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perseguidos, mas no desamparados

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“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4.7-10

 

Por ya varios años de poder participar en una organización cristiana para apoyo a chicos y chicas LGBT, algo que siempre venía a mi mente cuando se celebraba el congreso anual de esta organización, es que para muchos chicos y chicas LGBT cristianos la única iglesia con la que ellos pueden estar es la iglesia que se reúne cada año en este congreso. Es decir, muchos chicos y chicas su única posibilidad de poder congregarse con más creyentes cristianos es este congreso ya que han sido expulsados, rechazados, o vetados de sus iglesias y aun de sus familias. Para todos estos chicos y chicas, este congreso es como un oasis espiritual en medio de ese desierto al que son llevados por su orientación sexual o su identidad de género.

Tuve oportunidad de atender este congreso por primera vez en enero de este año. Fue una experiencia muy muy muy especial porque pude conocer no solo a chicos y chicas LGBT, sino a papás, mamás, familiares, líderes de iglesia, de una variedad de tradiciones cristianas tanto muy tradicionales como más contemporáneas reunidas en un lugar, en un solo Nombre: JESÚS. Este tiempo fue tan enriquecedor porque me permitió conocer chicos y chicas tan especiales que han sufrido por años el rechazo y, yo lo llamaría, la persecución por ser cristianos LGBT.

Algo que me impresionó mucho en este congreso es que, a pesar de que era un congreso para chicos LGBT, el centro no era nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, pero era cómo podíamos ser iglesia unos a otros, cómo podíamos continuar y crecer en nuestro caminar con Dios aún a pesar del rechazo. No solo somos LGBT, sino también somos cristianos, y esto añade una persecución aún mayor a nuestras vidas, una persecución tristemente iniciada, propiciada, alimentada y promovida por nuestros propios hermanos y hermanas en la fe.

Para muchos de nuestros hermanos y hermanas nosotros no somos ni hermanos ni hermanas, sino ajenos a la comunión de este cuerpo de JESÚS que es la iglesia. Es por eso que este congreso es una oportunidad única al año para que chicos y chicas LGBT puedan encontrar reposo y descanso para sus almas en familia, la familia de Dios, esa familia perseguida que aún en la tribulación puede y sabe consolar.

Mientras conducía hoy a la escuela, platicaba con Dios. Esta plática, como muchas otras, es un descanso y un alivio tremendo. En esta plática Dios me permitía reconocer que aun a pesar del dolor, Él sigue haciendo Su obra, y Él me permitía ver que hoy puedo sentirme libre del miedo por ser gay, aún a pesar de que en la iglesia o en mi familia esto representa aún un anatema. Y con una sonrisa pude reconocer esa obra de años que Dios ha hecho para sentirme cercano, acepto y sin miedos delante de Él. No tengo miedo a ser rechazado aún pesar de que está ese dolor por ser alejado de la iglesia.

Y en este tiempo, como dice Pablo en la segunda a carta a los corintios, podemos llevar “en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos”.

 

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Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa

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“Y Él [JESÚS] se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Lucas 22.41-43

Los grandes hombres y mujeres de fe han enfrentado a lo largo de la historia situaciones terribles: persecución, señalamientos, burlas, peligros, y aún la muerte. Al conocer y aprender de sus historias podemos erróneamente pensar que Dios es malvado y que no cuida de ellos, pero un análisis no superficial sino profundo nos muestra todo lo contrario. ¿Por qué los hombres y mujeres realmente de fe enfrentan tan terrible oposición? Porque enfrentan a un mundo caído, un mundo que persigue sus propios deseos y, cuando un hombre o mujer de fe los confronta, ese mundo o puede abrir sus oídos y buscar arrepentimiento o buscará desacreditar y destruir a esos mensajeros. Si algo es cierto en el caminar con Dios es que enfrentaremos oposición, una oposición que en muchas ocasiones estará fuera de nuestro control y de nuestras fuerzas.

En el libro del profeta Jeremías podemos confirmar como este profeta enfrentó algo en sobremanera pesado. Los mismos sacerdotes y príncipes buscaron destruirle, asesinarle, porque no predicaba cosas “buenas” pero juicio de parte de Dios. Imagina que las personas que debían conducir al pueblo tanto en la parte espiritual como política y social, eran quienes se oponen principalmente a Dios. Y esa es la historia de más profetas.

JESÚS conocía esta situación. De hecho, Él la vivió en Su vida propia. JESÚS se lamentó de Su pueblo: ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13.34).

Al meditar en lo anterior, Dios trajo a mi mente algo que no había contemplado antes acerca de nuestro Señor JESÚS: ¿en qué momento de la vida de JESÚS crees que Él se dio cuenta que era el Mesías? ¿Cómo crees que el enfrentó esa verdad en medio de un mundo que le rechazaría?

La Biblia no nos da detalles para responder esas preguntas y seguramente especularíamos en las respuestas. Sin embargo, había una realidad: JESÚS sabía quién era Él (quizá desde pequeño lo entendió, o conforme iba creciendo) y, sobretodo, sabía que eso causaría que le condenaran a muerte, pero JESÚS para eso había venido, Sus ojos estaban puestos en la cruz, en la voluntad del Padre, aunque esto significara rechazo, persecución y la muerte misma. Pero el mayor pesar de JESÚS era uno mayor a todo esto: el rechazo de Dios, la ira de Dios consumada en la separación de JESÚS con el Padre porque JESÚS se hizo pecado por nosotros. ¡Cuán tan tremendo sacrificio!: aceptar ser rechazado por quien más amas, para acercar al Padre a quienes más te odian.

Esta semana ha sido en lo personal unas de las más pesadas emocional y espiritualmente. La situación que estoy viviendo desde hace ya casi un año si bien no es comparable a lo que JESÚS enfrentó, me ha permitido ver el sacrificio no sólo de los profetas sino sobre todo de nuestro Señor JESÚS desde una perspectiva mucho muy diferente, una perspectiva que me ha permitido identificarme, de una manera mínima quizá, a los ambientes que ellos enfrentaron.

Oraba a Dios al respecto la semana pasada. Con una carga emocional y espiritual fuerte le pedía que me guiara en este tiempo y si este caminar representaba enfrentar el rechazo de la iglesia local o aún de las personas que más amo, pero que no me alejará de Él. Y en ese momento entendí un poco más ese clamor tan profundo de JESÚS a horas de ser entregado: Padre, si quieres, pasa de Mí de esta copa.

Esa copa era algo que como hijos de Dios no enfrentaremos porque tan tremendo sacrificio que JESÚS hizo por nosotros. Esa copa es algo que JESÚS ya enfrentó: la ira de Dios, la separación de Él con Dios.

Si hoy enfrentas angustia, persecución, peligro o muerte, quiero orar por ti: Que el Espíritu de Dios traiga fortaleza en medio de nuestra debilidad, que Su Espíritu revele a nuestra vida el Camino, la Verdad, la Vida, que podamos recibir una mayor revelación de JESÚS y Su cruz.

una enfermedad llamada muerte

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“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Mateo 3.11

“Pero Yo os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya; porque si me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” Juan 16.7,8

Para valorar la medicina, necesitamos entender la gravedad de la enfermedad, entenderla no hasta que lleguen los padecimientos que pudieran ser terribles, sino entenderla a tiempo para que pueda ser tratada. Si un paciente con una enfermedad terrible va con un médico y éste solo le receta una serie de medicamentos sin explicar cuán enfermo el paciente está, el paciente terminará por hacer de la medicina un simple hábito sin mayor convicción de lo que esa medicina le alivia.

La humanidad entera vive sujeta a una enfermedad llamada muerte. Desde siglos y milenios atrás la muerte ha convivido con nosotros sin saber que está ahí, sin entender la gravedad y las consecuencias que trae. La muerte en nuestra cultura es entendida como un fin y no como una situación en la cual se vive. Pareciera contradictorio decir que la muerte es un estado en el que se vive, sin embargo tal contradicción no sólo es falsa, sino es real, muy real y de la cual Dios vino a salvarnos.

En los poco más de tres años que duró el ministerio de JESÚS en la tierra, el primer mandamiento que JESÚS expresó fue: arrepiéntete. ¿Por qué? Porque ese primer mandamiento es la primera medicina que un muerto en espíritu necesita.

Pero ¿de qué está enferma la humanidad que requiere de tal medicina? De una enfermedad llamada muerte, una separación de la Vida que si no se resuelve terminará por llevar a una persona al infierno y muerte eterna. Los hombres necesitamos entender que el pecado entró a nuestra vida (ese virus que nos infecta) y que tiene como enfermedad a la muerte. El pecado ha tomado control de la humanidad y la lleva cautiva a una completa perdición.

Sólo el Médico Eterno, nuestro Gran Médico, puede convencer a la humanidad de su enfermedad, de ese virus llamado pecado que la ha infectado. Sólo el Espíritu de Dios puede convencer a cada pecador de que es un pecador, y que el arrepentimiento es la entrada a una sanidad sin límites llamada vida, llamada salvación.

Oremos a Dios porque derrame en Su Iglesia de Su Espíritu para convencernos del pecado que hay en nosotros, cada uno de nuestros pecados. Clamemos a Dios por la humanidad y que Su Espíritu nos guíe para proclamar Su Palabra a toda lengua y a toda nación para que los que han de ser salvos sean convencidos de pecado y sus vidas sean transformadas por la sanidad que en JESÚS hay.

un buen año

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“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8.18

“Y sabemos que a lo que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.” Romanos 8.28

 

Un pastor hace ya algunos años predicó algo que Dios me permite recordar continuamente, él dijo: agradezcamos a Dios porque cada día que pasa, es un día menos para estar en la presencia de nuestro Dios. Esta declaración revela una confianza hermosa en cada creyente de saber que la muerte no es más que la oportunidad de estar en la eternidad con nuestro Padre.

Pablo continuamente en sus cartas declara que la muerte ya no puede enseñorearse (Romanos 6.9), y que la muerte ya no tiene una mínima parte en nuestra vida. Si bien es cierto que nuestro cuerpo corruptible día a día se acerca a una muerte física, nuestra alma y espíritu confiados viven en la certeza de la vida que trasciende este espacio.

En Romanos 8.28 Pablo escribe algo que quizá muchos creyentes ya conocemos y que trae a nosotros una profunda esperanza en tiempos de prueba. Este versículo declara que no hay nada en la vida de un creyente que no sea para nuestro bien.  ¿Puedes creer eso? ¿Puedes creer que en medio de la enfermedad, en medio de la pérdida de un ser querido, en medio de las luchas y la crisis, todo eso ayuda para bien?

Esta semana, Dios me permitió aprender algo tremendo: dar gracias a Dios por esos tiempos de prueba en nuestra vida, porque esos momentos nos ayudan a crecer. Y esto es bien cierto: en tiempos de prueba nuestro carácter es probado, nuestra fe es probada, nuestra fidelidad a Dios es probada, nuestra familia es probada, nuestro amor es probado. Los tiempos de prueba no son más que oportunidades para que nuestra vida crezca. Y el crecer en Dios es grandioso.

Estoy seguro que para muchos de nosotros este año estuvo lleno de retos. Enfermedades, situaciones familiares o laborales, crisis económicas, desánimos, tristezas, separaciones. Pero también estoy aun más seguro que este año estuvo lleno de bendiciones hermosas de parte de Dios, bendiciones que si bien pudieron ser físicas, también hay muchísimas bendiciones espirituales.

Toma un tiempo esta semana, quizá en una tarde en que puedas reunirte con tu familia, o en lo personal busca un tiempo en el que puedan traer a memoria aquello que en este año vivieron, tanto cosas buenas como cosas difíciles. Trae a tu mente lo más que puedan, escríbelos si es posible. Y una vez escritas agradece a Dios porque confiados estamos que todo eso, lo bueno y lo no tan bueno, todo eso ayudó y ayuda para nuestro bien. Porque en Dios nada tiene despropósito.

yo maté a Jesús

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“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” Romanos 3:10-12

Si alguna vez pensé que los romanos, o los religiosos del tiempo de Jesús, o Pilato, o Herodes, o todos aquellos que gritaron “¡Crucifícale, crucifícale!” cuando decidieron pedir la libertad de Barrabás en lugar de la de Jesús, o aquellos que le azotaron y le clavaron, fueron ellos los culpables de la muerte de Jesús, he vivido equivocado.

Si bien, todos ellos participaron en los eventos que dieron muerte a Jesús, quien realmente causó la muerte de Él, fue usted, fui yo. Cada pecado en nuestra vida demanda juicio de muerte sobre nosotros, pero Jesús llevó y pagó todo el pecado del mundo, incluidos sus pecados, incluidos los míos. Sí, yo maté a Jesús. Lo maté porque al  no hacer lo bueno, Jesús me amó primero, y siendo Él obediente hasta la muerte, llevó en Él toda mi maldad para salvación.

Su muerte y sacrificio no es un evento histórico más de la humanidad, no es un evento olvidado que ocurrió hace casi dos mil años, tampoco es un evento cualquiera. Su sacrificio cumplió la demanda de muerte que el Padre exigía en nosotros por vivir en corrupción. Su sacrificio sigue cumpliendo la demanda de muerte que el Padre exige a aquellos que todavía no Le conocen.

Y siendo nosotros los culpables de la muerte de Jesús, por amor Él se entregó por usted, y por mí. Siendo culpables, Dios nos limpia de la culpa, y del pecado. Siendo culpables, Él nos ha dado perdón, nos ha dado libertad, nos ha dado Su amor.

Jesús no sólo murió, sino que resucitó. Venció a la muerte, Él vive. Tenemos vida juntamente con Él, a quien decide arrepentirse y creer en Él.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. 2 Cor. 5.21

nos estamos acabando al mundo.

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nos estamos acabando al mundo. entre farándula y de esas cosas insulsas, entre reformas legislativas mediocres aplazadas por los intereses político-social-económicos de muy pocos, entre guerras que no se comentan, entre vidas que se pierden, entre sueños que se roban. nos estamos acabando al mundo entre inocencias sustraídas de “adultos” de baja estatura, entre sangre derramada que clama justicia a lo alto, entre la crueldad de los ambiciosos. nos estamos acabando al mundo entre bosques grises, entre cielos negros, entre mares rojos, entre animales extintos. nos estamos acabando el mundo entre una indiferencia que nos consume el ánimo, entre una comodidad que nos impide despegarnos de nuestro asiento, entre una maldad ególatra y egoísta que gira alrededor de uno mismo, este dios tan imperfecto, sin espíritu. nos estamos acabando el mundo entre tantas religiones que sólo son eso: un intento de acercamiento a un dios que dice poco y aprueba mucho. nos estamos acabando al mundo entre hambre y sed, entre sangre y cuerpos, entre la maldad y el pecado llamado libertad, entre espíritus perdidos por la eternidad y otros que aun vivos mueren. nos estamos acabando al mundo entre radicalismos plagados de legalidad y no de misericordia. sí, nos lo estamos acabando.

basta ya de sacrificios. basta ya de plegarias huecas. basta ya de ser el hombre el centro de esta tierra. basta ya, por favor. basta ya.

¿y nos preguntamos si Dios existe?  Dios es. aun a pesar de que yo no crea en Él. Dios es. aun si esta humanidad no cree que existe. Dios es. y ésta es una verdad que no se sujeta a la humanidad, no es una verdad que se legisle para que sea real, no es una nota en una revista de espectáculos para que gane adeptos, no es algo sujeto al tiempo para desgastarse. Dios es. más eterno, más real, más vivo.

si decís que soy religioso o conservador por creer en Dios como mi suficiente Señor. si decís que soy un iletrado por creer en Jesús y su sacrificio eterno para salvación nuestra. si decís que Dios no funciona porque el mundo nos lo estamos acabando y parece que Él no responde.
si decís que Dios es una invención humana para manipulación de muchos. si decís que Dios ya pasó de moda. Dios es. Soberano, Eterno, Justo, Misericordioso, Santo, Fiel. Quien no puede negarse a sí mismo. Jesús es. Camino. Jesús es. Verdad. Jesús es. Vida. Jesús es Dios. Dios es Jesús. Jesús es. Suficiente. su sangre, su cuerpo, cada gota, cada herida, su muerte, su vida. por amor.

¿y me preguntáis si Dios nos ama? ¿quién da a su hijo a muerte para salvación de quien le ha ofendido? por justicia. por amor. a mí. a ti. no se trata de mí, se trata de Él. no es mi vida, es su vida, no es mi tiempo, es su tiempo, no son mis sueños, son sus sueños. siempre más altos, siempre más profundos, siempre más eternos. no se trata de ti, se trata de Él. el universo inmenso gira alrededor de Él.

nos estamos acabando el mundo. sí. pero Dios quiere accederte a la eternidad en Jesús. ¿creerás? ¿le seguirás? ¿rendirás todo a Él? Dios es. siempre.

“y que la pasión por Ti no se extinga en nosotros”