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toda autoridad me es dada

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“Y JESÚS se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28.18-20

 

Después de ser abierto respecto mi sexualidad, mi testimonio como cristiano ha sido afectado. Por el más de año y medio que ha durado este proceso, este testimonio ha sido “manchado” por esa realidad que implica mi sexualidad. En palabras sencillas, dentro de la cultura en la que vivimos, el ser gay me hace “no cristiano” o, para algunas opiniones un tanto más favorables, me hacen un cristiano en pecado.

Me he sentido, si puedo ser sincero, como ser parte de una minoría dentro de una minoría. Dentro de la minoría que es el cristianismo en México, soy de esa minoría que significa es gay. Dentro de la minoría que es la comunidad gay, soy de esa minoría que significa ser cristiano. Una contradicción, un anatema, un oxímoron (usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión).

Debo confesar que lo único que me ha mantenido es Dios. No hay otra explicación. No hay otra razón.

El testimonio de un cristiano trae consigo cierta autoridad. Cuando un cristiano guarda su vida en integridad, esta persona adquiere en sí una autoridad moral para poder ayudar o testificar a otros. Cuando un cristiano camina por determinadas pruebas y confirma como la ayuda y fidelidad de Dios fue evidente, eso da cierta autoridad para hablar delante de los hombres. Es decir, nos volvemos testigos vivos de nuestra fe. Por el contrario, un testimonio “manchado” trae por consecuencia una falta de credibilidad, una disminución o falta de autoridad moral.

En una ocasión cuando mi ánimo no estaba del todo bien y veía como mi testimonio era percibido como que venía a menos, Dios ponía una verdad muy fuerte: la autoridad de Cristo. Podrás perder toda autoridad moral delante de los hombres, pero en ese momento la autoridad de Cristo será evidente en tu vida.

No me refiero a que nuestro testimonio sea realmente menguado por negligencia propia, sino a un testimonio que es “manchando” cuando a través de la obediencia a Dios y Su Palabra basados en el amor a Él, nos lleva a ser vistos como extraños, como ajenos.

Sé que, para algunos, el ser gay y cristiano sigue siendo una imposibilidad, y se podrá argumentar que realmente no estoy tomando la Palabra de Dios en serio. Sin embargo, algo que he podido aprender en este tiempo es el negarnos a tal punto a nosotros mismos, que dejemos que el único testimonio que brille sea la autoridad de Cristo en nuestra vida. Es verdaderamente la vida (el fruto) de Cristo, de Su Espíritu, fluyendo a través de nosotros. Esto es innegable, esto es más poderoso que lo que podamos decir o hacer.

Cuando JESÚS envía a sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio, son enviados en Su autoridad. Y la forma en que podemos entender Su autoridad en nosotros es vernos como extensión de Su reino en la tierra, sabiendo que la obra que Él ha iniciado, está haciendo y completará en nosotros será la evidencia más palpable de Su autoridad, porque aun sin hablar estaremos predicando Su Verdad y Su Evangelio.

quiero ser como ese silencio que grita con la vida

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quiero ser como ese silencio que grita con la vida
que ni aún el más profundo miedo detiene
que ni aún la más profunda muerte domina
  
quiero gritar con los días que vivo
callando las palabras sin sentido
que surgiendo solo de la boca contaminan

quiero confesar con los sueños eternos
la sublime libertad y gracia que nos visten
que transforman este corazón enamorado

somos ese silencio que callar no puede
habitados por la plenitud de Aquel
que todo lo llena en todo

somos palabra que se vive
sueños que se cultivan
realidades que transforman

somos gritos de libertad y de justicia
por aquellos que en cautivad perecen
en un mundo que sin propósito esclaviza

quiero ser como ese silencio que grita en días
en sueños, en realidades, en vidas,
en la eternidad toda

quiero ser como ese silencio que confiesa
Su amor y Su justicia que en Su cuerpo se conjugan
porque ni sacrificios ni ofrendas agradarte pudieron

instrumentos de justicia

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“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo que obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y a vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” Romanos 6:12,13

 

Ya no somos más esclavos del pecado, sino por precio de sangre hemos sido comprados por Dios para ser ahora siervos de la justicia. Pero ¿qué significa ser siervos de la justicia?

Uno de los grandes retos que los cristianos enfrentamos día a día es ser testimonios vivos de JESÚS y Su salvación, de Dios y Su justicia. El ser cristiano no se logra a través de un decreto por parte del gobierno, o a través de un acta o documento donde se certifique que uno es cristiano, tampoco se logra al decirse miembro de una iglesia local, o de alguna asociación. El ser cristiano se logra única y exclusivamente por la fe en JESÚS, a través de una fe sincera, una fe genuina, una fe sin vacilaciones, una fe que comprende día a día que estábamos condenados a muerte eterna por nuestros pecados pero que JESÚS ha pagado el precio por cada uno de ellos.

Cuando comencé a escribir este texto, preguntaba a Dios ¿cómo podemos ser instrumentos de Tu justicia?  Y hoy Dios me permite entenderlo mejor. El mundo a nuestro alrededor no se acercará a JESÚS o buscará de Él solo por lo que prediquemos, de hecho la predicación más fuerte a las personas que no creen en JESÚS es aquella que se vive a diario. Es decir, nosotros podemos conocer la Biblia mejor que nadie, pero si nuestra vida no habla la salvación y la justicia de Dios a través de cómo vivimos, de cómo pensamos, de cómo actuamos, difícilmente alguien creerá lo que predicamos.

No se trata de ser legalistas. No se trata de eso. De hecho JESÚS continuamente llamaba hipócritas a los sacerdotes del templo porque estaban tan cegados por sus legalismos que nunca pudieron reconocer a JESÚS como Dios vivo. Imagínese cuán grande tragedia: tener tan cerca (literalmente) al Dios del universo y no percibir ni siquiera por un momento Quién es Él.

El ser instrumento de justicia no es algo que se logra en méritos de hombres, es algo que viene como consecuencia de ser salvos. Es un milagro inexplicable. Cuando uno recibe salvación, literalmente nuestra vida cambia: nuestros deseos son otros, nuestra confianza es cierta, nuestra paz es inexplicable, nuestro espíritu vive. Y nada de eso se puede ocultar o acaso ¿una ciudad asentada sobre un monte puede esconderse?

Creyente, sé que muchas enseñanzas nos llaman a vivir una vida justa, pero es necesario tener en mente que la salvación trae como consecuencia esa forma de vida, es una necesidad en nuestro interior que nada ni  nadie puede detener. Sin embargo, si creemos que a través de vivir “justamente” lograremos ser salvos, o ser más “buenos”, o ser más amados por Dios, lamento decir que eso es religión, son legalismos de hombres.

Hay algo que ni el mundo ni Satanás pueden detener y esto es la vida que JESÚS nos ha dado. La vida que hemos recibido no la pueden callar, no la pueden detener. Somos instrumentos que declaran Su justicia a través de dejar que el Espíritu de Dios obre libremente en nosotros y a través de nosotros. No resistamos Su gracia, no resistamos Su Espíritu.

cartas vivas

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“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” 2 Corintios 3: 2,3

 

Quizá no ha sido una buena semana para ti. Quizá has terminado agotado, quizá las cosas no salieron como esperabas, quizá todo lo que planeabas no resulto como se esperaba. Quizá has tenido muchas cargas en tu familia, o en el trabajo, o en la escuela. Quizá ha sido una semana en la que no viste mucho provecho.

Quizá tuviste una semana muy buena. Se cumplieron metas que esperabas, en tu trabajo las cosas van bien, en tu familia todo está en paz. Te sentiste bien física, emocional y espiritualmente. Quizá fue una semana de mucho provecho.

Sea un caso o el otro, nunca debemos olvidar que Dios ha escrito en nosotros Su vida, ha hecho de nosotros cartas que hablan a los hombres a través de nuestra manera de vivir. Ese es el testimonio más fuerte que habla en nosotros: nuestra vida y como la vivimos.

No se trata de vivir nuestra vida en méritos o esfuerzos de hombres, sino vivirla en la gracia de Dios a través de Su Espíritu.

Quizá hay hábitos en tu vida que has identificado que necesitan cambiar. Quizá has visto como reaccionas ante las circunstancias cuando se salen de control. Quizá hay pecado en tu vida que no has logrado erradicar. Quizá hay pensamientos en ti que aborreces tanto. Sin embargo, cuando Dios nos permite reconocer nuestros pecados, nuestras faltas, nuestras limitaciones, es cuando en humildad necesitamos reconocer que no podemos vivir y superar todo sin la ayuda de Dios.

Y cuando vemos lo que Dios ha hecho en nosotros es cuando nuestra vida se vuelve como cartas que hablan a otros. Permite en cada día de tu vida que Dios escriba Su vida.