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nosotros que en otro tiempo estábamos lejos

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“No olviden que ustedes, los gentiles, antes estaban excluidos. Eran llamados «paganos incircuncisos» por los judíos, quienes estaban orgullosos de la circuncisión, aun cuando esa práctica solo afectaba su cuerpo, no su corazón. En esos tiempos, ustedes vivían apartados de Cristo. No se les permitía ser ciudadanos de Israel, y no conocían las promesas del pacto que Dios había hecho con ellos. Ustedes vivían en este mundo sin Dios y sin esperanza, pero ahora han sido unidos a Cristo Jesús. Antes estaban muy lejos de Dios, pero ahora fueron acercados por medio de la sangre de Cristo.” Efesios 2.11-13 NTV

 

Acabo de terminar de atender el servicio en línea de The Gathering y estoy agradecido y asombrado cómo Dios trae palabra y aliento en tiempos cuanto más le necesitamos. Justo esta semana que concluye después de un par de sucesos que me hacían sentir aislado/segregado del cuerpo de Cristo que es la iglesia, Dios trae palabra para recordarme: en otro tiempo estabas lejano, pero ya has sido hecho cercano por la sangre de Cristo. Dios recordándonos nuevamente que pertenecemos, que somos hechos Suyos.

Escribía hace un par de semanas el reto que ha significado encontrar una iglesia affirming en la cual congregarme. Y estos meses de búsqueda a veces han golpeado mi ánimo con mentiras que dicen: ya no perteneces, ya no eres parte del cuerpo. Sin embargo, palabras como las de hoy, traen aliento y verdad: perteneces por la sangre de Cristo.

Extraño mucho la iglesia, extraño la comunión, extraño el tiempo de alabanza y adoración en la comunión de la iglesia. Sí, extraño a mis hermanos.

Pero Dios ha sido fiel, Dios ha provisto a través de distintas formas oportunidad de congregarme y adorarle. De servirle y conocerle. Aun cuando pudiera yo sentir ese aislamiento, esa lejanía, Dios es cercano.

Aun cuando pudiera yo sentir ese aislamiento, esa lejanía, Dios es cercano.

La predicación hoy en The Gathering me ha permitido recordar que aún hay muchos que se sienten alejados, que han sido aislados y segregados, y que Dios nos llama a buscarles y mostrarles que Dios está por ellos, que Dios es cercano, que han sido acercados por la sangre de Cristo.

Confío que pronto, la iglesia será esa extensión del cuerpo de Cristo para aquellos que han sido alejados. Confío que pronto, la iglesia será movida por el Espíritu para ir a buscar esa oveja perdida, porque hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente.

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searching for Sunday: mi búsqueda por una iglesia como cristiano gay

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Parte 1

Hoy se cumplen 6 meses de que tuve que tomar la decisión de dejar mi iglesia local por ser gay, iglesia que estuve atendiendo por casi 15 años, y sirviendo de manera activa la mitad de esos años en el ministerio de alabanza y como maestro de pre-adolescentes. No hubo otra razón por la cual se me pidió dejar de servir más que por ser gay y porque este tema ya era público en la iglesia debido a que ya había yo hablado de mi orientación sexual en mi blog personal.

Por más de dos años tuve que vivir un proceso doloroso que definiría mi situación como creyente gay en una iglesia que sostiene una postura tradicional respecto a la orientación sexual, la identidad de género y el matrimonio. Una iglesia, como gran parte de las iglesias cristianas, que llama a los creyentes gays, como mi caso, a enfrentar un proceso para buscar ser sanado de la homosexualidad, defendiendo siempre que la inclinación homosexual es pecaminosa y es contraria al diseño de Dios.

Años antes de decidir ser abierto respecto a mi orientación sexual en la iglesia, Dios ya me había llevado por un proceso de años para encontrar reconciliación y sanidad entre mi orientación sexual y mi fe, un proceso que me afirma como creyente y como gay, no como cosas contrarias, sino como dos aspectos de mi identidad.

Sí, soy gay. Sí, soy cristiano. Sí, amo la Palabra de Dios. Sí, amo a Dios.

Ser gay y ser cristiano es una disyuntiva aún en nuestro tiempo actual. Se dice que somos la minoría dentro de la minoría. Minoría como cristiano en la comunidad LGBT+, minoría como gay en la comunidad cristiana. Dos esferas de nuestra identidad donde es difícil, no imposible, encontrar espacios que nos afirmen y nos reten a desarrollarnos en ambientes sanos.

Estos 6 meses me han mostrado ese reto que significa a un cristiano gay encontrar un espacio, una comunidad, un parte del cuerpo de JESÚS donde congregarnos y aprender de Dios y Su Palabra. Un espacio sano y seguro donde desarrollarnos, una comunidad donde encontrar comunión con otros hermanos, una parte del cuerpo donde servir.

La iglesia es indispensable para todo creyente. Es un espacio de comunión, de exhortación, de refugio, de aliento. La iglesia es necesaria, mayor aún, en tiempos tan polarizados como los nuestros. La iglesia, entendida como la reunión de Sus hijos, es la congregación donde Dios se deleita y se manifiesta de manera sublimes. Pero, ¿qué sucede cuando algunos de esos hijos somos excluidos de esa congregación?

 

Parte 2

He tenido oportunidad de en estos meses poder atender los servicios en línea de una iglesia metodista en Estados Unidos que es affirming (incluyente hacia las personas LGBT+). Esta iglesia metodista ha sido una bendición porque a través de un proceso de varios años, Dios los ha llevado a reconocer a los creyentes LGBT+ como personas con una dignidad y un valor igual al de cualquier otro creyente. He tenido oportunidad de compartir algunos correos con algunos de sus líderes, y aún a pesar de la distancia, esta iglesia se ha convertido en un espacio de aprendizaje y aliento. Sin embargo, aún sigo anhelando esa comunión física con la iglesia, esa comunión que no solo se da con las palabras sino con la convivencia.

También en estos meses Dios me ha permitido poder atender físicamente servicios en iglesias affirming en Estados Unidos. Un par de iglesias bautistas donde he sido recibido de una manera abierta, amable y honesta.

Pero también, en estos meses he podido atender servicios en iglesias cuyas políticas, lineamientos y creencias respecto a los creyentes LGBT+ son poco claras y, en algunos casos, pueden llegar a ser hostiles. Por ejemplo, una iglesia en Estados Unidos que encontré a través de google decía como mensaje principal en su página: Come as you are (Ven como tú eres). Decidí ir, y durante la predicación algunos de los mensajes empezaban a hablar de cómo la familia está en riesgo y que debemos defenderla. Tuve temor que durante algún momento de la predicación mencionaran que esos enemigos de la familia éramos los homosexuales, pero no fue dicho. Después de atender el servicio en esa iglesia, mandé un correo a uno de sus líderes preguntando sus políticas y creencias respecto a los creyentes homosexuales, mencionado que yo era gay. La respuesta tomó días y fue, como lo esperaba, non-affirming, iniciando con las palabras: Jacob, Dios te ama, pero como iglesia creemos en el modelo del matrimonio que Dios define en la Biblia.

“Cuando el mensaje de ‘come as you are’ (ven como eres) es solo una táctica de marketing, las personas resultan dañadas”, menciona Nathanial Totten en Church Clarity.

Ese mensaje de Nathanial resonó mucho conmigo después de atender este servicio en esta iglesia y recibir ese correo.

 

Parte 3

Estos meses he mandado varios correos a diferentes iglesias en Estados Unidos y aquí en Guadalajara preguntando sobre sus lineamientos, políticas y creencias respecto a las personas LGBT+. Church Clarity ha sido una herramienta muy importante para poder tener más certeza de qué tipo de respuesta esperar y que tipo de ambiente pudiera encontrar en algunas iglesias como creyente gay.

En Guadalajara, por ejemplo, compartiendo mensajes por algunas semanas con una iglesia y preguntando por sus lineamientos, nunca pude obtener una respuesta clara de esta iglesia. En otra ocasión, buscando en la página de una iglesia muy conocida en Guadalajara, una frase era muy directa: “Creemos que la pureza moral y sexual es necesaria para todos los hijos de Dios, con abstinencia total dede adulterio, fornicación, incesto, homosexualidad y otras prácticas de relaciones sexuales prohibidas por la Escritura”.

“Y sin embargo, ¿cómo son estas comparaciones válidas si se considera que el matrimonio homosexual es la formación de una relación comprometida, mientras que el adulterio es una traición a ese compromiso?”, cuestiona Misty Irons en uno de sus discursos sobre la homosexualidad.

La falta de claridad en las iglesias cristianas para los creyentes LGBT+ es algo que he descubierto en los últimos meses. He descubierto que algunas iglesias con tal de atraer asistentes a sus servicios pueden ofrecer mensajes amigables, pero en la práctica los creyentes LGBT+ podrán enfrentar dobles mensajes y una segregación que termina por lastimarles emocional y espiritualmente.

Cuando las iglesias no pueden dar una respuesta clara respecto a sus lineamientos, políticas y creencias respecto a los creyentes LGBT+, esto anticipa mucho el ambiente que estos creyentes vamos a enfrentar en esas iglesias.

Por mucho que he intentado obtener una respuesta directa y clara de algunas iglesias, no la ha habido. Es doloroso pensar que hay creyentes LGBT+ en esas iglesias que tienen que ocultarse entre la multitud para ser aceptados. Y aquellos que ya han sido descubiertos, son llevados por procesos que solo reafirman vergüenza y falta de auto aceptación, desarrollando con ello una imagen incorrecta de quien es Dios.

Tengo la confianza y la fe que, así como Dios me ha permitido atender los servicios en iglesias affirming, especialmente los servicios en la iglesia metodista que sigo en línea, así un día Dios me permitirá encontrar y volver a ser miembro de una iglesia local donde pueda crecer como creyente gay.

Tengo la confianza y es mi oración que cada persona LGBT+ alrededor del mundo puedan encontrar esos espacios de aceptación y crecimiento en su fe y en el conocimiento de JESÚS. Tengo la confianza y es mi oración que un día la iglesia local dejará de ser un espacio de condenación y segregación, y volverá a ser una extensión del cuerpo de JESÚS donde habrá restauración y donde JESÚS sea reflejado completamente. Un día donde cada creyente LGBT+ no tenga que estar buscando por un domingo donde pueda volver alabar y adorar a Dios en la comunión de la iglesia, porque ese domingo será todos los días.

 


* El título de este blog fue tomado del libro Searching for Sunday de Rachel Held Evans

¿tú qué dices?

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“Jesús regresó al monte de los Olivos, pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.

«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».

Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

—Ni uno, Señor —dijo ella.

—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.” Juan 8.1-11

 

Hay ocasiones en los que una porción de la Biblia se queda con uno por semanas, aún años, y aún toda la vida. La Palabra es viva.

En esta ocasión, en mi mente se ha quedado ese pasaje cuando la mujer adúltera es traída a JESÚS para ser apedreada. Compartía la semana pasada cómo Dios nos recuerda que no debemos temer a los acusadores, Él es nuestro abogado.

Dios me ha permitido meditar en aquellos que trajeron a la mujer, aquellos que traían consigo piedras, listos para lanzarlas, aquellos que moralmente se sienten superiores.

Hay una tendencia humana de ver al otro como inferior a nosotros. Hay una tendencia malvada  por rechazar, por señalar, por juzgar. Pareciera cada vez que, en lo personal, cuando juzgo al otro, yo me siento moralmente mejor, como si mi estatura moral creciera.

¿Traemos piedras listas con nosotros para lanzar a otros? ¿Nos hemos convertido en acusadores de otros?

De las cosas extraordinarias de las enseñanzas de JESÚS, es ver cómo Él se movía en un Espíritu diferente al del mundo, a la tendencia natural de los humanos, Él se mueve en el Espíritu y nos manda: como ha sido hecho contigo, así haz a los demás. Perdona. Extiende gracia y misericordia. Aún a tus enemigos, a los que te persiguen, a los que buscan tu muerte.

“¿Tú que dices?”, le preguntan con una motivación malvada los religiosos y fariseos a JESÚS. ¡Oh, cuando usamos la Palabra de Dios en contra del mismo Espíritu de Dios! Para satisfacer nuestro ego moral, para alimentar esa tendencia a sentirnos “mejores”, más “perfectos”, más “santos”.

El Espíritu de humildad nos mueve a ver a otros de una manera diferente, como superiores a nosotros y no lo contrario. El Espíritu de gracia y misericordia nos lleva a extender perdón, nos lleva a amar, nos lleva a ver a otros como personas reales.

Cada que vez que estés listo para lanzar una piedra, suéltala, no la lances. Que esas piedras que traemos con nosotros sean soltadas. Que en humildad y arrepentimiento busquemos el perdón de Dios, porque el espíritu de religiosidad, de superioridad, es quien busca justificarnos por nosotros mismos delante de un Dios Santo.

¿dónde están los que te acusaban?

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“Jesús regresó al monte de los Olivos, pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.

«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».

Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

—Ni uno, Señor —dijo ella.

—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.” Juan 8.1-11

 

Escuché sobre esta porción en el Evangelio de Juan la semana pasada a través de un video. Es una historia tan conocida que por todo el tiempo en que le conocí, perdí de vista algunos detalles. En términos muy generales los religiosos del tiempo de JESÚS buscaban la menor, sí, la menor oportunidad para acusar a JESÚS y poder condenarle. Este pasaje narra solo uno de tantos encuentros de JESÚS con los religiosos de Su tiempo donde ellos intentan buscar razones para, primero, justificar su “entendimiento” de JESÚS era un peligro y, segundo, para llevar a JESÚS a la muerte. Los religiosos estaban siendo incomodados por JESÚS al punto que querían matarle.

Lo importante en señalar en este pasaje es que los religiosos realmente no buscaban que la ley se cumpliera al llevar a una mujer que había cometido adulterio, las verdaderas intenciones eran cumplir sus deseos: acusar y matar a JESÚS.

Pero JESÚS (me encanta esto de JESÚS que siempre iba un paso adelante) JESÚS, tan tranquilo mientras predicaba, le presentan a la mujer, Él se inclina hacía el suelo y empieza a escribir con Su dedo en el polvo, y mientras los religiosos le exigen respuesta.

Unas cuantas palabras de JESÚS fueron suficientes para callar los gritos de condena: ¿acaso tú no has pecado?

La única persona que se queda con la mujer es JESÚS mismo. El Único que podría acusarle era JESÚS, el Único que nunca había pecado era Él y tenía toda la autoridad para “apedrearla” (condenarla). Pero JESÚS no opta por esa vía, sino por una vía aún mayor: Yo no te condeno. Yo no soy tu acusador. Yo soy tu defensor.

La mayor pregunta en ese texto que quedó clavada en mi mente fue: ¿dónde están tus acusadores? JESÚS hizo que unos a uno de sus acusadores se fueran, ella había sido perdonada, redimida.

¿Dónde están nuestros acusadores? Mira que JESÚS los ha ahuyentado todos, andemos, ya no pequemos más, somos libres no solo de nuestros acusadores, sino también del pecado.

¿Dónde están nuestros acusadores? ¿En el pasado? ¿En nuestros miedos? ¿En los religiosos de nuestro tiempo? ¿En quienes nos rodean? Recordemos: el Único que puede condenarnos nos ha dicho: mira Yo no te condeno, anda y no peques más.

 

Que la revelación del Espíritu nos ayude a acallar cada acusador, que la gracia de Dios nos lleve a una vida en libertad. Porque Abogado tenemos para con el Padre.

¡Ábrannos su corazón!

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“Demostramos lo que somos por nuestra pureza, nuestro entendimiento, nuestra paciencia, nuestra bondad, por el Espíritu Santo que está dentro de nosotros y por nuestro amor sincero. Con fidelidad predicamos la verdad. El poder de Dios actúa en nosotros. Usamos las armas de la justicia con la mano derecha para atacar y con la izquierda para defender. Servimos a Dios, ya sea que la gente nos honre o nos desprecie, sea que nos calumnie o nos elogie. Somos sinceros, pero nos llaman impostores. Nos ignoran aun cuando somos bien conocidos. Vivimos al borde de la muerte, pero aún seguimos con vida. Nos han golpeado, pero no matado. Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría. Somos pobres, pero damos riquezas espirituales a otros. No poseemos nada, y sin embargo, lo tenemos todo.

¡Oh, queridos amigos corintios!, les hemos hablado con toda sinceridad y nuestro corazón está abierto a ustedes. No hay falta de amor de nuestra parte, pero ustedes nos han negado su amor. Les pido que respondan como si fueran mis propios hijos. ¡Ábrannos su corazón!” 2 Corintios 6.6-13

 

Tuve oportunidad de atender un servicio en una iglesia bautista affirming (incluyente hacia personas LGBT+) hace un par de semanas. Una iglesia muy normal (muy seguramente la únicamente persona LGBT+ en ese servicio era yo) donde por momentos me sentía un poco torpe en seguir la liturgia de un servicio bautista tradicional (he crecido como cristiano evangélico). A pesar de la breve torpeza, pude aprender, recibir aliento, ser desafiado para crecer.

Tengo la convicción que la Palabra tiene poder. Cuando leyeron la Palabra en el segundo libro de Corintios, dos enseñanzas quedaron conmigo: ¿estamos siendo embajadores de Cristo? (2 Cor. 5.20) y ¡Ábrannos su corazón! (2 Cor. 6.13). Y son estas enseñanzas que de manera continua he estado meditando en los últimos días.

Después de que Pablo explica a la iglesia a Corinto todo lo que han enfrentado a causa del Evangelio, Pablo les dice: “pero ustedes nos han negado su amor”, y concluye con un ruego: “¡Ábrannos su corazón!”

¿Por qué Pablo les pide eso? ¿Por qué Pablo le pide a la iglesia que le abran su corazón?

 

Algunos de los creyentes con una fe más transparente, genuina, fuerte, profunda, con resiliencia,  que he conocido, han sido cristianos LGBT+. Creyentes que aun a pesar de las dificultades que representa ser cristiano y ser LGBT+, que aun a pesar del rechazo no solo fuera de la iglesia sino en sus iglesias y sus familias, siguen firmes en su convicción de seguir a JESÚS.

Son cristianos que, en la mayoría de los casos, han enfrentado ambientes adversos desde pequeños pero que, a través de la gracia de Dios y la guía del Espíritu, logran sobreponerse en su andar con JESÚS.

Son personas que me han enseñado que el cristianismo no es solo de domingos, ni que es una faceta más en su vida, son personas que aún sin una iglesia local donde congregarse, buscan y anhelan la comunión con el cuerpo de Cristo, porque ahí, ahí Dios se deleita.

Son personas que han entendido la gracia y el amor de Dios de una manera tan profunda que difícilmente algo más puede definir su vida. Personas que se equivocan pero que saben sobreponerse. Personas que se saben aceptadas y amadas, vulnerables pero siempre fortalecidas, alejadas pero nunca ajenas.

Hacia los creyentes LGBT+ y hacia cada grupo que ha vivido en la marginación dentro y fuera de nuestros espacios, hoy se nos llama: “¡Abramos nuestro corazón a ellos!”

Yo hago cosa nueva

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“Esto dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel:

«Por tu bien, enviaré un ejército contra Babilonia
y obligaré a los babilonios a huir en esos barcos de los que están tan orgullosos.
Yo soy el Señor, tu Santo,
el Creador y Rey de Israel.
Yo soy el Señor, que abrió un camino a través de las aguas,
e hizo una senda seca a través del mar.
Yo llamé al poderoso ejército de Egipto
con todos sus carros de guerra y sus caballos.
Los sumergí debajo de las olas, y se ahogaron;
su vida se apagó como mecha humeante.

Pero olvida todo eso;
no es nada comparado con lo que voy a hacer.
Pues estoy a punto de hacer algo nuevo.
¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves?
Haré un camino a través del desierto;
crearé ríos en la tierra árida y baldía.
Los animales salvajes de los campos me darán las gracias,
y también los chacales y los búhos,
por darles agua en el desierto.
Sí, haré ríos en la tierra árida y baldía,
para que mi pueblo escogido pueda refrescarse.
Yo hice a Israel para mí mismo,
y algún día me honrará delante del mundo entero.»” Isaías 43.14-21 (NTV)

 

Podrán los tiempos ser oscuros y difíciles, pero nuestro Dios es mayor a ellos, más fuerte, poderoso, invencible. Las promesas de nuestro Dios no tardarán en cumplirse, no tardarán. ¿Acaso podremos ignorarlas?

El pasaje anterior es verdaderamente maravilloso. Dios nos recuerda de las grandes cosas que ha hecho a nuestra vida. Le dice a Su pueblo: “mira, Yo te saqué de Egipto, abrí el mar, hice camino seco, sumergí al ejercito de Egipto”, pero… pero… pero: “olvida todo eso, no es nada comparado con lo que voy a hacer, pues Yo haré cosa nueva…” y lo más maravilloso: “¡Mira, ya he comenzado!”

¡Cuán maravilloso es nuestro Dios! ¡Cuán fieles son Sus promesas! Él mismo que ha rescatado tu vida una y otra y otra vez, Él volverá a hacer cosa nueva… y Él ya ha comenzado. ¿Lo ves?

¡Oh, nuestro Dios! ¡Cuán sublime es Su gracia! No temas, ¡confía! ¡Porque le honraremos delante del mundo entero!

 

 

camino en el desierto y ríos en la soledad

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“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que Yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.” Isaías 43.18,19

 

Hoy celebramos 500 años del inicio del movimiento de Reforma Protestante. Un día como hoy pero de hace 500 años, en 1517, un hombre desafío uno los poderes más corruptos y dominantes de esa época. Ese hombre después sería por los siguientes años perseguido, difamado, y muchos buscarían su muerte.

La vida de hombres de fe como Martín Lutero nos invita a reflexionar las bendiciones con las que contamos hoy, y también nos llama a reflexionar sobre la historia y ver la mano de Dios a través de ella: en la historia personal, en la historia familiar, en la historia nacional, en la historia de iglesia.

¿Qué buscaba, no Lutero, pero Dios a través del movimiento de Reforma? ¿Qué busca Dios a través de lo que está haciendo en nuestra vida?

Tengo una fascinación personal por la historia, tengo un gusto especial por aprender de otros tiempos para entender nuestro tiempo actual. Es un hecho que los tiempos actuales son resultado de vidas en el pasado que no dejaron de luchar, que no se rindieron, de vidas que de manera directa o indirectamente nos bendicen hoy. Hoy es un buen día pare recordar esas vidas y honrar la memoria de tantos hombres que no negaron a Dios aun en los momentos más oscuros. Los tiempos de Lutero sí que eran tiempos de profunda oscuridad.

Cuando reflexiono al respecto, tengo la certeza que Dios trae tiempos nuevos de después de tiempos de gran oscuridad. Lo leemos en la Biblia, lo podemos confirmar en la historia. Porque solo en esos tiempos Dios puede mostrarnos Su gloria de una manera muy especial, donde toda la honra y gloria sea dada a Él.

Dios promete que Él hará cosa nueva que pronto saldrá a la luz. ¿Acaso podremos ignorarla? Y Él confirma: abriré camino ahí donde parece que no hay esperanza, habrá ríos ahí donde hay sequedad, donde hay tierra estéril, ahí donde hay soledad.

Este pasaje de Isaías 43 habla mucho a mi vida en este tiempo que atravieso en lo personal. Este versículo llegó a través de una gran amiga. Y ese versículo afirma que cuando todo se ve como si fuera un desierto (quizá es en tu fe, en tu familia, en tu relación con Dios, en tu iglesia local), ahí Dios abrirá camino.

Dios no nos ha abandonado y Él tiene propósito, Él tiene propósito. ¿Acaso podremos ignorarlo?

como un fuego ardiente

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“Me sedujiste, oh Señor, y fue seducido; más fuerte fuisto que yo, y Me venciste; cada día he sido escarnecido cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra del Señor me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de Él, ni hablaré más en Su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” Jeremías 20.7-9

 

El capítulo 20 del libro de Jeremías narra uno de los tiempos más difíciles del profeta, diría un pastor, una de las oraciones más doloras de un hombre de Dios en angustia, un hombre que sufría afrenta por obedecer al Señor. Si bien el profeta sufría persecución de parte de líderes y demás personas, el mayor sufrimiento vino cuando Jeremías quiere negar el llamado de Dios en su vida, cuando decide no acordarse más de Dios, ni de Sus palabras. Pero hubo algo que lo detuvo.

Jeremías es llamado a predicar destrucción y cautividad a un pueblo acostumbrado a pecar, cegado por sus pecados. Pero a la vez, también Jeremías predica arrepentimiento, predica esperanza, predica la fidelidad de Dios. El libro de Jeremías narra uno de los tiempos de mayor oscuridad en el pueblo de Dios: la caída de Jerusalén, pero también él predica libertad.

La vida de Jeremías ha sido, en lo personal, un testimonio a mi fe. A veces nos es enseñado que nuestro llamado de Dios son cosas padres y muy agradables. Algunos soñarán con ser predicadores, otros quizá soñarán con ser ministros de alabanza, algunos quizá son llamados a predicar a otros países. Sin embargo, a veces podemos perder de vista que hay un llamado que pudiera no ser tan “agradable”: predicar arrepentimiento a un pueblo que no escuchará.

No quiero decir que este llamado no sea algo de Dios, sino al contrario, a veces Dios usa hombres y mujeres para dar testimonio de justicia y de su gracia, de su misericordia y amor.

A veces, las situaciones que resultan como consecuencia de un llamado de Dios pueden no ser del todo cómodas y podrían ser muy terribles: persecución, enfermedad, aún quizá estar al borde la muerte, pero Dios en todo eso permanece fiel.

Hay algo que como hijos de Dios necesitamos tener presente: no podemos escapar de Dios, de Su amor, de Su llamado. Habrá siempre en nosotros ese fuego ardiente en nuestro corazón por Dios y Su reino, por Dios y Su justicia, por Dios y Su gracia, por Dios y Su amor.

Si hoy atraviesas un tiempo de dificultad como consecuencia de obedecer a Dios y Sus propósitos, no te rindas. Deja que Su Espíritu despierte ese fuego en ti para continuar, para no negarle. Dios no te ha traído hasta aquí para abandonarte.  Confía, Él está cercano.

se les llamó cristianos

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“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11.25,26

 

El término “cristiano” es tan popular en nuestros tiempos que podemos perder de vista como es que este término surgió para referirse a los discípulos del Señor JESÚS. La primera referencia de este término en la Biblia la encontramos en libro de Hechos y, según algunos estudios, sugieren que el término fue creado por los no creyentes de Antioquía para hacer burla o mofa de los discípulos, como una forma de insulto o humillación. Algunas otras personas sostienen que el término fue creado por los creyentes para referirse a sí mismos.

Sea cual fuere el surgimiento del término, el uso de él para referirse a algunas personas en la iglesia primitiva resultaba ser peligroso y, para algunos, podría ser causa de persecución. Hoy en nuestros días, el uso del término en lugares donde la población cristiana es minoría, también resulta en una persecución.

¿Por qué es importante tener presente el origen y las implicaciones del término “cristiano”? Hay una historia personal con la que puedo asociarme mucho y que puede ayudar a entender el impacto de entender el origen y sus implicaciones. Cuando una persona se refiere a otra con un término de burla u ofensa, este término puede resultar en una carga emocional y espiritual para la otra persona. Por ejemplo, el término “gay” sigue siendo usado para insultar a otros, de hecho, una gran parte de los hombres se pueden sentir ofendidos si ese término se usa con ellos.  Otro término, que ahora es considerado discriminatorio, es el que se usaba para referirse a las personas afroamericanas en la década de los 60s y anteriores: “negro”.

Imagina ahora, la iglesia primitiva, que para ser humillada se usaba el término “cristiano”. Al pasar de los años, esos términos se vuelven una identidad de grupo. Hoy el ser llamado cristianos no resulta en una ofensa, sino en una identidad. El término gay, por ejemplo, es un término que es usado para identificar a un grupo de personas cuya orientación sexual es hacia el mismo sexo. Ser gay, en lo personal, no resulta más en una ofensa sino en algo que describe una parte de nosotros, una parte de nuestra identidad. Ese término describe una parte de nosotros.

Cuando el resto de las personas crean términos para “diferenciar” a otros y colocarlos en un nivel de inferioridad y humillación, eso resulta en algo que puede ser una carga emocional y espiritual para ese grupo al que se humilla. Sin embargo, si ese grupo al que se humilla toma ese término y lo toma como parte de su identidad, entonces ese término resulta en algo poderoso.

El ser cristiano describía a aquellas personas que habían rendido su vida a Cristo y estaban por tanto viviendo una vida que claramente reflejaba que ellos eran discípulos, una vida diferente. Si bien eso era causa de oprobio, también era una motivación.

Como humanos siempre buscamos diferenciar y, al trata de diferenciar, sentirnos superiores a otros: americanos y latinos, heterosexual y gay, hombre y mujer, rubio y moreno, alto y chaparro, flaco y gordo, y la lista puede seguir. El problema radica cuando cualquiera de esos grupos usa su identidad para menospreciar y humillar a otros. Puede pasar, y está pasando, con los cristianos. Cristianos que siendo mayoría y sintiendo una “superioridad” moral, usan ese “estatus” para menospreciar a otros.

No olvidemos que un día, nuestros antepasados fueron humillados también con el simple hecho de ser llamados cristianos. Recordemos que ese término fue un tiempo usado para humillar, pero que ahora para nosotros representa una parte de nuestra identidad. Cuidamos nuestras palabras, especialmente aquellas que usamos para referirnos a otros.

¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.