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un corazón limpio

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“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” Salmo 51.10

David logró conocer a Dios de una manera tan íntima y especial que, en el tiempo de mayor pecado, él no huyó de Dios, sino que se acercó a Él en arrepentimiento y con una confianza profunda que Dios escucharía su oración.

El salmo 51 es esa declaración de confianza, de arrepentimiento, de búsqueda de Dios. Es un salmo muy conocido entre la iglesia cristiana, es un salmo que ha sido la oración de muchos también.

Al leer el salmo 51 hay una parte que llamó mi atención esta semana. El versículo 10, quizá el versículo más conocido de este salmo, David le pide a Dios: crea en mí un corazón limpio, renueva un espíritu recto dentro de mí.

Lo que ha llamado mi atención es que David sabía, tenía la certeza, la confianza, de que Dios podía crear en él un corazón limpio y un espíritu recto. David sabía que Dios podía hacerlo. Lo que David había descubierto eran dos cosas: que su corazón no era limpio y que Dios podía crear un corazón nuevo.

Al meditar en ello, en el caminar en la vida cristiana Dios nos permite ver la maldad de nuestro corazón. Es como si cada vez que nos acercáramos más Dios, Él mostrara a través de Su luz admirable cuánto aún nos falta para ser completamente limpios. Pero a la vez, Dios no nos deja ahí, nos revela que Él puede limpiarnos. Es por esto lo maravilloso del sacrificio de JESÚS.

David lo descubrió. David sabía que, así como Dios es un Dios justo, también Dios es un Dios misericordioso. David había alimentado constantemente una relación con Dios que le permitió descubrir cada vez más a Dios, y a través de ello saber cómo orar y clamar a Dios.

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Yo conozco tus obras

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“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado Mi palabra, y no has negado Mi Nombre.

Por cuanto has guardado la palabra de Mi paciencia, Yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. “ Apocalipsis 3.8,10,11

Cuando Dios revela Su corazón a un pobre pecador ardiente de amor por Su Dios, la vida de este pobre pecador queda impactada de maneras que difícilmente volverá a ser la misma. Una verdad revelada del corazón de Dios que en ocasiones no expresa más que el dolor que en el corazón de Dios hay, una angustia, un dolor profundo. Es un dolor que no es en el cuerpo ni en el alma, pero en el espíritu, un dolor que quienes lo han experimentado lograrán confirmar cuán profundo es.

Este dolor profundo si bien puede ser por la humanidad, en muchas ocasiones es también por el pueblo de Dios, por Su iglesia. Un dolor en el corazón de Dios por Su Pueblo que se ha dejado cautivar por su propio entendimiento haciendo de la Verdad una doctrina de hombres que no produce vida.

Los mensajes a las siete iglesias narrados en el libro de Apocalipsis muestran el amor de Dios por Su iglesia. Estos mensajes si bien pueden ser muy duros tienen como fin producir un fruto: arrepentimiento. Dios no reprende a los Suyos para exhibirlos de manera perversa, pero para producir fruto de arrepentimiento que lleva a vida. Todos los mensajes inician: Yo conozco tus obras. Y en cinco de ellos señala: Pero tengo algo contra ti. Y para estas cinco iglesias Dios pide arrepentimiento.

Seriamente creo que Dios da oportunidades generación a generación para corregir los errores que como Su iglesia hemos cometido a lo largo de la historia. Y esto nos requerirá una profunda humildad para reconocer nuestra falta de amor a Dios y Su creación, aunque nuestras obras pudieran parecer “perfectas”. Este es nuestro tiempo donde esa oportunidad ha sido dada a nuestra generación para que en arrepentimiento seamos impactados por ese dolor en el corazón de Dios y a través de Su Espíritu seamos llevados a toda verdad; porque donde el Espíritu de Dios está, ahí hay libertad. (Juan 16.13, 2 Corintios 3.17).