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en el poder del Espíritu

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“Y JESÚS volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió Su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.” Lucas 4.14,15

Dios no nos deja en el desierto para siempre como si se tratase de un Dios malvado. Si bien Él puede llevarnos al desierto a través de Su Espíritu, Su propósito es que crezcamos a la estatura de Cristo, a Su carácter. Esos desiertos son tiempos de pruebas que nos ayudan a entresacar lo precioso de lo vil, a revelar lo que hay en nuestros corazones, lo que estorba para que nuestra vida crezca en fe, en madurez, en carácter, en Su conocimiento, para ser más como JESÚS.

Cuando JESÚS regresa del desierto, Él regresa en el poder del Espíritu. Aquí vemos un paralelismo muy interesante: JESÚS es llevado por el Espíritu al desierto, y cuando regresa del desierto el poder del Espíritu estaba en Él. Pensemos por un momento: JESÚS es Dios, ¿por qué necesitaba el poder del Espíritu?

Nuestro Dios es un Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu. Cuando JESÚS regresa del desierto, vemos que esa comunión entre las tres personas de Dios se muestra en su esplendor: JESÚS tenía una comunión diaria con el Padre, y cuando regresa del desierto el Espíritu estaba en Él. El Espíritu de Dios que es dado a la iglesia para revelarnos a JESÚS cada vez más, para poder ser testigos de JESÚS en todo rincón de la tierra.

Ahora imagina, cuando vemos a JESÚS a través de los evangelios no sólo vemos a la segunda persona de la Trinidad, sino que también el Espíritu estaba con Él. Es impresionante de solo imaginarlo.

JESÚS volvió con autoridad, con confirmación, con esplendor del desierto. JESÚS siendo guiado a través del Espíritu en esa comunión diaria con el Padre. JESÚS siendo revelado a los hombres por el Espíritu.

Después de atravesar por desiertos oscuros, una labor importante para cada hijo de Dios es evaluarnos: ¿crecimos? ¿somos más como JESÚS? ¿el poder del Espíritu está en nosotros?

Suelo ver los procesos de Dios como una escalera, donde cada escalón es como un proceso o una parte de un proceso completada. Esos desiertos son parte de esos procesos y cuando Dios nos lleva en victoria a través de esos desiertos, logramos subir al siguiente escalón. Lo importante de esos procesos, de esos desiertos, es crecer y ser más como JESÚS.

Estamos por concluir un año y sería de gran valor evaluar nuestro caminar con Dios. Identificar los aciertos y también las fallas y aprender de ellas. Y sobretodo confirmar que en este año JESÚS ha sido formado cada vez más en nosotros por el poder de Su Espíritu.

Dios guíe cada día de nuestra vida como un tiempo de crecimiento a la estatura del Varón Perfecto, JESÚS.

espíritu de poder, de amor y de dominio propio

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“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,” 2 Timoteo 1.7,8

En días pasados cierta duda llegó a mí respecto a qué tanto estamos impactando al mundo con el evangelio. Naciones construidas sobre los principios del evangelio hace siglos ahora se vuelven a un humanismo imperante donde el conocimiento de Dios es cuestionado y donde Su existencia es negada. Vemos a generaciones de jóvenes que siendo criados en la iglesia, ahora dejan la fe cristiana para abrazar filosofías y conceptos de hombres. ¿Qué ha pasado con la iglesia en las últimas décadas que su impacto en la sociedad occidental ha menguado a niveles preocupantes?

Creo que una de las razones se debe a que como iglesia hemos sido en lo secreto un tanto complacientes con el pecado pero a su vez en lo externo hemos sido un desagüe de condenación y falsa santidad. Es triste ver en las noticias cómo líderes identificados como fervientes creyentes, son señalados por su falta de ética y congruencia; es preocupante ver cómo creyentes de años se amoldan al mundo sin mayor peso en la conciencia; es triste ver a una iglesia que llamada a ser luz, nos hemos vuelto una institución más en la sociedad.

No quiero ser pesimista, tampoco quiero ser un desagüe de condenación hacia la iglesia misma, solo quiero compartir un peso que en mí hay desde hace ya algún tiempo, y quisiera que el Espíritu de Dios nos moviera hacia tiempos más gloriosos para Su iglesia, y es aquí donde creo la palabra de Pablo a Timoteo tiene un valor especial: Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio.

De poder porque de manera sorprendente y sobrenatural hemos confirmado que Dios puede transformar vidas enteras por el puro afecto de Su voluntad. De amor porque no habrá mayor testimonio que el amor que la iglesia muestre al mundo. Y de dominio propio porque en tiempos de profunda oscuridad, nuestra vida deberá estar llamada a vivir en estándares de integridad y pureza que este mundo no conoce.

Solo el Espíritu de Dios podrá hacerlo, sólo Él puede quitar ese espíritu de cobardía y darnos ese espíritu de poder, de amor y de dominio propio que nos llevará a no avergonzarnos del evangelio, sino que seremos capaces de soportar toda aflicción por Su Nombre. Dios nos llene de Su Espíritu y nos lleve a tiempos tan gloriosos que ninguna otra generación haya conocido.

¿tienen Sus ejércitos número?

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“¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de Él! Pero el trueno de Su poder, ¿quién lo puede comprender?” Job 25.26

Intentar comprender a Dios en toda Su majestad es una tarea interminable que pondrá a prueba nuestras capacidades humanas, siempre limitadas por sí mismas. Reducir a Dios en un solo concepto, intentar describirle con un puñado de palabras, atreverse a hablar de Él es una osada labor que nos llevará a concluir: “¿qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Salmo 8.4)

¡Cuán leve, diría Job, es lo que hemos oído de Él! (Job 25.26) ¿Quién podrá estar de pie cuando Él se manifieste? Nuestro Dios que es fuego purificador. (Malaquías 3.2)

Y el salmista concluye: Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto Su ira. Bienaventurado todos los que en Él confían.” (Salmo 2.10-12).

Seamos, pues, prudentes, teniendo siempre presente que servimos al Dios vivo.

¿qué haremos?

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“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este JESÚS a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Hechos 2.36-38

Después de la manifestación gloriosa del Espíritu Santo en la iglesia primitiva, muchos hombres y mujeres fueron no sólo asombrados por lo que veían, sino confrontados con el mensaje de salvación en JESÚS. Cuando en medio de la iglesia los creyentes comenzaron a hablar en diferentes idiomas, las personas que presenciaban aquello veían con asombro porque “les veían hablar en su propia lengua” (v6). De inmediato, Pedro, uno de los apóstoles, con gran poder pronunció su primer discurso, el cual llevaría a aquel grupo de espectadores a ser confrontados (compungidos) con el Evangelio.

A la iglesia primitiva (un puñado de personas) le fue dada una comisión tan imposible que en méritos humanos jamás hubiera sido lograda: llevar el Evangelio por todo el mundo (literalmente todo el mundo). Esa iglesia primitiva, y lo podemos confirmar en cada página del libro de Hechos, fue llena de un poder que nunca antes habían experimentado los discípulos, un poder que habitó en ellos a partir de ese momento descrito en el capítulo 2. Ese poder, que es dado por el Espíritu Santo, fue la diferencia para que la iglesia primitiva no sólo creciera, sino que fuera capaz de cumplir su llamado.

Ese discurso de Pedro fue el primero de sin duda muchos más pronunciados por Pedro y más creyentes. Lo increíble de ese momento es que el Espíritu de Dios había descendido en gente tan común que sólo un poder especial podía moverlos a ser cosas extraordinarias y sobrenaturales no como espectáculo pero sí para salvación y gloria de Dios. Hombres cuya única característica era que se habían arrepentido de sus pecados y habían decidido creer verdaderamente en JESÚS como Salvador.

El libro de Hechos es un testimonio de cómo el Espíritu Santo usó momento a momento hombres imperfectos para Su obra perfecta y eterna. El Espíritu Santo moviéndose con tanta libertad sobre personas que eran convencidas de sus pecados. El Espíritu Santo sacudiendo al mundo con el Evangelio.

Y eso que leemos en el libro de Hechos no son historias fantásticas o leyendas (como algunos dirían) sino una realidad en la iglesia de aquel tiempo y también en la iglesia de hoy en día. La iglesia de hoy tiene, como la iglesia primitiva, la comisión imposible de alcanzar a un mundo que día a día se pierde en una vana manera de vivir. Y también la iglesia de nuestro tiempo, como la iglesia primitiva, tiene al Espíritu Santo como el Gran Guía, el Consolador, el que convencerá al mundo de pecado, justicia y juicio.

Iglesia, queridos hermanos, el mundo necesita desesperadamente a JESÚS. Lo podemos ver en las calles, en nuestra familia, en todo lugar. Y tú y yo somos esas personas comunes y sin ningún atributo especial mas que el haber rendido nuestra vida a Cristo en profundo arrepentimiento. Hoy, justo antes de que inicie un nuevo año, pido a Dios que Su Espíritu llene nuestra vida y habite en cada uno de nosotros para poder ser testigos fieles de Su gran salvación alrededor del mundo.

JESÚS es Dios

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“Él [JESÚS] es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.” Colosenses 1.15

“Porque en Él [JESÚS] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” Colosenses 2.9

 

Las tinieblas tiemblan a Su Nombre. Toda potestad se sujeta a Él. No hay otro igual sobre toda la eternidad. Toda autoridad le ha sido dada por el Padre, y Él ha redimido un pueblo para sí. Él creó el universo entero con sólo pronunciarlo. Él trajo a los hombres libertad del yugo de esclavitud al cual estábamos sujetos. Él es Dios.

Aprendí hace algunos meses una realidad que está sobre el mundo entero. Esta realidad no es nueva pero sí ha tenido fuerza en nuestros días. Si bien Satanás puede soportar la moralidad y las enseñanzas éticas del cristianismo, lo que él no puede soportar es la autoridad de Cristo, porque aun a la autoridad de Cristo, Satanás no puede huir, teme a ella. Y en este miedo, Satanás intentará desvirtuar esa autoridad ante los ojos de los hombres, ante el mundo entero. Pondrá en duda la autoridad de Cristo, Su Deidad, intentará poner en duda que Él es Dios.

Quizá conoces esa frase que se hizo popular en las últimas décadas, frase dicha por un prominente líder religioso a nivel mundial. Este líder declaró algo que en nuestros días suena como una verdad que pocos discuten, sin embargo es una mentira que solo intenta minimizar la autoridad de Cristo. Esta frase plantea que todas las religiones llevan a Dios, todas ellas son caminos para acercarnos a Él. Sin embargo, la Biblia no soporta tal cosa, sino al contrario, la Biblia establece que ninguna religión lleva a Dios, porque todas las religiones son intentos corrompidos del hombre por encontrar un camino que les haga sentir menos culpables. La Biblia es muy clara: solo hay un camino, y ese camino es JESÚS.

La autoridad de Cristo, Su Deidad, es experimentada en la vida de cada hijo de Dios de maneras que poco podemos explicar. Su autoridad en nuestras vidas trae vida en medio de las tinieblas. Su autoridad rompe todo lo que nos tenía atados a servidumbre del pecado. Su autoridad trae paz y gozo a vidas que no merecían más que la muerte. Su autoridad es tan infinita y profunda que Él renueva lo que no tenía propósito. La autoridad de Cristo, Su Deidad, Su sacrificio, es suficiente, nada más puede añadirse a ella para que nuestra vida pueda ser salva.

En los últimos tiempos, cuando el mundo esté a punto de perecer y la segunda venida de Cristo sea inminente, surgirán por todos los rincones de la tierra intentos por cuestionar y poner en duda a Cristo y Su autoridad. Sin embargo, los hijos de Dios podrán estar confiados de que su vida solo pertenece al único Dios verdadero: JESÚS.

adoctrinamiento vs. convicción

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“Porque iré a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” 1 Corintios 4:19,20

Durante la Segunda Guerra Mundial, una de las grandes armas que el ejército nazi empleó para lograr poderío fue, no las armas por sí solas, sino el adoctrinamiento de sus soldados y de todo un país entero que vivió controlado a través de una ideología que iba mucho más allá del ámbito político. Después de esta guerra, la capacidad de manipulación que el adoctrinamiento ofreció, fue imitada por más naciones para promover sistemas de gobierno cuyo propósito era controlar a un pueblo a través de la extirpación de todo pensamiento crítico. Y el adoctrinamiento no fue algo que surgiera durante la Segunda Guerra Mundial, pero sí en esta guerra se evidenció esa capacidad que del adoctrinamiento surge.

Religiones enteras alrededor del mundo, principalmente aquellas con fines terroristas o extremistas, usan el adoctrinamiento con el fin de controlar las mentes de sus feligreses y hacer de ellos simples sujetos sin juicio propio. Aun hoy en nuestros días, grupos políticos, sociales, religiosos y de otra índole usan el adoctrinamiento como una técnica para lograr sus fines.

En el ámbito religioso específicamente, muchas personas alrededor del mundo pudieran estar viviendo un adoctrinamiento sin siquiera darse cuenta de ello. El adoctrinamiento resulta, simplemente, en la fe ciega, en una fe que se basa en lo que otros nos dicen, en una supuesta verdad no revelada a la vida de esas personas, pero sí como una vana repetición de ideas o ideologías sin mayor poder y sin mayor transformación.

Cuando las personas llegamos al conocimiento del mensaje de salvación en JESÚS, ese conocimiento puede convertirse en simple adoctrinamiento o en una verdadera convicción que viene desde el espíritu. Cuando el mensaje de salvación lo dejamos en el nivel de la mente, repitiendo esa oración del pecador como remedio para lograr salvación, tristemente estamos solo ocasionando que la gente crea una ideología “cristiana” y no un verdadero mensaje de salvación que transforma hasta lo más profundo de nosotros.

El apóstol Pablo, en su primera carta a la iglesia en Corinto, señala una realidad que estaba pasando en esa iglesia. Pablo, en el versículo 18 del capítulo 4, expresa que “algunos están envanecidos”. Esta frase expresa mucho porque Pablo sentía un peso en su espíritu al ver que algunas personas en la iglesia de Corinto estaban confiando más en su conocimiento que en el Señor, más en el adoctrinamiento que estaban sufriendo por ellos mismos que en la verdadera convicción en la Palabra y la transformación profunda que ésta provoca. Más adelante Pablo expresa: “y conoceré […] el poder de los que andan envanecidos”. Es decir, Pablo pondría a prueba qué poder tenía el conocimiento de aquellos que estaban evanecidos. Pablo concluye esta situación afirmando de lo que está formado el reino de Dios: “porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”. Es aquí donde existe la gran diferencia entre una fe basada en un adoctrinamiento, o una fe basada en una convicción.

Muchos creyentes alrededor del mundo podrán confirmar que el verdadero cristianismo es aquel que transforma tu vida por completo. Cuando JESÚS literalmente entra a tu vida y la transforma en tal medida que nunca vuelves a ser la misma persona. Una fe basada en una convicción porque has experimentado el poder del reino de JESÚS en tu vida, y no un montón de palabras que solo te adoctrinan. JESÚS vino a romper con esas cadenas que el adoctrinamiento lograba a través de las religiones y tantas ideologías y filosofías. JESÚS vino a restablecer el camino al Padre a través de Su sangre, a través de la verdad y no de ideologías, una verdad llena de poder.

Amado creyente, Dios no nos llama a tener una fe ciega. Dios no nos llama a recitar oraciones huecas sin sentido. Dios no nos llama a creer montón de ideas sin siquiera saber de qué se tratan. Dios anhela que Su pueblo desarrolle la capacidad para “examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5.21). Nuestra fe, la verdadera fe, trae como consecuencia la transformación completa de nuestra vida porque el poder del reino de JESÚS se manifiesta de maneras sobrenaturales empezando en el corazón y el espíritu de las personas.

Tu facilidad con lo imposible

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“¿Hay para Dios alguna cosa difícil?” Génesis 18:14

“porque nada es imposible para Dios.” Lucas 1:37

 

Cuando nuestra fe se encuentra en prueba la primera gran lucha que enfrentamos es contra nuestra humana y limitada capacidad de entender el poder de Dios. Cuando Dios nos da una promesa, cuando Dios pone en nosotros sueños, cuando Dios nos llama a ir hacia donde pocos han ido, cuando Dios nos pide dar un paso en donde no hay suelo firme, es ahí cuando en nuestro espíritu debe sujetarse de una verdad que sostiene el universo y la eternidad misma: cuando Dios ha hablado, no hay quien puede detener Su voluntad.

Este año en el grupo de jóvenes de la iglesia local ha sido un tiempo de grandes enseñanzas en fe. Ha sido un tiempo no sólo de enseñazas para los jóvenes y los líderes de jóvenes, sino para toda la iglesia. Ver la gran promesa dada por Dios, y su cumplimiento de una manera sobrenatural, perfecta. Y lo que está por venir será aún más sublime y glorioso.

Y también, en lo personal, en este año Dios me ha permitido traer a memoria aquellas promesas y aquellos sueños que Dios ha hablado a mi vida. Y el ver como Dios obra en la vida de la iglesia y de mi familia, me ha dado una confianza especial en Dios para creerle a Él y no a mi capacidad.

Estoy seguro que Dios ha hablado a tu vida. Quizá hace mucho tiempo de ello, quizá fue en esta semana, o en este preciso momento Dios está hablando a tu vida. Promesas que han quedado empolvadas en nuestra vida por nuestra incredulidad, sueños que fueron demasiado grandes para nosotros pero que han venido de Dios, un llamado que creímos fue una equivocación pero que Dios lo ha confirmado.

Busca en oración a Dios para que confirme cada promesa. Pide a Dios discernimiento para entender Su tiempo. Clama por fe a Dios para creerle a Él en cada paso que damos. Entrega a Dios tu vida para que Él se glorifique a través de ella.

Dios no tarda,  esto necesitamos tenerlo por cierto. La voluntad de Dios es buena, es agradable y es perfecta. No temas.

gente ordinaria, nuestro Dios extraordinario

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“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.” Hechos 1:8

 

Dios no me necesita, pero Él desea usarme. Dios no te necesita, pero Él desea usarte. Cuando comprendemos una parte de la grandeza de nuestro Dios, cuando asombrados comprendemos Sus maravillas, Su poder, Su majestad, Su santidad, cuando comprendemos que Él creó el universo con sólo pronunciarlo, cuando comprendemos cuán maravillosa obra Él hizo por nosotros en la cruz, cuando comprendemos que ni la muerte pudo detenerle, es entonces que comprendemos nuestra pequeñez delante de un Dios extraordinario.

Me sorprende Dios en cada uno de mis hermanos en la fe. Ver nuestras debilidades, ver nuestras fallas, ver nuestras flaquezas, ver nuestra imperfección, ver nuestra limitada y humana capacidad, y aún así Dios nos ama, y no sólo eso, Él desea glorificarse a través de nuestra vida. Y esto es gracias al perfecto sacrificio de Jesús en la cruz.

Constantemente Dios nos llevará a un punto en nuestra vida en la que reconozcamos que no somos nada, que no podemos en nuestras capacidades y habilidades cumplir con la obra que nos ha encomendado, que serle testigo en Jerusalén, o en Judea, o en Samaria, o en Ayotlán, o en Guadalajara, o en este planeta, es una tarea sumamente difícil. Necesitamos nosotros llegar a ese punto en el que vemos que no soy ni inteligente, ni capaz, ni elocuente, ni fuerte, ni perfecto, para poder cumplir Su obra. Que somos personas muy ordinarias.

Es necesario que lleguemos a ese punto, porque es ahí cuando Dios nos dirá: “Bien has dicho, tú eres incapaz pero Yo soy el todo poderoso que desea usarte”. Y cuando esto sucede, cuando su Espíritu obra a través de nosotros, es que nuestra vida en humildad queda rendida y apasionada por Él, por Su tremenda misericordia por este pobre pecador.

Dios debe completamente llevarse toda la gloria en nuestra vida. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, aun cuando dormimos. Porque cada segundo, cada uno de ellos, necesita ser entregado y vivido por Su Espíritu en nosotros.

¿Qué cosas hoy en tu vida resultan imposibles, verdaderamente imposibles? ¿Tu matrimonio, tu anhelo por tener un hijo, tu relación con tus padres, una enfermedad? ¿Has recibido de Dios sueños, sueños grandes que crees que nunca podrás alcanzar? No te veas a ti, no trates de resolver o lograr a través de tus medios, no resistas a Su gracia. Dios desea profundamente usar tu vida, así de ordinaria e imperfecta. Dios desea profundamente ayudarte a crecer: en fe, en carácter, en santidad, en entrega, en obediencia, en amor.

Nuestro Dios es extraordinario. Nunca lo olvides.

el fluir de la oración

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“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Romanos 8:26

 

8:30 de la mañana, el grupo reunido en pie formando un círculo previo al primer servicio dominical, la intención: orar por las actividades a desarrollarse en ese día. La primera persona empieza orar, después otra persona continua en la oración, y así, el tiempo se va invirtiendo en las oraciones de varios de los reunidos ahí. Y en un momento, sin procurarlo con intenciones humanas, la oración de unos se vuelve la oración de todos: una sola oración se eleva hacia lo alto desde ese lugar. De pronto, un ruido disipa la atención. Las mentes de los reunidos ahí se empiezan a distraer con las voces de los que no participan en esa oración, los ruidos empiezan a distraer aún más. Una voz, al percatarse de lo que sucedía, dice: no detengan el fluir de la oración.

Si un cristiano desea jactarse de que es un hombre de oración y que dedica mucho de su tiempo en esta actividad, corre el riesgo de quitar el mérito  a Aquel de quien proviene toda oración poderosa. Cuando uno recibe la salvación y el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, Él, el Espíritu, nos mueve hacia cosas extraordinarias que jamás en fuerza humana se hubieran alcanzado. Y una de esas cosas es la oración con propósito: una oración que viene emanada del corazón del Padre y que llega a Su corazón, una oración que conoce la voluntad del Padre y que, por tanto, fluye en ese sentir.

Las oraciones de los hombres suelen afanarse en cosas que nuestra mirada tanto física como espiritual alcanza a percibir, pero la oración del Espíritu a través de los hombres es un clamor y, en algunas ocasiones, pronunciada en lenguas. Detener el fluir de la oración del Espíritu, es detener la voz de Dios clamando a través de nosotros. Procurar el fluir de la oración del Espíritu, es procurar la poderosa voluntad de Dios no sólo en nosotros, sino en toda la creación.

En una ocasión hace un par de años Dios me reveló que aún en la oración, separados de Él nada podemos hacer. A partir de entonces, antes de toda oración y de que cualquier palabra sea pronunciada de mi boca, necesito buscar de su Espíritu para poder fluir en oración, esto es buscar y preguntarle a Su Espíritu que habita en nosotros cuál es la voluntad del Padre para este tiempo de oración. Cuando esto sucede, Dios me lo ha permitido vivir, cosas extraordinarias suceden en nuestro interior y en nuestro alrededor tanto físico como espiritual.

 

“Y [los miembros de la iglesia del primer siglo] perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Hechos 2:42