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en el año de sequía no se fatigará

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“Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.” Jeremías 17.7,8

 

No hay esperanza muerta cuando la esperanza es puesta en el Señor. Podrá ser la noche más oscura o el desierto más profundo que pueda un hombre o mujer atravesar, pero si la confianza está en Dios, será por cierto que no seremos avergonzados.

Nuestra confianza es el Señor que hizo los cielos y la tierra, quien formó todo con el poder de Su palabra. A quien el Universo entero obedece y no hay nada que se escape de Su voluntad y de Su poder. Nuestro Dios es Dios poderoso, temible, quien no se goza de la injusticia más haya deleite en la verdad. ¿Cuándo volveremos a Él? ¿Cuándo miraremos Su rostro aun cuando todo languidece?

El hombre que confía en Dios, afirma el Salmo 1 y el profeta Jeremías lo reitera, será como un árbol, un árbol plantado junto a aguas, fuentes de agua viva. Dará fruto a su tiempo aún en tiempo de sequía. Aún en tiempo de sequía.

Mientras se escuchaba la alabanza en la iglesia, una mujer leía ese pasaje de Jeremías, y en mi mente se quedó grabado: aún en el año de sequía ni se fatigará ni dejará de dar fruto. Así son los hijos de Dios que confían en Él.

Recordé también que el Salmo 1 había sido dado como una promesa de Dios a mi vida a través de mi mejor amiga hace un año. No podía quizá comprender esa promesa en toda su magnitud hasta que los tiempos de sequía llegaron. He podido confirmar que el Espíritu de Dios guiará a Sus escogidos en medio de ese tiempo, y habrá fruto.

Bendito aquel hombre y mujer cuya confianza es el Señor.

¿no te soy Yo mejor que diez hijos?

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“Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?” 1 Samuel 1.8

La historia de Ana, mamá del profeta Samuel, parece a simple vista una historia de profunda tristeza y sin esperanza. Ana era la mujer de Elcana pero ella no podía tener hijos, mientras que la otra esposa de Elcana sí podía. Pero Elcana amaba a Ana. Cada año cuando la otra mujer de Elcana molestaba a Ana, Ana se entristecía al grado de que lloraba, no comía y su corazón estaba afligido.

En una ocasión, cuando su esposa la ve tan afligida le hace una pregunta muy fuerte: ¿no te soy yo mejor que diez hijos? Parecía que Ana había dejado de percibir toda bendición a su alrededor, una de las más grandes el amor de su esposo, por el anhelo de poder tener un hijo.

Ana pide a Dios en esa ocasión y promete a Dios dedicar a su hijo si Dios le permite dar a luz. Dios le concede a Ana esta petición: Samuel.

Esta historia de Ana habló a mi vida en estos días. Uno de mis sueños es poder tener hijos, sin embargo, mi situación como persona gay hace que este sueño sea casi imposible, no sólo por el aspecto médico, sino por lo que esto representa socialmente: existe aún mucho estigma sobre los hijos en familias homoparentales.

Ha habido algunos días en los que llega una aflicción a mi corazón debido a este anhelo de tener hijos y las barreras que existen para que así sea. Justo la semana pasada esa aflicción llegó a mí nuevamente. Dios me ha permitido encontrar en su Palabra aliento cada vez que esta aflicción llega, y en esta ocasión llegó a través de este pasaje en el primer libro del profeta Samuel.

Cuando Elcana le pregunta a Ana: ¿no te soy yo mejor que diez hijos?, es como si Dios me preguntara a mí: Jacob, ¿no te soy Yo mejor que diez hijos? Acaso, ¿no te soy Yo mejor que cualquier otra bendición?

Hay un anhelo natural en los hombres y mujeres por poder ser padres. Es un anhelo que Dios puso en nuestros corazones. Sin embargo, para algunas personas ese anhelo puede volverse una carga cuando por diferentes circunstancias el tener hijos resulta casi imposible.

Lo maravilloso de la Biblia es que nos narra la historia una y otra vez de personas incapacitadas para tener hijos pero que Dios hace milagros y este milagro se vuelve un propósito de Dios. Es como si Dios nos dijera aun lo que para muchos es algo natural y sencillo (el tener hijos), para ti será un milagro que glorificará a Dios por la eternidad.

¿Qué sueño o promesa (un hijo) Dios ha dado a tu vida que no ha llegado (nacido)? ¿Estás afligido por ver que esa promesa no llega? ¿Has dejado de comer y aún en lágrimas clamas a Dios? La pregunta a la que Dios nos llevará será: ¿no te soy Yo mejor que esa promesa? Esta pregunta nos permitirá evaluar si hemos puesto la promesa que Dios nos ha dado por encima de Él, es decir, que la promesa se ha vuelto más importante que nuestra plenitud en Dios.

Dios permita que Su Pueblo encuentre en Él toda satisfacción y plenitud para que cada bendición, sueño, promesa, puedan ser entregadas a Él como propósitos que glorifiquen Su nombre por le eternidad.

los que esperan en Ti

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“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en Ti será confundido” Salmo 25.3a

Mientras leía el salmo 25, pude verme identificado en casi todos los versículos. Este salmo es un clamor para pedir a Dios Su dirección, Su perdón y Su protección en tiempos de confusión y prueba, tal como ocurre en estos días en mi vida.

Hubo una palabra de ese salmo que se quedó grabada: los que esperan en Ti no serán confundidos. La clave es: esperar en Dios. Y continuamente este salmo reflejaba parte de mi condición: mírame y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido (v16).

No quiero sonar como una persona que se está autoflagelando emocionalmente, ni sonar deprimido o con autocompasión. Es una condición mucho más espiritual que emocional, es una situación que creí podría ser un tanto “manejable” pero que ahora descubro y reconozco que la gracia y misericordia de Dios me es indispensable para poder salir adelante, no puedo con ello solo.

Quisiera poder poner palabras a lo que ahora espiritualmente atravieso. Sin embargo, no logró encontrarlas. Quizá, la palabra más cercana sería angustia, un dolor profundo. Como clama David en ese salmo: las angustias de mi corazón se han aumentado. Y David clama a Dios: sácame de mis congojas. (v17).

¿Por qué compartir esto públicamente? Creo que el propósito es compartir que en tiempos de aflicción, siempre hay palabra de Dios que nos sostiene, promesas que nos alientan. Podemos en Su Palabra encontrar consuelo, y saber que para Dios nada se ha salido de control, y que todo ha salido como Él lo ha planeado. Cuando pude descansar en esta verdad (que Dios tienen todo bajo control) entonces comprendí que más allá de la angustia, está Dios que todo lo sostiene y quien nos llama a caminar estos tiempos de aflicción sabiendo que Él tiene propósitos, propósitos eternos.

Dios nos guíe en victoria hacia Su presencia.

cosa mejor para nosotros

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“Y todos éstos [los héroes de fe], aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11.39,40

“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23.19

 

¿Cómo es que un hombre de fe como Abraham recibió promesa tan grande como el ser el padre de multitudes y ser bendición para el mundo, y lo único que vio fue a un hijo nacido en su vejez? La fe de Abraham es impresionante en muchos aspectos, una promesa imposible de la cual lo único que deleitó fue a un hijo cuyo nacimiento también era imposible. Sin embargo, hoy testificamos que esa promesa dada a Abraham, hoy nos incluye a nosotros y a generaciones de hombres y mujeres de fe que han sido atraídos a Dios mediante JESÚS.

Imaginemos ahora a los apóstoles cuando JESÚS les dice: y me serán testigos hasta lo último de la tierra. Sin embargo, ninguno de los apóstoles, más que Pablo, fue más allá de Asia menor. ¿Acaso JESÚS mintió? La respuesta es evidente en nuestra vida ahora: somos nosotros el fruto de la fe de ellos.

La Biblia narra la vida de hombres y mujeres de fe que recibieron promesas tan extraordinarias “pero” que no recibieron lo prometido, hombres y mujeres que guardaron en su corazón esa promesa, aunque ellos no lograron ver el cumplimiento de la promesa. Y el libro de Hebreos en el capítulo 11, en ese capítulo tan maravilloso, nos declara que aunque ellos no recibieron lo prometido, Dios nos ha bendecido por la fe de ellos, para que nosotros, además de ellos, también fuésemos perfeccionados (madurados) a través de esa fe. Es decir, la razón por la cual Dios “no cumple” la promesa en la persona que le recibió en un inicio, es porque esa promesa es tan alta que una sola generación no bastaría para cumplirle, no porque Dios no pueda hacerlo, sino porque Sus promesas son tan extremadamente más grandes que nuestros pensamientos no pueden concebirles.

Me encanta soñar con Dios y platicarles mis planes, y mis sueños, y mis ideas, y mis anhelos. Me encanta estar en una tarde sentado platicando con Él, o en la noche antes de dormir y platicar con Él acerca de esos sueños. Y me encanta porque sé que, aunque mis sueños pudieran parecer muy grandes, sé que Dios los sobrepasará con Sus sueños, porque Sus pensamientos son siempre mucho más altos que nuestros pensamientos. Y esto me impresiona de los hombres de fe: confiando siempre que lo que Dios traería siempre sería mayor al presente que vivían, aunque este presente pudiera parecer extraordinario.

No puedo imaginar a Abraham viviendo amargado y reclamándole a Dios porque había recibido una promesa de ser padre de multitudes y lo único que recibió fue un hijo. Abraham pudo ver más allá, pudo confirmar que Dios no miente, y lo que Él dijo será hecho. Abraham descansaba en esa verdad, una verdad que sostiene que lo que Dios ha dicho, será hecho.

haré de ti

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“Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” Génesis 12. 1,2

¿Cuántas de las promesas que recibimos de Dios parecen tan imposibles que ni siquiera todo el poder del hombre sobre la tierra pudieran ser capaces de cumplirles? ¿Has recibido alguna de esas promesas? ¿Ha Dios hablado a tu vida y ha declarado: haré de ti…?

Siempre que Dios da una promesa “imposible” a mi vida, hay en mí una realidad: Él ha sido fiel, donde hoy estoy no habría sido posible sin el obrar de Dios. En verdad, si pudiera contarles cómo Dios me permitió llegar a donde estoy no habría duda que Su mano estuvo en todo este tiempo. Aun en los tiempos difíciles donde parecía que todo obraba para mal, esos tiempos fueron parte de un plan mayor que fue usado por Dios para Su gloria. Sus promesas son en Él Sí y en Él Amén para Su gloria.

Abraham, el padre de la fe, recibió una promesa que era contraria a todo pronóstico humano: una nación grande cuando ni siquiera podía tener hijos. Muchos, me ha pasado a mí, creemos que la promesa de Dios a Abraham era un hijo, pero no era esa realmente la promesa, de hecho Isaac no era la promesa, era parte de la promesa, pero no era la promesa en su totalidad. Y cuando Dios me reveló esto (que Isaac no era la promesa) entendí aun más cuán grandes son las promesas de Dios: todas Sus promesas están encaminadas para Su gloria.

Dios había prometido a Abraham que él sería usado para bendecir al mundo a tal nivel que su descendencia sería como la arena del mar. Por supuesto que era necesario un hijo para que esta promesa se cumpliera, sin embargo su hijo era solo un medio para que el Nombre de Dios fuera conocido en toda la tierra. Quizá hoy vemos un “pedacito” como si fuera LA promesa, pero ese “pedacito” no es más que un medio para algo mayor, algo que está centrado completamente en Dios.

Y algo maravilloso de las promesas de Dios es que nos mueven de nuestra zona de confort, de nuestro “aquí” a una tierra de fe, donde la confianza a Dios es indispensable. No habrá promesa, si no hay un mover en fe, sino hay un salir de nuestra zona de confort, de nuestro aquí. Las promesas de Dios requerirán siempre que nosotros respondamos en fe y dejemos lo que nos sujeta a nuestra “aquí” para ir en busca de aquello que Dios ha dicho que hará de nosotros. Y siempre que nos movemos de nuestra zona de confort será incomodo, doloroso y aún muy difícil, sin embargo, cuando Dios ha hablado no habrá nada que lo pueda detener.

¿Qué ha dicho Dios que hará de ti? ¿Puedes percibir como eso que ha prometido encaja en un plan muchísimo mayor y eterno encaminado a Su gloria? Permite que Dios te guíe en esta tierra de fe a donde nos está llamando.

por amor a David Mi siervo

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“Pero no quitaré nada del reino [de Salomón] de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual Yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.” 1 Reyes 11.34

¿Puedes imaginar que eres bendecido por las promesas que Dios dio a tus antepasados? ¿Que las bendiciones que hoy vivimos pueden ser el resultado de un corazón rendido de tus padres, tus abuelos, o aún generaciones anteriores? El reino de Judá fue un claro ejemplo de ello.

Cuando el reino de Israel es dividido en dos debido a las malas decisiones del rey Roboam que son consecuencia de la idolatría que Salomón propició, Dios mantiene una parte del reino en manos de las generaciones que sucedieron a David (incluido Roboam) por una razón poderosa: por amor a David. Dios había dado una promesa a David la cual cumpliría, y esta promesa era un reino eterno de donde JESÚS hecho hombre nacería para ser el Rey inquebrantable por la eternidad.

Generaciones después de Roboam vinieron pero la maldad se multiplicaba tanto en el reino de Judá como en el reino de Israel, naciones que se pervertían debido a lo alejado que estaba su corazón de Dios. Hubo reyes temerosos de Dios que borraron por completo la idolatría y las terribles obras en la nación de Judá, pero una vez muertos estos reyes, la nación volvía a la terrible suciedad y esclavitud. Sin embargo había una promesa ahí dada siglos atrás a un hombre (David) cuyo corazón había estado alineado al de Dios. El amor de Dios por David era especial, tan especial que en varias ocasiones en los libros de Reyes y Crónicas, este amor queda declarado.

¿Qué promesas hoy te ha dado Dios que alcanzarán a las generaciones que vienen después de ti? ¿Qué bendiciones hoy vives que han sido gracias a las promesas que Dios declaró a tus antepasados y que por Su fidelidad hoy esas promesas nos han alcanzado? Somos herederos de preciosas y grandísimas promesas.

Hoy agradezco mucho a Dios por la vida de mis abuelos que a través de ellos, Dios trajo el mensaje de salvación en Cristo a mi vida y a la vida de mi familia. Puedo confirmar con gran gratitud cuán fiel Dios ha sido hacia con ellos, con mis padres, mis hermanos y mis sobrinos. Y así como yo he sido partícipe de esas promesas, también anhelo que Dios traiga salvación y Su reino a la vida de las generaciones que vendrán después de mí.

¿Quieres ser un hombre o mujer como David cuya vida impactó generaciones enteras por la eternidad? El versículo de 1 Reyes 11.34 comparte el secreto de David: guardó mis mandamientos y mis estatutos.

Dios nos dé de Su gracia cada día para guardar Sus mandamientos y estatutos. Que Su iglesia sea un pueblo esforzado y valiente en vivir conforme a Su Palabra cada día de nuestras vidas.

herederos de promesas

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“Pero el Señor había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 12.1-3

Si de algo podemos estar ciertos y confiados es que DIOS ES FIEL. Fiel a Su Palabra, fiel a Sus promesas, fiel a Su pueblo, fiel a Su pacto. Él es Fiel.

Cuando miramos hacia atrás y vemos el año que ha pasado, vemos los hijos que han crecido, vemos las bendiciones con las cuales nos ha llenado, caeremos rendidos en agradecimiento y adoración reconociendo que Él es Fiel. Hemos pasado por tiempos de gran prueba, por tiempos de gran oscuridad, por tiempos de necesidad y profundo dolor, pero en todos ellos Dios ha sido fiel. Dios ha sido fiel.

Y lo mejor, lo mejor en todo ello es que Dios seguirá siendo fiel, porque aun cuando nosotros fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo. (2 Timoteo 2.13).

Sigo impresionado con la Biblia y las historias que ahí se narran aun cuando les he escuchado o leído anteriormente. Esta semana Dios me permitía aprender y recordar sobre ese gran hombre de fe llamado Abraham, el iniciador (el padre) de la fe. Cuando el mundo parecía que caía a pedazos nuevamente después del diluvio, Dios toma a un hombre sin mayor habilidad o don más que el de creerle a Dios y creerle en serio. Un hombre que es llamado a salir de la casa de su familia e ir hacia otra tierra que ni sabía dónde estaba, simplemente salió confiado en que Dios le mostraría esa tierra. Dios le dio ahí una promesa. Después Dios le promete que haría de él una nación grande. Dios le dio una promesa más. Después continua diciendo que él sería bendición no sólo para los suyos sino para la tierra entera. Esa promesa es increíblemente imposible para los hombres, ¿verdad? Imagínate a un hombre de 75 años, cuya mujer era estéril, caminando hacia una tierra que no sabía dónde estaba, moviéndose únicamente por fe en Dios.

Hoy podemos nosotros confirmar que Dios cumplió Su promesa a ese hombre llamado Abraham, y lo cumplió porque nosotros hemos sido bendecidos. Nosotros hemos sido herederos de esa promesa a Abraham.

Abraham, sin embargo, no era un hombre con talentos especiales. Él recibió esa promesa y le creyó a Dios, sin embargo cuando los años pasaban él y su esposa desesperaron y quisieron “ayudar” a Dios a cumplir sus promesas, pero esa “ayuda” resultó en una terrible consecuencia. Después, ya cuando Abraham y su esposa eran casi de 100 años, Abraham y su esposa parece que pierde la esperanza en que ellos podían tener un hijo. Pero había algo que sigue siendo válido en nuestros días: DIOS ES FIEL.

Dios no se había tardado, Dios no se había olvidado, Dios no había mentido. Dios sabía cuándo cumpliría Sus promesas, y las cumpliría cuando Él fuera reconocido Dios y Él pudiera llevarse toda la gloria. Imagínate ahora una mujer y un hombre de casi 100 años, ¿crees tú que de ellos podía nacer un hijo que después formaría una gran nación? ¡Imposible! Pero Dios se deleita en lo imposible, ahí cuando ya no hay otra posibilidad más que fijar los ojos en Dios.

¿Puedes traer a tu mente esas promesas que Dios te ha dado? ¿Aquellas promesas en la Biblia que Dios te ha permitido tomar como tuyas? ¿Puedes traer esas promesas de años y décadas quizá que Dios habló a tu vida? ¿Esas promesas que crees que fueron simple fantasía y que quizá no fueron reales? Trata de enumerarlas, trata de presentarlas en oración a Dios y deja que Él, así como lo hizo con Abraham, confirme nuevamente cada una de ellas. Hoy aprendí a través de la predicación algo sorprendente: nuestra mayor promesa es ser participantes de la naturaleza divina (1 Pedro 1.4), nuestra mayor promesa es JESÚS como esposo nuestro, de Su iglesia. Y esa promesa es increíblemente sublime y hermosa.

Recuerda algo durante este tiempo en el que Dios te permita recordar promesas: nunca olvidemos que DIOS ES FIEL.

El Mesías

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“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará Su Nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de Su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre Su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.” Isaías 9.6,7

La época navideña se acerca y por doquier comenzamos a ver gran cantidad de cosas con referencia a estas fechas. Para muchos estas fechas están llenas de buenas intenciones y grandes anhelos de paz y felicidad. Hombres y mujeres buscan restablecer relaciones con seres amados que han vivido alejados, algunos otros buscan ayudar a los necesitados, y algunos más solo ven un momento para estar juntos con personas especiales.

Si bien puede que no haya nada de malo en todo lo anterior, algo que necesitamos tener continuamente presente en estas fechas es el significado de las mismas. Algunos debatirán que estas fechas no corresponden al momento real en qué JESÚS nació, sin embargo este tiempo puede tomarse como una ocasión para celebrar y agradecer el nacimiento de nuestro gran Rey y Salvador.

La Navidad, cuyo significado es nacimiento, es una ocasión que debe ser completamente centrada en reconocer a JESÚS como nuestro gran Dios. De agradecer a Dios por tan hermosa promesa cumplida hace más de 2000 años. Por gozarnos porque Dios nos ha rescatado y comprado y salvado con gran precio: JESÚS.

Toda la Biblia está centrada en JESÚS. Cada página está escrita para que nosotros reconociéramos cuán hermoso Dios tenemos que aun en medio de un mundo caído, Él sigue salvando con gran poder. Nuestro Salvador, el Mesías, vino al mundo para limpiarnos y pagar el precio de nuestros pecados.

Cada día del año es importante recordar lo anterior, no solo en estas fechas. Y en estas fechas podemos aún más compartir las buenas noticias de salvación en JESÚS. Que nuestro gran Rey ha nacido.

 

treinta

Vídeo

“Vino, pues, palabra del Señor a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jeremías 1.5

“No son las letras, no es la música, sino el Espíritu. Hoy se abrió una puerta, y cuando el Espíritu abre una puerta nadie la puede cerrar” A.F.

“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre:

Yo conozco tus obras, he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado Mi Palabra, y no has negado Mi Nombre.” Apocalipsis 3.7,8

Entrar, Señor, busco

entrar a Tu presencia

entrar y conocer Tu gloria

entrar y acercarme a Ti.

 

Usa mi vida, que rendida es Tuya

usa mi respirar, que por Ti existe

cantar con el Espíritu

a Tu Nombre eterno.

 

Esta voz sea Tu Voz,

esta vida sea Tu Vida,

cada latir, cada respirar

cada sueño por Ti es.

estar firmes y constantes

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“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” 1 Cor. 15.58

“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, JESUCRISTO, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; más ha sido Sí en Él; porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para gloria de Dios.” 2 Cor. 1.18-20

Podemos estar seguros que todo lo que hacemos para Dios con un corazón en amor genuino tendrá fruto digno de Su gloria. A veces podemos desmayar, cansarnos, desanimarnos y aun intentar dejar la obra que Dios nos ha encomendado. Quizá hay días de un agotamiento tal, que quisiéramos dejarlo todo. Días de cansancio intenso, de desanimo agotador, de frustración continua. Pareciera, a veces, que la obra que Dios nos ha encomendado es pesada y pareciera ser imposible de cumplir.

Hombres y mujeres que han sido llamados para servicios tremendos en la iglesia local donde sirven. Hombres y mujeres llamados a impactar la comunidad donde viven. Hombres y mujeres llamados a llevar el evangelio a otros lados del mundo. Dios ha levantado, está levantando y seguirá levantando obreros que, apasionados por Él, deseen ser usados por Dios para participar de Su obra eterna.

Esos hombres, y esas mujeres, somos tú y soy yo. Somos cada uno de nosotros que formamos Su cuerpo. Hemos recibido de Dios un llamado único y especial, no porque Dios necesite de nosotros, pero sí porque Dios quiere hacernos partícipes de Su propósito eterno. Hemos sido salvos no para estar cómodos en una silla en la iglesia, sino para predicar a JESÚS a todo persona. ¿Suena imposible? Lo es en fuerzas humanas, pero en Dios sí que es posible.

Leía hace algunas semanas en un devocional una pregunta: ¿tienes el hábito de soñar sueños grandes para Dios? Y muchos quizá responderemos sí: formar iglesias en lugares donde no hay, predicar la Palabra a los niños en nuestra iglesia y fuera de ella para prepararlos para la vida en JESÚS, guiar a la iglesia a alabar y adorar a Dios de maneras sobrenaturales, lograr que una nación entera se vuelva a Dios. Estoy seguro, estoy muy seguro, que muchos de nosotros hemos recibido sueños “imposibles” de parte de Dios. Hoy nos dice Dios: estar firmes, constantes y creciendo en Su obra, porque fiel es Dios y todas Sus promesas son en Él sí, y en Él Amén.

Es humano que nos sintamos desanimados y cansados, frustrados quizá, porque pareciera que todo lo que hacemos no produce resultado o cambio alguno. Predicamos el evangelio y pareciera que nada pasa. Dedicamos horas en el servicio, y no hay mucho cambio, sino por el contrario, pareciera que todo se vuelve peor. Pero si nuestro corazón está alineado al corazón de Dios, podemos estar ciertos que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”.