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les será dicho: son hijos del Dios viviente

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Ustedes no son pueblo Mío, les será dicho: Ustedes son hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

 

Las promesas de Dios son vivas, son ciertas, no perecen. Leer la Palabra de Dios es un testimonio de ello. Promesas dadas a hombres imperfectos, pero con un corazón rendido a Dios, que creían cada palabra que Dios decía. Algo maravilloso de estos hombres es ver la confianza de que lo que Dios decía se cumpliría, aun cuando a ellos no les fuera dada la oportunidad de ver el cumplimiento de la promesa.

Hace algunos años Dios me permitía reflexionar: ¿cuántas promesas de parte de Dios dadas a nuestros antepasados se están cumpliendo en nuestra vida? Y concluía: somos herederos de promesas.

Al comenzar a leer el libro del profeta Oseas, que es escrito en tiempos en que el pueblo de Israel está dividido en dos reinos (Judá e Israel) y está enfrentando tiempos de una corrupción moral muy fuerte, uno puede percibir una “decepción” de parte de Dios por Su pueblo, pero Dios no se queda ahí, más que una decepción es un dolor por Su pueblo. Después de cada profecía que vaticinaba terribles consecuencias por el pecado del pueblo, Dios habla libertad, habla promesas que dan esperanza.

Específicamente al comenzar a leer el capítulo uno de Oseas, encontramos esta promesa: a ustedes que les era dicho que no eran Mis hijos, serán llamados Mis hijos, hijos del Dios viviente. Mientras leía esta promesa, pude relacionarme mucho con ella.

Como cristiano gay continuamente nos es dicho que no somos hijos de Dios, y a veces llevados lejos del pueblo de Dios debido al rechazo. Pero cuando leemos esta promesa, en Oseas, en lo personal pude identificarme con ella, Dios recordándonos que aquellos que han sido hechos lejanos del pueblo de Dios, serán ahora hechos cercanos y llamados hijos de Dios.

Cuando JESÚS viene a la tierra y a través de Su ministerio nos muestra una parte del Reino de Dios que no hace distinción, que buscar acercar a todos a Dios, es cuando esta promesa cobra un significado especial. Imagina al enfermo, al extranjero, al rechazado, a la mujer samaritana o a la mujer adúltera, a los cobradores de impuestos que les era dicho que no tenían parte dentro de la congregación de Dios. Ahora, este texto tiene un cumplimiento especial cuando JESÚS nos lleva a comprender el Reino de Dios de una manera mucho más profunda.

Quiero invitarte a recordar y meditar en aquellas promesas que Dios ha dado a tu vida. No solamente ciertos versos de la Biblia que se nos dan como pueblo e hijos de Dios, sino aquellos versos de la Biblia, aquellas promesas que Dios ha hablado específicamente a tu vida. ¿Puedes recordar alguna? Ahora, medita en ella y descansa en la fidelidad de Dios, porque Él la cumplirá. Su Palabra es cierta, no perece.

No hay nada imposible para nuestro Dios, nada.

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con cuerdas de amor

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“Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.” Oseas 11.4

“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré Yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de Mí, se inflama toda mi compasión.” Oseas 11.8

¿Quieres leer una verdadera historia de amor en la Biblia? Te recomiendo leer el libro de Oseas. Este profeta es llamado por Dios a través de una manera muy poco común pero muy poderosa para entender el amor de Dios hacia Su pueblo. Dios le pide a Oseas que tome como esposa a una mujer adúltera, y el profeta, quizá entendiendo un poco lo que esto representaría para su vida, obedece. La mujer, como era de esperarse, es infiel a Oseas y ella seguía “a sus amantes”. Ella no reconoció que Oseas le daba trigo, vino, aceite, y le multiplicaba la plata y el oro, que al final eran ofrecidos a sus amantes. Pero Oseas, en lugar de abandonarle, va y le redime cuando ella había sido entregada a esclavitud con sus amantes. Oseas pagó el precio para redimirle, Oseas renovó su pacto con ella.

Esta historia es usada por Dios para revelarle al profeta el amor que Dios tiene por Su pueblo, aún cuando éste insistía en ser infiel y dejar a Dios a un lado. Oseas pudo haberse lamentado del llamado que Dios le dio al casarse con una mujer adúltera, pero Oseas comprendió y le fue revelado un aspecto del amor de Dios: Dios es fiel aún cuando Su amada no sea fiel.

Esta historia nos llega a nuestros días como una enseñanza aún muy válida. La iglesia de Dios, nosotros como Su cuerpo, podemos estar yendo en pos de “nuestros” amantes/ídolos pero vemos que quizá nunca nos sacian. Amantes/ídolos como el dinero, nuestra comodidad o autocomplacencia, nuestros placeres. Quizá hemos entregado nuestros afectos a algo más que no es Dios. Decía una mujer: un ídolo es todo aquello a lo que le tenemos que pedir permiso, antes de decirle SÍ a Dios. Es decir, un amante o ídolo es todo aquello que se interpone entre Dios y tú.

Pero Dios no quiere que nos quedemos ahí. No quiere que desgastemos nuestra vida y todo lo que tenemos en adorar amantes e ídolos huecos que solo terminan por vaciarnos más y más, hasta esclavizarnos completamente.

¿Quieres conocer una verdadera historia de amor? Tú eres parte de esa historia, una historia donde Dios busca profundamente atraerte a Él con cuerdas de amor, un amor incomprensible pero muy real, muy real. Un amor de Dios que no te dejará esclavizado a tus ídolos o amantes, sino que te liberará de cada uno de ellos hasta hacerte completamente Suyo. Dios te redime, paga el precio, te atrae a Él.

Un ídolo siempre terminará por esclavizarte, pero Dios siempre te llevará a un nivel cada vez más sublime de Su libertad. No resistas el amor de Dios, Su amor que te libera.

Dios no está muerto

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que nos e puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

Recientemente en cine se proyecta una película cristiana llamada “Dios no está muerto”. Esta película narra la batalla de fe que un joven universitario tiene en su clase de filosofía al ser obligado por su profesor a afirmar que Dios está muerto, sin embargo este joven se mantiene en su fe y, como consecuencia, el profesor lo reta a demostrar la existencia de Dios.

La película, si bien puede ser criticada por su poco contenido científico o por un contenido bíblico por demás conocido por los cristianos, nos mueve a estar listos para defender nuestra fe ante la creciente influencia del mundo en todos los ámbitos. Nuestros niños y jóvenes, ya desde niveles de primaria, son enseñados con conocimientos que niegan totalmente a Dios y la Biblia. Nuestros jóvenes son llevados a creer supuestos “conocimientos científicos” que no han podido ser avalados por demás pruebas que se tengan.

Pablo nos dice: No se conformen a este siglo sino que necesitamos ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12.2), y esto implica que todo lo que creemos nunca debe contradecir la Biblia, y es por eso la importancia de estudiarle continuamente. Pero la fe cristiana va más allá de un simple conocimiento mental, sino que nos lleva a un conocimiento espiritual que produce vida y que nos mueve a la fe.

Sé que hay muchos argumentos que pueden usados para desacreditar a la Biblia. Muchos dirán que la Biblia fue usada para justificar ideas como que la tierra era el centro del universo en la edad media, o también la Biblia ha sido usada para discriminar ciertos grupos. La Biblia ha sido usada para fines malvados y justificar guerras. Pero eso más que desacreditar la Biblia, demuestra nuestra incapacidad humana de entenderla completamente y, sobretodo, entender que la Biblia ha sido dada a los hombres para que entendamos el corazón de Dios y Su voluntad.

La ciencia de este siglo busca constantemente no solo desacreditar a la Biblia sino comprobar que Dios está muerto y, más que eso, que Dios no existe. Sin embargo, aun cuando el hombre logré sacar a Dios de toda la tierra, nunca podrá negar que el hombre sin Dios es un ser sin sentido y sin mayor propósito. Hemos sido creados para ser dependientes de Él.

Nuestros niños y jóvenes, cada creyente, están siendo retados a vivir una vida para el Dios viviente y esto implica que nuestra vida debe ser el mayor testimonio de que Dios vive y es real, y no está muerto. No se trata de enseñarles una religión cristiana a nuestros niños y jóvenes, sino de llevarlos a experimentar la vida que viene de Dios y que en ningún otro lugar podrán conseguir. Porque el verdadero cristianismo se vive cuando Dios vive en ti realmente.