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toda autoridad me es dada

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“Y JESÚS se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28.18-20

 

Después de ser abierto respecto mi sexualidad, mi testimonio como cristiano ha sido afectado. Por el más de año y medio que ha durado este proceso, este testimonio ha sido “manchado” por esa realidad que implica mi sexualidad. En palabras sencillas, dentro de la cultura en la que vivimos, el ser gay me hace “no cristiano” o, para algunas opiniones un tanto más favorables, me hacen un cristiano en pecado.

Me he sentido, si puedo ser sincero, como ser parte de una minoría dentro de una minoría. Dentro de la minoría que es el cristianismo en México, soy de esa minoría que significa es gay. Dentro de la minoría que es la comunidad gay, soy de esa minoría que significa ser cristiano. Una contradicción, un anatema, un oxímoron (usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).

Debo confesar que lo único que me ha mantenido es Dios. No hay otra explicación. No hay otra razón.

El testimonio de un cristiano trae consigo cierta autoridad. Cuando un cristiano guarda su vida en integridad, esta persona adquiere en sí una autoridad moral para poder ayudar o testificar a otros. Cuando un cristiano camina por determinadas pruebas y confirma como la ayuda y fidelidad de Dios fue evidente, eso da cierta autoridad para hablar delante de los hombres. Es decir, nos volvemos testigos vivos de nuestra fe. Por el contrario, un testimonio “manchado” trae por consecuencia una falta de credibilidad, una disminución o falta de autoridad moral.

En una ocasión cuando mi ánimo no estaba del todo bien y veía como mi testimonio era percibido como que venía a menos, Dios ponía una verdad muy fuerte: la autoridad de Cristo. Podrás perder toda autoridad moral delante de los hombres, pero en ese momento la autoridad de Cristo será evidente en tu vida.

No me refiero a que nuestro testimonio sea realmente menguado por negligencia propia, sino a un testimonio que es “manchando” cuando a través de la obediencia a Dios y Su Palabra basados en el amor a Él, nos lleva a ser vistos como extraños, como ajenos.

Sé que, para algunos, el ser gay y cristiano sigue siendo una imposibilidad, y se podrá argumentar que realmente no estoy tomando la Palabra de Dios en serio. Sin embargo, algo que he podido aprender en este tiempo es el negarnos a tal punto a nosotros mismos, que dejemos que el único testimonio que brille sea la autoridad de Cristo en nuestra vida. Es verdaderamente la vida (el fruto) de Cristo, de Su Espíritu, fluyendo a través de nosotros. Esto es innegable, esto es más poderoso que lo que podamos decir o hacer.

Cuando JESÚS envía a sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio, son enviados en Su autoridad. Y la forma en que podemos entender Su autoridad en nosotros es vernos como extensión de Su reino en la tierra, sabiendo que la obra que Él ha iniciado, está haciendo y completará en nosotros será la evidencia más palpable de Su autoridad, porque aun sin hablar estaremos predicando Su Verdad y Su Evangelio.

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¿cuánto más a los de su casa?

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“El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto que no haya de ser manifiesto; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Mateo 10.24-28

 

Imaginar a JESÚS durante Su tiempo en la tierra puede ser algo asombroso y a la vez traer gran temor. Dios hecho hombre habitando en medio nuestro, caminando alrededor nuestro, predicando en sinagogas, subiendo a una barca y predicando desde ahí, sanando enfermos, perdonando pecados y trayendo libertad. Imaginar a JESÚS confrontando las estructuras religiosas y sociales, confrontando las tradiciones de hombres, y a su vez cumpliendo toda la ley. JESÚS cercano, JESÚS enseñándonos el camino al Padre, JESÚS en quien la gracia ha sido derramada.

Y como contraste, imaginar a líderes molestos, llenos de odio hacia JESÚS, buscando oportunidad para culparle y asesinarle, trae una tristeza, confronta nuestra vida, nos revela en parte con lo que JESÚS se enfrentó. Líderes acusando a JESÚS que Él, el mismo Dios hecho hombre, hacía todo eso “por el príncipe de los demonios” (Mateo 9.34). JESÚS acusado de ser un instrumento de parte del diablo, de Beelzebú.

Quisiera que pudiéramos por un momento “entender” esa postura de los líderes. Religiosos celosos de los mandamientos de Dios, hombres que conocían, y quizá a los únicos a los que les era permitido, leer los mandamientos, a los profetas, los escritos sagrados. Hombres profundamente “respetuosos” de Dios. Al menos, eso parecía a la vista de los hombres, del pueblo. Los encargados de guiar al pueblo hacia a Dios eran, contradictoriamente, aquellos quienes buscaban asesinar a Dios hecho hombre.

No era fácil para ellos deshacerse de todas esas estructuras de hombres que, si bien podían estar justificadas en la Palabra de Dios, no eran más que mandamientos de hombres, alejados del corazón de Dios. Estructuras que cegaron sus ojos, cerraron sus oídos, nublaron su entendimiento. ¿Cuánta religiosidad es necesaria para que lleguemos a ser incapaces de ver a JESÚS, al verdadero JESÚS?

Cuando JESÚS envía a Sus discípulos a predicar les advierte de la persecución que enfrentarían. Básicamente JESÚS les dice: si ellos hablan e intentan todo eso en contra mía, ¿cuánto más a ustedes? Si ellos dicen que Yo soy del diablo, ¿cuánto más a ustedes?

Estas palabras son muy muy muy fuertes. Porque los mismos discípulos tuvieron que enfrentar sus propias estructuras e ideas de quien era Dios, y tuvieron que dejarse guiar por JESÚS y, después por el Espíritu, para entender en plenitud la revelación de JESÚS. Creo que algo que los discípulos pudieron percibir en JESÚS, que no habían experimentado nunca antes y que les mantuvo firmes en Él fue que hallaron en Él vida, hallaron en Él verdad que alimenta, hallaron en Él el camino al Padre y una revelación del Padre que jamás habían conocido antes.

Al leer la advertencia respecto a las consecuencias de seguir a JESÚS (Mateo 10:16-39), muchas podrán preguntar: ¿entonces qué caso tiene seguir a JESÚS si todo lo que se espera es persecución, son azotes, son burlas, señalamientos, nuestra reputación delante de los hombres quedará por los suelos, muerte? Y la respuesta es dada por JESÚS en esos mismos pasajes: el Espíritu hablará a través de nosotros (v.20), seremos salvos (v.22), la verdad será manifiesta (v.26), nuestra vida será de gran valor para el Padre (v.31), Él nos confesará delante del Padre (v.32), hallaremos vida (v.39).

Y en esos mismos versículos, JESÚS constantemente dice: no teman (v.26, 28, 31). No temas.

Confío que los tiempos de aflicción no son comparables en la gloria futura que ha de manifestarse (Rom. 8.18).

Dios guíe a quienes enfrentan persecución a causa de Su Nombre a ser guardados de caer, que Dios los fortalezca para perseverar hasta el fin. Porque nuestro Dios es fortaleza, porque nuestro Dios es refugio, porque nuestro Dios es fiel.

no dejaría minar su casa

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“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” Mateo 24.42-44

¿Cómo saber si el cristianismo en el que creemos es mera religión y entretenimiento o una verdadera convicción? Creo que la respuesta está determinada por ¿qué produce en nosotros el pensar en la segunda venida de Cristo? La pregunta sería: ¿qué causa en ti al escuchar sobre la segunda venida de Cristo? ¿Es un anhelo en tu vida, un anhelo ardiente? ¿Produce en ti un temor reverente al grado de saber que nuestra vida necesita ser vivida en Él, por Él y para Él? ¿Causa una urgencia, una necesidad por desear que las naciones conozcan de JESÚS? O, simplemente, ¿ves esa pregunta como algo retórico, lejano, que no tiene mayor relevancia para tu vida hoy?

La segunda venida de Cristo, leía en un devocional esta semana, ha salido en cierta forma del programa de la iglesia de este tiempo. Ya casi no se predica sobre ello, de hecho, a veces lo podemos ver con algo de reserva por recordar lo que en décadas pasadas esta idea ocasionó alrededor del mundo: falsos cristos, falsas fechas del fin del mundo, falsos maestros predicando la venida de JESÚS al grado que personas se suicidaban. La venida de Cristo, si bien podemos saber que será una realidad, a veces podemos estar viviendo como si fuera algo lejano, algo que de lo que no seremos parte.

No escribiré si creo que el tiempo de la venida de Cristo está cerca, de hecho, la Biblia es clara al respecto: nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles, solo Dios Padre. Sin embargo, como creyentes se nos ha dado una orden: velar (estar atentos a todo tiempo). Sí hay señales que en la Biblia se señalan como acontecimientos que serán previos a la venida, sin embargo, la venida de Cristo nadie la sabe.

En un mundo agonizante en el que vivimos (y no quiero sonar pesimista) el anhelo de los hijos de Dios por JESÚS se vuelve un anhelo profundo, un pensamiento diario, una convicción en el corazón. Ese anhelo, lo explicaba JESÚS, nos debe llevar a constantemente estar cuidando que nuestra casa (nuestra vida) no vaya a estar siendo minada (penetrada, asaltada) por el enemigo. Sobre todo, en tiempos de terrible maldad como en los días postreros, nuestro cuidado por no dejar que nuestra vida sea penetrada es de vida o muerte.

Escuchaba un canto que es una oración. Este canto, que comparto a continuación al español, habla de ese anhelo por cuidar nuestra vida. Confío este canto se vuelva también nuestra oración constantemente.

Del amor a mi propia comodidad
Del miedo a no tener nada
De una vida de pasiones de este mundo
Líbrame, oh, Dios.

De la necesidad de ser entendido
De la necesidad de ser aceptado
Del miedo a estar solo
Líbrame, oh, Dios
Líbrame, oh, Dios

Y nada me faltará, nada me faltará
Cuando yo pruebo Tu bondad nada me faltará

Del miedo a servir a otros,
Del miedo a la muerte o el juicio
Del miedo a la humildad
Líbrame, oh, Dios
Líbrame, oh, Dios

Y nada me faltará, nada me faltará
Cuando yo pruebo Tu bondad nada me faltará

 

si la sal se desvaneciere

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“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada (pisoteada) por los hombres.” Mateo 5.13

 

Es parte del conocimiento popular de la tradición cristiana el versículo anterior. Es común que cada creyente sea enseñado que somos la sal de la tierra, la luz del mundo. Que en nosotros existe ese gran privilegio, pero también esa grande responsabilidad para evitar que el mundo siga corrompiéndose y que a través de la luz de nuestras buenas obras los hombres puedan ver a JESÚS y reconocerle como Dios, como Rey, como Señor.

Mientras se predicaba este domingo en la iglesia sobre este versículo, algo llamó mi atención de una manera muy sorpresiva. Ese versículo si bien habla que somos sal de la tierra, trae consigo una advertencia bastante fuerte: si la sal se desvanece (se hace insípida, pierde su cualidad), no sirve para nada y será echada fuera y pisoteada por los hombres.

No se habla en esta advertencia de sal que dejo de ser sal, sino de sal que perdió su cualidad principal. Creo esta es una advertencia bastante fuerte para la iglesia de nuestro tiempo, una advertencia que nos debe llevar a reflexionar y evaluar si estamos siendo verdaderamente sal para el mundo o simplemente estamos contribuyendo más a su corrupción. Hace un par de semanas compartía sobre este dolor y esta angustia en mí, cuando Dios no veía nuestras obras perfectas y al leer este versículo pudo claramente relacionarlo.

Compartía hace un par de días con una amiga que sigo sorprendido cómo que es que los religiosos del tiempo de JESÚS no lograron reconocer quién era JESÚS. Hombres conocedores de la Palabra, de la ley, de las tradiciones y costumbres judías, pero que no lograron siquiera reconocer un poco a JESÚS. Hombres seducidos por su propio entendimiento y cegados por una religiosidad que había corrompido aún la Palabra de Dios. También, recordaba al profeta Jeremías que fue perseguido por los mismos sacerdotes por declarar juicio y condenación a la nación de Israel por haber sido corrompida, corrupción que había también consumido a los líderes religiosos.

Y al meditar en ello, pude nuevamente con dolor asociarlo con lo que como iglesia podemos estar viviendo: una iglesia que hemos sido seducidos por nuestro propio entendimiento de la Palabra y nos ha cegado a ver nuestros propios pecados y arrepentirnos de ellos, una iglesia que poco a poco podemos estar perdiendo nuestra cualidad de ser sal.

En mi corazón está ese anhelo de que Dios nos lleve a un tiempo de profundo arrepentimiento como iglesia. Que como iglesia podamos ser capaces de recibir la revelación del Espíritu de nuestras obras, no solo en este tiempo, sino en décadas y aún siglos pasados de las cuales no nos hemos arrepentido. Que podamos ser quebrantados a tal grado que podamos verdaderamente clamar por el perdón de Dios y ser llevados a un tiempo de restauración.

Creo profundamente que la misericordia de Dios es nueva cada día, y que Dios da a Su iglesia de generación a generación oportunidades para reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y buscar el perdón de Dios. Este, creo yo, es el verdadero avivamiento en la iglesia de Dios.

le dolió en el corazón

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“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” Lucas 10.33,34

 

El día de ayer fui confrontado por Dios de una manera muy fuerte. Después de enojarme fuertemente contra alguien y ser áspero con esa persona, Dios no tardó en corregirme y mostrándome a través de la parábola de los dos deudores que estaba siendo como aquel hombre al que se le había perdonado una gran deuda millonaria pero que este hombre no había sido capaz de perdonar a uno de sus consiervos que le debía unos cuantos pesos (puesto en nuestro contexto). Inmediatamente fui confrontado y humillado, puesto en evidencia de mi falta de perdón y mi prontitud para enojarme. Mi deuda millonaria que Dios perdonó contra una situación donde yo no supe perdonar.

Y recordaba hoy temprano, a través de un devocional, aquella parábola del buen samaritano que ayudó a un hombre que había sido golpeado y asaltado. Esta historia es contada por JESÚS a un intérprete de la ley, un hombre conocedor de la Palabra, pero no del corazón de Dios, un hombre que buscaba probar a JESÚS y justificarse a sí mismo.

Si algo estoy impactado por JESÚS es que ha venido a romper paradigmas de hombres, y esta parábola lo demuestra. Hombres “conocedores” de Dios y que hacían alarde de que “conocían” a Dios, no fueron capaces de hacer lo mínimo por un hombre en necesidad: ayudarle. Pero un hombre despreciado por el pueblo, considerado inferior y de segunda clase (el samaritano), fue movido a misericordia y ayudó a aquel hombre en necesidad. La palabra misericordia significa “dolor en el corazón”, y este hombre sintió dolor en su corazón.

Este samaritano, que no era un erudito en la Palabra de Dios, que quizá no hacía esas largas oraciones y ni pasaba tanto tiempo en el templo (porque además no era aceptado), supo entender el corazón de Dios. Y Dios ponía en mi mente este pensamiento: ¿de qué sirve leer la Biblia, leer los libros cristianos y escuchar al predicador de moda, si fallamos en perdonar y amar aún a nuestros enemigos? Fui golpeado por ello.

No me refiero a que leer la Palabra no tenga importancia, sino al contrario, es fundamental para la vida de un creyente, es una necesidad, es un alimento. Pero si nuestro conocimiento de la Palabra no nos lleva a actuar en amor a Dios y al prójimo (los dos más grandes mandamientos que cubren toda la Ley) a través de perdonar, de ser movidos a misericordia (sentir dolor en el corazón), a ayudar a otros, aunque estos sean nuestros enemigos, creo que algo está fallando. Seremos como aquellos intérpretes de la ley que se sentían orgullosos de “conocer” a Dios sin realmente conocerle.

Hace meses recordaba algo tan sencillo pero tan profundo: si nuestros afectos, pensamientos, motivaciones y acciones no están basadas en el amor a Dios y a los demás, es simplemente pecado. Y este principio aplica a toda área y todo momento de nuestra vida.

el espíritu a la verdad está dispuesto

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“Vino luego a Sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26.41

 

Hay dos aspectos en los que como personas vivimos continuamente: la parte espiritual, y la parte carnal. La Biblia habla continuamente de la importancia de fortalecernos en el espíritu, de andar en el espíritu, de alimentar el espíritu, de buscar las cosas espirituales; pero también la Biblia es clara en advertirnos que debemos sujetar la carne y no dejar que sus pasiones nos dominen, que el andar en la carne produce muerte, que el alimentar la carne traerá por consecuencia obras de la carne.

Vivimos como humanos en un mundo caído que está alejado de los propósitos de Dios y cuyo reino es un reino de Satanás, de muerte. Continuamente el mundo, en todo momento podría decirlo, está alimentando a la carne: a través de la música, de conversaciones no centradas en Dios, de la televisión, o el cine, o el internet, o el simplemente estando en algún lugar. El mundo que no conoce lo espiritual, está continuamente alimentando nuestros deseos humanos.

No quiero sonar como un religioso que todo lo ve mal, sin embargo, quiero ser claro acerca de una realidad de la que continuamente estamos rodeados pero que podemos estar ignorando, o nos hemos acostumbrado mucho a ella, y esa realidad es que todo lo que no está con Dios, está contra Dios, no hay términos medios. Si lo que escuchamos, o vemos, o leemos, o platicamos, no es algo que está alineado a lo que Dios agrada, entonces podemos confirmar que está en contra de Dios. Hoy más que nunca hay una separación tremenda entre lo secular y lo espiritual, y de hecho hablar de aspectos espirituales que honren a Dios es menos frecuente en el mundo. ¡Necesitamos tener mucho cuidado!

El día de ayer Dios traía a mi mente ese pasaje en el que JESÚS enfrentaba tremendo dolor porque se acercaba Su crucifixión. Dios les dice a Sus discípulos después de encontrarlos durmiendo cuando les había pedido que velaran y oraran, que el espíritu está dispuesto pero nuestra carne es débil. La magnitud del ambiente espiritual que estaban enfrentando tanto JESÚS como Sus discípulos en ese momento eran tan fuerte, tan pesado, tan complejo, que la carne en cualquier momento podría dominar si es que el espíritu no estaba fortalecido. JESÚS lo entendía muy bien, pero Sus discípulos no lo habían comprendido.

La urgencia en la que vivimos en estos tiempos es grande. Hoy más que nunca nuestra fe es probada y es puesta en duda por todos lados. Podemos escuchar mensajes que suenan coherentes, pero que son contrarios a la Palabra, y nuestra carne puede caer si es que nuestro espíritu no está fortalecido. Es por eso la importancia de pasar tiempo con Dios, de leer Su Palabra, de meditar en ella, de ayunar para someter todo deseo de la carne y alinearnos a los propósitos y voluntad de Dios.

Si tuviéramos que elegir entre ir al cine o leer la Palabra, ¿qué elegiríamos? Si tuviéramos que elegir entre ver un partido de futbol o pasar tiempo a solas con Dios, ¿cuál sería nuestra respuesta? Si tuviéramos que elegir entre ir a una fiesta o ayunar, ¿dónde estaríamos?

No estoy diciendo que todo eso es malo, pero sí que necesitamos estar bien alertas de lo que está influenciando nuestra vida para bien o para mal y dónde está nuestra mayor fuente de alimento.

despertará su oído

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“Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído”. Job 36.15

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5.3,4

Cada vez que tenemos oportunidad de concluir un ciclo, es de valor poder evaluar nuestro caminar y confirmar cuán bueno y fiel Dios ha sido con los Suyos. Aún en medio de la dificultad, de la prueba, del llanto y la pobreza, Dios ha mostrado Su presencia y cuidado de maneras muy especiales.

Para algunas personas este ciclo llamado 2015 que estamos por cerrar ha sido un tiempo de profunda prueba emocional y espiritual, ha sido un año lleno de retos, de pruebas, de pasos en fe que difícilmente podrían superarse en fuerzas humanas. Yo miro hacia atrás y veo la fidelidad y cuidado de Dios.

Hace un par de días, en medio de una prueba emocional y espiritual muy fuerte, Dios habló a mi vida a través del libro de Job, cuando Dios muestra que en esos tiempos de aflicción, Dios despertará nuestro oído. Y así lo creo porque en esos tiempos nuestra alma y espíritu necesitan estar aún más atentos a la dirección de Dios para evitar ser llevados por la confusión y la duda.

El pobre, dice también en Job, será librado y JESÚS en las bienaventuranzas confirma que de los pobres de espíritu es el reino de los cielos, hombres y mujeres que reconocen su necesidad tan profunda de Dios para enfrentar toda prueba.

¿Ha sido un año de aflicción, de lágrimas, en que te has reconocido pobre de espíritu? Recuerda, Dios está atento a ello y Sus promesas son libertad, un oído despierto y consolación. Permite que Dios en estos últimos días del 2015 esas promesas puedan ser una realidad que se extienda al 2016.

Confío Dios despertará nuestro oído para este 2016 y los años que han de venir.

el espíritu a la verdad está dispuesto

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“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26.41

En uno de los momentos más desafiantes de JESÚS en la tierra, Sus discípulos más cercanos son llamados a velar junto con Él, pero ellos fueron vencidos por el sueño. En pocas ocasiones en los evangelios se describe a JESÚS como que estaba “muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26.38), en esta ocasión, justo unas horas antes de ser entregado, Él atravesaba la prueba más grande: no negar el propósito al que fue llamado por Dios aún cuando esto significaba la muerte.

Los discípulos, por su parte, aún sin entender lo que realmente estaba sucediendo en el plano espiritual, no lograron percibir el gran dolor por el cual atravesaba JESÚS. Imagina que estás cerca de un ser muy querido quien atraviesa una prueba tremenda y te pide que estés cerca de él durante ese tiempo, pero tú eres vencido por el sueño. Aunque en términos muy sencillos y quizá no comparables, así era lo que sucedía con los discípulos en este tiempo.

Este pasaje nos enseña una gran lección: en tiempo de gran prueba, debemos estar velando y orando para que la tentación no nos venza. Y es en estos tiempos donde aquello de lo que hemos alimentado nuestra vida, mostrará sus fruto. Si por largo tiempo hemos alimentado los deseos de la carne, no será de sorpresa que los frutos sean frutos de la carne; pero por si lo contrario hemos alimentado el espíritu, por consecuencia habrá fruto del Espíritu.

Puedo recordar un par de ocasiones de gran prueba en los últimos meses. Tiempos en los que en ocasiones no lograba entender dónde terminaría todo, pero algo era cierto: ¡Dios es fiel! En esos tiempos lo que más me golpeó fue que mi corazón estaba tan plagado de cosas que no eran de Dios, sino de cosas de las cuales yo había alimentado mi vida: enojo, ira, y demás cosas que no había percibido estaban ahí. Pero estos tiempos de prueba revelaron cosas, cosas muy terribles.

Si en algo ayudan los tiempos de prueba, es en revelarnos de qué estamos llenando nuestra vida.

Como hijos de Dios, hay una labor de la cual no podemos desprendernos ni un solo instante: velar y orar. Velar porque el mundo en que nos movemos es un mundo caído que necesita Su luz. Orar porque en la oración podremos comprender cuál es la voluntad de Dios.

Dios guíe en victoria a cada hijo Suyo en tiempos de gran prueba.

la señal del profeta Jonás

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“La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.” Mateo 16.4

Si hubo un profeta muy peculiar en la Biblia, fue el profeta Jonás. Un profeta que huía de la voluntad de Dios hasta terminar dentro de un gran pez. Un profeta que sabiendo a donde ir enviado por Dios, prefirió ir justo al lugar contrario. Un profeta que sin haber recibido revelación alguna de profecías tremendas del futuro como la mayoría de los profetas en el Antiguo Testamento, ese profeta solo recibió una profecía: pregonar destrucción de parte de Dios sobre Nínive porque su maldad había subido delante de Dios.

Un profeta peculiar porque enviado, huía. Porque fue llamado a pregonar una sencilla pero poderosa palabra: arrepentimiento en Nínive. (Jonás 3.8).

Es de maravillarnos cuando JESÚS hace referencia de Jonás a los fariseos y saduceos (religiosos hasta el extremo). Cuando estos religiosos cegados por su entendimiento se acercan a JESÚS, le demandan una señal que demostrara que Él, JESÚS, era realmente el Hijo de Dios, el Mesías. Lo interesante aquí es que cuando estos religiosos se acercan a Dios, la fama de JESÚS por todo Israel era imparable, y había hecho muchos milagros nunca antes presenciados por alguna generación narrada en la Biblia. Sin embargo, estos religiosos querían probar a JESÚS, querían saciar su morbosa carne, no realmente conocer a Dios.

Pero JESÚS, es maravilloso leerlo, no responde como los humanos esperaríamos que respondiera, sino que responde simplemente con: la señal de Jonás, será esa la señal que ustedes recibirán. ¿Pero cuál señal si Jonás no hizo milagro alguno ni obra grande delante de los hombres? Pero JESÚS sabía que esa generación no abriría su corazón aún viendo a JESÚS sujetando al sol con Su mano, porque ellos estaban cegados, cegados profundamente.

Hoy en nuestro tiempo la situación no es diferente al tiempo de JESÚS. Hombres envanecidos en su oscuro entendimiento, seducidos por las cosas y los placeres del mundo sin siquiera poder ver a JESÚS cuando aun puede que estén hablando de Dios, como aquellos religiosos. Hoy nuestra generación demanda señales por todos lados, esperan escuchar la siguiente mentira sobre el fin del mundo, o el hombre que hace milagros, o la falsa profecía que se pregona por doquier. Busca, nuestra generación, encontrar señales en la ciencia, y encontrar sentido de la vida en el conocimiento de hombres. Nuestra generación, tan llena de ciencia y conocimiento, está tan cegada como la generación del tiempo de JESÚS, y aún más.

Pero así como en el tiempo de JESÚS, hay una sola señal que será mostrada a nuestra generación: arrepentimiento, porque Dios habita ahí, con el quebrantado y humilde de espíritu.

JESÚS hizo milagros que trastornaron a un imperio entero como el romano, pero una señal solo fue dada y esa señal es tan vigente en nuestros días: reconocer nuestros pecados, apartarnos de ellos, y creer que JESÚS ya pagó toda la deuda por esa maldad. No hay mejor señal que esa, no hay mejor profecía que esa.

el pueblo asentado en tinieblas

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“Cuando JESÚS oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí., para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sobra de muerte, luz les resplandeció.

Desde entonces comenzó JESÚS a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Mateo 4.12-17

El reino de los cielos siempre traerá una reacción en las personas, para algunos traerá esperanza y reconciliación, para otros será motivo de incomodidad, enojo y burla. El reino de los cielos no puede ser ignorado, es tan poderoso, es tan sublime, es tan excelso.

El reino de los cielos si se ha establecido en cada creyente, no puede pasar desapercibido porque es luz, es vida, es santidad. En cada creyente el anhelo por lo que es justo, lo que es digno, lo que es puro, lo que es santo, se vuelve un anhelo cuando el reino de Dios tiene control sobre su vida, es algo de lo cual no se puede alejar e ignorar. Sin embargo, para aquellos que viven ajenos de ese reino, el reino de los cielos será incomodidad porque revelará la maldad en ellos y a su alrededor, traerá enojo porque al ser expuestos buscarán justificarse, será de burla porque intentarán reducirlo a mera apreciación de hombres y no a una realidad mayor de la que se vive.

JESÚS en la tierra ha sido uno de los más grandes milagros en la Biblia. Dios mismo cuyo anhelo es acercarnos a Su reino, hacernos partícipes de él, compartir Sus riquezas con los Suyos, las riquezas de un reino que no se cuantifican en términos humanos pero sí celestiales. JESÚS habitando en medio de un pueblo asentado en tinieblas y en el que una luz tan maravillosa, como lo es JESÚS y Su predicación, traían esperanza.

No es casualidad, bajo las condiciones en las que el mundo se encuentra, que la predicación inicial de JESÚS fue: Arrepiéntete. En otras palabras JESÚS nos manda: deja tu camino de maldad atrás, ya no vivas en la vanidad de este mundo, ya no anheles la maldad que este mundo te ofrece, mas busca ahora el reino del cual JESÚS es Rey. Y ese mandamiento, arrepiéntete, tiene una fuerte verdad en él: tenemos que reconocer que vivimos en maldad para arrepentirnos realmente.

El pueblo asentado en tinieblas primero necesita reconocer su condición, y la forma en que esa condición es revelada es a través de ver gran luz: JESÚS.

Acércate a JESÚS y Sus palabras y verás que gran luz iluminará tu vida. Pero ten mucho cuidado, porque la luz revelará muchas cosas en ti que no son más que tinieblas y maldad, de las cuales necesitarás arrepentirte y alejarse. Recuerda: el reino de Dios no puede ser ignorado.