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como mirando al Invisible

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“Por la fe [Moisés] dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.”

Hebreos 11.27

 

Mientras venía conduciendo, recordaba esta imagen que hace algunos meses un querido amigo me regaló. Esta frase me hizo recordar una verdad importante: fijar nuestros ojos y nuestra vida en lo eterno.

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“No es tonto quien da lo que no puede guardar para ganar lo que no puede perder” Jim Elliot

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cosa mejor para nosotros

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“Y todos éstos [los héroes de fe], aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11.39,40

“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23.19

 

¿Cómo es que un hombre de fe como Abraham recibió promesa tan grande como el ser el padre de multitudes y ser bendición para el mundo, y lo único que vio fue a un hijo nacido en su vejez? La fe de Abraham es impresionante en muchos aspectos, una promesa imposible de la cual lo único que deleitó fue a un hijo cuyo nacimiento también era imposible. Sin embargo, hoy testificamos que esa promesa dada a Abraham, hoy nos incluye a nosotros y a generaciones de hombres y mujeres de fe que han sido atraídos a Dios mediante JESÚS.

Imaginemos ahora a los apóstoles cuando JESÚS les dice: y me serán testigos hasta lo último de la tierra. Sin embargo, ninguno de los apóstoles, más que Pablo, fue más allá de Asia menor. ¿Acaso JESÚS mintió? La respuesta es evidente en nuestra vida ahora: somos nosotros el fruto de la fe de ellos.

La Biblia narra la vida de hombres y mujeres de fe que recibieron promesas tan extraordinarias “pero” que no recibieron lo prometido, hombres y mujeres que guardaron en su corazón esa promesa, aunque ellos no lograron ver el cumplimiento de la promesa. Y el libro de Hebreos en el capítulo 11, en ese capítulo tan maravilloso, nos declara que aunque ellos no recibieron lo prometido, Dios nos ha bendecido por la fe de ellos, para que nosotros, además de ellos, también fuésemos perfeccionados (madurados) a través de esa fe. Es decir, la razón por la cual Dios “no cumple” la promesa en la persona que le recibió en un inicio, es porque esa promesa es tan alta que una sola generación no bastaría para cumplirle, no porque Dios no pueda hacerlo, sino porque Sus promesas son tan extremadamente más grandes que nuestros pensamientos no pueden concebirles.

Me encanta soñar con Dios y platicarles mis planes, y mis sueños, y mis ideas, y mis anhelos. Me encanta estar en una tarde sentado platicando con Él, o en la noche antes de dormir y platicar con Él acerca de esos sueños. Y me encanta porque sé que, aunque mis sueños pudieran parecer muy grandes, sé que Dios los sobrepasará con Sus sueños, porque Sus pensamientos son siempre mucho más altos que nuestros pensamientos. Y esto me impresiona de los hombres de fe: confiando siempre que lo que Dios traería siempre sería mayor al presente que vivían, aunque este presente pudiera parecer extraordinario.

No puedo imaginar a Abraham viviendo amargado y reclamándole a Dios porque había recibido una promesa de ser padre de multitudes y lo único que recibió fue un hijo. Abraham pudo ver más allá, pudo confirmar que Dios no miente, y lo que Él dijo será hecho. Abraham descansaba en esa verdad, una verdad que sostiene que lo que Dios ha dicho, será hecho.

por el gozo puesto delante de Él

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“puestos los ojos en JESÚS, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12.2

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” Hebreos 12.15

 

Las pruebas tienen el riesgo de endurecer nuestro corazón y generar en él amargura. Así Dios, a través de una plática con un querido amigo, me permitió comprender ese riesgo.

Estoy viviendo un tiempo de gran prueba espiritual y emocional desde diciembre pasado. En este tiempo Dios ha traído Palabra y consuelo y guía y libertad y dirección y apoyo y personas geniales que han hecho de este tiempo una etapa de gran crecimiento. También, en estos meses Dios ha sido tremendamente bueno conmigo, tremendamente bueno. He podido ver Su cuidado y Su compañía. Cada mañana, al despertar, está Su Palabra: Te amo. Y durante el día, en más de ocasión, Dios me recuerda esa verdad: Te amo. No puedo resistirme a Su amor, no podemos resistirnos a tan perfecto amor que hecha fuera todo todo temor.

Durante esta semana y después de compartir este post, Dios me recordaba que JESÚS veía un gozo más allá del sufrimiento de la cruz, a tal nivel que menospreció todo ese sufrimiento. ¿Qué gozo puede haber en sufrir? Ese gozo que JESÚS veía es sin duda cada vida que a través de Él es rescatada, y JESÚS, mientras sufría la cruz, te veía a ti, me veía a mí, veía que valía la pena todo ese sufrimiento. JESÚS veía el gozo más allá del sufrimiento, JESÚS veía el gozo más allá de la cruz, JESÚS vio el gozo más allá de muerte. JESÚS nos vio a nosotros.

Y Dios me permitía comprender que más allá de la prueba, del sufrimiento, los padecimientos por Su Nombre, hay gozo. Vidas restauradas, vidas transformadas, vidas atraídas a Dios a través de la Verdad quien es JESÚS. Habrá tiempos en los que por Su Nombre será necesario padecer y enfrentar el rechazo, la burla, el menosprecio, la muerte, aún de las personas más cercanas, sin embargo, Él ha prometido que estará con nosotros hasta el fin.

Hay un contrate interesante entre ver el gozo más allá de la prueba, y generar amargura durante la prueba. Porque el gozo es ver más allá, pero la amargura se queda atada en el aquí, en la prueba. Es por eso que Dios nos manda no resistir Su gracia, porque solo con Su gracia podremos salir vencedores de esos tiempos de oscuridad. La amargura, ese enojo y rencor contra las personas y Dios por falta de perdón, es creada por considerar que esto que vivimos es injusto, por creer que Dios se ha olvidado de nosotros y que las cosas se le han salido de control. Pero Él es soberano, Él es perfecto, Él es bueno.

En estos tiempos de prueba nos es necesario presentar nuestro corazón constantemente delante de Dios y evaluar si se está endureciendo y amargando por la falta de perdón y por resistir Su gracia. Y a su vez, podremos pedirle a Dios que produzca ese gozo, un gozo sublime.

Porque cuando no solo en las bendiciones sino también en los padecimientos podemos confirmar que JESÚS se ha revelado a nuestra vida y Su carácter se ha formado en nosotros, entonces podemos declarar con certeza que ha valido la pena.

¿tus sueños se están muriendo?

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“Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son Mis caminos más altos que vuestros caminos, y Mis pensamientos más que vuestros pensamientos” Isaías 55.8,9

Tenía un sueño que cuide por años, quizá muchos años. Despertaba pensando en él, esperando el día en que en realidad se volviera. Dormía pidiendo a Dios y confiando que Él le traería a Su tiempo, porque en mí está la certeza de que ese sueño es un sueño de Dios que se cumplirá en Su tiempo.

Pero un día, un buen día, un muy buen día, Dios me pidió aquel sueño. Dios había revelado a mi espíritu que aquel sueño se estaba robando más atención de la debida, se estaba robando la atención que solo a Dios debía ser. Ese sueño se estaba convirtiendo en un ídolo, un ídolo que se había infiltrado en mi vida justificado en que Dios le había traído. Y cuando ese sueño intentó robar un lugar en mi corazón que a Dios corresponde, Dios me pidió aquel sueño.

Sentía que aquel sueño se moría. Sentía que aquel sueño de años ahora venía a tener un fin que no esperaba. Dios me pedía, así lo sentía en mi humanidad tan limitada, un sueño para deshacerse de Él. Sin embargo, no había yo siquiera aún entendido algo: Dios purificará todo, aun los sueños, y Dios traerá con ello Sus sueños, no los nuestros, Sus caminos, no nuestros caminos, Sus pensamientos, no nuestros pensamientos, Sus propósitos, no nuestros propósitos.

Cuando Abraham caminó por días a aquel lugar indicado por Dios para sacrificar a su hijo, Abraham tenía la certeza de que “Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir [a su hijo].” (Hebreos 11.19). Y cuando Abraham, con preguntas y dudas, estaba a punto de sacrificar a su hijo, Dios lo detuvo diciéndole: “porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único.” (Génesis 22.12).

Y en ese día aquel sueño quedó rendido a Dios. Deseaba que Dios ocupara mi atención. Ya no quería que un sueño que empezaba a traer más frustración llenara mis anhelos. Quería que Dios fuera mi mayor anhelo. En medio de las dudas y preguntas, aquel sueño quedó rendido a Dios. Quería que mi mayor sueño fuera JESÚS mismo, como aquellas vírgenes fieles que aguardaban la llegada de su esposo. (Mateo 25.1-13)

Hoy es un buen tiempo de rendir sueños a Dios, aquello que ocupaba nuestra mente más que Dios mismo. Confiando que Sus pensamientos y Sus caminos son mayores a lo que nosotros podemos pensar e imaginar.

tal contradicción

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“Considerad a Aquel [JESÚS] que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12.3

Cuando fijamos nuestros ojos en JESÚS, cuando miramos cuán grande sacrificio ÉL ha hecho por Sus hijos, en todo nuestro ser un deseo tan intenso nos inunda por ver tal contradicción, una contradicción tan grande porque ÉL siendo limpio, y sin pecado y sin mancha, todo el pecado nuestro fue sobre ÉL. Una contradicción que conmovió al mundo y al universo entero porque por amor ÉL, Santo, tomó nuestro lugar, el lugar de un pobre pecador que no teníamos ni nuestra propia vida para poder cubrir la justicia de Dios.

¡Cuánta contradicción! ¿Puedes imaginar tan solo un momento que alguien tan Justo pague con su vida por la maldad del hombre más perverso que puede estar sobre la tierra? Ese hombre perverso era cada uno nosotros, ese hombre Justo es JESÚS.

No hay, querida iglesia, no hay nada que pudiéramos hacer para merecer tan enorme sacrificio. Iglesia, el sacrificio de JESÚS es el acto de amor más grande que sobre toda la eternidad pueda pronunciarse. El sacrificio que nos acercó al Padre y nos compró del infierno.

Y hoy, querida iglesia, en nosotros no hay más culpa. Podemos acercarnos libremente al Padre. Podemos sentir Su Paz, Su perdón, Su misericordia, Su amor. Hemos sido hechos justos por JESÚS. Hemos sido aceptados por JESÚS. Hemos sido libertados por JESÚS. Hemos sido hechos hijos por JESÚS.

Iglesia, no tardes en buscar a Dios. No tardes en confesar toda falta y recibir cuán grande amor de Dios. No vivas atado a un pecado que Dios ya ha pagado. No tardes, Iglesia, en comprender que Dios te ama y desea vestirte en santidad.

Hoy quisiera que nos uniéramos en una oración por la Iglesia. Que Dios despierte en nosotros una profunda convicción de que Dios ha pagado todo, y que debido a esa contradicción hecha en JESÚS, nuestro ánimo no se canse, no desmaye. Porque en ÉL tenemos esperanza cierta, esperanza que nada ni nadie en este mundo nos podrán ofrecer.

el pecado en nosotros

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“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en Su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Hebreos 4.13

Hoy tuve oportunidad de escuchar una de las descripciones más sencillas sobre el pecado pero con una poderosa revelación. En un curso para maestros de niños, la maestra que daba el curso mencionó: “una forma de enseñarle a los  niños acerca del pecado es cuando hay mucha basura en nuestra casa, ¿qué pasa?, nuestra casa empieza a oler mal y por más que tratamos no podemos quitar toda esa basura y su olor, y nosotros intentamos tapar esos olores a través de poner mucho perfume o aromatizantes en nuestra casa. Así es el pecado en nuestra vida, el pecado hace que nuestra vida ‘huela’ mal y nosotros buscamos ponerle perfume a través de las buenas obras, o haciendo cosas que nos ayuden a tapar el pecado, sin embargo, el pecado sigue ahí”.

Esa breve enseñanza tiene una revelación poderosa porque nos enseña varias características del pecado: primero, el pecado es basura en nuestra vida, son desechos de nuestra desobediencia a Dios, podemos estar viviendo de una determinada manera pero el pecado dejará siempre sus rastros en nuestra vida; segundo, nuestra naturaleza desde que caímos en pecado en el huerto del Edén, es buscar formas de tapar el pecado, buscamos limpiar nuestra conciencia, buscamos formas de hacer que esa basura sea tapada; y tercero, el pecado no puede ser quitado en ninguna forma humana, no hay religión, no hay filosofía, no hay curso de auto-superación, no hay esfuerzo humano alguno que siquiera pueda quitar un “gramo” del pecado que hay en nosotros.

Para que nosotros y cada una de las personas comprendamos lo maravilloso de la obra de JESÚS en la cruz y Su salvación, necesitamos primero entender cuán asqueroso y terrible es el pecado en nosotros. Desde el mínimo pecado hasta el más terrible de ellos, todos ellos dejan rastros en nuestra vida que nos separan y nos hacen sucios para Dios. Suena bastante fuerte, ¿no crees? Sin embargo, la obra de salvación si bien inicia a través de comprender nuestra condición de vivir en suciedad, no termina ahí. La obra de salvación hace lo que nadie más puede hacer: quitar completamente el pecado de nuestra vida. Eso es lo que JESÚS hace cada día en nuestra vida: limpiarnos.

Es importante comprender la gravedad del pecado. Es importante saber identificar qué cosas están dejando basura en nuestra vida. Es importante anhelar vivir en limpieza (en santidad). Es increíble saber que JESÚS está ahí, como nuestra gran y único Sumo Sacerdote delante de Dios que está pacientemente limpiándonos.

Quiero invitarte a hacer un pequeño ejercicio. Cada vez que tires la basura en algún cesto, o cuando saques la basura de tu casa, recuerda siempre algo: así como nosotros estamos buscando una casa limpia de basura, así JESÚS desea que nuestra vida sea limpiada del pecado, y JESÚS ya lo ha hecho para todo aquel que se acerca a Él con fe.

Agradece a Dios siempre, por la basura (el pecado) que ha quitado en tu vida, porque si no fuera por Él, nadie más hubiera podido hacerlo.

la cultura cristiana

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Existen países cuyo transfondo histórico-cultural ha sido en gran parte influenciado por las ideas que del cristianismo surgen. Países como Estados Unidos o Inglaterra, por mencionar un par de ellos, han formado sus sociedades actuales en base a principios emanados de la doctrina y de las enseñanzas que Jesús nos reveló. De hecho, un gran número de habitantes de estos países aún se declaran cristianos (de alguna denominación) y muchos de ellos asisten a las iglesias regularmente.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, existen fuertes estadísticas en esos países que revelan que un porcentaje muy alto de “creyentes” no conocen a fondo la doctrina cristiana ni los principios bíblicos que le sujetan. Además, también algunos testimoniales revelan que estos países ahora están siendo evangelizados en estos tiempos por países que previamente fueron evangelizados por ellos, es decir, países africanos suelen enviar misioneros para evangelizar a Inglaterra. También, algunos predicadores ven con tristeza como los miembros en las iglesias en estos tiempos están fuertemente conformados al mundo. Un predicador mencionaba que se considera que tan sólo el 5% de los asistentes a iglesias son realmente nacidos de nuevo.

Este panorama puede ser desalentador para países como México cuyo número de creyentes cristianos está en crecimiento, pero que aun sigue siendo una minoría comparada con la cultura en la que vivimos. La pregunta que sin duda muchos predicadores se han hecho es: ¿qué ha estado pasando en estos países?

Entender el contexto que ha arrojado a estos países a la situación actual no es algo que se pueda cubrir en un texto tan breve como éste. Pero quisiera compartir lo que Dios me ha permitido entender basado en el versículo de Hebreos 11:6a: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios;”.

El cristianismo no es un plan de mejoramiento de vida, en repetidas ocasiones el pastor de la iglesia nos lo menciona, el cristianismo son vidas consagradas que buscan desarrollar el carácter de Cristo y cuyo arma básica es la fe en Él. Si el cristianismo que hemos aprendido o estamos aprendiendo sólo se limita a una serie de normas y estatutos que nos vemos obligados a seguir para encuadrar en una cultura “mejor” o tener una vida “mejor”, estamos en el camino equivocado porque muchas normas nos llevaran a “creyentes” legalistas que considerarán su salvación en base a su comportamiento y buenas obras, y no en la fe en Jesús. Pero tampoco, el cristianismo es una oportunidad deliberada de vivir sin mayor detenimiento y pecar sin mayor problema. La pregunta que todo creyente debemos hacernos día a día es: ¿qué tanto nos parecemos a Jesús en cada día qué pasa? ¿Qué frutos en cada día que pasa estamos dando? Y estas son señales claras de un nacido de nuevo.

Ser cristiano es vivir a diario nuestra salvación, porque cada día los retos y las dificultades serán nuevas, y los ataques aún mayores. Vivir el cristianismo es vivir en fe cada día creyendo que nuestra salvación ha sido ganada, y que nuestra vida necesita estar consagrada en Jesús dando frutos dignos de arrepentimiento. Es vivir cada día con fe, porque sin fe, por más que nos portemos bien, por más que seamos gente ejemplar en nuestra sociedad, no agradamos a Dios.

vivir en santidad

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Hebreos 12:14

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios”.

 

La cultura popular en nuestro país y varios países con raíces religiosas comunes a las nuestras define a una persona santa a aquella que ha sido clasificada como tal por la institución religiosa que le soporta basada en una serie de requisitos y méritos humanos. Sin embargo, la Biblia no sólo no enseña eso, sino que manda a todo creyente a vivir en santidad, sin la cual nadie verá a Dios.

El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es poder contemplar a Dios en toda Su majestad y hermosura, poder habitar donde Él habita, porque le pertenecemos a Él y en Él está nuestra plenitud. El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es agradar a Dios a través de toda nuestra vida, incluidos pensamientos, emociones, y acciones. El anhelo en el corazón de un verdadero creyente es glorificar a Dios, no a uno a mismo, a través de todo nuestro ser. Sí, todo nuestro ser.

Y es aquí donde la santidad toma parte en nuestra vida. La palabra santidad expresa a aquello que está separado, apartado o consagrado para un propósito muy específico y muy sublime: glorificar a Dios. Pero ¿separados o apartados de qué? La respuesta es simple: apartados y separados de las cosas que no agradan a Dios. Nos preguntaremos: ¿qué cosas no agradan a Dios? La repuesta es también simple: su Palabra lo expresa todo. Es por eso que un verdadero creyente se deleita y ama la Palabra de Dios porque en ella encuentra vida, encuentra aquello que agrada y lo que no agrada al Ser que más ama en toda su vida: Dios.

Recuerdo mucho como Dios me enseñó santidad, y lo recuerdo porque Dios fue muy claro en ello. Y sucedió así: iba conduciendo mi coche en la carretera, escuchando la radio, y de pronto el coche empezó a fallar. Sin saber qué hacer porque iba en medio de la carretera, dejé que el coche se moviera por el impulso que llevaba hasta llegar a algún lugar donde pudiera orillarme. Al poder orillarme, clamé a Dios diciéndole: Padre, ayúdame, estoy en medio de este lugar sin saber cómo arreglar el coche. La respuesta de Dios fue: apaga la radio.

Entendí en ese momento algo impresionante: en esa época Dios me estaba llamando al ministerio de alabanza en Su iglesia, y en esa ocasión que iba conduciendo yo iba escuchando alguna música secular (del mundo). Después que Dios me pidió que apagará la radio, Él me dijo: santidad. Esa tarde quedé avergonzado tremendamente con Dios, pero profundamente agradecido por enseñarme su corazón.

Vivir en santidad no es vivir en legalismo, o cumpliendo méritos religiosos. Vivir en santidad es vivir amando Su ley y Su Palabra, viviendo de acuerdo a Su voluntad.

Quiero terminar preguntándote: ¿estás construyendo tu matrimonio sobre la Palabra de Dios? ¿Estás criando a tus hijos en la Palabra de Dios? ¿Realizas tus finanzas en la Palabra de Dios? ¿Estás viviendo separándote de las cosas del mundo basado en la Palabra de Dios?

Y seguramente Dios te pedirá que apagues la radio hoy de muchas cosas en tu vida.

incredulidad

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“Porque sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Hebreos 11:6

En el libro de Mateo en el capítulo 13 a partir del versículo 53 se nos narra la visita de Jesús a Nazaret. Esta visita fue caracterizada porque Jesús no hizo ningún milagro ahí  por una razón que hoy en día se encuentra no sólo en los no creyentes, sino en el pueblo cristiano: la incredulidad.

Este gran mal y pecado en la iglesia hoy en día hace que nuestros servicios carezcan de sentido, y aún más de la vida y la presencia de Dios. Los servicios dominicales se vuelven un mero entretenimiento para los feligreses, y para muchos de ellos una carga. Media hora de alabanza y adoración se convierte en un fuerte deseo de que se termine, la predicación un simple sermón que no trasciende más allá de las palabras y, si el predicador es ameno, de los chistes. No hay propósito en lo que se hace, las personas que asisten son meros asistentes y no hay apego emocional y espiritual uno de otros como una familia, los servidores cumplen con sus actividades, el predicador da el sermón, y todo sucede pero sucede sin vida.

Cuando Jesús llegó a Nazaret la gente que le conocía desde que era pequeño y habían convivido con su familia dudó desde el principio de él. No creían que aquel niño que creció en ese pueblo, aquel joven que vivió junto con ellos, y ahora este hombre que se presentaba a ellos como el Salvador podía ser quién se decía que era. Y debido a esta incredulidad, Jesús no hizo ningún milagro ahí.

Acercarnos a Dios no es nada más asistir a un servicio en domingo, o las demás reuniones en la iglesia en cualquier día de la semana. Acercarse a Dios no es sólo tener un tiempo diario con Él leyendo su Palabra y orando. Acercarse a Dios no es solamente ser diligente con nuestras responsabilidades en el ministerio y servicio. Acercarse a Dios no es sólo haber recibido salvación tiempo atrás en nuestra vida.

Acercarse a Dios es reconocer que Él es Dios. Es reconocer que Él todo lo puede. Es reconocer que Él ha dado todo por nosotros. Es reconocer que Él nos ama, y nos ama eternamente. Acercarse a Dios es creer en humildad y arrepentimiento que Él escucha de nosotros y está atento a nuestra voz porque Él se deleita en nosotros. Sí, se deleita en nosotros: en nuestras pláticas, en nuestros silencios, en nuestro vivir, en nuestra pasión por Él, en nuestra fe por Él. Acercarse a Dios sucede a diario, en todo momento.