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cuando la iglesia no tiene todas las respuestas

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“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.  Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.” 1 Pedro 4.12-14

parte 1: el temor a regresar

He regresado de Ghana y este tiempo después de Ghana ha sido un mundo de emociones. Estoy muy agradecido con Dios por el gran privilegio y bendición de poder viajar a este país y poder ser un instrumento de bendición para esta tierra. Estoy, sin duda, muy agradecido por esta oportunidad que confío en Dios podrá ser la primera de muchas muchas más. Las personas que conocí, los lugares que visité, las vidas que tocaron mi vida, y un pueblo que en su necesidad busca superarle.

Y también siento una profunda tristeza, quizá depresión, a la que no he podido ponerle palabras para describirle completamente. Compartía en Facebook con un toque de broma que siento como si tuviera una depresión post-parto pero sin el parto. Justo después de compartir en Facebook, amigos, hermanos, con una preocupación e interés genuino comentaron palabras de ánimo. Un amigo, un querido amigo cristiano, me comentaba que esta depresión/tristeza era algo normal después de vivir un tiempo tan grande y tan impactante; este amigo, hermano, compartía que él enfrentó algo similar al regreso de un viaje de misiones. Una querida amiga-hermana-confidente-mi mejor amiga compartió algunos versículos de la Biblia y se ofreció a orar por mí, algo que valoro grandemente.

Los días pasaron y la tristeza parecía no menguar sino crecer. Algunos días mis ojos se han llenado de lágrimas y algo dentro parece no contenerse y querer explotar en llanto. Aun recuerdo, que estando en el aeropuerto quizá de Londres o de Dallas ya de regreso, quería llorar y llorar con una profunda tristeza que estaba ahí sin saber por qué. Y hoy, mientras escribo estas letras, mis ojos y aún más mi corazón están bañados de una tristeza que platicaba con Dios no sé como describirle y sigo sin entender por qué está ahí. He estado entre pensativo, retraído, sin muchas palabras, ensimismado.

Mientras platicaba con Dios, Él me recordaba que no hay nada de que temer, no somos más esclavos del temor. Y me preguntaba, ¿acaso tengo temor? Y la respuesta es quizá tan extraña como cierta: tenía temor de regresar a México. No es porque México está enfrentando sus propias luchas como sociedad, que son muchas y son terribles, sino porque aún no sé qué sucederá en mi iglesia local después de que tuve que dejar de servir en mi iglesia por ser gay e iniciar un proceso con mi pastor para entender qué es lo que la Biblia dice sobre la homosexualidad. Aunado a ello, no sé cómo mi familia reaccionará ante esta situación. No han sido meses fáciles, pero han sido meses en los que visto la mano de Dios de manera asombrosa. Y sé que Dios me sostendrá, en verdad confío que así será.

Aún más dentro, a veces siento que no pertenezco a donde creí pertenecer, a una iglesia local que tanto amo y donde mis líderes y grandes personas han sido de bendición durante muchos años. Cuando tengo oportunidad de platicar con algunos (muy pocos) amigos respecto a esta situación, he visto una reacción de enojo y de impotencia de parte de ellos contra la iglesia, sin embargo, he pedido a ellos no sentir eso en contra de mi iglesia, porque eso me dolería aún mucho más. No es una lucha de ellos contra mí, sino es una lucha donde la verdad y lo que viene de Dios necesita ser revelado a Su iglesia. Y una angustia desde hace meses en mí es que si como iglesia estamos listos para recibirlo.

Dios ha dado Palabra a mi vida durante estos meses: No temas, ya no eres esclavo del temor, eres hijo Mío; Yo te he hecho valiente; esfuérzate y sé valiente; este es el tiempo, no temas. Y Dios ha confirmado a través de oraciones, palabras, respuestas asombrosas. En verdad he visto la mano de Dios de una manera muy especial, muy especial.

La tristeza, si bien puede estar ahí, sé que ha revelado el temor que aún hay en mí. Un temor que, si bien puede ser justificado, ya ha sido derrotado porque el verdadero amor echa fuera todo temor.

 

parte 2: cuando ser gay es ilegal

Ghana es uno de los 76 países donde existen legislaciones que condenan a las personas LGBT con prisión hasta la pena de muerte. En el caso específico de Ghana, la condena puede llegar hasta 25 años de cárcel y no existen, por consecuencia, alguna legislación que evite la discriminación en base a la orientación sexual o la identidad de género.

En contraste, IBM, la compañía donde tengo oportunidad de trabajar, ha sido pionera en desarrollar políticas de inclusión y no-discriminación hacia las personas LGBT aún antes de que las legislaciones en los países les hayan desarrollado. Además, IBM ha desarrollado políticas que incluyen beneficios para sus empleados que han formado familias homoparentales. IBM ha logrado, gracias a sus avances de inclusión y no-discriminación, ser clasificada continuamente como una de las compañías más seguras para trabajar para personas LGBT.

Cuando recibí la noticia de que viajaría a Ghana, una de mis primeras búsquedas acerca de este país fue el entender sus legislaciones respecto a este tema. Con cierta reserva comencé a buscar información respecto a qué lineamientos IBM recomienda seguir para empleados gays que, como en mi caso, necesitamos viajar a este país. IBM, consciente de esta situación en diversos países, dentro del tiempo de preparación antes de viajar recomendaba ser prudentes, cuidando en todo momento la seguridad de sus empleados.

Siguiendo esta recomendación, uno de mis primeras preocupaciones fue el contenido en mi blog personal y mis cuentas de redes sociales que pudieran de cierta forma identificarme como gay. Sin embargo, Dios continuamente me recordaba que, si bien necesito ser cuidadoso y prudente durante mi tiempo allá, no había porque temer.

Cuidé mucho el tema en la medida de lo posible durante mi tiempo en Ghana y, personalmente, no soy de las personas que suelan platicar con toda persona respeto a mi sexualidad, no por miedo ni vergüenza, pero sí por prudencia y sabiendo que el ser gay cristiano sigue siendo un tema en el que aún hay mucho trabajo por hacer tanto dentro de la iglesia como fuera de ella.

Durante mi tiempo en Ghana hubo tres ocasiones donde el tema de mi sexualidad pudo ser “descubierto”. La primera de ellas se dio cuando algunas personas comentaron sobre la homosexualidad con cierta burla; yo con una reserva un tanto evidente durante la plática, decidí no comentar al respecto. La segunda ocasión fue cuando una persona estaba revisando en mi computadora una información usando el navegador. Cuando esta persona intentó abrir la página de Google, en el historial de páginas visitadas se mostró como sugerencia al teclear la letra “g” la página del sitio cristiano para personas LGBT donde colaboro.

La tercera ocasión fue mucho más personal. Dios me permitió durante este tiempo en Ghana desarrollar una amistad con un chico cristiano al que estimo y quiero muchísimo. Esta amistad basada completamente en nuestra en fe JESÚS ha sido de los más grandes regalos de parte de Dios durante este viaje. Una amistad profunda, con mucha confianza y con una plena convicción de que es una amistad de parte de Dios. Durante los días en Ghana, un tema que siempre estaba presente era mi situación en la iglesia y el porqué ya no me era posible servir en mi iglesia. Mi respuesta a este chico era: es un tema que es un tanto difícil que si Dios permite platicaremos en su momento.

Oré a Dios durante varios días. No quería primero que esta amistad fuera dañada por el tema de mi sexualidad, pero también quería ser prudente respecto a la situación que chicos gays enfrentan en Ghana. Dios me guió a un tiempo en el que Su Palabra fue de gran paz y consuelo. Días después, pude escribir una carta para mi amigo (mi hermano espiritual) donde compartía la situación que estoy viviendo en mi iglesia y la razón de todo ello (mi sexualidad). Sin embargo, el tiempo para entregarle esta carta no sé dio hasta el día en que tuvimos que despedirnos porque era tiempo para regresar a México. Quería ser prudente a las recomendaciones de IBM y también, quería ser sensible a los tiempos de Dios. Ese tiempo, así lo creo, fue justo ese último día en que nos despedimos.

Quiero ser sincero que mi cariño por Ghana no ha cambiado en lo absoluto. Ghana, su gente, el tiempo ahí, han sido una de las mayores bendiciones que Dios ha traído a mi vida. Agradezco a Dios profundamente este regalo. Fue un tiempo que cambió muchas cosas en mí para bien y que han ayudado a que este hijo Suyo pueda crecer. Además, Ghana no es el único el país con ambientes hostiles para personas LGBT. En México, ya con legislaciones que buscan la inclusión y el respeto, la discriminación sigue siendo una realidad no solo para personas LGBT, sino también para mujeres, para indígenas, para inmigrantes.

 

parte 3: cuando la iglesia no tiene todas las respuestas

Ya de regreso en México, platicaba con Dios cómo a veces no es sencillo el ser gay (no como queja o vergüenza, sino como un dolor dentro de mí). Visitar un país con legislaciones que te hacen “delincuente” por ser gay. Cuando desarrollas una amistad profunda con alguna persona (chico o chica) y se llega el momento de compartir que eres gay. Cuando tienes que enfrentar procesos en tu iglesia, o en tu familia, o en tu círculo de amigos, o en tu trabajo donde tu sexualidad pone en riesgo muchas cosas, principalmente tu relación con esas personas.

Dios ponía en mí que esta situación no es exclusiva de mi sexualidad, sino que mujeres siguen enfrentando situaciones similares. Hoy en día, en Jalisco, la alerta de género ha sido declarada debido al alto índice de asesinatos hacia mujeres. Y Jalisco es, lamentablemente, uno de más estados en México donde ser mujer es un riesgo.

Aunado a ello, Dios también me permitió comprender una realidad espiritual aún mayor. Durante el tiempo en que JESÚS estuvo en la Tierra, los líderes religiosos y la sociedad judía no comprendían como Él podía ser el Mesías, el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. El entendimiento de los líderes religiosos respecto a la Palabra de Dios no les permitía comprender quién era JESÚS, al grado que tuvieron que asesinarle por considerarle un riesgo muy fuerte a sus creencias y la sociedad.

Mi situación como gay cristiano es en poco, y muy poco, comparable a lo que vivió JESÚS. Sin embargo, Dios me recordaba cómo esta situación personal puede ser usada para comprender cómo podemos ser partícipes de los padecimientos de Cristo (1 Pedro 4.13), padecimientos mostrados en rechazos, burlas, exclusión, y aún la muerte. Para muchas personas en la iglesia los chicos y chicas que somos LGBT y que guardan su fe cristiana con una profunda reverencian y cuidado, somos considerados una contradicción, un anatema, una imposibilidad dentro del cristianismo. Y ahí Dios nos llama aún más a guardar nuestra fe, a ser como Cristo: mansos, humildes, amando en todo momento aún aquellos quienes buscan nuestra muerte.

Esto no sugiere que debemos conformarnos a esos ambientes hostiles y no buscar cambiarles. Sin embargo, nuestra más grande herramienta para impactar esos ambientes y transformarles para bien es permitir que Cristo brille en nosotros cuando esos ambientes tratan de consumir nuestra fe y nuestra vida. Las tinieblas no se vencen con tinieblas, sino se vencen con luz. El mal no se vence con mal, sino con el bien. Porque en la medida que más chicos LGBT verdaderamente cristianos se levanten con el carácter de Cristo en medio de sus iglesias, en esa misma medida Dios irá transformando a la Iglesia que tanto necesita de Dios.

Es doloroso imaginar y enfrentar que el ambiente hostil que muchos chicos y chicas LGBT enfrentan en sus familias, en sus escuelas, en sus trabajos, en la sociedad, pueden ser ambientes que pueden estar viviendo también en la iglesia y, aún peor, que la iglesia pueda ser usada como un instrumento humano para promover, justificar y alentar esos ambientes. Y es ahí cuando descubrimos a una iglesia que se ha alejado de su propósito y su llamado, a una iglesia que, llamada a ser luz y el cuerpo de Cristo, ha sido llevada cautiva por el entendimiento humano.

Quiero ser nuevamente claro: amo a la iglesia (entendida como el cuerpo de Cristo) y a mis líderes y hermanos en Cristo. No quiero ser un medio de condenación y juicio hacia la iglesia donde con profunda fe sé que pertenezco y cuya permanencia y acceso es dada a través de la fe en JESÚS. La iglesia, esa comunidad de miembros imperfectos que unidos a través del Espíritu es un medio a través del cual Dios restaura, consuela, alienta, exhorta, enseña, disciplina.

En este tiempo de tristeza después de Ghana he comprendido que nosotros como iglesia necesitamos movernos hacia niveles mayores de fe y obediencia a Cristo y Su Palabra, más allá que nuestro entendimiento humano. He comprendido, con dolor y quizá temor, que como iglesia carecemos de todas las respuestas, y es por ello que necesitamos ser guiados por el Espíritu a toda verdad porque solo Su Espíritu y no nuestro entendimiento podrán liberarnos de toda atadura, porque Su Verdad nos hará libres, porque donde está el Espíritu de Dios ahí, y solo ahí, hay libertad.

 

si los sueños fueran de poemas

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si los sueños fueran de poemas

que en quietud callados contemplan

el amor y la justicia que en Su cuerpo

en perfección se conjugan

 

si los sueños fueran nuestros

de Él y Su pueblo

acompañados de suaves cantos

que con autoridad lo proclaman

 

si las realidades nuestras

por los sueños contagiadas fueran

sin dudar los espíritus secos

desbordarían manantiales eternos

 

si el desconsolador desierto

que a nuestro alrededor se impone

clamara dolido en lamento

con la voz de huestes quebrantadas

 

si los sueños fueran tan cercanos

más aún que la realidad gélida

no habría en nosotros llanto

mas alegría que en paciencia espera

 

a México, que nos duele hoy más aún.

la política con la que soñé ayer

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Eran las 6:50 de la tarde y esperaba sentado en una banca afuera de un café en aquella calle que huele a Europa, a América, que sabe a México. Esperaba con breve impaciencia el inicio de una plática que el ahora candidato independiente a diputado local por el distrito 10 estaría compartiendo con el propósito de construir redes de ciudadanos (#ocupantes) en Guadalajara. Mi ánimo iba más allá de esa plática, mi ánimo iba más allá que una simple charla de política, mi ánimo había sido despertado por creer que hacer una política diferente es posible en las democracias que, como la mexicana, sufren demasiado por la falta de representación verdadera de los ciudadanos que, como yo, sentimos un hartazgo de la pseudo-política que ha paralizado sociedades enteras alrededor del mundo, un hartazgo que nos llama a despertar y buscar opciones reales para lograr el establecimiento de principios democráticos verdaderos.

Poco después, sin mucha espera, aquel hombre venía a pie, como cualquier otro joven en aquella calle, acompañado por una joven. Sin mayor prisa, sin mayor estruendo, sin mayor presentación lisonjera, intercambiamos un par de palabras y decidimos caminar dentro de aquel café. Un café tan normal como aquel que seguramente albergó, así lo sentía yo, tantas pláticas de C.S. Lewis y J. R. R. Tolkien en Inglaterra hace ya muchos años. Saludando a un par de personas que estaban ya dentro del café, esperamos por la pequeña sala donde la plática tendría lugar.

La plática inició. Una presentación por parte de aquel joven que se iniciaba en la política local, una joven que nos explicaba cómo construir nodos de ciudadanos (#ocupantes), y una sesión de preguntas y respuestas que fue más un espacio para el intercambio de ideas; porque si bien ellos (los organizadores de esa sesión) no tenían todas las respuestas, nosotros (los asistentes) nos sentíamos también parte de ellos. Era el espacio para toda persona revolucionaria, de esa que busca opciones más que quejas, que busca respuestas conjuntas más que la idolatría de un personaje distante, que sueña y no se cansa de soñar mientras actúa. Porque en ese grupo de quizá diez personas había tanta diversidad de ideas como la que hay en los que sueñan y se arriesgan por cambiar.

Y ahí, en esa plática se hablaba de redes de ciudadanos (#ocupantes) que iban más allá de un proceso electoral. De ciudadanos organizados que transforman una calle, una colonia, una ciudad por el simple afecto que le tienen a ella, porque en ella estamos nosotros, estamos todos. Ciudadanos (#ocupantes) que se vuelven ciudadanos todos los días, no cada tres años. Ciudadanos (#ocupantes) que proponen, que se organizan para llevar a cabo lo propuesto, que vigilan como quien cuida de algo que le pertenece. Ciudadanos (#ocupantes) que se sienten dueños del país –como diría Denise Dresser- y no sólo alquiladores de él, porque quien siente que un país le pertenece lo limpia, lo aspira, lo cuida, lo protege.

#LosMurosSíCaen, se repetía en más de una ocasión. Los muros de un sistema político que sólo abre puertas para conseguir votos cada tres años y una vez obtenidos (o comprados) se encierran en las murallas para repartir el botín que es México. #LosMurosSíCaen, esa frase que sonaba a utopía nos movía a creer que la política, la verdadera política, le pertenece a los ciudadanos quienes pagan (porque realmente así sucede) a un individuo para que les represente y les represente con honestidad y ética. #LosMurosSíCaen, porque las grietas que permitirán que se derriben se han estado agrandando ante la realidad que nos intenta robar el ánimo. #LosMurosSíCaen, porque así como era “imposible” que Alemania fuera reunificada – así lo comentaría una de las asistentes- vimos con asombro y alegría un muro que caía después de décadas de vergüenza.

Al finalizar aquella plática, aquel joven descrito como tímido por algunos, dijo algo que sonaría más a todos: yo no pretendo volverme el cacique de las candidaturas independientes. Porque este joven era todos, porque este joven que en fotografías se esconde entre la multitud no es más que la multitud toda.

Sin compartir propuestas porque aun las campañas no iniciaban, aquel joven apresurado por concluir a tiempo la sesión debido al respeto a todos, comía una manzana y una mandarina como cualquiera de nosotros.

Y ese ayer fue hace una semana.

¿de quién temeré?

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“El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmo 27.1

Hay ocasiones en que a tu mente llega una verdad que llena tus días. Sin esperarlo, Dios a través de Su Espíritu te recuerda esa verdad que quizá teníamos por olvidada, pero Su Espíritu está ahí para recordarnos toda verdad. “¿De quién temeré?”, recordaba mi mente al principio de la semana mientras me conducía al trabajo. Y esa frase no es un conjuro mágico que uno repite para sentirse bien, sino es una verdad que ha sido revelada a nuestro espíritu y refleja una realidad tremenda: Si Dios es por nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?

Y cuando una verdad llega a tu vida, puedes descansar en ella, puedes liberarte de toda carga y descansar en JESÚS, puedes confiar que Su verdad no depende ni del tiempo, ni de nuestro estado de ánimo, ni de nuestra condición, ni de nuestro alrededor. Su verdad es para siempre.

En México, este país que amamos tanto, atravesamos por tiempos tan desafiantes que a veces nuestro ánimo puede desfallecer en la tristeza y el temor. En este país tan hermoso y lleno de tanta bendición, pareciera que la maldad se ha instaurado tan profundamente que pareciera que ya es normal y común, y que la única posibilidad es amoldarse. Y no quisiera hablar mal de México, simplemente quiero animar a nuestros hermanos en la fe tanto en México como alrededor del mundo a orar, y a orar con urgencia, sabiendo que en nuestras manos tenemos un privilegio que el mundo no tiene y es el acceso libre al Padre para pedir como conviene.

Cada vez que leemos algún suceso o noticia en nuestro país o en otras partes del mundo, nuestro espíritu pudiera sofocarse por la tristeza. Miramos nuestro alrededor y no hay respuesta ahí. “¿De dónde vendrá nuestro socorro?”, preguntaba el salmista. “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121), respondía con seguridad. Y solo en Él, en Dios, tendremos salvación.

Cualquiera que sea la situación que vivimos, Dios nos guiará con Su verdad y confortará nuestra alma. No hay de quien temer, no hay nadie que se compare a nuestro Dios Admirable y temible, porque aun nuestra vida le pertenece a Él. No habrá ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez, ni peligro, ni espada, nada podrá separarnos de Su amor que es en Cristo JESÚS. (Romanos 8.35-39)

Descansemos hoy en Él completamente porque Él tiene cuidado de nosotros.

¿te duele México?

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“Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” Lucas 13.34

Los hechos recientes que dominan las noticas de nuestro país son aterradores. Hombres siendo asesinados sin mayor motivo. La muerte, aquella que parece ya tan normal en las noticias y en las pláticas, ha tomado a México como rehén, ha tomado a México cautivo. La corrupción, esa que por décadas fue alimentada, ahora cobra su cuota con vidas, y vidas por doquier. En el norte, o en el sur, en ciudades y en rancherías, en las calles o en lugares despoblados. México nos duele.

JESÚS sintió un dolor por Jerusalén. En su alma, JESÚS sentía un peso por esa ciudad tan especial y amada por Él. Por siglos profetas enviados a Jerusalén para rescatarla de su idolatría y corrupción eran asesinados y perseguidos. Pero lo peor estaba por venir sobre esa ciudad: el asesinato de JESÚS por la misma gente de Jerusalén, la muerte del Hijo de Dios en esa ciudad. A JESÚS le dolía Jerusalén.

¿Te duele a ti México? ¿Sientes ese dolor tan profundo por esta tierra que por dentro una angustia tan fuerte te lastima? ¿Te duele en verdad esta tierra? Si es así, hay algo que como cristianos podemos hacer y que es más poderoso que salir a las calles, o que es más fuerte que levantarse en armas. Eso que los cristianos podemos y debemos hacer por esta tierra es ORAR y CLAMAR por México.

¿Cuánto hemos orado por esta tierra en la última semana? ¿Cuánto has clamado por aquellos hombres y jóvenes que mueren? ¿Por aquellas mujeres y niñas que son ultrajadas? Los cristianos tenemos acceso libre al Padre para clamar por esta tierra, y podemos pedir conforme a Su voluntad. Oremos por cada vida que está corrompida, oremos por cada hombre o mujer cuya vida está atada por la maldad, oremos por aquellos hombres y mujeres que viven en temor y oscuridad. Oremos por cada mexicano, por cada uno de ellos. Cada que escuches una noticia, ora por México.

A veces creemos que México está viviendo tiempos terribles. Que la maldad ha llegado a niveles inimaginables, pero hay algo que es peor que eso. Lo peor que le puede pasar a un país, es una iglesia dormida.

Estoy seguro, que en medio de esa oración y ese clamor que levantemos hacia Dios por este país, Dios nos guiará a actuar de maneras sabias para que este país sea limpiado de toda corrupción. Y cuando ese llamado a actuar sea dado a ti, no tardes en responder. Puede ser algo como compartir el evangelio a algún vecino o conocido, o puede que Dios te pida hablar con tus gobernantes y orar por ellos. Porque ese dolor y clamor que tenemos por este país, es un dolor y angustia que JESÚS también siente por esta tierra.

México, sabes a música

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de esa que suena desde dentro

de los corazones y la vida

de los sentimientos y del espíritu

de los años y de los tiempos.

 

tu voz es una canción

que se canta con el corazón

y se escucha con la vida.

tu canción es de amor

de los sentimientos que respiras

entre tu risa y la mía, y el espíritu todo.

tu amor es de verdad

que se fortalece con los años

y del tiempo que de tu voz sale.

 

cantas y lloras y te conmueves tanto.

por eso entre el pueblo te pedimos

que cantes pero no llores

porque nuestro corazón se alegra con tu canto.

 

hoy te escucho entre el violín y las trompetas

entre las cuerdas y las voces

en las calles y en las casas

en las vidas de tus hijos

y los que te visitan

por tu amor que compartes

para que no se alejen.

 

y en tu voz que canta

todos somos uno:

tus hijos y tu tierra

los ríos y los valles

desde los montes altos

hasta los profundos mares

porque el Creador te ha formado

entre Su vida y tu sonrisa.

 

vístenos de Su gloria

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¿Por qué rompo en llanto

cada vez que te veo

en tus hijos

en tus niños

en tus jóvenes

en tus mujeres

en tus hombres?

 

¿Por qué callas de amor

pero gritas de dolor?

Un grito que en silencio

lo mantienen.

 

Tú no has dejado de amar,

no has dejado de reír

ni de sonreír

ni de bailar

ni de cantar,

sin embargo lloras tanto,

y yo lloro contigo.

 

Tus niños entregados

a la muerte que les entretiene

mientras juegan con ella.

Tus jóvenes llenos de esperanza

y de sueños y de anhelos,

llenos de sed de justicia,

tan hambrientos de vida,

tan necesitados de afecto,

tan necesitados de héroes

verdaderos y eternos.

Tus mujeres castigadas

por la cultura

que les atormenta,

dañadas, lastimadas,

siempre fieles.

Tus hombres agotados,

sentados ahí,

esperando, callados,

sus ojos negros

hablando de esperanzas

y sueños.

 

Yo te quiero a ti,

en Verdad te quiero.

Yo te amo a ti,

sin dudarlo lo confieso.

 

De inocencia y fe

viste a tus niños,

tápalos con tu reboso

cuando el frío de la muerte

intenta esclavizarlos.

 

De sueños cumplidos,

y esperanzas eternas

que nunca tardan

y llegan siempre,

así educa a tus jóvenes.

De justicia les vistes

y con fiestas de risas

de gozo de paz de luchas

ellos crecen.

Porque ellos crecen

en Verdad.

 

A tus mujeres.

De atavíos de bodas eternas

y de fieles promesas

que guardan en confianza

al corazón de ellas.

Guárdalas del dolor

y de la muerte,

guárdalas en amor,

de ese que nunca tropieza.

 

Y tus hombres

sean preparados en la fe

y en la obediencia

y en la libertad

y en la lucha,

sean preparados en Él

sean preparados por Él

para la batalla y la guerra

que se gana siempre

sin sangre que se derrame

porque ya ha sido derramada,

sin sueños que se disipen

porque siempre en paz se viven,

sin dolor que se contagie

porque consuelo siempre llega.

 

Vístenos Tú,

de Tu perfección y gloria,

vístenos Tú,

de Tu justicia y perdón,

vístenos Tú,

de Tu libertad y fe,

vístenos Tú,

de Tu salvación excelsa,

vístenos Tú,

de México y amor.

amo a México

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Amo a México, sí.

Amo este país, sí.

 

¿Por qué sufres tanto, México?

¿Por qué te dañan tanto?

 

Tú despierto, pero muchos dormidos.

Tú dolido por siglos,

y muchos cómodos en su mediocridad.

¿Por qué sufres, México?

¿Confías en Dios? ¿Confías en Quien te formó?

 

Él te sujeta, y te sostiene,

te despierta a diario, y ellos dormidos.

Él te protege, y ellos intentan apagar

esa luz que viene de Él.

 

¿Por qué sufres, México?

¿Por qué lloras, México mío?

 

Tu tierra llena de lágrimas,

De tus hijos, nuestras,

tuyas son todas.

¿Por qué lloras tanto, México  nuestro?

 

¿Lloras por tus hijos?

¿Por tus hijos indígenas masacrados en la selva?

¿Por aquellos que corren por el desierto

y cruzan ríos para encontrar comida?

¿Por tus hijas mancilladas y muertas

sin justicia en manos de malvados?

¿Por tus hijos jóvenes

que se entregan a la muerte

por encontrar una falsa dignidad

en el dinero mal ganado?

¿Lloras también por tus hijos dormidos

quien cómodos en su mediocridad

no quieren despertar?

 

¿Quién llora más, México?

¿Tus hijos ó tú?

¿Nosotros o tú, que te lastiman tanto?

 

No llores más,

ven a mí que te abrazaré

hasta enjugar cada una de tus lágrimas:

Las tuyas, las nuestras, las de tus hijos,

las de Dios mismo

quien llora por la maldad multiplicada.

 

Tú, México, serás consolado,

Serás vestido de ropas blancas

Por la justicia que llegará a ti.

Serás lleno de salvación en tus hijos

Porque vivirán en la Vida.

Serás lleno de libertad

Porque te guardará Quien te formó.

 

Ven a mí, que yo cuidaré de ti.

Ven a mí, México, ven a mí

que te sostendré

porque llegará

el que salva con poder eterno.

 

¿Sabes cuánto te amo, México?

¿Sabes cuánto significas para mí?

Amo a México, sí.

Amo a este país, sí.

Sin esperanza. Hay esperanza.

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LA música de alguna agrupación del norte de México sonaba intensa a medida que nos acercábamos al lugar. El sonido de los tambores típicos de la música popular mexicana, de la voz de quien entonaba aquella canción se hacían cada vez más molesto para los oídos de aquel que siempre había sentido cierto desagrado por ese tipo de música por la carencia de un mensaje justo y la insistencia enfermiza de narrar amores corruptos o vidas de “héroes” del pueblo que se dedicaban a ganancias ilícitas. Esta música salía de un auto ostentoso que estacionado a un costado del restaurante tenía las puertas abiertas para que la música pudiera escucharse con mayor intensidad.

Al llegar a ese lugar donde se disponía a comer junto con dos estimadas amigas, aquel hombre miró con molestia a algunos trabajadores del lugar debido a la permisividad para tener una música que nunca antes aquel hombre había escuchado ahí, y más la molestia por la intensidad del sonido que lastimaba a los oídos. Al entrar al lugar, después de expresar su molestia con la mirada, el hombre caminó hacia el baño y alcanzó a ver  los que parecían ser los dueños del auto y los aficionados a  la música: dos hombres, uno sin camisa pero cubierto su pecho y espalda con vendas que sostenían a un brazo que parecía haber sido herido, el otro hombre con una mochila pequeña que sujetaba con cuidado.

El recién llegado hombre, dentro del baño, apagó su molestia al deducir que aquellos hombres eran narcotraficantes y que cualquier intento por pedirles mesura en el sonido de la música tendría consecuencias ya conocidas que podrían llegar a la muerte en un país donde portar un arma y ser narcotraficante es algo que se escucha con frecuencia. Dentro del baño, el hombre escuchó dentro sí Aquella voz que le decía: ten cordura y ora por ellos para que este lugar esté en paz y no haya consecuencias. Y así sucedió.

Al salir y tomar asiento en la mesa donde sus amigas estaban, el hombre observó los ojos de alguno de aquellos otros y entendió la mayor lucha que los hombres del narcotráfico enfrentan: la nula esperanza de una vida que va encaminada a la muerte. Y es que estar dentro del narcotráfico sólo, pareciera, tiene una salida: morir. Aquí surgió la mayor oración a Dios para ellos: Padre, lleva a ellos esperanza de una vida diferente, de una vida con vida, de una vida que Tú puedes restaurar aún ahí donde todo indica que morir es la única salida, pero donde Tú puedes hacer vidas nuevas y restaurar lo corrompido.

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Sé que Dios hará grandes milagros en ellos,  y en muchos otros en Jesús. Porque lo ha hecho y el testimonio de vidas transformadas cuando el Espíritu llama a vida es innegable.

Sé que Jesús es grande para salvar de una vida sin esperanza. Hay esperanza en Jesús.