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su corazón no era perfecto con Dios

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“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gente de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. […] Y cuando Salomón ya era viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con el Señor su Dios, como el corazón de su padre David.” 1 Reyes 11.1-4

 

El esplendor del reino de Israel llegó durante el tiempo de Salomón. Nunca ha habido en la historia de Israel un tiempo de tanta prosperidad e influencia mundial como lo tuvo en el tiempo de Salomón. El reino de Israel era, en términos actuales, una potencia mundial. Los pueblos buscaban acercarse y hacer negocios con Israel, ofrecían presentes e “impuestos”. Los reyes de la tierra venían para escuchar el consejo del rey más sabio que se había levantado sobre las naciones: Salomón.

De estas reinas, asombrada por lo que le habían dicho del rey Salomón, decidió constatarlo por ella misma y vino al rey y quedó aun mayormente impactada por la sabiduría, el esplendor, la grandeza del rey Salomón. La reina de Saba llego a decir: ni aun me habían contado la mitad de lo que acabo de presenciar. Ese era el reinado, ese era el rey Salomón. Un rey cuya grandeza venía a estar dada por la bendición y promesa de Dios sobre su vida.

Este reino del tiempo de Salomón se volvería siglos después en la añoranza del pueblo judío. Por muchos siglos el pueblo anhelaba, y anhelan, la llegada del Mesías quien hará que la grandeza del tiempo de Salomón vuelva pero aún con mayor esplendor.

Sin embargo, la historia específicamente de Salomón no termina del todo bien. El corazón de un rey con tanta sabiduría termina siendo desviado hacia ídolos de las naciones paganas que rodeaban y servían a Israel. ¿Cómo es que un hombre tan sabio no pudo percibir que su corazón estaba siendo desviado?

Hubo una época en la que el rey Salomón siente un hastío. El libro de Eclesiastés lo narra. Salomón descubre que todo es vanidad, que no importa que tanto pudiera ser o poseer, todo terminaría siendo vanidad. Ese libro narra como un rey había quedado hastiado del mundo sin encontrar satisfacción. ¿Por qué?

La respuesta la encontramos en 1 Reyes 11.4. Al finalizar este versículo dice: el corazón de Salomón no era perfecto… como el corazón de David. ¿Qué había en el corazón de David? De hecho, algo interesante de notar es que el rey David cometió adulterio y asesino al esposo de la mujer con quien adulteró. De Salomón no se narra algo semejante, pero se narra algo peor: un corazón que no es perfecto con Dios.

¿Cómo es un corazón perfecto con Dios? Los salmos escritos por David son una ventana a ello. David se derrama en estos salmos de una manera tan íntima, que podemos ver sus temores, sus miedos, sus anhelos, sus sueños. Si algo queda claro en los salmos es que Dios anhelaba a Dios, y buscaba ser conforme al corazón de Dios, un corazón vestido de misericordia, de justicia, de juicio. Un corazón que entendió la misericordia de Dios y Su gracia, de una manera muy especial. David tenía una relación íntima con Dios, se deleitaba en Dios, se refugiaba en Dios, se confiaba en Dios.

Es por eso que una relación diaria, constante, sincera, íntima con Dios se vuelve esencial en la vida de un creyente. No hay mayor prioridad para un hombre conforme al corazón de Dios que una relación genuina con Él.

Podremos ganar el mundo, sus riquezas, su fama, sus comodidades, pero eso no llenará de plenitud nuestra alma ni nuestro espíritu. ¿En dónde encontramos nuestro deleite? ¿En dónde encontramos nuestra plenitud?

ganar a Cristo

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“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo JESÚS, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;” Filipenses 3.8,9

Dios ha anhelado fuertemente desde los tiempos de la creación revelarse a los hombres. Un anhelo fuerte en el corazón de Dios está para que los hombres le conozcan y se acerquen y rindan completamente sus vidas a Él. El Dios del Universo, Quien creó todo con el solo pronunciar de Su voz, desea estar cercano a los Suyos, porque en ello Él encuentra un deleite especial.

Los grandes hombres de fe han descubierto ese anhelo en el corazón de Dios y constantemente estos hombres encuentran en Dios aquello que nada ni nadie puede ofrecerles: plenitud. Cuando un hombre es cautivado por Dios, ese hombre no vuelve a ser igual, su vida queda sometida a Dios para Su gloria. Es por ello que estos hombres, aun en tiempos de gran persecución y peligro, confiadamente andan porque saben que Dios es por ellos y si Dios es por ellos, ¿quién podrá en contra de ellos? Ni aun la muerte, ni la vida, nada podrá separarlos del amor de Dios que es en Cristo JESÚS.

Ganar a Cristo se vuelve el anhelo diario y constante de estos hombres. Poder saber que cada día pueden conocer más de Él y Su perfecta voluntad. Para estos hombres, la vida cambia completamente su sentido y propósito y se le alinea a un propósito eterno que sobrepasa toda cosa que en esta tierra se pueda tener.

Estamos por concluir un año y comenzar un año nuevo. Y confío mucho en Dios que nos permita anhelar en este próximo año el ganar a Cristo más y más, conocerle aún más de tal forma que nuestra vida quede cautivada por Él, que todo lo llena en todo.

cuando no sabes lo que quieres

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“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6.31-33

Después de haber dedicado años para lograr grandes posesiones, fortuna y fama, un hombre llegó a la edad en su vida en que había logrado todo lo que su corazón anhelaba pero al estar ahí, delante de todo lo que había logrado, sentía un hueco tan fuerte en su corazón que sintió que todo lo que había anhelado por años no era realmente lo que quería. Este hombre había dedicado su vida entera en esforzarse para lograr lo que él anhelaba, pero todo ello aprovechó en poco a su alma y a su espíritu porque todo eso había terminado por consumir todos sus años sin traer gozo alguno.

El mundo había sembrado en él un ideal de éxito, de estabilidad, de plenitud, todo ello falso y temporal. Él había consumido año tras año construyendo algo que terminaría por agotarle y dejarle completamente confundido y vacío. Y cuando aquel hombre miró a su alrededor, exclamó con profunda decepción: ¿dónde estás tú, plenitud del alma?

Durante años nosotros podemos estar construyendo nuestra vida basada en nuestros anhelos: una casa, una familia, un trabajo, un viaje, hijos, posesiones, estabilidad, un ministerio. Podemos estar trabajando día con día creyendo que eso es lo que realmente nos dará plenitud y llenará nuestra alma con gozo. Hacemos de nuestra vida una búsqueda de un sueño tan nuestro pero que está tan distante de Dios. Hemos creído en Dios, pero no hemos rendido completamente nuestros deseos y anhelos a Él. Asistimos a la iglesia, pero seguimos desgastando nuestra vida para conseguir cosas que si bien no son malas, sí son temporales. ¿Debemos entonces dejar de trabajar? Por supuesto que no. ¿Debemos entonces dejar de anhelar una familia? Claro que no. ¿Debemos conformarnos con una vida mediocre esperando que las cosas lleguen por sí solas? Indudablemente no.

Sin embargo, nuestro mayor anhelo cada día debe ser conocer más de Dios, verle glorificado en nuestra vida. Nuestro anhelo debe sujetarse a buscar primeramente a Dios y Su reino, porque Dios desea que aprendamos a elegirlo a Él ante todo y en todo.

Pueden estar llegando oportunidades a tu vida hoy: un trabajo, un viaje, un noviazgo, un matrimonio, muchas cosas más. Pero antes de tomar cualquier decisión necesitamos preguntar: ¿Dios, dónde Tú estarás? Porque ahí es donde nuestra alma anhela estar.

completos

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“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor JESÚS, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Hechos 20.24

 

El individualismo que se promueve como forma de vida en las sociedades modernas para sobresalir,  el romanticismo que se expone en cada película o programa de TV para buscar una relación, el materialismo que se establece como medio para que los hombres sean reconocidos, el hedonismo que defiende la plenitud en los placeres, todo lo que este mundo pregona va en contra de las enseñanzas de Dios. Nuestros niños, jóvenes, mujeres y hombres, todos nosotros hemos sido envueltos en un ambiente que establece que mientras más logre, cuando encuentre el amor de mi vida, mientras más tenga, o mientras más disfrute, todo eso traerá una plenitud y nos hará sentir completos.

Creemos que en una familia encontraremos todo, o que en una relación de pareja estaremos felices, o que con una profesión o negocio seremos más afortunados, sin embargo hay una verdad que el mundo y Satanás tratan de desaparecer: nuestra única plenitud está en Dios.

Necesitamos enseñarles a nuestros niños y jóvenes, a nuestros hombres y mujeres, que su relación más importante es su relación con JESÚS, que no podrán encontrar en ningún otro lado lo que únicamente Dios puede darnos: sentido a nuestra vida, un propósito en Él.

El testimonio del apóstol Pablo es tan fuerte que muchos creyentes a lo largo de la historia hemos aprendido de la maravillosa gracia de nuestro gran Dios. Pablo, un asesino de cristianos, un hombre tan cegado por los legalismos del judaísmo, un hombre preparado en letras que lo hacían un hombre soberbio y orgulloso, un hombre que presenció, aprobó y se deleitó en la muerte de creyentes que eran asesinados sin mayor piedad, ese hombre llamado Pablo tuvo un encuentro con JESÚS tan fuerte que su vida cambió por completo. Él, después de ese gran encuentro, entendió que su vida no era suficiente para agradecer a Dios  cuán maravilloso regalo de salvación inmerecida. Imagina, por un momento, un hombre que hizo tanto mal de pronto se encuentra con JESÚS y recibe salvación por el puro afecto de Su voluntad. Pablo no se merecía la salvación, pero Dios se la concedió, nosotros no nos merecíamos la salvación, pero Dios tuvo misericordia de nosotros.

Hermanos, sé que el mundo es tan pesado y Satanás tan astuto, pero nuestro gran Dios es mayor que todos ellos. Sé que día a día recibimos tantos dardos del enemigo en forma de mentiras disfrazadas de cosas supuestamente “buenas”, pero nuestra espada es la Palabra de Dios con la cual podemos apagar toda mentira.

En este año que está por comenzar esfuérzate y sé valiente en mantener tu relación con Dios como la de más alta prioridad. Esto no se refiere a estar en la iglesia todo el tiempo, o en dedicarte a un ministerio de tiempo completo, sino que  en tu intimidad, en tu corazón, atesores a JESÚS como Señor y Dios a quien buscas agradar sin dudar. Recuerda en Él somos completos.

no se trata de mí

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“Él [JESÚS] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten”. Colosenses 1: 15-17

 

Una de las grandes mentiras que el humanismo de nuestra época pregona es que uno es el dueño de su propia vida, de su propio destino. Continuamente escuchamos mensajes en la TV, en la música, en los libros y revistas de moda, en el cine, de que dentro de nosotros está el poder para cambiar nuestra vida, que uno tiene toda la capacidad para poder ser todo un triunfador, un hombre o mujer de éxito.

Ese tipo de mensajes suena alentador cuando la persona que le escucha ha pasado por momentos en su vida que son difíciles y en los que parece que todo está en su contra, cuando nadie le acepta o ama, cuando todos su burlan y menosprecian. Y ahí, en ese mensaje de que dentro de ti está el poder, está una mentira sutil que terminará por hundir más su vida en una soledad y en un individualismo que el humanismo defiende.

Sin embargo, JESÚS fue muy claro al decirnos que para ser Sus seguidores necesitábamos negarnos a nosotros mismos, debemos dejar de fijar nuestra vida en nosotros y empezarla a fijarla en Él. Y aquí surge una de los grandes conflictos que todo hombre enfrentamos: nuestra vida no es nuestra.

Esta vida no se trata de nosotros, no se trata que nosotros brillemos, no se trata de que nosotros seamos famosos y conocidos y ricos y exitosos. Esta vida se trata de que JESÚS brille, de que Él sea conocido, de que Él sea glorificado, de que Él sea visto en nosotros. Se trata de que todo nuestro ser confiese día a día a JESÚS como Señor aun sin siquiera pronunciar una sola palabra, porque nuestra vida toda lo declara y no puede ocultarlo.

No se trata de vivir una vida llena de sufrimiento y dolor para saber que nuestra vida no es nuestra. Se trata de que cada sueño en nosotros, que cada proyecto que comenzamos, que cada decisión que tomamos, que cada palabra que pronunciemos, que cada motivación que haya en nosotros, que cada pensamiento en nuestra mente, que cada sentimiento en nuestra alma, que todo nosotros esté fuertemente pegado a Dios y Sus propósitos, se trata de depender de Dios totalmente para vivir.

Pero, ¿es esto posible en fuerzas humanas? ¿es posible vivir una vida rendida a Dios en nuestras fuerzas? La respuesta es no. Necesitamos de la gracia de Dios, de Su Espíritu en nosotros para poder vivir una vida que esté entregada a Dios. Continuamente nuestras emociones luchan dentro de nosotros, nuestros pensamientos encuentran razones para pensar cosas no gratas, nuestro actuar es constantemente movido por motivaciones incorrectas. Pero Dios desea profundamente ayudarnos, guiarnos a Su libertad, a Su plenitud en Cristo.

Hoy es un buen día para orar a Dios para que nuestra vida esté rendida a Él. Que Él nos lleve a tener esta vida enfocada en JESÚS y no en nuestros deseos. Que Dios limpie nuestra vida de toda filosofía que pone al hombre por encima de todo.

Hemos sido creados por y para JESÚS. Nuestra única plenitud verdadera está en Él. Todo se trata de Él.

plenitud en Cristo

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“y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Efesios 1:22,23

 

¿Por qué buscas agua dónde solo hay desiertos? ¿Por qué buscas paz donde solo hay guerra? ¿Por qué buscas propósito donde solo hay vanidad? ¿Por qué buscas vida donde solo hay muerte?

Hace ya algunos años Dios habló a mi vida a través de este versículo de Efesios. Frecuentemente lo recuerdo porque sigo maravillado por la tremenda verdad que hay en Él: la plenitud de Cristo que todo lo llena en todo.

Todo hueco en mi vida, toda falta de propósito, todo anhelo, todo sueño, toda libertad, toda salvación, todo daño, todo en mi vida, todo lo llena Cristo. No hay espacio en mi vida que no pueda ser ocupado por Él. No hay necesidad que Él no pueda cubrir. Todo lo llena Él. Esa plenitud en Él no es en un sentido emocional o físico solamente, sino en un sentido espiritual donde muchos de nuestras necesidades y problemas surgen.

¿Puedes imaginar el sentirte pleno? ¿Cuando tu vida está completamente realizada, donde todo anhelo es cubierto? Sólo JESÚS podrá darte esa plenitud. Ni tu esposo, ni tus hijos, ni tu familia, ni tu trabajo, ni la escuela, ni todo el dinero del  mundo, ni siquiera toda fama pueden darte una pequeñísima parte de la plenitud que Cristo nos da. Es por eso que Dios constantemente nos exhorta a fijar nuestros ojos en Él, que nuestra esperanza solo sea Él, porque en Él podemos encontrar todo lo que nuestra vida necesita.

JESÚS todo lo llena.

El domingo pasado entonábamos un canto que es hermoso porque habla de JESÚS de una manera especial: ¡Cuán bello es el Señor, Cuán hermoso es el Señor! Su belleza nunca se agotará. Cuando uno queda cautivado por la belleza de Dios, cuando nuestra vida está fijada en Él todo nuestro ser queda cautivado y pleno en Él.

Busca tu plenitud en JESÚS. Pide a Dios que tu vida sea plena en Él. Que Dios llene tu vida en cada parte de tu ser. Que puedas cantarle y decirle desde tu corazón: ¡Cuán hermoso eres!

 

en Cristo

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“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.” Efesios 2.13

 

¡Qué tiempo tan hermoso Dios nos permite vivir como parte Su iglesia! Su iglesia: ese grupo de personas imperfectas que están siendo perfeccionadas por la obra de Su Espíritu en nosotros. ¡Qué maravillosa promesa! ¡Qué bendición tan especial y única!

Dios bendiga a los pastores y a cada uno de los líderes y autoridades que Él ha puesto para bendición nuestra. Dios les bendiga en sobremanera y que en sus corazones sobreabunde el amor y la gracia de nuestro Señor Jesús. Dios les bendiga con una dependencia y total rendición a Él.

Estar en Cristo es una bendición que poco podemos describir. No es un estado  mental, ni un estado emocional, sino un estado espiritual que nos permite tener gozo en medio de la tribulación, tener paz en medio de la prueba, vivir confiados en medio de dificultades, es un amor que lo cubre todo y nos lleva al mar de Su gracia eterna donde todo viene de Él, donde todo se trata de Él.

Estar en Cristo es algo sobrenatural que no se explica con palabras, pero que se testifica en cada acto y pensamiento y actitud y palabra, se testifica con nuestra vida entera. Estar en Cristo es vivir confiados sabiendo que nuestra vida está siendo perfeccionada y donde nuestra maldad está siendo limpiada. Estar en Cristo es vivir en arrepentimiento y humildad porque Su Espíritu nos lleva a ello. Estar en Cristo es crecer en carácter y conocimiento de Dios, pero no un conocimiento que viene de hombres, sino de Dios.

Estar en Cristo es por la eternidad. Es lo mejor que puede en nuestra vida haber sucedido, es lo mejor que nuestro vida puede haber recibido, sin merecerlo, sin buscarlo, sin esperarlo. Estar en Cristo es vivir en plenitud, es vivir en perdón perfecto, en amor eterno.

Estar en Cristo es por lo cual hemos sido hechos, por lo cual hemos sido creados. Porque separados de Él, nuestra vida no tiene razón alguna, porque sin Él nuestra vida sería como un ruido en medio de una pieza musical extraordinaria.

Al que está sentado en el trono, Al que vive para siempre y siempre sea la gloria, sea la honra y el poder. A Jesús.

nuestra plenitud

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Hace algunas semanas atrás tuve la oportunidad de asistir a la presentación de un libro y, para asombro mío, Dios me permitió ver cuánto el mundo de este siglo está tan centrado en el hombre y poco en las cosas de Dios. El autor de este libro hacía una serie de referencias que reflejaban que en el hombre está la respuesta a resolver los problemas que actualmente las parejas enfrentan. Esto es sólo una parte de cuánto el humanismo ha entrado en nuestra cultura y en nuestras vidas, es decir, cuánto el mundo de este siglo, incluidas las vidas de muchos cristianos, están centradas en el hombre.  Y esta es la religión de este siglo, afirma el pastor de la iglesia donde soy miembro: el humanismo.

Para confirmar lo anterior basta encender un televisor y ver lo que los anuncios y los programas transmitidos pregonan: avaricia, vanidad, hipocresía, mentiras, sexo, adicciones, enojo, ira, rencor, y la lista se extiende hasta encontrar un conjunto de antivalores disfrazados de supuesta realización personal que se han encajado en nuestra cultura y que muchos cristianos defienden y se esfuerzan en seguir. No es necesario ser un hombre con una madurez espiritual elevada para darse cuenta de que lo que se pregona en el mundo no sólo es hueco y sin sentido, sino que esto lleva a la muerte y a una plenitud ilusoria.

Muchos de nuestros jóvenes y adultos buscan llenar vacíos emocionales y espirituales a través de una serie de cosas, logros personales y profesionales, o en otras personas. Nuestros adolescentes han sido engañados haciéndoles creer que cuando sean “libres” de sus padres serán plenos, nuestros jóvenes constantemente buscan en una persona la respuesta a sus vacíos, nuestros adultos profundamente creen que en el dinero y las posesiones y cuanto más logren ahí podrán tener su plenitud. Pero la Biblia no sólo no afirma eso, sino que condena tajantemente el amor a las riquezas y a los ídolos. (1 Tim. 6:10, Deut. 5:7, y la lista de versículos es amplia).

Dios mismo sabe que sin Él nuestra vida carece de sentido. Hemos sido creados para depender de Él en nuestra totalidad. No es coincidencia que el primero de los diez mandamientos haga referencia precisamente a que nuestro ser debe estar enfocado totalmente en Él, y no es por una necesidad en Dios o una baja autoestima en Dios, sino porque Él sabe que nosotros tenemos diariamente necesidad de Él. Es por esto lo más maravilloso del sacrificio y resurrección de Jesús: podemos acercarnos al Padre sin límites, porque somos bienvenidos por lo que Jesús hizo por nosotros, somos limpios delante de Dios.

Constantemente Dios nos manda a evaluar nuestro caminar con Él, a examinar nuestra vida (incluidos pensamientos, emociones y acciones) y confirmar que hemos dado frutos en la fe, frutos que glorifiquen al Padre. Constantemente Dios pide que nos cuidemos de la idolatría porque esto no sólo hace referencia a adorar imágenes sino también nuestras posesiones, nuestra familia, nuestro ministerio, nuestro trabajo, o cualquier cosa en la que estemos basando nuestra plenitud.

Jesús debe ser todo para un cristiano, porque un cristiano verdadero se asfixia en este mundo corrompido cuando se encuentra alejado de Él, Quien es nuestra plenitud.