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derribando argumentos contra el conocimiento de Dios

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“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.” 2 Corintios 10.3-6

 

Alrededor nuestro abundan tantas voces, tantos comentarios, tantos argumentos, tantas filosofías. En esta época en que la información fluye tan instantáneamente, es tan fácil conocer que es lo que acontece en otros lugares y, aún más, que es lo que otras personas pueden estar opinando. Vivimos rodeados de argumentos. Vivimos rodeados de opiniones.

Aún mayor, dentro de nosotros voces pueden estarse levantándose. Algunas pueden estar hablando preocupación, otras pueden estar hablando miedo, otras pueden estar hablando mentira, otras pueden estar levantando acusaciones. El padre de mentira, el acusador, intentando hacernos dudar de las promesas y la Palabra de Dios.

En este tiempo, el mayor reto para los hijos de Dios es poder escuchar entre tanto ruido la voz de Dios y no dejarse arrastrar por aquello que no venga de Él. Escuchar la voz de Dios en tiempos de profunda confusión se vuelve un tema de vida o muerte.

Mientras atravesaba por una situación difícil hace algunas semanas, un tiempo física, emocional y espiritualmente difícil, hubo una noche en el que no pude dormir bien. En mi mente había ideas, voces, preocupaciones. Estaba confundido. Durante la madrugada, algo ocurrió: Dios puso en mi corazón una palabra: derriba todo argumento que se levante contra el conocimiento de Cristo.

Había leído o escuchado esa palabra anteriormente quizá hacía ya meses, pero en esa madrugada, esa palabra había llegado a mi mente, como una verdad que necesitaba ser declarada en ese instante en mi vida. En ese momento, mientras estaba esa palabra en mi mente, Dios ponía en mí anhelo por orar en base a esa verdad.

En la mañana siguiente, buscando en la Biblia, llegue a esa verdad. En la segunda carta de Pablo a los corintos, Pablo exhorta a la iglesia no dejarse engañar, haciéndoles ver que nuestras armas para derribar todo argumento y altivez en contra del conocimiento de Dios, esas armas, son espirituales, no carnales.

¿Qué armas se pueden usar para derribar esos argumentos y esa altivez? En Efesios 6.10-20 podremos leer de la armadura de Cristo: la verdad, la justicia, el evangelio de paz, la fe, la salvación, la palabra de Dios. Y concluye Pablo en Efesios: orando en todo tiempo con oración y súplica en el Espíritu, y velando con perseverancia y súplica por todos los santos.

Cuando lleguen tiempos de confusión, nuestra confianza debe estar puesta en JESÚS, en Su Verdad. Orando, suplicando a Dios, pidiendo por nuestros hermanos que enfrentan también tiempos de prueba.

Hermanos, no dejemos que argumentos que se levanten en contra del conocimiento de Cristo se aniden en nuestra mente. Velemos, estemos atentos, llenemos nuestra mente y nuestro corazón de la verdad de Dios. Seamos sensibles a su voz, mayormente en tiempos de opresión y confusión. Porque Él no desamparará a los Suyos.

¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

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“Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.” Lucas 12.49-51

 

Podemos quizá imaginarnos a JESÚS haciendo milagros, perdonando pecados, sanando enfermos, alimentando a la multitud, enseñando en las sinagogas. Podemos imaginarnos, en términos muy simples, a un JESÚS buena onda. Sin embargo, al leer las escrituras pocos quizá podrán descubrir a JESÚS también confrontando, mostrando que Él no vino a traer paz sino disensión.

¿No suena esto muy fuerte? ¿El Príncipe de paz trayendo disensión?

En cada parte de los Evangelios podemos ver a JESÚS confrontando toda estructura de hombres: nuestros pensamientos, nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de vivir, nuestras motivaciones, confrontando lo que verdaderamente hay en nuestro corazón. JESÚS exhibiendo a nosotros mismos lo que verdaderamente hay en nuestro corazón.

Sí, JESÚS vino a reconciliar a la humanidad con Dios por medio de la fe. Sí, JESÚS vino a traer la paz de Dios hacia la humanidad. Sí, JESÚS hizo cercanos a aquellos a quienes en otro tiempo no les era permitido acercarse.

Pero JESÚS no vino a traer paz sobre un mundo caído. Vino a trastornar un mundo caído para regenerarlo, para establecer un nuevo reino, Su Reino, no cimentar sobre lo existen algo, sino desarraigar lo que es ajeno a Su Reino.

El Reino de Dios no puede establecerse sobre las bases de un mundo que vive en rebelión en contra de Dios. Es necesario destruir lo ajeno, para cimentar sobre lo verdadero, lo eterno.

Para muchos podría parecer sencillo el sacrificio en la cruz pues JESÚS es Dios. Pero no fue así, JESÚS también era hombre, tentado en todo. El costo de esa reconciliación, de esa regeneración, para poder cimentar sobre la Verdad, fue un bautismo que le angustiaba a JESÚS: la muerte en esa cruz, la separación de Él con el Padre (Su más grande anhelo).

¿No sé si has anhelado un mundo reconciliado con Dios? Cuando caminas por la calle, o vez a alguna persona en necesidad, u oyes de lo que sucede en otros países, ¿no anhelas el Reino de Dios establecido sobre esas personas, sobre esos lugares? Pero eso no es trayendo la paz que el mundo entiende, sino estableciendo la Vida, la Verdad que es JESÚS. Puede parecer ya repetitivo, pero sólo JESÚS puede traer vida, verdadera paz, verdadera libertad a un mundo perdido en sus pecados.

Dios confronte nuestra vida para entresacar lo precioso de lo vil, lo que es ajeno a Él y confirmar lo que ha sido cimentado en Su Verdad.

¿cuánto más a los de su casa?

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“El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto que no haya de ser manifiesto; ni oculto, que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Mateo 10.24-28

 

Imaginar a JESÚS durante Su tiempo en la tierra puede ser algo asombroso y a la vez traer gran temor. Dios hecho hombre habitando en medio nuestro, caminando alrededor nuestro, predicando en sinagogas, subiendo a una barca y predicando desde ahí, sanando enfermos, perdonando pecados y trayendo libertad. Imaginar a JESÚS confrontando las estructuras religiosas y sociales, confrontando las tradiciones de hombres, y a su vez cumpliendo toda la ley. JESÚS cercano, JESÚS enseñándonos el camino al Padre, JESÚS en quien la gracia ha sido derramada.

Y como contraste, imaginar a líderes molestos, llenos de odio hacia JESÚS, buscando oportunidad para culparle y asesinarle, trae una tristeza, confronta nuestra vida, nos revela en parte con lo que JESÚS se enfrentó. Líderes acusando a JESÚS que Él, el mismo Dios hecho hombre, hacía todo eso “por el príncipe de los demonios” (Mateo 9.34). JESÚS acusado de ser un instrumento de parte del diablo, de Beelzebú.

Quisiera que pudiéramos por un momento “entender” esa postura de los líderes. Religiosos celosos de los mandamientos de Dios, hombres que conocían, y quizá a los únicos a los que les era permitido, leer los mandamientos, a los profetas, los escritos sagrados. Hombres profundamente “respetuosos” de Dios. Al menos, eso parecía a la vista de los hombres, del pueblo. Los encargados de guiar al pueblo hacia a Dios eran, contradictoriamente, aquellos quienes buscaban asesinar a Dios hecho hombre.

No era fácil para ellos deshacerse de todas esas estructuras de hombres que, si bien podían estar justificadas en la Palabra de Dios, no eran más que mandamientos de hombres, alejados del corazón de Dios. Estructuras que cegaron sus ojos, cerraron sus oídos, nublaron su entendimiento. ¿Cuánta religiosidad es necesaria para que lleguemos a ser incapaces de ver a JESÚS, al verdadero JESÚS?

Cuando JESÚS envía a Sus discípulos a predicar les advierte de la persecución que enfrentarían. Básicamente JESÚS les dice: si ellos hablan e intentan todo eso en contra mía, ¿cuánto más a ustedes? Si ellos dicen que Yo soy del diablo, ¿cuánto más a ustedes?

Estas palabras son muy muy muy fuertes. Porque los mismos discípulos tuvieron que enfrentar sus propias estructuras e ideas de quien era Dios, y tuvieron que dejarse guiar por JESÚS y, después por el Espíritu, para entender en plenitud la revelación de JESÚS. Creo que algo que los discípulos pudieron percibir en JESÚS, que no habían experimentado nunca antes y que les mantuvo firmes en Él fue que hallaron en Él vida, hallaron en Él verdad que alimenta, hallaron en Él el camino al Padre y una revelación del Padre que jamás habían conocido antes.

Al leer la advertencia respecto a las consecuencias de seguir a JESÚS (Mateo 10:16-39), muchas podrán preguntar: ¿entonces qué caso tiene seguir a JESÚS si todo lo que se espera es persecución, son azotes, son burlas, señalamientos, nuestra reputación delante de los hombres quedará por los suelos, muerte? Y la respuesta es dada por JESÚS en esos mismos pasajes: el Espíritu hablará a través de nosotros (v.20), seremos salvos (v.22), la verdad será manifiesta (v.26), nuestra vida será de gran valor para el Padre (v.31), Él nos confesará delante del Padre (v.32), hallaremos vida (v.39).

Y en esos mismos versículos, JESÚS constantemente dice: no teman (v.26, 28, 31). No temas.

Confío que los tiempos de aflicción no son comparables en la gloria futura que ha de manifestarse (Rom. 8.18).

Dios guíe a quienes enfrentan persecución a causa de Su Nombre a ser guardados de caer, que Dios los fortalezca para perseverar hasta el fin. Porque nuestro Dios es fortaleza, porque nuestro Dios es refugio, porque nuestro Dios es fiel.

llevado por el Espíritu al desierto

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“JESÚS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.” Lucas 4.1,2

 

Si algo define este tiempo en mi vida, podría definirse como un desierto, un desierto oscuro. Es un tiempo de grandes pruebas, donde la fe es puesta a prueba, donde nuestra única y completa dependencia se vuelve hacia el Espíritu de Dios, Dios mismo. Un tiempo de “incertidumbre”, donde no tenemos las cosas bajo nuestro control, y donde solo dependemos de Dios y Su misericordia, de Dios y Sus propósitos.

El desierto en la Biblia representa una transición: de Egipto a la Tierra Prometida. El desierto representa prueba: de dejar lo pasado y moverse en fe hacia el futuro. El desierto representa dependencia a Dios: donde lo único que nos sostendrá será Su Espíritu. El desierto representa movernos de nuestro estatus de comodidad y movernos hacia niveles que, aunque dolorosos en su trayecto, nos ayudarán a crecer y a madurar en fe.

Cuando JESÚS es llevado al desierto algo importante es que quien lo llevó al desierto no fue ni Él, ni el diablo, ni su familia, ni sus seres cercanos. JESÚS fue llevado al desierto por el Espíritu. Y es aquí donde vemos un profundo propósito: los desiertos son tiempos de crecimiento, difíciles, pero con propósito.

Durante ese tiempo JESÚS fue tentado por el diablo. Un diablo astuto y engañador que conocía la Palabra de Dios y le usó para intentar seducir a JESÚS con mentiras. Pero JESÚS, nuestro JESÚS, conocía el corazón detrás de la ley, conocía al Autor de Vida. Y JESÚS responde con la verdadera Palabra, no la palabra amañada, pero la Palabra de Vida.

Este tiempo de prueba, este desierto oscuro, me ha ayudado a algo que sumamente agradezco: revelar más a JESÚS. A ver a JESÚS y Su Palabra y Su sacrificio y Su tiempo en la tierra como algo tan sublime y de proporciones eternas que JESÚS cada vez más toma control de áreas y de sueños y de propósitos y de todo.

¿Ha sido un buen año? Me preguntaba a mí mismo mientras platicaba con Dios. Y la respuesta es: sí, ha sido un año de crecimiento. Un año que confío en Dios nos podrá revelar más y más a nuestro Gran Rey y Salvador, a quien anhelamos profundamente.

El Espíritu guíe a cada hijo Suyo en tiempos de prueba, que Su Espíritu nos revele más a Cristo a través de Su Verdad.

Él los guiará a toda la verdad

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“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Juan 16.13

No hay día en que no necesitemos la guía del Espíritu de Dios para vivir. Aún más, con decisiones importantes, Su guía se vuelve trascendental para Sus hijos, el Espíritu de Dios se convierte tan indispensable como el aire que respiramos y aún más.

Mientras oraba a Dios por una situación particular que estoy viviendo aquí en Ghana, esperaba en Dios por Su respuesta para saber cuál debería ser el paso siguiente. Después de varios días de oración, Su respuesta llegó: el Espíritu te guiará.

¿Puedes imaginar la paz que trae consigo esa respuesta? Cuando pude recibirle, toda preocupación o carga que había por saber qué hacer fue quitada. No tenía que enfocarme en mí y lo que debería hacer, sino enfocarme en Su Espíritu y confiar que Él me guiaría, Su Espíritu guiándonos en todo momento. Y mientras recibía esa respuesta, pedía ahora a Dios que pudiera yo estar sensible a la guía de Su Espíritu.

He podido confirmar día a día que Su Espíritu ha obrado de una manera muy sorprendente en las últimas semanas aquí en Ghana, y aún puedo confirmar Su mano durante los últimos meses. Aquí en Ghana, por ejemplo, sin yo merecerlo, ni buscarlo, ni esperarlo, Él ha hecho cosas muy sorprendentes, lo único que Él busca es obediencia y confianza en Él.

Hay momentos en los que ciertas dudas llegan, pero Su Palabra está ahí: el Espíritu te guiará. No necesito más preocuparme, no necesito más intentar encontrar la solución perfecta, sino confiar que Él me guiará en todo momento. Esto, por una parte, no supone que yo me quedaré sentado sin hacer nada, por el otro lado sí supone que mientras obedecemos y hacemos nuestra parte, Él se encargará de las cosas maravillosas y sorprendentes que nosotros no podemos lograr. He podido en este tiempo experimentar una parte de Su gracia que no había reconocido antes y esta es que aún sin merecer tanta bendición y cuidado y guía y protección y amor, Él nos bendice, nos cuida, nos guía, nos protege, nos ama.

Desde ya hace algunos meses, esta verdad se ha ido insertando a mi vida: el Espíritu nos guiará a toda verdad, a toda verdad. No tienes que traer carga en tu alma, tu cuerpo o tu espíritu por saber todo, sino caminar con Él confiado que Él tiene cuidado de nosotros, y Su guía es sobrenatural.

Estoy maravillado cómo Dios prepara cosas aún mucho antes de que sucedan en nuestra vida. Estoy maravillado cómo Dios nos envía a lugares aún antes de que nosotros sepamos que debemos ir. Dios es asombroso.

porque Él nos amó primero

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“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” 1 Juan 4.16-19

Hay una verdad declarada a mí hace ya algunos años que impactó mi vida de tal forma que muchas barreras, miedos, dudas y preguntas no podían ya más permanecer en mí, una verdad de Dios que los ahuyentó a todos de un solo golpe. Había concluido de ver una película tan sencilla pero que en ella había algo que golpeó mi alma: niños que en silencio sufren por una sociedad que les estigmatiza. Después de concluirle, preguntaba a Dios con una angustia profunda: ¿por qué, Dios? No como un reclamo, no como un debate o discusión con Dios, sino con una angustia que deseaba descubrir los propósitos de Dios en medio del dolor.

La respuesta de Dios, esa verdad, fue tan sencilla como poderosa: porque te amo.

No pude contenerme. Comencé a llorar como hacía mucho tiempo no había sucedido en mí. Mi alma, mi espíritu, golpeados por esta verdad tan poderosa que yo no podía permanecer igual. Y como un eco, dentro de mí, esa verdad sigue resonando: porque te amo.

No lloraba del dolor, lloraba porque mi alma y mi espíritu habían entendido en medio de esa angustia el amor de Dios para conmigo, para con nosotros. El amor de Dios que es perfecto, que no cambia, que no mengua, que no se detiene, que no se rinde, porque había entendido que aun antes de amarle yo, Él me había amado primero.

Siempre que vienen dudas a mí, o miedos, o pruebas, Dios me recuerda aquel día, aquella verdad tan insertada en mi vida que recuerdo a ese pequeño niño en cuerpo de joven que lloraba una vez escuchada esa verdad.

Cuando a nuestro espíritu es revelado (golpeado) por el amor de Dios, no podremos volver a ser igual, su amor es tan ancho y profundo que nuestra vida quedará cautividad por conocerle y sumergirse en él.

el espíritu a la verdad está dispuesto

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“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26.41

En uno de los momentos más desafiantes de JESÚS en la tierra, Sus discípulos más cercanos son llamados a velar junto con Él, pero ellos fueron vencidos por el sueño. En pocas ocasiones en los evangelios se describe a JESÚS como que estaba “muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26.38), en esta ocasión, justo unas horas antes de ser entregado, Él atravesaba la prueba más grande: no negar el propósito al que fue llamado por Dios aún cuando esto significaba la muerte.

Los discípulos, por su parte, aún sin entender lo que realmente estaba sucediendo en el plano espiritual, no lograron percibir el gran dolor por el cual atravesaba JESÚS. Imagina que estás cerca de un ser muy querido quien atraviesa una prueba tremenda y te pide que estés cerca de él durante ese tiempo, pero tú eres vencido por el sueño. Aunque en términos muy sencillos y quizá no comparables, así era lo que sucedía con los discípulos en este tiempo.

Este pasaje nos enseña una gran lección: en tiempo de gran prueba, debemos estar velando y orando para que la tentación no nos venza. Y es en estos tiempos donde aquello de lo que hemos alimentado nuestra vida, mostrará sus fruto. Si por largo tiempo hemos alimentado los deseos de la carne, no será de sorpresa que los frutos sean frutos de la carne; pero por si lo contrario hemos alimentado el espíritu, por consecuencia habrá fruto del Espíritu.

Puedo recordar un par de ocasiones de gran prueba en los últimos meses. Tiempos en los que en ocasiones no lograba entender dónde terminaría todo, pero algo era cierto: ¡Dios es fiel! En esos tiempos lo que más me golpeó fue que mi corazón estaba tan plagado de cosas que no eran de Dios, sino de cosas de las cuales yo había alimentado mi vida: enojo, ira, y demás cosas que no había percibido estaban ahí. Pero estos tiempos de prueba revelaron cosas, cosas muy terribles.

Si en algo ayudan los tiempos de prueba, es en revelarnos de qué estamos llenando nuestra vida.

Como hijos de Dios, hay una labor de la cual no podemos desprendernos ni un solo instante: velar y orar. Velar porque el mundo en que nos movemos es un mundo caído que necesita Su luz. Orar porque en la oración podremos comprender cuál es la voluntad de Dios.

Dios guíe en victoria a cada hijo Suyo en tiempos de gran prueba.

¿de quién temeré?

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“El Señor es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmo 27.1

Hay ocasiones en que a tu mente llega una verdad que llena tus días. Sin esperarlo, Dios a través de Su Espíritu te recuerda esa verdad que quizá teníamos por olvidada, pero Su Espíritu está ahí para recordarnos toda verdad. “¿De quién temeré?”, recordaba mi mente al principio de la semana mientras me conducía al trabajo. Y esa frase no es un conjuro mágico que uno repite para sentirse bien, sino es una verdad que ha sido revelada a nuestro espíritu y refleja una realidad tremenda: Si Dios es por nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?

Y cuando una verdad llega a tu vida, puedes descansar en ella, puedes liberarte de toda carga y descansar en JESÚS, puedes confiar que Su verdad no depende ni del tiempo, ni de nuestro estado de ánimo, ni de nuestra condición, ni de nuestro alrededor. Su verdad es para siempre.

En México, este país que amamos tanto, atravesamos por tiempos tan desafiantes que a veces nuestro ánimo puede desfallecer en la tristeza y el temor. En este país tan hermoso y lleno de tanta bendición, pareciera que la maldad se ha instaurado tan profundamente que pareciera que ya es normal y común, y que la única posibilidad es amoldarse. Y no quisiera hablar mal de México, simplemente quiero animar a nuestros hermanos en la fe tanto en México como alrededor del mundo a orar, y a orar con urgencia, sabiendo que en nuestras manos tenemos un privilegio que el mundo no tiene y es el acceso libre al Padre para pedir como conviene.

Cada vez que leemos algún suceso o noticia en nuestro país o en otras partes del mundo, nuestro espíritu pudiera sofocarse por la tristeza. Miramos nuestro alrededor y no hay respuesta ahí. “¿De dónde vendrá nuestro socorro?”, preguntaba el salmista. “Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmo 121), respondía con seguridad. Y solo en Él, en Dios, tendremos salvación.

Cualquiera que sea la situación que vivimos, Dios nos guiará con Su verdad y confortará nuestra alma. No hay de quien temer, no hay nadie que se compare a nuestro Dios Admirable y temible, porque aun nuestra vida le pertenece a Él. No habrá ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez, ni peligro, ni espada, nada podrá separarnos de Su amor que es en Cristo JESÚS. (Romanos 8.35-39)

Descansemos hoy en Él completamente porque Él tiene cuidado de nosotros.

nuestro entendimiento

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“Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” Job 32.8

“¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.” Job 38.4

Cuando la Palabra de Dios sólo llega a nuestro entendimiento y no la ponemos por obra, resulta vano el conocimiento. La Palabra de Dios se nos ha dado no por mera recreación para nuestra mente, sino para que sea verdadero alimento a nuestro espíritu y Verdad que guíe nuestras decisiones y nuestra vida.

Dios desea revelarnos Su voluntad, Él anhela que nadie se pierda. Sin embargo, muchas de las veces nosotros no deseamos conocer Su voluntad o, sabiéndola, no queremos ponerla por obras. Hoy Dios me permitió recordar una situación que viví hace ya algunos años atrás y que me recordó lo importante de no dejar las cosas en nuestro entendimiento sino buscar la voluntad de Dios en todas las cosas. Fue así: estaba por tomar una decisión importante, ya había llegado el tiempo, tenía que decidir en cuestión de un día sí tomaría una decisión o la otra. Yo me sentía intranquilo, necesitaba tomar una decisión, sin embargo, en medio de esa intranquilidad, sentí como Dios me decía: ¿y por qué no me has preguntado a Mí qué es lo que Yo deseo?

Esa pregunta por parte de Dios me dejó fuertemente golpeado. Por días, por meses, había tomado decisión tras decisión sin consultar a Dios si eso era lo que Él quería. Yo entendía que eso era lo bueno, que eso era lo correcto, que a nadie le iba a hacer daño, pero Dios tenía otros planes. Llegó el punto en el que casi todo estaba por completarse y tenía que tomar la decisión si continuar o no, y en ese momento Dios me confrontó.

Años después de que tuve que decidir que no, pude y puedo ver la perfecta voluntad de Dios. Si hubiera decidido lo contrario a lo que Dios me pidió, muchas de las bendiciones que Dios me permitió vivir ese año y los años siguientes se hubieran perdido.

Dios desea revelarnos Su voluntad. La pregunta para nosotros es: ¿deseamos conocerla? ¿En verdad deseamos conocerla y sujetarnos a ella? Su Palabra, la Biblia, está llena de verdades que nos guiarán a seguir la voluntad de Dios. Sin embargo, aún ahí, en nuestra lectura de la Palabra, necesitamos someter nuestro entendimiento y permitir que el Espíritu nos ayude a entender la Palabra, letra por letra.

Sé que lo he mencionado en más de una ocasión, pero es un dolor muy fuerte dentro de mí. Por muchos años, por siglos, por milenios quizá, aún en esta época, la Palabra de Dios en muchas ocasiones ha sido malentendida y usada con fines bien perversos que para nada reflejan la voluntad de Dios. La Palabra se ha usado para matar, para robar, para humillar, para sojuzgar, para manipular, para someter, para terminar con la vida poco a poco. Todo esto revela lo perverso y peligroso que es que entendamos la Palabra con nuestro entendimiento solamente ya que esto termina por alejar a las personas de la Verdad.

Hoy quisiera pedirte que como cuerpo de JESÚS hagamos un compromiso con Dios de pedir en cada momento Su guía a través de Su Espíritu para entender Su voluntad y Su Palabra, y permitamos que nuestro entendimiento sea renovado por Dios. No se trata de hacer nuestro entendimiento y nuestra voluntad a un lado como si fuésemos robots o gente sin intelecto, sino más bien que nuestro entendimiento sea transformado de tal forma que siempre busquemos lo que es bueno, lo que es agradable y lo que es perfecto, es decir, que siempre busquemos la voluntad de Dios.

llenos de Su Verdad

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“Hablará mi lengua Tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia.” Salmos 119.172

En más de una ocasión he tenido ciertas pláticas con familiares y amigos respecto a lo que nosotros vemos en televisión y cómo eso que en televisión se transmite llega a tener influencia en nuestra vida, y una influencia bien fuerte que de manera inconsciente termina por controlarnos. No pretendo, sin embargo, satanizar la televisión y otros tantos medios de comunicación como la radio o el internet, sino simplemente compartir cuán importante es cuidar de lo que estamos llenando nuestra vida.

Si de algo podemos estar seguros es que el mundo está plagado de tantas filosofías, de tantas ideas humanas, de tanta maldad, que todas ellas forman parte de lo que nos rodea. Jesús, al orar por nosotros, pidió al Padre algo hermoso: no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17.15). La pregunta no es tanto si Dios nos guarda del mal, sino más bien si nosotros estamos guardando nuestra vida del mal. Podemos decir que somos unos cristianos súper maduros, que nos guardamos de todas esas cosas horribles que el mundo hace, sin embargo hay cosas de las que nos estamos llenando y que, sutilmente, están llenando nuestra vida con ideas y creencias malas.

La importancia de leer la Biblia continuamente no es un requerimiento religioso para quedar bien con Dios. En lo absoluto. La importancia de leer la Biblia continuamente radica en que solo en ella podemos encontrar verdades en las cuales fundamentar nuestra vida. Mientras más crezcamos en el conocimiento de la Palabra, más podremos discernir entre el bien y el mal, entre lo que Dios aprueba, y lo que Dios rechaza, entre lo que Dios llama bueno y lo que Dios llama pecado.

Durante esta semana, Dios me permitía recordar la importancia de llenar nuestra vida con Su Verdad, llenar nuestra mente y corazón con verdades que pueden apagar toda mentira. Hoy podemos recordar que somos Hijos de Dios a través de JESÚS porque la Biblia lo enseña y que cuando el enemigo, o el mundo, o cualquier idea falsa intenten decirnos que no tenemos valor, nosotros podemos permanecer firmes diciendo que nuestro valor proviene de Dios. Podemos confiar continuamente en la Palabra de Dios, no como un asunto religioso pero sí como verdad que alimenta nuestra alma.

En el salmo 119, el salmista expresa que su boca hablaría los dichos (verdades) de Dios porque en ellos hay justicia. Sin embargo, para hablar los dichos (verdades) necesitamos estar llenándonos de ellos.

Un predicador en una ocasión mencionó que en su casa ellos no tenían televisión porque para él, el tener televisión era como tener una tubería del drenaje entrando a su casa. ¿Puedes imaginar lo que eso significa? Un desagüe de aguas negras entrando a tu casa. E insisto, no pretendo satanizar la televisión y otros medios, pero sí despertar en nosotros la necesidad de cuidar continuamente de lo que llenamos nuestra vida. La televisión, la radio, el internet, los medios de comunicación masivos, las pláticas que tenemos con otras personas, en general transmiten continuamente tanta mentira y basura disfrazas de cosas “buenas”.

Esforcémonos como creyentes en llenar nuestra vida de la verdad de Dios, no para sentirnos superiores a los demás, pero sí para encontrar un lugar firme en donde edificar nuestra vida. Cierra la puerta a todo aquello que está llenando tu vida con mentiras, y no le permitas a Satanás tener una puerta abierta donde pueda engañarte.