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corra la justicia como impetuoso arroyo

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“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de Mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.” Amós 5.21-24

 

Un parafraseo de los versículos anteriores que recientemente leí decía:

“No puedo soportar tus reuniones religiosas. Estoy harto de tus conferencias y convenciones. No quiero tener nada que ver con tus proyectos religiosos, tus slogans pretenciosos y tus metas. Estoy harto de tus planes de recaudación de fondos, de tus relaciones públicas y de tu imagen. He tenido todo lo que puedo soportar de tu egoísta música ruidosa. ¿Cuándo fue la última vez que me cantaron? ¿Tú sabes que quiero? Quiero juicio -océanos de él. Quiero justicia-ríos de ella. Eso es lo que quiero. Eso es todo lo que quiero.” Amós 5.21-24

 

Quedé impactado por él. Por varias horas estuve pensando en ello. A veces cuando leo la Biblia suelo pensar que aquellas palabras fuertes de Dios hacia el pueblo de Israel se quedaron como un testimonio de cómo el pueblo de Dios se había alejado de Él. De cómo Dios mostraba el dolor y su indignación por lo que veía en Su pueblo.

Pero este parafraseo del profeta Amós hacia la condición de la iglesia actual fue realmente fuerte para mí. Ya desde hace algunos meses Dios me permitía entender que algo hay en Su iglesia que necesita ser confesado y que en arrepentimiento necesitamos volver nuestro rostro a Dios. Algo muy fuerte que hemos alimentado y hemos creído como normal en nuestra vida como iglesia: la religiosidad.

Hemos llenado nuestras agendas y horarios y tiempos y servicios de tanta actividad que difícilmente podemos detenernos en silencio y escuchar la voz de Dios. Realmente escuchar lo que hay en Su corazón: lo que Dios anhela, lo que a Dios le duele, lo que a Dios le urge.

¿Qué hizo que los líderes religiosos del tiempo de JESÚS no fueran capaces de ver y entender quién era JESÚS? Ellos tenían el acceso directo a la Palabra de los profetas. Ellos eran entendidos de la doctrina y la sana ley. Ellos predicaban. Ellos guiaban al pueblo. Pero una tragedia terrible sucedió: cuando Dios vino a ellos, ellos no lo recibieron. Le mataron. Lo crucificaron. ¿No es esto una terrible tragedia: los llamados a guiar al pueblo a Dios eran quienes estaban desviándolos en montón de enseñanzas de hombres?

Dios ama a Su iglesia. Esto es una verdad que no puede negarse. Dios anhela a Su pueblo. Esto es un anhelo tan profundo en el corazón de Dios. Sin embargo, Dios sabe que nuestra humanidad puede llevarnos a hacer religión de todo, aún de aquello que antes era genuino para Dios.

Creo Dios está llamando a Su iglesia en este tiempo a buscarle con un corazón en profundo arrepentimiento. Dios nos ama. Dios busca que Sus hijos se muevan en justicia y misericordia. Que dejemos toda religiosidad y nos movamos a niveles de Su gracia que nunca antes hemos experimentado. Porque los días son malos y Él está llamando a la puerta.

la pared intermedia de separación

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“Pero ahora en Cristo JESÚS, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en Su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” Efesios 2.13-16

 

Leer las cartas de Pablo hacia las diferentes iglesias en Asia menor es de gran enseñanza y alimento al espíritu. Me preguntaba hace algunos días: ¿qué sería de la iglesia cristiana sin las cartas de Pablo? En sus cartas él aborda temas tan delicados y en gran medida controversiales para los judíos y para la iglesia primitiva. Al leer las cartas, siempre llegó a la conclusión de que, si no hubiera sido por el Espíritu, Pablo difícilmente hubiera podido entender tan grandes enseñanzas, ya que él, siendo un judío muy celoso de su fe, tuvo que enfrentar un proceso para desechar paradigmas de hombres y establecer en su vida y en su corazón las verdades que en Cristo nos son reveladas.

Si bien las cartas de Pablo tenían como objetivo entre otros muchos, resolver diferencias en temas controversiales en la iglesia primitiva, esas cartas siguen siendo de gran valor para la iglesia de nuestro tiempo, nuestra iglesia tan necesitada de la guía de Su Espíritu.

Algo que es de llamar la atención sobre Pablo es que a él, siendo el menor de los apóstoles, le es dado un ministerio verdaderamente grande, imposible y sublime: alcanzar a los gentiles (aquellos considerados por los judíos apartados de Dios). La pregunta es: ¿por qué a Pablo? ¿por qué no a Pedro, o a Juan, o alguno de los otros apóstoles, alguno de aquellos que vivió con JESÚS y palpó en primera fila el ministerio de JESÚS en la tierra? ¿Por qué le es dado a Pablo, un hombre que con un solo encuentro con JESÚS fue impactado de por vida, este grande ministerio?

En Hechos podemos ver los conflictos internos que enfrenta Pedro al ser llevado por el Espíritu a predicar a los gentiles (Hechos 10). De hecho, Pablo en una de sus cartas habla de un conflicto que él llega a tener con Pedro precisamente por el comportamiento que Pedro estaba teniendo hacia los gentiles. Pedro enfrentando sus propios paradigmas, paradigmas que le llevan a cuestionar al mismo Espíritu sobre lo que es lícito o no en base a la ley mosaica.

Es aquí, cuando este pasaje que comparto arriba de la carta de Efesios, tiene una profundidad espiritual que es de asombrarnos: JESÚS, Su cruz, vino a derribar la pared intermedia de separación, algunas versiones de la Biblia la llaman la pared intermedia de hostilidad. Una pared de hostilidad que define quién sí puede entrar a la salvación en JESÚS y quién no, una pared de hostilidad que hace diferencias entre los hombres, una pared de hostilidad que establece más y más y más mandamientos de hombres para ser aceptados dentro de la familia de Dios. ¿Qué pared de hostilidad estás enfrentando?

Algo que me ha golpeado en las últimas semanas es que los cristianos podemos llegar a creer que somos mejores que las demás personas. Que nosotros no somos tan pecadores como los no creyentes. Que nosotros tenemos el derecho de juzgar y definir quién es verdaderamente salvo y quién no, quién se merece a Dios y quién no. A veces podemos llegar a ser tan soberbios que aun entre la misma familia podemos estar generando divisiones.

Pablo entendió que a los gentiles también les es dada la salvación. Pablo enfrentó sus propias estructuras mentales y teológicas para poder llegar a esa conclusión. Imagina a Pablo, preguntándole a Dios: ¿en verdad es esto lo que Tú deseas: que no hay más circuncisión en la carne, que no hay más tradiciones judías que seguir para ser salvo? Pablo, el hombre celoso de su tradición judía, rompiendo todo entendimiento de hombres para acercarse más a un conocimiento tan sublime como la fe, la gracia, la salvación, a JESÚS mismo.

Queridos hermanos, hemos sido llamados para crear y establecer puentes con los no creyentes y con el mismo cuerpo de Cristo, no para juzgarlos como peores personas. Hemos sido llamados para derribar toda pared de hostilidad para alcanzar al alma más perdida, más perversa, aquella persona que nadie daría ni siquiera un segundo de su tiempo para predicarle. Nos ha sido dado el ministerio de la reconciliación, no el de la separación.

Dios guíe a Su iglesia a romper toda estructura y tradición de hombres que impide que Su Espíritu use a Su cuerpo para tan gran, imposible y sublime obra: alcanzar a la humanidad para JESÚS, porque esto es la Navidad.

pueblo para Su Nombre

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“Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para Su Nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado Mi Nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos”. Hechos 15.13-18

 

El anhelo de Dios de tener un pueblo para sí es uno de los grandes mensajes en toda la Biblia. Dios escogiendo lo desechado del mundo para tomarlo como su preciado tesoro, su deleite.

Cuando Dios extiende este anhelo Suyo hacia los gentiles (aquellos que estaban fuera del pacto de Abraham) a través de la iglesia primitiva, esto causa una revolución y conflictos no pequeños entre los creyentes de ese tiempo, a tal grado que entre los apóstoles (hombres que caminaron con JESÚS), hubo diferencias muy fuertes. Uno de esos conflictos complicados fue la circuncisión: ¿deberían los gentiles que creían en JESÚS ser circuncidados como los judíos para ser salvos?

La respuesta para nuestro tiempo como cristianos puede parecer simple: la salvación es por fe no por obras, por gracia no por la ley. Sin embargo, si nos adentramos un poco al contexto de la iglesia primitiva veremos que era realmente un tema bastante complejo. Era complejo porque: ¿qué cosas de la ley judía debían permanecer como lineamientos para la iglesia y cuáles deberían ser desechados?

Pablo, un hombre llamado a predicar a los gentiles, cubre en sus cartas de una manera que solo el Espíritu podía inspirar, aspectos de la fe y la gracia que nunca antes se habían profundizado con tanto detalle. Pablo afirma que los creyentes debemos vivir por el Espíritu, trayendo a evidencia el fruto del Espíritu, y no vivir por la carne, haciendo morir toda obra de la carne (Gálatas 5.16-26).

Cuando tenemos oportunidad de leer la obra maravillosa del Espíritu a través de la iglesia primitiva narrada en el libro de Hechos, es sorprendente ver cómo Dios a través de Su Espíritu llega a confrontar tantas cosas que parecían tan firmes en la tradición judía, y lleva a la iglesia a un nivel tan sublime que solo a través de Su Espíritu sería posible no solo entenderles sino vivirles, porque el Espíritu no solo confronta nuestras obras sino también nuestras motivaciones, lo que hay en nuestro corazón.

Es por eso que al leer el Nuevo Testamento, la obra de JESÚS en la cruz se vuelve muchísimo muy preciada, porque nos revela nuestra incapacidad en lo humano de vivir alineados a Dios pero a la vez nos revela el poder en Su Espíritu de vivir como el pueblo para Su Nombre, sabiendo que Su Espíritu es quien nos llevará a vivir en una perspectiva que este mundo no conoce, una perspectiva eterna.

Dios guíe a Su iglesia a vivir en el Espíritu para que podamos reflejar a JESÚS realmente.

para que todos sean uno

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“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como Tú, oh Padre, en Mí, y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste”. Juan 17.20,21

 

Justo antes de que JESÚS sea arrestado, Él ora por Sus discípulos de una manera tan especial y profunda que mientras lees esa oración en el capítulo 17 de Juan, puedes percibir y entender que esa oración también es para nosotros, para los que hemos creído por la palabra de los discípulos, aquel puñado de hombres y mujeres que siendo valientes hace casi 2000 años atrás, predicaron a JESÚS como única verdad.

Esta oración de JESÚS es en sí una promesa a nosotros, no es JESÚS pidiéndole al Padre para ver si el Padre lo haría, JESÚS ora confiando en que el Padre escucharía la oración y haría conforme JESÚS rogaba a Él, porque JESÚS conocía el corazón del Padre.

JESÚS no pide al Padre que nos quite del mundo, pero sí que para que el Padre nos guarde del mal. ¿Puedes creer que el Padre nos guardará del mal aun estando en un mundo que busca lo suyo?

Y esta oración llega a un punto muy especial: para que seamos uno. Pero no es una unidad cualquiera, es una unidad aún más profunda: como JESÚS y el Padre son uno, también nosotros seamos uno en Ellos. Esto es impresionante: la unidad que existe entre JESÚS y el Padre también dada nosotros como Sus hijos, una unidad que en el mundo no se conoce, una unidad que no conoce barreras, una unidad tan perfecta que nos mueve en niveles eternos.

Desde hace algunos años hay un peso en mí por ver cómo la iglesia se ha ido dividiendo, y esto no es algo nuevo, lo hemos testificado por siglos. Pareciera que a veces dentro de las iglesias es difícil encontrar un punto de unidad ante temas tan complejos que decidimos separarnos. Pero, ¿entonces donde se cumple esa promesa de JESÚS al orar al Padre que seamos uno?

Hace también ya algunos años pude descubrirlo cuando viajé a otro país. En ese país tuve oportunidad de visitar una iglesia cristiana y pude sentirme como en casa, como en familia, de hecho, algo muy interesante es que como iglesia orábamos de manera similar por lo que orábamos en la iglesia en México. Se podía percibir que el Espíritu estaba ahí, el mismo Espíritu que en la iglesia en México estaba.

Es ahí cuando comprendí que la unidad de la iglesia no se limita a edificios, o a personas, o a estilos de adoración o enseñanza, que por supuesto todo debe glorificar a Dios y honrar a Su Palabra. Entendí que Dios es tan soberano que Su Espíritu se mueve donde Él decide hacerlo y no donde los hombres queremos que lo haga. Su Espíritu uniendo a Su iglesia más allá de los espacios geográficos, pero también más allá del tiempo, sabiendo que nosotros somos el fruto de la predicación de otros que, quizá ya han dejado este mundo, pero que no han dejado de ser parte de ese maravilloso milagro llamado la Iglesia de JESÚS.

Hoy oro a Dios para que nosotros y nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo podamos percibir esa unidad por la cual JESÚS oró al Padre, esa unidad que es eterna, que no perece. Para que el mundo crea que el Padre ha enviado a JESÚS.

¿a quién iremos?

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“Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él. Dijo entonces JESÚS a los doce: ¿Queréis iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6.66-69

JESÚS estaba en un momento de gran popularidad. Después del gran milagro de multiplicación de los panes y los peces para darle de comer a cinco mil personas, las multitudes venían a Él y le buscaban. Pero JESÚS se aleja de ellos cuando esta multitud intenta hacerle rey (Juan 6.15), ellos no habían entendido la obra que JESÚS necesitaba cumplir primero en la tierra.

Después de que JESÚS se aleja y se va hacia otra región, esta multitud le busca y le encuentra, y es aquí donde JESÚS los confronta: me buscan… porque comieron el pan y se saciaron (v.26) pero hay un pan que si comen no volverán a tener hambre ni sed: Mi carne y Mi sangre. (v.53).

Esas palabras no sólo fueron fuertes para la multitud, sino también para Sus discípulos. ¿Cómo JESÚS les pedía que para tener vida eterna tenían que comer Su carne y beber Su sangre? A ellos no les habían aún sido revelado que JESÚS necesitaba entregar Su cuerpo y derramar Su sangre para pagar por nuestros pecados. El punto más fuerte de este suceso es cuando muchos de Sus discípulos se alejan de Él. Y JESÚS se vuelve a los doce discípulos (los más cercanos) y les confronta: ¿también ustedes se irán?

Pedro responde, creo yo angustiado: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (v.68). Pedro había probado realmente un alimento que no era el físico y que sólo habían encontrado en JESÚS. Pedro durante este tiempo había testificado, y a su espíritu había sido revelado, que JESÚS era el Cristo (v.69). Pedro había creado tan fuerte relación con JESÚS que el solo alejarse de Él era difícil para Pedro.

¿A quién iremos?, preguntó Pedro con profunda angustia por el simple hecho de pensar estar alejado de JESÚS.

***

Sabía desde antes de hablar con mi pastor sobre mi orientación sexual que mis días en la iglesia local podrían estar contados. Sabía que el riesgo más inminente sería que mi permanencia en la iglesia local fuera condicionada y que, tarde o temprano, tendría que tomar la decisión de continuar o no en la iglesia local. Y lo sabía porque esta situación es, tristemente, a la que muchos creyentes homosexuales son orillados.

Durante los últimos meses, probablemente seis ya, mi estado emocional ha sido fuertemente golpeado en la iglesia local. Lo que por muchos años había sido un tiempo de tranquilidad y comunión espiritual y emocional, ahora ha llegado a ser una carga tan fuerte que ha llegado a tener efectos en mi cuerpo. Es como si algo pesado fuera puesto en mi alma y espíritu.

Y ha sido constante esta situación emocional y espiritual en mí. He orado a Dios, le he pedido guía. Hoy, por ejemplo, durante la madrugada me desperté y Dios ponía en mi corazón orar por la iglesia, por los líderes, por mi tiempo ahí en la iglesia. Le pedía a Dios Su ayuda para poder estar en la iglesia.

Y ¿por qué no cambiarte de iglesia local? Me preguntó un conocido hace un par de semanas. Y mi respuesta es firme al respecto: creo que la iglesia local donde Dios nos permite congregarnos no es por comodidad o gustos personales, sino por un propósito de Dios. Creo también que una de las decisiones más importantes de todo creyente es dónde congregarse, porque la iglesia local no es un club, no es un domingo en un edificio, la iglesia local es y está llamada a ser familia los unos de los otros. Creo también en la necesidad de que los creyentes se congreguen en una iglesia local, es necesario, es importante para su crecimiento espiritual.

Cuando oro a Dios sobre mi futuro en mi iglesia local en la que Él me ha permitido congregarme por ya casi 13 años, viene a mí esa pregunta que Pedro le hizo a JESÚS: ¿a quién iremos? Con un dolor en mi corazón le digo a Dios: no tengo a donde ir, no hay iglesia local donde yo, como creyente gay, seré bien recibido, ¿a dónde iré?

Aquellos que han experimentado lo importante que es una iglesia local para su alma y para su crecimiento espiritual, podrán quizá comprender la decisión tan fuerte que necesito tomar. Aquellos que ven en la iglesia local no solo un grupo de personas o un edificio, sino una familia, podrán quizá comprender el dolor tan fuerte que se siente estar en esta situación. Porque la iglesia local son relaciones, son familia, es parte del cuerpo de JESÚS. ¿A quién iremos?

Que Dios guíe a cada iglesia local donde Su Nombre es predicado a ser verdadera familia los unos de los otros. Dios guíe a cada creyente que enfrenta fuerte carga espiritual y emocional a ser guiados por Su Espíritu en este tiempo de prueba. Porque nuestro Dios es fiel y es el único quien tiene palabras de vida eterna.

perseguidos, mas no desamparados

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“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4.7-10

 

Por ya varios años de poder participar en una organización cristiana para apoyo a chicos y chicas LGBT, algo que siempre venía a mi mente cuando se celebraba el congreso anual de esta organización, es que para muchos chicos y chicas LGBT cristianos la única iglesia con la que ellos pueden estar es la iglesia que se reúne cada año en este congreso. Es decir, muchos chicos y chicas su única posibilidad de poder congregarse con más creyentes cristianos es este congreso ya que han sido expulsados, rechazados, o vetados de sus iglesias y aun de sus familias. Para todos estos chicos y chicas, este congreso es como un oasis espiritual en medio de ese desierto al que son llevados por su orientación sexual o su identidad de género.

Tuve oportunidad de atender este congreso por primera vez en enero de este año. Fue una experiencia muy muy muy especial porque pude conocer no solo a chicos y chicas LGBT, sino a papás, mamás, familiares, líderes de iglesia, de una variedad de tradiciones cristianas tanto muy tradicionales como más contemporáneas reunidas en un lugar, en un solo Nombre: JESÚS. Este tiempo fue tan enriquecedor porque me permitió conocer chicos y chicas tan especiales que han sufrido por años el rechazo y, yo lo llamaría, la persecución por ser cristianos LGBT.

Algo que me impresionó mucho en este congreso es que, a pesar de que era un congreso para chicos LGBT, el centro no era nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, pero era cómo podíamos ser iglesia unos a otros, cómo podíamos continuar y crecer en nuestro caminar con Dios aún a pesar del rechazo. No solo somos LGBT, sino también somos cristianos, y esto añade una persecución aún mayor a nuestras vidas, una persecución tristemente iniciada, propiciada, alimentada y promovida por nuestros propios hermanos y hermanas en la fe.

Para muchos de nuestros hermanos y hermanas nosotros no somos ni hermanos ni hermanas, sino ajenos a la comunión de este cuerpo de JESÚS que es la iglesia. Es por eso que este congreso es una oportunidad única al año para que chicos y chicas LGBT puedan encontrar reposo y descanso para sus almas en familia, la familia de Dios, esa familia perseguida que aún en la tribulación puede y sabe consolar.

Mientras conducía hoy a la escuela, platicaba con Dios. Esta plática, como muchas otras, es un descanso y un alivio tremendo. En esta plática Dios me permitía reconocer que aun a pesar del dolor, Él sigue haciendo Su obra, y Él me permitía ver que hoy puedo sentirme libre del miedo por ser gay, aún a pesar de que en la iglesia o en mi familia esto representa aún un anatema. Y con una sonrisa pude reconocer esa obra de años que Dios ha hecho para sentirme cercano, acepto y sin miedos delante de Él. No tengo miedo a ser rechazado aún pesar de que está ese dolor por ser alejado de la iglesia.

Y en este tiempo, como dice Pablo en la segunda a carta a los corintios, podemos llevar “en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos”.

 

Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa

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“Y Él [JESÚS] se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Lucas 22.41-43

Los grandes hombres y mujeres de fe han enfrentado a lo largo de la historia situaciones terribles: persecución, señalamientos, burlas, peligros, y aún la muerte. Al conocer y aprender de sus historias podemos erróneamente pensar que Dios es malvado y que no cuida de ellos, pero un análisis no superficial sino profundo nos muestra todo lo contrario. ¿Por qué los hombres y mujeres realmente de fe enfrentan tan terrible oposición? Porque enfrentan a un mundo caído, un mundo que persigue sus propios deseos y, cuando un hombre o mujer de fe los confronta, ese mundo o puede abrir sus oídos y buscar arrepentimiento o buscará desacreditar y destruir a esos mensajeros. Si algo es cierto en el caminar con Dios es que enfrentaremos oposición, una oposición que en muchas ocasiones estará fuera de nuestro control y de nuestras fuerzas.

En el libro del profeta Jeremías podemos confirmar como este profeta enfrentó algo en sobremanera pesado. Los mismos sacerdotes y príncipes buscaron destruirle, asesinarle, porque no predicaba cosas “buenas” pero juicio de parte de Dios. Imagina que las personas que debían conducir al pueblo tanto en la parte espiritual como política y social, eran quienes se oponen principalmente a Dios. Y esa es la historia de más profetas.

JESÚS conocía esta situación. De hecho, Él la vivió en Su vida propia. JESÚS se lamentó de Su pueblo: ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13.34).

Al meditar en lo anterior, Dios trajo a mi mente algo que no había contemplado antes acerca de nuestro Señor JESÚS: ¿en qué momento de la vida de JESÚS crees que Él se dio cuenta que era el Mesías? ¿Cómo crees que el enfrentó esa verdad en medio de un mundo que le rechazaría?

La Biblia no nos da detalles para responder esas preguntas y seguramente especularíamos en las respuestas. Sin embargo, había una realidad: JESÚS sabía quién era Él (quizá desde pequeño lo entendió, o conforme iba creciendo) y, sobretodo, sabía que eso causaría que le condenaran a muerte, pero JESÚS para eso había venido, Sus ojos estaban puestos en la cruz, en la voluntad del Padre, aunque esto significara rechazo, persecución y la muerte misma. Pero el mayor pesar de JESÚS era uno mayor a todo esto: el rechazo de Dios, la ira de Dios consumada en la separación de JESÚS con el Padre porque JESÚS se hizo pecado por nosotros. ¡Cuán tan tremendo sacrificio!: aceptar ser rechazado por quien más amas, para acercar al Padre a quienes más te odian.

Esta semana ha sido en lo personal unas de las más pesadas emocional y espiritualmente. La situación que estoy viviendo desde hace ya casi un año si bien no es comparable a lo que JESÚS enfrentó, me ha permitido ver el sacrificio no sólo de los profetas sino sobre todo de nuestro Señor JESÚS desde una perspectiva mucho muy diferente, una perspectiva que me ha permitido identificarme, de una manera mínima quizá, a los ambientes que ellos enfrentaron.

Oraba a Dios al respecto la semana pasada. Con una carga emocional y espiritual fuerte le pedía que me guiara en este tiempo y si este caminar representaba enfrentar el rechazo de la iglesia local o aún de las personas que más amo, pero que no me alejará de Él. Y en ese momento entendí un poco más ese clamor tan profundo de JESÚS a horas de ser entregado: Padre, si quieres, pasa de Mí de esta copa.

Esa copa era algo que como hijos de Dios no enfrentaremos porque tan tremendo sacrificio que JESÚS hizo por nosotros. Esa copa es algo que JESÚS ya enfrentó: la ira de Dios, la separación de Él con Dios.

Si hoy enfrentas angustia, persecución, peligro o muerte, quiero orar por ti: Que el Espíritu de Dios traiga fortaleza en medio de nuestra debilidad, que Su Espíritu revele a nuestra vida el Camino, la Verdad, la Vida, que podamos recibir una mayor revelación de JESÚS y Su cruz.

¿es tal el ayuno que Yo escogí?

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“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios. […] ¿Es tal el ayuno que Yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable al Señor? ¿No es más bien el ayuno que Yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” Isaías 58.1,2,5-7

 

Nuestra naturaleza caída tiende a hacer religión de muchas cosas. Si no somos diligentes en analizar continuamente nuestro caminar con Dios, puede que ya hayamos hecho un ídolo de algo que antes era genuino y puro ante Dios. Podemos hacer ídolos de personas, de cosas, de doctrinas, de formas, de tiempos, de estrategias, y hasta de nuestra propia forma de entender a Dios y Sus caminos. Nuestra naturaleza humana tiende a suplir una relación genuina, honesta, transparente y real con Dios, con procedimientos que nos satisfacen momentáneamente el alma pero que no edifican sobre la Roca ni derriban muros de impiedad. Es por eso la gran importancia de presentarnos ante Dios y Su Palabra cada momento, para ser examinados, para ser confrontados, para ser limpiados, para ser santificados en Su verdad. ¿Todo lo que creemos, hasta lo más simple, está alineado a Su Palabra? No como un legalismo o religión, pero sí como un anhelo genuino de estar purificando nuestra relación con Dios.

Había leído el capítulo 58 de Isaías en varias ocasiones anteriormente. He escuchado predicaciones en la iglesia sobre este capítulo también. Sin embargo, en esta ocasión cuando pude leerle de nuevo hubo algo muy fuerte que salto a mi mente. Lo primero a entender es que esta profecía fue escrita en tiempos del rey Ezequías, tiempos en los que este rey restaura el templo y vuelve a celebrar la Pascua como no había sido hecho en más de 200 años. Ezequías había derribado ídolos y toda cosa contraria a Dios, y había llamado al pueblo a un tiempo de búsqueda de Dios como no se había vivido desde Salomón. El pueblo estaba siendo afrentado por sus enemigos, los reinos paganos vecinos en cualquier momento los tomarían cautivos. Es en este tiempo, cuando un remanente busca a Dios y celebran la Pascua nuevamente.

Lo que ha llamado mi atención el capítulo 58 es el versículo 2. Es decir, Dios cuestiona a Su pueblo algo que parece no es malo: me buscan cada día, quieren saber mis caminos, me piden justos juicios y quieren acercarse a Dios. ¿Por qué Dios le cuestiona a Su pueblo esto que a simple vista no parece nada malo sino todo lo contrario, algo bueno que aún en nuestros días iglesias enteras piden y hacen? La respuesta está en el mismo versículo 2: como si hubieren hecho justicia y que no hubiesen dejado la ley de Dios.

Cuando leía este versículo fui golpeado por nuestra facilidad de hacer religión aún de lo que pudiera parecer bueno. Hacer cosas pero no de manera genuina, sino como mero procedimiento y trámite ante Dios. El pueblo, lo que logro percibir en este capítulo, aún no había tenido un arrepentimiento real pues se acercaban a Dios como si nada hubiera pasado, como si hubieran hecho justicia y que nunca se hubieran apartado de la ley de Dios.

Más adelante, Dios confronta un acto de religiosidad que terminaba por evidenciar todo el corazón: el ayuno. Sin embargo, Dios no solo exhibe nuestro pecado para dejarnos así, sino que en Su profunda fidelidad y misericordia nos indica el camino. En los versículos 6 y 7 podemos ver realmente lo que Dios buscaba de Su pueblo. Podemos pasarnos días completos estudiando estos dos versículos, sin embargo, algo importante de ellos es que son muy prácticos: romper ligaduras de impiedad, soltar cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados, romper yugos (cargas), compartir el pan con el hambriento, albergar al pobre errante, cubrir al desnudo, no esconderte de tu hermano.

Cuando pensaba en este capítulo, Dios trajo a mi mente el momento en el que rey Ezequías no sólo destruye los lugares altos e ídolos, sino que también destruye la serpiente de bronce (2 Reyes 18.4) que alguna vez fue usada por Dios a través de Moisés para traer sanidad en el desierto. El corazón de Su pueblo había llegado a tal nivel de religiosidad que habían hecho un ídolo de lo que antes había sido dado por Dios, dejando a un lado a Dios mismo.

¿Qué de lo que llamamos cristianismo en nuestro tiempo se ha convertido en ídolo (religión) en nuestro corazón? Dios está llamando a la puerta, a la puerta de nuestra vida, a la puerta de Su iglesia.

afirma las otras cosas que están por morir

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“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.” Apocalipsis 3.1-3

Ha habido tiempos en la historia de la iglesia cuando Dios a través de Su Espíritu sopla nueva vida y revive lo que había muerto: sueños, proyectos, propósitos, vidas, una generación entera. Tiempos de profunda oscuridad que son transformados por la gloria indescriptible de nuestro Dios. Su Espíritu impartiendo vida, aliento de vida, vivificando a Su pueblo.

Hemos escuchado de este tiempo en Gales a principios del siglo XX que trajo una transformación en toda una nación como la inglesa. También hemos sabido de un tiempo similar en California, en la calle de Azusa en esa misma época, tiempo que trajo una transformación en la iglesia cristiana en América. Tiempos similares en Sudamérica, en África, en China. Tiempos no esperados por los hombres, pero sí muy anhelados y preparados por Dios en Su corazón.

Leía en esta semana que algo que ocasionó que surgiera un movimiento tan ateo como el comunismo fue que como iglesia no pudimos, o no quisimos ver, la necesidad en la que la sociedad del siglo XIX vivía. Un tiempo de un desarrollo económico tan fuerte por la Revolución Industrial que ocasionó que la riqueza y el enfoque en lo material fuera el centro de la sociedad aún por encima de la vida de las personas. Personas traficadas como esclavos desde el continente africano y americano en condiciones inhumanas, un poder político corrompido por el amor al dinero y el poder, una filosofía de que el fin justificaba los medios. Lo más triste de este tiempo no era ver la maldad de los hombres, sino ver a una iglesia amoldada a ese tiempo.

Sin embargo, Dios tenía planes para Su iglesia, tenía sueños aún por cumplirse. Es por ello que levantó hombres con un celo por Su Palabra, por Su presencia, por Su Reino, que el Espíritu logró a través de ellos una transformación en una generación entera. Y es aquí donde recuerdo aquello que hace algunos meses Dios puso en mi corazón: firmemente creo que Dios da oportunidades generación a generación para reconocer nuestro pecado como iglesia, arrepentirnos y abrazar Sus sueños.

En medio de un tiempo tan confuso, lo único que prevalecerá será la verdad de Dios a la cual Su Espíritu nos guiará.

Tú vuelves a Ti el corazón

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“Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que Tú eres Dios en Israel, y que yo soy Tu siervo, y que por mandato Tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que conozca este pueblo que Tú, oh Señor, eres el Dios, y que Tú vuelves a Ti el corazón de ellos.” 1 Reyes 18.36,37

 

Bastaron unas cuantas generaciones después de David para que el corazón de la nación entera se pervirtiera. Y en todo ese tiempo Dios mostró Su misericordia al enviar hombres que hablarán palabra de parte de Él para que la nación no pereciera en su propia maldad. ¿Te suena familiar?

Lo más asombroso en tiempos de profunda maldad no es las terribles cosas que como humanidad podemos llegar a hacer, sino lo más asombroso es Dios queriendo que no perezcamos en todo ello. El profundo amor de Dios por Su Pueblo sobrepasa nuestro entendimiento, y el amor que Él tiene por cada uno de nosotros sobrepasa por mucho lo que nosotros pudiéramos hacer para agradecer Su amor y misericordia.

La pregunta que viene después de leer estas historias en los libros de Reyes no es si Dios enviaría Su Palabra, que sin duda podemos confirmar así fue, pero la pregunta es si el pueblo estaría preparado para recibirle y volverse de Sus malos caminos. Pero llega un tiempo, en que el pueblo está tan cegado por su pecado que Dios no puede detener Su juicio y castigo sobre ellos, porque Él también es justo.

Cuando Dios usó a Elías para que orara para que lloviera después de algunos años de terrible sequía, la oración de Elías no apela más que a Dios para que confirme que Él es Dios a través de hacer ese milagro y, mayor aún, a través de volver los corazones de ellos a Él. Este es el mayor milagro: ¡Dios volviendo los corazones a Él!

¿Podemos orar hoy por ello? ¿Para que Dios vuelva el corazón de Su Iglesia a Él?  ¿Para que nuestro país conozca que Él es Dios? ¿Para que la oscuridad ya no prevalezca más? Porque nada podrá darnos verdadero descanso sino es por Él.