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el querer como el hacer

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“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Filipenses 2.12,13

 

Nunca imaginé que Dios pudiera traerme a país tan lejano. De niño y aun en mi adolescencia continuamente en mí estaba las terribles historias que ocurrían en África y creo Dios despertó en mí desde esa temprana edad una carga, una angustia, por las personas que aquí en África enfrentan situaciones terribles que sobrepasan lo que los medios en nuestro país comunican. Pero nunca imaginé que algún día Dios me permitiría estar aquí en Accra, en Ghana, en África. Y aún más, nunca creí que yo pudiera tener la voluntad y el deseo para venir hasta aquí.

Aún unas semanas antes de venir, hubo un día en que un temor llegó a mí por considerarme incapaz de poder estar aquí y poder ser de bendición. Sin embargo, Dios me recordó que Él había abierto la puerta, y que Él ya me había enviado desde mucho antes de que yo supiera. Esto trajo una confianza sobrenatural.

Estando ya aquí en Ghana, la experiencia ha sido increíblemente sorprendente y de bendición. He podido experimentar el cuidado de Dios, y aún más he sentido una paz sobrenatural que sé viene de Él. No quiero decir con esto que no ha sido un tanto retador el entender la cultura, la comida, el clima, el estar en un ambiente diferente, sin embargo la confianza de saber que Dios está aquí guiándome ha sido muy especial.

Justo la semana pasada Dios me recordaba algo y es que Él es quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer. Es decir, ni siquiera yo elegí venir aquí y si alguien me hubiera preguntado hace algún tiempo atrás si quisiera venir, probablemente hubiera dicho que no. Pero Dios lo ha hecho todo: desde el deseo en mí por estar aquí, como la capacidad para lograrlo.

Este tiempo en Ghana ha cambiado muchas perspectivas en mi vida, muchas. He podido entender que esta vida no se trata de mí, sino de Él. Y cuando uno recibe en el espíritu la revelación de que no se trata de nosotros, nuestra forma de vivir cambiará por siempre. Pude yo haber decidido quedarme en México porque me es más cómodo, sin embargo Dios ya me había enviado a Ghana. Pude yo haber decido que no quería venir a Ghana, pero Dios ya había producido el deseo en mí por venir. Pude haber renegado y hecho un capricho a Dios por estar aquí, sin embargo Él ha dado Su gracia para toda buena obra.

No soy mejor que nadie, y muy seguramente soy muchísimo más incapaz que muchas personas. No se trata de hacer “obras de justicia” para quedar bien con Dios. No es hacer alarde de quién soy. Con un corazón sincero confieso que hay mucha gente muchísimo más talentosa, capaz, y con mucho más conocimiento que yo. No hay nada especial en mí, ni sobrenatural, ni superior. Al contrario, soy muy limitado en muchas áreas. Sin embargo, mi confianza no está puesta en mí, sino en quien es Dios.

Hoy puedo agradecer a Dios por Su fidelidad y cuidado. Por realmente percibir que Él está día a día conmigo. Por tener la certeza de que Él ha preparado toda buena obra para que andemos en ellas.

Hoy si pudiera dejar un mensaje para ti, querido lector, sería: permite que Dios tome control de tu vida a tal nivel que Él produzca en ti todo buen deseo, y toda buena acción. Muévete en fe y obediencia y no confiado en tus capacidades, y Dios te llevará a niveles que jamás creímos podíamos llegar.

la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento

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“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo JESÚS.” Filipenses 4.6,7

 

¿Has enfrentado tribulación recientemente? ¿Enfermedad, prueba, duda? ¿Has comprobado como en medio de tanta confusión la Verdad de Dios permanece fiel?

En los últimos meses Dios ha hablado mucho acerca de la prueba a mi vida. De hecho, desde hace ya un año Dios vaticinaba un tiempo de prueba grande en mi vida que fue iniciado por un accidente. A partir de ahí, Dios habló: vendrán pruebas mayores, aún en lo espiritual.

Las batallas mayores y grandes luchas son aquellas que se enfrenan en lo espiritual. Podrá el cuerpo estar languideciendo, o las emociones titubeando, pero si el espíritu desfallece gran tragedia sucede. Cuidemos el espíritu, cuidemos de que está siendo alimentando, porque en tiempo de prueba ese alimento será determinante. ¿Cuán cercano estamos cerca de Dios? Él es nuestro verdadero alimento.

Algo impresionante de las pruebas, de los tiempos de grandes decisiones cuando la presencia de Dios está cercana a nosotros es que Su paz es sobrenatural. No es una paz respecto a lo que nos rodea necesariamente, sino dentro de nosotros, la claridad respecto a Él, la certeza de que Él puede, la convicción de quien es Él. Su paz como fruto de Su Espíritu que nos afirma en nuestra Roca Fuerte.

No negaré que ha habido dudas y a veces no logramos ver cuándo todo esto terminará, sin embargo sí puedo confirmar que día a día Su paz ha estado. Esta paz que guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo JESÚS.

¿Qué debemos hacer en tiempo de prueba? Primero no estar preocupados, sino que en oración, en ruego, en acción de gracia presentemos delante de Dios nuestras peticiones, derramando nuestro corazón delante de Él. La promesa de Dios es Su paz, Su paz en Cristo.

 

el sentir que hubo también en JESÚS

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“Haya, pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo JESÚS, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2.5-8

El reino de Dios es contrario a todo deseo de la carne, todo deseo que busca la suyo a costa de cualquier cosa. Cuando hablamos de la carne nos referimos a todo deseo descontrolado que se antepone a límites y principios cuyo motivo primario es el amor y cuyo fin es glorificar a Dios. La carne, aquello que es alimentado por lo descontrolado y que nunca se sacia pero siempre deja al hombre más vacio, más vano. La carne, solapada y promovida por el mundo, justificada por Satanás.

Mientras oía a un predicador, él hablaba de ese mandato de Cristo que después Pablo volvería a expresar: sé humilde como JESÚS quien no estimó toda Su gloria sino que se hizo semejante a los hombres y fue obediente hasta la muerte. La humildad, esa cualidad de carácter que JESÚS ordenó imitáramos de Él, es de los mandatos más difíciles porque va en contra de todo desea de la carne, porque el ser humildes nos obliga a negarnos a nosotros mismos, a someter la carne.

El mundo enseña lo contrario. El mundo alimenta nuestro ego al decirnos que tenemos que sobresalir, ser mejore que otros, en no ser humillados porque esto es señal de debilidad, sin embargo es todo lo contrario. La humildad, señal de los verdaderos hombres de Dios que han aprendido y crecido en someter todo deseo de la carne, todo ego, todo deseo descontrolado. La humildad nos mueve a ver a las demás personas con estima y gran valor, como alguien preciado. Es ahí donde JESÚS nos encontró.

Porque sin ser merecedores de JESÚS, Él se dio enteramente por nosotros. Porque siendo Él Dios, se hizo hombre para vencer todo deseo de la carne, todo pecado, y librarnos de tan terrible enfermedad. JESÚS, a Él somos atraídos por Su profunda mirada que nos declara en cada momento: eres amado, eres preciado a mí, y nada en este mundo puede darte tan profundo valor.

ganar a Cristo

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“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo JESÚS, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;” Filipenses 3.8,9

Dios ha anhelado fuertemente desde los tiempos de la creación revelarse a los hombres. Un anhelo fuerte en el corazón de Dios está para que los hombres le conozcan y se acerquen y rindan completamente sus vidas a Él. El Dios del Universo, Quien creó todo con el solo pronunciar de Su voz, desea estar cercano a los Suyos, porque en ello Él encuentra un deleite especial.

Los grandes hombres de fe han descubierto ese anhelo en el corazón de Dios y constantemente estos hombres encuentran en Dios aquello que nada ni nadie puede ofrecerles: plenitud. Cuando un hombre es cautivado por Dios, ese hombre no vuelve a ser igual, su vida queda sometida a Dios para Su gloria. Es por ello que estos hombres, aun en tiempos de gran persecución y peligro, confiadamente andan porque saben que Dios es por ellos y si Dios es por ellos, ¿quién podrá en contra de ellos? Ni aun la muerte, ni la vida, nada podrá separarlos del amor de Dios que es en Cristo JESÚS.

Ganar a Cristo se vuelve el anhelo diario y constante de estos hombres. Poder saber que cada día pueden conocer más de Él y Su perfecta voluntad. Para estos hombres, la vida cambia completamente su sentido y propósito y se le alinea a un propósito eterno que sobrepasa toda cosa que en esta tierra se pueda tener.

Estamos por concluir un año y comenzar un año nuevo. Y confío mucho en Dios que nos permita anhelar en este próximo año el ganar a Cristo más y más, conocerle aún más de tal forma que nuestra vida quede cautivada por Él, que todo lo llena en todo.

provisiones en este mundo

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“Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;” Filipenses 3:20

 

Algo importante que todo hijo de Dios necesita tener presente día a día es que este mundo no es el lugar a donde pertenecemos. Sí somos mayordomos en este planeta y necesitamos cuidar de él y de cada recurso con el que nos Dios nos bendice: en nuestra casa, en nuestro vecindario, en nuestra ciudad o en nuestro país, todos estos son lugares de los que somos responsables pero a los cuales no pertenecemos. Un día esta tierra pasará, todo lo que conocemos en este planeta no será más.

Y es importante tener presente que no pertenecemos aquí, porque así nuestros ojos y nuestra vida estarán enfocados en lo eterno y en lo que realmente trascenderá. No es vivir irresponsablemente en este mundo no teniendo cuidado de lo que se nos ha otorgado, sino haciendo que esos recursos temporales sean usados para impactar lo eterno.

Es muy común en nuestra sociedad que vivamos planeando qué adquiriremos o lograremos en el futuro en este mundo: una casa, un auto, un viaje, ropa, regalos, estudios, familia, un mejor trabajo o un ascenso, un nuevo negocio, tener hijos, nuestro retiro. Todas estas son provisiones, pero provisiones que se quedarán en este mundo. Sin embargo, cada una de ellas puede usarse para que Dios sea glorificado y con ello lograr tesoros en el cielo, allá donde no hay corrupción que pueda destruirles.

Hoy sería muy conveniente y provechoso que reflexionáramos en cómo cada recurso que Dios nos permite tener puede usarse para trascender más allá de este mundo y cómo pueden usarse para glorificar a Dios. Por ejemplo, tu casa (un bien temporal) puede usarse para que hospedes a alguien que le requiera como un hermano en la fe, o quizá puedes pedirle a Dios que en tu casa Él haga un lugar donde Su presencia pueda manifestarse y bendecir a otros. Tu trabajo o tu escuela (otro bien temporal) pueden ser un medio a través del cual tus compañeros puedan reconocer que tú eres diferente, y para bien, porque Dios está contigo.

Estoy seguro que Dios nos enseñará cómo cada recurso con el que nos bendice puede usarse para glorificarle. Seamos fieles en administrar cada recurso de manera sabia, para el Señor.

la obra que perdura

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“estoy persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6

 

Continuamente nuestra oración puede estar orientada a nuestras necesidades que de este mundo se desprenden: alimento, salud, protección, cuidado, provisión, etc. Sin embargo, a pesar de que en esta oración la motivación y el deseo no son en nada malvados, hay algo en ella que pudiera pasar desapercibido a nosotros: su trascendencia en lo eterno.

No hay nada malo pedir por alimento, o por salud, o protección, pero antes de que Dios cubra esa necesidad, necesitamos pedir a Dios que desarrolle en nosotros el discernimiento a través de Su Espíritu para entender el propósito eterno en cada circunstancia buena o mala.

Hay una necesidad muy fuerte en las familias actualmente, en mi familia la hay. Y también hay una necesidad muy urgente en cada persona. Y la necesidad aun mayor, aquella que urge, es aquella que está en el espíritu, aquella que de ser suplida no perecerá.

Jesús, cuando estuvo en este mundo, constantemente hizo milagros: sanó enfermos, alimentó a miles, daba vista a los ciegos, convirtió el agua en vino. Pero los milagros que verdaderamente trascendieron fueron aquellos que llegaban el espíritu de las personas: el perdón, la salvación, la libertad.

Hoy podrás escuchar miles de líderes religiosos hablar de poderes sobrenaturales para sanar, traer prosperidad, como ser exitoso en los negocios. Pero oirás a pocos hablar de aquel poder que hace una obra que perdura: la de tu alma, la de espíritu, aquella obra que una vez que hecha no perecerá.

No quisiera que pienses que pedir por alimento, o salud, o provisión, es malo. Para nada lo es. Pero es importante que Dios revele a nosotros el propósito en ello y evaluar nuestro corazón si esta petición es para nuestros deleites carnales, o para glorificarle a Él.

Sé que tienes necesidad hoy, en tu alma y en tu espíritu. Dios está muy interesante en mostrarte que no estás solo, y que Él tiene el poder para restaurar tu alma y tu espíritu.

Mi oración hoy es para que Dios nos muestre aquello que necesita ser cambiado en nosotros y podamos orar para que seamos cada vez más como Jesús.

el querer como el hacer

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“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Filipenses 2:13

 

El apóstol Pablo en su carta a los romanos describe una de las luchas que todos los humanos enfrentamos: hacer lo que aborrecemos. (7:15) Y explica Pablo en esta carta que este actuar viene provocado por el pecado que habita en nosotros (v. 17), ya que en la carne (nuestra naturaleza humana caída) no habita el bien sino el mal.

Es muy frecuente que nos enojamos y perdemos en ocasiones el control de lo que decimos o hacemos, y después darnos cuenta que realmente no queríamos enojarnos y mucho menos ofender de las formas en que lo hemos hecho. También, quizá, es común que en nuestra mente hay pensamientos malsanos e incorrectos y continuamente luchamos para que nuestra mente esté alejada de esos pensamientos, pero continuamente vuelven a uno. A veces el desánimo llega y nos impide movernos aún a pesar de que por dentro algo nos dice y nos motiva a seguir. Hemos hablado mal o murmurado en contra de alguna persona, hemos dejado que nuestro orgullo crezca sintiéndonos superiores moralmente que otros, o no hemos sido generosos con nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras acciones… y la lista puede crecer. Sin embargo, algo dentro de nosotros continuamente quiere el bien, pero nuestras acciones, actitudes o nuestras palabras terminan por hacer todo lo contrario. Esa es la gran lucha que día a día enfrentamos: el pecado en nuestra carne.

Pero lo más especial y maravilloso lo describe Pablo en esa misma carta en el capítulo 8, y en su carta a los filipenses: Dios pone no sólo el deseo sino también la acción para actuar de tal forma que le glorifiquemos. Es por esta situación que en varias ocasiones, muchas diría yo, nos damos cuenta en nuestro caminar con Dios que lo que estamos haciendo ahora no es más que la obra del Espíritu de Dios en nuestra vida. Su Espíritu que nos une en un cuerpo para producir frutos no sólo en nuestro carácter sino en nuestra vida entera: pensamientos, emociones, acciones, actitudes, sueños.

Cada día en nuestro andar con Dios nuestra vida está siendo moldeada al carácter de JESÚS hasta que lleguemos a Su estatura.

Es maravilloso saber que Dios no sólo nos da acceso a Él y a la eternidad, sino que nos mueve a crecer no en conocimientos humanos, no en actitudes superficiales, no en banalidades y cosas temporales de este mundo, sino en carácter y en Su conocimiento. Dios cada día está trabajando en nosotros y hoy deseo que cada uno de nosotros dejemos que Él obre libremente en nuestra vida: en cada célula, en cada pensamiento, en todo nuestro ser.

La buena obra que Dios ha comenzado en nosotros, la completará hasta el fin de los tiempos. Porque Él es fiel.

como pérdida para ganar a Cristo

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Filipenses3:8

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,[…]”

Cuando uno recibe la vida eterna, el gran milagro de nacer de nuevo, la vida misma cambia de perspectiva. La historia de la iglesia cristiana está llena de grandes milagros, de personas que viviendo en una vida sin sentido y de muerte son transformadas al recibir una vida de propósito y eterna. Y esta transformación hace que la vida pasada y todo lo que este mundo temporal pueda ofrecer resulte como basura delante de Dios.

En la Biblia encontramos historias reales de hombres que dejándolo todo le siguieron (a Jesús), de familias enteras donde ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, de hombres que dieron la vida por predicar la Verdad en Jesús y que murieron sacrificados por defender lo que creían, de jóvenes que dedican su vida a Jesús a través de la entrega diaria de su tiempo, de sus recursos, de sus talentos, de su familia con tal de conocer a Jesús.

Tener todo por pérdida, todas las cosas que nosotros podemos tener o ganar en este mundo, es un paso de madurez en la fe de la vida cristiana. Es negarse a uno mismo. Es rechazar ese concepto humanista de “autoestima”, ya que la vida misma resulta pérdida para ganar a Cristo. Nosotros no somos por lo que podemos hacer, o decir, o pensar, sino que nuestra identidad es Cristo, porque somos uno en Él.

Tu Nombre mi victoria es

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Un canto cristiano afirma una verdad de la cual muchos que caminamos con Dios nos sujetamos: Su Nombre es la victoria para nuestra vida, no sólo esta vida sino la que ha de venir.

Vivimos confiados no sólo en el presente sino en el futuro que por más turbulento y desalentador parezca, en Jesús tenemos nuestra confianza y nuestra victoria. Porque Él ha vencido. Vivimos confiados no sólo en el futuro sino en nuestro pasado el cual ha sido perdonado completamente por Dios por la fe en Jesús. Porque Él ha pagado todo.

Vivir confiados en Jesús en un mundo que se reusa en reconocerle como Dios y Señor de todo, puede volverse complicado en días en los que nuestra fe puede estar en prueba, pero una verdad que nos sujeta es que Él permanece a nuestro lado cuando decidimos caminar con Él.

Por más noticieros que pregonan eventos desalentadores, por más guerras que se inicien, por más desastres naturales que se avecinen, por más maldad que domine el mundo, sabemos que Él está con nosotros y ha prometido guardarnos de todo mal. Jesús ha vencido al mundo, y nuestra confianza no está en el mundo, ni en nosotros, ni en nuestra familia, ni en el dinero; nuestra confianza está Él, en Jesús. Siempre cierto, siempre fiel.

 

“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2:10,11

decisiones

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¿Qué hay más allá del paso que doy? Aún más, ¿qué hay más allá del pasó que sigue después de éste? Siempre intento concentrarme en el paso actual como el pequeño niño aprendiendo a caminar que sujeto de las manos de sus padres o apoyándose en la pared intenta aprender. Me pregunto ahora, ¿cuál fue esa sensación en mí cuando logré caminar, ese primer paso, ese intento exitoso después de las caídas? Un paso tras otro paso, concentrándome siempre en extenderme hacia delante al caminar poniendo un énfasis completo en ese siguiente paso como si la vida dependiera de él. Podía desconfiar de volver intentar, quizá rehusarme de hacerlo nuevamente, llorar intensamente después de alguna caída, pero no podía rendirme, no pude haber dicho: “No quiero aprender a caminar”, de hecho no existía esta posibilidad.

Siempre estuvieron mis padres y mis hermanos ahí. Soltándome y cuidándome, cuidándome y guiándome, hasta que ese “caminar” se hizo tan natural y se volvió una parte de mí como el respirar, se volvió parte indispensable de los días.  El siguiente reto: correr.

¿Qué hay más allá del paso que doy? Siempre intento vislumbrar que traerá el paso siguiente, que se encuentra más allá de todo el caminar, qué sentido tiene el caminar actual. Muchas veces, ese vislumbrar es tan poco visible pero no menos real. ¿A caso cuando aprendí a caminar me sentaba primero y me preguntaba por qué debo caminar? Confiaba siempre en que en mi caminar mis padres estarían. Y ahí, es cuando recuerdo que nuestro andar no es por vista, sino por fe. Un caminar en el que cada objetivo cumplido es tan sólo otro paso, donde nuestra meta se extiende más allá.

Es importante planear los pasos y vislumbrar hacia donde me llevará cada uno de ellos, pero habrá muchos de ellos en los que necesitaré concentrarme completamente en dar el paso actual, antes que vislumbrar hacia donde me llevará, siempre basados en la palabra de mi Padre. Desprenderme del que fui ayer, para poder conseguir lo que necesito ser mañana.

Después de las caídas, siempre existe ese anhelo por seguir intentándole hasta conseguirlo porque aún las caídas nos hacen más hábiles, más aptos. Estoy seguro que siempre hay un nuevo paso por dar, siempre habrá. Porque nuestra meta es indescriptiblemente perfecta.

Siempre he disfrutado de las tardes. Hoy disfruto de una pensando cuán genial será el siguiente paso. Cuan genial será estar con Él, abrazarLe, platicarLe, mirarLe, sentirLe, contemplarLe, escucharLe, amarLe. Poder llegar a Él habiendo cumplido el exacto propósito por el cual me ha llamado a vida.

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2 Corintios 5.7

Filipenses 3.13-14