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refugio de generación en generación

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“Señor, Tú nos ha sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, Tú eres Dios.

Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres.” Salmo 90.1-3

 

Hoy concluimos un año de tan tremendo crecimiento y lleno de retos. Un año en donde nuestra fe fue puesta a prueba, donde nuestra relación con Dios fue llevada a niveles que creímos quizá nunca llegaríamos o ni siquiera quizá imaginamos. Ha sido un año de crecimiento, de dependencia a Dios. Un año donde confirmamos que nuestro Dios Justo y Santo es Fiel.

Antes de concluir este año quizá algunos atraviesen momentos de angustia espiritual, emocional o física. Sabemos de personas quizá que han llegado hasta este día con grandes esfuerzos y pareciera que su fe y su vida desfallecen. A esas personas que enfrentan este tiempo, quisiera decirles: Dios es nuestro refugio, y lo ha sido de generación a generación.

He traído en mi mente este salmo desde temprano: El Señor ha sido refugio de generación en generación. Y mientras escribo estas letras puedo comprender que, ahora que concluimos este año, podemos decir que Dios ha sido nuestro refugio año tras año, de generación en generación. ¡No temas, Él está contigo! ¡No desmayes, Él es tu Dios!

Quiero agradecer a Dios por este año, por esta generación, por Su fidelidad sin importar los tiempos que vivimos. Porque antes de que todo existiera, y siglo tras siglo, Él es Dios.

En este salmo 90, también pude notar algo importante: convirtámonos al Señor, volvamos nuestro rostro a Él, llevemos nuevamente nuestra vida en humildad y arrepentimiento a Él. Busquemos Su rostro, busquemos Su voluntad.

En Jeremías 15.19 confirma: Si te convirtieres, Yo te restauraré, y delante de Mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como Mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.

Amado hermano y hermana, nuestro Dios está en medio nuestro, Él no nos ha abandonado. Somos especial tesoro para Él. Porque más allá de las circunstancias, Él sigue siendo Dios.

“Sáname, oh Señor, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque Tú eres mi alabanza.” Jeremías 17.14

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la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento

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“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo JESÚS.” Filipenses 4.6,7

 

¿Has enfrentado tribulación recientemente? ¿Enfermedad, prueba, duda? ¿Has comprobado como en medio de tanta confusión la Verdad de Dios permanece fiel?

En los últimos meses Dios ha hablado mucho acerca de la prueba a mi vida. De hecho, desde hace ya un año Dios vaticinaba un tiempo de prueba grande en mi vida que fue iniciado por un accidente. A partir de ahí, Dios habló: vendrán pruebas mayores, aún en lo espiritual.

Las batallas mayores y grandes luchas son aquellas que se enfrenan en lo espiritual. Podrá el cuerpo estar languideciendo, o las emociones titubeando, pero si el espíritu desfallece gran tragedia sucede. Cuidemos el espíritu, cuidemos de que está siendo alimentando, porque en tiempo de prueba ese alimento será determinante. ¿Cuán cercano estamos cerca de Dios? Él es nuestro verdadero alimento.

Algo impresionante de las pruebas, de los tiempos de grandes decisiones cuando la presencia de Dios está cercana a nosotros es que Su paz es sobrenatural. No es una paz respecto a lo que nos rodea necesariamente, sino dentro de nosotros, la claridad respecto a Él, la certeza de que Él puede, la convicción de quien es Él. Su paz como fruto de Su Espíritu que nos afirma en nuestra Roca Fuerte.

No negaré que ha habido dudas y a veces no logramos ver cuándo todo esto terminará, sin embargo sí puedo confirmar que día a día Su paz ha estado. Esta paz que guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo JESÚS.

¿Qué debemos hacer en tiempo de prueba? Primero no estar preocupados, sino que en oración, en ruego, en acción de gracia presentemos delante de Dios nuestras peticiones, derramando nuestro corazón delante de Él. La promesa de Dios es Su paz, Su paz en Cristo.

 

el tiempo en que nacimos

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“Me sedujiste, oh Señor, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra del Señor me ha sido para afrenta y escarnio cada día.” Jeremías 20.7,8

En más de una ocasión he pensando qué sería el vivir en otra época de la historia. Quizá hace 40, 50 o 100 años atrás, allá cuando los tiempos eran “mejores”, donde los mujeres y los hombres vivían en un planeta menos contaminado, donde la corrupción no era tan evidente, cuando los niños no sufrían tanto, y donde el pecado no era tan aceptado en la sociedad.

Mientras recordaba eso, Dios trajo a mi mente la vida de aquellos profetas como Jeremías que por servir al Señor tuvieron que sufrir tiempos difíciles y crueles. En el caso de Jeremías, él fue perseguido, encarcelado y fue echado a una cisterna por profetizar palabra de Dios en contra del pueblo. Y en una de sus luchas, Jeremías expresa: “porque la Palabra de Dios me ha sido para afrenta y escarnio y cada día” (Jeremías 20.8). Y más adelante, él dijo que ya no hablaría más palabra de Dios (v. 9), pero algo sucedió: “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude” (v.9). Jeremías tratando de negar el propósito por el cual Dios le había llamado, pero no pudo negarlo.

Si de algo podemos estar ciertos es que Dios nos puso en este tiempo, en este país, en este momento para un propósito muchísimo muy eterno y real. Dios no nos ha salvado y traído a vida para vivir una vida cómoda donde no pasa nada. Dios no nos ha dado libertad para vivir cómodamente en un mundo que necesita urgentemente conocerle. Dios te ha traído a ti y a mí en este tiempo en la historia, en este siglo, en este año para un propósito eterno: glorificarle y anunciar Su salvación en todo momento. Glorificarle y anunciar Su salvación a través de la forma en que vivimos, de la forma en que trabajamos, de la forma en que hablamos, de la forma en que pensamos. Dios te trajo a este momento para un propósito.

Y así como Jeremías que vivió tiempos de gran crisis en el pueblo de Israel no pudo negar ese propósito, así tampoco nosotros podremos negar el propósito por el cual estamos aquí. Jeremías enfrentó grandes luchas tanto externas como dentro de él. “Todos mis amigos miraban si claudicaría” (v.10). Sin embargo, Jeremías reconoció a Dios de una manera sorprendente: “Más el Señor está conmigo como poderoso gigante” (v.11).

Imagina por un momento que cada hombre de Dios que fueron usados para escribir la Biblia hubiera dicho: “no puedo más, ya no seguiré a Dios, todo esto es demasiado para mí”. Imagina que alguien como David, o como Samuel, o como Pablo, o como Juan, o como Pedro, hubieran dicho eso. Si eso hubiera pasado, millones de personas no solo de esta generación sino de muchas generaciones que han vivido se hubieran perdido de la bendición que tenemos a través de las letras que escribieron.

Tu vida, la vida de cada uno de nosotros fue creada para un propósito muy especial en este tiempo. Cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de impactar el mundo completamente porque nuestro Dios está con nosotros como poderoso gigante. No temas, no desistas.

apariencias

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“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, […] “ 1 Timoteo 1.5

Los tiempos de pruebas y persecución en la iglesia, si bien son de gran lucha y clamor, son tiempos que permiten purificar el cuerpo de Cristo de aquellos cuya fe es fingida y su amor no viene de un limpio corazón. Decirse seguidor de Cristo en un país o lugar donde la vida es puesta en riesgo por la fe que creemos, ayuda para probar la verdadera fe, esa que viene del arrepentido pecador.

Hay países donde los seguidores de Cristo pierden la vida aún hoy en nuestros días. Hay países donde se sigue asesinando a creyentes justificando esas muertes en leyes perversas. Hay países donde reunirse y predicar la Palabra, donde entonar cantos a JESÚS cuesta la vida, y cuesta la vida completa. Países donde familias son masacradas, donde niños son asesinados, donde hombres y mujeres son ultrajados y puestos en vergüenza hasta la muerte. Países donde decirse seguidor de JESÚS requiere de una fe sin fingimiento, una fe nacida del Espíritu de Dios.

También, y más en este siglo, hay países donde ser seguidor de Cristo puede ser lo más simple como asistir a una reunión dominical donde la mayor preocupación puede ser el no llegar tarde. Países donde existen mega iglesias donde los asientos son cómodos, las personas visten bien, la música suena perfecta. Países donde una vasta mayoría puede decirse cristiano y nadie los asesinará por ello. Países donde ser cristiano es tan cotidiano que la fe puede ser tan fingida que tan solo necesitas aprender en el intelecto una “doctrina” sin siquiera vivirla.

Bien se ha dicho que los mayores enemigos de Dios no son aquellos que persiguen y asesinan al cuerpo de Cristo, sino aquellos que diciéndose cristianos viven una vida que niega completamente a Cristo a través de sus pensamientos, sus creencias, su forma de vida, aquellos cuyo amor no es nacido de un limpio corazón.

Evaluar nuestro caminar con Dios continuamente, con un espíritu arrepentido y una vida abierta ante Dios, ayudará en gran manera a entender si nuestra fe es genuina, es real, no fingida. Cuando nos acercamos a Dios y rogamos a Él que limpie todo pecado en nosotros y que establezca Su reino en cada área de nuestra vida aunque esto produzca un momentáneo dolor que a veces nos parece interminable. Porque ahí, en medio de toda esa prueba, Dios está purificando a Su pueblo.

espera en el Señor

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“Aguarda al Señor, esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor”. Salmo 27.14

Cuando las situaciones de nuestra vida parecen ahogar nuestra fe y toda esperanza, un clamor del espíritu sale de nosotros pidiendo al Padre por su pronta respuesta. En ocasiones, ya ni nuestra voz puede oírse audiblemente, pero desde dentro de nosotros ese clamor sale con poder, clamando al único que puede salvar nuestra vida.

Puede que las situaciones que estemos enfrentando hayan sido consecuencia de malas decisiones en nuestra vida. O quizá, puede que esas situaciones sean una prueba de fe cuyo propósito es ayudarnos a crecer. Aún quizá, esas pruebas pueden ser ataques del enemigo que desea derribar nuestra vida. Sea cual fuere la razón por la que nuestra vida está en medio de tribulación, Dios nos manda en esperar en Él.

Esperar en Dios no es quedarnos sentados esperando que todo problema desaparezca por sí solo. Esperar en Dios significa esforzarnos y alentar nuestro corazón con tan bellas promesas que Dios ha dado a nuestra vida. Esperar en Dios requiere que nuestra espíritu su humille delante de Dios y declare que solo Dios puede salvarnos. Esperar en Dios requiere que le busquemos de verdad en toda oración, en toda súplica.

Las grandes batallas de fe se libran en oración, en el clamor a Dios, en esperar en Él. Cuando todo parece haber perdido sentido, cuando la vida parece toda sin propósito alguno, cuando a nuestro alrededor nada brinda esperanza a nuestra alma, cuando aun los más cercanos parecen lejanos, cuando ya cansados de toda lucha queremos dejar todo, Dios dice: espera en Mí, que Yo no tardo.

las pruebas que vivimos

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“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:18

Uno de los mayores retos que como creyentes enfrentamos es el entender la voluntad de Dios en medio de tiempos de prueba. Tener la certeza que en medio de esos tiempos Dios tiene el control. Tener la confianza que esos tiempos son buenos para nosotros. Estar esperanzados que esos tiempos, por más difíciles que parezcan, ayudan para nuestro bien.

Es un reto que enfrentamos en todo momento. Nuestra fe es probada. Nuestro corazón es probado. Nuestro carácter es probado. Nuestra vida es evaluada. No son tiempos que Dios usa para exhibir lo que hay dentro de nosotros sin propósito alguno, sino al contrario, todo lo que viene de Dios tiene un propósito, y un propósito eterno.

Las reacciones que podemos tener en tiempos de lucha, de pruebas, de dificultad ayudan mucho a nuestra vida. Mucho. La vida cristiana no es un boleto todo pagado en un crucero donde todo será de maravilla, pero sí la vida cristiana es un viaje tan emocionante y con un destino cierto.

Si el cristianismo que has creído está basado en tu comodidad, en seguir viviendo como las demás personas viven, entonces Dios traerá pruebas que te ayuden a encontrar el verdadero significado de lo que significa vivir en Cristo. No es que Dios esté en contra de nuestro bienestar, al contrario, Él es el más interesado en nuestro crecimiento, en parecernos más a JESÚS.

La vida cristiana es un proceso de continuo crecimiento y de continuos cambios. Si al evaluar tu vida con Cristo no logras detectar crecimiento, o cambios, creo que es muy importante y urgente que platiques con Dios en oración para que te revele si hay algo que necesita ser transformado. Y es un crecimiento que si bien puede ser externo, la mayor parte de él sucederá en tu interior, en tu alma, en tu espíritu: comenzarás a valorar más las cosas eternas, tus intereses estarán más alineados a los de Dios, tu vida estará cada día más rendida a Dios y Su voluntad, al punto de no temer morir por el nombre de JESÚS.

Llegará un punto en nuestras vidas que podamos darle gracias a Dios por cada prueba y atesorar esos momentos como tiempos en los que Dios será glorificado. Cuando te encuentres en una prueba lo primero es agradecer a Dios por ello. Sé que suena absurdo quizá en mente de hombres, pero en el reino de Dios todo tiene un propósito.

agradecidos

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“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda clase de mal.” 1 Tesalonicenses 5:18

 

¿Estás en tiempo de prueba? ¿Momentos de luchas espirituales que nunca antes habías experimentado? ¿Tiempos de tomar decisiones trascendentales para tu vida? ¿Dificultades en alguna área: en salud, o en lo económico, en lo familiar, en tu trabajo, en lo emocional, en la iglesia?

¿Estás en tiempo de gran bendición? ¿Tiempos de un crecimiento espiritual especial como nunca había sucedido en tu vida? ¿Tiempos en que todo va bien y Dios prospera cada paso y decisión? ¿Gran bonanza en tu vida: en tu familia, en tu iglesia, en tu trabajo?

Da gracias, agradece a Dios por este día y por lo que ha pasado. Bueno o malo en nuestros ojos. Da gracias, no permitas que las circunstancias te aparten de la bendición de ser agradecidos con Dios. Da gracias. ¿Es difícil cuando el tiempo es gris, verdad? Da gracias. Declara: gracias Dios porque en medio de todo esto sé que Tú tienes control.

Tanto los tiempos de prueba como los tiempos de bonanza no deben alejarnos ni un milímetro de Dios, sino al contrario, cada tiempo, cada día que pasa en nuestras vidas, la gran bendición de cada día es que cada vez estamos más cerca de Dios. Esa es la bendición que permanece, la que ni el mundo, ni los problemas, ni Satanás, ni nadie puede quitarnos: estar cercanos a Dios. Eso es de agradecerse en cada momento.

Estamos en Cristo y eso nadie puede cambiarlo. Le pertenecemos a Él, somos Suyos, somos Su pueblo que Él ha santificado. Más allá de las circunstancias en nuestra vida, nuestros ojos están puestos en Él, en JESÚS, el consumador de nuestra fe, por quien corremos con perseverancia la carrera que tenemos por delante la cual incluye tiempos de prueba, y tiempos de bonanza, pero que vale la pena proseguir hasta la meta porque nuestro galardón es grande: Su presencia, Su cercanía.

No temas. Da gracias. Pide a Dios que te muestre lo que es necesario aprender de cada tiempo en tu vida. Crece en carácter. No estás solo. Y que nuestro amor por Dios crezca cada vez más hasta la perfección en Cristo.

anhelando Egipto

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“Mañana mostrará el Señor quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a Él; al que Él escogiere, Él lo acercará a sí.” Números 16.5

 

La historia de un pueblo que vivió en cautiverio por más de 400 años y del cual Dios escuchó su clamor y los llevó a libertad y los llamó a poseer una tierra excepcional como ninguna otra de cuyas entrañas saldría leche y miel. La historia de un pueblo que anduvo en el desierto por 40 años antes de poseer la tierra de la promesa, y cuya travesía pudo haber sido hecha en tan sólo semanas. Semanas que se volvieron años, años que consumieron a una generación que nunca desechó de sí el anhelo a su antigua vida, una vida con cierta comodidad, con ciertos placeres, con cierta seguridad, pero una tierra ajena que les mantenía como esclavos y cuyo fin era muerte.

Dios mostró Su poder, mostró Su gloria, habló a ellos. Pero su corazón seguía anclado profundamente a Egipto. Esta generación, que pereció en el desierto y cuyos ojos no vieron la tierra excepcional que Dios les tenía preparada, estaba cejada por lo tuvieron y que habían perdido, pero cuyos ojos nunca vieron lo que tendrían y Quien habitaría con ellos. Estaban cejados aun cuando Dios se les había revelado.

En una de varias ocasiones de quejas y murmuraciones, un grupo de sacerdotes liderado por Coré se levantó en contra de Moisés. Algo impresionante en su argumento para rebelarse en contra de Moisés fue: “todos ellos son santos, y en medio de ellos está el Señor” (Núm. 16.3). Lo impresionante es que ante ellos mismos no había mancha, además de creer que Dios se agradaba de ellos, sin embargo Moisés responde diciendo que Dios mostraría quién en verdad era santo. Al día siguiente Dios les consume.

 

Durante varios meses, continuamente preguntaba a Dios: ¿cómo un pueblo como el que fue libertado de Egipto, con todo lo que vieron de Ti, todo lo que les mostraste, fue tan infiel? Y hoy Dios me ha respondido: su corazón siempre estuvo en Egipto, no en Mí.

Hoy Dios me permite examinar mi corazón y buscar una y otra vez los restos que de “Egipto” haya en él. Porque si “Egipto” no es limpiado de mi corazón, tarde o temprano terminaré murmurando en contra de Dios y rebelando en contra de Él. Eso es el pecado, trozos de “Egipto” en nuestro corazón, que sino nos arrepentimos nuestra vida se estará justificando creyendo que hay santidad en nosotros y aún creyendo que Dios habita en medio de nosotros, cuando sucede todo lo contrario.

Las pruebas en nuestra vida, como con el pueblo de Israel, son permitidas por Dios para que sea revelado a nosotros mismos lo que hay dentro de nuestro corazón. Por supuesto que las pruebas nos ayudan a crecer en fe y en carácter, pero también son necesarias para que nuestro corazón sea expuesto delante de Dios y respondamos en humildad delante de Él para ser limpiados y seamos llamados a ser esa generación que tome la tierra prometida y habite con Dios eternamente. Jesús ha pagado el precio para ser limpiados, nosotros debemos anhelar estar limpios, porque nuestro Dios Santo es.

Dios no quiere perderte

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“El señor no retarda Su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9

 

El libre albedrío: esa capacidad que Dios otorgó al hombre para decidir y entregar su vida a aquello que deseara. Por el libre albedrío el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol que les fue prohibido; por el libre albedrío Caín tomó la vida de su hermano Abel; por el libre albedrío la maldad del hombre se multiplicó sobre toda la tierra en los tiempos de Noé; por el libre albedrío Sarai ofreció a su sierva para que intimará con su esposo Abram y le nació un hijo llamado Ismael; por el libre albedrío […]

La voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Por la voluntad de Dios todo lo creado existe; por la voluntad de Dios el hombre y la mujer fueron hechos a Su imagen y semejanza; por la voluntad de Dios el hombre y la mujer fueron puestos como mayordomos de la creación; por la voluntad de Dios Noé y su familia fueron guardados del diluvio; por la voluntad de Dios Abram y su esposa Sarai concibieron a Isaac; por la voluntad de Dios […]

Cuando caminamos en la voluntad de Dios, aún en medio de pruebas y aflicciones, aún en medio de gozo y paz, aun en medio de destrucción y de sombra de muerte, aun en medio de prosperidad y libertad, sabemos que todo tiene un propósito eterno. La voluntad de Dios para la humanidad siempre ha sido buena, siempre ha sido agradable, siempre ha sido perfecta; pero por el libre albedrío los hombres y  mujeres, por esa naturaleza caída que se nos fue heredada desde que Adán y Eva desobedecieron, buscamos continuamente aquello que no agrada a Dios. Pablo describe esa naturaleza humana en Romanos 7:19: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Esa lucha interna de querer agradar a Dios, pero nunca conseguirlo en nuestras fuerzas; esa lucha interna de querer vivir “bien” alejados de Dios; esa lucha interna de buscar continuamente lo que mejor creemos conveniente sin consultar y depender de Dios.

Dios conoce esa naturaleza humana mejor que nadie. Dios ha vencido esa incapacidad en el hombre de no poder agradar a Dios por sus propias fuerzas. Dios ha provisto un sacrificio una vez y para siempre para que nosotros, los humanos, podamos acercarnos a Él confiadamente y sin limitaciones. Jesús fue completamente humano, fue tentado en todo como hombre, pero jamás desobedeció. Jesús es completamente Dios que venció por nosotros lo que no podíamos vencer: la muerte reservada por nuestra desobediencia. ¿Pero por qué Dios hizo eso? ¿Por qué Dios en lugar de hacerse hombre y morir no dejó que la humanidad pereciera en su libre albedrío? Entenderlo nos llevará toda la eternidad, porque en Su voluntad que es buena, agradable y perfecta, encontramos el corazón de Dios lleno de misericordia por los hombres. Dios se hizo hombre porque no quería perderte, es Su voluntad que nadie, absolutamente nadie sobre este planeta se pierda en el infierno. Sin embargo, así como Dios dejó que Adán y Eva hicieran uso de su libre albedrío, así también Dios permite que cada hombre y mujer sobre este planeta se acerquen a Él voluntariamente y ofrezcan su vida a Jesús en fe por su sacrificio en la cruz. ¿Qué decidirás hoy? ¿Tu libre albedrío sometido a tu voluntad ó tu libre albedrío sometido a la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta?

la fe de los valientes

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La Biblia está llena de historias reales de hombres valientes. Desde el Antiguo Testamento y, en gran medida, en el Nuevo Testamento podemos aprender de hombres y mujeres que tomados únicamente de la fe en Dios lograron grandes hazañas para el Reino de Dios. Y en la medida que estos hombres y mujeres crecían en fe, sus ojos tantos físicos como espirituales podían ver a Dios de una manera más clara, más real, más sublime. Es aquí cuando Pablo escribe: “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen [del Señor]”.

Creer en Jesús como Salvador suficiente es el primer paso de fe en una vida llena de emocionantes sucesos en los que  nuestra fe necesita crecer. Una fe que da frutos porque está constantemente en crecimiento. Levantarse cada día, tener un tiempo a solas con Dios, leer y aprender más de su Palabra, orar a Él para que nos guíe en cada minuto de ese día, es el inicio que debe acompañar nuestra de vida fe: creer que Dios nos escucha y desea revelarnos Su voluntad para ese día. Y la fe entra en acción en todo momento del día: creer que Dios nos guarda, creer que Dios nos protege, creer que Dios nos guía, creer que Dios nos usa para salvación, creer que Dios está en todo  momento con nosotros.

Escuchaba en la semana la predicación de un misionero que estuvo por más de dos años en África. Al principio, cuando comenzó a predicar, algo llegó a mi  mente: él ha visto cosas mayores por su fe, cosas que muchos de nosotros no hemos visto. Este hombre sin importar su comodidad que esta ciudad o país pueden ofrecerle, arriesgó hasta su vida para hacer la voluntad de Dios. Desde el principio de su viaje hasta el último momento de éste, su mover requería cada vez más fe, porque sólo así es como viven los hombres de Dios: por fe. Porque la fe nos hace cada vez más dependientes de Dios, tan dependientes que necesidades tan triviales en nuestras vidas como comer, vestir, despertar, respirar, o caminar, necesitan ser puestas en manos de Dios para ser cubiertas.

¡Y vaya que vivir por fe requiere valentía! Cuando las situaciones más terribles suceden en nuestra vida, cuando nuestro ánimo decae hasta pensar que todo está perdido, cuando la enfermedad toca tan fuerte nuestro cuerpo que aun respirar resulta difícil, es ahí cuando el valor de nuestro espíritu debe sujetarse en la fe creyendo en Dios y su Palabra.

Y al pasar de todo suceso, veremos que hemos sido llevados de gloria en gloria, porque en cada situación complicada Dios siempre obra y obra de maneras asombrosas. Es cuestión de ser valientes, de creer que Dios tiene el control de todo.

 

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 Corintios 3:18