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voz que clama en el desierto

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“Consolaos, consolaos, pueblo Mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano del Señor por todos sus pecados.

Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.” Isaías 40.1-4

 

Imagina que te encuentras en un tiempo de sequedad, en un desierto. Un tiempo en el que las pruebas abundan y los problemas parecen no terminar. La persecución se ha levantado contra ti y contra los tuyos. La tristeza parece dominar tu alma. La muerte parece estar a la puerta. Imagina que llega gente malvada y comienza a llevarse a tu gente, secuestrados, esclavizados, cautivos. Tiempos en los que por más que miras hacia el cielo, parece que no hay respuesta que venga de ahí.

Has meditado en tus caminos y has encontrado que por generaciones los tuyos se han alejado de Dios de maneras terribles. Terribles cosas se han hecho en la nación donde vives. Parece que la maldad y el pecado también abunda dentro de tu gente, de tu pueblo, a tu alrededor.

¿Puedes imaginarlo?

 

Cuando el profeta Isaías escribe, esa era la condición del pueblo de Israel. El profeta Isaías veía toda la maldad alrededor suyo y, además, veía esa maldad también en él. Parecía que no había esperanza, que no había salida, que todo lo que pasaba era porque lo merecían, porque Dios estaba muy muy muy enojado con ellos… y con razón.

Pero el profeta Isaías no fija sus ojos en su alrededor, sino que fija sus ojos en Dios. Él sabía que nuestro Dios había prometido tiempos de libertad si se volvieran a Él. Que Él cumpliría cada una de Sus promesas porque Su Palabra nunca vuelva vacía.

Isaías era como una voz que clamaba en el desierto. Era como un hombre que en medio de tanta maldad clamaba a Dios para interceder por el pueblo, hablaba al pueblo para que se convirtieran de sus malos caminos, que regresaran su corazón a Dios. Isaías era un hombre que aun en medio de ese desierto, clamó a Dios.

Cuando JESÚS inicia Su ministerio en la tierra había alguien antes de Él que a veces podemos pasar desapercibido: Juan el Bautista, de quien habla esta profecía en Isaías 40. Juan el Bautista es llamado a algo poco común: clamar desde el desierto tiempos de libertad para el pueblo de Dios. De hecho, Juan el Bautista es quien inicia con la predicación del arrepentimiento y el bautismo, buscando que los hombres se volvieran de su maldad. Juan el Bautista llega a incomodar tanto con su predicación que es encarcelado y asesinado. Juan el Bautista entendió desde mucho antes quién era él y quién es JESÚS. Juan el Bautista preparando el camino para cuando JESÚS llegara.

Hoy a nuestro alrededor las condiciones pueden no ser muy alentadoras. En tu familia, en tu iglesia, en tu país, en todo tu alrededor. Pareciera que no hay salida, que todo lo que ocurre nos lo merecemos y que no habrá respuesta ni solución. Sin embargo, Dios busca de voces que clamen en este desierto, que preparen camino al Señor. Voces que con profunda angustia y dolor, piden por todos aquellos que sabiendo que son malos, Dios quiere salvarles, Dios quiere limpiarles, Dios quiere consolarles.

¿Te duele tu país? ¿Ves una urgencia de la mano de Dios en medio de ese caos? Clama a Dios, deja que Dios traiga consuelo y libertad alrededor tuyo.

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cuando él hubo orado

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“Y quitó el Señor la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todo los que antes habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que el Señor había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo el Señor el postrer estado de Job más que le primero;” Job 42.10-12a

 

La historia de Job tiene siempre una enseñanza para todos, especialmente para aquellos que en tiempos de aflicción se encuentran. Si atraviesas un tiempo de dificultad en salud, en tus emociones, en lo espiritual, con tu familia, o cualquier situación difícil, el libro de Job trae no solo aliento, sino también nos permite ser confrontados, aliviados, motivados.

La historia de Job, muy bien estructurada literariamente, contiene una serie de discursos entre Job y sus cuatro amigos después de que Job se encuentra en una situación tan difícil que él desea su muerte. Sus amigos, tratando quizá de ayudar, no traen más que más cargas emocionales y espirituales a Job ya que lo acusan de que todo ese mal que Job atraviesa es porque hay pecado en su corazón del cual no se ha arrepentido y apartado. El hombre justo descrito al principio, ahora acusado por sus amigos. Job intenta defenderse sin mucho éxito.

Uno solo de sus amigos, el más joven, trae una tercera opción, una opción que se centra en la soberanía y sabiduría de Dios.

Cuando Dios responde a Job, lo confronta, lo alienta, y lo restaura. Hubo algo que en esta ocasión pude identificar: Job fue restaurado hasta que oró por sus amigos (42.10). Dios pidiéndole primero a Job que liberara su alma de toda amargura que pudo haberse anidado en su corazón en ese tiempo de prueba: perdona, Job, pide a Mí por tus amigos.

Hay algo maravilloso de los tiempos de prueba y es que estos revelan lo que en nuestro corazón hay. Y esto no es malo, sino como respondemos a esa revelación. Es mejor saber que algo está mal en nuestra vida y corregirlo, que nunca saber (o ignorar) que algo está mal que terminará por arrastrarnos.

Los tiempos pueden ser difíciles, y quizá no vemos salida. Quizá has anhelado, como Job, la muerte y has orado a Dios para que tu vida sea concluida, pero Dios aún tiene el control. Dios aún está bajo control de todo, nada se le ha escapado de Sus manos. ÉL ES FIEL.

No ceses de orar, de buscar en intimidad el consejo, la presencia de Dios. Consuela tu alma en la presencia de tu Dios, quien busca guiarte en medio de este tiempo. Dios es un Dios cercano. Deja que tu corazón sea sanado. Deja que tu alma sea consolada. Deja que tu cuerpo sea sanado.

Dios sane a cada hijo suyo en este tiempo. Dios traiga verdadera sanidad a nuestras vidas.

Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa

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“Y Él [JESÚS] se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” Lucas 22.41-43

Los grandes hombres y mujeres de fe han enfrentado a lo largo de la historia situaciones terribles: persecución, señalamientos, burlas, peligros, y aún la muerte. Al conocer y aprender de sus historias podemos erróneamente pensar que Dios es malvado y que no cuida de ellos, pero un análisis no superficial sino profundo nos muestra todo lo contrario. ¿Por qué los hombres y mujeres realmente de fe enfrentan tan terrible oposición? Porque enfrentan a un mundo caído, un mundo que persigue sus propios deseos y, cuando un hombre o mujer de fe los confronta, ese mundo o puede abrir sus oídos y buscar arrepentimiento o buscará desacreditar y destruir a esos mensajeros. Si algo es cierto en el caminar con Dios es que enfrentaremos oposición, una oposición que en muchas ocasiones estará fuera de nuestro control y de nuestras fuerzas.

En el libro del profeta Jeremías podemos confirmar como este profeta enfrentó algo en sobremanera pesado. Los mismos sacerdotes y príncipes buscaron destruirle, asesinarle, porque no predicaba cosas “buenas” pero juicio de parte de Dios. Imagina que las personas que debían conducir al pueblo tanto en la parte espiritual como política y social, eran quienes se oponen principalmente a Dios. Y esa es la historia de más profetas.

JESÚS conocía esta situación. De hecho, Él la vivió en Su vida propia. JESÚS se lamentó de Su pueblo: ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13.34).

Al meditar en lo anterior, Dios trajo a mi mente algo que no había contemplado antes acerca de nuestro Señor JESÚS: ¿en qué momento de la vida de JESÚS crees que Él se dio cuenta que era el Mesías? ¿Cómo crees que el enfrentó esa verdad en medio de un mundo que le rechazaría?

La Biblia no nos da detalles para responder esas preguntas y seguramente especularíamos en las respuestas. Sin embargo, había una realidad: JESÚS sabía quién era Él (quizá desde pequeño lo entendió, o conforme iba creciendo) y, sobretodo, sabía que eso causaría que le condenaran a muerte, pero JESÚS para eso había venido, Sus ojos estaban puestos en la cruz, en la voluntad del Padre, aunque esto significara rechazo, persecución y la muerte misma. Pero el mayor pesar de JESÚS era uno mayor a todo esto: el rechazo de Dios, la ira de Dios consumada en la separación de JESÚS con el Padre porque JESÚS se hizo pecado por nosotros. ¡Cuán tan tremendo sacrificio!: aceptar ser rechazado por quien más amas, para acercar al Padre a quienes más te odian.

Esta semana ha sido en lo personal unas de las más pesadas emocional y espiritualmente. La situación que estoy viviendo desde hace ya casi un año si bien no es comparable a lo que JESÚS enfrentó, me ha permitido ver el sacrificio no sólo de los profetas sino sobre todo de nuestro Señor JESÚS desde una perspectiva mucho muy diferente, una perspectiva que me ha permitido identificarme, de una manera mínima quizá, a los ambientes que ellos enfrentaron.

Oraba a Dios al respecto la semana pasada. Con una carga emocional y espiritual fuerte le pedía que me guiara en este tiempo y si este caminar representaba enfrentar el rechazo de la iglesia local o aún de las personas que más amo, pero que no me alejará de Él. Y en ese momento entendí un poco más ese clamor tan profundo de JESÚS a horas de ser entregado: Padre, si quieres, pasa de Mí de esta copa.

Esa copa era algo que como hijos de Dios no enfrentaremos porque tan tremendo sacrificio que JESÚS hizo por nosotros. Esa copa es algo que JESÚS ya enfrentó: la ira de Dios, la separación de Él con Dios.

Si hoy enfrentas angustia, persecución, peligro o muerte, quiero orar por ti: Que el Espíritu de Dios traiga fortaleza en medio de nuestra debilidad, que Su Espíritu revele a nuestra vida el Camino, la Verdad, la Vida, que podamos recibir una mayor revelación de JESÚS y Su cruz.

los que esperan en Ti

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“Ciertamente ninguno de cuantos esperan en Ti será confundido” Salmo 25.3a

Mientras leía el salmo 25, pude verme identificado en casi todos los versículos. Este salmo es un clamor para pedir a Dios Su dirección, Su perdón y Su protección en tiempos de confusión y prueba, tal como ocurre en estos días en mi vida.

Hubo una palabra de ese salmo que se quedó grabada: los que esperan en Ti no serán confundidos. La clave es: esperar en Dios. Y continuamente este salmo reflejaba parte de mi condición: mírame y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido (v16).

No quiero sonar como una persona que se está autoflagelando emocionalmente, ni sonar deprimido o con autocompasión. Es una condición mucho más espiritual que emocional, es una situación que creí podría ser un tanto “manejable” pero que ahora descubro y reconozco que la gracia y misericordia de Dios me es indispensable para poder salir adelante, no puedo con ello solo.

Quisiera poder poner palabras a lo que ahora espiritualmente atravieso. Sin embargo, no logró encontrarlas. Quizá, la palabra más cercana sería angustia, un dolor profundo. Como clama David en ese salmo: las angustias de mi corazón se han aumentado. Y David clama a Dios: sácame de mis congojas. (v17).

¿Por qué compartir esto públicamente? Creo que el propósito es compartir que en tiempos de aflicción, siempre hay palabra de Dios que nos sostiene, promesas que nos alientan. Podemos en Su Palabra encontrar consuelo, y saber que para Dios nada se ha salido de control, y que todo ha salido como Él lo ha planeado. Cuando pude descansar en esta verdad (que Dios tienen todo bajo control) entonces comprendí que más allá de la angustia, está Dios que todo lo sostiene y quien nos llama a caminar estos tiempos de aflicción sabiendo que Él tiene propósitos, propósitos eternos.

Dios nos guíe en victoria hacia Su presencia.

por el gozo puesto delante de Él

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“puestos los ojos en JESÚS, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12.2

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” Hebreos 12.15

 

Las pruebas tienen el riesgo de endurecer nuestro corazón y generar en él amargura. Así Dios, a través de una plática con un querido amigo, me permitió comprender ese riesgo.

Estoy viviendo un tiempo de gran prueba espiritual y emocional desde diciembre pasado. En este tiempo Dios ha traído Palabra y consuelo y guía y libertad y dirección y apoyo y personas geniales que han hecho de este tiempo una etapa de gran crecimiento. También, en estos meses Dios ha sido tremendamente bueno conmigo, tremendamente bueno. He podido ver Su cuidado y Su compañía. Cada mañana, al despertar, está Su Palabra: Te amo. Y durante el día, en más de ocasión, Dios me recuerda esa verdad: Te amo. No puedo resistirme a Su amor, no podemos resistirnos a tan perfecto amor que hecha fuera todo todo temor.

Durante esta semana y después de compartir este post, Dios me recordaba que JESÚS veía un gozo más allá del sufrimiento de la cruz, a tal nivel que menospreció todo ese sufrimiento. ¿Qué gozo puede haber en sufrir? Ese gozo que JESÚS veía es sin duda cada vida que a través de Él es rescatada, y JESÚS, mientras sufría la cruz, te veía a ti, me veía a mí, veía que valía la pena todo ese sufrimiento. JESÚS veía el gozo más allá del sufrimiento, JESÚS veía el gozo más allá de la cruz, JESÚS vio el gozo más allá de muerte. JESÚS nos vio a nosotros.

Y Dios me permitía comprender que más allá de la prueba, del sufrimiento, los padecimientos por Su Nombre, hay gozo. Vidas restauradas, vidas transformadas, vidas atraídas a Dios a través de la Verdad quien es JESÚS. Habrá tiempos en los que por Su Nombre será necesario padecer y enfrentar el rechazo, la burla, el menosprecio, la muerte, aún de las personas más cercanas, sin embargo, Él ha prometido que estará con nosotros hasta el fin.

Hay un contrate interesante entre ver el gozo más allá de la prueba, y generar amargura durante la prueba. Porque el gozo es ver más allá, pero la amargura se queda atada en el aquí, en la prueba. Es por eso que Dios nos manda no resistir Su gracia, porque solo con Su gracia podremos salir vencedores de esos tiempos de oscuridad. La amargura, ese enojo y rencor contra las personas y Dios por falta de perdón, es creada por considerar que esto que vivimos es injusto, por creer que Dios se ha olvidado de nosotros y que las cosas se le han salido de control. Pero Él es soberano, Él es perfecto, Él es bueno.

En estos tiempos de prueba nos es necesario presentar nuestro corazón constantemente delante de Dios y evaluar si se está endureciendo y amargando por la falta de perdón y por resistir Su gracia. Y a su vez, podremos pedirle a Dios que produzca ese gozo, un gozo sublime.

Porque cuando no solo en las bendiciones sino también en los padecimientos podemos confirmar que JESÚS se ha revelado a nuestra vida y Su carácter se ha formado en nosotros, entonces podemos declarar con certeza que ha valido la pena.

despertará su oído

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“Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído”. Job 36.15

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Mateo 5.3,4

Cada vez que tenemos oportunidad de concluir un ciclo, es de valor poder evaluar nuestro caminar y confirmar cuán bueno y fiel Dios ha sido con los Suyos. Aún en medio de la dificultad, de la prueba, del llanto y la pobreza, Dios ha mostrado Su presencia y cuidado de maneras muy especiales.

Para algunas personas este ciclo llamado 2015 que estamos por cerrar ha sido un tiempo de profunda prueba emocional y espiritual, ha sido un año lleno de retos, de pruebas, de pasos en fe que difícilmente podrían superarse en fuerzas humanas. Yo miro hacia atrás y veo la fidelidad y cuidado de Dios.

Hace un par de días, en medio de una prueba emocional y espiritual muy fuerte, Dios habló a mi vida a través del libro de Job, cuando Dios muestra que en esos tiempos de aflicción, Dios despertará nuestro oído. Y así lo creo porque en esos tiempos nuestra alma y espíritu necesitan estar aún más atentos a la dirección de Dios para evitar ser llevados por la confusión y la duda.

El pobre, dice también en Job, será librado y JESÚS en las bienaventuranzas confirma que de los pobres de espíritu es el reino de los cielos, hombres y mujeres que reconocen su necesidad tan profunda de Dios para enfrentar toda prueba.

¿Ha sido un año de aflicción, de lágrimas, en que te has reconocido pobre de espíritu? Recuerda, Dios está atento a ello y Sus promesas son libertad, un oído despierto y consolación. Permite que Dios en estos últimos días del 2015 esas promesas puedan ser una realidad que se extienda al 2016.

Confío Dios despertará nuestro oído para este 2016 y los años que han de venir.

el espíritu a la verdad está dispuesto

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“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26.41

En uno de los momentos más desafiantes de JESÚS en la tierra, Sus discípulos más cercanos son llamados a velar junto con Él, pero ellos fueron vencidos por el sueño. En pocas ocasiones en los evangelios se describe a JESÚS como que estaba “muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26.38), en esta ocasión, justo unas horas antes de ser entregado, Él atravesaba la prueba más grande: no negar el propósito al que fue llamado por Dios aún cuando esto significaba la muerte.

Los discípulos, por su parte, aún sin entender lo que realmente estaba sucediendo en el plano espiritual, no lograron percibir el gran dolor por el cual atravesaba JESÚS. Imagina que estás cerca de un ser muy querido quien atraviesa una prueba tremenda y te pide que estés cerca de él durante ese tiempo, pero tú eres vencido por el sueño. Aunque en términos muy sencillos y quizá no comparables, así era lo que sucedía con los discípulos en este tiempo.

Este pasaje nos enseña una gran lección: en tiempo de gran prueba, debemos estar velando y orando para que la tentación no nos venza. Y es en estos tiempos donde aquello de lo que hemos alimentado nuestra vida, mostrará sus fruto. Si por largo tiempo hemos alimentado los deseos de la carne, no será de sorpresa que los frutos sean frutos de la carne; pero por si lo contrario hemos alimentado el espíritu, por consecuencia habrá fruto del Espíritu.

Puedo recordar un par de ocasiones de gran prueba en los últimos meses. Tiempos en los que en ocasiones no lograba entender dónde terminaría todo, pero algo era cierto: ¡Dios es fiel! En esos tiempos lo que más me golpeó fue que mi corazón estaba tan plagado de cosas que no eran de Dios, sino de cosas de las cuales yo había alimentado mi vida: enojo, ira, y demás cosas que no había percibido estaban ahí. Pero estos tiempos de prueba revelaron cosas, cosas muy terribles.

Si en algo ayudan los tiempos de prueba, es en revelarnos de qué estamos llenando nuestra vida.

Como hijos de Dios, hay una labor de la cual no podemos desprendernos ni un solo instante: velar y orar. Velar porque el mundo en que nos movemos es un mundo caído que necesita Su luz. Orar porque en la oración podremos comprender cuál es la voluntad de Dios.

Dios guíe en victoria a cada hijo Suyo en tiempos de gran prueba.

el pueblo a Él cercano

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“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poderío de Su pueblo; alábenle todos Sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a Él cercano. Aleluya.” Salmo 148.13,14

Hay momentos en la vida todo creyente donde su fe es probada y llevada a tiempos de gran desafío. Tiempos en los que nada puede darte certeza más que Su Palabra y Su Espíritu en ti. Tiempos en los que tu caminar es movido completamente por la fe, donde tu comunión con Dios cultivada en la intimidad constante es trascendental para lograr salir victorioso de la prueba.

Tus amigos pueden volverse lejanos. Tu familia puede volverse ajena. Tu fe es lo único que te sostiene. La fe en JESÚS, la fe en Su Palabra, la fe en saber que Dios te ha preparado para ese tiempo de prueba, y que a través de ese tiempo el carácter de Cristo será desarrollado en ti de maneras asombrosas. Porque lo único que dará completa paz es tener la certeza de que eres cercano a Dios, que caminas tomado de Su voluntad.

Un joven predicador compartía hace poco: no huyas de las pruebas, agradece a Dios por ellas. Y es ahí donde nuestra gratitud es perfeccionada. Porque esas pruebas entresacarán lo precioso de lo vil, revelarán a tus ojos el pecado oculto, purificarán tu fe y tu vida, te harán más como Cristo.

Habrá dudas, sí. Tendrás miedo, quizá. Pero de algo estarás cierto y es que Dios te está llamando a ese tiempo donde Su gracia y Su misericordia se mostrarán como nunca en tu vida.

“Alaben el nombre del Señor, porque sólo Su nombre es enaltecido” declara el salmista. Y en esos tiempos de profunda prueba, reconoceremos el gran poder y soberanía de nuestro gran Dios, porque Él es cercano a Su pueblo y no nos dejará solos.

 

el tiempo en que nacimos

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“Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra del Señor me ha sido para afrenta y escarnio cada día.” Jeremías 20.7,8

En más de una ocasión he pensando qué sería el vivir en otra época de la historia. Quizá hace 40, 50 o 100 años atrás, allá cuando los tiempos eran “mejores”, donde los mujeres y los hombres vivían en un planeta menos contaminado, donde la corrupción no era tan evidente, cuando los niños no sufrían tanto, y donde el pecado no era tan aceptado en la sociedad.

Mientras recordaba eso, Dios trajo a mi mente la vida de aquellos profetas como Jeremías que por servir al Señor tuvieron que sufrir tiempos difíciles y crueles. En el caso de Jeremías, él fue perseguido, encarcelado y fue echado a una cisterna por profetizar palabra de Dios en contra del pueblo. Y en una de sus luchas, Jeremías expresa: “porque la Palabra de Dios me ha sido para afrenta y escarnio y cada día” (Jeremías 20.8). Y más adelante, él dijo que ya no hablaría más palabra de Dios (v. 9), pero algo sucedió: “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (v.9). Jeremías tratando de negar el propósito por el cual Dios le había llamado, pero no pudo negarlo.

Si de algo podemos estar ciertos es que Dios nos puso en este tiempo, en este país, en este momento para un propósito muchísimo muy eterno y real. Dios no nos ha salvado y traído a vida para vivir una vida cómoda donde no pasa nada. Dios no nos ha dado libertad para vivir cómodamente en un mundo que necesita urgentemente conocerle. Dios te ha traído a ti y a mí en este tiempo en la historia, en este siglo, en este año para un propósito eterno: glorificarle y anunciar Su salvación en todo momento. Glorificarle y anunciar Su salvación a través de la forma en que vivimos, de la forma en que trabajamos, de la forma en que hablamos, de la forma en que pensamos. Dios te trajo a este momento para un propósito.

Y así como Jeremías que vivió tiempos de gran crisis en el pueblo de Israel no pudo negar ese propósito, así tampoco nosotros podremos negar el propósito por el cual estamos aquí. Jeremías enfrentó grandes luchas tanto externas como dentro de él. “Todos mis amigos miraban si claudicaría” (v.10). Sin embargo, Jeremías reconoció a Dios de una manera sorprendente: “Más el Señor está conmigo como poderoso gigante” (v.11).

Imagina por un momento que cada hombre de Dios que fueron usados para escribir la Biblia hubiera dicho: “no puedo más, ya no seguiré a Dios, todo esto es demasiado para mí”. Imagina que alguien como David, o como Samuel, o como Pablo, o como Juan, o como Pedro, hubieran dicho eso. Si eso hubiera pasado, millones de personas no solo de esta generación sino de muchas generaciones que han vivido se hubieran perdido de la bendición que tenemos a través de las letras que escribieron.

Tu vida, la vida de cada uno de nosotros fue creada para un propósito muy especial en este tiempo. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de impactar el mundo completamente porque nuestro Dios está con nosotros como poderoso gigante. No temas, no desistas.

esperar en Dios

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“Por la grandeza de Tu poder se someterán a Ti Tus enemigos”. Salmos 66.3b

 

Las grandes obras y maravillas que Dios hace son innumerables y en muchos casos no logramos percibirlas. Constantemente Dios hace maravillas en nuestra vida que no somos capaces de ver, pero que están ahí.

En los momentos de soledad Dios está cerca de nosotros, abrazándonos como un Padre abraza a un hijo recién nacido. En los momentos de lucha y desesperanza, Dios está continuamente protegiendo nuestra vida. En momentos de tristeza y lágrimas, Dios está ahí para proveer paz a nuestra alma. En momentos de dificultad, de decisiones difíciles, de tiempos de prueba, Dios está ahí para aconsejarnos.

Dios es nuestro Padre, ¿te has imaginado qué significado tiene esto en nuestra vida? Dios es nuestro Padre, el mejor Padre que hay en la toda la eternidad. Es nuestro Padre que tiene cuidado de nosotros, que cuida que nuestros pies no resbalen, que cuida que nuestro camino no se desvíe, que cuida que en nuestra vida haya fruto y lo haya en abundancia. Él es nuestro Padre y nos ama con un amor que no cambia, que no varía, que es perfecto.

Cuando leíamos ayer en la iglesia el Salmo 66 al iniciar el servicio, Dios me habló a través del versículo 3. El Salmo inicia con un canto de gozo y alabanza, y en el versículo tres menciona algo asombroso: Sus enemigos serán sometidos por la grandeza de Su Poder. ¿Puedes imaginar cuán maravilloso es esto?

Cada enemigo que en nuestra vida hay, no sólo son nuestros enemigos, sino también son enemigos de Dios: la soledad, la desesperanza, la tristeza, cada situación que intente hacernos mal, no sólo está atentando contra nosotros, sino que está dañando a alguien muy especial para Dios: Su hijo, a ti.

Cuando leemos que Sus enemigos se someterán por la grandeza de Su poder, uno no tiene más palabras más que alabanza y uno puede cantar: ¡Cuán asombrosas son Tus obras!

Es importante esperar en Dios, esperar Su tiempo para toda situación aun en aquellas cuando nuestros enemigos atacan, esperar confiados, sujetos de Él, sabiendo que Él nunca tarda, que todo se rinde ante Él. Su Palabra dice que no seremos avergonzados.

No te afanes contra tus enemigos, no intentes defenderte con argumentos o armas humanas o carnales, deja todo en manos de Dios, que Él tiene cuidado de nosotros. Canta alabanzas a Él, confía en Él, mantente firme en la lucha que Dios es fiel para salvarnos. Él es nuestro Dios de salvación.