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les será dicho: son hijos del Dios viviente

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y en el lugar donde les fue dicho: Ustedes no son pueblo Mío, les será dicho: Ustedes son hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

 

Las promesas de Dios son vivas, son ciertas, no perecen. Leer la Palabra de Dios es un testimonio de ello. Promesas dadas a hombres imperfectos, pero con un corazón rendido a Dios, que creían cada palabra que Dios decía. Algo maravilloso de estos hombres es ver la confianza de que lo que Dios decía se cumpliría, aun cuando a ellos no les fuera dada la oportunidad de ver el cumplimiento de la promesa.

Hace algunos años Dios me permitía reflexionar: ¿cuántas promesas de parte de Dios dadas a nuestros antepasados se están cumpliendo en nuestra vida? Y concluía: somos herederos de promesas.

Al comenzar a leer el libro del profeta Oseas, que es escrito en tiempos en que el pueblo de Israel está dividido en dos reinos (Judá e Israel) y está enfrentando tiempos de una corrupción moral muy fuerte, uno puede percibir una “decepción” de parte de Dios por Su pueblo, pero Dios no se queda ahí, más que una decepción es un dolor por Su pueblo. Después de cada profecía que vaticinaba terribles consecuencias por el pecado del pueblo, Dios habla libertad, habla promesas que dan esperanza.

Específicamente al comenzar a leer el capítulo uno de Oseas, encontramos esta promesa: a ustedes que les era dicho que no eran Mis hijos, serán llamados Mis hijos, hijos del Dios viviente. Mientras leía esta promesa, pude relacionarme mucho con ella.

Como cristiano gay continuamente nos es dicho que no somos hijos de Dios, y a veces llevados lejos del pueblo de Dios debido al rechazo. Pero cuando leemos esta promesa, en Oseas, en lo personal pude identificarme con ella, Dios recordándonos que aquellos que han sido hechos lejanos del pueblo de Dios, serán ahora hechos cercanos y llamados hijos de Dios.

Cuando JESÚS viene a la tierra y a través de Su ministerio nos muestra una parte del Reino de Dios que no hace distinción, que buscar acercar a todos a Dios, es cuando esta promesa cobra un significado especial. Imagina al enfermo, al extranjero, al rechazado, a la mujer samaritana o a la mujer adúltera, a los cobradores de impuestos que les era dicho que no tenían parte dentro de la congregación de Dios. Ahora, este texto tiene un cumplimiento especial cuando JESÚS nos lleva a comprender el Reino de Dios de una manera mucho más profunda.

Quiero invitarte a recordar y meditar en aquellas promesas que Dios ha dado a tu vida. No solamente ciertos versos de la Biblia que se nos dan como pueblo e hijos de Dios, sino aquellos versos de la Biblia, aquellas promesas que Dios ha hablado específicamente a tu vida. ¿Puedes recordar alguna? Ahora, medita en ella y descansa en la fidelidad de Dios, porque Él la cumplirá. Su Palabra es cierta, no perece.

No hay nada imposible para nuestro Dios, nada.

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para que comprendiesen las Escrituras

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“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían.” Lucas 24.27

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;” Lucas 24.44,45

 

“Un ídolo es todo aquello que nos impide decirle “sí” a Dios”, leía hace algunos años atrás un tweet de parte de una líder de alabanza. Esta frase se quedó en mi mente y en estas semanas he podido recordarle nuevamente. ¿Qué nos impide decirle “sí” a Dios?

Desde ya hace algunos meses he sido golpeado por saber que los líderes religiosos del tiempo de JESÚS, aquellos hombres que conocían la Palabra, las Escrituras, que tenían acceso al templo, que eran los más eruditos de la ley de Moisés, ellos fueron incapaces de ver y reconocer quién era JESÚS. ¿Por qué? ¿Qué les impidió ver a Dios?

La razón de meditar a lo anterior es porque creo que como iglesia podemos correr el riesgo de algo similar, y aún peor: no saber ver y reconocer a JESÚS (no estar listos) cuando Él regrese. ¿Qué nos puede impedir como iglesia no reconocer a JESÚS?

En estas semanas recordé nuevamente esa situación del tiempo de JESÚS. Y mientras oraba, Dios ponía en mi mente: toda la Escritura debe llevarnos a Cristo, sino estamos haciendo un ídolo de ella. ¡Un ídolo de la Palabra de Dios! ¿No suena esto fuerte? ¡Un ídolo de la Palabra que, en lugar de revelarnos a Cristo, nos está velando nuestros ojos! ¡Qué grande tragedia! La religiosidad vestida de supuesta piedad que termina por cegarnos.

Cuando JESÚS resucita y se les muestra a sus discípulos comienza a revelarles como la ley de Moisés, los profetas, los salmos, las Escrituras hablan de Él. En Lucas 24.31 dice: Entonces les fueron abiertos los ojos.

Hoy en día, nosotros como iglesia, tenemos la gran bendición de poder tener en nuestras manos una Biblia que compila los libros tanto de ley de Moisés, los profetas y evangelios y cartas de los apósteles, algo que la iglesia primitiva no tenía. Imagina cuán grande reto era para ellos, pero nosotros hemos sido bendecidos con la Palabra.

Cada vez que tengamos oportunidad de leerla, pidamos a Dios que cada lectura, que cada versículo, que cada parte de Su Palabra nos lleve más a Cristo, nos revele más a Cristo, desarrolle más a Cristo en nosotros. Que su palabra no se vuelva un ídolo que nos impida decirle sí a Dios, sino más bien que nos lleve más a Él. Dios purifique el corazón de su iglesia de toda religiosidad, de toda doble moral, que nos enseñe a amar Su Palabra porque en ella encontramos a Cristo. Porque nuestro más grande galardón es JESÚS.

Abre Tú mis ojos y veré

Inclina mi corazón y desearé

Ordena mis pasos y caminaré

en el camino de Tus mandamientos

porque si callas

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“Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; más tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ester 4.14

 

Durante estos seis meses, y probablemente ya casi un año, de que inicié este proceso en mi iglesia por ser gay, han venido a mí preguntas acerca de si este era el tiempo correcto o debí esperar más. Solo una persona, mi mejor amiga, ha estado de cerca todos estos años y en más de una ocasión hace algunos años le comentaba a ella, y lo platicaba con Dios, que quería hablar con mi pastor y con mis líderes sobre mi sexualidad, sin embargo, la respuesta de Dios era: espera.

Durante esos años cuando me encontraba con fuertes dudas si estaba honrado a Dios y honrado a mis líderes, hubo un tiempo en que quería dejar el grupo de alabanza por la presión que sentía por sentirme indigno e incapaz de servir en la iglesia, sin embargo, Dios me dio una respuesta que recuerdo continuamente: tú estás ahí por Mí, no por ti, no por tus líderes. Y recordaba continuamente cómo es que Dios me abrió puertas para que sirviera en el grupo de alabanza, fue completamente de Él, literalmente yo no hice nada más que creerle y dar el paso en fe. No era ni bueno en la música, nunca había tenido experiencia en grupos de alabanza, y tenía tremendos nervios por estar enfrente de la gente y mucho más cantando, algo que nunca había hecho antes. Imagina ahora que representó para mí un chico gay (considerado indigno por la iglesia) siendo guiado por Dios a servirle en la alabanza. El problema es que en más de una ocasión yo me sentía no solo incapaz sino también indigno de estar ahí.

Dios ha sido tremendamente bueno.

Este domingo, mientras daban los avisos en el servicio en la iglesia, hubo una palabra que estaba en uno de los anuncios, esta palabra era Ester 4.14. Al leerle descubrí algo hermoso: Dios le dice a Ester que vendrían tiempos de respiro y liberación para los judíos, aunque ella respondiera o no a Dios. Lo maravilloso de este texto es que Dios anhelaba profundamente ese respiro y esa liberación para Su pueblo, y estaba en Su corazón, en Su voluntad. Me encanta el amor de Dios por Su pueblo.

Me imagino a Ester, temerosa, sin saber que hacer por la gran destrucción que viene al pueblo judío, y de pronto Dios, a través de Mardoqueo, primo de Ester, le dice: la voluntad de Dios es salvar a los judíos, y aún si tú no hablas, Su voluntad será hecha.

Yo me sentí muy identificado con Ester en ese texto. La voluntad de Dios era que en este tiempo yo hablara a mi pastor sobre mi sexualidad. Y no es que el tema de mi sexualidad sea lo importante, de hecho, en más de una ocasión yo le comentaba a mi pastor que eso era secundario, lo que sentía de parte de Dios que es importante es cómo la iglesia se ha movido más por prejuicios, conceptos y entendimiento humano que por la voluntad de Dios, no solo en este tema de la homosexualidad, sino en otros temas a lo largo de la historia. Y Dios está llamando a Su iglesia a tiempo de arrepentimiento, de romper paradigmas viejos y de hombres, a moverse a niveles mayores de fe donde la guía de Su Espíritu será primordial. ¡Qué tremendo amor tiene Dios por Su iglesia!

Al leer este texto de Ester, sentía como Dios me decía: hubieras o no hablado, Yo tengo este deseo (dolor) en mi corazón por Mi iglesia. Yo solo fui el mensajero, no el mensaje. Y siento en estos días que Dios me ha estado confirmando que el mensaje ha sido dado. Que es el tiempo, y es Su voluntad. Que no hay nada que temer. Porque Su Palabra nunca vuelve vacía, porque si el grano de trigo no cae a la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto (Juan 12.24).

 

¿cuándo me consolarás?

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“Desfallece mi alma por Tu salvación, mas espero en Tu palabra. Desfallecieron mis ojos por Tu palabra, diciendo: ¿cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo; pero no he olvidado Tus estatutos.” Salmo 119.81-83

 

Nuestra lucha no es contra personas, sino contra ambientes espirituales de maldad. No es el asesino, o el narcotraficante, o el mal gobierno contra quien debemos luchar, pero sí contra los ambientes espirituales que están influenciando su actuar. Y para luchar, necesitamos luchar con armas espirituales.

Es desalentador mirar a nuestro alrededor y ver cómo la maldad parece haberse multiplicado. Tanto en nuestra nación como en naciones lejanas podemos escuchar de rumores que pudieran impactar nuestra alma y hacernos desfallecer por momentos. El mundo parece caminar hacia un precipicio sin salida y millones caminan detrás de él. ¿Qué podemos, nosotros hombres tan limitados en nuestra fuerza, hacer para impactar este mundo para bien?

El Salmo 119 es una dedicación para exaltar la grandeza de la Palabra de Dios. Algo muy especial que noté esta semana en este Salmo es que hay una fuerte relación entre estar en angustia y esperar en la Palabra de Dios: “quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo” (v20).

No sé si te ha pasado cuando ves todo lo que está pasando a nuestro alrededor llegas a la conclusión que la única solución a todo ello es JESÚS, Su Palabra, Su Reino de justicia. Puedes haber pensado que un buen gobierno solucionará todo el mal, o que buenas leyes harán que hombres actúen correctamente, o que si enseñamos buenos valores a las familias las cosas podrán mejorar. Sin embargo, siempre concluyo que, si JESÚS no cambia el corazón de las personas, ni el mejor gobierno, ni las mejores leyes, ni los valores más sublimes podrán mejorar en mucho lo que vivimos porque siempre volveremos de donde salimos y aun peor.

No estoy subestimando la necesidad de tener buenos gobiernos, o buenas leyes, o buenos valores; por supuesto que todo esto es necesario. Pero todo esto podrá tener un impacto eterno cuando nuestros ojos estén fijados en JESÚS.

Debo confesar que los últimos meses han sido de una carga emocional y espiritual muy fuerte como pocas veces he experimentado. Y cuando busco respuestas en cómo solucionar todo, siempre la respuesta es: solo JESÚS. El dolor que hay en mí por la iglesia de Dios, la angustia que hay por ver a mi país tan sumido en la corrupción y muerte, el golpe que recibe mi alma por escuchar lo que en otros países sucede. Y este Salmo 119 me recuerda de las promesas de Dios, de la excelencia de Su Palabra, de que Dios es fiel a Su Palabra. Porque buenos son sus juicios (v39).

Que jamás Dios quite de nuestra boca en ningún tiempo la palabra de verdad (v42).

los que esperan en Ti

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“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en Ti será confundido” Salmo 25.3a

Mientras leía el salmo 25, pude verme identificado en casi todos los versículos. Este salmo es un clamor para pedir a Dios Su dirección, Su perdón y Su protección en tiempos de confusión y prueba, tal como ocurre en estos días en mi vida.

Hubo una palabra de ese salmo que se quedó grabada: los que esperan en Ti no serán confundidos. La clave es: esperar en Dios. Y continuamente este salmo reflejaba parte de mi condición: mírame y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido (v16).

No quiero sonar como una persona que se está autoflagelando emocionalmente, ni sonar deprimido o con autocompasión. Es una condición mucho más espiritual que emocional, es una situación que creí podría ser un tanto “manejable” pero que ahora descubro y reconozco que la gracia y misericordia de Dios me es indispensable para poder salir adelante, no puedo con ello solo.

Quisiera poder poner palabras a lo que ahora espiritualmente atravieso. Sin embargo, no logró encontrarlas. Quizá, la palabra más cercana sería angustia, un dolor profundo. Como clama David en ese salmo: las angustias de mi corazón se han aumentado. Y David clama a Dios: sácame de mis congojas. (v17).

¿Por qué compartir esto públicamente? Creo que el propósito es compartir que en tiempos de aflicción, siempre hay palabra de Dios que nos sostiene, promesas que nos alientan. Podemos en Su Palabra encontrar consuelo, y saber que para Dios nada se ha salido de control, y que todo ha salido como Él lo ha planeado. Cuando pude descansar en esta verdad (que Dios tienen todo bajo control) entonces comprendí que más allá de la angustia, está Dios que todo lo sostiene y quien nos llama a caminar estos tiempos de aflicción sabiendo que Él tiene propósitos, propósitos eternos.

Dios nos guíe en victoria hacia Su presencia.

el espíritu a la verdad está dispuesto

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“Vino luego a Sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26.41

 

Hay dos aspectos en los que como personas vivimos continuamente: la parte espiritual, y la parte carnal. La Biblia habla continuamente de la importancia de fortalecernos en el espíritu, de andar en el espíritu, de alimentar el espíritu, de buscar las cosas espirituales; pero también la Biblia es clara en advertirnos que debemos sujetar la carne y no dejar que sus pasiones nos dominen, que el andar en la carne produce muerte, que el alimentar la carne traerá por consecuencia obras de la carne.

Vivimos como humanos en un mundo caído que está alejado de los propósitos de Dios y cuyo reino es un reino de Satanás, de muerte. Continuamente el mundo, en todo momento podría decirlo, está alimentando a la carne: a través de la música, de conversaciones no centradas en Dios, de la televisión, o el cine, o el internet, o el simplemente estando en algún lugar. El mundo que no conoce lo espiritual, está continuamente alimentando nuestros deseos humanos.

No quiero sonar como un religioso que todo lo ve mal, sin embargo, quiero ser claro acerca de una realidad de la que continuamente estamos rodeados pero que podemos estar ignorando, o nos hemos acostumbrado mucho a ella, y esa realidad es que todo lo que no está con Dios, está contra Dios, no hay términos medios. Si lo que escuchamos, o vemos, o leemos, o platicamos, no es algo que está alineado a lo que Dios agrada, entonces podemos confirmar que está en contra de Dios. Hoy más que nunca hay una separación tremenda entre lo secular y lo espiritual, y de hecho hablar de aspectos espirituales que honren a Dios es menos frecuente en el mundo. ¡Necesitamos tener mucho cuidado!

El día de ayer Dios traía a mi mente ese pasaje en el que JESÚS enfrentaba tremendo dolor porque se acercaba Su crucifixión. Dios les dice a Sus discípulos después de encontrarlos durmiendo cuando les había pedido que velaran y oraran, que el espíritu está dispuesto pero nuestra carne es débil. La magnitud del ambiente espiritual que estaban enfrentando tanto JESÚS como Sus discípulos en ese momento eran tan fuerte, tan pesado, tan complejo, que la carne en cualquier momento podría dominar si es que el espíritu no estaba fortalecido. JESÚS lo entendía muy bien, pero Sus discípulos no lo habían comprendido.

La urgencia en la que vivimos en estos tiempos es grande. Hoy más que nunca nuestra fe es probada y es puesta en duda por todos lados. Podemos escuchar mensajes que suenan coherentes, pero que son contrarios a la Palabra, y nuestra carne puede caer si es que nuestro espíritu no está fortalecido. Es por eso la importancia de pasar tiempo con Dios, de leer Su Palabra, de meditar en ella, de ayunar para someter todo deseo de la carne y alinearnos a los propósitos y voluntad de Dios.

Si tuviéramos que elegir entre ir al cine o leer la Palabra, ¿qué elegiríamos? Si tuviéramos que elegir entre ver un partido de futbol o pasar tiempo a solas con Dios, ¿cuál sería nuestra respuesta? Si tuviéramos que elegir entre ir a una fiesta o ayunar, ¿dónde estaríamos?

No estoy diciendo que todo eso es malo, pero sí que necesitamos estar bien alertas de lo que está influenciando nuestra vida para bien o para mal y dónde está nuestra mayor fuente de alimento.

quiero ser como ese silencio que grita con la vida

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quiero ser como ese silencio que grita con la vida
que ni aún el más profundo miedo detiene
que ni aún la más profunda muerte domina
  
quiero gritar con los días que vivo
callando las palabras sin sentido
que surgiendo solo de la boca contaminan

quiero confesar con los sueños eternos
la sublime libertad y gracia que nos visten
que transforman este corazón enamorado

somos ese silencio que callar no puede
habitados por la plenitud de Aquel
que todo lo llena en todo

somos palabra que se vive
sueños que se cultivan
realidades que transforman

somos gritos de libertad y de justicia
por aquellos que en cautivad perecen
en un mundo que sin propósito esclaviza

quiero ser como ese silencio que grita en días
en sueños, en realidades, en vidas,
en la eternidad toda

quiero ser como ese silencio que confiesa
Su amor y Su justicia que en Su cuerpo se conjugan
porque ni sacrificios ni ofrendas agradarte pudieron

cosa mejor para nosotros

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“Y todos éstos [los héroes de fe], aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11.39,40

“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23.19

 

¿Cómo es que un hombre de fe como Abraham recibió promesa tan grande como el ser el padre de multitudes y ser bendición para el mundo, y lo único que vio fue a un hijo nacido en su vejez? La fe de Abraham es impresionante en muchos aspectos, una promesa imposible de la cual lo único que deleitó fue a un hijo cuyo nacimiento también era imposible. Sin embargo, hoy testificamos que esa promesa dada a Abraham, hoy nos incluye a nosotros y a generaciones de hombres y mujeres de fe que han sido atraídos a Dios mediante JESÚS.

Imaginemos ahora a los apóstoles cuando JESÚS les dice: y me serán testigos hasta lo último de la tierra. Sin embargo, ninguno de los apóstoles, más que Pablo, fue más allá de Asia menor. ¿Acaso JESÚS mintió? La respuesta es evidente en nuestra vida ahora: somos nosotros el fruto de la fe de ellos.

La Biblia narra la vida de hombres y mujeres de fe que recibieron promesas tan extraordinarias “pero” que no recibieron lo prometido, hombres y mujeres que guardaron en su corazón esa promesa, aunque ellos no lograron ver el cumplimiento de la promesa. Y el libro de Hebreos en el capítulo 11, en ese capítulo tan maravilloso, nos declara que aunque ellos no recibieron lo prometido, Dios nos ha bendecido por la fe de ellos, para que nosotros, además de ellos, también fuésemos perfeccionados (madurados) a través de esa fe. Es decir, la razón por la cual Dios “no cumple” la promesa en la persona que le recibió en un inicio, es porque esa promesa es tan alta que una sola generación no bastaría para cumplirle, no porque Dios no pueda hacerlo, sino porque Sus promesas son tan extremadamente más grandes que nuestros pensamientos no pueden concebirles.

Me encanta soñar con Dios y platicarles mis planes, y mis sueños, y mis ideas, y mis anhelos. Me encanta estar en una tarde sentado platicando con Él, o en la noche antes de dormir y platicar con Él acerca de esos sueños. Y me encanta porque sé que, aunque mis sueños pudieran parecer muy grandes, sé que Dios los sobrepasará con Sus sueños, porque Sus pensamientos son siempre mucho más altos que nuestros pensamientos. Y esto me impresiona de los hombres de fe: confiando siempre que lo que Dios traería siempre sería mayor al presente que vivían, aunque este presente pudiera parecer extraordinario.

No puedo imaginar a Abraham viviendo amargado y reclamándole a Dios porque había recibido una promesa de ser padre de multitudes y lo único que recibió fue un hijo. Abraham pudo ver más allá, pudo confirmar que Dios no miente, y lo que Él dijo será hecho. Abraham descansaba en esa verdad, una verdad que sostiene que lo que Dios ha dicho, será hecho.

la Palabra que sale de Mi boca

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“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será Mi Palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Isaías 55.10,11

La Palabra de Dios, Sus promesas, no son solo palabras, son vida que alimenta y produce fruto. La Biblia afirma que la Palabra de Dios es como lluvia y nieve que riegan la tierra para producir fruto y alimento, para dar esperanza en medio de la incertidumbre, para producir fe, para alumbrar nuestro caminar.

Hace algunos años pude identificar muy claramente un hambre por la Palabra de Dios. Iba a tener una cirugía y horas antes de ser ingresado al quirófano, mi espíritu tenía un hambre de Su Palabra. Dios, de una manera muy especial, me habló y me dio esperanza y paz a través de Su Palabra. Horas después de salir de cirugía, había en mí un hambre por Su Palabra, un hambre muy fuerte que venía del espíritu, y Dios proveyó.

Continuamente hay un anhelo fuerte por buscar en la Palabra dirección. No es un asunto de ser muy religioso, es una necesidad en el espíritu, una necesidad fuerte, porque la Palabra que sale de la boca de Dios es alimento, produce vida, porque lo que Dios ha dicho que se hará, será hecho.

Sus promesas que Dios ha hablado, podemos tener la certeza que Dios las cumplirá. En la Biblia podemos confirmar en la vida de tantos hombres de como Dios cumplió cada una de Sus promesas a ellos. Porque no hay nada que pueda detener una Palabra que ha salido de la boca de Dios.

Su Palabra trayendo vida, Su Palabra transformando corazones, Su Palabra transformando naciones enteras que en humildad han derramado su corazón a Dios.

Mientras orábamos por Ghana un querido hermano y amigo y yo, Dios ponía en nuestra oración el deseo porque esta nación, así como todas las naciones sobre la tierra puedan ser transformadas por la Palabra de Dios, por la obra de Su Espíritu. Porque más allá de grandes esfuerzos de los hombres por transformar naciones, la única obra que traerá verdadera transformación será la obra que ha sido dicha por Dios y que a través de Su Espíritu será hecha.

 

Creador tuyo, oh Jacob

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“Ahora, así dice el Señor: Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque Yo estoy contigo; te puse nombre, Mío eres tú. Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Isaías 43.1,2

Dios ha dado una palabra a mi vida de una manera sorprendente. Después de que el alma fue golpeada por una breve confusión y angustia, después de la alabanza con Su iglesia Dios confirmó: Creador tuyo, oh Jacob.

Cuando Su palabra llega, Su palabra golpea con fuerza, golpea hasta sacudir todo miedo y duda, porque Su palabra nunca vuelve vacía. Fue, así lo confirmo ahora, una palabra que Dios habló para traer confianza, traer certeza, confirmar que Él está con los Suyos, contigo, conmigo. “No temas”, dice el Señor, “porque Yo te redimí; te puse nombre, Mío eres tú”.

Quisiera expresar cuán hermosa es esta palabra a mi vida. Desde el versículo 1 hasta el 7 del capítulo 43 de Isaías fue leído después de la alabanza hoy con Su iglesia. Llegó con fuerza para sacudir dudas y confirmar Su perfecta obra en nuestra vida, una vida que le pertenece completamente.

La Palabra de Dios no son amuletos o conjuros mágicos. Es verdad que se cree en el corazón y se predica con la vida. Sana, restaura, alienta, guía, disciplina, confronta, entresaca lo precioso de lo vil. Su Palabra, guía del humilde corazón, del pobre de espíritu, del de limpio corazón, de los que anhelan justicia y claman a lo alto. Su Palabra es más dulce que la miel, medicina a nuestra vida.

¡Oh, querido lector! Quisiera poder transmitir cuánta verdad podemos encontrar en Su Palabra, en la Biblia. Cuántas promesas, cuánta guía para toda decisión, cuánta disciplina que produce vida. Hoy Dios de una manera maravillosa ha hablado a mi vida, sin duda quiere hablar también a tu vida.

Los tiempos podrán no ser alentadores, pero Su Espíritu, poder de lo alto, nos guiará a toda verdad, a toda verdad para lograr un conocimiento pleno de JESÚS. No se trata de nosotros, Él es nuestro creador. Se trata de Él, nuestra vida le pertenece. Él nos ha creado. Él nos ha formado. Él nos ha redimido.

¡No temas!