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Yo hago cosa nueva

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“Esto dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel:

«Por tu bien, enviaré un ejército contra Babilonia
y obligaré a los babilonios a huir en esos barcos de los que están tan orgullosos.
Yo soy el Señor, tu Santo,
el Creador y Rey de Israel.
Yo soy el Señor, que abrió un camino a través de las aguas,
e hizo una senda seca a través del mar.
Yo llamé al poderoso ejército de Egipto
con todos sus carros de guerra y sus caballos.
Los sumergí debajo de las olas, y se ahogaron;
su vida se apagó como mecha humeante.

Pero olvida todo eso;
no es nada comparado con lo que voy a hacer.
Pues estoy a punto de hacer algo nuevo.
¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves?
Haré un camino a través del desierto;
crearé ríos en la tierra árida y baldía.
Los animales salvajes de los campos me darán las gracias,
y también los chacales y los búhos,
por darles agua en el desierto.
Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía,
para que mi pueblo escogido pueda refrescarse.
Yo hice a Israel para mí mismo,
y algún día me honrará delante del mundo entero.»” Isaías 43.14-21 (NTV)

 

Podrán los tiempos ser oscuros y difíciles, pero nuestro Dios es mayor a ellos, más fuerte, poderoso, invencible. Las promesas de nuestro Dios no tardarán en cumplirse, no tardarán. ¿Acaso podremos ignorarlas?

El pasaje anterior es verdaderamente maravilloso. Dios nos recuerda de las grandes cosas que ha hecho a nuestra vida. Le dice a Su pueblo: “mira, Yo te saqué de Egipto, abrí el mar, hice camino seco, sumergí al ejercito de Egipto”, pero… pero… pero: “olvida todo eso, no es nada comparado con lo que voy a hacer, pues Yo haré cosa nueva…” y lo más maravilloso: “¡Mira, ya he comenzado!”

¡Cuán maravilloso es nuestro Dios! ¡Cuán fieles son Sus promesas! Él mismo que ha rescatado tu vida una y otra y otra vez, Él volverá a hacer cosa nueva… y Él ya comenzado. ¿Lo ves?

¡Oh, nuestro Dios! ¡Cuán sublime es Su gracia! No temas, ¡confía! ¡Porque le honraremos delante del mundo entero!

 

 

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porque cuando soy débil

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“Y me ha dicho: Bástate Mi gracia; porque Mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Corintios 12.9,10

 

Platicaba hace un par de días con un amigo que el ser gay y toda esta situación de compartir con la iglesia, con mi familia y amigos respecto a mi sexualidad, me ha permitido entender más sobre lo que representa seguir a Cristo. Cuando tuve oportunidad de viajar a Ghana, un país que condena a la cárcel a personas gays, y aprender más sobre otros países donde incluso las personas gays son condenadas a la pena de muerte, esto me ayudó a no temer a ambientes que no nos reconocen ni nos aceptan. Siendo sinceros, solo el Espíritu de Dios pudo traer esa paz y esa seguridad para no temer.

Y mientras analizaba el riesgo de viajar a países con este tipo de legislaciones, venía a mi mente algo que puede ser muy fuerte: si he de ir a la cárcel o morir por ser gay, preferiría mejor por ser cristiano.

Cuando era débil al ser rechazado, humillado, no reconocido aún como hijo de Dios por ser gay, eso me ayudó a ser fuerte, ser valiente para enfrentar hasta la muerte misma por el Nombre de JESÚS.

Le decía a mi amigo que si algo valoro mucho del ser gay es el poder entender aún más los ambientes que como cristianos en algún momento de nuestra vida tendremos que enfrentar: humillación, difamación, separación, persecución, rechazo, muerte. Y en este año, en ese viaje a Ghana, en estos meses, he podido ver como JESÚS a través de Su Espíritu me ha hecho fuerte, no como un asunto de vanagloria personal, sino como una verdad tan poderosa que se ha sembrado en mi corazón: no temas, eres fuerte en JESÚS, por Su gracia.

No quiere decir que debemos aceptar el rechazo y la humillación como algo “normal” en nuestras vidas, al contrario, creo que debemos luchar con armas espirituales para acabar con esos ambientes hostiles. Sin embargo, esa lucha, y esos ambientes, solo pueden ser ganados a través de la sangre de JESÚS, de Su Espíritu.

Amados hermanos y hermanas que enfrentan terrible persecución en lo físico, lo emocional y lo espiritual: ¡no desmayen! Nuestra salvación es del Señor. No se cansen de hacer el bien, de luchar por mejores ambientes para ustedes y para los que han de creer por el testimonio de fe de ustedes. Aun cuando el rechazo sea de las personas que más amamos, ni nuestro amor por Dios, ni nuestro amor por ellos, ni el amor por nuestros enemigos debe enfriarse, sino arder aún con más fuerza. Porque nuestra fuerza viene de Dios, porque nuestra fortaleza es JESÚS.

el querer como el hacer

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“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad.” Filipenses 2.12,13

 

Nunca imaginé que Dios pudiera traerme a país tan lejano. De niño y aun en mi adolescencia continuamente en mí estaba las terribles historias que ocurrían en África y creo Dios despertó en mí desde esa temprana edad una carga, una angustia, por las personas que aquí en África enfrentan situaciones terribles que sobrepasan lo que los medios en nuestro país comunican. Pero nunca imaginé que algún día Dios me permitiría estar aquí en Accra, en Ghana, en África. Y aún más, nunca creí que yo pudiera tener la voluntad y el deseo para venir hasta aquí.

Aún unas semanas antes de venir, hubo un día en que un temor llegó a mí por considerarme incapaz de poder estar aquí y poder ser de bendición. Sin embargo, Dios me recordó que Él había abierto la puerta, y que Él ya me había enviado desde mucho antes de que yo supiera. Esto trajo una confianza sobrenatural.

Estando ya aquí en Ghana, la experiencia ha sido increíblemente sorprendente y de bendición. He podido experimentar el cuidado de Dios, y aún más he sentido una paz sobrenatural que sé viene de Él. No quiero decir con esto que no ha sido un tanto retador el entender la cultura, la comida, el clima, el estar en un ambiente diferente, sin embargo la confianza de saber que Dios está aquí guiándome ha sido muy especial.

Justo la semana pasada Dios me recordaba algo y es que Él es quien produce en nosotros tanto el querer como el hacer. Es decir, ni siquiera yo elegí venir aquí y si alguien me hubiera preguntado hace algún tiempo atrás si quisiera venir, probablemente hubiera dicho que no. Pero Dios lo ha hecho todo: desde el deseo en mí por estar aquí, como la capacidad para lograrlo.

Este tiempo en Ghana ha cambiado muchas perspectivas en mi vida, muchas. He podido entender que esta vida no se trata de mí, sino de Él. Y cuando uno recibe en el espíritu la revelación de que no se trata de nosotros, nuestra forma de vivir cambiará por siempre. Pude yo haber decidido quedarme en México porque me es más cómodo, sin embargo Dios ya me había enviado a Ghana. Pude yo haber decido que no quería venir a Ghana, pero Dios ya había producido el deseo en mí por venir. Pude haber renegado y hecho un capricho a Dios por estar aquí, sin embargo Él ha dado Su gracia para toda buena obra.

No soy mejor que nadie, y muy seguramente soy muchísimo más incapaz que muchas personas. No se trata de hacer “obras de justicia” para quedar bien con Dios. No es hacer alarde de quién soy. Con un corazón sincero confieso que hay mucha gente muchísimo más talentosa, capaz, y con mucho más conocimiento que yo. No hay nada especial en mí, ni sobrenatural, ni superior. Al contrario, soy muy limitado en muchas áreas. Sin embargo, mi confianza no está puesta en mí, sino en quien es Dios.

Hoy puedo agradecer a Dios por Su fidelidad y cuidado. Por realmente percibir que Él está día a día conmigo. Por tener la certeza de que Él ha preparado toda buena obra para que andemos en ellas.

Hoy si pudiera dejar un mensaje para ti, querido lector, sería: permite que Dios tome control de tu vida a tal nivel que Él produzca en ti todo buen deseo, y toda buena acción. Muévete en fe y obediencia y no confiado en tus capacidades, y Dios te llevará a niveles que jamás creímos podíamos llegar.

Él los guiará a toda la verdad

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“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Juan 16.13

No hay día en que no necesitemos la guía del Espíritu de Dios para vivir. Aún más, con decisiones importantes, Su guía se vuelve trascendental para Sus hijos, el Espíritu de Dios se convierte tan indispensable como el aire que respiramos y aún más.

Mientras oraba a Dios por una situación particular que estoy viviendo aquí en Ghana, esperaba en Dios por Su respuesta para saber cuál debería ser el paso siguiente. Después de varios días de oración, Su respuesta llegó: el Espíritu te guiará.

¿Puedes imaginar la paz que trae consigo esa respuesta? Cuando pude recibirle, toda preocupación o carga que había por saber qué hacer fue quitada. No tenía que enfocarme en mí y lo que debería hacer, sino enfocarme en Su Espíritu y confiar que Él me guiaría, Su Espíritu guiándonos en todo momento. Y mientras recibía esa respuesta, pedía ahora a Dios que pudiera yo estar sensible a la guía de Su Espíritu.

He podido confirmar día a día que Su Espíritu ha obrado de una manera muy sorprendente en las últimas semanas aquí en Ghana, y aún puedo confirmar Su mano durante los últimos meses. Aquí en Ghana, por ejemplo, sin yo merecerlo, ni buscarlo, ni esperarlo, Él ha hecho cosas muy sorprendentes, lo único que Él busca es obediencia y confianza en Él.

Hay momentos en los que ciertas dudas llegan, pero Su Palabra está ahí: el Espíritu te guiará. No necesito más preocuparme, no necesito más intentar encontrar la solución perfecta, sino confiar que Él me guiará en todo momento. Esto, por una parte, no supone que yo me quedaré sentado sin hacer nada, por el otro lado sí supone que mientras obedecemos y hacemos nuestra parte, Él se encargará de las cosas maravillosas y sorprendentes que nosotros no podemos lograr. He podido en este tiempo experimentar una parte de Su gracia que no había reconocido antes y esta es que aún sin merecer tanta bendición y cuidado y guía y protección y amor, Él nos bendice, nos cuida, nos guía, nos protege, nos ama.

Desde ya hace algunos meses, esta verdad se ha ido insertando a mi vida: el Espíritu nos guiará a toda verdad, a toda verdad. No tienes que traer carga en tu alma, tu cuerpo o tu espíritu por saber todo, sino caminar con Él confiado que Él tiene cuidado de nosotros, y Su guía es sobrenatural.

Estoy maravillado cómo Dios prepara cosas aún mucho antes de que sucedan en nuestra vida. Estoy maravillado cómo Dios nos envía a lugares aún antes de que nosotros sepamos que debemos ir. Dios es asombroso.

este espectáculo

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“Entonces JESÚS, clamando a gran voz, dijo: Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos Sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.” Lucas 23.46-49

¿Qué representa para ti la crucifixión de Cristo? Cada que tienes oportunidad de recordar la crucifixión, ¿qué sucede dentro de ti? ¿Tu corazón y tu espíritu se duelen pero a la vez en ti surge un agradecimiento tan especial a Dios por tan grande sacrificio? ¿O simplemente la crucifixión no es más que una narración más en la Biblia?

El evangelio de Lucas es enriquecedor en detalles del ministerio de Cristo en la tierra. Este evangelio, desde sus inicios, hace notar su propósito: para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido (Lucas 1.4). Este evangelio, como ningún otro, comparte detalles, justifica palabras, narra históricamente la vida de Cristo de una manera especial. Es un evangelio, podría decir yo un estudio detallado, de la vida de JESÚS en la tierra.

Es en esos detalles que Lucas nos muestra algo interesante respecto a la crucifixión de JESÚS que sigue siendo de mucha importancia en nuestros días. Cuando JESÚS estaba colgado sobre ese madero suceden cosas extraordinarias: hubo tinieblas sobre la tierra por 3 horas, el sol se oscureció, y el velo del templo (aquel velo que resguardaba el lugar santísimo en el templo) se rasgó de manera sorpresiva. El soldado romano que presenciaba aquello se conmovió pero la gente que estaba ahí solo presenciaba un espectáculo que si bien era sin igual, no dejaba de ser más que un espectáculo para sus vidas. La muerte de Cristo como espectáculo para el mundo.

La reacción de estas personas al terminar de ver este espectáculo no fue más que un golpe de pecho, un supuesto “remordimiento” por ver sufrir a aquel hombre que se decía Dios, pero seguían cegados porque aquello sólo había “golpeado” sus emociones pero no su espíritu. Los espectáculos solo provocan eso: una dosis ficticia de dolor en el alma, pero que no trae cambio alguno. ¿Recuerdas algún espectáculo que hayas visto recientemente en la TV, o en cine, o en teatro? ¿Transformó algo en ti?

Es de importancia crucial que como creyentes evaluemos qué es lo que nuestros servicios en la iglesia están provocando en nosotros. Es importante analizarnos y entender qué fruto está generando la Palabra en nuestra vida. ¿Buscamos entretenimiento o buscamos verdadera transformación, verdadera comunión con Dios?

Hoy más que nunca en la historia cristiana abundan libros, música, películas, estudios, devocionales, traducciones bíblicas, recursos de apoyo y de estudio. Si necesitas ayuda con tu matrimonio, habrá seguro decenas de libros; si necesitas aconsejar a los jóvenes, encontrarás cientos de recursos; si deseas ministrar a través de la música, habrá miles de ayudas. Y no es malo nada de eso mientras estén basados fielmente en la Palabra de Dios, pero lo que es importante es qué representa eso: ¿un espectáculo que entretiene el alma sin traer transformación, o un impacto a tu espíritu que te revela más a Cristo y a Él crucificado?

el pueblo a Él cercano

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“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poderío de Su pueblo; alábenle todos Sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a Él cercano. Aleluya.” Salmo 148.13,14

Hay momentos en la vida todo creyente donde su fe es probada y llevada a tiempos de gran desafío. Tiempos en los que nada puede darte certeza más que Su Palabra y Su Espíritu en ti. Tiempos en los que tu caminar es movido completamente por la fe, donde tu comunión con Dios cultivada en la intimidad constante es trascendental para lograr salir victorioso de la prueba.

Tus amigos pueden volverse lejanos. Tu familia puede volverse ajena. Tu fe es lo único que te sostiene. La fe en JESÚS, la fe en Su Palabra, la fe en saber que Dios te ha preparado para ese tiempo de prueba, y que a través de ese tiempo el carácter de Cristo será desarrollado en ti de maneras asombrosas. Porque lo único que dará completa paz es tener la certeza de que eres cercano a Dios, que caminas tomado de Su voluntad.

Un joven predicador compartía hace poco: no huyas de las pruebas, agradece a Dios por ellas. Y es ahí donde nuestra gratitud es perfeccionada. Porque esas pruebas entresacarán lo precioso de lo vil, revelarán a tus ojos el pecado oculto, purificarán tu fe y tu vida, te harán más como Cristo.

Habrá dudas, sí. Tendrás miedo, quizá. Pero de algo estarás cierto y es que Dios te está llamando a ese tiempo donde Su gracia y Su misericordia se mostrarán como nunca en tu vida.

“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido” declara el salmista. Y en esos tiempos de profunda prueba, reconoceremos el gran poder y soberanía de nuestro gran Dios, porque Él es cercano a Su pueblo y no nos dejará solos.

 

ninguna cosa procuró sino…

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“Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegal eunuco del rey, guarda de las mujeres; y ganaba Ester el favor de todos los que la veían.” Ester 2.15

Hace un par de semanas atrás vi una película sobre el libro de Ester. A pesar de las limitaciones en producción y demás detalles que no la hacían una gran película para el mundo, había en ella la oportunidad para compartir la verdad de Dios, y mi vida fue tocada con un aspecto importante: aún en los tiempos de deportación del pueblo de Israel, Dios tuvo cuidado de su pueblo, dándoles gracia delante de los reyes.

Mientras veía esa película pude comprender como en esos tiempos de angustia para el pueblo de Dios, alejados de su amada Jerusalén y de Israel, donde había cosas y personas que se levantaban en contra ellos, la mano de Dios jamás se apartó de ellos. Dios obrando a través de cada decisión en los reyes para cumplir Su Palabra. Aun a pesar de que la deportación y el exilio fueron consecuencia del pecado del pueblo de Israel, Dios había hecho una promesa, y la cumpliría completamente: Él sería su Dios, y ellos serían Su pueblo.

Cuando leemos el libro de Ester pareciera un cuento de princesas: una mujer que es preparada para ganar el favor del rey y convertirse en su esposa y reina. Sin embargo, hay mucho más que eso. En el libro de Ester vemos como una mujer dedicó años de preparación para ganar el corazón del rey. No era un asunto de popularidad o egolatría, sino un asunto para conquistar el corazón del rey que se había agradado de ella. Ester procuró con diligencia aquellas cosas que le eran instruidas con tal de ganar el corazón del rey.

Durante ese tiempo, y lo podemos confirmar en otros libros como el de Daniel, Dios da una gracia especial a Sus hijos para que sea reconocido que Dios es su Dios, una gracia tan especial que hacen que la gente voltee y digan: hay algo diferente en ellos.

La parte más emocionante e inspiradora de leer estos libros es saber y creer que el Dios de Ester, el Dios de Daniel, el Dios de la Biblia, es nuestro Dios. Así como a ellos se mantuvo fiel mientras atravesaban tiempos de terrible oscuridad, también nosotros, Sus hijos, podemos confiar que Dios será fiel hasta el final.

Si tan sólo procuráramos agradar el corazón de Dios, nuestra vida cobraría un significado más real, más sublime. Vivir para enamorar más y más a nuestro Gran Rey.

Que nuestra pasión por Dios jamás se extinga.

la gloria de Su gracia

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“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos Suyos por medio de JESUCRISTO, según el puro afecto de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en Quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia” Efesios 1.5-7

Uno de los grandes retos que como hijos de Dios nos enfrentamos ante aquellos que no creen en Dios es poder explicar la razón por la cual Dios creó a la raza humana. Muchos de los que aborrecen o niegan la existencia de Dios pondrán presentar argumentos sutiles y aparentemente inteligentes para cuestionar mucho de lo que la Biblia nos enseña. Algunos de esos argumentos, y probablemente son argumentos que han llegado a la mente de varios de nosotros, consisten en entender por qué Dios creó a la raza humana sabiendo que iba a pecar y a desobedecer; por qué Dios puso el árbol de la ciencia del bien y el mal en medio del huerto del Edén pudiendo no ponerlo para evitar que Adán y Eva comieran de él; por qué Dios, sabiendo del dolor que la raza humana causaría a la tierra y unos a otros, creó una raza tan imperfecta, tan débil, tan pecadora, tan malvada. En términos muy concretos, consiste en entender cuál es el propósito de la raza humana.

A pesar de que las respuestas a esas interrogantes son muy profundas y, probablemente difíciles de entender en nuestra mente humana, hay una respuesta que Dios me permitió entender hace algún tiempo atrás. Esa respuesta la expresa el apóstol Pablo en su carta a la iglesia en Éfeso. En su carta, Pablo expresa que Dios, escogiéndonos desde antes de la fundación del mundo para ser santos y vivir sin mancha, ha llamado a Sus hijos para un propósito sublime: la alabanza de la gloria de Su gracia.

La gracia de Dios, viéndola como un fin mismo en la creación, cobra un significado muchísimo más maravilloso al entenderla desde esta perspectiva. Hemos sido creados para experimentar la gracia de Dios, hemos sido creados para recibir esa capacidad y ese poder para hacer la voluntad de Dios con gozo aun en nuestra debilidad. Es por eso que Pedro nos exhorta a “creced en la gracia” (2 Pedro 3.18) porque la gracia de Dios va mucho más allá de ser salvos del infierno. La gracia es nuestro fin, como humanos que hemos sido adoptados por Dios, para glorificar a quien nos ha salvado y amado sin siquiera merecerlo.

Cada hijo de Dios ha sido creado para ello: experimentar Su gracia y vivir en ella. La gracia de Dios es tan extraordinaria que día a día necesitamos vivir más por la gracia de Dios y menos en nuestras fuerzas, porque Su gracia es sublime, es perfecta, nos hace aptos para hacer la voluntad de Dios. La gracia, contrario a lo que muchos pudieran creer, no es un permiso libre para pecar pero sí una capacidad y un poder sobrenatural para hacer la voluntad de Dios con gozo.

Querida iglesia, los tiempos que vivimos son cada vez más malvados. La maldad se ha aumentado en todo lugar sobre la tierra, y en el corazón de los hombres está de continuo hacer el mal. Sin embargo, en estos tiempos de tanta maldad es donde la gracia de Dios brillará más, es donde Dios puede movernos a vivir en santidad y piadosamente de tal forma que los hombres glorifiquen a Dios por las buenas obras que Su gracia nos permite hacer.

Crezcamos día a día en Su gracia. Que cada día vivamos más por Su gracia y menos por nuestras fuerzas. Dios sea glorificado en gran manera en nuestras vidas.

sumergirnos en Su gracia

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“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo JESÚS”. 2 Timoteo 2.1

Me encanta nadar. Desde niño tenía un gusto muy grande por el agua como muchos niños lo tienen, y en estos últimos dos años Dios me ha permitido aprender a nadar y ha sido una de esas cosas que nunca pensé me hubiese gustado tanto. Desde el principio que decidí aprender nadar por consejo de un amigo, tenía un miedo terrible por diferentes cosas, sin embargo, a pesar de mis casi muchos años que tengo Dios me ha permitido disfrutar como pocas cosas el nadar.

Los casi muchos años que tengo no impidieron que decidiera aventurarme a aprender algo nuevo, y por demás miedos y dudas, ahí estoy. Sé que niños de 4 años nadan mucho mejor que yo, pero sin duda el aprender ha sido un proceso muy divertido. Algo que Dios me ayudó a comprender en esa decisión es que siempre debemos estar dispuestos a aprender algo nuevo, aun a pesar de los casi muchos años que podamos tener. Nunca sabremos por completo todo, y muchísimo menos respecto a Dios y Su reino.

Algo muy fuerte que Dios me ha enseñado al nadar es que necesitamos sumergirnos para realmente lograr aprender y saber cómo movernos dentro del agua, es ayudar a que nuestro cuerpo aprenda y conozca lo que significa estar sumergido en algo que es totalmente enorme para él. No pretendo iniciar con este texto una nueva doctrina sobre el agua y las albercas y el nadar. Para nada. Pero sí compartir como Dios me ha permitido entender su gracia.

En los momentos en que mi cuerpo estaba sumergido completamente en el agua, Dios me llevaba a comprender cómo debemos dejar que nuestro cuerpo sea empujado hacia arriba por el agua. Aquellos que saben de que hablo, no me dejarán mentir que nuestro cuerpo nunca podrá tocar fondo por sí solo, sino que el agua empujará nuestro cuerpo a flote. Y esto no se logra porque yo le haya dicho a mi cuerpo que debe flotar, sino que por el simple efecto de las leyes físicas que operan entre el agua y mi cuerpo, mi cuerpo siempre será empujado por el agua.

Cuando estoy dentro del agua, hay algo que Dios me recuerda siempre: sumérgete en Mi gracia, como tu cuerpo se sumerge en el agua.

El tema de la gracia es bien amplio, pero hoy un aspecto que quisiera platicar es sobre cómo vivir literalmente empujados por la gracia de Dios.

Dios tiene planes y propósitos bien hermosos de los cuales desea hacernos parte. Quizá Dios te está llamando a ser predicador, a ganar naciones completas para Cristo, a ser un ministrador a través de la alabanza, a escribir libros, a componer canciones, a danzar para él, a ser un líder social y político temeroso de Dios, a ser un esposo que honre a su pareja y que deje brillar a Cristo en su matrimonio, a ser un padre y una madre ejemplar como ninguna otra se ha conocido, a ser un estudiante y un profesionista que vive para Su Reino, a ser un gran hombre y mujer de fe. Sin embargo, me pasa muy seguido a mí, cuando vemos ese gran sueño de Dios y después vemos nuestras grandes limitaciones e imperfecciones, llegamos a decir: creo que no podré. Y cuando reconocemos nuestra limitación, cuando declaramos que no podremos en nuestra fuerza, es cuando Dios nos dice: Mi gracia es suficiente, sumérgete en ella y deja que te empuje hacia ese sueño.

Un amigo cristiano una vez mencionó una frase que no olvido: tú das el paso, y Dios pone el suelo. Y la gracia y la fe siempre van de la mano, porque el que se acerca a Dios necesita creer que le hallará. En mi caso, el agua en la alberca hace lo que para mí es imposible, que es mantener mi cuerpo a flote, pero yo necesito hacer mi esfuerzo para moverme, pero ese esfuerzo, comparado con la fuerza del agua es mínimo.

No sé qué sueño Dios ha sembrado en tu corazón. Estoy segurísimo que ese sueño parece imposible en tus fuerzas. Quizá muchas veces has dicho que no podrás, que es demasiado para alguien tan limitado como tú. Pero recuerda, cuando reconocemos nuestra limitación, en ese instante la gracia de Dios comienza a obrar en tu vida de maneras que son sobrenaturales y sorprendentes. Decide hoy sumergirte en la gracia de Dios como nunca antes los has hecho, y déjate sorprender por lo maravilloso y poderoso de nuestro Dios.

una canción que en eternidad se cante

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Padre, Tus hijos cantan a Tu Nombre

con el corazón y el espíritu

una canción que de eternidad se cubre

al limpiarnos de tanta maldad.

 

Tu gracia sobrepasa el universo

que de Tu gloria se viste

al contemplar Tu Fidelidad

que se extiende en la eternidad.

 

Tus hijos cantan al quedar rendidos

al quedar en humildad postrados a Ti

porque el contemplarte es nuestro deseo

y el agradarte nuestra pasión.

 

Cantamos de Tu inmensa gracia

y de Tu Salvación inmerecida también

cantamos en Tu justicia perfecta

del amor que Tu misericordia vistió.

 

Cantar a Ti con nuestra vida

es porque vivimos,

cantarte en días y vidas

en pensamientos y deseos,

cantarte con el corazón

que cautivado vive por Tu presencia.