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¿tú qué dices?

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“Jesús regresó al monte de los Olivos, pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.

«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».

Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

—Ni uno, Señor —dijo ella.

—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.” Juan 8.1-11

 

Hay ocasiones en los que una porción de la Biblia se queda con uno por semanas, aún años, y aún toda la vida. La Palabra es viva.

En esta ocasión, en mi mente se ha quedado ese pasaje cuando la mujer adúltera es traída a JESÚS para ser apedreada. Compartía la semana pasada cómo Dios nos recuerda que no debemos temer a los acusadores, Él es nuestro abogado.

Dios me ha permitido meditar en aquellos que trajeron a la mujer, aquellos que traían consigo piedras, listos para lanzarlas, aquellos que moralmente se sienten superiores.

Hay una tendencia humana de ver al otro como inferior a nosotros. Hay una tendencia malvada  por rechazar, por señalar, por juzgar. Pareciera cada vez que, en lo personal, cuando juzgo al otro, yo me siento moralmente mejor, como si mi estatura moral creciera.

¿Traemos piedras listas con nosotros para lanzar a otros? ¿Nos hemos convertido en acusadores de otros?

De las cosas extraordinarias de las enseñanzas de JESÚS, es ver cómo Él se movía en un Espíritu diferente al del mundo, a la tendencia natural de los humanos, Él se mueve en el Espíritu y nos manda: como ha sido hecho contigo, así haz a los demás. Perdona. Extiende gracia y misericordia. Aún a tus enemigos, a los que te persiguen, a los que buscan tu muerte.

“¿Tú que dices?”, le preguntan con una motivación malvada los religiosos y fariseos a JESÚS. ¡Oh, cuando usamos la Palabra de Dios en contra del mismo Espíritu de Dios! Para satisfacer nuestro ego moral, para alimentar esa tendencia a sentirnos “mejores”, más “perfectos”, más “santos”.

El Espíritu de humildad nos mueve a ver a otros de una manera diferente, como superiores a nosotros y no lo contrario. El Espíritu de gracia y misericordia nos lleva a extender perdón, nos lleva a amar, nos lleva a ver a otros como personas reales.

Cada que vez que estés listo para lanzar una piedra, suéltala, no la lances. Que esas piedras que traemos con nosotros sean soltadas. Que en humildad y arrepentimiento busquemos el perdón de Dios, porque el espíritu de religiosidad, de superioridad, es quien busca justificarnos por nosotros mismos delante de un Dios Santo.

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¿dónde están los que te acusaban?

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“Jesús regresó al monte de los Olivos, pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.

«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. La ley de Moisés manda apedrearla; ¿tú qué dices?».

Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.

Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron solo Jesús y la mujer en medio de la multitud. Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:

—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?

—Ni uno, Señor —dijo ella.

—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más.” Juan 8.1-11

 

Escuché sobre esta porción en el Evangelio de Juan la semana pasada a través de un video. Es una historia tan conocida que por todo el tiempo en que le conocí, perdí de vista algunos detalles. En términos muy generales los religiosos del tiempo de JESÚS buscaban la menor, sí, la menor oportunidad para acusar a JESÚS y poder condenarle. Este pasaje narra solo uno de tantos encuentros de JESÚS con los religiosos de Su tiempo donde ellos intentan buscar razones para, primero, justificar su “entendimiento” de JESÚS era un peligro y, segundo, para llevar a JESÚS a la muerte. Los religiosos estaban siendo incomodados por JESÚS al punto que querían matarle.

Lo importante en señalar en este pasaje es que los religiosos realmente no buscaban que la ley se cumpliera al llevar a una mujer que había cometido adulterio, las verdaderas intenciones eran cumplir sus deseos: acusar y matar a JESÚS.

Pero JESÚS (me encanta esto de JESÚS que siempre iba un paso adelante) JESÚS, tan tranquilo mientras predicaba, le presentan a la mujer, Él se inclina hacía el suelo y empieza a escribir con Su dedo en el polvo, y mientras los religiosos le exigen respuesta.

Unas cuantas palabras de JESÚS fueron suficientes para callar los gritos de condena: ¿acaso tú no has pecado?

La única persona que se queda con la mujer es JESÚS mismo. El Único que podría acusarle era JESÚS, el Único que nunca había pecado era Él y tenía toda la autoridad para “apedrearla” (condenarla). Pero JESÚS no opta por esa vía, sino por una vía aún mayor: Yo no te condeno. Yo no soy tu acusador. Yo soy tu defensor.

La mayor pregunta en ese texto que quedó clavada en mi mente fue: ¿dónde están tus acusadores? JESÚS hizo que unos a uno de sus acusadores se fueran, ella había sido perdonada, redimida.

¿Dónde están nuestros acusadores? Mira que JESÚS los ha ahuyentado todos, andemos, ya no pequemos más, somos libres no solo de nuestros acusadores, sino también del pecado.

¿Dónde están nuestros acusadores? ¿En el pasado? ¿En nuestros miedos? ¿En los religiosos de nuestro tiempo? ¿En quienes nos rodean? Recordemos: el Único que puede condenarnos nos ha dicho: mira Yo no te condeno, anda y no peques más.

 

Que la revelación del Espíritu nos ayude a acallar cada acusador, que la gracia de Dios nos lleve a una vida en libertad. Porque Abogado tenemos para con el Padre.

¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.

mas la hora viene

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“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.” Juan 4.23,24

“Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación gloriosa de los hijos de Dios.” Romanos 8.19

 

Quería escribir una carta a la Iglesia este fin de semana, se titulaba “La iglesia que no fui”. Buscaba de alguna forma poder derramarme en letras a través de ella. No pude escribir más que el título. Hay veces en que para los sentimientos no hay palabras, simplemente hay esa angustia que no se describe mas que como un dolor profundo.

Esa misma tarde mientras deseaba escribir esa carta, otra carta llegó a mí. La carta que el pastor Martin Luther King Jr. escribió desde la cárcel de Birmingham cuando fue arrestado en esa ciudad por ser parte de manifestaciones no violentas en contra de la segregación racial. La carta me impactó, no solo por su mensaje de confrontación hacia la sociedad y, especialmente, a la iglesia de ese tiempo (la de los años 60’s), sino porque esa carta resulta tan relevante hoy para nuestro tiempo.  El pastor King también tenía una angustia, un dolor profundo.

“Sí, sigo preguntándome todo esto. Profundamente perturbado he llorado sobre la laxitud de la Iglesia. Pero sepan que mis lágrimas fueron lágrimas de amor. No cabe un profundo desaliento sino donde falta un amor profundo. Sí, yo amo a la Iglesia. ¿Cómo iba a no ser así? Me encuentro en la situación bástante única de ser hijo, nieto y bisnieto de predicadores. Sí, la Iglesia es para mí el cuerpo de Cristo. Mas, ¡ay!, cómo hemos envilecido y herido este cuerpo con la negligencia social y con el temor de convertirnos en posibles miembros disconformes.” MLK

El pastor King fue asesinado años después, luchando a través de la no-violencia por una causa en la que tenía la convicción que tenía que cambiar, una causa que había costado vidas y seguía denigrando la dignidad humana. Cuando el pastor King muere, quizá sus asesinos creían que acallarían no solo su voz, sino un movimiento social, político y, sobretodo, espiritual que había aguardado la manifestación de hombres valientes como el pastor King. Voces como las del pastor King, voces que claman en el desierto.

Dice la Biblia que la sangre de los justos clama a Dios, esos justos que han sido asesinados injustamente.

Cuando la mujer samaritana, que por cierto era inferior para los judíos, le pregunta a JESÚS dónde se debe de adorar, JESÚS le responde: la hora viene en que los verdaderos adoradores adorarán a Dios más allá de un lugar, le adorarán en espíritu, le adorarán en verdad. Una definición de adoración que hace un tiempo escuche la describe como: adoración es literalmente la vida que vivimos. No la música, no las canciones, no las letras, sino la vida que vivimos.

Y cuando ligo la verdadera adoración con los tiempos que estamos viviendo, puedo entender que estos tiempos necesitan de hijos de Dios capaces de confrontar toda negligencia social, de ser valientes para ser miembros disconformes (que no se amoldan) a estos tiempos. Y este avivamiento solo llegará a través de un verdadero arrepentimiento, porque no puede haber avivamiento sin arrepentimiento.

¿Quisieras unirte en oración conmigo? ¿Quisieras orar por una iglesia que es llevada al arrepentimiento? ¿Quisieras orar para que Dios nos lleve a una manifestación gloriosa de Su salvación, de Su poder? Dios lleve a Su iglesia a tiempos de profunda transformación.

para que todos sean uno

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“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como Tú, oh Padre, en Mí, y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste”. Juan 17.20,21

 

Justo antes de que JESÚS sea arrestado, Él ora por Sus discípulos de una manera tan especial y profunda que mientras lees esa oración en el capítulo 17 de Juan, puedes percibir y entender que esa oración también es para nosotros, para los que hemos creído por la palabra de los discípulos, aquel puñado de hombres y mujeres que siendo valientes hace casi 2000 años atrás, predicaron a JESÚS como única verdad.

Esta oración de JESÚS es en sí una promesa a nosotros, no es JESÚS pidiéndole al Padre para ver si el Padre lo haría, JESÚS ora confiando en que el Padre escucharía la oración y haría conforme JESÚS rogaba a Él, porque JESÚS conocía el corazón del Padre.

JESÚS no pide al Padre que nos quite del mundo, pero sí que para que el Padre nos guarde del mal. ¿Puedes creer que el Padre nos guardará del mal aun estando en un mundo que busca lo suyo?

Y esta oración llega a un punto muy especial: para que seamos uno. Pero no es una unidad cualquiera, es una unidad aún más profunda: como JESÚS y el Padre son uno, también nosotros seamos uno en Ellos. Esto es impresionante: la unidad que existe entre JESÚS y el Padre también dada nosotros como Sus hijos, una unidad que en el mundo no se conoce, una unidad que no conoce barreras, una unidad tan perfecta que nos mueve en niveles eternos.

Desde hace algunos años hay un peso en mí por ver cómo la iglesia se ha ido dividiendo, y esto no es algo nuevo, lo hemos testificado por siglos. Pareciera que a veces dentro de las iglesias es difícil encontrar un punto de unidad ante temas tan complejos que decidimos separarnos. Pero, ¿entonces donde se cumple esa promesa de JESÚS al orar al Padre que seamos uno?

Hace también ya algunos años pude descubrirlo cuando viajé a otro país. En ese país tuve oportunidad de visitar una iglesia cristiana y pude sentirme como en casa, como en familia, de hecho, algo muy interesante es que como iglesia orábamos de manera similar por lo que orábamos en la iglesia en México. Se podía percibir que el Espíritu estaba ahí, el mismo Espíritu que en la iglesia en México estaba.

Es ahí cuando comprendí que la unidad de la iglesia no se limita a edificios, o a personas, o a estilos de adoración o enseñanza, que por supuesto todo debe glorificar a Dios y honrar a Su Palabra. Entendí que Dios es tan soberano que Su Espíritu se mueve donde Él decide hacerlo y no donde los hombres queremos que lo haga. Su Espíritu uniendo a Su iglesia más allá de los espacios geográficos, pero también más allá del tiempo, sabiendo que nosotros somos el fruto de la predicación de otros que, quizá ya han dejado este mundo, pero que no han dejado de ser parte de ese maravilloso milagro llamado la Iglesia de JESÚS.

Hoy oro a Dios para que nosotros y nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo podamos percibir esa unidad por la cual JESÚS oró al Padre, esa unidad que es eterna, que no perece. Para que el mundo crea que el Padre ha enviado a JESÚS.

¿a quién iremos?

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“Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él. Dijo entonces JESÚS a los doce: ¿Queréis iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6.66-69

JESÚS estaba en un momento de gran popularidad. Después del gran milagro de multiplicación de los panes y los peces para darle de comer a cinco mil personas, las multitudes venían a Él y le buscaban. Pero JESÚS se aleja de ellos cuando esta multitud intenta hacerle rey (Juan 6.15), ellos no habían entendido la obra que JESÚS necesitaba cumplir primero en la tierra.

Después de que JESÚS se aleja y se va hacia otra región, esta multitud le busca y le encuentra, y es aquí donde JESÚS los confronta: me buscan… porque comieron el pan y se saciaron (v.26) pero hay un pan que si comen no volverán a tener hambre ni sed: Mi carne y Mi sangre. (v.53).

Esas palabras no sólo fueron fuertes para la multitud, sino también para Sus discípulos. ¿Cómo JESÚS les pedía que para tener vida eterna tenían que comer Su carne y beber Su sangre? A ellos no les habían aún sido revelado que JESÚS necesitaba entregar Su cuerpo y derramar Su sangre para pagar por nuestros pecados. El punto más fuerte de este suceso es cuando muchos de Sus discípulos se alejan de Él. Y JESÚS se vuelve a los doce discípulos (los más cercanos) y les confronta: ¿también ustedes se irán?

Pedro responde, creo yo angustiado: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (v.68). Pedro había probado realmente un alimento que no era el físico y que sólo habían encontrado en JESÚS. Pedro durante este tiempo había testificado, y a su espíritu había sido revelado, que JESÚS era el Cristo (v.69). Pedro había creado tan fuerte relación con JESÚS que el solo alejarse de Él era difícil para Pedro.

¿A quién iremos?, preguntó Pedro con profunda angustia por el simple hecho de pensar estar alejado de JESÚS.

***

Sabía desde antes de hablar con mi pastor sobre mi orientación sexual que mis días en la iglesia local podrían estar contados. Sabía que el riesgo más inminente sería que mi permanencia en la iglesia local fuera condicionada y que, tarde o temprano, tendría que tomar la decisión de continuar o no en la iglesia local. Y lo sabía porque esta situación es, tristemente, a la que muchos creyentes homosexuales son orillados.

Durante los últimos meses, probablemente seis ya, mi estado emocional ha sido fuertemente golpeado en la iglesia local. Lo que por muchos años había sido un tiempo de tranquilidad y comunión espiritual y emocional, ahora ha llegado a ser una carga tan fuerte que ha llegado a tener efectos en mi cuerpo. Es como si algo pesado fuera puesto en mi alma y espíritu.

Y ha sido constante esta situación emocional y espiritual en mí. He orado a Dios, le he pedido guía. Hoy, por ejemplo, durante la madrugada me desperté y Dios ponía en mi corazón orar por la iglesia, por los líderes, por mi tiempo ahí en la iglesia. Le pedía a Dios Su ayuda para poder estar en la iglesia.

Y ¿por qué no cambiarte de iglesia local? Me preguntó un conocido hace un par de semanas. Y mi respuesta es firme al respecto: creo que la iglesia local donde Dios nos permite congregarnos no es por comodidad o gustos personales, sino por un propósito de Dios. Creo también que una de las decisiones más importantes de todo creyente es dónde congregarse, porque la iglesia local no es un club, no es un domingo en un edificio, la iglesia local es y está llamada a ser familia los unos de los otros. Creo también en la necesidad de que los creyentes se congreguen en una iglesia local, es necesario, es importante para su crecimiento espiritual.

Cuando oro a Dios sobre mi futuro en mi iglesia local en la que Él me ha permitido congregarme por ya casi 13 años, viene a mí esa pregunta que Pedro le hizo a JESÚS: ¿a quién iremos? Con un dolor en mi corazón le digo a Dios: no tengo a donde ir, no hay iglesia local donde yo, como creyente gay, seré bien recibido, ¿a dónde iré?

Aquellos que han experimentado lo importante que es una iglesia local para su alma y para su crecimiento espiritual, podrán quizá comprender la decisión tan fuerte que necesito tomar. Aquellos que ven en la iglesia local no solo un grupo de personas o un edificio, sino una familia, podrán quizá comprender el dolor tan fuerte que se siente estar en esta situación. Porque la iglesia local son relaciones, son familia, es parte del cuerpo de JESÚS. ¿A quién iremos?

Que Dios guíe a cada iglesia local donde Su Nombre es predicado a ser verdadera familia los unos de los otros. Dios guíe a cada creyente que enfrenta fuerte carga espiritual y emocional a ser guiados por Su Espíritu en este tiempo de prueba. Porque nuestro Dios es fiel y es el único quien tiene palabras de vida eterna.

si el grano de trigo no cae y muere

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“JESÚS respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde Yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” Juan 12.23-26

 

Cuando podemos ver el rostro detrás de un “problema”, las circunstancias dejan de ser un “problema” y se vuelven una causa. Cuando dejamos de ver simplemente las estadísticas, y en cada número vemos una vida, una vida que vale profundamente ante Dios, esa estadística deja de ser sólo números y se convierten en un sentido, en un propósito. Cuando dejamos de ver como simples “problemas” a los inmigrantes de América Latina, a los refugiados en Europa, a las mujeres asesinadas en todo México, a las mujeres y niños traficados como esclavos sexuales, a los indígenas despojados de sus tierras, a las personas de color siendo discriminadas, a los homosexuales siendo estigmatizados y rechazados, cuando les ponemos un rostro, y un nombre, y una vida, dejan de convertirse en “problemas” y se vuelven reales, no algo conceptual o estadístico, sino alguien con valor.

JESÚS es, sin duda, quien vino a romper esas barreras entre lo conceptual y los verdaderos rostros, entre el enfermo que era separado para no contagiar, y la persona que era tocada por JESÚS para sanarle, entre la mujer samaritana que era indigna de acercarse al templo, y la mujer a la que se le reveló la adoración que busca el Padre, entre el endemoniado a quienes todos huían, y entre el hombre que predicó en toda una aldea, entre los simples e ignorantes pescadores, y los valientes que fueron instrumentos para edificar la primera iglesia.

JESÚS vino a romper esas barreras religiosas que eran construidas como muros para diferenciar, para discriminar, para humillar. Barreras religiosas construidas sobre supuestos principios bíblicos, pero que JESÚS vino a revelar la verdadera motivación detrás de esas barreras: religiosidad, un sentido de superioridad.

Mientras leía los primeros versículos del libro de Esdras, una duda surgió en mí. En Esdras 1.1 dice que “despertó el Señor el espíritu de Ciro rey de Persia”. La duda era: ¿cómo es que Dios pudo despertar el espíritu de un rey gentil (que no pertenecía al pueblo de Dios) y no despertó el espíritu de los sacerdotes que crucificaron a JESÚS? Y la duda se volvía más personal: ¿por qué Dios despertó el espíritu de un rey gentil y no el espíritu de los líderes cristianos de este tiempo para poder ver la gran tragedia en la iglesia que se ha evidenciado a través de nuestra actitud y rechazo hacia las personas LGBT? No era un reclamo a Dios, era un anhelo por entender más Sus propósitos.

Y la respuesta de Dios fue compleja en su profundidad: porque era y es necesario. Era necesario que el rey de Persia fuera despertado para que se cumpliese la Palabra de Dios dada al profeta Jeremías; era necesario que los sacerdotes rechazaran a JESÚS como el Mesías para que se cumpliese la Palabra de Dios manifestada a través de toda la Biblia, era necesario que JESÚS muriera para que trajera fruto, un fruto que sigue siendo cosechado hasta nuestros días.

Es necesario que si queremos que haya fruto, la semilla tiene que caer al suelo y morir. Morir a nuestros deseos, a nuestros anhelos, a nuestros sueños, para que el fruto eterno de Sus deseos, Sus anhelos, Sus sueños, Sus propósitos sean desarrollados en nuestra vida.

No hablo de permitir la injusticia, pero sí de comenzar a ver los rostros detrás de cada “problema” y permitir que Dios nos muestre qué es necesario desde Su perspectiva y realidad.

Dios despierte a sus hijos a Su verdad porque el mundo clama, porque Su Palabra lo promete (Joel 2.28,29).

porque si callas

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“Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; más tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ester 4.14

 

Durante estos seis meses, y probablemente ya casi un año, de que inicié este proceso en mi iglesia por ser gay, han venido a mí preguntas acerca de si este era el tiempo correcto o debí esperar más. Solo una persona, mi mejor amiga, ha estado de cerca todos estos años y en más de una ocasión hace algunos años le comentaba a ella, y lo platicaba con Dios, que quería hablar con mi pastor y con mis líderes sobre mi sexualidad, sin embargo, la respuesta de Dios era: espera.

Durante esos años cuando me encontraba con fuertes dudas si estaba honrado a Dios y honrado a mis líderes, hubo un tiempo en que quería dejar el grupo de alabanza por la presión que sentía por sentirme indigno e incapaz de servir en la iglesia, sin embargo, Dios me dio una respuesta que recuerdo continuamente: tú estás ahí por Mí, no por ti, no por tus líderes. Y recordaba continuamente cómo es que Dios me abrió puertas para que sirviera en el grupo de alabanza, fue completamente de Él, literalmente yo no hice nada más que creerle y dar el paso en fe. No era ni bueno en la música, nunca había tenido experiencia en grupos de alabanza, y tenía tremendos nervios por estar enfrente de la gente y mucho más cantando, algo que nunca había hecho antes. Imagina ahora que representó para mí un chico gay (considerado indigno por la iglesia) siendo guiado por Dios a servirle en la alabanza. El problema es que en más de una ocasión yo me sentía no solo incapaz sino también indigno de estar ahí.

Dios ha sido tremendamente bueno.

Este domingo, mientras daban los avisos en el servicio en la iglesia, hubo una palabra que estaba en uno de los anuncios, esta palabra era Ester 4.14. Al leerle descubrí algo hermoso: Dios le dice a Ester que vendrían tiempos de respiro y liberación para los judíos, aunque ella respondiera o no a Dios. Lo maravilloso de este texto es que Dios anhelaba profundamente ese respiro y esa liberación para Su pueblo, y estaba en Su corazón, en Su voluntad. Me encanta el amor de Dios por Su pueblo.

Me imagino a Ester, temerosa, sin saber que hacer por la gran destrucción que viene al pueblo judío, y de pronto Dios, a través de Mardoqueo, primo de Ester, le dice: la voluntad de Dios es salvar a los judíos, y aún si tú no hablas, Su voluntad será hecha.

Yo me sentí muy identificado con Ester en ese texto. La voluntad de Dios era que en este tiempo yo hablara a mi pastor sobre mi sexualidad. Y no es que el tema de mi sexualidad sea lo importante, de hecho, en más de una ocasión yo le comentaba a mi pastor que eso era secundario, lo que sentía de parte de Dios que es importante es cómo la iglesia se ha movido más por prejuicios, conceptos y entendimiento humano que por la voluntad de Dios, no solo en este tema de la homosexualidad, sino en otros temas a lo largo de la historia. Y Dios está llamando a Su iglesia a tiempo de arrepentimiento, de romper paradigmas viejos y de hombres, a moverse a niveles mayores de fe donde la guía de Su Espíritu será primordial. ¡Qué tremendo amor tiene Dios por Su iglesia!

Al leer este texto de Ester, sentía como Dios me decía: hubieras o no hablado, Yo tengo este deseo (dolor) en mi corazón por Mi iglesia. Yo solo fui el mensajero, no el mensaje. Y siento en estos días que Dios me ha estado confirmando que el mensaje ha sido dado. Que es el tiempo, y es Su voluntad. Que no hay nada que temer. Porque Su Palabra nunca vuelve vacía, porque si el grano de trigo no cae a la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto (Juan 12.24).

 

no he hallado tus obras perfectas

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“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.” Apocalipsis 3.1b-3

 

Es común en la tradición cristiana que los creyentes pedimos para que Dios nos muestre lo que hay en Su corazón, que nos revele Sus sueños, y que nosotros tengamos un anhelo y profundo deseo por hacer Su voluntad. He escuchado oraciones en ese sentir, yo he hecho oraciones de esa forma. Sin embargo, pocos, muy pocos, imaginan que lo que Dios nos revelará y lo que hay en Su corazón es un profundo dolor por Su pueblo.

Mientras meditaba en esto durante esta semana, leía la historia del profeta Natán cuando amonesta al rey David por cometer adulterio y asesinato. Muchos quizá conocemos esa historia, pero lo que Dios me mostraba en estos días es que a Natán se le reveló algo doloroso, algo terrible, algo que era en contra del mismo rey de Israel. No puedo imaginar cómo el profeta Natán se sintió cuando fue enviado por Dios a David para declarar que Dios no encontraba en el rey sus obras perfectas, aun cuando el rey intentó esconder todo lo hizo, porque para Dios nada es oculto.

La Biblia testifica esta situación con profetas que, si bien recibieron grandes sueños de Dios, también recibieron el dolor y la angustia profunda que en el corazón de Dios hay por Su pueblo. Profetas, hombres y mujeres de Dios a los que se les fue dado declarar las consecuencias del pecado.

Pero los mensajes de Dios cuando van cargados de un pesar en Su corazón, también van llenos de esperanza, de una segunda oportunidad, de misericordia. Si tan solo se arrepienten, si tan solo se arrepienten de sus malos caminos. Dios muestra el dolor en Su corazón para que Su pueblo no perezca, sino para que a sus ojos sea evidente lo malo para después buscar de la gracia de Dios para cambiar.

Hoy la iglesia vive en un ataque constante, y la iglesia occidental, la de los países con tradición cristiana de siglos, enfrentan un ataque aún muy doloroso. La iglesia de Dios está siendo atacada no sólo por el mundo, o por Satanás en sí, sino por sí misma, un ataque hecho por nosotros mismos contra nosotros mismos por el pecado no confesado, el arrepentimiento no buscado, un corazón seducido por nuestro propio entendimiento. El peor ataque para la iglesia no es de quienes de manera abierta están en contra de la iglesia, sino por aquellos que, diciéndose conocedores de la verdad, con su testimonio niegan la efectividad de la Palabra.

Hay una frase que hace ya varios años escuché sobre la iglesia perseguida en países como China donde ser cristiano puede costar la vida. Esta frase afirma que la persecución a la iglesia ha servido para purificar a la iglesia de los falsos creyentes. Y creo que los tiempos de prueba que en la iglesia occidental vivimos no es que se hayan salido del control de Dios, pero han servido como una oportunidad para que nosotros como iglesia veamos lo que hay en nuestro corazón: ¿amor, misericordia, gracia, perdón? ¿odio, juicio, condenación, división?

Hace ya varios meses Dios me permitió entender esta situación a través del mensaje a la iglesia de Sardis en el libro de Apocalipsis. Una iglesia que parecía que hacía grandes obras en nombre de Cristo, pero que no eran más que obras muertas. Imagina cómo se sintió al apóstol Juan cuando le fue revelado ese mensaje.

¡Oh, amada iglesia! Si pudiera compartir contigo el dolor de Dios que hay por ti. Eres amada no por las obras que haces, sino por la sangre de Cristo que te viste. Si tan sólo vieras tus obras como Dios las ve, si tan sólo escucharas tus palabras como Dios las escucha, si tan solo te fuera revelada la condenación que predicas contra aquellos que consideras indignos pero que Dios anhela salvarles. Si tan sólo, iglesia amada, comprendieras que tu lucha no es contra tus hermanos que consideras indignos, o contra el hombre que en pecado se pierde. Nuestra lucha, querida iglesia, es en lo espiritual y en lo espiritual debe lucharse.

Iglesia, amada iglesia de JESÚS, si hoy puedes leer este mensaje, Dios nos llama a arrepentimiento. ¿Sientes ese dolor del corazón de Dios como David lo sintió cuando su pecado fue revelado? ¿Sientes esa angustia del corazón de Dios? ¿Puedes recibirle en arrepentimiento? ¡Oh, amada iglesia! JESÚS viene pronto y anhela una iglesia que le busque de verdad con todo su corazón, porque si no erradicamos ese pecado de nosotros nos será imposible ver a JESÚS.

Él los guiará a toda la verdad

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“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Juan 16.13

No hay día en que no necesitemos la guía del Espíritu de Dios para vivir. Aún más, con decisiones importantes, Su guía se vuelve trascendental para Sus hijos, el Espíritu de Dios se convierte tan indispensable como el aire que respiramos y aún más.

Mientras oraba a Dios por una situación particular que estoy viviendo aquí en Ghana, esperaba en Dios por Su respuesta para saber cuál debería ser el paso siguiente. Después de varios días de oración, Su respuesta llegó: el Espíritu te guiará.

¿Puedes imaginar la paz que trae consigo esa respuesta? Cuando pude recibirle, toda preocupación o carga que había por saber qué hacer fue quitada. No tenía que enfocarme en mí y lo que debería hacer, sino enfocarme en Su Espíritu y confiar que Él me guiaría, Su Espíritu guiándonos en todo momento. Y mientras recibía esa respuesta, pedía ahora a Dios que pudiera yo estar sensible a la guía de Su Espíritu.

He podido confirmar día a día que Su Espíritu ha obrado de una manera muy sorprendente en las últimas semanas aquí en Ghana, y aún puedo confirmar Su mano durante los últimos meses. Aquí en Ghana, por ejemplo, sin yo merecerlo, ni buscarlo, ni esperarlo, Él ha hecho cosas muy sorprendentes, lo único que Él busca es obediencia y confianza en Él.

Hay momentos en los que ciertas dudas llegan, pero Su Palabra está ahí: el Espíritu te guiará. No necesito más preocuparme, no necesito más intentar encontrar la solución perfecta, sino confiar que Él me guiará en todo momento. Esto, por una parte, no supone que yo me quedaré sentado sin hacer nada, por el otro lado sí supone que mientras obedecemos y hacemos nuestra parte, Él se encargará de las cosas maravillosas y sorprendentes que nosotros no podemos lograr. He podido en este tiempo experimentar una parte de Su gracia que no había reconocido antes y esta es que aún sin merecer tanta bendición y cuidado y guía y protección y amor, Él nos bendice, nos cuida, nos guía, nos protege, nos ama.

Desde ya hace algunos meses, esta verdad se ha ido insertando a mi vida: el Espíritu nos guiará a toda verdad, a toda verdad. No tienes que traer carga en tu alma, tu cuerpo o tu espíritu por saber todo, sino caminar con Él confiado que Él tiene cuidado de nosotros, y Su guía es sobrenatural.

Estoy maravillado cómo Dios prepara cosas aún mucho antes de que sucedan en nuestra vida. Estoy maravillado cómo Dios nos envía a lugares aún antes de que nosotros sepamos que debemos ir. Dios es asombroso.