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para que comprendiesen las Escrituras

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“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían.” Lucas 24.27

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;” Lucas 24.44,45

 

“Un ídolo es todo aquello que nos impide decirle “sí” a Dios”, leía hace algunos años atrás un tweet de parte de una líder de alabanza. Esta frase se quedó en mi mente y en estas semanas he podido recordarle nuevamente. ¿Qué nos impide decirle “sí” a Dios?

Desde ya hace algunos meses he sido golpeado por saber que los líderes religiosos del tiempo de JESÚS, aquellos hombres que conocían la Palabra, las Escrituras, que tenían acceso al templo, que eran los más eruditos de la ley de Moisés, ellos fueron incapaces de ver y reconocer quién era JESÚS. ¿Por qué? ¿Qué les impidió ver a Dios?

La razón de meditar a lo anterior es porque creo que como iglesia podemos correr el riesgo de algo similar, y aún peor: no saber ver y reconocer a JESÚS (no estar listos) cuando Él regrese. ¿Qué nos puede impedir como iglesia no reconocer a JESÚS?

En estas semanas recordé nuevamente esa situación del tiempo de JESÚS. Y mientras oraba, Dios ponía en mi mente: toda la Escritura debe llevarnos a Cristo, sino estamos haciendo un ídolo de ella. ¡Un ídolo de la Palabra de Dios! ¿No suena esto fuerte? ¡Un ídolo de la Palabra que, en lugar de revelarnos a Cristo, nos está velando nuestros ojos! ¡Qué grande tragedia! La religiosidad vestida de supuesta piedad que termina por cegarnos.

Cuando JESÚS resucita y se les muestra a sus discípulos comienza a revelarles como la ley de Moisés, los profetas, los salmos, las Escrituras hablan de Él. En Lucas 24.31 dice: Entonces les fueron abiertos los ojos.

Hoy en día, nosotros como iglesia, tenemos la gran bendición de poder tener en nuestras manos una Biblia que compila los libros tanto de ley de Moisés, los profetas y evangelios y cartas de los apósteles, algo que la iglesia primitiva no tenía. Imagina cuán grande reto era para ellos, pero nosotros hemos sido bendecidos con la Palabra.

Cada vez que tengamos oportunidad de leerla, pidamos a Dios que cada lectura, que cada versículo, que cada parte de Su Palabra nos lleve más a Cristo, nos revele más a Cristo, desarrolle más a Cristo en nosotros. Que su palabra no se vuelva un ídolo que nos impida decirle sí a Dios, sino más bien que nos lleve más a Él. Dios purifique el corazón de su iglesia de toda religiosidad, de toda doble moral, que nos enseñe a amar Su Palabra porque en ella encontramos a Cristo. Porque nuestro más grande galardón es JESÚS.

Abre Tú mis ojos y veré

Inclina mi corazón y desearé

Ordena mis pasos y caminaré

en el camino de Tus mandamientos

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en el poder del Espíritu

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“Y JESÚS volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió Su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.” Lucas 4.14,15

Dios no nos deja en el desierto para siempre como si se tratase de un Dios malvado. Si bien Él puede llevarnos al desierto a través de Su Espíritu, Su propósito es que crezcamos a la estatura de Cristo, a Su carácter. Esos desiertos son tiempos de pruebas que nos ayudan a entresacar lo precioso de lo vil, a revelar lo que hay en nuestros corazones, lo que estorba para que nuestra vida crezca en fe, en madurez, en carácter, en Su conocimiento, para ser más como JESÚS.

Cuando JESÚS regresa del desierto, Él regresa en el poder del Espíritu. Aquí vemos un paralelismo muy interesante: JESÚS es llevado por el Espíritu al desierto, y cuando regresa del desierto el poder del Espíritu estaba en Él. Pensemos por un momento: JESÚS es Dios, ¿por qué necesitaba el poder del Espíritu?

Nuestro Dios es un Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu. Cuando JESÚS regresa del desierto, vemos que esa comunión entre las tres personas de Dios se muestra en su esplendor: JESÚS tenía una comunión diaria con el Padre, y cuando regresa del desierto el Espíritu estaba en Él. El Espíritu de Dios que es dado a la iglesia para revelarnos a JESÚS cada vez más, para poder ser testigos de JESÚS en todo rincón de la tierra.

Ahora imagina, cuando vemos a JESÚS a través de los evangelios no sólo vemos a la segunda persona de la Trinidad, sino que también el Espíritu estaba con Él. Es impresionante de solo imaginarlo.

JESÚS volvió con autoridad, con confirmación, con esplendor del desierto. JESÚS siendo guiado a través del Espíritu en esa comunión diaria con el Padre. JESÚS siendo revelado a los hombres por el Espíritu.

Después de atravesar por desiertos oscuros, una labor importante para cada hijo de Dios es evaluarnos: ¿crecimos? ¿somos más como JESÚS? ¿el poder del Espíritu está en nosotros?

Suelo ver los procesos de Dios como una escalera, donde cada escalón es como un proceso o una parte de un proceso completada. Esos desiertos son parte de esos procesos y cuando Dios nos lleva en victoria a través de esos desiertos, logramos subir al siguiente escalón. Lo importante de esos procesos, de esos desiertos, es crecer y ser más como JESÚS.

Estamos por concluir un año y sería de gran valor evaluar nuestro caminar con Dios. Identificar los aciertos y también las fallas y aprender de ellas. Y sobretodo confirmar que en este año JESÚS ha sido formado cada vez más en nosotros por el poder de Su Espíritu.

Dios guíe cada día de nuestra vida como un tiempo de crecimiento a la estatura del Varón Perfecto, JESÚS.

¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

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“Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.” Lucas 12.49-51

 

Podemos quizá imaginarnos a JESÚS haciendo milagros, perdonando pecados, sanando enfermos, alimentando a la multitud, enseñando en las sinagogas. Podemos imaginarnos, en términos muy simples, a un JESÚS buena onda. Sin embargo, al leer las escrituras pocos quizá podrán descubrir a JESÚS también confrontando, mostrando que Él no vino a traer paz sino disensión.

¿No suena esto muy fuerte? ¿El Príncipe de paz trayendo disensión?

En cada parte de los Evangelios podemos ver a JESÚS confrontando toda estructura de hombres: nuestros pensamientos, nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de vivir, nuestras motivaciones, confrontando lo que verdaderamente hay en nuestro corazón. JESÚS exhibiendo a nosotros mismos lo que verdaderamente hay en nuestro corazón.

Sí, JESÚS vino a reconciliar a la humanidad con Dios por medio de la fe. Sí, JESÚS vino a traer la paz de Dios hacia la humanidad. Sí, JESÚS hizo cercanos a aquellos a quienes en otro tiempo no les era permitido acercarse.

Pero JESÚS no vino a traer paz sobre un mundo caído. Vino a trastornar un mundo caído para regenerarlo, para establecer un nuevo reino, Su Reino, no cimentar sobre lo existen algo, sino desarraigar lo que es ajeno a Su Reino.

El Reino de Dios no puede establecerse sobre las bases de un mundo que vive en rebelión en contra de Dios. Es necesario destruir lo ajeno, para cimentar sobre lo verdadero, lo eterno.

Para muchos podría parecer sencillo el sacrificio en la cruz pues JESÚS es Dios. Pero no fue así, JESÚS también era hombre, tentado en todo. El costo de esa reconciliación, de esa regeneración, para poder cimentar sobre la Verdad, fue un bautismo que le angustiaba a JESÚS: la muerte en esa cruz, la separación de Él con el Padre (Su más grande anhelo).

¿No sé si has anhelado un mundo reconciliado con Dios? Cuando caminas por la calle, o vez a alguna persona en necesidad, u oyes de lo que sucede en otros países, ¿no anhelas el Reino de Dios establecido sobre esas personas, sobre esos lugares? Pero eso no es trayendo la paz que el mundo entiende, sino estableciendo la Vida, la Verdad que es JESÚS. Puede parecer ya repetitivo, pero sólo JESÚS puede traer vida, verdadera paz, verdadera libertad a un mundo perdido en sus pecados.

Dios confronte nuestra vida para entresacar lo precioso de lo vil, lo que es ajeno a Él y confirmar lo que ha sido cimentado en Su Verdad.

llevado por el Espíritu al desierto

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“JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.” Lucas 4.1,2

 

Si algo define este tiempo en mi vida, podría definirse como un desierto, un desierto oscuro. Es un tiempo de grandes pruebas, donde la fe es puesta a prueba, donde nuestra única y completa dependencia se vuelve hacia el Espíritu de Dios, Dios mismo. Un tiempo de “incertidumbre”, donde no tenemos las cosas bajo nuestro control, y donde solo dependemos de Dios y Su misericordia, de Dios y Sus propósitos.

El desierto en la Biblia representa una transición: de Egipto a la Tierra Prometida. El desierto representa prueba: de dejar lo pasado y moverse en fe hacia el futuro. El desierto representa dependencia a Dios: donde lo único que nos sostendrá será Su Espíritu. El desierto representa movernos de nuestro estatus de comodidad y movernos hacia niveles que, aunque dolorosos en su trayecto, nos ayudarán a crecer y a madurar en fe.

Cuando JESÚS es llevado al desierto algo importante es que quien lo llevó al desierto no fue ni Él, ni el diablo, ni su familia, ni sus seres cercanos. JESÚS fue llevado al desierto por el Espíritu. Y es aquí donde vemos un profundo propósito: los desiertos son tiempos de crecimiento, difíciles, pero con propósito.

Durante ese tiempo JESÚS fue tentado por el diablo. Un diablo astuto y engañador que conocía la Palabra de Dios y le usó para intentar seducir a JESÚS con mentiras. Pero JESÚS, nuestro JESÚS, conocía el corazón detrás de la ley, conocía al Autor de Vida. Y JESÚS responde con la verdadera Palabra, no la palabra amañada, pero la Palabra de Vida.

Este tiempo de prueba, este desierto oscuro, me ha ayudado a algo que sumamente agradezco: revelar más a JESÚS. A ver a JESÚS y Su Palabra y Su sacrificio y Su tiempo en la tierra como algo tan sublime y de proporciones eternas que JESÚS cada vez más toma control de áreas y de sueños y de propósitos y de todo.

¿Ha sido un buen año? Me preguntaba a mí mismo mientras platicaba con Dios. Y la respuesta es: sí, ha sido un año de crecimiento. Un año que confío en Dios nos podrá revelar más y más a nuestro Gran Rey y Salvador, a quien anhelamos profundamente.

El Espíritu guíe a cada hijo Suyo en tiempos de prueba, que Su Espíritu nos revele más a Cristo a través de Su Verdad.

Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa

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“Y Él [JESÚS] se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Lucas 22.41-43

Los grandes hombres y mujeres de fe han enfrentado a lo largo de la historia situaciones terribles: persecución, señalamientos, burlas, peligros, y aún la muerte. Al conocer y aprender de sus historias podemos erróneamente pensar que Dios es malvado y que no cuida de ellos, pero un análisis no superficial sino profundo nos muestra todo lo contrario. ¿Por qué los hombres y mujeres realmente de fe enfrentan tan terrible oposición? Porque enfrentan a un mundo caído, un mundo que persigue sus propios deseos y, cuando un hombre o mujer de fe los confronta, ese mundo o puede abrir sus oídos y buscar arrepentimiento o buscará desacreditar y destruir a esos mensajeros. Si algo es cierto en el caminar con Dios es que enfrentaremos oposición, una oposición que en muchas ocasiones estará fuera de nuestro control y de nuestras fuerzas.

En el libro del profeta Jeremías podemos confirmar como este profeta enfrentó algo en sobremanera pesado. Los mismos sacerdotes y príncipes buscaron destruirle, asesinarle, porque no predicaba cosas “buenas” pero juicio de parte de Dios. Imagina que las personas que debían conducir al pueblo tanto en la parte espiritual como política y social, eran quienes se oponen principalmente a Dios. Y esa es la historia de más profetas.

JESÚS conocía esta situación. De hecho, Él la vivió en Su vida propia. JESÚS se lamentó de Su pueblo: ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13.34).

Al meditar en lo anterior, Dios trajo a mi mente algo que no había contemplado antes acerca de nuestro Señor JESÚS: ¿en qué momento de la vida de JESÚS crees que Él se dio cuenta que era el Mesías? ¿Cómo crees que el enfrentó esa verdad en medio de un mundo que le rechazaría?

La Biblia no nos da detalles para responder esas preguntas y seguramente especularíamos en las respuestas. Sin embargo, había una realidad: JESÚS sabía quién era Él (quizá desde pequeño lo entendió, o conforme iba creciendo) y, sobretodo, sabía que eso causaría que le condenaran a muerte, pero JESÚS para eso había venido, Sus ojos estaban puestos en la cruz, en la voluntad del Padre, aunque esto significara rechazo, persecución y la muerte misma. Pero el mayor pesar de JESÚS era uno mayor a todo esto: el rechazo de Dios, la ira de Dios consumada en la separación de JESÚS con el Padre porque JESÚS se hizo pecado por nosotros. ¡Cuán tan tremendo sacrificio!: aceptar ser rechazado por quien más amas, para acercar al Padre a quienes más te odian.

Esta semana ha sido en lo personal unas de las más pesadas emocional y espiritualmente. La situación que estoy viviendo desde hace ya casi un año si bien no es comparable a lo que JESÚS enfrentó, me ha permitido ver el sacrificio no sólo de los profetas sino sobre todo de nuestro Señor JESÚS desde una perspectiva mucho muy diferente, una perspectiva que me ha permitido identificarme, de una manera mínima quizá, a los ambientes que ellos enfrentaron.

Oraba a Dios al respecto la semana pasada. Con una carga emocional y espiritual fuerte le pedía que me guiara en este tiempo y si este caminar representaba enfrentar el rechazo de la iglesia local o aún de las personas que más amo, pero que no me alejará de Él. Y en ese momento entendí un poco más ese clamor tan profundo de JESÚS a horas de ser entregado: Padre, si quieres, pasa de Mí de esta copa.

Esa copa era algo que como hijos de Dios no enfrentaremos porque tan tremendo sacrificio que JESÚS hizo por nosotros. Esa copa es algo que JESÚS ya enfrentó: la ira de Dios, la separación de Él con Dios.

Si hoy enfrentas angustia, persecución, peligro o muerte, quiero orar por ti: Que el Espíritu de Dios traiga fortaleza en medio de nuestra debilidad, que Su Espíritu revele a nuestra vida el Camino, la Verdad, la Vida, que podamos recibir una mayor revelación de JESÚS y Su cruz.

hoy es necesario que pose Yo en tu casa

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“Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y, corriendo delante, se subió a un sicómoro para verlo, porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa.

Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un hombre pecador.” Lucas 19.1-7

Mientras preparaba un material en la empresa donde trabajo para empleados LGBT que son asignados a países donde las condiciones para personas LGBT puede llevarles a la cárcel y aún a la pena de muerte, hubo una frase en uno de los recursos que consultaba que se me quedó grabada: ¿Cuál es la razón para compartir a otros sobre tu orientación sexual: construir una barrera o construir un puente?

Esta frase se me quedó grabada porque es por muchos conocido que JESÚS es LA puerta al Padre, Él construyó un puente para que la humanidad pudiera acceder al Padre. Algo asombroso del ministerio de JESÚS en la tierra es cómo Él convivió con personas rechazadas, repudiadas, despreciadas y hasta mal vistas por la gente “normal”, sin embargo, JESÚS quería ser ese puente entre las personas y Dios, entre personas que reconocían Quién es Él.

Esa pregunta: ¿Cuál es la razón…? La podemos usar también en nuestra fe: ¿Cuál es la razón para compartir a otros de JESÚS: construir una barrera o construir un puente?

El relato de Zaqueo, un cobrador de impuestos que se había hecho muy rico, corrupto, que era considerado un pecador por los judíos por estar al servicio del imperio romano para “extorsionar” a los judíos, fue un hombre que cuando escuchó que JESÚS estaba en su ciudad, hizo todo lo posible solo por verlo. JESÚS encontró fe en Él y le dijo algo maravilloso: necesito quedarme en tu casa.

Si queremos entender un poco la reacción de las demás personas, imagina que una de las personas del gobierno en tu ciudad que tiene fama de corrupto y, además, ha hecho su riqueza de extorsionar y pedir mordidas, es el elegido por JESÚS para quedarse en su casa. ¡Qué barbaridad! ¿Cómo JESÚS puede hacer eso?

Sin embargo, si tenemos en mente que JESÚS vino a establecer ese puente entre el Padre y nosotros, JESÚS vio en ese hombre un corazón necesitado y deseoso de JESÚS. JESÚS no construyó un muro entre Zaqueo y Él, pero sí un puente.

Sigo teniendo la idea de que sí JESÚS habitara entre nosotros hoy en día al igual que en tiempos antiguos, quizá muchos de los que dicen conocer a Dios y a JESÚS ahora, serían posiblemente los primeros en ofenderse por ver a JESÚS acercarse a pecadores como esos corruptos. Porque para eso vino JESÚS: a sanar a lo que estaba enfermo, a salvar al pecador, a traer libertad al preso.

¿Qué estamos haciendo hoy con nuestra fe en JESÚS: construyendo muros o construyendo puentes?

le dolió en el corazón

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“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” Lucas 10.33,34

 

El día de ayer fui confrontado por Dios de una manera muy fuerte. Después de enojarme fuertemente contra alguien y ser áspero con esa persona, Dios no tardó en corregirme y mostrándome a través de la parábola de los dos deudores que estaba siendo como aquel hombre al que se le había perdonado una gran deuda millonaria pero que este hombre no había sido capaz de perdonar a uno de sus consiervos que le debía unos cuantos pesos (puesto en nuestro contexto). Inmediatamente fui confrontado y humillado, puesto en evidencia de mi falta de perdón y mi prontitud para enojarme. Mi deuda millonaria que Dios perdonó contra una situación donde yo no supe perdonar.

Y recordaba hoy temprano, a través de un devocional, aquella parábola del buen samaritano que ayudó a un hombre que había sido golpeado y asaltado. Esta historia es contada por JESÚS a un intérprete de la ley, un hombre conocedor de la Palabra, pero no del corazón de Dios, un hombre que buscaba probar a JESÚS y justificarse a sí mismo.

Si algo estoy impactado por JESÚS es que ha venido a romper paradigmas de hombres, y esta parábola lo demuestra. Hombres “conocedores” de Dios y que hacían alarde de que “conocían” a Dios, no fueron capaces de hacer lo mínimo por un hombre en necesidad: ayudarle. Pero un hombre despreciado por el pueblo, considerado inferior y de segunda clase (el samaritano), fue movido a misericordia y ayudó a aquel hombre en necesidad. La palabra misericordia significa “dolor en el corazón”, y este hombre sintió dolor en su corazón.

Este samaritano, que no era un erudito en la Palabra de Dios, que quizá no hacía esas largas oraciones y ni pasaba tanto tiempo en el templo (porque además no era aceptado), supo entender el corazón de Dios. Y Dios ponía en mi mente este pensamiento: ¿de qué sirve leer la Biblia, leer los libros cristianos y escuchar al predicador de moda, si fallamos en perdonar y amar aún a nuestros enemigos? Fui golpeado por ello.

No me refiero a que leer la Palabra no tenga importancia, sino al contrario, es fundamental para la vida de un creyente, es una necesidad, es un alimento. Pero si nuestro conocimiento de la Palabra no nos lleva a actuar en amor a Dios y al prójimo (los dos más grandes mandamientos que cubren toda la Ley) a través de perdonar, de ser movidos a misericordia (sentir dolor en el corazón), a ayudar a otros, aunque estos sean nuestros enemigos, creo que algo está fallando. Seremos como aquellos intérpretes de la ley que se sentían orgullosos de “conocer” a Dios sin realmente conocerle.

Hace meses recordaba algo tan sencillo pero tan profundo: si nuestros afectos, pensamientos, motivaciones y acciones no están basadas en el amor a Dios y a los demás, es simplemente pecado. Y este principio aplica a toda área y todo momento de nuestra vida.

este espectáculo

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“Entonces JESÚS, clamando a gran voz, dijo: Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.

Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. Pero todos Sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.” Lucas 23.46-49

¿Qué representa para ti la crucifixión de Cristo? Cada que tienes oportunidad de recordar la crucifixión, ¿qué sucede dentro de ti? ¿Tu corazón y tu espíritu se duelen pero a la vez en ti surge un agradecimiento tan especial a Dios por tan grande sacrificio? ¿O simplemente la crucifixión no es más que una narración más en la Biblia?

El evangelio de Lucas es enriquecedor en detalles del ministerio de Cristo en la tierra. Este evangelio, desde sus inicios, hace notar su propósito: para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido (Lucas 1.4). Este evangelio, como ningún otro, comparte detalles, justifica palabras, narra históricamente la vida de Cristo de una manera especial. Es un evangelio, podría decir yo un estudio detallado, de la vida de JESÚS en la tierra.

Es en esos detalles que Lucas nos muestra algo interesante respecto a la crucifixión de JESÚS que sigue siendo de mucha importancia en nuestros días. Cuando JESÚS estaba colgado sobre ese madero suceden cosas extraordinarias: hubo tinieblas sobre la tierra por 3 horas, el sol se oscureció, y el velo del templo (aquel velo que resguardaba el lugar santísimo en el templo) se rasgó de manera sorpresiva. El soldado romano que presenciaba aquello se conmovió pero la gente que estaba ahí solo presenciaba un espectáculo que si bien era sin igual, no dejaba de ser más que un espectáculo para sus vidas. La muerte de Cristo como espectáculo para el mundo.

La reacción de estas personas al terminar de ver este espectáculo no fue más que un golpe de pecho, un supuesto “remordimiento” por ver sufrir a aquel hombre que se decía Dios, pero seguían cegados porque aquello sólo había “golpeado” sus emociones pero no su espíritu. Los espectáculos solo provocan eso: una dosis ficticia de dolor en el alma, pero que no trae cambio alguno. ¿Recuerdas algún espectáculo que hayas visto recientemente en la TV, o en cine, o en teatro? ¿Transformó algo en ti?

Es de importancia crucial que como creyentes evaluemos qué es lo que nuestros servicios en la iglesia están provocando en nosotros. Es importante analizarnos y entender qué fruto está generando la Palabra en nuestra vida. ¿Buscamos entretenimiento o buscamos verdadera transformación, verdadera comunión con Dios?

Hoy más que nunca en la historia cristiana abundan libros, música, películas, estudios, devocionales, traducciones bíblicas, recursos de apoyo y de estudio. Si necesitas ayuda con tu matrimonio, habrá seguro decenas de libros; si necesitas aconsejar a los jóvenes, encontrarás cientos de recursos; si deseas ministrar a través de la música, habrá miles de ayudas. Y no es malo nada de eso mientras estén basados fielmente en la Palabra de Dios, pero lo que es importante es qué representa eso: ¿un espectáculo que entretiene el alma sin traer transformación, o un impacto a tu espíritu que te revela más a Cristo y a Él crucificado?

¿cuál de ellos le amará más?

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“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.” Lucas 7.47

La historia de aquella mujer pecadora que trajo un frasco de alabastro con perfume y enjugó los pies de JESÚS en casa de aquel fariseo, es una historia que conmueve profundamente. Es la historia de una mujer que reconoció a JESÚS, y le reconoció realmente aún en medio de su oscuridad. Una mujer que dejando atrás la crítica, el prejuicio social, una vida sin mayor propósito, encontró en JESÚS lo más grande que su vida pudo haber encontrado: perdón y amor.

¿Qué le hizo venir a la casa de este fariseo cuando JESÚS estaba en esa casa? ¿Qué le motivó a irrumpir en aquella comida y sin importarle si era la casa de un religioso que la acusaría de pecadora? ¿Qué le llevó hasta los pies de JESÚS y en lágrimas lavar sus pies? La respuesta es tan asombrosa como sencilla: amor a JESÚS.

Como era de esperarse, aquel fariseo criticó a la mujer (v. 39), pero JESÚS podía entender la dureza en el corazón de este hombre. La respuesta de JESÚS, a través de una pequeña historia, me impresiona mucho. En esta historia JESÚS le pregunta a este religioso, quien se creía justo en sí mismo: ¿quién amará más: al que se le perdona poco, o al que se le perdona mucho? Y el fariseo responde acertadamente: a quien se le perdona mucho. JESÚS usa esta ilustración para ejemplificar lo que estaba sucediendo con la mujer postrada a sus pies: una mujer que entendió Quien era JESÚS.

Este pasaje revela la importancia de la revelación de cuánto JESÚS nos ha perdonado, porque el amor a JESÚS estará íntimamente ligado al perdón que hemos recibido de Él. Un creyente cuyo entendimiento del pecado del cual JESÚS le ha perdonado es mínimo, traerá por consecuencia poco amor a Él; sin embargo, aquel creyente que entiende la terrible vida que llevaba sin JESÚS, al recibir perdón y reconciliación podrá entender lo asombroso del amor de Dios. ¡Cuán importante es recibir revelación y convicción de pecado en nuestra vida! ¡Y aún cuán maravilloso es saber que de todo ello JESÚS nos ha perdonado al acercarnos en arrepentimiento y gratitud como aquella mujer!

Amado creyente, no somos en nada mejores a aquella mujer pecadora. Aún más, no somos en nada mejores a la peor persona que pueda estar sobre esta tierra. Todos hemos pecado y nuestra vida necesita ser limpiada de toda esa maldad.

Cuidemos de nunca olvidar de cuánto JESÚS nos ha perdonado. No dejemos pasar un día sin traer en humildad a nuestra mente todo pecado que no ha sido confesado, porque nuestro Dios es fiel para perdonar.

¿te duele México?

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“Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” Lucas 13.34

Los hechos recientes que dominan las noticas de nuestro país son aterradores. Hombres siendo asesinados sin mayor motivo. La muerte, aquella que parece ya tan normal en las noticias y en las pláticas, ha tomado a México como rehén, ha tomado a México cautivo. La corrupción, esa que por décadas fue alimentada, ahora cobra su cuota con vidas, y vidas por doquier. En el norte, o en el sur, en ciudades y en rancherías, en las calles o en lugares despoblados. México nos duele.

JESÚS sintió un dolor por Jerusalén. En su alma, JESÚS sentía un peso por esa ciudad tan especial y amada por Él. Por siglos profetas enviados a Jerusalén para rescatarla de su idolatría y corrupción eran asesinados y perseguidos. Pero lo peor estaba por venir sobre esa ciudad: el asesinato de JESÚS por la misma gente de Jerusalén, la muerte del Hijo de Dios en esa ciudad. A JESÚS le dolía Jerusalén.

¿Te duele a ti México? ¿Sientes ese dolor tan profundo por esta tierra que por dentro una angustia tan fuerte te lastima? ¿Te duele en verdad esta tierra? Si es así, hay algo que como cristianos podemos hacer y que es más poderoso que salir a las calles, o que es más fuerte que levantarse en armas. Eso que los cristianos podemos y debemos hacer por esta tierra es ORAR y CLAMAR por México.

¿Cuánto hemos orado por esta tierra en la última semana? ¿Cuánto has clamado por aquellos hombres y jóvenes que mueren? ¿Por aquellas mujeres y niñas que son ultrajadas? Los cristianos tenemos acceso libre al Padre para clamar por esta tierra, y podemos pedir conforme a Su voluntad. Oremos por cada vida que está corrompida, oremos por cada hombre o mujer cuya vida está atada por la maldad, oremos por aquellos hombres y mujeres que viven en temor y oscuridad. Oremos por cada mexicano, por cada uno de ellos. Cada que escuches una noticia, ora por México.

A veces creemos que México está viviendo tiempos terribles. Que la maldad ha llegado a niveles inimaginables, pero hay algo que es peor que eso. Lo peor que le puede pasar a un país, es una iglesia dormida.

Estoy seguro, que en medio de esa oración y ese clamor que levantemos hacia Dios por este país, Dios nos guiará a actuar de maneras sabias para que este país sea limpiado de toda corrupción. Y cuando ese llamado a actuar sea dado a ti, no tardes en responder. Puede ser algo como compartir el evangelio a algún vecino o conocido, o puede que Dios te pida hablar con tus gobernantes y orar por ellos. Porque ese dolor y clamor que tenemos por este país, es un dolor y angustia que JESÚS también siente por esta tierra.