Archivo de la etiqueta: Génesis

Homosexualidad: ¿Qué sigue para la Iglesia Evangélica conservadora?

Estándar

por Misty Irons

traducción al español por Jacob Pintle

Como alguien que es miembro de la rama reformada de la iglesia evangélica conservadora, me he estado preguntando lo que me gustaría ver que suceda en el futuro para nosotros los cristianos heterosexuales que se sujetan a una perspectiva lado B sobre la homosexualidad. Por lado B, nos referimos a la creencia de que la intención original de Dios en la creación es que la unión matrimonial sea entre un hombre y una mujer. ¿Cómo podemos mantenernos en nuestras creencias de tal forma que sean más fieles al Evangelio de Jesucristo y menos fieles a nuestros propios miedos, prejuicios y agendas humanas?

Algunos años atrás, cuando estaba recientemente buscando relacionarme con más cristianos LGBT, me di cuenta que mi postura conservadora iba a ser un problema. No quería mostrar una etiqueta que hiciera que la gente se sintiera incómoda, y siendo heterosexual y lado B podría cerrar la conversación antes de que incluso iniciara. Así que un día, sintiéndome bastante estresada por todo el asunto, decidí que iba a ser lado A. Nada de estudio, ni preparación, ni nada, yo sólo quería ser incluyente (affirming). De esa manera podría etiquetarme a mí misma como algo que dijera a las personas LGBT: “Mira, no te quiero hacer daño, no quiero ser una amenaza.” Además, había una serie de aspectos de la postura incluyente (affirming) que encontraba interesantes.

Ese experimento duró sólo unos dos meses. Estaba teniendo problemas para ligar la perspectiva lado A con mi comprensión más amplia de la Biblia, en la que veo una progresión Creación-Caída-Redención-Consumación. A mi entender, la doctrina de la caída prepara el escenario para nuestra necesidad de redención, convirtiéndose en la ocasión para que Dios muestre su amor por nosotros de manera tan dramática mediante el envío de Su Hijo. Por lo tanto, mi comprensión de la Biblia está vinculada con mi comprensión del mensaje del Evangelio. Actualmente entiendo la orientación sexual cuya atracción es hacia el mismo sexo como caído (como consecuencia de la caída), pero no es algo pecaminoso en sí. “Caído pero no pecaminoso” hace referencia a la mejor manera con que puedo describir algo que, he encontrado, parece desafiar todas las categorías y el lenguaje teológico.

Al final, decidí abrazar la etiqueta lado B por razones de simplicidad y, sin embargo, siempre he estado dividida entre las dos perspectivas, el lado B y el lado A, debido a que ambos parecen tener cosas legítimas sobre cómo los cristianos homosexuales deben vivir sus vidas en términos prácticos. Me he hecho amiga de cristianos homosexuales piadosos en ambos lados del debate.

El apóstol Pablo reconoce en el capítulo 14 de Romanos que hay ciertos temas en los que los cristianos tomarán lados opuestos, pero ambos lados son capaces de mantener su posición en buena conciencia. Él dice que la clave para tener una buena conciencia es la fe. En Romanos 14: 22-23 Pablo escribe: ” ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba… y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”

El apóstol Pablo afirma que la clave para tener una buena conciencia es fe

Debido a que en la perspectiva lado B los cristianos homosexuales creen que Dios originalmente instauró que el matrimonio sea entre un hombre y una mujer, ellos (los cristianos homosexuales en esta perspectiva) tratan de honrar a Cristo abrazando la vocación de celibato, o siendo fieles en su matrimonio heterosexual (mixed-oriented marriage), o por la búsqueda de amistades más profundas dentro de la Iglesia. Para esto se necesita fe. Por su parte, cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A creen que Dios los creó para ser gay y que no puede haber nada pecaminoso en amar a otro ser humano. Ellos buscan honrar a Cristo a través de estar en una relación amorosa y comprometida con otra persona del mismo sexo. Esto también requiere fe. Hay cristianos homosexuales en ambos lados que han confiado en mí para preguntarme si es realmente la otra perspectiva la que es correcta, sin embargo, los dudosos en ambas perspectivas se ponen en manos de Dios confiando en que Él los guiará en el camino correcto. Esta es otra expresión de la fe.

Teniendo en cuenta las cuestiones teológicas, los problemas humanos, y las cuestiones de conciencia implicados, nunca estaremos totalmente de acuerdo, sin embargo, todavía se puede reconocer la unidad cristiana que todos compartimos, incluso en medio de nuestras diversas experiencias y puntos de vista. Así que, cuando pienso en lo que sigue para la iglesia evangélica conservadora, esa es la dirección que me gustaría veamos delante de nosotros. Me gustaría vernos trabajar hacia una mayor unidad incluso en medio de nuestros desacuerdos sobre la fe y la sexualidad.

Este podría ser el final de este artículo, pero me doy cuenta que sólo he planteado más preguntas: ¿Por qué no están los evangélicos conservadores encabezando una dirección de mayor entendimiento y mayor conciliación? ¿Por qué los evangélicos dicen cosas similares a lo que estoy diciendo acerca de la caída, la redención en Cristo, y caminar por fe, sin embargo, en lugar de buscar una mayor unidad de los cristianos, trazan una línea en la arena, tratando a las personas LGBT con actitudes que van desde el frío distanciamiento hasta la hostilidad abierta?

Para responder a esta pregunta, tendría que hablar sobre dónde creo que los evangélicos han estado en el pasado, dónde están en este momento, y por qué no hemos avanzado hacia una relación más conciliadora con la comunidad LGBT. Y aunque diga “LGBT”, lamento que no tengo mucho que decir que pudiera ser relevante para cristianos bisexuales y transgénero, por no hablar de los que se identifican como queer, intersexual o asexual. El hecho es que la iglesia conservadora está todavía solamente hablando de las letras L y G, y no está ni siquiera teniendo conversaciones sobre las otras identidades. O, si hay tales conversaciones, no han alcanzado un nivel bastante decente para ser digno de mención.

No soy una ministra ordenada; no tengo un título teológico de ninguna clase. Sólo soy una persona común con un poco de educación teológica que sirve fielmente en su iglesia, mientras soy esposa y ama de casa y madre. Te ofrezco lo siguiente como mis observaciones personales.

 

Slogans vs. Verdad

Recuerdo una vez, sobre todo en la década de los 80s y 90s, cuando todo lo que había oído desde los púlpitos evangélicos en Estados Unidos era que la homosexualidad era una “elección de estilo de vida pecaminoso”. La explicación para la existencia de personas homosexuales era algo como esto: Eran personas que, en algún momento de sus vidas, ya sea por curiosidad ingenua o impulsados por la lujuria perversa, participan en conductas sexuales con personas del mismo sexo en contra de sus deseos heterosexuales naturales. Entonces se convirtieron en adictos a este estilo de vida y pronto se hicieron tan detestable a Dios que “los entregó” a sus deseos de modo que ya no podían apartarse de su estilo de vida elegido. En otras palabras, eran una categoría de personas que estaban más allá de la redención, y por lo tanto palabras como “depravados” eran lanzadas libremente para describir a aquellos que aparentemente cayeron en esta terrible condición espiritual.

A medida que estas ideas fueron aceptadas sin cuestionamientos en la iglesia, hubo otro movimiento que también fue ganando algo de terreno, aunque más suave y gradualmente. Ministerios ex-gay empezaban a crecer en importancia y popularidad. Y como estos ministerios parecían prosperar, se hizo cada vez más difícil explicar por qué las personas que supuestamente eligieron ser homosexuales estaban, al mismo tiempo, eligiendo unirse a los ministerios que se comprometían en hacerlos heterosexuales. ¿Por qué las personas que supuestamente estaban más allá del arrepentimiento acudían a los ministerios que les ayudaban a hacer algo tan similar al arrepentimiento? Tantas tragedias terribles salieron de ministros ex-gay, sin embargo, la popularidad temporal de estos ministerios llamados efectivos puso en tela de juicio algunas de las peores acusaciones formuladas por los conservadores contra las personas gays y lesbianas.

Ahora, cuando la iglesia conservadora tiene la sensación de que podríamos haber estado equivocados sobre algo, no nos disculpamos. En cambio, cambiamos de tema. Nos decimos a nosotros mismos que estamos básicamente en lo correcto, que estamos haciendo algunos ajustes, e intentamos pretender que no hemos hecho algunas de esas declaraciones extravagantes en el pasado, a pesar de que toleramos perfectamente a los que siguen haciendo esas declaraciones.

Alrededor de la década de los 2000 comencé a escuchar un nuevo slogan que circulaba entre los evangélicos que era algo como esto: “Incluso si ser gay no es una elección, el actuar en base a ello sí lo es”. La idea es: “Mira, nosotros no estamos dejando la idea de que es una elección, sólo estamos diciendo si no es una elección. Y aunque no sea una elección, todavía nos reservamos el derecho de señalar lo que es obvio, que es que tú tienes que tomar buenas decisiones acerca de qué hacer con tu homosexualidad”. ¿Qué es considerada una buena decisión? Tú puedes preguntar. Los líderes de la iglesia dirigían a las personas hacia las opciones impulsadas por los ministerios ex-gay: buscar el cambio de orientación, y si es posible comienza un matrimonio heterosexual. También existe el celibato, pero esa opción era vista como sólo medio satisfactoria.

A medida que los años pasaban, un creciente número de líderes ex-gays se convirtieron en líderes ex-ex-gay, y así ministerios ex-gay tras otro empezaron a admitir sus tasas de éxito tan bajas respecto a cambiar la orientación sexual en las personas. A pesar de que los ex líderes de estos ministerios dieron un paso adelante y pidieron perdón por el daño hecho, se dice que la mayoría de los líderes cristianos heterosexuales que una vez les habían apoyado les dieron la espalda a ellos por no guardar su fe. Sin embargo, no hay duda de que, en la actualidad, nos encontramos en un lugar donde se puede decir que el apogeo de los ministerios ex-gay ha terminado.

Y ahora, al igual que antes, el viejo slogan ha sido abandonado por uno nuevo con apenas una explicación dada. En estos días he estado escuchando un slogan que dice así: “No debes llamarte a ti mismo homosexual, debido a que tu identidad está en Cristo”. Otra versión que he escuchado es: “Llamarte gay cristiano es un oxímoron”. Estoy todavía tratando de averiguar por qué tantas personas en la iglesia se han aferrado a este mantra, como si haber estado equivocados en el slogan de la elección y haber estado mal en el slogan de cambio, de alguna manera nos pone en la posición creíble de ahora ser capaces de dictar a las personas homosexuales sobre un asunto tan personal como cómo deben llamarse a sí mismos. Mi suposición es que debido a que la etiqueta de “ex-gay” ha caído de la gracia, y esta era la etiqueta con la que los conservadores se sentían cómodos para usar, lo único que queda por hacer es atacar el término “homosexual”, a pesar de que yo no escucho a nadie sugiriendo alternativas viables.

¿Qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa?

Teniendo en cuenta todos los cambios de slogans, el pensamiento de la iglesia evangélica sobre la homosexualidad parece haber tenido algún progreso, pero me parece que el progreso ha sido superficial. En el aspecto público de la iglesia evangélica se ha suavizado su lenguaje, y muchos líderes están ahora poniendo más énfasis en la necesidad de amor en lugar de golpear el tambor de la condenación. Pero, ¿qué sanidad se puede lograr al suavizar el lenguaje y al cambiar el énfasis cuando nuestro argumento original (que la homosexualidad es un estilo de vida que uno elige ocasionado por rebelión espiritual y lujuria desmedida) nunca se ha quitado oficialmente de la mesa? ¿Cómo es que simplemente haciendo ajustes en nuestro lenguaje puede ser un remedio por haber hecho esa clase de acusaciones que destruyeron relaciones familiares, arruinaron reputaciones, despojaron a personas de su fe, aplastando su esperanza, y, en algunos casos trágicos, obligaron a la gente a tomar su propia vida? No he sabido de alguna disculpa pública pronunciada por la iglesia evangélica conservadora, ni tampoco de algún acto importante de arrepentimiento que hayamos realizado colectivamente para mostrar que hemos hecho una clara ruptura con las muchas acusaciones falsas que hemos formulado contra los gays y lesbianas durante tanto tiempo en nuestra historia reciente.

Hemos tomado medidas a medias para hacer frente a esta situación, diciéndonos a nosotros mismos que estamos bien porque hemos abrazado lo que se supone que es lo más amable y lo más gentil del evangelismo. Por ejemplo, me he dado cuenta en estos días que algunos cristianos heterosexuales se harán cargo de destacar que todos nosotros, ya sea heterosexual u homosexual, somos pecadores que necesitamos escuchar el mensaje del evangelio. Pueden incluso ir tan lejos como para explicar que a veces escuchar la verdad acerca de nuestro pecado puede ser doloroso, pero la intención es ser amorosos y que no debería ser tomado como odio contra los homosexuales, pero como una forma de hablar la verdad en amor. Sin embargo, cuando estos cristianos dicen que están “hablando la verdad en amor,” ¿qué es lo que entienden que es la verdad sobre la homosexualidad? Porque si ese entendimiento no es exacto, entonces lo que uno tiene que decir difícilmente podría calificarse como amor, no importa que tan amoroso sea el tono que se use para hablarlo.

Cuando se trata de ejercer el amor cristiano, fácilmente nos convencemos a nosotros mismos de que ser amoroso tiene que ver con nuestras buenas intenciones y de querer lo mejor para la otra persona de acuerdo a lo que creemos que deberían ser en lo espiritual. Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

Lo que no siempre nos ocupamos de examinar es el contenido de lo que estamos diciendo, si se trata de hechos, si es preciso, o si es que tiene algún sentido en absoluto para la vida de la otra persona.

He oído a algunos cristianos heterosexuales decir en un tono muy simpático: “Tú sabes, todos somos pecadores, y la homosexualidad es simplemente otro pecado.” Y luego añaden: “como el asesinato.” Ahora, ¿cómo amar a una persona del mismo sexo se puede incluso comparar con tomar la vida de otra persona? O escucharía a la gente decir que ven el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo al igual que lo harían con cualquier pecado sexual, como el adulterio o la fornicación. Y sin embargo, ¿cómo son estas comparaciones válidas si se considera que el matrimonio homosexual es la formación de una relación comprometida, mientras que el adulterio es una traición a ese compromiso? La fornicación es sexo fuera del matrimonio, mientras que el matrimonio del mismo sexo permite el sexo dentro del matrimonio.

Muchos cristianos heterosexuales han llegado a comprender que ser gay se refiere a tener atracciones hacia el mismo sexo y no necesariamente significa que uno es sexualmente activo. Pero entonces los escucho sostener que la atracción sexual entre personas del mismo sexo como una tentación contra la cual hay que seguir luchando. Todos los cristianos luchan con la tentación, dicen. Y para aquellos que tienen atracción hacia el mismo sexo, lo que estamos pidiéndoles hacer no es diferente de lo que se le requiere a cualquier cristiano en sus luchas diarias contra el pecado.

Pero aquí está mi problema. Una lucha contra la tentación implica que una batalla se debe luchar para volver las cosas a un estado de normalidad. Insistir en que la atracción hacia las personas del mismo sexo en sí misma debe ser vista como una tentación contra la cual luchar continuamente plantea la cuestión de ¿qué es lo que cristianos homosexuales deberían estar luchando para lograr? ¿Cómo sería la victoria en caso de que ellos tengan éxito?

¿Deberían ellos deshacerse de todo sentimiento sexual en lo absoluto, sólo para reemplazarlo con nada, para existir en un vacío emocional? Cristianos heterosexuales no creen que eso es lo que están tratando de decir, pero en realidad esa es la única conclusión a la que muchos cristianos homosexuales prácticamente pueden llegar. He visto personas que se entregan al trabajo, en diversas adicciones, y en la desesperación y conductas destructivas porque sentían que a ellos no les es permitido sentir y existir como seres sexuales. Se les está pidiendo que hagan algo humanamente imposible.

¿O estamos diciendo que su lucha les debería llevar a convertirse en heterosexuales? Esto es sólo otro camino de regreso a la terapia ex-gay. Sin embargo, nuestro experimento de casi cuatro décadas con los ministerios ex-gay debería habernos mostrado lo equivocados que estábamos sobre la capacidad de las personas para cambiar su orientación sexual. Imagine por un momento qué pasaría si hubiera un experimento financiado por el gobierno que se ejecutó durante casi cuatro décadas. Este experimento utilizó un tamaño de muestra de participantes que llegaron a los miles, tal vez incluso decenas de miles, de los cuales todos estaban muy motivados y tenían todas las ganas de ver que el experimento fuera exitoso. Sin embargo, al final, los expertos estimaron que la tasa de fracaso era alrededor del 99,9%. Supongamos ahora que algunos funcionarios del gobierno seguían insistiendo en continuar con el programa porque pensaban que los participantes no habían estado tratando lo suficientemente duro para tener éxito. ¿No habría la mayor protesta pública sobre la ceguera y la estupidez y el despilfarro de dinero de los contribuyentes, con memes enviados por todas partes y las redes sociales a punto de explotar?

Los cristianos evangélicos necesitamos darnos cuenta de que nuestro experimento fallido de convertir personas homosexuales en heterosexuales debió resultar en un importante cambio de paradigma en nuestro pensamiento. Esto significa admitir que nos hemos equivocado en tantas cosas. Significa arrepentirse. Y arrepentimiento significa cambiar nuestros caminos y nuestro pensamiento. Significa hacer una clara ruptura con las viejas tendencias de pensamiento y comenzar desde un sitio nuevo.

Yo sugeriría que el lugar más útil para la iglesia conservadora para comenzar de nuevo es pensando en la homosexualidad como una simple orientación sexual. Debido a que la orientación sexual es algo que se aplica a todas las personas. Yo tengo una orientación sexual; tú tienes una orientación sexual. Nos diferenciamos en nuestras respectivas orientaciones, pero lo que tenemos en común es nuestra sexualidad humana. Aquellos de nosotros que somos lado B podemos creer que la existencia de la orientación sexual cuya atracción es hacia las personas del mismo sexo es un resultado de la caída, mientras que los que están en el lado A puede creer que Dios creó a las personas para ser gay. Pero cualquiera que sea la perspectiva en la que te mantienes, debemos ser capaces de llegar a un acuerdo de que, aparte de las diferencias de orientación, tanto gays como heterosexuales experimentamos la sexualidad de la misma manera. Por eso, la mejor analogía que puedes utilizar para entender la homosexualidad no es el adulterio, ni la fornicación, ni alguna lucha o tentación. La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

La mejor analogía, lo más útil que puedes utilizar para entender la homosexualidad es la heterosexualidad.

He oído muchas historias de mis amigos homosexuales acerca de lo que representó para ellos salir del clóset por primera vez con sus amigos o miembros de la familia. A menudo, la primera pregunta formulada es: “¿Cómo sabes que eres gay?” Interesante, porque yo no creo que nadie jamás me haya preguntado: “¿Cómo sabes tú que eres heterosexual? ” Apostaría que a la mayoría de los heterosexuales nunca les han hecho esa pregunta.

¿Cómo sé que soy heterosexual? Es porque siento una atracción hacia los hombres -no todos los hombres, pero sí determinados hombres- y es algo que nunca siento hacia las mujeres. Se le puede llamar atracción, aprecio, fascinación. No es sólo un buen sentimiento hacia esa otra persona, pero algo que me hace pensar en esa persona y me hace sentir bien. Primero lo noté en la escuela primaria. Tenía alrededor de 10 años de edad, y me fijé en un muchacho que era parte de nuestro carpool de nuestro vecindario. Él y su familia se acababan de mudar a la casa de al lado y a veces mi hermano mayor iba a su casa para jugar baloncesto. Ahora, yo no era una de esas chicas que veían a un niño como algo fantásticamente emocional. Me sentí amenazada por ello. No tenía ni idea de dónde estos sentimientos ridículos venían, y también me parecía confuso que un chico tuviera esa clase de efecto en mí cuando en realidad no lo conocía tan bien. De hecho, no había nada que él o yo hubiéramos hecho, tan pronto como puedo decir, para hacer que esto sucediera.

A medida que pasaban los años y que llegué a mi adolescencia, repetí el mismo patrón a través de varias otras atracciones hacia muchachos con los que tomaba clases en la escuela secundaria, chicos jóvenes que conocí en grupos de comunidad cristiana. Yo sabía cómo ejercer el autocontrol, pero también empecé a entender que los sentimientos sexuales no son algo que pueden ser ignorados o apagados. Era algo que necesitaba entender sobre mí misma, y me di cuenta de que mis amigos atravesaban el mismo proceso también.

Así que ¿elegí yo ser heterosexual? ¿Les suena como si hubiera yo hecho una elección cuando tenía 10 años? ¿Estoy exhibiendo mi vida sexual delante de ustedes al estar hablando de esto? Pero ahora ven, no he hablado de sexo, no he mencionado nada sobre tener sexo. Estoy hablando de mis sentimientos de atracción hacia el sexo opuesto y cómo por primera vez supe de ellos. Todo lo que he hablado fue mi orientación sexual.

Las personas que tratan de explicar su orientación sexual van a contar historias similares a la mía, y miles de estas historias ya han sido dichas. Pero como persona heterosexual algunas veces no reconoces que, si tú fueras a contar tu historia de tu primer amor hacia el sexo opuesto, no va a sonar bastante diferente de la historia de alguien que explica cómo ellos supieron por primera vez que eran gays o lesbiana. Este reconocimiento es el punto de partida no sólo para la conversación, pero para relacionarse, para comprender hasta qué punto nuestras experiencias son paralelas.

La mejor definición que he encontrado de lo que significa ser gay o lesbiana está en el libro de R. Holben Lo que los cristianos piensan acerca de la homosexualidad . Él escribe:

Lo más importante para referirse a los gays, lesbianas o persona homosexual… es que voy a hablar de [alguien] en quien no sólo los impulsos sexuales, sino también los impulsos emocionales y psicológicos más profundos que fuerzan a la auto-revelación, la intimidad y la conexión, la unión, la cercanía y el compromiso- todo lo que llamamos amor romántico/erótico-encuentran su cumplimiento interno, espontáneo no en el sexo opuesto, pero en el mismo sexo.

Esta es una definición con la que los heterosexuales también nos podemos identificar.

La mayoría de los cristianos conservadores heterosexuales que conozco ven a los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado B como ciudadanos de segunda clase y los cristianos homosexuales cuya perspectiva es lado A como no cristianos. Pero entender a los cristianos homosexuales a la luz de las palabras de Holben nos debe llevar a estimar a los que están en la perspectiva lado B como quienes viven con una ética sexual que supera con creces lo que esperamos de nosotros mismos, así como a reconocer que los que están en la perspectiva lado A tienen deseos y objetivos para sus vidas que son los mismos a las nuestros.

 

La Biblia vs. La Biblia

He dedicado todo este tiempo explicando cómo creo que los cristianos evangélicos heterosexuales deberíamos ver la homosexualidad, y sin embargo, sabemos perfectamente bien por qué la mayoría de ellos responderían a mi propuesta con algo que puede ir desde la renuencia hasta con un rechazo frontal. Esta razón se puede resumir en dos palabras: La Biblia.

La Biblia parece dar una presentación diferente sobre las personas que buscan o se involucran en relaciones sexuales con personas del mismo sexo. Está la historia de los hombres movidos en lujuria de Sodoma. Están las abominaciones de Levítico. Existen las condenas de Pablo en Romanos 1, 1 Corintios 6, y 1 Timoteo 1. Aquellos de ustedes que han estudiado estos pasajes con profundidad saben que, en estos dos últimos pasajes, el término griego fuertemente debatido de arsenokoitai aparece con muchos de los pecados fuertes: la fornicación, la idolatría, el adulterio y el asesinato. Así que, a pesar de que vivimos en una época cuando mucha exposición a las historias y perspectivas de personas homosexuales debería hacernos pensar dos veces, muchos cristianos heterosexuales todavía compararán automáticamente las relaciones homosexuales con estos pecados fuertes porque la Biblia parece hacerlo. Cuando tú tienes la Palabra inspirada, infalible, y la autoridad de la Palabra de Dios por un lado en contra de la experiencia subjetiva de personas falibles por el otro, es obvio con cuál tú te quedarías. Tú te quedas con la Biblia.

Estoy tratando de no ser desdeñosa de esa elección, como si “quedarte con la Biblia” siempre se realiza sin sentido y con una ortodoxia ciega. Para todos los cristianos que creen en la Biblia, ya sea homosexual o heterosexual, sabemos que es mucho más profundo que eso. La palabra de Dios está estrechamente entrelazada con nuestra propia espiritualidad. A medida que crecemos y maduramos como cristianos, nuestra comprensión de la Biblia, combinado con años de aprender a caminar con Cristo por la fe, nos enseña reflexivamente e instintivamente a interpretar las cosas que vemos y la experiencia en el mundo a través del lente de un entendimiento bíblico.

Hay miles de ejemplos de cómo usamos la Biblia para tener ánimo y tener una perspectiva espiritual. Las Escrituras son como lentes que colocamos en frente de nuestros ojos miopes para que por la fe podemos ver las verdades de Dios con más claridad. Por ejemplo, cuando siento que la violencia en el mundo está aumentando fuera de control, tomo mi Biblia y leo: “¡El Señor es el Rey! ¡Regocíjese la tierra!” (Sal. 97:1). No se siente como si Dios estuviera reinando, pero debe ser cierto porque la Biblia lo dice, y entonces tengo que ajustar mi perspectiva en consecuencia. Cuando veo a personas siendo víctimas de aquellos que tienen poder, leo: “El Señor es el que hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Sal. 103:6). No parece como si Dios se preocupa por los oprimidos, pero confío en que lo hace, porque la Biblia lo dice.

Y entonces, ¿qué ocurre? Tú lees algo en la Biblia que tiene que ver con las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y tú concluyes que esto debe ser la verdad acerca de la homosexualidad, incluso si las personas homosexuales están diciendo lo contrario. Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Nada es más natural para el cristiano evangélico que interpretar la experiencia humana a través del lente de la Escritura.

Hay ejemplos en la historia de la iglesia cuando nos dimos cuenta que la dirección de nuestra interpretación necesitaba ser invertida, donde la experiencia humana y la observación nos informaban y aclaraban nuestra interpretación de la Escritura. El caso más famoso fue cuando la defensa de Galileo de la teoría de Copérnico de que la Tierra giraba alrededor del Sol parecía contradecir pasajes bíblicos que parecían decir que Dios había establecido la tierra como un cuerpo estacionario. Sin embargo, con el tiempo aprendimos a interpretar esos pasajes metafóricamente para dar cabida a una comprensión heliocéntrica del sistema solar. Así que a pesar de que no es la dirección interpretativa que tomamos habitualmente, existe un precedente para el ajuste de nuestra comprensión de la Escritura en lugar de nuestra comprensión de lo que observamos en el mundo.

En este punto, alguien podría objetar: Bueno, una cosa es cuando las observaciones científicas se realizan utilizando un telescopio, pero ¿cómo puede ser esto comprable con tener algunas conversaciones con homosexuales sobre cómo experimentan su orientación sexual? Su experiencia no es un hecho científico objetivo. Es sólo el auto-informe de unos pecadores, y al igual que cualquier pecador, ellos podrían estar motivados por un interés egoísta. Ellos pueden estar siendo tentados en hacer ver que su pecado es mejor de lo que realmente es. O pueden estar influidos por las ideas del mundo de la comunidad homosexual secular. O tal vez sólo se están rebelando en contra de la Palabra de Dios y en realidad no les importa lo que dice. ¿Cómo puedes justificar el poner más peso en el testimonio humano falible en contra del testimonio infalible de la Sagrada Escritura?

Aquí está cómo: Porque cuando tú empiezas a escuchar las historias de las personas homosexuales y desarrollas amistades significativas, el dilema real con el que te enfrentas es mucho peor. El dilema no es el testimonio de las personas homosexuales contra el testimonio de la Escritura. El dilema real es la aplicación de la Escritura contra el testimonio de la Escritura. Aplicación contra testimonio. ¿Qué haces cuando la aplicación del mandato bíblico de amar a la gente te lleva a la conclusión de que la Biblia parece estar colocando a esas personas en una peor luz de lo que merecen? Este es el verdadero dilema. Es realmente la Biblia contra la Biblia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento enseñan que la forma en que debes amar a tu prójimo es al estar tan preocupados por él o ella como lo estarías por ti mismo. Levítico 19:18 dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” En Lucas 6:31 Jesús reitera la misma enseñanza, cuando dice: “Trata a los demás de la misma manera que quieres que te traten.” Al parafrasear estos mandamientos de esta manera, el Espíritu Santo nos está instruyendo a utilizar nuestros propios estándares de cómo nos gustaría ser tratados como un punto de referencia para la forma en que debemos de relacionarnos con los demás.

Para lograr esto hay que ponerse en los zapatos de la otra persona. Hay que imaginarse a uno mismo como una persona que, en esa situación, enfrenta sus desafíos particulares. Puede que tengas que interactuar con esa persona de tal forma que tengas que salir de tu área de confort para darte una idea de lo que son su perspectiva y su situación y sus desafíos. Entonces te preguntas, “¿Cómo me sentiría si fuera ellos? ¿Cómo me gustaría ser entendido? ¿Qué tipo de respuesta necesitaría si estuviera en sus zapatos?” Entonces tienes que regresar a ti mismo y tratar de darle a esa persona lo que necesita en función de lo que has entendido al pasar por ese proceso. Todos estos pasos están implicados al interpretar estos simples mandamientos bíblicos sobre el amor que son tan familiares para todos nosotros y que son bastante centrales en nuestra fe cristiana.

Si los cristianos heterosexuales amaramos a nuestros hermanos y hermanas gays en Cristo así, probablemente no habría ninguna necesidad de una organización como The Gay Christian Network, porque la iglesia regular antigua estaría haciendo su trabajo. Entonces, ¿por qué no nos amamos como se supone que debemos? Incluso he oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

He oído que algunos cristianos conservadores hablan de amor de una forma un tanto cínica e incluso con desprecio, como si el amor fuera la consigna sentimental de los que no tienen interés en la verdad objetiva y en la doctrina.

Tal vez decimos esto porque ya sentimos que la dirección de este camino basado en el amor nos podría llevar a conclusiones acerca de la homosexualidad que nos pondría en desacuerdo con lo que la Biblia parece decir. Para evitar este conflicto, retenemos completamente la medida de empatía hacia nuestros amigos homosexuales, familiares o conocidos, porque no queremos dejarnos atrapar por su perspectiva. Debemos descubrir la homosexualidad como algo que es desviado y desordenado. Si no la estamos viendo de esa manera, es porque las personas homosexuales no nos están diciendo todo, o que ellos no están tratando con las fuerzas suficientes para ver su condición tal como lo que es, o porque su trastorno está tan profundamente arraigado que sólo Dios lo ve, pero sabemos que está ahí. Acumulamos un arsenal de protestas y argumentos para dar rienda suelta a nuestra propia mente cada vez que sentimos que esa peligrosa empatía viene a nosotros. La empatía que nos podría desviar de la verdad.

Pero, ¿es ese el enfoque fiel al mandamiento de Jesús acerca de cómo debemos amarnos unos a otros? Él dijo: “Trata a los demás de la misma manera como quieres que te traten a ti.” Y por lo tanto estás obligados a preguntar: ¿Cómo me sentiría si estuviera tratando de explicar una experiencia profundamente personal a alguien que no comparte esa experiencia, y esa persona descarta lo que yo tenía que decir, ya sea como una mentira, o como un producto del auto-engaño, o como una ilusión, o como una prueba de que yo carezco de fe, todo porque ellos tenían un compromiso previo con un conjunto de creencias teológicas?

Una vez tuve un amigo ateo homosexual, ya fallecido, con quien compartía muchos intereses comunes. Él era muy decente cuando se trataba de hablar sobre religión, sin embargo, yo sabía que, en privado, él consideraba a los cristianos que afirmaban tener una relación con Jesucristo como, esencialmente, alguien que sufre de una psicosis. A veces yo misma me preguntaba sobre eso. Me preguntaba: “Me conoce bastante bien. ¿De verdad cree que soy psicótica? ¿De verdad cree que soy el tipo de persona que se imagina cosas acerca de su relación con una deidad?” Realmente nunca supe a ciencia cierta, pero he aprendido de esa experiencia que cuando alguien ha decidido creer algo acerca de ti,- independientemente de lo que tus interacciones con esas personas deberían decirle acerca de tu verdadero carácter, y es todo porque tienen un compromiso previo con un determinado sistema de creencias- es seguro que es difícil tener una relación significativa con ellos. Muy seguramente no dirías que te sientes amado con el amor de Cristo.

Creo que muchos cristianos heterosexuales saben, en el fondo, cuando ellos están reteniendo la medida completa del amor de Cristo con homosexuales y lesbianas, pero lo hacen por devoción a la palabra de Dios, para proteger la Palabra de ser cuestionada, de que sea interpretada mal, y parece una razón noble y justificable. Lo que se reduce a que ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Ellos tienen miedo de obedecer el mandamiento de Dios de amar plenamente porque temen que puede abrirse la puerta para desacreditar la palabra de Dios.

Había una vez un hombre que se encontró en un dilema similar. De hecho, era mucho peor. Era una situación en la que, si obedecía la orden de Dios, destruiría la promesa de Dios. Dios prometió a Abraham que lo haría una gran nación, y Dios lograría esto al darle un hijo. Isaac era la encarnación de todo lo que Dios había prometido. Reyes y naciones vendrían de él. A través de él, los descendientes de Abraham serían tan numerosos como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Todo lo que Abraham había esperado y sufrido en su larga y dolorosa vida valió la pena porque Dios había cumplido su promesa dándole a Isaac.

Entonces, un día, cuando Isaac tenía sólo 12 años de edad, Dios vino a Abraham y le ordenó llevar a su hijo y lo ofreciera en holocausto sobre uno de los montes de Moriá. Y Abraham se enfrentó con la madre de todos los dilemas. Si obedecía la Palabra de Dios, destruiría todas las promesas de Dios a través de Isaac.

En sus años de juventud Abraham podría haber discutido con Dios, hubiera tratado de negociar con Él, o hubiera tratado de tomar un atajo para resolver el dilema. Pero este era el Abraham maduro, y no consideraba ya tales opciones. Tan pronto como recibió la orden de Dios, se levantó temprano a la mañana siguiente, ensilló su asno, recogió un poco de madera, llevó a Isaac, trajo consigo un par de servidores, subió la montaña, colocó a su hijo en el altar, y levantó su cuchillo para sacrificarlo.

Estoy seguro de que recuerdas cómo terminó la historia, pero si no lo recuerdas, mira en la Biblia. Está en el libro de Génesis, capítulo 22.

El punto que nos interesa es la siguiente: ¿Por qué Abraham obedeció de inmediato, de una forma tan decisiva? ¿No le daba miedo destruir el hijo prometido? ¿No estaba angustiado por la aparente contradicción? ¿No era consciente de la catástrofe que su obediencia al mandato de Dios traería?

Seguro que sí lo estaba, pero su actitud fue: No es mi problema. No es mi trabajo resolver cualquier desastre o aparente contracción que resulte de la obediencia a una orden clara de Dios. Eso es problema de Dios. Mi trabajo consiste en obedecer.

Y lo mismo ocurre aquí.

Amar a los homosexuales y lesbianas en la forma que Dios ordena puede dar lugar a problemas en nuestro entendimiento de ciertos pasajes de la Biblia. También puede dar lugar a problemas al vernos cara a cara con nuestros hermanos cristianos, con la preservación de nuestro buen nombre en la iglesia, con seguir empleados en la organización cristiana en la que trabajamos, o con saber qué es lo que está bien y lo que está mal en la vida cristiana en general. Pero si vamos a tener que hacer frente a estos problemas, por lo menos podemos hacerlo con la confianza de saber que estamos obedeciendo un mandamiento claro de Dios.

Una cosa sí sé: Dios no nos manda a amar con el fin de debilitar las Escrituras, o comprometer la verdad, o cegarnos de discernir el pecado, o conducir nuestra fe por un precipicio, o cualesquiera que sean las consecuencias espirituales que puedan ser imaginadas. Incluso si esas consecuencias parecen ineludibles, todavía tenemos que confiar en Él tan plenamente como lo hizo Abraham. Estoy seguro de que Abraham sentía como si estuviera conduciendo su fe por un precipicio. Sin embargo, se metió en el coche, encendió el motor, se puso en marcha, y pisó el acelerador. ¿Qué es la fe, sino obedecer a pesar de tus miedos?

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

Todo el mundo piensa que el problema con los cristianos evangélicos es que creemos en la Biblia demasiado. Yo no creo eso. Nuestro verdadero problema es que no la creemos lo suficiente.

El autor Robert Brault dijo: “Hoy he doblado la verdad por ser amable, y no tengo ningún pesar, porque yo estoy mucho más seguro de lo que es ser amable de lo que estoy seguro que es verdadero.”

Nosotros los evangélicos cristianos creemos en la verdad objetiva. Estamos desesperadamente interesados en conocer la verdad, presumiblemente para que podamos obedecerla. Pero tal vez Dios nos está mostrando que hemos hecho un ídolo de perseguir la verdad, y la prueba es que parece que estamos más interesados en tener la razón que en ser obedientes. Es posible que Dios está deliberadamente guardando las respuestas que queremos fuera de nuestro alcance, para que seamos forzados a regresar a las cosas verdaderas que sí sabemos: que el amarnos unos a otros es el segundo más grande mandamiento justo después de amar a Dios, que es el amor el cumplimiento de la ley, y que este es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

 

Misty Irons es blogger , esposa y madre de tres hijos. Ella ha estado escribiendo sobre la relación entre la iglesia conservadora y comunidad LGBT durante los últimos 15 años. Ella tiene una maestría en Estudios Bíblicos por Seminario Teológico Westminster, California. En 2002, su ensayo “Un caso cristiano conservador para el matrimonio civil entre personas del mismo sexo” provocó gran controversia dentro de su denominación muy conservadora. Después de 18 meses de debate, de discusión y de procesos judiciales en el tribunal eclesiástico, ella y su esposo, el Rev. Lee Irons, se vieron obligados a abandonar la denominación y disolver la iglesia que habían estado sembrando durante 10 años.

Este artículo es una adaptación de la plenaria que ella ofreció en enero de 2016 en The Gay Christian Network Conference. Esta traducción ha sido reproducida aquí con su amable permiso.

 

Texto originalmente publicado en inglés en: http://www.evangelicalsforsocialaction.org/oriented-to-love-sexual-justice/homosexuality-whats-next-for-the-conservative-evangelical-church/

Conferencia de Misty Irons en #GCNconf 2016: http://livestream.com/GCNconf/events/4664542

Anuncios

no tengas miedo

Estándar

“Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.” Génesis 50.19-21

No han sido días fáciles, pero han sido días de gran enseñanza, de una provisión espiritual de parte de Dios que sólo hace que el espíritu le glorifique en todo tiempo. Desde temprano cuando despierta, hasta en la noche cuando se acuesta, en el espíritu hay una confianza y certeza, una paz sobrenatural, que sólo puede ser dada por Dios.

Cadenas que sujetaban con fuerza al espíritu, han sido rotas. Mentiras que habían sido sembradas, una a una son extirpadas. Tristeza que consumía el alma, ha sido convertida en gozo. Porque donde está el Espíritu de Dios, donde está Su Espíritu, ahí, y sólo ahí, hay libertad.

Su Espíritu guiando pasos, decisiones, pensamientos, días, la vida entera. Su Espíritu hablando momento a momento Palabra de Verdad que trae reposo al alma y al espíritu quebrantado, sana dolencias, restaura conforme a Su perfecto plan.

Pareciera todo contrario, más Dios está ahí, afirmando pasos en fe. Pareciera todo sin mucho sentido, sin embargo Dios muestra Su voluntad tan perfecta que uno queda asombrado de Sus tiempos, y de Sus formas.

“No tengan miedo”, dijo José a sus hermanos que intentaron acabar con su vida años antes de que José se convirtiera en segundo después del Faraón. José vio, aun en los momentos terribles en los que su vida parecía ser extinguida, que la mano de Dios estaba ahí. Ellos, sus propios hermanos, pensaron mal para con él, más Dios lo encaminó a bien al grado de que José pudo bendecirles cuando en la tierra una desolación terrible dominaba. José no guardó amargura ni rencor para con sus hermanos ni para con Dios, más entendía que todo sería usado por Dios para bendecir y dar vida a mucho pueblo.

Dios no nos ha traído hasta aquí para abandonarnos. ¿Lo puedes creer? No hemos cruzado mil desiertos para que Dios nos olvide. Él es fiel, Él es bueno, Él es sabio. No temas, no tengas miedo, batallas mayores estarán por venir pero en Él somos más que vencedores.

 

haré de ti

Estándar

“Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” Génesis 12. 1,2

¿Cuántas de las promesas que recibimos de Dios parecen tan imposibles que ni siquiera todo el poder del hombre sobre la tierra pudieran ser capaces de cumplirles? ¿Has recibido alguna de esas promesas? ¿Ha Dios hablado a tu vida y ha declarado: haré de ti…?

Siempre que Dios da una promesa “imposible” a mi vida, hay en mí una realidad: Él ha sido fiel, donde hoy estoy no habría sido posible sin el obrar de Dios. En verdad, si pudiera contarles cómo Dios me permitió llegar a donde estoy no habría duda que Su mano estuvo en todo este tiempo. Aun en los tiempos difíciles donde parecía que todo obraba para mal, esos tiempos fueron parte de un plan mayor que fue usado por Dios para Su gloria. Sus promesas son en Él Sí y en Él Amén para Su gloria.

Abraham, el padre de la fe, recibió una promesa que era contraria a todo pronóstico humano: una nación grande cuando ni siquiera podía tener hijos. Muchos, me ha pasado a mí, creemos que la promesa de Dios a Abraham era un hijo, pero no era esa realmente la promesa, de hecho Isaac no era la promesa, era parte de la promesa, pero no era la promesa en su totalidad. Y cuando Dios me reveló esto (que Isaac no era la promesa) entendí aun más cuán grandes son las promesas de Dios: todas Sus promesas están encaminadas para Su gloria.

Dios había prometido a Abraham que él sería usado para bendecir al mundo a tal nivel que su descendencia sería como la arena del mar. Por supuesto que era necesario un hijo para que esta promesa se cumpliera, sin embargo su hijo era solo un medio para que el Nombre de Dios fuera conocido en toda la tierra. Quizá hoy vemos un “pedacito” como si fuera LA promesa, pero ese “pedacito” no es más que un medio para algo mayor, algo que está centrado completamente en Dios.

Y algo maravilloso de las promesas de Dios es que nos mueven de nuestra zona de confort, de nuestro “aquí” a una tierra de fe, donde la confianza a Dios es indispensable. No habrá promesa, si no hay un mover en fe, sino hay un salir de nuestra zona de confort, de nuestro aquí. Las promesas de Dios requerirán siempre que nosotros respondamos en fe y dejemos lo que nos sujeta a nuestra “aquí” para ir en busca de aquello que Dios ha dicho que hará de nosotros. Y siempre que nos movemos de nuestra zona de confort será incomodo, doloroso y aún muy difícil, sin embargo, cuando Dios ha hablado no habrá nada que lo pueda detener.

¿Qué ha dicho Dios que hará de ti? ¿Puedes percibir como eso que ha prometido encaja en un plan muchísimo mayor y eterno encaminado a Su gloria? Permite que Dios te guíe en esta tierra de fe a donde nos está llamando.

¿tus sueños se están muriendo?

Estándar

“Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son Mis caminos más altos que vuestros caminos, y Mis pensamientos más que vuestros pensamientos” Isaías 55.8,9

Tenía un sueño que cuide por años, quizá muchos años. Despertaba pensando en él, esperando el día en que en realidad se volviera. Dormía pidiendo a Dios y confiando que Él le traería a Su tiempo, porque en mí está la certeza de que ese sueño es un sueño de Dios que se cumplirá en Su tiempo.

Pero un día, un buen día, un muy buen día, Dios me pidió aquel sueño. Dios había revelado a mi espíritu que aquel sueño se estaba robando más atención de la debida, se estaba robando la atención que solo a Dios debía ser. Ese sueño se estaba convirtiendo en un ídolo, un ídolo que se había infiltrado en mi vida justificado en que Dios le había traído. Y cuando ese sueño intentó robar un lugar en mi corazón que a Dios corresponde, Dios me pidió aquel sueño.

Sentía que aquel sueño se moría. Sentía que aquel sueño de años ahora venía a tener un fin que no esperaba. Dios me pedía, así lo sentía en mi humanidad tan limitada, un sueño para deshacerse de Él. Sin embargo, no había yo siquiera aún entendido algo: Dios purificará todo, aun los sueños, y Dios traerá con ello Sus sueños, no los nuestros, Sus caminos, no nuestros caminos, Sus pensamientos, no nuestros pensamientos, Sus propósitos, no nuestros propósitos.

Cuando Abraham caminó por días a aquel lugar indicado por Dios para sacrificar a su hijo, Abraham tenía la certeza de que “Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir [a su hijo].” (Hebreos 11.19). Y cuando Abraham, con preguntas y dudas, estaba a punto de sacrificar a su hijo, Dios lo detuvo diciéndole: “porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único.” (Génesis 22.12).

Y en ese día aquel sueño quedó rendido a Dios. Deseaba que Dios ocupara mi atención. Ya no quería que un sueño que empezaba a traer más frustración llenara mis anhelos. Quería que Dios fuera mi mayor anhelo. En medio de las dudas y preguntas, aquel sueño quedó rendido a Dios. Quería que mi mayor sueño fuera JESÚS mismo, como aquellas vírgenes fieles que aguardaban la llegada de su esposo. (Mateo 25.1-13)

Hoy es un buen tiempo de rendir sueños a Dios, aquello que ocupaba nuestra mente más que Dios mismo. Confiando que Sus pensamientos y Sus caminos son mayores a lo que nosotros podemos pensar e imaginar.

¿una vida amargada?

Estándar

“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos.

Así los consoló, y les habló al corazón.” Génesis 50.20,21

Si alguien podía sentirse una persona infeliz y amargada, ese pudo haber sido José, el hijo de Jacob. Cuando era muy joven la relación con sus hermanos era tan mala que ellos intentaron matarle, pero prefirieron venderle como esclavo diciéndole a su padre que había muerto. Ya como esclavo, José halló gracia delante de un oficial del Faraón y Dios le prosperó, sin embargo la mujer de este oficial intentó seducirle y al ver que José se negaba, ella mintió para que José fuera encarcelado. Ya en la cárcel, José halló gracia ante el jefe de la cárcel haciendo que José fuera el encargado de todos los presos, pero cuando José interpretó los sueños de dos de esos presos, uno de ellos, al ser liberado, se olvidó de José.

La historia de José es una de las historias preferidas para contar a nuestros niños en la escuela dominical. Es una historia llena de cosas tan complicadas pero siempre mostrando que Dios está en control de ello, aun a pesar de las terribles circunstancias y de las malvadas intenciones contra los hombres de Dios. José, un soñador e intérprete de sueños, tenía algo a su favor que era más que suficiente: a Dios, quien estaba con él y quien extendía su misericordia a él, a tal grado que José llegó a ser segundo después de Faraón en el gran imperio egipcio, el mayor imperio de su época.

Una de las grandes reflexiones que podemos aprender de la historia de José es: ¿qué hubieras hecho tú si estuvieras en el lugar de José? ¿Tendrías una firme convicción que Dios tiene el control o te amargarías ante tanta cosa en contra tuya? José era muy joven cuando vivió todas estas cosas terribles y sin dudarlo esas cosas pudieron haber marcado su vida para mal. Muy probablemente hubo tiempo de duda o miedo en José, viendo que su vida era entregada como esclavo y luego como preso.

Sé que muchas situaciones en nuestra vida fueron cosas terribles que nos han marcado en gran manera. Pudiste haber quedado huérfano, o con padres y hermanos donde tu relación con ellos era terrible, o quizá no tuviste una vida fácil o cómoda pasando por mucho dolor a lo largo de los años. Quizá sufriste divorcio, perdiste un hijo, fuiste abandonado aun antes de nacer. Puede haber muchas razones por las que cada uno de nosotros podemos sentirnos las personas más infelices, al grado de creer que la vida no tiene mayor sentido. Si tú ahora vives así, con esa terrible carga, hoy Dios nos pide fijar nuestros ojos en Él y pedirle: que todo este mal sea encaminado a bien.

No dejes de confiar en Dios, porque en tiempos de gran oscuridad Él te dará la misericordia suficiente para salir adelante para glorificar Su Nombre.

José no guardó ningún resentimiento contra sus hermanos, ni siquiera en contra de las circunstancias y su vida misma, porque vio que Dios estaba por encima de todas ellas, como el gran Rey Soberano.

herederos de promesas

Estándar

“Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12.1-3

Si de algo podemos estar ciertos y confiados es que DIOS ES FIEL. Fiel a Su Palabra, fiel a Sus promesas, fiel a Su pueblo, fiel a Su pacto. Él es Fiel.

Cuando miramos hacia atrás y vemos el año que ha pasado, vemos los hijos que han crecido, vemos las bendiciones con las cuales nos ha llenado, caeremos rendidos en agradecimiento y adoración reconociendo que Él es Fiel. Hemos pasado por tiempos de gran prueba, por tiempos de gran oscuridad, por tiempos de necesidad y profundo dolor, pero en todos ellos Dios ha sido fiel. Dios ha sido fiel.

Y lo mejor, lo mejor en todo ello es que Dios seguirá siendo fiel, porque aun cuando nosotros fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo. (2 Timoteo 2.13).

Sigo impresionado con la Biblia y las historias que ahí se narran aun cuando les he escuchado o leído anteriormente. Esta semana Dios me permitía aprender y recordar sobre ese gran hombre de fe llamado Abraham, el iniciador (el padre) de la fe. Cuando el mundo parecía que caía a pedazos nuevamente después del diluvio, Dios toma a un hombre sin mayor habilidad o don más que el de creerle a Dios y creerle en serio. Un hombre que es llamado a salir de la casa de su familia e ir hacia otra tierra que ni sabía dónde estaba, simplemente salió confiado en que Dios le mostraría esa tierra. Dios le dio ahí una promesa. Después Dios le promete que haría de él una nación grande. Dios le dio una promesa más. Después continua diciendo que él sería bendición no sólo para los suyos sino para la tierra entera. Esa promesa es increíblemente imposible para los hombres, ¿verdad? Imagínate a un hombre de 75 años, cuya mujer era estéril, caminando hacia una tierra que no sabía dónde estaba, moviéndose únicamente por fe en Dios.

Hoy podemos nosotros confirmar que Dios cumplió Su promesa a ese hombre llamado Abraham, y lo cumplió porque nosotros hemos sido bendecidos. Nosotros hemos sido herederos de esa promesa a Abraham.

Abraham, sin embargo, no era un hombre con talentos especiales. Él recibió esa promesa y le creyó a Dios, sin embargo cuando los años pasaban él y su esposa desesperaron y quisieron “ayudar” a Dios a cumplir sus promesas, pero esa “ayuda” resultó en una terrible consecuencia. Después, ya cuando Abraham y su esposa eran casi de 100 años, Abraham y su esposa parece que pierde la esperanza en que ellos podían tener un hijo. Pero había algo que sigue siendo válido en nuestros días: DIOS ES FIEL.

Dios no se había tardado, Dios no se había olvidado, Dios no había mentido. Dios sabía cuándo cumpliría Sus promesas, y las cumpliría cuando Él fuera reconocido Dios y Él pudiera llevarse toda la gloria. Imagínate ahora una mujer y un hombre de casi 100 años, ¿crees tú que de ellos podía nacer un hijo que después formaría una gran nación? ¡Imposible! Pero Dios se deleita en lo imposible, ahí cuando ya no hay otra posibilidad más que fijar los ojos en Dios.

¿Puedes traer a tu mente esas promesas que Dios te ha dado? ¿Aquellas promesas en la Biblia que Dios te ha permitido tomar como tuyas? ¿Puedes traer esas promesas de años y décadas quizá que Dios habló a tu vida? ¿Esas promesas que crees que fueron simple fantasía y que quizá no fueron reales? Trata de enumerarlas, trata de presentarlas en oración a Dios y deja que Él, así como lo hizo con Abraham, confirme nuevamente cada una de ellas. Hoy aprendí a través de la predicación algo sorprendente: nuestra mayor promesa es ser participantes de la naturaleza divina (1 Pedro 1.4), nuestra mayor promesa es JESÚS como esposo nuestro, de Su iglesia. Y esa promesa es increíblemente sublime y hermosa.

Recuerda algo durante este tiempo en el que Dios te permita recordar promesas: nunca olvidemos que DIOS ES FIEL.

¿un castigo injusto?

Estándar

“Y lo sacó el Señor del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto del Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” Génesis 3.23,24

Leer la Palabra de Dios es todo un reto, te confronta, te reta, te instruye. Aun cuando lees un pasaje que anteriormente ya habías leído y sabías de memoria, cuando vuelves a leer ese mismo pasaje toma un significado mayor que te lleva a conocer más de Dios.

Cuando leía el relato de la creación y la caída del hombre en el huerto del Edén en el libro de Génesis quedé golpeado por una pregunta: ¿el castigo a Adán y Eva fue injusto? En los versículos del 14 al 19 podemos ver lo que ahora conocemos como el castigo de Dios al hombre y la mujer por haber tomado y comido del árbol de la ciencia del bien y el mal. Pero fue un simple fruto, dirán algunos. Algunos de nuestros hijos también toman cosas sin pedir permiso o aun cosas que no deben, y nosotros no les reprendemos echándolos de la casa. ¿Por qué, entonces, Dios castigó a Adán y a Eva con un castigo que pudiera parecer muy “severo” y un tanto “injusto”? E insisto, pudiera parecer injusto a simple lectura.

Así quedé por un par de días, con esa pregunta en la mente: ¿por qué un castigo “tan grande”? Después de platicar con Dios y pedirle guía al respecto, Dios me permitió entender algo aun mayor: el pecado de Adán y Eva no era solamente que tomaron un fruto que no debería tomar (la desobediencia), sino versículos antes del 14 podemos confirmar que un pecado mayor se había apoderado de ellos: el orgullo.

Cuando Dios confronta a Adán y a Eva sobre lo que habían hecho, ninguno de los dos asumió su falta y pecado, sino se lo atribuyeron a alguien más (v. 11-13). Adán culpó a Eva, y Eva culpó a la serpiente. Sin duda ambos tenían parte de razón, Eva fue seducida por la serpiente, y a su vez Adán comió de algo que su esposa le había compartido. Sin embargo, ellos no asumieron la responsabilidad de su libre albedrío, de su decisión. Cuando fueron confrontados, Dios vio en ellos ese terrible pecado que ha inundado a la humanidad por milenios: el orgullo. Si Dios hubiera sólo castigado a la serpiente, el hombre y la mujer hubieran estado en un terrible peligro porque el haber comido de ese árbol trajo por consecuencia algo peor: sus ojos fueron capaces de distinguir entre el bien y el mal, y el orgullo en ellos los llevaría siempre a elegir el mal. Dios, con un profundo dolor, castigó a Adán y a Eva por el bien de sí mismos, y el bien de la humanidad entera. Dios pudo haberlos matado (porque la paga del pecado es muerte) y haber creado a otro Adán y a otra Eva, pero Dios tenía planes para ellos y para la humanidad.

Y esta enseñanza nos lleva a algo muchísimo más sublime: el sacrificio de JESÚS. Muchos pudieran pensar que el sacrificio de JESÚS fue injusto y severo. Sin embargo, Dios es justo en todo momento. El castigo que cargó JESÚS fue tal, que en Él cargó todo el pecado de nosotros (Isaías 53.6). ¿Puedes imaginar lo que significa eso: todo el pecado de nosotros?

Para poder valorar y entender ese gran sacrificio necesitamos acercarnos en humildad a Dios. Necesitamos despojarnos de todo orgullo para poder comprender el sacrificio de JESÚS. Necesitamos asumir y entender cada pecado que hemos cometido porque si el tomar y comer de un fruto a Adán y a Eva les causó tal consecuencia, nosotros debemos realmente comprender que debíamos morir por cada pecado que cometimos, porque éramos enemigos de Dios.

Estamos iniciando un año que sin duda traerá grandes retos, y en todos ellos pido a Dios que todo nuestro ser esté lleno de una profunda humildad que siempre nos permita ver y aceptar todo pecado tanto pasado como futuros delante de Dios buscando siempre Su perdón.

una pequeña mentira

Estándar

“No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” Mateo 15.11

Los grandes hombres de la fe eran humanos también. Basta con leer la Biblia para comprender cuán humanos eran cada uno de ellos. Hombres como Abraham, el padre de la fe, que por una “pequeña” mentira de decir que su esposa era su hermana al rey Abimelec, provocó que su reino fuera manchado por el pecado (Génesis 20.9), y aun con esterilidad en la casa de Abimelec (Génesis 20.18). Hombres como David, el gran rey de Israel, que por perversas intenciones cometió adulterio y mandó a que uno de sus siervos fuera puesto al frente de batalla para ser asesinado (2 Samuel 11.15). Hombres y mujeres que Dios, en su tremenda misericordia, usó aun en sus imperfecciones.

Dios confrontó el pecado de ellos, pero las consecuencias de ese pecado siguieron no sólo por poco tiempo, sino por varias generaciones. Una pequeña mentira que terminó en convertirse en un gran lastre para toda una familia generación tras generación.

En semanas recientes, Dios me ha confrontado sobre un hábito que pudiera parecer normal: las pequeñas mentiras. A veces, con la intención de no quedar mal, uno pudiera decir: sí iré, o sí te llamaré, aun sabiendo que no lo haríamos. O cuando alguien pide dinero, uno responde sin pensar: no traigo, aun cuando si traemos dinero con nosotros. Esas pequeñas mentiras que a veces disfrazamos de excusas con tal de no quedar mal, o de no enfrentar las consecuencias de una verdad. Esas pequeñas mentiras que ya pudieran parecer tan triviales.

Abraham, en su mentira con el rey Abimelec, pudo haberse justificado diciendo que quería proteger su vida y la de su esposa, sin embargo perdió de vista que su protección venía de Dios. David aun intentó arreglar las cosas buscando que el esposo de Betsabé, Urías, se llegara a ella con tal de esconder el embarazo ocasionado por el adulterio con David. Hombres buscando arreglar las cosas a nuestra manera.

El problema de las mentiras es que no sólo lastiman a las demás personas, sino que una pequeña mentira pudiera ser razón para que nuestros hijos y familiares sean manchados por ella. Una mentira, por pequeña que sea, que llega a generaciones siguientes.

Romper un mal hábito, como mentir, requiere de la ayuda de Dios. Requiere que Dios llegué hasta la raíz de ese pecado y la extraiga por completo, porque sólo así podremos ser libres.

Dios limpie cada día nuestra vida de todo “pequeño” mal hábito, que sin duda son pecados que seguimos cargando.

la bendición que somos

Estándar

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12.3

“para que en Cristo JESÚS la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” Gálatas 3.14

Dios tiene un afecto muy especial por Su pueblo, por aquellos a quienes ha adoptado y tomado por hijos. Dios tiene un deleite especial por bendecirles y hacerles hombres y mujeres especiales delante de toda la tierra. Dios desea manifestarse en Sus vidas con tal poder que Su Nombre sea conocido y glorificado en toda nación, porque eso es bueno.

Las bendiciones que Dios otorga a Sus hijos son bendiciones tan extensas que afectan a quienes están alrededor. Cuando un hijo de Dios recibe bendición de parte de Dios y es prosperado con toda bendición tanto material, emocional y espiritual, aquellos quienes están alrededor de ellos, aun sin ser creyentes, terminan por ser afectados para bien a través de esa bendición. Un hijo de Dios que se conduce con rectitud en la escuela, termina por edificar a aquellos compañeros que ven en él algo diferente. Una mujer de Dios que honra a su esposo, termina por ser de gran estima. Un hombre de Dios que ama a su esposa como Cristo ama a Su iglesia, es un hombre que es honrado.

En toda bendición de Dios, siempre está antecediéndole la obediencia de Sus hijos. Hombres y mujeres que desean agradar Su corazón antes que anhelar cualquier bendición, hombres y mujeres rendidos en humildad, fe y amor por Dios. Porque la mayor bendición que un hijo de Dios puede recibir es a Dios mismo como Dios suyo

Un hijo de Dios en cualquier lugar donde Dios le llame a estar, será siempre una bendición porque este hijo va acompañado por el Espíritu que Dios que habita en él. Cada hijo de Dios es un templo vivo, un templo a través del cual los hombres pueden reconocer a Dios en él.

En cada lugar al que vayamos, en todo lugar donde Dios nos llame a estar, recordemos que hemos sido puestos para anunciar cuán maravilloso es Dios con nuestros labios y aun sin ellos. Recordemos que hemos sido bendecidos para bendecir, y bendecir en sobremanera.

Tu facilidad con lo imposible

Estándar

“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” Génesis 18:14

“porque nada es imposible para Dios.” Lucas 1:37

 

Cuando nuestra fe se encuentra en prueba la primera gran lucha que enfrentamos es contra nuestra humana y limitada capacidad de entender el poder de Dios. Cuando Dios nos da una promesa, cuando Dios pone en nosotros sueños, cuando Dios nos llama a ir hacia donde pocos han ido, cuando Dios nos pide dar un paso en donde no hay suelo firme, es ahí cuando en nuestro espíritu debe sujetarse de una verdad que sostiene el universo y la eternidad misma: cuando Dios ha hablado, no hay quien puede detener Su voluntad.

Este año en el grupo de jóvenes de la iglesia local ha sido un tiempo de grandes enseñanzas en fe. Ha sido un tiempo no sólo de enseñazas para los jóvenes y los líderes de jóvenes, sino para toda la iglesia. Ver la gran promesa dada por Dios, y su cumplimiento de una manera sobrenatural, perfecta. Y lo que está por venir será aún más sublime y glorioso.

Y también, en lo personal, en este año Dios me ha permitido traer a memoria aquellas promesas y aquellos sueños que Dios ha hablado a mi vida. Y el ver como Dios obra en la vida de la iglesia y de mi familia, me ha dado una confianza especial en Dios para creerle a Él y no a mi capacidad.

Estoy seguro que Dios ha hablado a tu vida. Quizá hace mucho tiempo de ello, quizá fue en esta semana, o en este preciso momento Dios está hablando a tu vida. Promesas que han quedado empolvadas en nuestra vida por nuestra incredulidad, sueños que fueron demasiado grandes para nosotros pero que han venido de Dios, un llamado que creímos fue una equivocación pero que Dios lo ha confirmado.

Busca en oración a Dios para que confirme cada promesa. Pide a Dios discernimiento para entender Su tiempo. Clama por fe a Dios para creerle a Él en cada paso que damos. Entrega a Dios tu vida para que Él se glorifique a través de ella.

Dios no tarda,  esto necesitamos tenerlo por cierto. La voluntad de Dios es buena, es agradable y es perfecta. No temas.