionales y psicológicos más profundos que fuerzan a la auto-revelación, la intimidad y la conexión, la unión, la cercanía y el compromiso- todo lo que llamamos amor romántico/erótico-encuentran su cumplimiento interno, espontáneo no en el sexo opuesto, pero en el mismo sexo.

Esta es una definición con la que los heterosexuales también nos podemos identificar.

La mayoría de los cristianos conservadores heterosexuales que conozco ven a los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado B como ciudadanos de segunda clase y los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A como no cristianos. Pero entender a los cristianos homosexuales a la luz de las palabras de Holben nos debe llevar a estimar a los que están en la perspectiva lado B como quienes viven con una ética sexual que supera con creces lo que esperamos de nosotros mismos, así como a reconocer que los que están en la perspectiva lado A tienen deseos y objetivos para sus vidas que son los mismos a las nuestros.

 

La Biblia vs. La Biblia

He dedicado todo este tiempo explicando cómo creo que los cristianos evangélicos heterosexuales deberíamos ver la homosexualidad, y sin embargo, sabemos perfectamente bien por qué la mayoría de ellos responderían a mi propuesta con algo que puede ir desde la renuencia hasta con un rechazo frontal. Esta razón se puede resumir en dos palabras: La Biblia.

La Biblia parece dar una presentación diferente sobre las personas que buscan o se involucran en relaciones sexuales con personas del mismo sexo. Está la historia de los hombres movidos en lujuria de Sodoma. Están las abominaciones de Levítico. Existen las condenas de Pablo en Romanos 1, 1 Corintios 6, y 1 Timoteo 1. Aquellos de ustedes que han estudiado estos pasajes con profundidad saben que, en estos dos últimos pasajes, el término griego fuertemente debatido de arsenokoitai aparece con muchos de los pecados fuertes: la fornicación, la idolatría, el adulterio y el asesinato. Así que, a pesar de que vivimos en una época cuando mucha exposición a las historias y perspectivas de personas homosexuales debería hacernos pensar dos veces, muchos cristianos heterosexuales todavía compararán automáticamente las relaciones homosexuales con estos pecados fuertes porque la Biblia parece hacerlo. Cuando tú tienes la Palabra inspirada, infalible, y la autoridad de la Palabra de Dios por un lado en contra de la experiencia subjetiva de personas falibles por el otro, es obvio con cuál tú te quedarías. Tú te quedas con la Biblia.

Estoy tratando de no ser desdeñosa de esa elección, como si “quedarte con la Biblia” siempre se realiza sin sentido y con una ortodoxia ciega. Para todos los cristianos que creen en la Biblia, ya sea homosexual o heterosexual, sabemos que es mucho más profundo que eso. La palabra de Dios está estrechamente entrelazada con nuestra propia espiritualidad. A medida que crecemos y maduramos como cristianos, nuestra comprensión de la Biblia, combinado con años de aprender a caminar con Cristo por la fe, nos enseña reflexivamente e instintivamente a interpretar las cosas que vemos y la experiencia en el mundo a través del lente de un entendimiento bíblico.

Hay miles de ejemplos de cómo usamos la Biblia para tener ánimo y tener una perspectiva espiritual. Las Escrituras son como lentes que colocamos en frente de nuestros ojos miopes para que por la fe podemos ver las verdades de Dios con más claridad. Por ejemplo, cuando siento que la violencia en el mundo está aumentando fuera de control, tomo mi Biblia y leo: “¡El Señor es el Rey! ¡Regocíjese la tierra!” (Sal. 97:1). No se siente como si Dios estuviera reinando, pero debe ser cierto porque la Biblia lo dice, y entonces tengo que ajustar mi perspectiva en consecuencia. Cuando veo a personas siendo víctimas de aquellos que tienen poder, leo: “El Señor es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Sal. 103:6). No parece como si Dios se preocupa por los oprimidos, pero confío en que lo hace, porque la Biblia lo dice.

Y entonces, ¿qué ocurre? Tú lees algo en la Biblia que tiene que ver con las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y tú concluyes que esto debe ser la verdad acerca de la homosexualidad, incluso si las personas homosexuales están diciendo lo contrario. Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Hay ejemplos en la historia de la iglesia cuando nos dimos cuenta que la dirección de nuestra interpretación necesitaba ser invertida, donde la experiencia humana y la observación nos informaban y aclaraban nuestra interpretación de la Escritura. El caso más famoso fue cuando la defensa de Galileo de la teoría de Copérnico de que la Tierra giraba alrededor del Sol parecía contradecir pasajes bíblicos que parecían decir que Dios había establecido la tierra como un cuerpo estacionario. Sin embargo, con el tiempo aprendimos a interpretar esos pasajes metafóricamente para dar cabida a una comprensión heliocéntrica del sistema solar. Así que a pesar de que no es la dirección interpretativa que tomamos habitualmente, existe un precedente para el ajuste de nuestra comprensión de la Escritura en lugar de nuestra comprensión de lo que observamos en el mundo.

En este punto, alguien podría objetar: Bueno, una cosa es cuando las observaciones científicas se realizan utilizando un telescopio, pero ¿cómo puede ser esto comprable con tener algunas conversaciones con homosexuales sobre cómo experimentan su orientación sexual? Su experiencia no es un hecho científico objetivo. Es sólo el auto-informe de unos pecadores, y al igual que cualquier pecador, ellos podrían estar motivados por un interés egoísta. Ellos pueden estar siendo tentados en hacer ver que su pecado es mejor de lo que realmente es. O pueden estar influidos por las ideas del mundo de la comunidad homosexual secular. O tal vez sólo se están rebelando en contra de la Palabra de Dios y en realidad no les importa lo que dice. ¿Cómo puedes justificar el poner más peso en el testimonio humano falible en contra del testimonio infalible de la Sagrada Escritura?

Aquí está cómo: Porque cuando tú empiezas a escuchar las historias de las personas homosexuales y desarrollas amistades significativas, el dilema real con el que te enfrentas es mucho peor. El dilema no es el testimonio de las personas homosexuales contra el testimonio de la Escritura. El dilema real es la aplicación de la Escritura contra el testimonio de la Escritura. Aplicación contra testimonio. ¿Qué haces cuando la aplicación del mandato bíblico de amar a la gente te lleva a la conclusión de que la Biblia parece estar colocando a esas personas en una peor luz de lo que merecen? Este es el verdadero dilema. Es realmente la Biblia contra la Biblia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan que la forma en que debes amar a tu prójimo es al estar tan preocupados por él o ella como lo estarías por ti mismo. Levítico 19:18 dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En Lucas 6:31 Jesús reitera la misma enseñanza, cuando dice: “Trata a los demás de la misma manera que quieres que te traten.” Al parafrasear estos mandamientos de esta manera, el Espíritu Santo nos está instruyendo a utilizar nuestros propios estándares de cómo nos gustaría ser tratados como un punto de referencia para la forma en que debemos de relacionarnos con los demás.

Para lograr esto hay que ponerse en los zapatos de la otra persona. Hay que imaginarse a uno mismo como una persona que, en esa situación, enfrenta sus desafíos particulares. Puede que tengas que interactuar con esa persona de tal forma que tengas que salir de tu área de confort para darte una idea de lo que son su perspectiva y su situación y sus desafíos. Entonces te preguntas, “¿Cómo me sentiría si fuera ellos? ¿Cómo me gustaría ser entendido? ¿Qué tipo de respuesta necesitaría si estuviera en sus zapatos?” Entonces tienes que regresar a ti mismo y tratar de darle a esa persona lo que necesita en función de lo que has entendido al pasar por ese proceso. Todos estos pasos están implicados al interpretar estos simples mandamientos bíblicos sobre el amor que son tan familiares para todos nosotros y que son bastante centrales en nuestra fe cristiana.

Si los cristianos heterosexuales amaramos a nuestros hermanos y hermanas gays en Cristo así, probablemente no habría ninguna necesidad de una organización como The Gay Christian Network, porque la iglesia regular antigua estaría haciendo su trabajo. Entonces, ¿por qué no nos amamos como se supone que debemos? Incluso he oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

He oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

Tal vez decimos esto porque ya sentimos que la dirección de este camino basado en el amor nos podría llevar a conclusiones acerca de la homosexualidad que nos pondría en desacuerdo con lo que la Biblia parece decir. Para evitar este conflicto, retenemos completamente la medida de empatía hacia nuestros amigos homosexuales, familiares o conocidos, porque no queremos dejarnos atrapar por su perspectiva. Debemos descubrir la homosexualidad como algo que es desviado y desordenado. Si no la estamos viendo de esa manera, es porque las personas homosexuales no nos están diciendo todo, o que ellos no están tratando con las fuerzas suficientes para ver su condición tal como lo que es, o porque su trastorno está tan profundamente arraigado que sólo Dios lo ve, pero sabemos que está ahí. Acumulamos un arsenal de protestas y argumentos para dar rienda suelta a nuestra propia mente cada vez que sentimos que esa peligrosa empatía viene a nosotros. La empatía que nos podría desviar de la verdad.

Pero, ¿es ese el enfoque fiel al mandamiento de Jesús acerca de cómo debemos amarnos unos a otros? Él dijo: “Trata a los demás de la misma manera como quieres que te traten a ti.” Y por lo tanto estás obligados a preguntar: ¿Cómo me sentiría si estuviera tratando de explicar una experiencia profundamente personal a alguien que no comparte esa experiencia, y esa persona descarta lo que yo tenía que decir, ya sea como una mentira, o como un producto del auto-engaño, o como una ilusión, o como una prueba de que yo carezco de fe, todo porque ellos tenían un compromiso previo con un conjunto de creencias teológicas?

Una vez tuve un amigo ateo homosexual, ya fallecido, con quien compartía muchos intereses comunes. Él era muy decente cuando se trataba de hablar sobre religión, sin embargo, yo sabía que, en privado, él consideraba a los cristianos que afirmaban tener una relación con Jesucristo como, esencialmente, alguien que sufre de una psicosis. A veces yo misma me preguntaba sobre eso. Me preguntaba: “Me conoce bastante bien. ¿De verdad cree que soy psicótica? ¿De verdad cree que soy el tipo de persona que se imagina cosas acerca de su relación con una deidad?” Realmente nunca supe a ciencia cierta, pero he aprendido de esa experiencia que cuando alguien ha decidido creer algo acerca de ti,- independientemente de lo que tus interacciones con esas personas deberían decirle acerca de tu verdadero carácter, y es todo porque tienen un compromiso previo con un determinado sistema de creencias- es seguro que es difícil tener una relación significativa con ellos. Muy seguramente no dirías que te sientes amado con el amor de Cristo.

Creo que muchos cristianos heterosexuales saben, en el fondo, cuando ellos están reteniendo la medida completa del amor de Cristo con homosexuales y lesbianas, pero lo hacen por devoción a la palabra de Dios, para proteger la Palabra de ser cuestionada, de que sea interpretada mal, y parece una razón noble y justificable. Lo que se reduce a que ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Había una vez un hombre que se encontró en un dilema similar. De hecho, era mucho peor. Era una situación en la que, si obedecía la orden de Dios, destruiría la promesa de Dios. Dios prometió a Abraham que lo haría una gran nación, y Dios lograría esto al darle un hijo. Isaac era la encarnación de todo lo que Dios había prometido. Reyes y naciones vendrían de él. A través de él, los descendientes de Abraham serían tan numerosos como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Todo lo que Abraham había esperado y sufrido en su larga y dolorosa vida valió la pena porque Dios había cumplido su promesa dándole a Isaac.

Entonces, un día, cuando Isaac tenía sólo 12 años de edad, Dios vino a Abraham y le ordenó llevar a su hijo y lo ofreciera en holocausto sobre uno de los montes de Moriá. Y Abraham se enfrentó con la madre de todos los dilemas. Si obedecía la Palabra de Dios, destruiría todas las promesas de Dios a través de Isaac.

En sus años de juventud Abraham podría haber discutido con Dios, hubiera tratado de negociar con Él, o hubiera tratado de tomar un atajo para resolver el dilema. Pero este era el Abraham maduro, y no consideraba ya tales opciones. Tan pronto como recibió la orden de Dios, se levantó temprano a la mañana siguiente, ensilló su asno, recogió un poco de madera, llevó a Isaac, trajo consigo un par de servidores, subió la montaña, colocó a su hijo en el altar, y levantó su cuchillo para sacrificarlo.

Estoy seguro de que recuerdas cómo terminó la historia, pero si no lo recuerdas, mira en la Biblia. Está en el libro de Génesis, capítulo 22.

El punto que nos interesa es la siguiente: ¿Por qué Abraham obedeció de inmediato, de una forma tan decisiva? ¿No le daba miedo destruir el hijo prometido? ¿No estaba angustiado por la aparente contradicción? ¿No era consciente de la catástrofe que su obediencia al mandato de Dios traería?

Seguro que sí lo estaba, pero su actitud fue: No es mi problema. No es mi trabajo resolver cualquier desastre o aparente contracción que resulte de la obediencia a una orden clara de Dios. Eso es problema de Dios. Mi trabajo consiste en obedecer.

Y lo mismo ocurre aquí.

Amar a los homosexuales y lesbianas en la forma que Dios ordena puede dar lugar a problemas en nuestro entendimiento de ciertos pasajes de la Biblia. También puede dar lugar a problemas al vernos cara a cara con nuestros hermanos cristianos, con la preservación de nuestro buen nombre en la iglesia, con seguir empleados en la organización cristiana en la que trabajamos, o con saber qué es lo que está bien y lo que está mal en la vida cristiana en general. Pero si vamos a tener que hacer frente a estos problemas, por lo menos podemos hacerlo con la confianza de saber que estamos obedeciendo un mandamiento claro de Dios.

Una cosa sí sé: Dios no nos manda a amar con el fin de debilitar las Escrituras, o comprometer la verdad, o cegarnos de discernir el pecado, o conducir nuestra fe por un precipicio, o cualesquiera que sean las consecuencias espirituales que puedan ser imaginadas. Incluso si esas consecuencias parecen ineludibles, todavía tenemos que confiar en Él tan plenamente como lo hizo Abraham. Estoy seguro de que Abraham sentía como si estuviera conduciendo su fe por un precipicio. Sin embargo, se metió en el coche, encendió el motor, se puso en marcha, y pisó el acelerador. ¿Qué es la fe, sino obedecer a pesar de tus miedos?

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

El autor Robert Brault dijo: “Hoy he doblado la verdad por ser amable, y no tengo ningún pesar, porque yo estoy mucho más seguro de lo que es ser amable de lo que estoy seguro que es verdadero.”

Nosotros los evangélicos cristianos creemos en la verdad objetiva. Estamos desesperadamente interesados en conocer la verdad, presumiblemente para que podamos obedecerla. Pero tal vez Dios nos está mostrando que hemos hecho un ídolo de perseguir la verdad, y la prueba es que parece que estamos más interesados en tener la razón que en ser obedientes. Es posible que Dios está deliberadamente guardando las respuestas que queremos fuera de nuestro alcance, para que seamos forzados a regresar a las cosas verdaderas que sí sabemos: que el amarnos unos a otros es el segundo más grande mandamiento justo después de amar a Dios, que es el amor el cumplimiento de la ley, y que este es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

 

Misty Irons es blogger , esposa y madre de tres hijos. Ella ha estado escribiendo sobre la relación entre la iglesia conservadora y comunidad LGBT durante los últimos 15 años. Ella tiene una maestría en Estudios Bíblicos por Seminario Teológico Westminster, California. En 2002, su ensayo “Un caso cristiano conservador para el matrimonio civil entre personas del mismo sexo” provocó gran controversia dentro de su denominación muy conservadora. Después de 18 meses de debate, de discusión y de procesos judiciales en el tribunal eclesiástico, ella y su esposo, el Rev. Lee Irons, se vieron obligados a abandonar la denominación y disolver la iglesia que habían estado sembrando durante 10 años.

Este artículo es una adaptación de la plenaria que ella ofreció en enero de 2016 en The Gay Christian Network Conference. Esta traducción ha sido reproducida aquí con su amable permiso.

 

Texto originalmente publicado en inglés en: http://www.evangelicalsforsocialaction.org/oriented-to-love-sexual-justice/homosexuality-whats-next-for-the-conservative-evangelical-church/

Conferencia de Misty Irons en #GCNconf 2016: http://livestream.com/GCNconf/events/4664542