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¿de Nazaret puede salir algo bueno?

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“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a JESÚS, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando JESÚS vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Juan 1.45-47

 

Algo que es tremendamente maravilloso de Dios es que Él no ve lo que ve el hombre. Dios no ve la apariencia de las personas, o que tan capaces son, o que tan elocuentes pudieran hablar. Dios no se fija en los títulos, ni en el estatus social, ni en qué tan admirados o famosos somos entre los hombres.  Dios mira el corazón, Dios busca a quien mostrarse y que, al mostrarse, esa persona o ese grupo de personas valoren y anhelen Su presencia más que cualquier cosa. Dios busca fe en nuestros corazones.

David es un ejemplo de ello. Un joven pastor, menospreciado por su familia, sin mayor futuro delante de los hombres, es tomado por Dios y puesto delante de Su pueblo y, aún más, David se vuelve parte de los ancestros de nuestro Señor JESÚS. David, menospreciado, sin mayor cualidad delante de los hombres, despreciado y hecho menos. David era, aún para su familia, el menos indicado para guiar al pueblo de Dios.

Pero Dios mira el corazón. Me imagino a David en tantos días y noches de cuidar ovejas, sus únicas conversaciones eran con Dios. David veía las estrellas y recordaba aquella promesa de Dios dada a su padre Abraham. David al mirar las estrellas quedaba cautivado por la grandeza de Su Dios. David desarrolló fe y confianza en Dios en tantas noches y días.

Y aún más sorprendente, así como David fue menospreciado por los suyos, JESÚS también lo fue a tal grado que aún el lugar donde había crecido era una señal de oprobio o vergüenza para las demás personas. Cuando a Natanael lo invitan a conocer a JESÚS de Nazaret, él cuestiona: ¿acaso algo bueno puede venir de Nazaret? Y Natanael, al tener este encuentro con JESÚS, queda maravillado por quién es Él.

El mayor reto en nuestro caminar con Dios es cuando limitamos a Dios por nuestro pasado, nuestra condición, nuestras debilidades, o nuestra falta de capacidad. Y esto es todo un reto porque lo que muestra en nosotros es incredulidad, porque terminamos basando la obra de Dios en nuestras fuerzas y no en el poder y la capacidad de Dios. Peor aún es cuando en nuestro caminar con Dios creemos tantas cosas que alrededor se dicen de nosotros: eres incapaz, no eres digno, eres débil, ¿acaso de tu familia puede salir algo bueno?

Dios toma lo menospreciado para humillar a los sabios de este mundo. Dios toma al débil para mostrar Su poder. Dios busca corazones que en fe y humildad le buscan y creen en Él. Cuando Dios nos da sueños y promesas a nuestra vida, nuestra primera respuesta debe ser creer, creer que Él puede hacerlo aún a pesar de quién somos nosotros, porque para nuestro Dios nada es imposible.

Si hoy te cuestionas a ti mismo: ¿acaso Dios puede hacer algo bueno de mí?, la respuesta es sí, si puedes creer.

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¿no te soy Yo mejor que diez hijos?

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“Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?” 1 Samuel 1.8

La historia de Ana, mamá del profeta Samuel, parece a simple vista una historia de profunda tristeza y sin esperanza. Ana era la mujer de Elcana pero ella no podía tener hijos, mientras que la otra esposa de Elcana sí podía. Pero Elcana amaba a Ana. Cada año cuando la otra mujer de Elcana molestaba a Ana, Ana se entristecía al grado de que lloraba, no comía y su corazón estaba afligido.

En una ocasión, cuando su esposo la ve tan afligida le hace una pregunta muy fuerte: ¿no te soy yo mejor que diez hijos? Parecía que Ana había dejado de percibir toda bendición a su alrededor, una de las más grandes el amor de su esposo, por el anhelo de poder tener un hijo.

Ana pide a Dios en esa ocasión y promete a Dios dedicar a su hijo si Dios le permite dar a luz. Dios le concede a Ana esta petición: Samuel.

Esta historia de Ana habló a mi vida en estos días. Uno de mis sueños es poder tener hijos, sin embargo, mi situación como persona gay hace que este sueño sea casi imposible, no sólo por el aspecto médico, sino por lo que esto representa socialmente: existe aún mucho estigma sobre los hijos en familias homoparentales.

Ha habido algunos días en los que llega una aflicción a mi corazón debido a este anhelo de tener hijos y las barreras que existen para que así sea. Justo la semana pasada esa aflicción llegó a mí nuevamente. Dios me ha permitido encontrar en su Palabra aliento cada vez que esta aflicción llega, y en esta ocasión llegó a través de este pasaje en el primer libro del profeta Samuel.

Cuando Elcana le pregunta a Ana: ¿no te soy yo mejor que diez hijos?, es como si Dios me preguntara a mí: Jacob, ¿no te soy Yo mejor que diez hijos? Acaso, ¿no te soy Yo mejor que cualquier otra bendición?

Hay un anhelo natural en los hombres y mujeres por poder ser padres. Es un anhelo que Dios puso en nuestros corazones. Sin embargo, para algunas personas ese anhelo puede volverse una carga cuando por diferentes circunstancias el tener hijos resulta casi imposible.

Lo maravilloso de la Biblia es que nos narra la historia una y otra vez de personas incapacitadas para tener hijos pero que Dios hace milagros y este milagro se vuelve un propósito de Dios. Es como si Dios nos dijera aun lo que para muchos es algo natural y sencillo (el tener hijos), para ti será un milagro que glorificará a Dios por la eternidad.

¿Qué sueño o promesa (un hijo) Dios ha dado a tu vida que no ha llegado (nacido)? ¿Estás afligido por ver que esa promesa no llega? ¿Has dejado de comer y aún en lágrimas clamas a Dios? La pregunta a la que Dios nos llevará será: ¿no te soy Yo mejor que esa promesa? Esta pregunta nos permitirá evaluar si hemos puesto la promesa que Dios nos ha dado por encima de Él, es decir, que la promesa se ha vuelto más importante que nuestra plenitud en Dios.

Dios permita que Su Pueblo encuentre en Él toda satisfacción y plenitud para que cada bendición, sueño, promesa, puedan ser entregadas a Él como propósitos que glorifiquen Su nombre por le eternidad.

nos dijeron que no podíamos soñar

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nos dijeron que no podíamos soñar
y si soñábamos
sólo permitidos
eran sus sueños

intentaron callar la voz nuestra
que de lunas y soles
y universos nuevos
vestían una esperanza viva

ahogaban en intentos
el corazón quebrantado
por una realidad
que ajena a ellos
definía nuestros anhelos

orillados éramos
a la definición que en ellos
era indecible
pero que en nosotros
vestían las mañanas

soñábamos, sí, soñamos
hablábamos, sí, hablamos
latíamos, sí, latimos

porque de sueños Suyos
verdaderos sí,
se vistió nuestra esperanza

porque sus condenas
detener no podían
la grandeza de Su voz
que con solo pronunciar
traía vida en sueños
y realidades más

afirma las otras cosas que están por morir

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“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.” Apocalipsis 3.1-3

Ha habido tiempos en la historia de la iglesia cuando Dios a través de Su Espíritu sopla nueva vida y revive lo que había muerto: sueños, proyectos, propósitos, vidas, una generación entera. Tiempos de profunda oscuridad que son transformados por la gloria indescriptible de nuestro Dios. Su Espíritu impartiendo vida, aliento de vida, vivificando a Su pueblo.

Hemos escuchado de este tiempo en Gales a principios del siglo XX que trajo una transformación en toda una nación como la inglesa. También hemos sabido de un tiempo similar en California, en la calle de Azusa en esa misma época, tiempo que trajo una transformación en la iglesia cristiana en América. Tiempos similares en Sudamérica, en África, en China. Tiempos no esperados por los hombres, pero sí muy anhelados y preparados por Dios en Su corazón.

Leía en esta semana que algo que ocasionó que surgiera un movimiento tan ateo como el comunismo fue que como iglesia no pudimos, o no quisimos ver, la necesidad en la que la sociedad del siglo XIX vivía. Un tiempo de un desarrollo económico tan fuerte por la Revolución Industrial que ocasionó que la riqueza y el enfoque en lo material fuera el centro de la sociedad aún por encima de la vida de las personas. Personas traficadas como esclavos desde el continente africano y americano en condiciones inhumanas, un poder político corrompido por el amor al dinero y el poder, una filosofía de que el fin justificaba los medios. Lo más triste de este tiempo no era ver la maldad de los hombres, sino ver a una iglesia amoldada a ese tiempo.

Sin embargo, Dios tenía planes para Su iglesia, tenía sueños aún por cumplirse. Es por ello que levantó hombres con un celo por Su Palabra, por Su presencia, por Su Reino, que el Espíritu logró a través de ellos una transformación en una generación entera. Y es aquí donde recuerdo aquello que hace algunos meses Dios puso en mi corazón: firmemente creo que Dios da oportunidades generación a generación para reconocer nuestro pecado como iglesia, arrepentirnos y abrazar Sus sueños.

En medio de un tiempo tan confuso, lo único que prevalecerá será la verdad de Dios a la cual Su Espíritu nos guiará.

¿tus sueños se están muriendo?

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“Porque Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son Mis caminos más altos que vuestros caminos, y Mis pensamientos más que vuestros pensamientos” Isaías 55.8,9

Tenía un sueño que cuide por años, quizá muchos años. Despertaba pensando en él, esperando el día en que en realidad se volviera. Dormía pidiendo a Dios y confiando que Él le traería a Su tiempo, porque en mí está la certeza de que ese sueño es un sueño de Dios que se cumplirá en Su tiempo.

Pero un día, un buen día, un muy buen día, Dios me pidió aquel sueño. Dios había revelado a mi espíritu que aquel sueño se estaba robando más atención de la debida, se estaba robando la atención que solo a Dios debía ser. Ese sueño se estaba convirtiendo en un ídolo, un ídolo que se había infiltrado en mi vida justificado en que Dios le había traído. Y cuando ese sueño intentó robar un lugar en mi corazón que a Dios corresponde, Dios me pidió aquel sueño.

Sentía que aquel sueño se moría. Sentía que aquel sueño de años ahora venía a tener un fin que no esperaba. Dios me pedía, así lo sentía en mi humanidad tan limitada, un sueño para deshacerse de Él. Sin embargo, no había yo siquiera aún entendido algo: Dios purificará todo, aun los sueños, y Dios traerá con ello Sus sueños, no los nuestros, Sus caminos, no nuestros caminos, Sus pensamientos, no nuestros pensamientos, Sus propósitos, no nuestros propósitos.

Cuando Abraham caminó por días a aquel lugar indicado por Dios para sacrificar a su hijo, Abraham tenía la certeza de que “Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir [a su hijo].” (Hebreos 11.19). Y cuando Abraham, con preguntas y dudas, estaba a punto de sacrificar a su hijo, Dios lo detuvo diciéndole: “porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único.” (Génesis 22.12).

Y en ese día aquel sueño quedó rendido a Dios. Deseaba que Dios ocupara mi atención. Ya no quería que un sueño que empezaba a traer más frustración llenara mis anhelos. Quería que Dios fuera mi mayor anhelo. En medio de las dudas y preguntas, aquel sueño quedó rendido a Dios. Quería que mi mayor sueño fuera JESÚS mismo, como aquellas vírgenes fieles que aguardaban la llegada de su esposo. (Mateo 25.1-13)

Hoy es un buen tiempo de rendir sueños a Dios, aquello que ocupaba nuestra mente más que Dios mismo. Confiando que Sus pensamientos y Sus caminos son mayores a lo que nosotros podemos pensar e imaginar.

haciendo ídolos de los sueños

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“Echad de vosotros todas vuestras trasgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Dios el Señor; convertíos, pues, y viviréis.” Ezequiel 18.31,32

Un ideal que existe en muchos jóvenes tanto hombres como mujeres, es su deseo por casarse y tener una familia. Muchos jóvenes anhelan profundamente en sus corazones el poder encontrar a la persona “correcta” con la cual poder iniciar una familia para toda la vida. Es un ideal sublime pero que puede desenfocar a muchos jóvenes de lo que realmente es eterno y del propósito primario en nuestra vida.

Mientras meditaba en ello antes de escribir este texto, Dios me permitía ver cómo algunos de los sueños con los que vivimos, aun aquellos sueños que vienen de Dios, pueden terminar convirtiéndose en ídolos en nuestros corazones. En nuestra vida y en nuestra caminar con Dios podemos anhelar tener un gran ministerio y donde muchas personas puedan conocer de Dios, podemos anhelar tener hijos y educarles en los caminos de Dios y Su Palabra, podemos desear tener un esposo o una esposa con la cual Dios nos permita cumplir Su llamado y reflejar Su gloria. Todos ellos son sueños muy especiales y para nada malos, sin embargo podemos estar enfocando nuestra vida en ellos y que estemos desenfocando nuestra vida y nuestra mirada de Dios.

Cuando nos acercamos a Dios y entregamos nuestra vida a Él, Dios pide que rindamos todo a Él por nuestro propio bien, porque si una de las áreas en nuestra vida no está en control de Él corremos el riesgo de hacer ídolos en esa área. Si anhelamos casarnos más que conocer y honrar de Dios, terminaremos por hacer del matrimonio un ídolo; si anhelamos terminar una carrera o tener un buen trabajo o negocio antes de aprender a vivir bajo la cobertura de Dios, tenemos un riesgo de hacer del trabajo nuestra fuente de provisión y no a Dios; si enfocamos toda nuestra atención y deseo en construir un ministerio exitoso antes que reflejar a Cristo a través de nuestro carácter y nuestra forma de vida, pronto viviremos atados y consumidos por aquello que creemos glorifica a Dios.

Todo sueño en nuestra vida que viene de Dios, incluyendo a la familia y tener hijos, tiene un propósito principal: conocer a Dios a través de ello y hacernos más como JESÚS. Todo sueño, toda nuestra vida necesita estar dedicada en completa rendición a Dios, porque nos conviene que Dios tenga control de toda área de nuestra vida.

¿Puedes hoy hacer un listado de cada sueño que tienes y que Dios ha puesto en tu corazón? Una vez hecha esa lista, puedes decirle a Dios: toma cada sueño, lo rindo a Ti, y haz de ellos algo que me permita acercarme más a Ti, y conocerte de tal forma que toda mi vida dependa de Ti y te refleje solo a Ti.

he querido llorar a tu recuerdo

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he querido llorar a tu recuerdo

he querido abrazarte entre días

he deseado cada día poder verte

he anhelado cada tarde poder escucharte

como aquella tarde

donde tu nombre se escribió

en esta vida que ahora confiesa.

*

sabes a esa tarde en los recuerdos

pero sabes más a vida en los sueños

que dibujados son entre azules

y verdes y cielos nuevos.

*

¿has escuchado aquella canción

que en fuerza declara

que Él reina?

¿has escuchado el clamor

de los hijos Suyos

que en un anhelo ferviente

buscan santidad y rendición?

*

y espero ayer, y espero hoy,

mañana también.

y espero el tiempo de Él

donde tú vuelvas

en tardes y en días

y en verdades y entregas

porque la espera

paciente es

porque el amor nuestro

eterno es.

la belleza en tu corazón

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he escrito poemas más que siempre

he pensando en ti más que mil días

he sonreído al recordarte más que en mil recuerdos

he contemplado ese día más que mil años

 

me enamoró tu belleza

esa de la que el corazón se viste

belleza que alegra los días

y el corazón del Padre.

 

tu belleza viene del Espíritu

que apasionado permites

para que rendido confieses

quien te viste de bondad.

 

eres de días y más de siglos

eres de años y más de eternidad

tu belleza trasciende

sobre los días y siglos

tu corazón cautivo vive

en años y eternidad.

 

tu belleza es verdadera

porque no se detiene

con el paso de los años

en perfección se convierte.

 

he escrito poemas

miles quizá

más tú has escrito sueños

eternos en verdad.

 

he pensado en vida

a tu lado compartida

más tú has convertido dicha

en cada despertar.

 

he sonreído al recuerdo tuyo

de palabras y confesiones

en aquella tarde nuestra,

más tú en paciente espera

eres preparado en belleza

de un corazón que se viste

de Su Nombre y Santidad.

tus versos

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extraño los versos que decías sin hablar

porque tu sola vida los pronunciaba tanto

desde dentro y hasta siempre

con esos silencios que pronuncias.

 

callabas al hablar los versos de tu vida

versos callados que conquistaron la mía

con tu sola sonrisa, con tu sola mirada

siempre llena, siempre en Él fija.

 

escribías los versos con sólo pensarlos

en mi mente y en tus sueños

en todos los días llenos de dicha.

escribías historias con sólo vivirlas

en tu vida y en la mía

vidas hechas de versos y sueños.

 

conocí tu inspiración y yo no la era

porque primero fue Él antes que yo

sujetado de Él siempre vivías

en sueños y anhelos

y en tu fe conquistadora de miedos.

 

nunca callaste aun cuando tus labios

cerrados permanecían

porque tu voz era de días

y tus palabras hechas de fuerza

que nunca se agotaban

que siempre permanecía.

 

extraño tus versos que pronunciabas sin hablar

porque tu sola vida los pronunciaba tanto.

y hoy te extraño más a ti que a los versos

y más a tus sueños que disiparon mis miedos.

plenitud en Cristo

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“y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Efesios 1:22,23

 

¿Por qué buscas agua dónde solo hay desiertos? ¿Por qué buscas paz donde solo hay guerra? ¿Por qué buscas propósito donde solo hay vanidad? ¿Por qué buscas vida donde solo hay muerte?

Hace ya algunos años Dios habló a mi vida a través de este versículo de Efesios. Frecuentemente lo recuerdo porque sigo maravillado por la tremenda verdad que hay en Él: la plenitud de Cristo que todo lo llena en todo.

Todo hueco en mi vida, toda falta de propósito, todo anhelo, todo sueño, toda libertad, toda salvación, todo daño, todo en mi vida, todo lo llena Cristo. No hay espacio en mi vida que no pueda ser ocupado por Él. No hay necesidad que Él no pueda cubrir. Todo lo llena Él. Esa plenitud en Él no es en un sentido emocional o físico solamente, sino en un sentido espiritual donde muchos de nuestras necesidades y problemas surgen.

¿Puedes imaginar el sentirte pleno? ¿Cuando tu vida está completamente realizada, donde todo anhelo es cubierto? Sólo JESÚS podrá darte esa plenitud. Ni tu esposo, ni tus hijos, ni tu familia, ni tu trabajo, ni la escuela, ni todo el dinero del  mundo, ni siquiera toda fama pueden darte una pequeñísima parte de la plenitud que Cristo nos da. Es por eso que Dios constantemente nos exhorta a fijar nuestros ojos en Él, que nuestra esperanza solo sea Él, porque en Él podemos encontrar todo lo que nuestra vida necesita.

JESÚS todo lo llena.

El domingo pasado entonábamos un canto que es hermoso porque habla de JESÚS de una manera especial: ¡Cuán bello es el Señor, Cuán hermoso es el Señor! Su belleza nunca se agotará. Cuando uno queda cautivado por la belleza de Dios, cuando nuestra vida está fijada en Él todo nuestro ser queda cautivado y pleno en Él.

Busca tu plenitud en JESÚS. Pide a Dios que tu vida sea plena en Él. Que Dios llene tu vida en cada parte de tu ser. Que puedas cantarle y decirle desde tu corazón: ¡Cuán hermoso eres!