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nos dijeron que no podíamos soñar

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nos dijeron que no podíamos soñar
y si soñábamos
sólo permitidos
eran sus sueños

intentaron callar la voz nuestra
que de lunas y soles
y universos nuevos
vestían una esperanza viva

ahogaban en intentos
el corazón quebrantado
por una realidad
que ajena a ellos
definía nuestros anhelos

orillados éramos
a la definición que en ellos
era indecible
pero que en nosotros
vestían las mañanas

soñábamos, sí, soñamos
hablábamos, sí, hablamos
latíamos, sí, latimos

porque de sueños Suyos
verdaderos sí,
se vistió nuestra esperanza

porque sus condenas
detener no podían
la grandeza de Su voz
que con solo pronunciar
traía vida en sueños
y realidades más

perseguidos, mas no desamparados

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“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos.” 2 Corintios 4.7-10

 

Por ya varios años de poder participar en una organización cristiana para apoyo a chicos y chicas LGBT, algo que siempre venía a mi mente cuando se celebraba el congreso anual de esta organización, es que para muchos chicos y chicas LGBT cristianos la única iglesia con la que ellos pueden estar es la iglesia que se reúne cada año en este congreso. Es decir, muchos chicos y chicas su única posibilidad de poder congregarse con más creyentes cristianos es este congreso ya que han sido expulsados, rechazados, o vetados de sus iglesias y aun de sus familias. Para todos estos chicos y chicas, este congreso es como un oasis espiritual en medio de ese desierto al que son llevados por su orientación sexual o su identidad de género.

Tuve oportunidad de atender este congreso por primera vez en enero de este año. Fue una experiencia muy muy muy especial porque pude conocer no solo a chicos y chicas LGBT, sino a papás, mamás, familiares, líderes de iglesia, de una variedad de tradiciones cristianas tanto muy tradicionales como más contemporáneas reunidas en un lugar, en un solo Nombre: JESÚS. Este tiempo fue tan enriquecedor porque me permitió conocer chicos y chicas tan especiales que han sufrido por años el rechazo y, yo lo llamaría, la persecución por ser cristianos LGBT.

Algo que me impresionó mucho en este congreso es que, a pesar de que era un congreso para chicos LGBT, el centro no era nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género, pero era cómo podíamos ser iglesia unos a otros, cómo podíamos continuar y crecer en nuestro caminar con Dios aún a pesar del rechazo. No solo somos LGBT, sino también somos cristianos, y esto añade una persecución aún mayor a nuestras vidas, una persecución tristemente iniciada, propiciada, alimentada y promovida por nuestros propios hermanos y hermanas en la fe.

Para muchos de nuestros hermanos y hermanas nosotros no somos ni hermanos ni hermanas, sino ajenos a la comunión de este cuerpo de JESÚS que es la iglesia. Es por eso que este congreso es una oportunidad única al año para que chicos y chicas LGBT puedan encontrar reposo y descanso para sus almas en familia, la familia de Dios, esa familia perseguida que aún en la tribulación puede y sabe consolar.

Mientras conducía hoy a la escuela, platicaba con Dios. Esta plática, como muchas otras, es un descanso y un alivio tremendo. En esta plática Dios me permitía reconocer que aun a pesar del dolor, Él sigue haciendo Su obra, y Él me permitía ver que hoy puedo sentirme libre del miedo por ser gay, aún a pesar de que en la iglesia o en mi familia esto representa aún un anatema. Y con una sonrisa pude reconocer esa obra de años que Dios ha hecho para sentirme cercano, acepto y sin miedos delante de Él. No tengo miedo a ser rechazado aún pesar de que está ese dolor por ser alejado de la iglesia.

Y en este tiempo, como dice Pablo en la segunda a carta a los corintios, podemos llevar “en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de JESÚS, para que también la vida de JESÚS se manifieste en nuestros cuerpos”.

 

vivir a diario

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Si los soles se extinguen
las estrellas palidecen
los planetas se detienen
y las inmensidades desaparecen
¿qué me quedará hoy?

Si los cielos se agitan
hasta dejar de contenerse
y los vientos que palpitan
desesperados enloquecen
¿Qué respiraré hoy?

Si los mares serenos
ajenos se convierten
los ríos amenos
agotados desaparecen
¿Qué beberé hoy?

Si los montes imponentes
se cubren de ceniza
los valles refrescantes
se muere su sonrisa
¿dónde habitaré hoy?

Si la gente que he amado
se aleja sin regreso
el hijo que he esperado
posterga su comienzo
¿a quién abrazaré hoy?

Si el cuerpo en que habito
languidece afrentado
el alma hecha añico
dolida me ha cansado
¿en qué me sujetaré hoy?

 

Domingo 24 de Abril de 2011
Guadalajara, Jalisco, México
21.43

una enfermedad llamada muerte

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“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” Mateo 3.11

“Pero Yo os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya; porque si me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” Juan 16.7,8

Para valorar la medicina, necesitamos entender la gravedad de la enfermedad, entenderla no hasta que lleguen los padecimientos que pudieran ser terribles, sino entenderla a tiempo para que pueda ser tratada. Si un paciente con una enfermedad terrible va con un médico y éste solo le receta una serie de medicamentos sin explicar cuán enfermo el paciente está, el paciente terminará por hacer de la medicina un simple hábito sin mayor convicción de lo que esa medicina le alivia.

La humanidad entera vive sujeta a una enfermedad llamada muerte. Desde siglos y milenios atrás la muerte ha convivido con nosotros sin saber que está ahí, sin entender la gravedad y las consecuencias que trae. La muerte en nuestra cultura es entendida como un fin y no como una situación en la cual se vive. Pareciera contradictorio decir que la muerte es un estado en el que se vive, sin embargo tal contradicción no sólo es falsa, sino es real, muy real y de la cual Dios vino a salvarnos.

En los poco más de tres años que duró el ministerio de JESÚS en la tierra, el primer mandamiento que JESÚS expresó fue: arrepiéntete. ¿Por qué? Porque ese primer mandamiento es la primera medicina que un muerto en espíritu necesita.

Pero ¿de qué está enferma la humanidad que requiere de tal medicina? De una enfermedad llamada muerte, una separación de la Vida que si no se resuelve terminará por llevar a una persona al infierno y muerte eterna. Los hombres necesitamos entender que el pecado entró a nuestra vida (ese virus que nos infecta) y que tiene como enfermedad a la muerte. El pecado ha tomado control de la humanidad y la lleva cautiva a una completa perdición.

Sólo el Médico Eterno, nuestro Gran Médico, puede convencer a la humanidad de su enfermedad, de ese virus llamado pecado que la ha infectado. Sólo el Espíritu de Dios puede convencer a cada pecador de que es un pecador, y que el arrepentimiento es la entrada a una sanidad sin límites llamada vida, llamada salvación.

Oremos a Dios porque derrame en Su Iglesia de Su Espíritu para convencernos del pecado que hay en nosotros, cada uno de nuestros pecados. Clamemos a Dios por la humanidad y que Su Espíritu nos guíe para proclamar Su Palabra a toda lengua y a toda nación para que los que han de ser salvos sean convencidos de pecado y sus vidas sean transformadas por la sanidad que en JESÚS hay.

Dios no está muerto

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“Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que nos e puede medir ni contar. Y en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.” Oseas 1.10

Recientemente en cine se proyecta una película cristiana llamada “Dios no está muerto”. Esta película narra la batalla de fe que un joven universitario tiene en su clase de filosofía al ser obligado por su profesor a afirmar que Dios está muerto, sin embargo este joven se mantiene en su fe y, como consecuencia, el profesor lo reta a demostrar la existencia de Dios.

La película, si bien puede ser criticada por su poco contenido científico o por un contenido bíblico por demás conocido por los cristianos, nos mueve a estar listos para defender nuestra fe ante la creciente influencia del mundo en todos los ámbitos. Nuestros niños y jóvenes, ya desde niveles de primaria, son enseñados con conocimientos que niegan totalmente a Dios y la Biblia. Nuestros jóvenes son llevados a creer supuestos “conocimientos científicos” que no han podido ser avalados por demás pruebas que se tengan.

Pablo nos dice: No se conformen a este siglo sino que necesitamos ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12.2), y esto implica que todo lo que creemos nunca debe contradecir la Biblia, y es por eso la importancia de estudiarle continuamente. Pero la fe cristiana va más allá de un simple conocimiento mental, sino que nos lleva a un conocimiento espiritual que produce vida y que nos mueve a la fe.

Sé que hay muchos argumentos que pueden usados para desacreditar a la Biblia. Muchos dirán que la Biblia fue usada para justificar ideas como que la tierra era el centro del universo en la edad media, o también la Biblia ha sido usada para discriminar ciertos grupos. La Biblia ha sido usada para fines malvados y justificar guerras. Pero eso más que desacreditar la Biblia, demuestra nuestra incapacidad humana de entenderla completamente y, sobretodo, entender que la Biblia ha sido dada a los hombres para que entendamos el corazón de Dios y Su voluntad.

La ciencia de este siglo busca constantemente no solo desacreditar a la Biblia sino comprobar que Dios está muerto y, más que eso, que Dios no existe. Sin embargo, aun cuando el hombre logré sacar a Dios de toda la tierra, nunca podrá negar que el hombre sin Dios es un ser sin sentido y sin mayor propósito. Hemos sido creados para ser dependientes de Él.

Nuestros niños y jóvenes, cada creyente, están siendo retados a vivir una vida para el Dios viviente y esto implica que nuestra vida debe ser el mayor testimonio de que Dios vive y es real, y no está muerto. No se trata de enseñarles una religión cristiana a nuestros niños y jóvenes, sino de llevarlos a experimentar la vida que viene de Dios y que en ningún otro lugar podrán conseguir. Porque el verdadero cristianismo se vive cuando Dios vive en ti realmente.

sino fuera por JESÚS

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el pecado es un veneno que se come el cuerpo

llega al alma y lo asfixia en corrupción

entra hasta el espíritu para matarle

 

el pecado carece de  verdad

y en él toda voluntad se justifica

llegando a los ojos y cegándoles en complacencia

llegando a la boca y le llena de aguijones al hablar

 

el pecado ha construido ciudades, reinos y un mundo entero

que rendidos le adoran con su poder

que callados le mantienen para saborear la maldad

 

el pecado viste al hombre en orgullo y vanidad

que en debilidad a su vida le dejó entrar

desde siglos y milenios más

 

el pecado arma de poder que el enemigo disfruta

pues atados puede a vicios y muerte sujetar

a hombres que esclavos creen estar en libertad

 

el pecado reinar creía al corrompido hombre que se dejó envenenar

hasta que un hombre, el Hombre, en medio de corrupción caminó

sin Su Espíritu ensuciar

hasta que Dios tomó un cuerpo para así triunfar

 

¡oh qué hermosa la Luz ha sido para una raza caída en pecar!

Luz que atrae al arrepentido que convencido de pecado no vuelve atrás

pues sus ojos abiertos en JESÚS fijados han sido para caminar en verdad

 

¡oh JESÚS qué hermoso es tu mirar!

que en justicia tu cuerpo fue llevado a aquella cruz

para que en el espíritu nuestro vida vuelva a reinar

y al alma dolida de gozo y justicia disfrutar

en un cuerpo que entregado a Ti para que Tu Espíritu pueda habitar

¿vida en otro planeta?

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Cuando era niño tenía una fascinación tremenda por el universo, los planetas, las estrellas, las galaxias. El ver en la noche las estrellas y descubrir después que esos diminutos puntos en la bóveda nocturna eran gigantes estrellas o planetas que se encontraban a distancias impensables me hacía pensar en lo enorme que es el universo y lo pequeño que somos nosotros. En esa enorme fascinación siempre en mí había esa pregunta que al hombre ha intrigado por siglos: ¿hay vida en otros planetas?

El hombre, y sobretodo el hombre del siglo pasado y de este siglo, ha gastado tremendas cantidades de dinero en tecnología, investigación y en desarrollo de herramientas que le permitan encontrar al menos el mínimo hallazgo de vida en otro lugar del universo. Hay proyectos actualmente cuyo principal y único objetivo es el encontrar indicios de vida en otro planeta.

El hombre ha tenido desde hace mucho tiempo la necesidad de respuestas a tantas interrogantes como ésta. A veces viajamos años y años en búsqueda de respuestas sin darnos cuenta que estamos tan cerca de esas respuestas y a la vez tan lejos de ellas. Estamos, como humanidad, tan ocupados en buscar vida en otro planeta pero no nos hemos hecho la pregunta tan básica como: ¿hay vida en este planeta? ¿Hay vida en nuestro país? ¿Hay vida en nuestra ciudad? ¿Hay vida en nuestra familia? ¿Hay vida en ti?

Sé que mientras el hombre busca vida biológica en otros planetas, las preguntas anteriores tienen un énfasis en la vida espiritual, que es más importante y más trascendente que la vida biológica, porque la vida espiritual no perece mientras que la vida biológica pronto, muy pronto, dejará de ser.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿hay vida espiritual en ti? ¿Está la vida del Espíritu en tu familia, en tu trabajo, en tu iglesia, en tu país? ¿Hay vida en lo que haces?

Cuando JESÚS estuvo en la tierra, Él hizo una declaración acerca de sí mismo que es impresionante, Él dijo: Yo soy el camino, Yo soy la verdad, Yo soy la vida, y nadie viene al Padre, sino es por Mí. (Juan 14.6). Y en varias ocasiones, JESÚS confirma: Yo soy la resurrección y la vida (Juan 11.25), Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia (Juan 10.10). Lo impresionante de estas declaraciones es que JESÚS no sólo nos da vida, sino que Él es la vida; esto no quiere decir que Él tiene vida, sino que Él mismo es la vida, y fuera de Él no hay vida.

Hay algo que un pastor dijo: un verdadero cristiano no estará preocupado por encontrar una iglesia donde la música le agrade, donde el predicador le agrade, donde la forma de servir o vestir o saludar o hablar le agrade, o donde siquiera la doctrina de esa iglesia le agrade, sino que un verdadero cristiano estará atento para discernir si en la iglesia donde Dios le permita estar hay vida. Esto es bien fuerte, porque el lugar donde estemos no dependerá de nuestras expectativas pero sí donde Dios ha derramado vida. Un verdadero creyente es un conducto, un canal para que esa vida sea derramada a donde quiera que vaya.

Nos preguntaremos: ¿cómo sabemos si hay vida espiritual en un lugar, o en un creyente, o en nosotros mismos? Las respuestas pueden ser tan simples como complejas teológicamente hablando. Pero hay evidencias bien palpables: cuando una persona recibí en su espíritu la revelación de quién es JESÚS, que Él es Dios, Él es el Cristo. Esto traerá en el creyente una perspectiva para entender que su vida es tan corrompida y tan sucia que necesita urgentemente de JESÚS no sólo una vez, sino cada día de su vida, es decir, un creyente sabe bien cada día que es un pecador y que por pura gracia Dios nos limpia día a día por el perfecto sacrificio de JESÚS. Esto lleva a un creyente a vivir en una humildad profunda, en un agradecimiento constante, y buscará desesperadamente alinear su vida a Dios y Su Palabra. Un creyente no es un súper hombre, un creyente es una persona tan ordinaria que está siendo cambiado por Dios extraordinariamente, y esto no puede ocultarse. En un creyente su forma de vivir, su forma de hablar, su forma de pensar, en todo él hay vida. En un creyente sus ojos están puestos en lo eterno y no en las cosas temporales.

Hay muchas más evidencias que se van desarrollando a lo largo de la vida de un creyente. Esto es lo más hermosos de la vida en Cristo: que nuestra vida constantemente está creciendo en más vida, porque JESÚS mismo, Su Espíritu, está en nosotros.

Yo hoy sigo impresionado por el universo, y los planetas, y las estrellas, y las galaxias. Cada vez que veo noticias de que han descubierto más galaxias, o más planetas, quedo sorprendido por lo hermoso y lo inmenso del universo. El universo declara tan fuerte que Dios es, el universo declara lo temible y poderoso y grande que es nuestro Dios.

Te invito esta semana a que tomes un tiempo para observar las estrellas. Mientras las observas evalúa tu vida y pide a Dios discernimiento para entender si hay vida en ti, si hay vida en todo lo que haces. Pide a Dios que te lleve a crecer en Su vida para gloria de Su Nombre.

instrumentos de justicia

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“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo que obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y a vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” Romanos 6:12,13

 

Ya no somos más esclavos del pecado, sino por precio de sangre hemos sido comprados por Dios para ser ahora siervos de la justicia. Pero ¿qué significa ser siervos de la justicia?

Uno de los grandes retos que los cristianos enfrentamos día a día es ser testimonios vivos de JESÚS y Su salvación, de Dios y Su justicia. El ser cristiano no se logra a través de un decreto por parte del gobierno, o a través de un acta o documento donde se certifique que uno es cristiano, tampoco se logra al decirse miembro de una iglesia local, o de alguna asociación. El ser cristiano se logra única y exclusivamente por la fe en JESÚS, a través de una fe sincera, una fe genuina, una fe sin vacilaciones, una fe que comprende día a día que estábamos condenados a muerte eterna por nuestros pecados pero que JESÚS ha pagado el precio por cada uno de ellos.

Cuando comencé a escribir este texto, preguntaba a Dios ¿cómo podemos ser instrumentos de Tu justicia?  Y hoy Dios me permite entenderlo mejor. El mundo a nuestro alrededor no se acercará a JESÚS o buscará de Él solo por lo que prediquemos, de hecho la predicación más fuerte a las personas que no creen en JESÚS es aquella que se vive a diario. Es decir, nosotros podemos conocer la Biblia mejor que nadie, pero si nuestra vida no habla la salvación y la justicia de Dios a través de cómo vivimos, de cómo pensamos, de cómo actuamos, difícilmente alguien creerá lo que predicamos.

No se trata de ser legalistas. No se trata de eso. De hecho JESÚS continuamente llamaba hipócritas a los sacerdotes del templo porque estaban tan cegados por sus legalismos que nunca pudieron reconocer a JESÚS como Dios vivo. Imagínese cuán grande tragedia: tener tan cerca (literalmente) al Dios del universo y no percibir ni siquiera por un momento Quién es Él.

El ser instrumento de justicia no es algo que se logra en méritos de hombres, es algo que viene como consecuencia de ser salvos. Es un milagro inexplicable. Cuando uno recibe salvación, literalmente nuestra vida cambia: nuestros deseos son otros, nuestra confianza es cierta, nuestra paz es inexplicable, nuestro espíritu vive. Y nada de eso se puede ocultar o acaso ¿una ciudad asentada sobre un monte puede esconderse?

Creyente, sé que muchas enseñanzas nos llaman a vivir una vida justa, pero es necesario tener en mente que la salvación trae como consecuencia esa forma de vida, es una necesidad en nuestro interior que nada ni  nadie puede detener. Sin embargo, si creemos que a través de vivir “justamente” lograremos ser salvos, o ser más “buenos”, o ser más amados por Dios, lamento decir que eso es religión, son legalismos de hombres.

Hay algo que ni el mundo ni Satanás pueden detener y esto es la vida que JESÚS nos ha dado. La vida que hemos recibido no la pueden callar, no la pueden detener. Somos instrumentos que declaran Su justicia a través de dejar que el Espíritu de Dios obre libremente en nosotros y a través de nosotros. No resistamos Su gracia, no resistamos Su Espíritu.

un buen año

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“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8.18

“Y sabemos que a lo que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.” Romanos 8.28

 

Un pastor hace ya algunos años predicó algo que Dios me permite recordar continuamente, él dijo: agradezcamos a Dios porque cada día que pasa, es un día menos para estar en la presencia de nuestro Dios. Esta declaración revela una confianza hermosa en cada creyente de saber que la muerte no es más que la oportunidad de estar en la eternidad con nuestro Padre.

Pablo continuamente en sus cartas declara que la muerte ya no puede enseñorearse (Romanos 6.9), y que la muerte ya no tiene una mínima parte en nuestra vida. Si bien es cierto que nuestro cuerpo corruptible día a día se acerca a una muerte física, nuestra alma y espíritu confiados viven en la certeza de la vida que trasciende este espacio.

En Romanos 8.28 Pablo escribe algo que quizá muchos creyentes ya conocemos y que trae a nosotros una profunda esperanza en tiempos de prueba. Este versículo declara que no hay nada en la vida de un creyente que no sea para nuestro bien.  ¿Puedes creer eso? ¿Puedes creer que en medio de la enfermedad, en medio de la pérdida de un ser querido, en medio de las luchas y la crisis, todo eso ayuda para bien?

Esta semana, Dios me permitió aprender algo tremendo: dar gracias a Dios por esos tiempos de prueba en nuestra vida, porque esos momentos nos ayudan a crecer. Y esto es bien cierto: en tiempos de prueba nuestro carácter es probado, nuestra fe es probada, nuestra fidelidad a Dios es probada, nuestra familia es probada, nuestro amor es probado. Los tiempos de prueba no son más que oportunidades para que nuestra vida crezca. Y el crecer en Dios es grandioso.

Estoy seguro que para muchos de nosotros este año estuvo lleno de retos. Enfermedades, situaciones familiares o laborales, crisis económicas, desánimos, tristezas, separaciones. Pero también estoy aun más seguro que este año estuvo lleno de bendiciones hermosas de parte de Dios, bendiciones que si bien pudieron ser físicas, también hay muchísimas bendiciones espirituales.

Toma un tiempo esta semana, quizá en una tarde en que puedas reunirte con tu familia, o en lo personal busca un tiempo en el que puedan traer a memoria aquello que en este año vivieron, tanto cosas buenas como cosas difíciles. Trae a tu mente lo más que puedan, escríbelos si es posible. Y una vez escritas agradece a Dios porque confiados estamos que todo eso, lo bueno y lo no tan bueno, todo eso ayudó y ayuda para nuestro bien. Porque en Dios nada tiene despropósito.

cartas vivas

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“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.” 2 Corintios 3: 2,3

 

Quizá no ha sido una buena semana para ti. Quizá has terminado agotado, quizá las cosas no salieron como esperabas, quizá todo lo que planeabas no resulto como se esperaba. Quizá has tenido muchas cargas en tu familia, o en el trabajo, o en la escuela. Quizá ha sido una semana en la que no viste mucho provecho.

Quizá tuviste una semana muy buena. Se cumplieron metas que esperabas, en tu trabajo las cosas van bien, en tu familia todo está en paz. Te sentiste bien física, emocional y espiritualmente. Quizá fue una semana de mucho provecho.

Sea un caso o el otro, nunca debemos olvidar que Dios ha escrito en nosotros Su vida, ha hecho de nosotros cartas que hablan a los hombres a través de nuestra manera de vivir. Ese es el testimonio más fuerte que habla en nosotros: nuestra vida y como la vivimos.

No se trata de vivir nuestra vida en méritos o esfuerzos de hombres, sino vivirla en la gracia de Dios a través de Su Espíritu.

Quizá hay hábitos en tu vida que has identificado que necesitan cambiar. Quizá has visto como reaccionas ante las circunstancias cuando se salen de control. Quizá hay pecado en tu vida que no has logrado erradicar. Quizá hay pensamientos en ti que aborreces tanto. Sin embargo, cuando Dios nos permite reconocer nuestros pecados, nuestras faltas, nuestras limitaciones, es cuando en humildad necesitamos reconocer que no podemos vivir y superar todo sin la ayuda de Dios.

Y cuando vemos lo que Dios ha hecho en nosotros es cuando nuestra vida se vuelve como cartas que hablan a otros. Permite en cada día de tu vida que Dios escriba Su vida.