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se Me opuso durante veintiún días

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“Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras Yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días” Daniel 10.12-14

 

El Reino de Dios sufre oposición en este mundo. Es una realidad que cada creyente necesita comprender y estar consciente de ella. La oposición puede ser muy sutil que podemos no percibirla, pero también esa oposición puede ser una declaración abierta de guerra en contra de nuestra vida, de la iglesia, contra Dios mismo. La oposición es algo que estará, puede ser en ciertos intervalos o de manera constante, en nuestro caminar con Dios.

¿Has podido detectar esos tiempos de oposición? ¿Cuándo tratas de emprender algo nuevo para el Reino de Dios y parece todo contrario? ¿Cuándo tratas de crecer en tu vida espiritual y las cosas parecen que no van nada bien?

La oposición es real pero no por ello más poderosa que nuestro Dios.

Todos los grandes hombres de Dios la enfrentaron. La iglesia la enfrentado a lo largo de su vida. JESÚS, Dios mismo, la enfrentó. Podemos leer cada historia en la Biblia sobre hombres y mujeres de fe, y cómo ellos enfrentaron oposición.

En libro de Daniel tenemos un ejemplo muy interesante de oposición espiritual. Daniel estaba por recibir aquellas profecías sobre el fin de los tiempos cuando Aquel que le iba a declarar esas visiones sufre oposición a tal nivel que es necesario que un ángel venga a su ayuda.

La oposición puede tener varios orígenes (nuestra propia naturaleza humana, o algún espíritu opuesto a Dios, Satanás mismo), y también la oposición puede manifestarse en varias formas (a través de enfermedad o muerte, a través de calamidades en nuestra vida, a través detractores que impiden que algo de Dios se lleve acabo). Pero aquí es importante identificar si esa “oposición” que nosotros suponemos o percibimos viene a consecuencia de alguna disciplina de parte de Dios, o de algo espiritual contrario a Dios. ¿Cómo identificarlo?

La oración se vuelve algo fundamental en nuestra caminar con Dios. No hay deber más fundamental que nuestros tiempos a solas con Dios. Es ahí donde Dios nos permitirá entender los tiempos que atravesamos y, más que entender, nos ayudará a ser guiados por Él hacia Su voluntad. Los tiempos de comunión con Dios son tiempos de descanso, de guía, de enseñanza, de lucha, de combate, de victorias.

La lectura de la Palabra es también fundamental. A través de la Palabra Dios nos permitirá alinearnos a Su voluntad y propósitos. Nos permitirá conocer el corazón de Dios de una manera especial.

El Espíritu de Dios no puede ser jamás detenido de hacer la voluntad de Dios, pero sí puede ser estorbado. El Espíritu Santo, nuestro Consolador, nuestro Ayudador, quien nos acompaña día a día, está atento a nuestra vida y nos guía en la voluntad de Dios, pero la oposición puede estorbar ese proceso.

Oremos, pues, para que el Espíritu no sea estorbado para llevar acabo los propósitos de Dios, la voluntad de Dios. Porque donde está el Espíritu de Dios, ahí hay libertad.

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una tempestad no pequeña

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“Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente la nave.” Hechos 27.20-22

 

Hemos sido consolados para consolar. Hemos sido animados para animar. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento en medio del caos, esa paz que no es posible describir en su totalidad es una paz que mantiene firmes a los hijos de Dios aún en medio de grandes males, de tempestades no pequeñas.

¿Cuál es la tempestad que en tu vida atraviesas hoy? ¿Depresión, muerte, separación, división, pérdida, enfermedad, angustia? ¿Qué es eso que hace que todo lo que te rodea se vea confuso y sin esperanza?

Cuando Pablo es llevado prisionero a Roma, la travesía se vuelve sumamente compleja a tal punto que la vida de él, de los demás prisioneros y la tripulación del barco en el que viajaban estaba en riesgo, sin mayor esperanza. La tormenta era tan fuerte que ni el sol ni las estrellas se habían podido ver, dice la Palabra, por muchos días. La tormenta les acosaba. Ya habían perdido toda esperanza.

Pablo, un hombre de gran fe, busca en oración lo que Dios haría. Pablo tenía algo bien claro: Dios había dado la Palabra de que él iría a Roma, y Dios no fallaría a Su Palabra. Y Pablo confió.

Ese es el primer valor de las promesas de Dios en tiempos de tormenta: darnos seguridad de que Dios les cumplirá aún cuando la tormenta parece tan feroz que no hay esperanza humana para salir de ella. Las promesas de Dios como un ancla firme de que Su Palabra no fallará, que Dios es fiel a Su Palabra.

Pablo intentó calmar el mal ánimo de la tripulación, dio la palabra de esperanza. Y es aquí donde radica la segunda parte importante en los tiempos de tempestad: acercarnos a hombres de fe, que entienden y están alineados al corazón y propósitos de Dios.

Pablo había advertido a la tripulación que este mal vendría (v10) pero el centurión (el que resguardaba a los presos, incluido Pablo) no le dio mayor peso a esa advertencia sino que zarparon.

La historia es conocida: perecen, la nave es destruida pero no hubo ni una sola persona muerta, porque Dios lo había prometido.

Puede que haya hoy tormentas no pequeñas en tu vida. Puede que estén pasando por momentos en que toda esperanza está desapareciendo a tal nivel que ni el sol ni las estrellas pueden ser vistas. En esos momentos es importante sujetarnos de las promesas de Dios que ha dado a nuestra vida, y acercarnos a hombres y mujeres de fe que puedan traer ánimo.

¡No desmayemos! Nuestra vida está en manos de Dios. Él la guiará hasta Sus propósitos, siempre ciertos, siempre eternos.

llevado por el Espíritu al desierto

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“JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.” Lucas 4.1,2

 

Si algo define este tiempo en mi vida, podría definirse como un desierto, un desierto oscuro. Es un tiempo de grandes pruebas, donde la fe es puesta a prueba, donde nuestra única y completa dependencia se vuelve hacia el Espíritu de Dios, Dios mismo. Un tiempo de “incertidumbre”, donde no tenemos las cosas bajo nuestro control, y donde solo dependemos de Dios y Su misericordia, de Dios y Sus propósitos.

El desierto en la Biblia representa una transición: de Egipto a la Tierra Prometida. El desierto representa prueba: de dejar lo pasado y moverse en fe hacia el futuro. El desierto representa dependencia a Dios: donde lo único que nos sostendrá será Su Espíritu. El desierto representa movernos de nuestro estatus de comodidad y movernos hacia niveles que, aunque dolorosos en su trayecto, nos ayudarán a crecer y a madurar en fe.

Cuando JESÚS es llevado al desierto algo importante es que quien lo llevó al desierto no fue ni Él, ni el diablo, ni su familia, ni sus seres cercanos. JESÚS fue llevado al desierto por el Espíritu. Y es aquí donde vemos un profundo propósito: los desiertos son tiempos de crecimiento, difíciles, pero con propósito.

Durante ese tiempo JESÚS fue tentado por el diablo. Un diablo astuto y engañador que conocía la Palabra de Dios y le usó para intentar seducir a JESÚS con mentiras. Pero JESÚS, nuestro JESÚS, conocía el corazón detrás de la ley, conocía al Autor de Vida. Y JESÚS responde con la verdadera Palabra, no la palabra amañada, pero la Palabra de Vida.

Este tiempo de prueba, este desierto oscuro, me ha ayudado a algo que sumamente agradezco: revelar más a JESÚS. A ver a JESÚS y Su Palabra y Su sacrificio y Su tiempo en la tierra como algo tan sublime y de proporciones eternas que JESÚS cada vez más toma control de áreas y de sueños y de propósitos y de todo.

¿Ha sido un buen año? Me preguntaba a mí mismo mientras platicaba con Dios. Y la respuesta es: sí, ha sido un año de crecimiento. Un año que confío en Dios nos podrá revelar más y más a nuestro Gran Rey y Salvador, a quien anhelamos profundamente.

El Espíritu guíe a cada hijo Suyo en tiempos de prueba, que Su Espíritu nos revele más a Cristo a través de Su Verdad.