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Christian resources for LGBT+ / Recursos cristianos de apoyo para personas LGBT+

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Importante: ¡Esta lista es actualizada regularmente! Sugerencias son bienvenidas

Después de hablar con mi pastor sobre mi orientación sexual  en 2015, algo  que noté es que no tenía una lista formal de recursos para compartir con cristianos para apoyar su proceso como cristianos LGBT+. En años de mi propia experiencia y proceso,  he leído, visto y escuchado varios recursos, y esta lista tiene varios de ellos.

Confío que estos recursos sean una  bendición para muchas  personas como lo han sido para mí.

Nota. Esta lista ha sido creada en base a mi propia experiencia y proceso y  en base a sugerencias de otros cristianos LGBT+.  Sugerencias son bienvenidas.

LGBT+ es el acrónimo para Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Asexuales, Intersex, Queer, y más identidades para minorías sexuales.

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Important: This list is being updated! Suggestions are welcome!

After coming out to my pastor in 2015, something I noticed is that I don’t have a formal list of resources to share with Christians to support their LGBT+ journey! In years of my own journey,  I have read, watched and listened to several great resources, and here you have some of them.

Hope these resources can be a blessing for many as they have been for me!

Note. This list was created based on my own journey and based on other LGBT Christians recommendations. Suggestions are welcome!!! 🙂

LGBT+ stands for Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, Asexual, Intersex, Queer and more sexual more sexual minorities identities.

Link directo al archivo: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1-JeirboS_xgsmglSvLq6_CXjmGYzoY01T3E2_nYcg4E/edit?usp=sharing

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searching for Sunday: mi búsqueda por una iglesia como cristiano gay

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Parte 1

Hoy se cumplen 6 meses de que tuve que tomar la decisión de dejar mi iglesia local por ser gay, iglesia que estuve atendiendo por casi 15 años, y sirviendo de manera activa la mitad de esos años en el ministerio de alabanza y como maestro de pre-adolescentes. No hubo otra razón por la cual se me pidió dejar de servir más que por ser gay y porque este tema ya era público en la iglesia debido a que ya había yo hablado de mi orientación sexual en mi blog personal.

Por más de dos años tuve que vivir un proceso doloroso que definiría mi situación como creyente gay en una iglesia que sostiene una postura tradicional respecto a la orientación sexual, la identidad de género y el matrimonio. Una iglesia, como gran parte de las iglesias cristianas, que llama a los creyentes gays, como mi caso, a enfrentar un proceso para buscar ser sanado de la homosexualidad, defendiendo siempre que la inclinación homosexual es pecaminosa y es contraria al diseño de Dios.

Años antes de decidir ser abierto respecto a mi orientación sexual en la iglesia, Dios ya me había llevado por un proceso de años para encontrar reconciliación y sanidad entre mi orientación sexual y mi fe, un proceso que me afirma como creyente y como gay, no como cosas contrarias, sino como dos aspectos de mi identidad.

Sí, soy gay. Sí, soy cristiano. Sí, amo la Palabra de Dios. Sí, amo a Dios.

Ser gay y ser cristiano es una disyuntiva aún en nuestro tiempo actual. Se dice que somos la minoría dentro de la minoría. Minoría como cristiano en la comunidad LGBT+, minoría como gay en la comunidad cristiana. Dos esferas de nuestra identidad donde es difícil, no imposible, encontrar espacios que nos afirmen y nos reten a desarrollarnos en ambientes sanos.

Estos 6 meses me han mostrado ese reto que significa a un cristiano gay encontrar un espacio, una comunidad, un parte del cuerpo de JESÚS donde congregarnos y aprender de Dios y Su Palabra. Un espacio sano y seguro donde desarrollarnos, una comunidad donde encontrar comunión con otros hermanos, una parte del cuerpo donde servir.

La iglesia es indispensable para todo creyente. Es un espacio de comunión, de exhortación, de refugio, de aliento. La iglesia es necesaria, mayor aún, en tiempos tan polarizados como los nuestros. La iglesia, entendida como la reunión de Sus hijos, es la congregación donde Dios se deleita y se manifiesta de manera sublimes. Pero, ¿qué sucede cuando algunos de esos hijos somos excluidos de esa congregación?

 

Parte 2

He tenido oportunidad de en estos meses poder atender los servicios en línea de una iglesia metodista en Estados Unidos que es affirming (incluyente hacia las personas LGBT+). Esta iglesia metodista ha sido una bendición porque a través de un proceso de varios años, Dios los ha llevado a reconocer a los creyentes LGBT+ como personas con una dignidad y un valor igual al de cualquier otro creyente. He tenido oportunidad de compartir algunos correos con algunos de sus líderes, y aún a pesar de la distancia, esta iglesia se ha convertido en un espacio de aprendizaje y aliento. Sin embargo, aún sigo anhelando esa comunión física con la iglesia, esa comunión que no solo se da con las palabras sino con la convivencia.

También en estos meses Dios me ha permitido poder atender físicamente servicios en iglesias affirming en Estados Unidos. Un par de iglesias bautistas donde he sido recibido de una manera abierta, amable y honesta.

Pero también, en estos meses he podido atender servicios en iglesias cuyas políticas, lineamientos y creencias respecto a los creyentes LGBT+ son poco claras y, en algunos casos, pueden llegar a ser hostiles. Por ejemplo, una iglesia en Estados Unidos que encontré a través de google decía como mensaje principal en su página: Come as you are (Ven como tú eres). Decidí ir, y durante la predicación algunos de los mensajes empezaban a hablar de cómo la familia está en riesgo y que debemos defenderla. Tuve temor que durante algún momento de la predicación mencionaran que esos enemigos de la familia éramos los homosexuales, pero no fue dicho. Después de atender el servicio en esa iglesia, mandé un correo a uno de sus líderes preguntando sus políticas y creencias respecto a los creyentes homosexuales, mencionado que yo era gay. La respuesta tomó días y fue, como lo esperaba, non-affirming, iniciando con las palabras: Jacob, Dios te ama, pero como iglesia creemos en el modelo del matrimonio que Dios define en la Biblia.

“Cuando el mensaje de ‘come as you are’ (ven como eres) es solo una táctica de marketing, las personas resultan dañadas”, menciona Nathanial Totten en Church Clarity.

Ese mensaje de Nathanial resonó mucho conmigo después de atender este servicio en esta iglesia y recibir ese correo.

 

Parte 3

Estos meses he mandado varios correos a diferentes iglesias en Estados Unidos y aquí en Guadalajara preguntando sobre sus lineamientos, políticas y creencias respecto a las personas LGBT+. Church Clarity ha sido una herramienta muy importante para poder tener más certeza de qué tipo de respuesta esperar y que tipo de ambiente pudiera encontrar en algunas iglesias como creyente gay.

En Guadalajara, por ejemplo, compartiendo mensajes por algunas semanas con una iglesia y preguntando por sus lineamientos, nunca pude obtener una respuesta clara de esta iglesia. En otra ocasión, buscando en la página de una iglesia muy conocida en Guadalajara, una frase era muy directa: “Creemos que la pureza moral y sexual es necesaria para todos los hijos de Dios, con abstinencia total dede adulterio, fornicación, incesto, homosexualidad y otras prácticas de relaciones sexuales prohibidas por la Escritura”.

“Y sin embargo, ¿cómo son estas comparaciones válidas si se considera que el matrimonio homosexual es la formación de una relación comprometida, mientras que el adulterio es una traición a ese compromiso?”, cuestiona Misty Irons en uno de sus discursos sobre la homosexualidad.

La falta de claridad en las iglesias cristianas para los creyentes LGBT+ es algo que he descubierto en los últimos meses. He descubierto que algunas iglesias con tal de atraer asistentes a sus servicios pueden ofrecer mensajes amigables, pero en la práctica los creyentes LGBT+ podrán enfrentar dobles mensajes y una segregación que termina por lastimarles emocional y espiritualmente.

Cuando las iglesias no pueden dar una respuesta clara respecto a sus lineamientos, políticas y creencias respecto a los creyentes LGBT+, esto anticipa mucho el ambiente que estos creyentes vamos a enfrentar en esas iglesias.

Por mucho que he intentado obtener una respuesta directa y clara de algunas iglesias, no la ha habido. Es doloroso pensar que hay creyentes LGBT+ en esas iglesias que tienen que ocultarse entre la multitud para ser aceptados. Y aquellos que ya han sido descubiertos, son llevados por procesos que solo reafirman vergüenza y falta de auto aceptación, desarrollando con ello una imagen incorrecta de quien es Dios.

Tengo la confianza y la fe que, así como Dios me ha permitido atender los servicios en iglesias affirming, especialmente los servicios en la iglesia metodista que sigo en línea, así un día Dios me permitirá encontrar y volver a ser miembro de una iglesia local donde pueda crecer como creyente gay.

Tengo la confianza y es mi oración que cada persona LGBT+ alrededor del mundo puedan encontrar esos espacios de aceptación y crecimiento en su fe y en el conocimiento de JESÚS. Tengo la confianza y es mi oración que un día la iglesia local dejará de ser un espacio de condenación y segregación, y volverá a ser una extensión del cuerpo de JESÚS donde habrá restauración y donde JESÚS sea reflejado completamente. Un día donde cada creyente LGBT+ no tenga que estar buscando por un domingo donde pueda volver alabar y adorar a Dios en la comunión de la iglesia, porque ese domingo será todos los días.

 


* El título de este blog fue tomado del libro Searching for Sunday de Rachel Held Evans

¡Ábrannos su corazón!

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“Demostramos lo que somos por nuestra pureza, nuestro entendimiento, nuestra paciencia, nuestra bondad, por el Espíritu Santo que está dentro de nosotros y por nuestro amor sincero. Con fidelidad predicamos la verdad. El poder de Dios actúa en nosotros. Usamos las armas de la justicia con la mano derecha para atacar y con la izquierda para defender. Servimos a Dios, ya sea que la gente nos honre o nos desprecie, sea que nos calumnie o nos elogie. Somos sinceros, pero nos llaman impostores. Nos ignoran aun cuando somos bien conocidos. Vivimos al borde de la muerte, pero aún seguimos con vida. Nos han golpeado, pero no matado. Hay dolor en nuestro corazón, pero siempre tenemos alegría. Somos pobres, pero damos riquezas espirituales a otros. No poseemos nada, y sin embargo, lo tenemos todo.

¡Oh, queridos amigos corintios!, les hemos hablado con toda sinceridad y nuestro corazón está abierto a ustedes. No hay falta de amor de nuestra parte, pero ustedes nos han negado su amor. Les pido que respondan como si fueran mis propios hijos. ¡Ábrannos su corazón!” 2 Corintios 6.6-13

 

Tuve oportunidad de atender un servicio en una iglesia bautista affirming (incluyente hacia personas LGBT+) hace un par de semanas. Una iglesia muy normal (muy seguramente la únicamente persona LGBT+ en ese servicio era yo) donde por momentos me sentía un poco torpe en seguir la liturgia de un servicio bautista tradicional (he crecido como cristiano evangélico). A pesar de la breve torpeza, pude aprender, recibir aliento, ser desafiado para crecer.

Tengo la convicción que la Palabra tiene poder. Cuando leyeron la Palabra en el segundo libro de Corintios, dos enseñanzas quedaron conmigo: ¿estamos siendo embajadores de Cristo? (2 Cor. 5.20) y ¡Ábrannos su corazón! (2 Cor. 6.13). Y son estas enseñanzas que de manera continua he estado meditando en los últimos días.

Después de que Pablo explica a la iglesia a Corinto todo lo que han enfrentado a causa del Evangelio, Pablo les dice: “pero ustedes nos han negado su amor”, y concluye con un ruego: “¡Ábrannos su corazón!”

¿Por qué Pablo les pide eso? ¿Por qué Pablo le pide a la iglesia que le abran su corazón?

 

Algunos de los creyentes con una fe más transparente, genuina, fuerte, profunda, con resiliencia,  que he conocido, han sido cristianos LGBT+. Creyentes que aun a pesar de las dificultades que representa ser cristiano y ser LGBT+, que aun a pesar del rechazo no solo fuera de la iglesia sino en sus iglesias y sus familias, siguen firmes en su convicción de seguir a JESÚS.

Son cristianos que, en la mayoría de los casos, han enfrentado ambientes adversos desde pequeños pero que, a través de la gracia de Dios y la guía del Espíritu, logran sobreponerse en su andar con JESÚS.

Son personas que me han enseñado que el cristianismo no es solo de domingos, ni que es una faceta más en su vida, son personas que aún sin una iglesia local donde congregarse, buscan y anhelan la comunión con el cuerpo de Cristo, porque ahí, ahí Dios se deleita.

Son personas que han entendido la gracia y el amor de Dios de una manera tan profunda que difícilmente algo más puede definir su vida. Personas que se equivocan pero que saben sobreponerse. Personas que se saben aceptadas y amadas, vulnerables pero siempre fortalecidas, alejadas pero nunca ajenas.

Hacia los creyentes LGBT+ y hacia cada grupo que ha vivido en la marginación dentro y fuera de nuestros espacios, hoy se nos llama: “¡Abramos nuestro corazón a ellos!”

Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré

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“Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Dios el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis le perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado.” Ezequiel 34.2-5

“Porque así ha dicho Dios el Señor: He aquí Yo, Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.” Ezequiel 34.11,12

 

Nuestra vida está hecha de ciclos. Cada ciclo que concluye trae consigo un ciclo que comienza. Con nostalgia podemos sujetarnos a lo que dejamos atrás para caminar hacia lo que viene adelante. La vida de cada uno de nosotros se puede ir desarrollando a través de cada ciclo, a través de cada etapa. Es difícil terminar un ciclo, pero es muchísimo más sublime comenzar nuevos que traerán más crecimiento, especialmente en nuestra relación con Dios y los demás.

Mientras escribo este texto, medito en este ciclo de mi vida que está por concluir, un ciclo en mi iglesia local que me ha tenido meditando por mucho tiempo porque intento sujetarme de la nostalgia por todo aquello que Dios me permitió vivir, aprender y crecer. Hoy, sin tener el mapa completo de lo que viene adelante, es tiempo de confiar aún más en Dios, y crecer más en Él.

Mientras medito en esta decisión que necesito tomar, Dios me ha permitido también encontrar refugio en Su Palabra. Los profetas pueden ser libros de gran tristeza y confrontación, pero también son libros de consuelo y gran esperanza. A través del profeta Ezequiel, Dios reprende a los líderes por haber olvidado su labor como pastores del pueblo, y haberse dedicado a satisfacer su propia vanidad y deseos. Con tristeza, Dios dice: No apacentaste, no fortaleciste, no curaste, no vendaste, no rescataste ni buscaste.

Y esa realidad que Dios mostraba a través del profeta Ezequiel es, tristemente, la realidad de la iglesia cristiana alrededor del mundo respecto a los creyentes LGBT+. Como iglesia no hemos ni apacentado, ni fortalecido, ni curado, ni rescatado, ni buscado a cada creyente LGBT+, quienes sufren gran violencia, con gran tristeza lo digo, dentro de la misma iglesia. Nuestros creyentes LGBT+ son dispersados y arrojados.

Pero este grupo de creyentes no son solo los únicos excluidos de la comunión del cuerpo de Cristo. Mientras camino en este tiempo decisivo en mi vida, Dios me ha permitido comprender que muchos creyentes han sido dispersados porque en la iglesia no han encontrado un lugar de refugio, de descanso, de sanidad.

No hablo de una iglesia local específica, sino de una realidad espiritual que poco a poco descubro se puede estar repitiendo en muchas partes de la iglesia a nivel mundial. La iglesia de Cristo, llamada a ser la comunión de los santos, de los hijos de Dios.

Es por eso mi ausencia en escribir regularmente en este blog durante el último par de meses. He necesitado meditar, orar, pedir dirección de Dios. Dejar la iglesia local no es una decisión fácil. Para un creyente es una de las decisiones más difíciles. Dejar la iglesia local porque uno, como creyente LGBT+, es orillado a ello. Eso es triste, eso duele, es una realidad que se repite día tras día.

Y en medio de esa realidad desoladora, también Dios habla consuelo y gran esperanza. Al leer al profeta Ezequiel, después de que Dios reprende a los líderes, Dios mismo dice: He aquí Yo, Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.

Esta es una verdad para ti, es una verdad para mí. Para ti que has sido hecho ajeno de la comunión de la iglesia, para ti que buscas profundamente regresar a esa comunión, porque somos familia, porque somos Su pueblo.

Dios traerá nuevos ciclos en nuestra vida, nuevos tiempos para crecer y conocerle y amarle más. Dios no nos ha abandonado.

se les llamó cristianos

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“Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11.25,26

 

El término “cristiano” es tan popular en nuestros tiempos que podemos perder de vista como es que este término surgió para referirse a los discípulos del Señor JESÚS. La primera referencia de este término en la Biblia la encontramos en libro de Hechos y, según algunos estudios, sugieren que el término fue creado por los no creyentes de Antioquía para hacer burla o mofa de los discípulos, como una forma de insulto o humillación. Algunas otras personas sostienen que el término fue creado por los creyentes para referirse a sí mismos.

Sea cual fuere el surgimiento del término, el uso de él para referirse a algunas personas en la iglesia primitiva resultaba ser peligroso y, para algunos, podría ser causa de persecución. Hoy en nuestros días, el uso del término en lugares donde la población cristiana es minoría, también resulta en una persecución.

¿Por qué es importante tener presente el origen y las implicaciones del término “cristiano”? Hay una historia personal con la que puedo asociarme mucho y que puede ayudar a entender el impacto de entender el origen y sus implicaciones. Cuando una persona se refiere a otra con un término de burla u ofensa, este término puede resultar en una carga emocional y espiritual para la otra persona. Por ejemplo, el término “gay” sigue siendo usado para insultar a otros, de hecho, una gran parte de los hombres se pueden sentir ofendidos si ese término se usa con ellos.  Otro término, que ahora es considerado discriminatorio, es el que se usaba para referirse a las personas afroamericanas en la década de los 60s y anteriores: “negro”.

Imagina ahora, la iglesia primitiva, que para ser humillada se usaba el término “cristiano”. Al pasar de los años, esos términos se vuelven una identidad de grupo. Hoy el ser llamado cristianos no resulta en una ofensa, sino en una identidad. El término gay, por ejemplo, es un término que es usado para identificar a un grupo de personas cuya orientación sexual es hacia el mismo sexo. Ser gay, en lo personal, no resulta más en una ofensa sino en algo que describe una parte de nosotros, una parte de nuestra identidad. Ese término describe una parte de nosotros.

Cuando el resto de las personas crean términos para “diferenciar” a otros y colocarlos en un nivel de inferioridad y humillación, eso resulta en algo que puede ser una carga emocional y espiritual para ese grupo al que se humilla. Sin embargo, si ese grupo al que se humilla toma ese término y lo toma como parte de su identidad, entonces ese término resulta en algo poderoso.

El ser cristiano describía a aquellas personas que habían rendido su vida a Cristo y estaban por tanto viviendo una vida que claramente reflejaba que ellos eran discípulos, una vida diferente. Si bien eso era causa de oprobio, también era una motivación.

Como humanos siempre buscamos diferenciar y, al trata de diferenciar, sentirnos superiores a otros: americanos y latinos, heterosexual y gay, hombre y mujer, rubio y moreno, alto y chaparro, flaco y gordo, y la lista puede seguir. El problema radica cuando cualquiera de esos grupos usa su identidad para menospreciar y humillar a otros. Puede pasar, y está pasando, con los cristianos. Cristianos que siendo mayoría y sintiendo una “superioridad” moral, usan ese “estatus” para menospreciar a otros.

No olvidemos que un día, nuestros antepasados fueron humillados también con el simple hecho de ser llamados cristianos. Recordemos que ese término fue un tiempo usado para humillar, pero que ahora para nosotros representa una parte de nuestra identidad. Cuidamos nuestras palabras, especialmente aquellas que usamos para referirnos a otros.

les será dicho: son hijos del Dios viviente

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Ustedes no son pueblo Mío, les será dicho: Ustedes son hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

 

Las promesas de Dios son vivas, son ciertas, no perecen. Leer la Palabra de Dios es un testimonio de ello. Promesas dadas a hombres imperfectos, pero con un corazón rendido a Dios, que creían cada palabra que Dios decía. Algo maravilloso de estos hombres es ver la confianza de que lo que Dios decía se cumpliría, aun cuando a ellos no les fuera dada la oportunidad de ver el cumplimiento de la promesa.

Hace algunos años Dios me permitía reflexionar: ¿cuántas promesas de parte de Dios dadas a nuestros antepasados se están cumpliendo en nuestra vida? Y concluía: somos herederos de promesas.

Al comenzar a leer el libro del profeta Oseas, que es escrito en tiempos en que el pueblo de Israel está dividido en dos reinos (Judá e Israel) y está enfrentando tiempos de una corrupción moral muy fuerte, uno puede percibir una “decepción” de parte de Dios por Su pueblo, pero Dios no se queda ahí, más que una decepción es un dolor por Su pueblo. Después de cada profecía que vaticinaba terribles consecuencias por el pecado del pueblo, Dios habla libertad, habla promesas que dan esperanza.

Específicamente al comenzar a leer el capítulo uno de Oseas, encontramos esta promesa: a ustedes que les era dicho que no eran Mis hijos, serán llamados Mis hijos, hijos del Dios viviente. Mientras leía esta promesa, pude relacionarme mucho con ella.

Como cristiano gay continuamente nos es dicho que no somos hijos de Dios, y a veces llevados lejos del pueblo de Dios debido al rechazo. Pero cuando leemos esta promesa, en Oseas, en lo personal pude identificarme con ella, Dios recordándonos que aquellos que han sido hechos lejanos del pueblo de Dios, serán ahora hechos cercanos y llamados hijos de Dios.

Cuando JESÚS viene a la tierra y a través de Su ministerio nos muestra una parte del Reino de Dios que no hace distinción, que buscar acercar a todos a Dios, es cuando esta promesa cobra un significado especial. Imagina al enfermo, al extranjero, al rechazado, a la mujer samaritana o a la mujer adúltera, a los cobradores de impuestos que les era dicho que no tenían parte dentro de la congregación de Dios. Ahora, este texto tiene un cumplimiento especial cuando JESÚS nos lleva a comprender el Reino de Dios de una manera mucho más profunda.

Quiero invitarte a recordar y meditar en aquellas promesas que Dios ha dado a tu vida. No solamente ciertos versos de la Biblia que se nos dan como pueblo e hijos de Dios, sino aquellos versos de la Biblia, aquellas promesas que Dios ha hablado específicamente a tu vida. ¿Puedes recordar alguna? Ahora, medita en ella y descansa en la fidelidad de Dios, porque Él la cumplirá. Su Palabra es cierta, no perece.

No hay nada imposible para nuestro Dios, nada.

toda autoridad me es dada

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“Y JESÚS se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28.18-20

 

Después de ser abierto respecto mi sexualidad, mi testimonio como cristiano ha sido afectado. Por el más de año y medio que ha durado este proceso, este testimonio ha sido “manchado” por esa realidad que implica mi sexualidad. En palabras sencillas, dentro de la cultura en la que vivimos, el ser gay me hace “no cristiano” o, para algunas opiniones un tanto más favorables, me hacen un cristiano en pecado.

Me he sentido, si puedo ser sincero, como ser parte de una minoría dentro de una minoría. Dentro de la minoría que es el cristianismo en México, soy de esa minoría que significa es gay. Dentro de la minoría que es la comunidad gay, soy de esa minoría que significa ser cristiano. Una contradicción, un anatema, un oxímoron (usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).

Debo confesar que lo único que me ha mantenido es Dios. No hay otra explicación. No hay otra razón.

El testimonio de un cristiano trae consigo cierta autoridad. Cuando un cristiano guarda su vida en integridad, esta persona adquiere en sí una autoridad moral para poder ayudar o testificar a otros. Cuando un cristiano camina por determinadas pruebas y confirma como la ayuda y fidelidad de Dios fue evidente, eso da cierta autoridad para hablar delante de los hombres. Es decir, nos volvemos testigos vivos de nuestra fe. Por el contrario, un testimonio “manchado” trae por consecuencia una falta de credibilidad, una disminución o falta de autoridad moral.

En una ocasión cuando mi ánimo no estaba del todo bien y veía como mi testimonio era percibido como que venía a menos, Dios ponía una verdad muy fuerte: la autoridad de Cristo. Podrás perder toda autoridad moral delante de los hombres, pero en ese momento la autoridad de Cristo será evidente en tu vida.

No me refiero a que nuestro testimonio sea realmente menguado por negligencia propia, sino a un testimonio que es “manchando” cuando a través de la obediencia a Dios y Su Palabra basados en el amor a Él, nos lleva a ser vistos como extraños, como ajenos.

Sé que, para algunos, el ser gay y cristiano sigue siendo una imposibilidad, y se podrá argumentar que realmente no estoy tomando la Palabra de Dios en serio. Sin embargo, algo que he podido aprender en este tiempo es el negarnos a tal punto a nosotros mismos, que dejemos que el único testimonio que brille sea la autoridad de Cristo en nuestra vida. Es verdaderamente la vida (el fruto) de Cristo, de Su Espíritu, fluyendo a través de nosotros. Esto es innegable, esto es más poderoso que lo que podamos decir o hacer.

Cuando JESÚS envía a sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio, son enviados en Su autoridad. Y la forma en que podemos entender Su autoridad en nosotros es vernos como extensión de Su reino en la tierra, sabiendo que la obra que Él ha iniciado, está haciendo y completará en nosotros será la evidencia más palpable de Su autoridad, porque aun sin hablar estaremos predicando Su Verdad y Su Evangelio.

porque cuando soy débil

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“Y me ha dicho: Bástate Mi gracia; porque Mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2 Corintios 12.9,10

 

Platicaba hace un par de días con un amigo que el ser gay y toda esta situación de compartir con la iglesia, con mi familia y amigos respecto a mi sexualidad, me ha permitido entender más sobre lo que representa seguir a Cristo. Cuando tuve oportunidad de viajar a Ghana, un país que condena a la cárcel a personas gays, y aprender más sobre otros países donde incluso las personas gays son condenadas a la pena de muerte, esto me ayudó a no temer a ambientes que no nos reconocen ni nos aceptan. Siendo sinceros, solo el Espíritu de Dios pudo traer esa paz y esa seguridad para no temer.

Y mientras analizaba el riesgo de viajar a países con este tipo de legislaciones, venía a mi mente algo que puede ser muy fuerte: si he de ir a la cárcel o morir por ser gay, preferiría mejor por ser cristiano.

Cuando era débil al ser rechazado, humillado, no reconocido aún como hijo de Dios por ser gay, eso me ayudó a ser fuerte, ser valiente para enfrentar hasta la muerte misma por el Nombre de JESÚS.

Le decía a mi amigo que si algo valoro mucho del ser gay es el poder entender aún más los ambientes que como cristianos en algún momento de nuestra vida tendremos que enfrentar: humillación, difamación, separación, persecución, rechazo, muerte. Y en este año, en ese viaje a Ghana, en estos meses, he podido ver como JESÚS a través de Su Espíritu me ha hecho fuerte, no como un asunto de vanagloria personal, sino como una verdad tan poderosa que se ha sembrado en mi corazón: no temas, eres fuerte en JESÚS, por Su gracia.

No quiere decir que debemos aceptar el rechazo y la humillación como algo “normal” en nuestras vidas, al contrario, creo que debemos luchar con armas espirituales para acabar con esos ambientes hostiles. Sin embargo, esa lucha, y esos ambientes, solo pueden ser ganados a través de la sangre de JESÚS, de Su Espíritu.

Amados hermanos y hermanas que enfrentan terrible persecución en lo físico, lo emocional y lo espiritual: ¡no desmayen! Nuestra salvación es del Señor. No se cansen de hacer el bien, de luchar por mejores ambientes para ustedes y para los que han de creer por el testimonio de fe de ustedes. Aun cuando el rechazo sea de las personas que más amamos, ni nuestro amor por Dios, ni nuestro amor por ellos, ni el amor por nuestros enemigos debe enfriarse, sino arder aún con más fuerza. Porque nuestra fuerza viene de Dios, porque nuestra fortaleza es JESÚS.

¿a quién iremos?

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“Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él. Dijo entonces JESÚS a los doce: ¿Queréis iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Juan 6.66-69

JESÚS estaba en un momento de gran popularidad. Después del gran milagro de multiplicación de los panes y los peces para darle de comer a cinco mil personas, las multitudes venían a Él y le buscaban. Pero JESÚS se aleja de ellos cuando esta multitud intenta hacerle rey (Juan 6.15), ellos no habían entendido la obra que JESÚS necesitaba cumplir primero en la tierra.

Después de que JESÚS se aleja y se va hacia otra región, esta multitud le busca y le encuentra, y es aquí donde JESÚS los confronta: me buscan… porque comieron el pan y se saciaron (v.26) pero hay un pan que si comen no volverán a tener hambre ni sed: Mi carne y Mi sangre. (v.53).

Esas palabras no sólo fueron fuertes para la multitud, sino también para Sus discípulos. ¿Cómo JESÚS les pedía que para tener vida eterna tenían que comer Su carne y beber Su sangre? A ellos no les habían aún sido revelado que JESÚS necesitaba entregar Su cuerpo y derramar Su sangre para pagar por nuestros pecados. El punto más fuerte de este suceso es cuando muchos de Sus discípulos se alejan de Él. Y JESÚS se vuelve a los doce discípulos (los más cercanos) y les confronta: ¿también ustedes se irán?

Pedro responde, creo yo angustiado: ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (v.68). Pedro había probado realmente un alimento que no era el físico y que sólo habían encontrado en JESÚS. Pedro durante este tiempo había testificado, y a su espíritu había sido revelado, que JESÚS era el Cristo (v.69). Pedro había creado tan fuerte relación con JESÚS que el solo alejarse de Él era difícil para Pedro.

¿A quién iremos?, preguntó Pedro con profunda angustia por el simple hecho de pensar estar alejado de JESÚS.

***

Sabía desde antes de hablar con mi pastor sobre mi orientación sexual que mis días en la iglesia local podrían estar contados. Sabía que el riesgo más inminente sería que mi permanencia en la iglesia local fuera condicionada y que, tarde o temprano, tendría que tomar la decisión de continuar o no en la iglesia local. Y lo sabía porque esta situación es, tristemente, a la que muchos creyentes homosexuales son orillados.

Durante los últimos meses, probablemente seis ya, mi estado emocional ha sido fuertemente golpeado en la iglesia local. Lo que por muchos años había sido un tiempo de tranquilidad y comunión espiritual y emocional, ahora ha llegado a ser una carga tan fuerte que ha llegado a tener efectos en mi cuerpo. Es como si algo pesado fuera puesto en mi alma y espíritu.

Y ha sido constante esta situación emocional y espiritual en mí. He orado a Dios, le he pedido guía. Hoy, por ejemplo, durante la madrugada me desperté y Dios ponía en mi corazón orar por la iglesia, por los líderes, por mi tiempo ahí en la iglesia. Le pedía a Dios Su ayuda para poder estar en la iglesia.

Y ¿por qué no cambiarte de iglesia local? Me preguntó un conocido hace un par de semanas. Y mi respuesta es firme al respecto: creo que la iglesia local donde Dios nos permite congregarnos no es por comodidad o gustos personales, sino por un propósito de Dios. Creo también que una de las decisiones más importantes de todo creyente es dónde congregarse, porque la iglesia local no es un club, no es un domingo en un edificio, la iglesia local es y está llamada a ser familia los unos de los otros. Creo también en la necesidad de que los creyentes se congreguen en una iglesia local, es necesario, es importante para su crecimiento espiritual.

Cuando oro a Dios sobre mi futuro en mi iglesia local en la que Él me ha permitido congregarme por ya casi 13 años, viene a mí esa pregunta que Pedro le hizo a JESÚS: ¿a quién iremos? Con un dolor en mi corazón le digo a Dios: no tengo a donde ir, no hay iglesia local donde yo, como creyente gay, seré bien recibido, ¿a dónde iré?

Aquellos que han experimentado lo importante que es una iglesia local para su alma y para su crecimiento espiritual, podrán quizá comprender la decisión tan fuerte que necesito tomar. Aquellos que ven en la iglesia local no solo un grupo de personas o un edificio, sino una familia, podrán quizá comprender el dolor tan fuerte que se siente estar en esta situación. Porque la iglesia local son relaciones, son familia, es parte del cuerpo de JESÚS. ¿A quién iremos?

Que Dios guíe a cada iglesia local donde Su Nombre es predicado a ser verdadera familia los unos de los otros. Dios guíe a cada creyente que enfrenta fuerte carga espiritual y emocional a ser guiados por Su Espíritu en este tiempo de prueba. Porque nuestro Dios es fiel y es el único quien tiene palabras de vida eterna.

si el grano de trigo no cae y muere

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“JESÚS respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde Yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” Juan 12.23-26

 

Cuando podemos ver el rostro detrás de un “problema”, las circunstancias dejan de ser un “problema” y se vuelven una causa. Cuando dejamos de ver simplemente las estadísticas, y en cada número vemos una vida, una vida que vale profundamente ante Dios, esa estadística deja de ser sólo números y se convierten en un sentido, en un propósito. Cuando dejamos de ver como simples “problemas” a los inmigrantes de América Latina, a los refugiados en Europa, a las mujeres asesinadas en todo México, a las mujeres y niños traficados como esclavos sexuales, a los indígenas despojados de sus tierras, a las personas de color siendo discriminadas, a los homosexuales siendo estigmatizados y rechazados, cuando les ponemos un rostro, y un nombre, y una vida, dejan de convertirse en “problemas” y se vuelven reales, no algo conceptual o estadístico, sino alguien con valor.

JESÚS es, sin duda, quien vino a romper esas barreras entre lo conceptual y los verdaderos rostros, entre el enfermo que era separado para no contagiar, y la persona que era tocada por JESÚS para sanarle, entre la mujer samaritana que era indigna de acercarse al templo, y la mujer a la que se le reveló la adoración que busca el Padre, entre el endemoniado a quienes todos huían, y entre el hombre que predicó en toda una aldea, entre los simples e ignorantes pescadores, y los valientes que fueron instrumentos para edificar la primera iglesia.

JESÚS vino a romper esas barreras religiosas que eran construidas como muros para diferenciar, para discriminar, para humillar. Barreras religiosas construidas sobre supuestos principios bíblicos, pero que JESÚS vino a revelar la verdadera motivación detrás de esas barreras: religiosidad, un sentido de superioridad.

Mientras leía los primeros versículos del libro de Esdras, una duda surgió en mí. En Esdras 1.1 dice que “despertó el Señor el espíritu de Ciro rey de Persia”. La duda era: ¿cómo es que Dios pudo despertar el espíritu de un rey gentil (que no pertenecía al pueblo de Dios) y no despertó el espíritu de los sacerdotes que crucificaron a JESÚS? Y la duda se volvía más personal: ¿por qué Dios despertó el espíritu de un rey gentil y no el espíritu de los líderes cristianos de este tiempo para poder ver la gran tragedia en la iglesia que se ha evidenciado a través de nuestra actitud y rechazo hacia las personas LGBT? No era un reclamo a Dios, era un anhelo por entender más Sus propósitos.

Y la respuesta de Dios fue compleja en su profundidad: porque era y es necesario. Era necesario que el rey de Persia fuera despertado para que se cumpliese la Palabra de Dios dada al profeta Jeremías; era necesario que los sacerdotes rechazaran a JESÚS como el Mesías para que se cumpliese la Palabra de Dios manifestada a través de toda la Biblia, era necesario que JESÚS muriera para que trajera fruto, un fruto que sigue siendo cosechado hasta nuestros días.

Es necesario que si queremos que haya fruto, la semilla tiene que caer al suelo y morir. Morir a nuestros deseos, a nuestros anhelos, a nuestros sueños, para que el fruto eterno de Sus deseos, Sus anhelos, Sus sueños, Sus propósitos sean desarrollados en nuestra vida.

No hablo de permitir la injusticia, pero sí de comenzar a ver los rostros detrás de cada “problema” y permitir que Dios nos muestre qué es necesario desde Su perspectiva y realidad.

Dios despierte a sus hijos a Su verdad porque el mundo clama, porque Su Palabra lo promete (Joel 2.28,29).